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ARGENTINA INÉDITA
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Asunto:[nuestra_historia_70] 015 ARGENTINA INEDITA - LOS 30000 DESAPARECIDOS - GENECIS DE UNA FALACIA 2DA PARTE
Fecha:Sabado, 14 de Abril, 2018  18:11:22 (-0300)
Autor:=?UTF-8?Q?ARGENTINA_IN=C3=89DITA?= <nuestra.historia.70 @.....com>




 

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‚Äč‚ÄčARGENTINA IN√ČDITA

¬†HISTORIA DE LA NACI√ďN - SUFRE TERGIVERSADA POR IDEOLOG√ćAS-¬† ¬†¬†¬† ¬†¬†¬†

¬†2017 UNA INVITACI√ďN A Levantar LA MIRADA COMO NACI√ďN AL FUTURO ¬†¬†

NUESTRA HISTORIA 70 - BOLETINES.

ARGENTINA IN√ČDITA¬† - G+

 

AL GRAN FRAUDE ARGENTINO ¬¡SALUD!

EL PAROXISMO DE LA MENTIRA

1966 A 1983



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CAP√ćTULO 10

G√ČNESIS DE LA FALACIA DE LOS

30.000 DESAPARECIDOS

 

SEGUNDA PARTE

Otras voces desmienten las cifras

de los 30.000 desaparecidos

 

No obstante el relato consolidado por funcionarios, militantes y periodistas que alcanz√≥ a la ense√Īanza primaria y secundaria, algunas voces de la propia militancia trataron de acercarse a la verdad parcial de la tragedia sucedida (nadie hablaba de ‚Äúlos otros muertos‚ÄĚ) por lo que creemos adecuada difundir sus expresiones y acciones. Al respecto es interesante conocer lo expresado por Graciela Fern√¡ndez Meijide en su libro La historia √≠ntima de los derechos humanos en Argentina, Ed. Sudamericana, a√Īo 2009, refi ri√©ndose a la discusi√≥n que a principios del gobierno militar de facto ten√≠an las ‚ÄúMadres‚ÄĚ en Europa que quer√≠an implantar la consigna: ‚Äúaparici√≥n con vida‚ÄĚ, con los dirigentes de la Comisi√≥n Argentina por los Derechos Humanos (CADHU) una de las principales estructuras creadas para difundir el relato parcializado y falaz. Graciela F. Meijide sab√≠a que no se pod√≠a llegar a 10.000 de ning√ļn modo y por ello consult√≥ a uno de los voceros de esa cifra, Eduardo Luis Duhalde el principal de ellos, quien le expres√≥: ‚ĶSi habl√¡bamos de detenidos con vida aunque fuera en c√¡rceles desconocidas, clandestinas, no logr√¡bamos el mismo eco que si denunci√¡bamos un genocidio... Los exiliados pol√≠ticos que viv√≠an en el exterior intentaban movilizar conciencias y lograr adhesiones de organismos internacionales‚Ķ objetivamente los testimonios de los liberados de ESMA, La Perla y Campo de Mayo ‚Äďpor coincidencia o decisi√≥n t√¡ctica‚Äď aportaron a esa estrategia que tal vez haya dado lugar en 1977, a la credibilidad sobre la cifra de 30.000 desaparecidos.

 

Con esas expresiones que denotan su mendacidad mantenida desde 1983 en su libro El estado terrorista argentino hasta su muerte en 2012, se puede deducir el grado de seriedad, objetividad, ecuanimidad y af√¡n de justicia que ten√≠a el funcionario impuesto por N√©stor Kirchner, desde el inicio de su gobierno en la Secretar√≠a de Derechos Humanos de la Naci√≥n, donde como se expres√≥, s√≥lo se ocup√≥ de los DDHH de sus amigos ideol√≥gicos de los 70 y de sus familias. No obstante la falsedad jur√≠dica conocida, Eduardo L. Duhalde desde ese cargo y con la anuencia y apoyo de Kirchner, insisti√≥ persistentemente haciendo presi√≥n sobre los fiscales y jueces que entend√≠an en los juicios a militares y otros funcionarios del Estado, para que imputaran en los procesos por delitos de lesa humanidad inventados por ellos, la participaci√≥n dentro de la figura del genocidio.

Su esp√≠ritu rebelde de marxista leninista lleno de odio contra los militares que impidieron que los revolucionarios tomaran el poder, le impidi√≥ ser un funcionario eficaz con las responsabilidades de un cargo republicano. Adem√¡s de haber sido se√Īalado como el ‚Äúimpulsor‚ÄĚ de la denuncia de los 30.000 desaparecidos que impactaba nacional e internacionalmente como ‚Äúun genocidio‚ÄĚ. Algunos jueces por presiones del Consejo de la Magistratura atentos a que Duhalde u otros funcionarios pudieran solicitarles un juicio pol√≠tico, por temor o por compartir ideolog√≠a, dictaron algunas sentencias condenando a los imputados de determinados delitos finalizando: ‚Ķen el marco del genocidio ocurrido entre 1976 y 1983, lo

que demuestra que la sentencia de ese tribunal no ha sido ajustada a derecho y sólo fue una argumentación retórica para satisfacer al activismo de izquierda y el servilismo al gobierno kirchnerista.

 

Para informaci√≥n del lector, el 9 de abril de 1956 el gobierno argentino adhiri√≥ a la Convenci√≥n para la Prevenci√≥n y Sanci√≥n del Delito de Genocidio, aprobado el 9 de diciembre de 1949 por la ‚ÄúIII Asamblea de la ONU‚ÄĚ, que fue ratificada por Ley 14.467/59. En esa convenci√≥n se entendi√≥ por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuaci√≥n con la intenci√≥n de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, √©tnico, racial o religioso como tal‚Ķ

 

El Estatuto de Roma vigente desde 2002, lo define exactamente igual. Nuestro Congreso no ha incorporado ese delito al C√≥digo Penal. No hubo genocidio en la Argentina. S√≥lo acciones militares de aniquilamiento sobre organizaciones armadas clandestinas que atacaron las instituciones de la Rep√ļblica asesinando a hombres, mujeres y ni√Īos (ver cap√≠tulo 15) para conquistar el poder por las armas. Ninguna de las OPM se caracterizaban precisamente por pertenecer en forma exclusiva a cualquiera de los grupos citados en la Convenci√≥n de 1949 y en el Estatuto de Roma.

 

El ex militante del ERP Horacio V√¡zquez Rial, radicado en Madrid, en un art√≠culo escrito el 17 de agosto de 2009, en el link http://agosto.libertaldigital. com.los-desaparecidos-1276236812.html de un diario online de Madrid, con el t√≠tulo ‚ÄúLas guerras de toda la vida. Los desaparecidos‚ÄĚ dice: A principios de este a√Īo, en Buenos Aires, estuve a punto de escribir un art√≠culo sobre este asunto. Estaba harto de la obviedad de que los desaparecidos no fueron 30.000, de saber que esa es una cifra pol√≠tica y de que la real se puede estimar con considerable aproximaci√≥n. Pero sab√≠a que si yo lo dec√≠a, lo escrib√≠a, lo gritaba, nadie me iba a hacer caso, o lo que es peor, se iban a tomar medidas contra mi persona por semejante atrevimiento.

 

Ahora, finalmente, una madre, de las hist√≥ricas, de Plaza de Mayo, con una interesante ‚Äďy poco clara‚Äď historia pol√≠tica a sus espaldas, publica un libro y lo dice. Ella tiene la autoridad de la que yo carezco porque a m√≠ s√≥lo me desaparecieron gente querida, con la que no ten√≠a m√¡s lazos que los del afecto que, muchas veces, son m√¡s poderosos que los de sangre‚Ķ Graciela Fern√¡ndez Meijide perdi√≥ un hijo a manos de las fuerzas conjuntas‚Ķ Despu√©s hizo pol√≠tica. Fue decisiva, precisamente por su condici√≥n de madre de desaparecido, de activista de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y de miembro de la CONADEP (Comisi√≥n Nacional sobre la Desaparici√≥n de Personas) en el triunfo electoral de la Alianza que llev√≥ al gobierno ‚Äďaunque no al poder‚Äďa Fernando de la R√ļa‚Ķ

 

Ahora, la ex senadora, ex ministra, ex casi todo, publica un libro y dice que no hay 30.000. (la cifra de la CONADEP 1984 era de 8.960). Cabe mencionar que la mencionada Graciela F. Meijide, en el libro citado, p√¡gina 124, dice que en enero de 2009 solicit√≥ a la Secretar√≠a de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia de la Naci√≥n la lista definitiva de los desaparecidos y que le respondieron que ‚Äúno la estaban dando‚ÄĚ, aunque a su pregunta si pod√≠a tomar como v√¡lida la que la Secretar√≠a exhib√≠a en Internet, le contestaron afirmativamente. (www.derhuman.jus.gov.ar/anm).

 

La negativa a poder investigar y observar el contenido de las denuncias, y tambi√©n de los denunciantes y ‚Äúsus mandantes‚ÄĚ junto con resoluciones posteriores sobre los pagos a los causahabientes tiene una clasificaci√≥n de ‚Äúseguridad‚ÄĚ tan alta que ni siquiera los planes de operaciones del Estado Mayor Conjunto la deben tener. (¬¿Por qu√© raz√≥n, nos preguntamos?) A m√¡s de 33 a√Īos de los hechos y a 32 a√Īos de las denuncias que dieron origen a las listas de la CONADEP ning√ļn periodista, historiador o investigador de las instituciones de la Rep√ļblica puede revisar la documentaci√≥n que ampara los listados y la adecuada acreditaci√≥n de los 225.000 pesos/d√≥lares que la Ley 24.411 de Menem impuso como indemnizaci√≥n para pagarle a los familiares de ‚Äúdesaparecidos‚ÄĚ y a los muertos, en combate y en cualquier otra situaci√≥n.

 

Continuando con el libro de G. Fern√¡ndez Meijide, observamos que ante la disparidad de datos y la mezcla de situaciones en los listados de referencia, donde est√¡n juntos los presuntos desaparecidos y los muertos (incluso en combate, al atacar unidades del ej√©rcito o de polic√≠as) y su diferencia con los nombres exhibidos en el ‚ÄúParque de la Memoria‚ÄĚ donde toman las fechas de las presuntas v√≠ctimas desde 1969 a 1983, la autora expresa:

En homenaje a la verdad, y sobre todo por respeto a las v√≠ctimas, resultar√≠a deseable que se hiciera un esfuerzo para lograr una lista sujeta a la realidad de toda la informaci√≥n seria que hoy no existe. As√≠ se evitar√≠a cualquier sospecha de la intenci√≥n de utilizar el n√ļmero de v√≠ctimas como herramienta de controversia pol√≠tica.

 

Sigue el periodista Horacio V. Rial: ‚Ķ¬¿Por qu√© una parte de la sociedad argentina y con ella el gobierno neoperonista y neomontonero, es tan reacia a aceptar ese hecho? Porque el hecho no viene solo. Viene con otra cifra y otro concepto. No cambia moralmente nada el que el n√ļmero sea menor, pero cambia la relaci√≥n con las bajas del ej√©rcito, la marina y la aeron√¡utica, que fueron en el mismo per√≠odo alrededor de 1.200 en combate y por atentados. Y a partir de all√≠, cobra cierta validez la idea de que lo que tuvo lugar entre 1973 y 1983 en Argentina fue una guerra.

 

No hay un solo militante de la izquierda montonera, que hoy gobierna o finge hacerlo, que acepte eso. Decir que hubo una guerra equivale a dar sost√©n a la teor√≠a de los dos demonios ‚Äďas√≠ se llama‚Äď que es la doctrina oficial de la dictadura: guerra antisubversiva. Lo que ellos dicen es que hubo simple, puro y llano terrorismo de Estado frente a los miembros de la organizaciones armadas y otras, tambi√©n revolucionarias, que hab√≠an elegido m√©todos menos contundentes. Pero al principio de aquel infierno, yo formaba parte de una de las organizaciones armadas, concretamente el Ej√©rcito Revolucionario del Pueblo, en la fracci√≥n 22 de agosto (fecha que evocaba el asesinato de militantes en la c√¡rcel de Trelew) trotskista. Y me consta que el ERP 22 le declar√≥ la guerra, formalmente, al Ej√©rcito Argentino ‚Äďen alg√ļn sitio, entre mis papeles, he conservado un panfleto que invita a sumarse al combate‚Äď, en la l√≠nea guevarista de crear todos los Vietnam posibles. Y exactamente lo mismo hicieron los montoneros, incalculablemente m√¡s numerosos y mejor organizados. √Čste es un hecho fundacional, innegable, objetivo. En modo alguno una teor√≠a de la dictadura.

 

Tambi√©n se refiere el autor del art√≠culo a la reacci√≥n del pro terrorista Secretario de DDHH Eduardo Luis Duhalde quien le escribi√≥ una carta a la se√Īora Fern√¡ndez Meijide en fuertes t√©rminos donde le expresaba,

para oponerse a su cuestionamiento: El √ļnico registro fehaciente de la cantidad de v√≠ctimas asesinadas, su identidad y destino final est√¡ en poder de los asesinos‚Ķ

 

Y contin√ļa Vel√¡zquez Rial: Se trata de una falacia evidente, porque cada familia sabe perfectamente cu√¡ntos de sus miembros faltan y las familias que han desaparecido en su totalidad son muy escasas: siempre queda alguien que recuerda, y es muy raro el que no haya denunciado cuando, durante el gobierno de Ra√ļl Alfons√≠n y en el proceso a las juntas militares, se invit√≥ a todo el mundo a hacerlo. Tambi√©n creemos conveniente tomar conocimiento de las opiniones del periodista editor, jefe del diario Perfil, Ceferino Reato (autor de los libros. Operaci√≥n Traviata ‚Äďasesinato de Rucci‚Äď y Operaci√≥n Primicia ‚Äďataque al Regimiento 29 de Formosa‚Äď) quien en un art√≠culo publicado el 16 de octubre de 2010 en la revista Noticias, titulado: ‚ÄúCu√¡ntos desaparecidos hay‚ÄĚ, en el subtitulado se pregunta por qu√© no se investiga la cifra exacta de v√≠ctimas y ¬¿de d√≥nde sali√≥ la cifra de 30.000? En su inicio plantea la situaci√≥n actual de la siguiente manera:

 

Siete a√Īos en el poder, con los derechos humanos como una de sus prioridades, y el kirchnerismo jura no saber cu√¡ntas v√≠ctimas hubo durante la dictadura. Por el contrario, se aferra a la cifra m√¡gica de los 30.000 desaparecidos, un n√ļmero que ya nadie sabe bien de d√≥nde sali√≥. Y acusa a quienes se atreven a cuestionar esa cifra de hacerle el juego a la derecha m√¡s recalcitrante para disminuir la dimensi√≥n de la tragedia‚Ķ La tragedia debe tener la dimensi√≥n exacta que la verdad hist√≥rica le va a otorgar y no la que quieren darle voces interesadas y falaces sobre hechos distorsionados que sirven a mezquinos intereses pol√≠ticos, ideol√≥gicos y econ√≥micos.

 

El autor, a continuaci√≥n hace una serie de consideraciones, finalizando el p√¡rrafo: A esta altura, sostener que los desaparecidos fueron 30.000 es convertir a ese problema en insoluble, en una bandera que sirve para hacer pol√≠tica con los derechos humanos pero nada m√¡s. Programa ‚ÄúEl Espejo‚ÄĚ de Am√©rica TV del viernes 18 de octubre de 2014 Inventamos 30.000 desaparecidos para obtener subsidios de Holanda, Inglaterra, Francia, Italia, Espa√Īa, y otros pa√≠ses. Luis Labra√Īa, Lic. en Ling√ľ√≠stica, ex Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), ex montonero, habl√≥ sin pelos en la lengua de su rol en las organizaciones subversivas y lo que quer√≠an por medio del combate: destruir el Ej√©rcito y hacerse cargo del poder. No hay dudas de que fue una guerra‚Ķ Preparamos un ej√©rcito para tomar el Estado‚Ķ Nos equivocamos. Primero, √©ramos muy j√≥venes e ignorantes para discernir lo correcto o incorrecto‚Ķ Cuando llegu√© exiliado a Holanda me di cuenta que estaba equivocado. Se podr√≠an haber salvado muchas vidas...

 

Los militares y nosotros matamos, ambos por la Patria‚Ķ Ellos mataban porque eran parte del aparato del Estado y ten√≠an que defenderlo‚Ķ Hoy no tenemos FFAA. No tenemos servicio militar obligatorio‚Ķ Doy clases en un Centro Cultural de la Ciudad de Buenos Aires y veo como el relato est√¡ destruyendo a la escuela‚Ķ

El mismo Lic. Luis Labra√Īa (alias Mariano) escribi√≥ el pr√≥logo del libro Mentir√¡s tus muertos de Jos√© D‚Äôangelo, Ed. El Tat√ļ, 2015, libro en cuya tapa posterior se registra lo que expres√≥ el ex guerrillero: Cuando en los Pa√≠ses Bajos se decide darle una mano a las Madres de Plaza de Mayo, estaba Hebe de Bonafini, se forma la organizaci√≥n Solidaridad con las Madres Argentinas y, para pedir el subsidio ellas hab√≠an llevado la cifra de 3.800 desaparecidos con sus nombres. La gente de Holanda dijo que era poco, que era necesario llamar la atenci√≥n p√ļblica. Ah√≠ surgi√≥ la cifra de 30 mil (‚Ķ) el hecho de los 30.000 desaparecidos nadie me lo puede discutir porque fui yo quien puso ese n√ļmero en Holanda (expresiones repetidas en el art√≠culo ‚ÄúUn ex montonero contra las pensiones de por vida‚ÄĚ, diario Perfi l). Video c/audio programa de TV Am√©rica ‚ÄúMauro la pura verdad‚ÄĚ 21/12/2014. Se puede ubicar en Youtube. En el di√¡logo el dirigente peronista y ex militante de la JP Julio B√¡rbaro expresa que los desaparecidos ‚Äúdemostrados‚ÄĚ son 8.000 m√¡s otros 1.000 anteriores al gobierno de facto del 24 de mar de 1976 y al responder una apreciaci√≥n del conductor del programa, le repite que son los ‚Äúdemostrados‚ÄĚ ya que de lo contrario pueden

decir que fue ‚Äúun mill√≥n‚ÄĚ.

 

En las respuestas de las anteriores personas que datan desde hace bastante tiempo atr√¡s y fundamentalmente en los registros oficiales de los presuntos desaparecidos involuntarios que figuran en los listados de la CONADEP de 1984 y de 2006, queda descartada definitivamente la cifra de 30.000 desaparecidos inventada por la necesidad de aumentar grandemente la cantidad real (ocho veces las 3.800 v√≠ctimas que ten√≠an en ese momento) para impactar en la opini√≥n p√ļblica internacional. (Cifra que fuera trasladada posteriormente al √¡mbito nacional como f√¡bula con car√¡cter emotivo para impresionar a la opini√≥n p√ļblica y sacar ventajas pol√≠ticas y econ√≥micas). Insistencia de funcionarios en seguir mintiendo.

 

Consultada por el autor de este libro en 1999, la Subsecretar√≠a de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia sobre la cifra oficial de desaparecidos en la d√©cada del 70, la coordinadora de la ex CONADEP, se√Īora Doly Scachery, inform√≥ no disponer del dato solicitado en raz√≥n de hallarse en procesamiento permanente. Reiterado el pedido, explicando que los datos eran para publicar en un libro, la mencionada funcionaria expres√≥ que si bien la informaci√≥n no estaba actualizada ‚Äúno deb√≠a bajarse de la cifra de 30.000‚ÄĚ. ¬¡Excelente criterio para cumplir con su funci√≥n en un √≥rgano oficial!

Aclaramos que en 1998 los listados insertos en Internet en el link ‚ÄúGrupo Fahrenheit‚ÄĚ que era alimentado por la Secretar√≠a de DDHH de la Naci√≥n figuraban 7.661 presuntos desaparecidos de los cuales 701 pertenec√≠an al per√≠odo anterior al 24 de marzo de 1976 o sea que los desaparecidos por desaparici√≥n forzada (sin descontar los muertos en enfrentamientos no llegaban a 7.000).

 

El 07 de septiembre de 2001 la subsecretaria de Derechos Humanos Diana Conti anunci√≥ a los MCS que ya hab√≠an contabilizado 15.000 desaparecidos y que seguir√≠an buscando hasta los 30.000 desaparecidos estimados. Como se observa los funcionarios de todos los presidentes constitucionales, en este caso de Fernando de la R√ļa, un radical que segu√≠a la pol√≠tica de Menem en cuanto a este tema, siempre se mantuvieron en la Secretar√≠a (Subsecretar√≠a seg√ļn la √©poca), los ex terroristas, sus parientes y los militantes ideol√≥gicamente afines para evitar que se difundiera la realidad, manteniendo vivo el relato falaz sobre la guerra interna. Peligrosa intencionalidad del √≥rgano del Estado Nacional responsable del tema que tiene la obligaci√≥n √©tica de alcanzar la verdad sobre la tragedia de los desaparecidos. Esta actitud constituye una evidencia m√¡s del uso pol√≠tico de los DDHH en perjuicio de la sociedad que cree ingenuamente en el eslogan del gobierno y las ONG pertinentes: ‚ÄúMemoria, verdad y justicia‚ÄĚ.

 

Sin embargo, al margen de esa mentira existe tambi√©n una decisi√≥n elaborada por los abogados pro terroristas, como el ya mencionado Secretario de DDHH Eduardo L. Duhalde, que estuvieron intentando infructuosamente instalar en la opini√≥n p√ļblica que hubo ‚Äúun genocidio‚ÄĚ (similar al asesinato de seis millones de civiles inocentes en los campos de concentraci√≥n de Alemania). Para ello, junto con algunos profesionales querellantes trabajaron preparando testigos para imponer en la opini√≥n p√ļblica y en los estrados judiciales:

‚ÄĘ Que las v√≠ctimas eran inocentes civiles opositores y no militantes

instruidos para matar.

‚ÄĘ Que hab√≠a que instalar el n√ļmero de 30.000 desaparecidos.

‚ÄĘ Que sobre esa base hab√≠a que sostener que los ni√Īos nacidos en

cautiverio fueron 500 o m√¡s (que se suman a los menores detenidos

con sus padres).

‚ÄĘ Que los ‚Äúcarceleros‚ÄĚ adem√¡s de someterlos a brutales torturas, violaban

a todas las mujeres.

 

Por supuesto el relato ense√Īado a los testigos por los abogados, coordinado y aumentado con descripciones de acciones antihumanas para obtener la repulsa a las fuerzas legales que los combatieron, no se refer√≠a a sus cr√≠menes de civiles (hombres, mujeres y ni√Īos) desarmados ni al asesinato de soldados que cumpl√≠an con la ley del Servicio Militar Obligatorio, ni a los explosivos que mataban indiscriminadamente. Tampoco se refer√≠an a los fusilados de sus mismas organizaciones debido a actividades penadas en sus c√≥digos revolucionarios. Tampoco a la pol√≠tica de suicidio instalada entre sus miembros para evitar la delaci√≥n imponiendo a los militantes los graves tormentos falsos que iban a sufrir. Nunca hablaban de los que hab√≠an sido liberados para conocer su tratamiento ni por qu√© los liberaron. Nunca hablaban de esos combatientes que, detenidos, pactaban con los militares para salvar sus vidas sin ninguna presi√≥n f√≠sica mediante (ver libro Los traidores de Carlos Manuel Acu√Īa, ya citado) que colaboraban entregando a sus compa√Īeros a los que incluso interrogaban ellos mismos porque sab√≠an qu√© preguntar. (Como prueba est√¡ la cantidad de terroristas liberados que viajaron al exterior en compensaci√≥n

por su ayuda para lograr el aniquilamiento de las estructuras terroristas subversivas). ‚ÄúMemoria, verdad y justicia‚ÄĚ

Al respecto del lema de las organizaciones de derechos humanos parcializados y referidos s√≥lo a los 70, a continuaci√≥n transcribimos unos p√¡rrafos expresados por el doctor Facundo Manes especialista neurocient√≠fico y profesional m√©dico de reconocida idoneidad:

En Estados Unidos se hizo un estudio entre 297 supuestos autores de homicidios. Eran personas que hab√≠an sido condenadas y estaban presas. Con el tiempo se supo que esa gente era inocente, a trav√©s de material gen√©tico en las escenas de crimen. El 70% hab√≠a sido condenado por testimonios. Hoy sabemos que la memoria humana no es algo fotogr√¡fico. Cada vez que se evoca, se reconstruye: la memoria no es un fiel reflejo de aquello que pas√≥, sino m√¡s bien un acto creativo. Hoy sabemos tambi√©n, por ejemplo, que los jueces muchas veces deciden por las emociones. Todas estas investigaciones producen dilemas morales y √©ticos‚Ķ

 

Sobre los dilemas morales y √©ticos de los jueces no se especifica c√≥mo influye ‚Äúla memoria en el caso de los testigos que son entrenados por los abogados querellantes‚ÄĚ, cuando los mismos ni siquiera estuvieron

en el lugar del hecho o recuerdan una verdad diferente a la que luego relatan. Otro ejemplo: Jean William Fritz Piaget, epistemólogo, psicólogo y doctor en Biología revivía un secuestro del que fuera víctima a muy

temprana edad. Rememoraba como su ni√Īera hab√≠a intentado defenderlo de sus captores hasta, incluso ser herida. Recordaba al polic√≠a luego interviniente y el bast√≥n que portaba. Sus reminiscencias eran n√≠tidas y muchos peque√Īos detalles se perpetuaron en su memoria. A√Īos m√¡s tarde, su ni√Īera despert√≥ una ma√Īana con un ataque de conciencia y confes√≥ a los padres de Piaget que el mencionado secuestro nunca hab√≠a ocurrido y que ella hab√≠a desatendido a la criatura durante un tiempo y hab√≠a creado esa historia para ocultar su negligencia.

 

Acad√©micamente tambi√©n se define la memoria como un relato emocional de los procesos hist√≥ricos vividos o conocidos que se transforma en un argumento ‚Äďa veces inconsciente‚Äď para justificar su ideolog√≠a del presente. Podemos tambi√©n conocer el popular ejemplo conocido acerca de un grupo de personas que presencia un choque en una esquina y, al ser interrogadas luego de un tiempo, los recuerdos del hecho difieren bastante o incluso notablemente entre cada uno.

 

En suma, la memoria representa las vivencias de la existencia de una persona o un grupo de ellas pero, tambi√©n sus fantas√≠as creativas o insinuadas y pol√≠ticamente, representa adem√¡s sus intereses particulares.

 

Desaparecidos que no responden a la figura de ‚Äúdesaparici√≥n forzada‚ÄĚ

Al no permitirse el acceso a la documentaci√≥n a investigadores ajenos al organismo, de las denuncias y todo otro documento que avale la identidad y la forma y fecha de su desaparici√≥n as√≠ como a las investigaciones complementarias realizadas para determinar la comprobaci√≥n de la desaparici√≥n forzada, quedan mayores dudas sobre la veracidad de los n√ļmeros del Informe Final de la CONADEP (1984). Como dijimos y probaremos en el ‚ÄúDocumento correspondiente al Anexo 1 de ese informe‚ÄĚ, (inserto en la p√¡gina web del cap√≠tulo 8), tiene una enorme cantidad de errores, fruto de denuncias con datos incompletos, falsos o sin sustento legal para comprobar la existencia real de la persona f√≠sica denunciada, as√≠ como si su desaparici√≥n ‚Äúfue obligada o voluntaria‚ÄĚ. En la actualidad existen estad√≠sticas de muertos pero no de desapariciones voluntarias.

 

La asociaci√≥n civil ‚ÄúLuchemos por la vida‚ÄĚ en sus estad√≠stica de los √ļltimos 24 a√Īos consigna que en nuestro pa√≠s murieron 182.522 personas por accidentes de tr√¡nsito y que el promedio anual es de 7.605 muertos por a√Īo. En 2015 las estad√≠sticas oficiales de muertes dolosas en promedio desde 2003 al 2015 est√¡n en 7 cada 100.000 habitantes o sea un promedio anual de 3.580 asesinados por a√Īo. A continuaci√≥n dejamos constancia de las dudas existentes para asegurarnos que los casos de personas f√≠sicas denunciadas como desaparecidas en el Anexo 1 del informe ‚ÄúNunca M√¡s‚ÄĚ se encuadren realmente en la figura de ‚Äúdesaparici√≥n forzada de personas‚ÄĚ.

 

‚ÄĘ ¬¿Sabemos qu√© n√ļmero anual estad√≠stico de desapariciones exist√≠an en el pa√≠s (por fugas dom√©sticas, trata de personas, asesinatos con ocultamiento del cad√¡ver, etc. y eventualmente su aparici√≥n?) ¬¿Tenemos centralizados los datos en un organismo nacional? Desgraciadamente ¬¡no! No existe en el pa√≠s un √≥rgano que centralice esos datos y por lo tanto no tenemos una estad√≠stica centralizada de los casos pertinentes. Quiere decir que puede haber en las denuncias un caso, diez, cincuenta, doscientos o m√¡s.

‚ÄĘ Existen asesinatos realizados por las mismas organizaciones a militantes en virtud de sus c√≥digos, cuyos cuerpos no aparecieron o fueron denunciados como desaparecidos.

‚ÄĘ ¬¿Hay personas ‚Äďmilitantes terroristas o no‚Äďmuertas por organizaciones paramilitares (Triple A; COR; etc.) o asesinadas por delincuentes comunes cuyos cuerpos se encontraron carbonizados o en estado de descomposici√≥n, o que fueron enterrados como NN sin conocimiento de los familiares y que no pudieron ser identificados posteriormente?.

 

¬¡Seguramente s√≠! En el libro In memorian, Volumen III, editado por la Biblioteca del Oficial del C√≠rculo Militar en el a√Īo 2000, Anexo 4 (p√¡ginas 578 a 601) existe un listado documentado de 476 v√≠ctimas de esas organizaciones paramilitares que actuaron desde julio de 1973 al 21 de marzo de 1976, de las cuales:

‚Ė† 41 aparecieron calcinados sin identifi caci√≥n (NN).

‚Ė† 62 aparecieron asesinadas a balazos y sin identifi car (NN).

‚Ė† 15 aparecieron totalmente destrozadas por haber sido dinamitadas

(NN).

Los miembros de las OPM que murieron combatiendo contra las fuerzas legales a los que se identific√≥ luego de haber sido enterrados como NN y que, por errores de las autoridades o decisiones equivocadas de los jueces no fueron identificados p√ļblicamente (sus datos no fueron dados a publicidad para conocimiento de sus familiares).

 

Por ejemplo: en el ataque al Regimiento de Infanter√≠a de Monte 29 (Formosa), el 5 de octubre de 1975, murieron, entre otros, los terroristas Oscar Ram√≥n Boero, Reinaldo Jos√© Ram√≥n Briggiler, Jos√© Daniel Graziano, Jorge Alberto Livieres y Alfredo Rub√©n Vel√¡zquez, quienes fueron enterrados como NN en el cementerio principal de Formosa, conocido como Cementerio Norte y al ser identificados, el juez no hizo publicar sus datos en los MCS. Otros atacantes muertos hab√≠an sido retirados por sus familiares.

 

Los cinco nombrados figuran como desaparecidos en el libro de D‚ÄôAndrea Mor Memoria Debida, Ed. Colihue, a√Īo 1999. Sin embargo, en el Anexo 1 de la CONADEP de 1984, s√≥lo fueron denunciados tres de ellos (Boero, Graziano y Vel√¡zquez). Lo m√¡s llamativo es que se dice que Vel√¡zquez desapareci√≥ el d√≠a 30 de setiembre de 1975 y Graziano el 1 de octubre de 1975, cuando ambos murieron atacando el Regimiento 29 de Monte el d√≠a 5 de octubre de 1975. Al respecto, es significativo aclarar que algunos familiares de ellos habr√≠an cobrado la indemnizaci√≥n prevista en la Ley 24.411 ($/u$s 225.000). Ver Anexo

1 de 1984 y 2006. Esta misma situaci√≥n es probable haya ocurrido en otros casos similares, especialmente en el ataque al Batall√≥n de Arsenales 601 ‚ÄúDomingo Viejobueno‚ÄĚ en el que intervinieron alrededor de 300 militantes del ERP e individuos de otras organizaciones.

 

Fallecimiento de Duhalde. Contin√ļa la mendacidad hist√≥rica

Ante la muerte repentina del mencionado Duhalde, la presidente de la Naci√≥n, design√≥ en el cargo de Secretario de Derechos Humanos de la Naci√≥n a un hijo de desaparecidos, Mart√≠n Fresneda, que asumi√≥ el 15 de mayo de 2012 y quien en su discurso de asunci√≥n y recordando al ex presidente Kirchner, muerto dos a√Īos antes, dijo: ‚ĶAc√¡ estamos N√©stor querido, con la fuerza y el coraje de los 30.000 desaparecidos

‚Ķprevio haber expresado que no iba a ver reconciliaci√≥n, ni olvidos, ni impunidad. Como observamos, este nuevo funcionario de la Secretar√≠a de Derechos Humanos de la Naci√≥n estaba en l√≠nea con el plan de seguir falseando la cifra de la cantidad de desaparecidos (ya que √©l por trabajar en ese organismo, siempre tuvo el acceso a la n√≥mina y por ello, a la cifra) para continuar el intento de ubicar la acci√≥n de las fuerzas legales en la fi gura de ‚Äúgenocidio‚ÄĚ, aunque ya, pasado tanto tiempo gran cantidad de familiares y amigos ‚Äúblanquearon‚ÄĚ la militancia de los muertos y desaparecidos que antes permanec√≠an como ingenuos opositores y por lo tanto definitivamente su intento era en vano y s√≥lo un acto triste de odio y subordinaci√≥n pol√≠tica. Como se ha expresado en las denuncias que figuran en el Anexo 1 del Informe final de la CONADEP de 1984, existe una gran cantidad del (42%) que no pose√≠an los documentos de identidad que permitieran identificar a las personas presuntas desaparecidas, ya que existen muchos ciudadanos hom√≥nimos (que tienen iguales nombres y apellidos) en los padrones electorales.

 

Para graficar la realidad de esas denuncias incompletas, que no sabemos si fueron hechas de buena fe o por el contrario con intenciones mendaces, hemos ubicado en un buscador de datos de personas nacidas entre 1930 y 1960 ‚Äďque ten√≠an en 1976 entre 16 y 46 a√Īos de edad‚Äď y colocamos al azar 9 personas que figuran como desaparecidas, teniendo en cuenta de no colocar los apellidos muy comunes como Fern√¡ndez, P√©rez, Garc√≠a, ya que por ejemplo Juan Carlos Gonz√¡lez tiene 1.799 hom√≥nimos. Veamos:

 

1

Palavecino Juan Carlos

Hay 87

2

Jiménez Ramón Antonio

Hay 18

3

Monzón Juan

Hay 438

4

Guzm√¡n Roberto

Hay 142

5

Guzm√¡n Hugo Oscar

Hay 5

6

Fonseca Jorge

Hay 44

7

Delgado Margarita .

Hay 46

8

Domínguez Mabel

Hay 65

9

Escobar Héctor Ricardo

Hay 2

 

Nos preguntamos ¬¿cu√¡l de ellos era el presunto desaparecido? ¬¿C√≥mo el pariente o allegado no ten√≠a o pod√≠a obtener sus datos y muchas veces, ni siquiera su edad? ¬¿Qui√©nes denunciaban? Tambi√©n nos ha sorprendido que muchos n√ļmeros y tipos de documento que colocamos en el buscador de personas de Google el resultado ha sido nulo (no ubicado) cuando las personas vivas registradas en el Padr√≥n Electoral tienen cada una los datos siguientes: tipo y n√ļmero de documento, fecha de nacimiento, direcci√≥n, localidad o provincia, ocupaci√≥n y N¬ļ postal. ¬¿Estar√≠an muertos o no existir√≠an?.

 

Es evidente que al margen que los datos puedan ser falsos, (encontramos 278) ya que era com√ļn en los subversivos terroristas usar una identidad falsa para alquilar casas y veh√≠culos, visitar ‚Äúamigos‚ÄĚ, desenvolverse en el barrio que actuaban, evitar su identificaci√≥n real ante autoridades policiales, etc. La cantidad de personas con igual apellido y nombre, ameritaba en la CONADEP comparar con los registros oficiales (padrones electorales o polic√≠as pertinentes) para ver si su existencia f√≠sica era real y colocarlos separados si no lo eran y y exigir a los denunciantes el documento correspondiente.

 

la Conclusiones sobre nómina del Informe Final presentado por el presidente de la CONADEP, el escritor

Ernesto S√¡bato al presidente Ra√ļl R. Alfons√≠n el d√≠a 20 de septiembre de 1984 Si bien la Comisi√≥n dispuso de todo el personal y medios necesarios, perdi√≥ objetividad a partir que se fue reemplazando el personal de recepci√≥n de las denuncias (cuyo rol debi√≥ ser de interrogadores instruidos) por ex militantes, parientes y amigos de los desaparecidos. Se recibieron denuncias sin datos identificatorios, a veces sin nombres y sin apellidos y sin conocimiento ni siquiera de la edad de la presunta v√≠ctima. Si la pol√≠tica decidida era lograr la mayor cantidad de denuncias aunque fueran incompletas, por la seriedad e importancia de esta tarea se debi√≥ separar esos casos en otro listado complementario y as√≠ expresarlo

en el informe.

Una omisión poco entendible fue que teniendo la posibilidad de comparar los documentos expresados con el padrón electoral y PFA para confirmar a priori la posible existencia real de la presunta víctima o la falsedad del documento.

 

Lo expresado en el p√¡rrafo anterior se habr√≠a corregido si la justicia hubiera investigado la certeza de la desaparici√≥n forzada, ordenado por el Presidente en su Decreto 187/83. No lo hizo y ello quit√≥ seriedad a este grave problema de los desaparecidos y muertos, abriendo el camino para la mentira y la corrupci√≥n. Pudiendo hacerlo, no se pregunt√≥ acerca de su militancia en organizaciones pol√≠ticas militares para conocer la relaci√≥n posible con las causas de su desaparici√≥n. M√¡s bien se ocult√≥ el hecho, con la idea de no relacionar su actividad ilegal con su estado actual pero dificultando la distinci√≥n entre desaparici√≥n forzada, voluntarias o debido a delitos comunes.

 

No se conoce que hayan solicitado a organismos del Estado, incluyendo a jueces y policías, así como a organizaciones civiles, nóminas de personas desaparecidas por razones no políticas para no incluirlas en las denuncias por desaparición forzada.

 

La CONADEP ten√≠a para entregar listados de desaparecidos procesados en 7.380 legajos y le fueron agregadas, a √ļltimo momento, 1.580 denuncias m√¡s de distintas organizaciones de DDHH que no fueron procesadas por esa comisi√≥n responsable y que sumaron los 8.960. ¬¿Por qu√© tampoco las separaron con su origen, ya que ellos no la hab√≠an procesado?

 

En síntesis,

Hubo fallas importantes en la calidad y neutralidad del personal que tomó las denuncias y armó los legajos permitiendo respuestas sin repreguntar ni completar las mismas (55% no tenían documentos de identidad

legales y 38% no ten√≠an tipo de documento, s√≥lo un n√ļmero (ver p√¡g. web). No obstante todo lo expresado, este documento de la CONADEP ha sido tomado como una ‚ÄúBiblia de los Derechos Humanos‚ÄĚ y ninguna autoridad, ni siquiera judicial, ha investigado y comprobado en 30 a√Īos todas esas denuncias a pesar de los muy probables hechos de corrupci√≥n cometidos por los funcionarios y los abogados que actuaron.

 

A los funcionarios del nuevo gobierno

Somos conscientes que no es f√¡cil como pa√≠s salir al exterior para explicar que se les ha mentido oficialmente ya que no s√≥lo lo hicieron los grupos militantes sino tambi√©n los funcionarios acreditados y las visitas oficiales siguieron con el enga√Īo de los 30.000 ‚Äúinocentes ciudadanos desaparecidos‚ÄĚ.

 

Los funcionarios del nuevo Gobierno tienen la responsabilidad de modificar esa falacia pidiendo disculpas oficialmente de parte del pueblo argentino, adem√¡s de afirmar la Justicia Federal de acuerdo a nuestra Constituci√≥n Nacional eliminando los jueces corruptos y los jueces militantes que no hacen justicia sino pol√≠tica.

 

 

 

A LOS MIEMBROS

Con las cenizas calientes vuelve Nuestra Historia 70 y nace ARGENTINA IN√ČDITA. Nos satisface publicar y compartir. Creemos en una importante contribuci√≥n a la ‚ÄúMoral de la Naci√≥n‚ÄĚ. por cuanto de alguna manera y m√¡s para nuestras FFAA, nos ha hecho meditar much√≠simo en contribuir con la sociedad argentina.

 

Las deducciones que puedan surgir en aquellos realmente preocupados por nuestra NACION, ser√¡n bienvenidos,¬† DIFUNDIR

 

 

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