RESPUESTA DE LA COMUNIDAD DE FE EN
LA
DEFENSA DE LOS DD.HH. Y EL VIH/SIDA
Mesa 9 del FORO
2007,
Miércoles 18 de
abril.
Rev. David
Limo
Sacerdote
anglicano.
Director Ejecutivo
del Centro Ecuménico ROSA BLANCA
Asesor de la
Presidencia de la CONAMUSA (MCP-Perú) en VIH
Presidente
INICIATIVA UNIDA DE LAS RELIGIONES-URI LIMA.
“La
Iglesia es desafiada para mostrar que ella es en verdad un lugar seguro
para que
las personas puedan ser transparentes y donde ellas
puedan
confiar que su dignidad humana será respetada”
Comentario
del Arzobispo de Canterbury, Dr. Rowan Williams, al dar la bienvenida a un
informe interino sobre el Proceso de Escucha que tiene la Comunión Anglicana,
como un compromiso para escuchar la experiencia de las personas homosexuales. El
Arzobispo advirtió que es un desafío el crear un espacio seguro para que sus
voces sean escuchadas, un espacio seguro de respeto por sus dignidades. Este
debe ser el compromiso fundamental de la Comunión.
El
VIH y Sida ha ocasionado que la mayoría de las expresiones religiosas le ocurran
una serie de procesos de impacto, opinión y respuesta. La respuesta que brindan
esta en la medida de cómo responden al DESACIERTO que vive. Y también en la
medida de cuánto quieren que este desacierto sea un acierto de Dios para con su
pueblo.
Algunos
consideran que las comunidades de fe viven tres procesos de respuesta frente al
VIH y Sida: (1) Una respuesta de compasión: el modelo de Iglesia saliendo al
mundo a curar y salvar. (2) Una respuesta por tener que adaptarse: la realidad
del VIH y Sida consternó a la Iglesia y ella en su desacierto lucha por
adaptarse a la realidad: El cuerpo de Cristo tiene Sida. Y (3) Una respuesta a
la erradicación del estigma y la discriminación, donde la Iglesia también asume
la responsabilidad de que ella a contribuido en la propagación del virus con sus
actitudes moralistas y críticas, con su enfoque sobre el sexo y la sexualidad, y
su carácter no inclusivo de estructuras eclesiásticas.
Nuestra
comunión de fe no ha sido distinta a otras hermanas y hermanos, ella pasa por
varios momentos, uno puede afirmar que el VIH y Sida sigue desconcertando la
vida y misión de las COMUNION ANGLICANA. Porque para la Iglesia junto como
miembros de la Sociedad civil todavía le ocasiona una seria dificultad responder
al VIH y Sida, porque aun no podemos distinguir la pandemia del VIH y Sida con
las personas que viven con el VIH y Sida, y con aquellas que viven
vulnerabilizadas por nosotros mismos, mucho antes que llegara el VIH y
Sida.
En
la Comunión Anglicana hemos elevado la respuesta que queremos vivir y creer
hasta la posibilidad de ocasionarnos una evaluación de la naturaleza de nuestros
propios ejes de comunión (estructura, ministerio, interpretación de la Sagrada
Escritura, Tradición, Moral, etc).
Observo
varios escenarios de tensión:
(1)
La
respuesta que la Iglesia se debe a sus propios miembros versus la respuesta ante
la sociedad civil.
Creemos
que la comunidad de fe se ha articulado de tal modo que se ha vuelto distinta a
la sociedad civil.
Como
Iglesia nos agotamos en mirar el VIH y Sida hacia el interior de nuestras
tensiones y no tenemos la osadía de reconocer que los procesos de respuesta de
la sociedad civil ya son otros.
Aun
la Iglesia siente que su opinión magisterial existe por sobre la sociedad civil,
ignorando que ella ha dejado de ser una instancia única de referencia social.
(2)
La
respuesta como sociedad civil versus la respuesta
país.
Cuando
la Iglesia comprende que debe llegar a tener una respuesta colectiva a la altura
de la respuesta de sociedad civil, esto no necesariamente significa comprender
que ha comprendido ser una respuesta país.
La
agenda política y los ejercicios intersectoriales y multisectoriales, sorprenden
el ejercicio comúnmente normado en la Iglesia y de la sociedad civil. La Iglesia
es un actor más en la mesa donde usualmente la concertación de una respuesta
país pasa por ejercicios esencialmente políticos, prioridades en las políticas
públicas.
(3)
La
respuesta de la Iglesia versus la respuesta de las personas que viven con vih o
sida.
Aun
nos acercamos a las personas que viven con vih o sida, con la finalidad que
sean voceras de la moral o el discurso de nuestra Iglesia o
confesionalidad.
La
Iglesia debe estar atenta a la escucha de las verdadera voz, lucha y esperanza
de las comunidades de personas que viven diversos modos de vida sexual, y que
consideran que su dignidad sigue siendo atropellada. Ellos y ellas son miembros
de la Iglesia por derecho evangélico y no por el discurso teológico o
confesional de tal o cual expresión de fe.
La
Iglesia no puede seguir diciendo que ella es vocero de los débiles, no puede hoy
tomar la palabra. Al contrario debemos ser servidores de ellos y ellas, debemos
comprender e Interpretar su opinión y hacerla nuestra. Aquellos y aquellas que
consideramos “débiles”, son signos vitales de coraje y de esperanza. Rostros del
nuevo Evangelio. Nuestra opción debe ser determinante y
conducente.
Queda
claro que hoy por hoy, la respuesta país, y de la sociedad civil, como el de la
iglesia no necesariamente es la respuesta de las personas que viven con vih o
sida. .
Desafíos.
(1)
Las
comunidades de fe han ejercitado su teología en la historia con la finalidad de
brindar seguridad de salvación a su
feligresía. Pero ella misma debe ocasionar no solo un discurso, también un lugar
seguro (espacio-tiempo) para ser transparentes.
(2)
La
Iglesia no puede seguir siendo un instrumento más de exclusión sino de
inclusión.
(3)
Las
personas que viven con vih o sida son pueblo de Dios, su voz, lucha y
esperanza es la agenda del cual debe ser respaldada frente a extraños intereses
de varios sectores de la sociedad civil y el
estado.
(4)
Debemos
comprender que uno de las grandes preocupaciones en los escenarios de
movilización mundial de grandes proyectos nacionales es la VIGILANCIA SOCIAL. Y
¿qué rol quiere desempeñar la Iglesia?, como un sector más de sociedad
civil.