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Asunto:[panyvidasantos] 26 de Febrero.
Fecha:Domingo, 26 de Febrero, 2006  00:12:03 (-0500)
Autor:Santoral <santoral @................org>

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26 de Febrero.

Fuente: www.churchforum.org

San Porfirio, obispo (año 420) Beato Auguste Chapdelaine y compañeros (1856)


San Porfirio.


San Porfirio nació en Tesalónica (aquella ciudad a la cual San Pablo escribió sus dos cartas a los tesalonicenses). Tesalónica queda en Macedonia, y Macedonia está situada al norte de Grecia.

A los 25 años dejó su ciudad y su familia y se fue de monje a Egipto a rezar y meditar y hacer penitencia.

Cinco años más tarde pasó a Palestina y se fue a vivir a una cueva cerca del río Jordán. Pero allí la humedad lo hizo enfermar de reumatismo y cinco años después se fue a vivir a Jerusalén. En esta ciudad cada día visitaba el Santo Sepulcro, el Huerto de los Olivos, la Casa de la Ultima Cena y los demás santos lugares donde estuvo Nuestro Señor. Su reumatismo lo hacía caminar muy despacio y con grandes dolores y apoyado en un bastón. Sin embargo ningún día dejaba de ir a los Santos Lugares y Comulgar.

En aquellos tiempos llegó a Jerusalén un cristiano llamado Marcos, el cual se quedó admirado de que este hombre tan enfermo y con tan grandes dolores reumáticos no dejaba ningún día visitar los Santos Lugares para dedicarse allí a rezar y a meditar. Un día al ver que el santo sufría tanto al subir las escalinatas del templo, Marcos se ofreció para ayudarle pero Porfirio se negó a aceptar su ayuda diciéndole: "No está bien que habiendo venido yo aquí a expiar mis pecados sufriendo y rezando, me deje ayudar de ti para disminuir mis dolores. Déjame sufrir un poco, que lo necesito para pagarle a Dios mis muchos pecados". Marcos lo admiró más desde ese día y en adelante fue su compañero, su amigo y el que escribió después la biografía de este santo.

Lo único que le preocupaba a Porfirio era que no había vendido la herencia que sus padres le habían dejado en su patria, la cual quería repartir entre los pobres. Confió esta misión a Marcos, que partió rumbo a Tesalónica y a los tres meses volvió con el dinero de la venta de todas aquellas tierras, dinero que Porfirio repartió totalmente entre las gentes más pobres de Jerusalén.

Cuando Marcos se fue a Tesalónica estaba Porfirio muy débil y agotado, pálido y sin fuerzas. Y al volver a Jerusalén lo encontró de buenos colores y lleno de vigor y fuerzas. Le preguntó cómo había sucedido semejante cambio tan admirable y Porfirio le dijo:

"Mira, un día vine al Santo Sepulcro a orar, y mientras rezaba sentí que Jesucristo se me aparecía en visión y me decía: ‘Te devuelvo la salud para que te encargues de cuidar mi cruz’. Y quedé instantáneamente curado de mi reumatismo. Lo que los médicos no pudieron hacer en muchos años, lo hizo Jesús en un solo instante, porque para El todo es posible".

Y en adelante se quedó ayudando en la Iglesia del Santo Sepulcro, custodiando la parte de la Santa Cruz que allí se conservaba.

Como Porfirio había repartido toda su herencia entre los pobres, tuvo él que dedicarse a trabajos manuales para poder ganarse la vida. Aprendió a fabricar sandalias y zapatos y a trabajar en cuero y así ganaba para él y para ayudar a otros necesitados. Marcos, que era un hábil escribiente y ganaba buen dinero copiando libros, le propuso que él costearía toda su alimentación para que no tuviera que dedicarse a trabajos manuales agotadores. San Porfirio le dijo: "No olvidemos que San Pablo dijo en su segunda Carta a los tesaloniceses: "El que no quiere trabajar, que tampoco coma"; siguió ganándose el pan con el sudor de la frente, hasta los 40 años.

El obispo de Jerusalén al ver tan piadoso y santo a Porfirio lo ordenó de sacerdote. Y poco después recibió una carta del obispo de Cesarea pidiéndole que le enviara un santo sacerdote para darle una misión. Como Porfirio era un verdadero penitente que ayunaba cada día y rezaba horas y horas y ayudaba a cuanto pobre podía, el obispo de Jerusalén lo envió a Cesarea.

Y aquella noche tuvo Porfirio un sueño. Oyó que Jesús le decía: "Hasta ahora te has encargado de custodiar mi Santa Cruz. De ahora en adelante te encargarás de cuidar a unos hermanos míos muy pobres". Con eso entendió el santo que ya no seguiría viviendo en Jerusalén.

Al llegar a Cesarea el obispo de allá lo convenció de que debía aceptar ser obispo de Gaza, que era una ciudad muy pobre. Después de que le rogaron mucho, al fin exclamó: "Si esa es la voluntad de Dios, que se haga lo que El quiere y no lo que quiera yo". Y aceptó.

Al llegar a Gaza los paganos promovieron grandes desórdenes porque sentían que con este hombre se iba a imponer la religión de Cristo sobre las falsas religiones de los ídolos y falsos dioses. Porfirio no se dio por ofendido sino que se dedicó a instruir a los ignorantes y a ayudar a los pobres y así se fue ganando las simpatías de la población.

La ciudad de Gaza y sus alrededor estaban sufriendo un verano terrible y muy largo. Las cosechas se perdían y no se hallaban ya agua ni para beber. Los paganos esparcieron la calumnia de que todo esto era un castigo a los dioses por haber llegado allí Porfirio con su doctrina y sus cristianos. Y empezaron a tratar muy mal al obispo y a sus fieles seguidores. Entonces San Porfirio organizó una procesión de rogativas por las calles, rezando y cantando para que Dios enviara la lluvia, y al terminar la procesión se descargó un torrencial aguacero que llenó de vida y frescor todos los alrededores.

Los paganos se propusieron que de todos modos sacarían a Porfirio y a sus cristianos de aquella región y empezaron a emplear medidas muy violentas contra ellos. Pero se equivocaron. Creyeron que la piedad y la bondad del obispo eran debilidad y cobardía, y no era así. El santo se fue a donde el jefe del imperio que vivía en Constantinopla y obtuvo que le dieran un fuerte batallón de soldados que puso orden y paz en la ciudad. Y ya los paganos no pudieron atacarlo más. El no agredía a nadie, pero buscaba quién lo defendiera cuando trataban injustamente de acabar con la santa religión de Cristo.

Y después de varios años la acción evangelizadora de Porfirio y de sus sacerdotes llegó a ser tan eficaz que se acabó por completo allí la religión pagana de los falsos dioses, y desaparecieron los templos de los ídolos. Las gentes quemaron todos sus libros de magia y ya no hubo más consultas a brujas o espiritistas ni creencias supersticiosas.

San Porfirio construyó en Gaza un bellísimo templo. El día en que empezó la construcción del nuevo edificio recorrió la ciudad con enorme gentío cantando salmos y bendiciendo a Dios. Cada fiel llevaba alguna piedra o algún ladrillo u otro material para contribuir a la edificación de la Casa de Dios. La construcción duró cinco años y toda la ciudad colaboró con mucha generosidad. El día de la Consagración de la nueva catedral (domingo de Pascua del año 408) el santo repartió abundantísimas limosnas a todos los pobres de la ciudad. Siempre fue sumamente generoso en ayudar a los necesitados.

Los últimos años los dedicó pacíficamente a instruir y enfervorizar a sus sacerdotes y al pueblo con sus predicaciones, con su buen ejemplo y su oración.

El 26 de febrero del año 420 murió santamente.

Porfirio significa: el que se viste de púrpura.

San Porfirio, valeroso y santo obispo: haz que todos los obispos católicos del mundo sean tan valientes, generosos y fervorosos como lo fuiste tú.

A quien se declare a mi favor delante de la gente de esta tierra, yo me declararé en su favor delante de los ángeles del cielo (Jesucristo).

 

Beato Auguste Chapdelaine y compañeros.

Chapdelaine descendía de una familia profundamente religiosa radicada en La Rochelle. Su tenacidad e intrepidez eran una herencia familiar, ya que su padre, durante los años difíciles que siguieron a la revolución francesa, fue un gran apoyo para los fieles católicos y para los sacerdotes que arduamente buscaban refugio.

Desde muy joven se despertó en él el deseo de ser sacerdote. Sin embargo tuvo que trabajar duramente en el campo hasta los 20 años, pudiendo hasta entonces empezar sus estudios. El 1º de junio de 1843, en el Seminario de Coutances, recibió la ordenación sacerdotal; ahí maduró su decisión de convertirse en misionero, pero el vicario general de la diócesis le explicó que debería esperar algún tiempo para poder alcanzar sus deseos.

Por fin en 1851, ingresó en el Seminario de Misiones Extranjeras de París. Un año después, emprendió el viaje a la provincia de Kwantung y Kwangsi. En ellas no había estado ningún otro misionero desde hacía 150 años.

Sus primeros pasos como misionero fueron de poco éxito. Fue asaltado y desvalijado y tuvo que regresar a Kwantung. Un segundo viaje lo llevó por lo menos hasta la vecina provincia de Kweitschu, donde se encontraba un misionero de cualidades excepcionales que más tarde sería el vicario apostólico. Éste le informó acerca de la vida misionera y sobre la lengua china. Mientras tanto se había formado en la provincia de Kwangsi el núcleo de una parroquia cristiana, debido a la fervorosa actividad de un predicador laico. Allí les llegó la noticia de la estancia en Kweitschu de un misionero destinado a esa provincia. Llegaron mensajeros a recoger al misionero. Tras cinco días de marcha alcanzaron por fin la misión.

En una carta fechada el 1º de julio de 1855 Chapdelaine informó lleno de alegría a sus superiores, en París, que ya había comenzado la verdadera catequesis con la preparación de cerca de 180 catecúmenos para el bautismo. Los primeros bautizados los ofreció a San José, el Patrono de la Iglesia china.

Sin embargo, no duró mucho la satisfacción del misionero en su trabajo apostólico. En febrero de 1856 comenzó de nuevo la persecución de la joven comunidad. Chapdelaine buscó ante todo la protección de unos literatos católicos en la capital del distrito. En vez de ponerse a salvo en la todavía pacífica provincia vecina de Kweitschu, prefirió permanecer con su rebaño. Fue hecho prisionero y conducido ante el mandarín del distrito.

Acusado de "agitador" se le exigió que abjurara de su fe en Cristo. La contestación de Chapdelaine, llegada a la posteridad, decía: "Ya que mi religión es la auténtica no puedo renunciar a ella. Yo exhorto a la humanidad que no conoce a Cristo, a practicar el bien, para que de esta manera puedan ganarse la dicha en el cielo".

Acto seguido el prisionero fue severamente torturado. Chapdelaine soportó silenciosamente el castigo, ensangrentado y muy malherido. Después de una noche terrible, encadenado de forma que no se podía mover, fue condenado a muerte al día siguiente. Durante la noche del 26 al 27 fue liberado de sus padecimientos entregando su alma al Señor. Después fue decapitado y sus restos entregados a los animales.

A pesar de ser tan pequeña la parroquia de Chapdelaine, dos de sus miembros tuvieron la vocación de compartir el martirio junto con su sacerdote. Uno de ellos, un joven cristiano, Lorenzo Pei-Mu, y la otra una joven viuda, Inés Tsau-Kong.

El joven Lorenzo ya estaba con Chapdelaine en el distrito, cuando llegaron al lugar donde estaban refugiadas algunas mujeres de su parroquia con sus hijos pequeños. Sus hombres habían sido encarcelados y se dirigían al misionero para pedirle consejo y ayuda.

Se llegó a un acuerdo: las mujeres con sus hijos deberían arrojarse a los pies del mandarín para pedirle clemencia por la vida de los suyos, pero les faltó valor. Entonces Lorenzo les propuso servirles de guía. Toda la ira del mandarín se volcó sobre él. Mientras las mujeres fueron azotadas y también encarceladas, Lorenzo tuvo que someterse a un cruel interrogatorio que terminó con la exigencia de que abjurase de su religión. Su valerosa actitud provocó nuevamente la ira del mandarín, de forma que lo mandó ejecutar.

Inés Tsau-Kong descendía de una familia cristiana de la provincia de Kwetschung donde nació en 1833. Aún joven, se casó con un cristiano, quedando después viuda. Fue al colegio y puso a disposición de la Iglesia su persona y sus facultades. Cuando Chapdelaine solicitó una catequista para la instrucción de las mujeres de su parroquia, Inés estuvo dispuesta a aceptar este trabajo. Parecía ser que debido a la entrega y dedicación con la que efectuaba su trabajo, llamó la atención de sus perseguidores.

Fue hecha prisionera y encarcelada junto con el primer grupo de hombres. El día de la sesión del tribunal, el mismo en que se decidió la suerte de Chapdelaine, demostró un valor excepcional. Ni promesas ni amenazas fueron capaces de hacerla renunciar a su religión. Fue condenada a morir de la misma forma que el misionero.

Cuando en 1945 fue fundada la jerarquía china, la provincia de Kwangsi contaba con los católicos más activos del país, gracias al ejemplo y al sacrificio de los mártires.

Chapdelaine y sus compañeros Lorenzo e Inés fueron beatificados el 27 de mayo de 1900.


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