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Asunto:[nuevatierra] desde Aguaray /Salta por Carlos Fuentealba y muchos otros
Fecha:Lunes, 9 de Abril, 2007  21:47:44 (-0300)
Autor:Centro Nueva Tierra <cnt @...............ar>

 

LAS TIZAS NO SE MANCHAN DE SANGRE.

HOY TODOS SOMOS CARLOS FUENTEALBA

Hermanos, para empezar, recordemos algunas enseñanzas de la Iglesia en materia social, enseñanzas que, puestas en práctica, conducirían a dignificar la vida de cada persona en una convivencia social cada vez más justa. Estas enseñanzas que les propongo conocer o recordar son:

ü      El salario justo es el fruto legítimo del trabajo; comete una grave injusticia quien lo niega o no lo da a su debido tiempo y en la justa proporción al trabajo realizado (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia nº 302)

ü      El bienestar económico de un país no se mide exclusivamente por la cantidad de bienes producidos; este bienestar se alcanza por medio de adecuadas políticas sociales de redistribución de la renta, que consideren oportunamente los méritos y las necesidades de los ciudadanos (CDSI nº 303)

ü      La huelga es un recurso legítimo, inevitable y necesario para obtener un beneficio proporcionado, después de haber constatado la ineficacia de todas las demás modalidades para superar los conflictos (CDSI nº 304)

ü      La autoridad pública debe emitir leyes justas, conformes a la dignidad de la persona humana; si no actúa en orden al bien común, desatiende su fin propio y se hace ilegítima (CDSI nº 398)

ü      Los derechos humanos son inviolables porque sería en vano proclamarlos, si al mismo tiempo no se realizase todo esfuerzo para que sea debidamente asegurado su respeto por parte de todos, en todas partes y con referencia a quien sea (CDSI nº 153)

El motivo por el cual hoy, aquí, a esta hora y en muchas partes de la provincia de Salta y de nuestro país, hay gente en nuestras calles, y no sólo unos pocos docentes “rebeldes e intransigentes”, es porque muchas de estas enseñanzas están siendo olvidadas, cuando no despreciadas, mediante políticas indiferentes, intolerantes y represoras contra los reclamos de distintos sectores sociales.

La “gota que ha colmado el vaso” es el asesinato del profesor Carlos Fuentealba en Neuquén, un fusilamiento más por parte de las fuerzas de seguridad en esta época de plena vigencia de la democracia, fusilamiento que se suma al de muchos otros: Teresa Rodríguez, Aníbal Verón, Pocho Lepratti, y las decenas de asesinados en torno al 21 de diciembre del 2001, Maximiliano Kosteki, Darío Santillán. Gente que cometió “el delito de perder el miedo”, de superar el “no te metás” que tan interiorizado tenemos los argentinos, desde los tiempos de la Dictadura. O, hablando sin ironía, crímenes que han quedado impunes, porque la justicia sigue miope o mira para otro lado, el lado que le ordenan  los que detentan poder político y económico.

¡Cuánta necesidad de justicia penal para los homicidas uniformados, cuánta necesidad de justicia social, cuánta necesidad de que los derechos humanos no sean sólo declamados en cientos de discursos oficiales, sino respetados en serio, y reconocidos como universales, inviolables, e inalienables!

¡Cuánta necesidad de autocrítica tenemos todos:

ü      las autoridades, porque muchísimas veces no cuidan, no buscan, no administran sus recursos, poniendo como urgencia y prioridad el bien común; y pretenden solucionar el reclamo social con “oídos sordos” primero, hasta llegar a la mano dura, si no pudieron ganar por cansancio;

ü      las fuerzas de seguridad, porque sigue vigente en ellas la ideología de la seguridad nacional, que impone “a sangre y fuego” el miedo a expresar el disenso;

ü      la dirigencia gremial, porque otras tantas veces se corrompe y traiciona a sus representados con tal de perpetuarse y embolsillar;

ü      los ciudadanos, porque estamos acostumbrados a una democracia de bajísima intensidad, en la que cada uno está demasiado metido en lo suyo, y no reclamamos, no creamos o no sostenemos espacios de participación y compromiso con el bien común a largo plazo!

Que Jesús resucitado, en este tiempo en que recordamos su victoria sobre el mal, la muerte y el pecado,  nos resucite, nos levante, a todos y a cada uno, a un cambio real, personal y social, que nos lleve a superar entusiasmos pasajeros de un lado, falsas promesas electoralistas del otro ... un cambio real, personal y social, que nos enrede, nos relacione, nos convoque, al esfuerzo cotidiano de cuidar, defender, hacer madurar y dignificar la vida, de todos y cada uno de nuestros niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos.

Rodolfo Viano, franciscano de Aguaray, lunes 9 de abril de 2007