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Domingo 3 de diciembre
2006
CICLO
C. PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
Evangelio : Lucas 21, 25-28.
34-36
Primera
lectura: Jeremías
33, 14-16
Salmo
responsorial: 24,
4bc-5ab. 8-9. 10 y 14
Segunda
lectura: 1 Tesalonicenses 3, 12-4, 2
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EVANGELIO Lucas
21, 25-28, 34-36 (trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento ,
Ediciones El Almendro, Córdoba)
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25 Habrá señales en el sol, la
luna y las estrellas, y en la tierra las naciones paganas serán presa de
angustia, en vilo por el estruendo del mar y el oleaje, 26
mientras los seres humanos quedarán sin aliento por la temerosa
expectación de lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del
cielo vacilarán. 27 Entonces verán llegar al Hombre en una nube
con gran potencia y gloria. 2 8Cuando empiece a suceder esto,
poneos derechos y alzad la cabeza, porque está cerca vuestra
liberación.
34 Andaos con cuidado, que no se
os embote la mente con el vicio, la borrachera y las preocupaciones de la
vida, y el día aquel se os eche encima de improviso; 35 porque
caerá como un lazo sobre todos los que habitan la faz de la tierra.
36 Ahuyentad el sueño y pedid fuerza en cada momento para
escapar de todo lo que va a venir y poder manteneros de pie ante el
Hombre.
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PAREMOS EL SIDA,
MANTENGAMOS EL COMPROMISO.
Este primer domingo del tiempo de
adviento, tiempo en que la comunidad cristiana levanta la mirada para mirar el horizonte del
futuro, se celebra tan cerca del Día Mundial del SIDA 2006 que también nos
incita a todos nosotros y nosotras a levantar nuestra mirada y comenzar a
comprender que significado tiene la epidemia del vih y del sida para nuestras
vidas, para la historia de nuestra comunidad y para el mundo en general.
Indudablemente somos hombres y
mujeres de esperanza. Frente al agobio de las estadísticas que hemos considerado
en tantos mensajes e información recibida durante estos días, muchos y muchas de
nosotros nos hemos parado en las esquinas de nuestras ciudades con un folleto
informativo en nuestras manos como única herramienta de transformación. Hemos
confiado en ese gesto simple y humilde de entregar información, de ser signos
vivientes de disponibilidad para acompañar y ayudar, y hemos pensado que ese era
un gesto de liberación. Indudablemente no somos tan inocentes ni ingenuos.
Sabemos que los procesos de transfiguración, de cambio y de liberación son mucho
más complejos.
Los datos sobre la dimensión de la
epidemia, las estadísticas devastadoras, las trabas para el acceso universal a
los medicamentos que salvan vida y de los cuales, gran parte de las personas que
viven con vih o sida están privados, si bien nos desmoralizan y nos aterran, no
pueden inmovilizarnos. Esas estadísticas y esas situaciones de injusticia no
pueden matar también nuestra esperanza. Muy por el contrario, esas barreras que
parecen tan fuerte y poderosas sabemos que tienen los días contados. El futuro
no pertenece a la injusticia y a la falta de equidad entre los seres humanos,
sino que el futuro pertenece a una comunidad más justa y solidaria. ¡Hacia allá
vamos!
Esta epidemia del vih y del sida,
junto con otras situaciones de crísis y catástrofe pueden hacerle perder a los
cristianos y a las personas de fe religiosa su esperanza en la liberación de
todo sistema de exclusión y opresión. Muy por el contrario, nos tiene que
fortalecer. Esa es la lectura que le damos a ese gesto simple que hemos repetido
el Día Mundial del SIDA al entregar el pequeño folleto informativo. Ese gesto
tiene una dimensión de esperanza y de confianza en que las injusticias tendrán
fin porque sabemos que el acceso universal a los medicamentos está cerca, que el
fin del estigma y la marginación es posible y que un mundo nuevo está por nacer
a la vuelta de la esquina. Por eso nos hemos parado en todas las esquinas de las
ciudades del mundo, porque somos una comunidad de hombres y mujeres que tienen
confianza y que en ese simple gesto de entregar un folleto reafirmamos nuestro
compromiso de trabajar en contra de este sistema destructivo de dignidades y de
vidas para juntos con todos esos hombres y mujeres a quienes entregamos el
folleto, reafirmamos nuestro compromiso de cumplir las metas que la Declaración de
Compromiso firmada por nuestros gobiernos es nuestra esperanza. Trabajamos para
el año 2015 sea un año sin vih y sin sida.
En medio de tantas catástrofes que
nos anuncian estadísticas y gráficos, informes y mensajes, nosotros y nosotras
que trabajamos desde las comunidades de fe en la crisis del vih y del sida, ya
comenzamos a contemplar otra nube. Contemplamos aquella nube que nos anuncia la
manifestación de Dios, y esa manifestación siempre es manifestación de
liberación de temores, de injusticias y de opresión. En este Día Mundial del
SIDA anunciamos que ya estamos vislumbrando en el horizonte un mundo nuevo,
renovado en la justicia y la comunión. Ninguna estadística ni ninguna
legislación internacional de comercio injusto nos pueden separar de esa
esperanza que es nuestro compromiso. Es por ello que hoy gritamos que la
construcción de ese mundo es nuestro compromiso y que por ello hemos salido a
las esquinas del mundo. Ninguna negra realidad nos impedirá reafirmar nuestro
compromiso y nuestros miedos y cansancio tampoco serán un obstáculo para que
este año lo dediquemos a cumplir y hacer cumplir las promesas y
compromisos.
Sabemos que el miedo es un camino
sin salida y sin futuro. Por ello interpretamos la epidemia del vih y del sida
desde una perspectiva de liberación. Sabemos que el mundo y las iglesias serán y
ya son, diferentes. La epidemia esta transformando la realidad, y no desde el
punto de vista médico solamente. Si levantamos nuestras miradas podemos ver
cantidad de signos positivos y totalmente nuevos en nuestras comunidades de fe.
Cada vez más se puede dialogar sobre temas que hasta ayer eran prohibidos. Las
puertas de nuestras comunidades, de nuestras mentes y de nuestros corazones se
abren a la llegada de los grupos y personas vulnerables al vih y sida. Les vemos
llegar desde el norte, desde el sur, desde el este y desde el oeste de nuestros
mapas de prejucios y discriminación y las puertas de nuestras comunidades
comienzan a abrirse y a recibirles en dignidad y honor. Ya nuestras comunidades
no pueden ser las mismas, ya no podemos repetir viejos discursos, ya no leemos
las Escrituras ni los signos de Dios de la misma manera. ¡Ya
no!
La epidemia del vih y del sida nos
ha desafiado y nos desafia a poner palabras allí donde hasta ayer había
silencio. La epidemia y nuestra identidad confesional nos compelen a romper el
silencio y todos los silencios. Allí donde había exclusión y estigmatización, la
epidemia nos compele y empuja a ser comunidad de bienvenida, de acogida
incondicional, en definitiva a ser aquella iglesia en la cual Jesús de Nazaret
soñó que fuera su cuerpo y su alma en el mundo.
Hemos salido a las esquinas del
mundo en el Día Mundial del SIDA porque tenemos algo para decir, algo para vivir
y mucho para cumplir. En medio de esta epidemia estamos llamados a elevar
nuestra mirada y contemplar en esperanza y fe un mundo y una iglesia renovada en
la fidelidad que cumple su compromiso de ser la
Casa Común de todos y de todas, sin exclusión,
sin oriente ni occidente, sin clases altas o bajas. Estamos llamados a cumplir
la promesa de ser el espacio del arco iris que anuncia que los diluvios han
cesado y que el amor de Dios se hace realidad en la simple hojita de olivo.
En este Día Mundial del SIDA nos
hemos revestido de muchos rojos, en cintas, ropas, estandartes. Esos rojos
anuncian el fuego del Espíritu que en medio de las tristezas, de la memoria de
tantos amigos y amigas hoy ausentes a causa del vih y del sida, no nos dejamos
doblegar y apostamos más fuerte a un futuro lleno de alegría y de mucha más
felicidad. Ese es nuestro compromiso. Tenemos confianza en el futuro de la
resurrección de un nuevo orden cósmico más humano, porque lo más humano es lo
más divino, es lo que más se acerca a la imagen de Ser Humano que viene en esa
nueva nube de Dios.
Esta esperanza y esta alegría no es
ni boba y ingenua. Sabemos que aún hay mucho prejuicio, estigma, discriminación,
injusticia humana y social, muchos conflictos de muerte, pero nos da alegría
poder salir a las calles y a las esquinas a renovar nuestro compromiso de
trabajar juntos con todas las organizaciones de la sociedad civil y de todos los
organismos de gobiernos en la construcción de ese mundo y esa iglesia nueva. Nos
hemos comprometido a no quedarnos en nuestros espacios cerrados, nos hemos
comprometido a salir a los caminos de Dios y anunciar liberación y esperanza.
Esta situación no va a quedar así ni puede quedar así. Anunciamos y renovamos
nuestro compromiso de caminar junto a todas las personas vulnerables para que
ocupen su lugar de dignidad al cual Dios mismo les ha llamado. Esta realidad nos
mueve y nos da coraje. La epidemia nos da miedo pero si la miramos con los ojos
de Dios puede ser una herramienta de transformación, reconciliación y
empoderamiento. Seamos fieles a nuestra vocación y cumplamos nuestro compromiso
de bautismo de ser Cristo que están dispuestos a entregar sus vidas en las
muchas cruces que aún hoy el sistema de exclusión levanta pero que no podrá
seguir levantando.
Por eso, en el Día Mundial del SIDA
nos hemos puesto de pie, hemos salido a los caminos y calles de nuestras
ciudades para renovar el compromiso de nuestro bautismo, de nuestra identidad
como cristianos y cristianas. Sabemos que contamos con Dios en nuestra tarea,
porque esta es su tarea, sin él nada hubiera sido posible. En fe confiamos en su
proyecto y pedimos que en su gracia, utilice nuestra simplicidad, nuestros
temores, nuestras vidas y nuestras esperanzas para que todo le pertenezca y nos
pueda liberar de nuestros egoísmos y nos ayude a liberar a nuestra sociedad y a
nuestras iglesias de temores y que también salga a las calles para renovar su
compromiso.
Hoy sabemos que los signos
apocalípticos no son signos de catástrofes sino de revelación del plan de Dios y
ese plan siempre es de liberación. Ante las crisis los cristianos y cristianas
las transformamos en oportunidades de liberación. Cumplamos entonces nuestro
compromiso de ser signos de esa liberación de Dios que aleja de nosotros todo
vestigio de estigma y discriminación. Cumplamos nuestro compromiso de bautismo:
seamos signos de justicia, paz y solidaridad.
Para la revisión de vida
Dios se manifiesta allí donde los
cristianos y cristianas cumplen su compromiso de ser realmente discípulos de
Jesús de Nazaret. Ese es nuestro paradigma de comportamiento y compromiso. No
hay mayor amor que dar la vida por los amigos y amigas.
Levantamos nuestra mirada porque
sabemos que lo mejor está delante de nosotros. El futuro será diferente si
nosotros y nosotras cumplimos nuestro compromiso y dejamos actuar la gracia de
Dios. Dios vendrá a juzgar pero siempre a juzgar en el amor. El futuro de
nuestra comunidad cristiana se mediré, en la epidemia del vih y sida, en el
compromiso de amar en la sorprendente gracia de Dios.
Ya no somos espectadores sino
actores y actrices de una historia de liberación construida en la gracia y de
acuerdo al proyecto de Dios revelado en Jesús de Nazaret. ¿Cómo interpretamos
los signos, estadísticas y desafíos de la epidemia del vih y del
sida?
Para la reunión de grupo
¿Qué signos de esperanza y de futuro
anunciamos en el contexto de la epidemia del vih y sida? ¿Solamente vemos
alarma, decadencia moral, miedos frente a la realidad social y cultural? ¿Cuál
es nuestra propuesta de esperanza que no suene a juicio y castigo?
Para la oración de los fieles
Para que las comunidades cristianas
vivan intensamente el adviento como preparación a un tiempo de utopias y de
cercanía de Dios con nosotros y nosotras. Para que en el Día Mundial del SIDA
renovemos nuestro compromiso con el proyecto que la encarnación de Jesús en
Belén revela a los impuros, excluidos y excluidas, a los sospechosos de siempre
y que la
Navidad se transforme en el reencuentro y la reconciliación de
todos y todas, roguemos al Señor para
que nos ayude a cumplir nuestros compromisos. ...
Por todos los que en este Día
Mundial del SIDA y en este tiempo de adviento lloran y se desesperan ante la
inmensidad de la tarea y los desafíos, para que encuentren fuerza en tu
Espíritu, esperanza en el Evangelio de Jesús de Nazaret y apoyo en las
comunidades de fe... roguemos al Señor
para que nos ayude a cumplir nuestros compromisos. ...
Por todas las personas que han
renovado su compromiso de hacer posible las metas fijadas en la Declaración de
Compromiso firmada en las Naciones Unidas por todos los gobiernos del mundo y
apoyados por todas la organizaciones de la sociedad civil, para que nada ni
nadie nos aparte de esas metas y de esos sueños para que todos y todas puedan
vivir la plenitud de sus vidas, roguemos
al Señor para que nos ayude a cumplir nuestros compromisos.
...
Por todas las otras personas que
viven de espaldas a la realidad de la epidemia del vih y del sida pedan romper
los muchos silencios y comprometerse para que esta epidemia sea historia, roguemos al Señor para que nos ayude a
cumplir nuestros compromisos....
Por la esperanza de los pobres, las
personas que se han transformado en estadísticas de la epidemia del vih y del sida; para que por nuestro
compromiso valiente por la transformación del mundo y de las iglesias seamos
espacio de adviento, esperanza,
buena noticia para estos hermanos y hermanas nuestros... roguemos al Señor para que nos ayude a
cumplir nuestros compromisos. ...
Oración comunitaria
Oh Dios, Madre y Padre, Fuerza y Origen, Fundamento misterioso del Ser, que
llamas a la existencia y siembras los impulsos y los brotes, y llamas a
la Esperanza.
Al comenzar este nuevo Adviento acoge nuestras limitaciones y
temores, y libera toda tu energía en nosotros, para que renazcamos a una
esperanza nueva. Tú que vives y haces vivir, por los siglos de los siglos.
Amén.