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Asunto:[panyvidasantos] 1 de Abril San Hugo, obispo. (añ o 1132).
Fecha:Lunes, 31 de Marzo, 2003  17:52:09 (EST)
Autor:JOMARJC <JOMARJC @...com>

* Corre la Voz!
Cristo Resucitó, y está en la R ed!
Mensajes y Reflexiones Pan y Vida.


"No me avergüenzo del Evangelio. Porque es -Mensajes Pan y Vida poder d e Dios para la salvación de todo el que cree". Romano s 1,6."

*

1 de Abril San Hugo,
obispo. (año 1132).


Hugo significa " el inteligente".Hay 16 santos o beatos que llevan el n ombre de Hugo. Los dos más famosos son San Hugo, Abad de Cluny (1109), y San Hugo, obispo de quien vamos a hablar hoy.

San Hugo nació en Francia en el año 1052. Su padre Odilón, que se había casado dos veces, al quedar viudo por segunda vez se hizo monje c artujo y murió en el convento a la edad de cien años , teniendo el consuelo de que su hijo que ya era obisp o, le aplicara los últimos sacramentos y le ayudara a bien morir.

A los 28 años nuestro santo ya era instruido en ciencias eclesiásticas y tan agradab le en su trato y de tan excelente conducta que su obis po lo llevó como secretario a una reunión de obispos que se celebraba en Avignon en el año 1080 para trat ar de poner remedio a los desórdenes que había en la diócesis de Grenoble. Allá en esa reunión o Sínod o, los obispos opinaron que el más adaptado para pone r orden en Grenoble era el joven Hugo y le propusieron que se hiciera ordenar de sacerdote porque era un lai co. El se oponía porque era muy tímido y porque se c reía indigno, pero el Delegado del Sumo Pontífice lo gró convencerlo y le confirió la ordenación sacerdo tal. Luego se lo llevó a Roma para que el Papa Gregor io VII lo ordenara de obispo.

En Roma el Pont ífice lo recibió muy amablemente. Hugo le consultó acerca de las dos cosas que más le preocupaban: su ti midez y convicción de que no era digno de ser obispo, y las tentaciones terribles de malos pensamientos que lo asaltaban muchas veces. El Pontífice lo animó di ciéndole que "cuando Dios da un cargo o una responsab ilidad, se compromete a darle a la persona las gracias o ayudas que necesita para lograr cumplir bien con es a obligación", y que los pensamientos aunque lleguen por montones a la cabeza, con tal de que no se consien tan ni se dejen estar con gusto en nuestro cerebro, no son pecado ni quitan la amistad con Dios.

Gr egorio VII ordenó de obispo al joven Hugo que sólo t enía 28 años, y lo envió a dirigir la diócesis de Grenoble, en Francia. Allá estará de obispo por 50 a ños, aunque renunciará el cargo ante 5 Pontífices, pero ninguno le aceptará la renuncia.

Al lle gar a Grenoble encontró que la situación de su dióc esis era desastrosa y quedó aterrado ante los desórd enes que allí se cometían. Los cargos eclesiásticos se concedían a quien pagaba más dinero (Simonía se llama este pecado). Los sacerdotes no se preocupaban por cumplir buen su celibato. Los laicos se habían ap oderado de los bienes de la Iglesia. En el obispado no había ni siquiera con qué pagar a los empleados. Al pueblo no se le instruía casi en religión y la igno rancia era total.

Por varios años se dedicó a combatir valientemente todos estos abusos. Y aunque se echó en contra la enemistad de muchos que deseaba n seguir por el camino de la maldad, sin embargo la ma yoría acepto sus recomendaciones y el cambio fue tota l y admirable. El dedicaba largas horas a la oración y a la meditación y recorría su diócesis de parroqu ia en parroquia corrigiendo abusos y enseñando cómo obrar el bien.

Todos veían con admiración l os cambios tan importantes en la ciudad, en los pueblo s y en los campos desde que Hugo era obispo. El único que parecía no darse cuenta de todos estos éxitos e ra él mismo. Por eso, creyéndose un inepto y un inú til para este cargo, se fue a un convento a rezar y a hacer penitencia. Pero el Sumo Pontífice Gregorio VII , que lo necesitaba muchísimo para que le ayudara a v olver más fervorosa a la gente, lo llamó paternalmen te y lo hizo retornar otra vez a su diócesis a seguir siendo obispo. Al volver del convento parecía como M oisés cuando volvió del Monte Sinaí que llegaba lle no de resplandores. Las gentes notaron que ahora llega ba más santo, más elocuente predicador y más fervor oso en todo.

Un día llegó San Bruno con 6 a migos a pedirle a San Hugo que les concediera un sitio donde fundar un convento de gran rigidez, para los qu e quisieran hacerse santos a base de oración, silenci o, ayunos, estudio y meditación. El santo obispo les dio un sitio llamado Cartuja, y allí en esas tierras desiertas y apartadas fue fundada la Orden de los Cart ujos, donde el silencio es perpetuo (hablan el domingo de Pascua) y donde el ayuno, la mortificación y la o ración llevan a sus religiosos a una gran santidad.
Se dice que al construir la casa para los Cart ujos no se encontraba agua por ninguna parte. Y que Sa n Hugo con una gran fe, recordando que cuando Moisés golpeó la roca, de ella brotó agua en abundancia, se dedicó a cavar el suelo con mucha fe y oración y ob tuvo que brotara una fuente de agua que abasteció a t odo el gran convento.

En adelante San Bruno f ue el director espiritual del obispo Hugo, hasta el fi nal de su vida. Y se cumplió lo que dice el Libro de los Proverbios: "Triunfa quien pide consejo a los sabi os y acepta sus correcciones". A veces se retiraba de su diócesis para dedicarse en el convento a orar, a m editar y a hacer penitencia en medio de aquel gran sil encio, donde según sus propias palabras "Nadie habla si no es para cosas extremadamente graves, y lo demás se lo comunican por señas, con una seriedad y un res peto tan grandes, que mueven a admiración". Para San Hugo sus días en la Cartuja eran como un oasis en med io del desierto de este mundo corrompido y corruptor, pero cuando ya llevaba varios días allí, su director San Bruno le avisaba que Dios lo quería al frente de su diócesis, y tenía que volverse otra vez a su ciu dad.

Los sacerdotes más fervorosos y el pueb lo humilde aceptaban con muy buena voluntad las órden es y consejos del Santo obispo. Pero los relajados, y sobre todo muchos altos empleados del gobierno que sen tían que con este Monseñor no tenían toda la libert ad para pecar, se le opusieron fuertemente y se esforz aron por hacerlo sufrir todo lo que pudieron. El calla ba y soportaba todo con paciencia por amor a Dios. Y a los sufrimientos que le proporcionaban los enemigos d e la santidad se le unían las enfermedades. Trastorno s gástricos que le producían dolores y le impedían digerir los alimentos. Un dolor de cabeza continuo por más de 40 años (que no lo sabían sino su médico y su director espiritual y que nadie podía sospechar p orque su semblante era siempre alegre y de buen humor) . Y el martirio de los malos pensamientos que como mos cas inoportunas lo rodearon toda su vida haciéndolo s ufrir muchísimo, pero sin lograr que los consintiera o los admitiera con gusto en su cerebro.

Vari as veces fue a Roma a visitar al Papa y a rogarle que le quitara aquel oficio de obispo porque no se creía digno. Pero ni Gregorio VII, ni Urbano II, ni Pascual II, ni Inocencio II, quisieron aceptarle su renuncia p orque sabían que era un gran apóstol y que si se cre ía indigno, ello se debía más a su humildad, que a que en realidad no estuviera cumpliendo bien sus ofici os de obispo. Cuando ya muy anciano le pidió al Papa Honorio II que lo librara de aquel cargo porque estaba muy viejo, débil y enfermo, el Sumo Pontífice le re spondió: "Prefiero de obispo a Hugo, viejo, débil y enfermo, antes que a otro que esté lleno de juventud y de salud".

Era un gran orador, y como rezab a mucho antes de predicar, sus sermones conmovían pro fundamente a sus oyentes. Era muy frecuente que en med io de sus sermones, grandes pecadores empezaran a llor ar a grito entero y a suplicar a grandes voces que el Señor Dios les perdonara sus pecados. Sus sermones ob tenían numerosas conversiones.

Tenía gran h orror a la calumnia y a la murmuración. Cuando escuch aba hablar contra otros exclamaba asustado: "Yo creo q ue eso no es así". Y no aceptaba quejas contra nadie si no estaban muy bien comprobadas.

Una vez, cuando por un larguísimo verano hubo una enorme cares tía y gran escasez de alimentos, vendió el cáliz de oro que tenía y todos los objetos de especial valor que había en su casa y con ese dinero compró aliment os para los pobres. Y muchos ricos siguieron su ejempl o y vendieron sus joyas y así lograron conseguir comi da para la gente que se moría de hambre.

Al final de su vida la artritis le producía dolores inme nsos y continuos pero nadie se daba cuenta de que esta ba sufriendo, porque sabía colocar una muralla de son risas para que nadie supiera los dolores que estaba pa deciendo por amor a Dios y salvación de las almas.

Un día al verlo llorar por sus pecados le dijo un hombre: "- Padre, ¿por qué llora, si jamás ha c ometido un pecado deliberado y plenamente aceptado?- " . Y él le respondió: "El Señor Dios encuentra manch as hasta en sus propios ángeles. Y yo quiero decirle con el salmista: "Señor, perdóname aun de aquellos p ecados de los cuales yo no me he dado cuenta y no recu erdo".

Poco antes de su muerte perdió la mem oria y lo único que recordaba eran los Salmos y el Pa drenuestro. Y pasaba sus días repitiendo salmos y rez ando padresnuestros…

Murió cuando estaba p ara cumplir los 80 años, el 1 de abril de 1132. El Pa pa Inocencio II lo declaró santo, dos años después de su muerte.

San Hugo: te encomendamos nuest ros obispos. Pídele a Dios que tengamos muchos obispo s santos que nos lleven a todos a la santidad.
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Fuente: htt p://www.churchforum.org.

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