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Asunto:[panyvidasantos] 8 de Marzo San Juan de Dios, fundador de la Comun idad de Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dio s. Año 1550.
Fecha:Sabado, 26 de Febrero, 1994  19:24:46 (-0800)
Autor:Omar Jimenez <administracion @................org>

8 de Marzo San Juan de Dios, fundador de la Comunidad de Hermanos   
Hospitalarios de San Juan de Dios. Año 1550. 
 
Fuente: www.churchforum.org 
 
Nació y murió un 8 de marzo. Nace en Portugal en 1495 y muere en   
Granada, España, en 1550 a los 55 años de edad. 
De familia pobre pero muy piadosa. Su madre murió cuando él era   
todavía joven. Su padre murió como religioso en un convento. 
 
En su juventud fue pastor, muy apreciado por el dueño de la finca   
donde trabajaba. Le propusieron que se casara con la hija del patrón   
y así quedaría como heredero de aquellas posesiones, pero él dispuso   
permanecer libre de compromisos económicos y caseros pues deseaba   
dedicarse a labores más espirituales. 
 
Estuvo de soldado bajo las órdenes del genio de la guerra, Carlos V   
en batallas muy famosas. La vida militar lo hizo fuerte, resistente y   
sufrido. 
 
La Sma. Virgen lo salvó de ser ahorcado, pues una vez lo pusieron en   
la guerra a cuidar un gran depósito y por no haber estado lo   
suficientemente alerta, los enemigos se llevaron todo. Su coronel   
dispuso mandarlo ahorcar, pero Juan se encomendó con toda fe a la   
Madre de Dios y logró que le perdonaran la vida. Y dejó la milicia,   
porque para eso no era muy adaptado. 
 
Salido del ejército, quiso hacer un poco de apostolado y se dedicó a   
hacer de vendedor ambulante de estampas y libros religiosos. 
 
Cuando iba llegando a la ciudad de Granada vio a un niñito muy pobre   
y muy necesitado y se ofreció bondadosamente a ayudarlo. Aquel   
"pobrecito" era la representación de Jesús Niño, el cual le dijo:   
"Granada será tu cruz", y desapareció. 
 
Estando Juan en Granada de vendedor ambulante de libros religiosos,   
de pronto llegó a predicar una misión el famosos Padre San Luis de   
Avila. Juan asistió a uno de sus elocuentes sermones, y en pleno   
sermón, cuando el predicador hablaba contra la vida de pecado,   
nuestro hombre se arrodillo y empezó a gritar: "Misericordia Señor,   
que soy un pecador", y salió gritando por las calles, pidiendo perdón   
a Dios. Tenía unos 40 años. 
 
Se confesó con San Juan de Avila y se propuso una penitencia muy   
especial: hacerse el loco para que la gente lo humillara y lo hiciera   
sufrir muchísimo. 
 
Repartió entre los pobres todo lo que tenía en su pequeña librería,   
empezó a deambular por las calles de la ciudad pidiendo misericordia   
a Dios por todos su pecados. 
 
La gente lo creyó loco y empezaron a atacarlo a pedradas y golpes. 
 
Al fin lo llevaron al manicomio y los encargados le dieron fuertes   
palizas, pues ese era el medio que tenían en aquel tiempo para calmar   
a los locos: azotarlos fuertemente. Pero ellos notaban que Juan no se   
disgustaba por los azotes que le daban, sino que lo ofrecía todo a   
Dios. Pero al mismo tiempo corregía a los guardias y les llamaba la   
atención por el modo tan brutal que tenían de tratar a los pobres   
enfermos. 
 
Aquella estadía de Juan en ese manicomio, que era un verdadero   
infierno, fue verdaderamente providencial, porque se dio cuenta del   
gran error que es pretender curar las enfermedades mentales con   
métodos de tortura. Y cuando quede libre fundará un hospital, y allí,   
aunque él sabe poco de medicina, demostrará que él es mucho mejor que   
los médicos, sobre todo en lo relativo a las enfermedades mentales, y   
enseñará con su ejemplo que a ciertos enfermos hay que curarles   
primero el alma si se quiere obtener después la curación de su   
cuerpo. Sus religiosos atienden enfermos mentales en todos los   
continentes y con grandes y maravillosos resultados, empleando   
siempre los métodos de la bondad y de la comprensión, en vez del   
rigor de la tortura. 
 
Cuando San Juan de Avila volvió a la ciudad y supo que a su   
convertido lo tenían en un manicomio, fue y logró sacarlo y le   
aconsejó que ya no hiciera más la penitencia de hacerse el loco para   
ser martirizado por las gentes. Ahora se dedicará a una verdadera   
"locura de amor": gastar toda su vida y sus energías a ayudar a los   
enfermos más miserables por amor a Cristo Jesús, a quien ellos   
representan. 
 
Juan alquila una casa vieja y allí empieza a recibir a cualquier   
enfermo, mendigo, loco, anciano, huérfano y desamparado que le pida   
su ayuda. Durante todo el día atiende a cada uno con el más exquisito   
cariño, haciendo de enfermero, cocinero, barrendero, mandadero,   
padre, amigo y hermano de todos. Por la noche se va por la calle   
pidiendo limosnas para sus pobres. 
 
Pronto se hizo popular en toda Granada el grito de Juan en las noches   
por las calles. El iba con unos morrales y unas ollas gritando:   
¡Haced el bien hermanos, para vuestro bien! Las gentes salían a la   
puerta de sus casas y le regalaban cuanto les había sobrado de la   
comida del día. Al volver cerca de medianoche se dedicaba a hacer   
aseo en el hospital, y a la madrugada se echaba a dormir un rato   
debajo de una escalera. Un verdadero héroe de la caridad. 
 
El señor obispo, admirado por la gran obra de caridad que Juan estaba   
haciendo, le añadió dos palabras a su nombre de pila ,y empezó a   
llamarlo "Juan de Dios", y así lo llamó toda la gente en adelante.   
Luego, como este hombre cambiaba frecuentemente su vestido bueno por   
los harapos de los pobres que encontraba en las calles, el prelado le   
dio una túnica negra como uniforme; así se vistió hasta su muerte, y   
así han vestido sus religiosos por varios siglos. 
 
Un día su hospital se incendió y Juan de Dios entró varias veces por   
entre las llamas a sacar a los enfermos y aunque pasaba por en medio   
de enormes llamaradas no sufría quemaduras, y logró salvarle la vida   
a todos aquellos pobres. 
 
Otro día el río bajaba enormemente crecido y arrastraba muchos   
troncos y palos. Juan necesitaba abundante leña para el invierno,   
porque en Granada hace mucho frío y a los ancianos les gustaba   
calentarse alrededor de la hoguera. Entonces se fue al río a sacar   
troncos, pero uno de sus compañeros, muy joven, se adentró   
imprudentemente entre las violentas aguas y se lo llevó la corriente.   
El santo se lanzó al agua a tratar de salvarle la vida, y como el río   
bajaba supremamente frío, esto le hizo daño para su enfermedad de   
artritis y empezó a sufrir espantosos dolores. 
 
Después de tantísimos trabajos, ayunos y trasnochadas por hacer el   
bien , y resfriados por ayudar a sus enfermos, la salud de Juan de   
Dios se debilitó totalmente. El hacía todo lo posible porque nadie se   
diera cuenta de los espantosos dolores que lo atormentaban día y   
noche, pero al fin ya no fue capaz de simular más. Sobre todo la   
artritis le tenía sus piernas retorcidas y le causaba dolores   
indecibles. Entonces una venerable señora de la ciudad obtuvo del   
señor obispo autorización para llevarlo a su casa y cuidarlo un poco.   
El santo se fue ante el Santísimo Sacramento del altar y por largo   
tiempo rezó con todo el fervor antes de despedirse de su amado   
hospital. Le confió la dirección de su obra a Antonio Martín, un   
hombre a quien él había convertido y había logrado que se hiciera   
religioso, y colaborador suyo, junto con otro hombre a quien Antonio   
odiaba; y después de amigarlos, logró el santo que le ayudaran en su   
obra en favor de los pobres, como dos buenos amigos. 
 
Al llegar al la casa de la rica señora, exclamó Juan: "OH, estas   
comodidades son demasiado lujo para mí que soy tan miserable   
pecador". Allí trataron de curarlo de su dolorosa enfermedad, pero ya   
era demasiado tarde. 
 
El 8 de marzo de 1550, sintiendo que le llegaba la muerte, se   
arrodilló en el suelo y exclamó: "Jesús, Jesús, en tus manos me   
encomiendo", y quedó muerto, así de rodillas. Había trabajado   
incansablemente durante diez años dirigiendo su hospital de pobres,   
con tantos problemas económicos que a veces ni se atrevía a salir a   
la calle a causa de las muchísimas deudas que tenía; y con tanta   
humildad, que siendo el más grande santo de la ciudad se creía el más   
indigno pecador. El que había sido apedreado como loco, fue   
acompañado al cementerio por el obispo, las autoridades y todo el   
pueblo, como un santo. 
 
Después de muerto obtuvo de Dios muchos milagros en favor de sus   
devotos y el Papa lo declaró santo en 1690. Es Patrono de los que   
trabajan en hospitales y de los que propagan libros religiosos. 
 
San Juan de Dios: alcánzanos de Dios un gran amor hacia los enfermos   
y los pobres. 
 
NOTA: Los religiosos Hospitalarios de San Juan de Dios son 1,500 y   
tienen 216 casas en el mundo para el servicio de los enfermos. Los   
primeros beatos de Colombia pertenecieron a esta santa Comunidad. 
 
Todo lo que hicisteis con cada uno de estos mis hermanos enfermos,   
conmigo lo hicisteis (Jesucristo Mt. 25,40). 
 
 
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