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Asunto:Iconología celtibérica vs simbolismo templario
Fecha: 9 de Julio, 2000  02:42:48 (+0200)
Autor:Templespaña <templespana @........com>

Estimados compañeros:

Desconozco si entre vosotros hay expertos en iconología celtibérica y simbolismo
templario, pues de ser así agradecería opiniones, apuntes, matizaciones,
ampliaciones o contradicciones a la teoría que exponemos en nuestra página sobre
ciertos paralelismos que apreciamos entre ambas manifestaciones iconográficas. De
cualquier forma, en esta teoría confluyen también aspectos relativos a otras
tradiciones y mitologías como puedan ser la cosmogonía védica, algunas
consideraciones hermético-cabalísticas, etc. De entre esta anacrónica mezcolanza
mítico-simbólica, esperemos alguien sea capaz de arrojar algo más de luz.

LA ICONOLOGÍA CELTIBÉRICA Y LA SIMBOLOGÍA BAFOMÉTICA TEMPLARIA  

En unas fotografías pertenecientes a los arqueólogos de la Universidad de
Zaragoza, Manuel Medrano y María Antonia Díaz, se nos muestra algo tremendamente
curioso y significativo. Tal como ellos mismos explican, "en la pila bautismal
románica de la ermita de la Virgen de Cabañas (La Almunia de Doña Godina,
Zaragoza) se colocaron, a ambos lados del pie que la sustenta, sendas cabezas de
piedra de arte celta. Las dos esculturas están sujetas con argamasa, embutidas en
huecos que se practicaron para su colocación y debieron recogerse de algún
yacimiento arqueológico próximo, ubicándose en la pila bautismal posteriormente.
Una de ellas representa un rostro con prominente barbilla, que muestra los
dientes, triangulares, en actitud notablemente agresiva, labios gruesos, ojos
redondos, y nariz pequeña y recta. La denominamos Cabeza de los dientes. En
cuanto a la otra cabeza, introducida también en una oquedad practicada
groseramente y sujeta con argamasa, muestra un rostro humano con la boca
entreabierta, actitud muy habitual en las representaciones celtas. La denominamos
Cabeza de la boca entreabierta". 

A nosotros estas cabezas nos recuerdan a algunos de los bafomets templarios. De
hecho, Juan G. Atienza afirma que los templarios tuvieron una pequeña casa en La
Almunia de Doña Godina y, para él, la ermita de Nuestra Señora de Cabañas, donde
se encuentra esta curiosa pila bautismal con cabezas celtíberas incrustadas,
parece templaria. Todo apunta a que serían los propios templarios, en ese caso,
quiénes colocaron dichas cabezas en la pila bautismal a modo de bafomets,
demostrando una vez más sus enigmáticas actitudes sincréticas.

 
Observando un báculo de distinción o estandarte hallado en una tumba de
Numancia, con cabezas humanas, debajo de las cabezas de los caballos, y
sustituyendo sus patas, llegamos a las siguientes conclusiones que, no obstante,
pudieran ser meras conjeturas sin fundamento basadas, eso sí, en sorprendentes
paralelismos inversos. 

El Sigilum Templii de los templarios representa a dos caballeros sobre un sólo
caballo. El báculo celtíbero al contrario, un sólo caballero sobre dos caballos. 

Las cabezas que aparecen en el extremo de las patas se asemejan a la Cabeza de
la boca entreabierta que hipotéticamente los templarios incrustaron en la pila
bautismal de la ermita de Nuestra Señora de Cabañas, a modo de auténtico bafomet.
Pensemos en el simbolismo que ello implica: una pila bautismal y la dualidad
representada por las dos cabezas añadidas, una que seguramente corresponda a
alguna deidad infernal (Cabeza de los dientes), pues a decir de los arqueólogos
sus dientes son muy parecidos a los de la llamada Tarasca de Noves, monstruo
celta antropófago esculpido en piedra, o al monstruo celta, también antropófago,
de Linsdorf, Alsacia, y la otra (Cabeza de la boca entreabierta), muy habitual
entre las representaciones celtas de toda Europa, que pudiera significar la
herméticamente discreta apertura al conocimiento, o denotar la actitud de quien
transmite de forma críptica un mensaje esotérico secreto... Y esto podemos
deducirlo en contraposición a otro elemento simbólico muy recurrido por el
Temple, las llamadas Bocas tapadas, de las que Atienza nos dice que son "figuras
simbólicas que surgen ya en antiguas representaciones petroglíficas (por ejemplo,
en el dolmen de Soto, en Trigueros, Huelva) que representan rostros con las bocas
tapadas, en señal de secreto que no debe en modo alguno ser desvelado, en
contraste directo con otros monstruos del bestiario medieval, que aparecen
enseñando sus fauces abiertas dispuestas a devorar. La clave de estas imágenes se
encuentra en la tácita imposición al iniciado, que deberá guardar el secreto de
su propia iniciación, no tanto por preservarlo de abusos por parte de los demás,
sino para obligar al neófito a que encuentre el camino de la Trascendencia
mediante su propio esfuerzo. No podemos decir que sea una imagen específica de la
Orden del Temple, pero si cabe pensar que se trate de una representación a menudo
utilizada por las logias de constructores medievales, imbuidas muchas de ellas en
doctrinas templarias y por las enseñanzas que probablemente transmitieron los
caballeros de la Orden a partir de su conocimiento de las técnicas de
construcción que pudieron traer de Oriente." 

Es por esto que, de igual forma, podemos perfectamente considerar que una cabeza
(¿bafomet?) templaria con la boca entreabierta quiera representar al secreto
desvelado, aunque con la debida precaución o sólo para aquellos elegidos para su
comprensión. 

Una cabeza de un ser antropófago, devorador de hombres, y de un ser que nos
transmite el mensaje secreto, ambos en una pila bautismal; ¿sería ese realmente
el significado real del misterioso bafomet templario? Dios y el Demiurgo. La
Dualidad... El Bautismo de Fuego hacia la Iniciación... 

Otro detalle: cada uno de los caballos tiene sobre su cuerpo nueve pequeñas
incisiciones circulares, como nueve fueron los caballeros fundadores del Temple.
Una vez más el número nueve. 

Pero el número ocho fue también muy importante simbólicamente para los
templarios, como lo demuestran sus iglesias octogonales o su cruz de las Ocho
Beatitudes. Y recordemos los baptisterios o recintos bautismales que adoptan la
forma poligonal del octógono. Tal vez por ello una de las incisiones, de cada uno
de los caballos, se encuentra rodeada por dos círculos concentricos (Sol del
Poniente y Sol Naciente de la cosmogonía védica, que también aparecerían
representados, según Ángel Almazán, en el Vaso de los Toros celtíbero), lo que
dejaría ocho incisiones en el exterior de los círculos, en cada uno de los
cuerpos del caballo. Un caballo que en realidad son dos caballos en uno, como dos
significados posee el vocablo cábala tal y como veremos más adelante. 

¿Representarían también en los orígenes de la Orden del Temple, Hugo de Payens
el Sol Naciente, visible, y André de Montbard o el misterioso Juan de Jerusalén o
el propio San Bernardo, el oculto Sol del Poniente, que resplandece semioculto en
la sombra? ¿Representan estos círculos a Dioses Solares? Y el resto de elementos
simbólicos y su disposición, incluida la incisión también circular en la pierna
del jinete, las prominentes rodillas de los caballos que asemejan las cabezas de
un ave y hasta la forma táurica del cuerpo del báculo, ¿que representarían?
Pensemos en los significados especiales que contienen los signos de
reconocimiento templarios, de acuerdo con el lenguaje simbólico de la tradición:
el Lenguaje de los Pájaros, que, tal como nos recuerda Atienza, "es aquel que,
empleado por iniciados en los saberes tradicionales, sirve para la expresión de
lo inefable, de las verdades que consideramos absolutas, para las que no basta la
expresión cotidiana. Por lo mismo, aunque se entiendan sus palabras, su sentido
resulta totalmente inalcanzable para el profano". 

Savignies nos recuerda que: “por eso es importante distinguir los dos vocablos,
cábala y kábala, a fin de utilizarlos como se debe: el primero, como derivado del
equivalente griego de caballo (caballus en latín); el segundo, del hebreo
kabbalah, que significa tradición. En fin, no se podrá ya, a pretexto de los
sentidos figurados, admitidos por analogía, de corrillo, manejo o intriga, negar
al sustantivo cábala la función que sólo él es capaz de desempeñar y que
Fulcanelli lo confirmó magistralmente, al encontrar la llave perdida de la Gaya
ciencia, de la Lengua de los dioses o de los pájaros. Las mismas que Jonathan
Swift, el singular deán de San Patricio, conocía a fondo y practicaba a su
manera, con tanto saber y virtuosismo”. 

De todo lo dicho podemos también vislumbrar parte del significado hermético del
Sigilum Templii, en el que dos Caballeros Templarios, con su iglesia Madre
octogonal al fondo, cabalgan sobre un caballo (o Cábala), cabalgan sobre la
Kábala (o Tradición)... Son el MONJE y el GUERRERO, dual, en su búsqueda de DIOS
y el DEMIURGO respectivamente, precisando para conseguirlo de un BAUTISMO de
FUEGO, de una iniciación. 

Atendiendo al bautismo y su simbolismo crístico, notemos como los primeros
cristianos recibían la iniciación bautismal, el rito de paso que simboliza la
"muerte al mundo" y el "nacimiento a la vida en Cristo". La pila bautismal
adoptaba forma alargada, como un sarcófago, reposando directamente sobre el suelo
o estando excavada, como piscina, en el pavimento, pues el bautismo era por
inmersión en memoria de la efectuada por Jesús en el río Jordán. "La teoría de
este simbolismo religioso -nos dice Rafael Alarcón- se basaba en que el neófito,
al sumergirse en las aguas primordiales, enterraba el "viejo hombre pecador que
era" (semejanza con la muerte de Cristo, muerte de su cuerpo físico), de este
modo al subir a la superficie "resucitaba" purificado como un nuevo ser
(semejanza con la resurrección de Cristo, en un cuerpo transfigurado), lleno de
plenitud en el espíritu de Jesús. Se moría a la ignorancia del paganismo para
resucitar al conocimiento que da la fe, a la gnosis, al conocimiento
trascendente". 

"Por la estructura misma del baptisterio -continúa diciendo Alarcón-, que en
planta simboliza el triple recinto concéntrico (estructura muy utilizada por el
Temple en sus fortificaciones defensivas), se pretendía significar que la
inmersión no sólo se efectuaba como un descenso a las aguas primordiales de la
creación, sino también como un viaje al lugar Central donde mora el Espíritu de
Dios; el neófito se sumergía en las aguas como un vehículo para acceder,
purificándose mediante el rito, a la mansión de la Triada Divina que transforma a
los que alcanzan tal lugar". 

Posteriormente las pilas bautismales adoptarán la forma de una gran copa, de un
cáliz, lo que dotará al rito del bautismo de unas resonancias griálicas cuyo
alcance sería demasiado extenso abordar en estos momentos, si bien sí indicaremos
que la causa por la que se adoptó la estructura poligonal para los recintos
bautismales fue por una necesidad sincrética de asimilar cultos anteriores.
Cultos muy extendidos y poderosos. 

"Uno de tales cultos -a decir de Alarcón- bien pudo ser el dios Mitra, un culto
frigio tan extendido por el Imperio Romano gracias a las legiones, que estuvo a
punto de suplantar al cristianismo en el ánimo del Emperador Constantino cuando
éste tuvo que elegir una religión oficial para el Imperio. En los misterios de
Mitra, se practicaba un bautismo, en forma de ducha, con la sangre de un toro
ritualmente sacrificado; dicha ceremonia se realizaba en salas subterráneas,
poligonales o circulares, siendo seguida de un ritual de "muerte-resurrección"
similar al celebrado por la mayoría de las religiones iniciáticas antiguas, desde
Egipto hasta el Tibet". 

En su afán sincrético, ¿estudió el Temple la iconología religiosa celtibérica,
en aquellos lugares en los que expresamente pudiera haberse asentado para ello,
y, por ende, ¿llegaría a las mismas conclusiones sobre la raiz indoeuropea y la
cosmovisión védica celtíbera (reflejada por ejemplo en la citada cerámica
numantina del Vaso de los Toros) a las que llegó Ángel Almazán?. El simbolismo
táurico de los celtíberos (plasmado en una innumerable cantidad de amuletos,
piezas de cerámica, pinturas, etc.) y de los templarios, cuyo máximo exponente
sería la cruz esotérica Tau, así nos lo hacen pensar. Para más evidencia,
pensemos en otro de los símbolos de entendimiento que -como bien apunta Atienza-,
"reflejadas en espacios determinados y en circunstancias concretas, también
fueron señales de identidad templarias; nos estamos refiriendo a los jinas, seres
elementales que se manifiestan como personificación de potencias y de energías
procedentes de la Naturaleza, que surgen a menudo formando parte de un contexto
mítico en las culturas que florecieron en torno al mar Mediterráneo, y que según
algunos estudiosos son representaciones míticas de las potencias desconocidas del
ser humano... Para otros, son representación inmediata de las energías telúricas
o ligadas a lo que se ha venido llamando, en el campo de la Tradición arcana, el
Espíritu de la Tierra. En cualquier caso, los jinas védicos fueron defenestrados
por las religiones institucionalizadas que terminaron por reinar sobre sus
antiguos creyentes. Sin embargo, su proyección quedó fijada en la memoria
colectiva y los poderes doctrinales tuvieron que transigir con ellos, mediante
adaptaciones que, en cierta manera, vinieron a sacralizar o a santificar cuando
menos las antiguas creencias, que no eran otra cosa que la proyección divinal de
unos conocimientos visceralmente ignorados y cordialmente creídos a pies
juntillas".

NOTA.- Las fotografías a las que se alude en este escrito pueden ser
visualizadas en:
http://members.es.tripod.de/Larmenius/celtiberos.html 

Fernando Arroyo Durán