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Domingo
3 de junio de 2007
CICLO
C. DOMINGO DE LA SANTÍSIMA
TRINIDAD
Evangelio :
Juan 16, 12-15
Primera
lectura: Proverbios 8, 22-31 Salmo responsorial: 8, 4-5, 6-7ª
7b-9 Segunda lectura: 5, 1-5
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EVANGELIO
Juan
16, 12-15 (trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones
El Almendro, Córdoba )
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12Mucho me queda por deciros,
pero no podéis con ello por el momento. 13Cuando llegue él, el
Espíritu de la verdad, os irá guiando en la verdad toda, porque no
hablará por su cuenta, sino que os comunicará cada cosa que le digan
y os interpretará lo que vaya viniendo. 14El manifestará
mi gloria, porque, para daros la interpretación, tomará de lo mío.
15Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso he dicho que toma
de lo mío para daros la interpretación.
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UNA VERDAD MUY DINÁMICA
Vivir
iluminados permanentemente por la verdad no siempre es fácil. Aquellos y
aquellas que estamos inmerso en el acompañamiento a las personas que viven con
vih y con sida sabemos muy bien de esta dificultad de aceptar la verdad que nos
trae la realidad. Muchas personas abandonan sus tratamientos porque el tener que
tomar cada día y varias veces por día los medicamentos les hacer recordar la
presencia del virus y de la enfermedad en sus vidas, y al igual que todos y
todas, hacemos la ecuación que si no tomamos la medicación el virus y la
enfermedad no existe. Igualmente es sorprendente la negación de acudir a los
servicios de salud en etapas tempranas de la enfermedad. Sabemos de los muchos
miedos que pueden muy bien explicar estas actitudes. Miedo a la discriminación,
a la exclusión y al mal trato que brindan muchos equipos de salud, pero también
encontramos la actitud de negar la enfermedad porque tomar la decisión de acudir
al hospital es asumir concientemente la realidad de la enfermedad y terminar con
una serie de negaciones que no han ayudado mucho a mantener una saludable
calidad de vida.
Jesús de
Nazaret sabe muy bien de esa dificultad de enfrentar toda la verdad y nada más
que la verdad. En este largo discurso de despedida en su diálogo con los
discípulos en el Aposento Alto justamente abre esta perspectiva. Indudablemente
este concepto de verdad en él es sumamente dinámico. La verdad es un proceso y
nunca un acontecimiento en el pasado. Cada momento de nuestras vidas y de la
existencia comunitaria tiene que ser iluminada con el Espíritu de Cristo que
acompaña vidas y circunstancias. Colocar cada momento de nuestras vidas y de
nuestra historia bajo la iluminación de esa verdad es la tarea que estamos
llamados y llamadas a realizar. Esa es en verdad la tarea de testimonio y misión
para la cual el Espíritu de la presencia de Jesús de Nazaret nos demanda.
Siempre tenemos un modelo pero ese modelo tiene la exigencia de responder en
forma dinámica y renovada a las nuevas preguntas y exigencias de nuestro hoy. En
la epidemia del vih y del sida sabemos muy bien que no podemos responder de la
misma forma que antes pero si con el mismo Espíritu que nos revelo Jesús de
Nazaret.
Ese
espíritu profético de Jesús, que nada tiene que ver con la adivinanza sino con
el gesto visible de devolver la vida digna, la esperanza y la confianza en un
futuro mejor y diferente. Ese espíritu de verdad que ira interpretando el
presente para guiarnos a ese mañana de justicia y solidaridad transformando los
proyectos de muerte en espacios de vida.
Estamos
viviendo en tiempos escatológicos. ¿Qué quiere decir palabra tan complicada y
extraña? Jesús de Nazaret al llamarnos a compartir su proyecto llamado Reino de
Dios ahora y aquí, nos incorpora a un tiempo que llegara siempre a su plenitud
en el mañana pero que se construye desde el aquí y ahora. Nos ha colocado en la
tensión de vivir el entusiasmo que nos da el Espíritu, que nos guía en toda la
verdad, para terminar con las situaciones de opresión actual con la certeza que
el mañana será mejor. Sabemos que ese espíritu que nos interpreta aquello que va
viniendo es la fuerza que nos empuja de desafiar con la violencia de los
pacíficos esta etapa histórica porque ya hemos comenzado a contemplar el mundo
donde no habrá más lágrimas ni tristezas. La epidemia del vih y sida es una
calamidad que mirada con los ojos de este Espíritu de la verdad nos puede
mostrar que es posible un mundo más inclusivo, más integrado y más justo. La
epidemia del vih y del sida nos muestra nuestras zonas oscuras de prejuicios y
de opresión para que las podamos transformar y junto a todas las personas que
viven con vih y con sida construir una realidad donde todas las personas tendrán
un acceso universal a los tratamientos de salud que necesitan. Ese será el gran
milagro de curación y sanación de este mundo.
Caminando
bajo la luz del Espíritu que revela e interpreta la realidad de la epidemia del
vih y del sida podremos sacar de nuestro deposito de fe, que nada tiene de
deposito y si mucho de fuerza y energía para descubrir que esta es una
oportunidad para transformar una tragedia en una posibilidad de construir una
comunidad de fe mucho más inclusiva, siguiendo el modelo de las mesas en las
cuales Jesús de Nazaret se sentaba a comer como gesto de comunión e inclusión y
de forma incondicional con el arcoiris de vidas y existencias de su mundo y su
realidad.
El
Espíritu que interpreta en forma dinámica nuestro presente es también el
espíritu que nos anuncia que la exclusión que produce el estigma, la opresión
que provoca la injusticia y que la misma muerte ya han comenzado a ser vencidas.
Esa es la buena noticia que estamos llamados a proclamar y vivir.
En el
contexto de la epidemia del vih y del sida, aquello que marca nuestra relación y
testimonio expresado en nuestro acompañamiento de personas y grupos afectados no
es el tema de la enfermedad y la muerte sino que centramos nuestra presencia en
la vida, la justicia y la dignidad de toda persona creada a la imagen de Dios.
Imagen que es siempre reflejada en la profunda diversidad de rostros que tiene
la realidad humana. El Espíritu de la verdad que nos acompaña en este caminar de
la existencia es el garante de ese futuro que ya se hace presente. El Dios que
vive en medio de nosotros y nosotras y en medio de nuestras propias vidas es el
que nos lleva a romper barreras para poder construir un mundo de hermanos y
hermanas y haciendo que todos los extranjeros y extranjeras se sientan en su
hogar en esta casa común de la vida.
Ese
Espíritu de Verdad nos ayuda a superar todas las incredulidades para abrirnos a
la gran utopía que es el Reino de Dios. Realidad y mundo se vive desde ahora en
una tensión dialéctica con ese proyecto que nos hace presente el Dios del Reino.
Aquellos que en nuestra pobreza y debilidad aceptamos y decimos que sí a ese
Dios y a ese proyecto somos ya la quinta columna del Reino en medio de la
epidemia del vih y sida y en medio de este siglo.
El
Espíritu tomara aquello que es del Padre y que vive en la presencia de Jesús de
Nazaret para entregarla a aquellos y aquellas que con temor y temblor le han
dicho que si al Dios del Reino. Las buenas nuevas nos han fascinado y enamorado,
y aún sabiendo que no somos dignos, nos atrevemos a reconocernos hijos e hijas
de Dios, es decir a proclamar la imagen de Dios en cada persona que encontramos
en este camino dinámico de la revelación de la verdad.
La
gloria de Dios es que en fe tomemos aquello que nos ofrece Dios en Jesús de
Nazaret y que se hace presente en su Espíritu. La gloria y misterio central de
nuestras vidas es que hagamos nuestra aquella proclamación con la cual comienza
cada uno de nuestros encuentros fraternos, que escuchamos en ese espacio donde
dos o tres que creen en ese Dios del Reino saben que se hace presente Jesús de
Nazaret en su Espíritu. Creer firmemente como fundamento de una comunidad
siempre renovada que es una realidad aquí y ahora para todas y todos nosotros
que: “Dios todopoderoso, en su
misericordia, ha dado a su Hijo para morir por nosotros y nosotras y por sus
méritos nos perdona todos nuestros pecados. Como ministro llamado y ordenado de
la iglesia de Cristo y por su autoridad, yo, por lo tanto, les declaro a ustedes
el pleno perdón de todos sus pecados, en el nombre del Padre, y del Hijo y del
Espíritu Santo”.
Esa es la buena nueva y es la gloria que nos revela Jesús de Nazaret y que el
Espíritu hace realidad para todos y todas.
En este
misterio de la Santísima Trinidad
no celebramos una doctrina o un dogma sino una presencia, un desafió y un
proyecto. La buena nueva es que estamos llamados a descubrir, acompañados por el
Espíritu que nos va revelando la verdad de la presencia de Jesús de Nazaret que
nos ha mostrado el proyecto del Dios del Reino, que todas y todos los seres
humanos son imagen de Dios perdonados y reconciliados para que juntos podamos
crear ese espacio dónde ese mundo sin lágrimas y dolor ya se haga visible y
realidad.
Todo lo
que es del Padre a través de Jesucristo y con la fuerza del Espíritu ahora es
nuestro con la única condición de creer. La fe es la llave que abre los tesoros
de solidaridad, justicia personal y comunitaria, y de libertad para amar y
servir ya.
Pastor Lisandro
Orlov
Pastoral Ecuménica
VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina.
Para la revisión de vida
¿Cómo puedo hacer que se refleje mucho más claramente en mi vida cristiana el
ser "comunitario" de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo?
¿En qué aspectos concretos de mi vida se manifiesta el misterio del Dios
trinitario como amor y vida?
¿Cómo podría abrirme más a la acción del Espíritu de la Verdad en mi vida, para que me lleve a
un conocimiento existencial y actualizado del evangelio de Jesús?
Para la reunión de grupo
¿Con cuáles iniciativas concretas
podríamos hacer que nuestra comunidad y nuestra presencia en el contexto de la
epidemia del vih y del sida sea cada día más imagen de la comunidad de amor
infinito que es la
Trinidad Divina?
¿Cuáles diferencias están creando
divisiones la presencia de personas y grupos afectados o que viven con vih o con
sida en nuestra comunidad? ¿Cuáles elementos de nuestra vida comunitaria nos
unen, nos hacen crecer como hermanos y hermanas y fortalecen nuestra misión
evangelizadora?
¿Somos como comunidad signo e
instrumento de salvación de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, a través de la
iniciativa del amor (el Padre), el sacrificio y la obediencia (el Hijo) y la
apertura a la novedad de los caminos de Dios (el Espíritu)?
Para la oración de los fieles
Dios del Reino, misterio infinito y
eterno de amor, que nos has llamado a la vida y nos has creado a imagen de tu
Hijo Jesús de Nazaret, haz que experimentemos de tal forma tu bondad y tu
misericordia que lleguemos a ser constructores de un mundo de amor y de paz. Roguemos al Señor...
Señor Jesucristo, Hijo eterno del
Padre, que en tu vida, muerte y resurrección nos has revelado el rostro del
verdadero de Dios y nos has enseñado el camino que lleva a la vida, concédenos
la gracia de la fidelidad a tu evangelio, viviendo, a tu imagen, en solidaridad
con los pobres y los excluidos de este mundo. Roguemos al Señor...
Espíritu Santo de Amor y de Verdad,
fuente de todo bien y de toda gracia, ayúdanos a superar la tentación del
egoísmo, de la cerrazón, del miedo, del legalismo, para ser testigos del reino,
en el mundo y en medio de la epidemia del vih y sida, dóciles a los caminos de
Dios y atentos a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas. Roguemos al Señor...
Oración comunitaria
Dios, Único y Verdadero, misterio infinito de amor y de vida, Trinidad
Santísima, haz de la humanidad creada a tu imagen una sola familia, y que la
comunidad de bautizados y bautizadas, redimida por la sangre de tu Hijo y
renovada por el Espíritu, sea siempre un vivo reflejo de tu misterio comunitario
de amor, signo de liberación para los estigmatizados, excluidos, pobres y los
últimos de la tierra, y fermento de unidad y de paz para todo el género humano
creado en esa misma imagen. Por nuestro Señor Jesucristo, hermano y
amigo.