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Domingo
11 de marzo de 2007
CICLO
C. DOMINGO TERCERO DE CUARESMA
Evangelio :
Lucas 13, 1-9
Primera lectura: Exodo 3,
1-8 a.
13-15
Salmo responsorial: Sal 102,
1-2. 3-4. 6-7. 8 y 11
Segunda lectura. 1 Corintios
10, 1-6. 10-12
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EVANGELIO
Lucas
13, 1-9 (trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones
El Almendro, Córdoba )
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13 1 En aquella
ocasión algunos de los presentes le contaron que Pilato había
mezclado la sangre de unos galileos con la de las víctimas que ofrecían.
2 Jesús les contestó: -¿Pensáis que esos galileos eran más
pecadores que los demás, por la suerte que han sufrido? 3 0s
digo que no; y, si no os enmendáis, todos vosotros pereceréis
también. 4 Y aquellos dieciocho que murieron aplastados
por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás
habitantes de Jerusalén? 5 Os digo que no; y, si no os
enmendáis, todos pereceréis también.
6 Y añadió esta
parábola: -Un hombre tenía una higuera plantada
en su viña, fue a buscar fruto en ella y no lo encontró.
7Entonces dijo al viñador: -Ya ves: tres años llevo viniendo a
buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué,
además, va a esquilmar la tierra? 8 Pero el viñador le
contestó; -Señor, déjala todavía este año;
entretanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol; 9 si en
adelante diera fruto..., si no, la cortas.
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LA MÁS MARAVILLOSA
MÚSICA.
Las primeras voces que se escucharon
desde las comunidades cristianas cuando la humanidad toma conciencia de la
existencia de la epidemia del sida fueron de castigo, estigma y exclusión.
Lamentablemente las iglesias fueron muy rápidas en condenar y juzgar mostrando
de forma muy visible y concreta una lectura bíblica equivocada y una teología
muy pobre. Esas palabras de juicio y condena que asociaron rápidamente la
epidemia como un castigo de Dios para con personas y grupos ya previamente
criticados por las iglesias mostraron el largo camino que las y los cristianos
mismos tienen que recorrer en su proceso de conversión.
Esta situación, 25 años después de
la toma de conciencia de la epidemia, aún sigue vigente en muchas comunidades
cristianas y en muchos de sus líderes. Luego de tantos años de recorrer los
caminos de América Latina educando para la prevención desde una relectura
bíblica inclusiva y una teología renovada en una identidad pluralista, en agosto
del año pasado, en una preconferencia de grupos religiosos previa a
la Conferencia
Mundial del SIDA realizada en Toronto (Canadá) esas mismas
palabras y esas mismas actitudes resonaron como un escándalo en medio de las
sesiones. Aun muchos religiosos asocian epidemia del sida como expresión del
castigo de Dios sobre personas determinadas y grupos vulnerables.
Este texto del Evangelio de Lucas suena a los oídos de aquellas
personas que vienen caminando junto a las personas que viven con vih y con sida
como la más maravillosa música. Aquellos y aquellas que están construyendo un
mensaje de educación y prevención desde la inclusión y no desde el miedo y el
estigma tenemos aquí una herramienta útil para mostrar que la tradición de Jesús
va por caminos muy diferentes de aquellos que con tanta facilidad hablan de
castigos y de ira de Dios.
Indudablemente muchas y muchos
cristianos se han quedado con la imagen de un Dios severo que con mucha frialdad
y crueldad se pasa la vida examinando la conducta de sus clientes. Esa imagen de
Dios se parece muchísimo a la de Zeus que se la pasaba enviando rayos sobre la
humanidad. Una imagen de un Dios sumamente preocupado por la vida privada de las
personas y que pasa calladamente y de forma cómplice situaciones de injusticia
social que claman al cielo. Extraño Dios privado que no tiene incidencia en las
políticas publicas que podrían cambiar situaciones y vidas.
Hoy podemos hacer la misma pregunta
que les hizo Jesucristo a su auditorio: -¿Pensáis que esas personas que viven con
vih o con sida son más pecadores
que los demás, por la suerte que han sufrido en el contexto de esta epidemia?
En la respuesta que demos a esta pregunta nos hemos de ubicar del lado de la
teología de la gloria o del lado de la teología de la cruz. Si pensamos que
nuestra relación con Dios se mide, se pesa y se evalúa con las recompensas de
prosperidad y que esa prosperidad es el termómetro palpable del amor de Dios
estamos entonces del lado de la teología de la prosperidad, tan popular hoy en
día. Pero esa nos es la teología de Jesús. El favor de Dios no se puede medir
con el termómetro de las recompensas. Una enfermedad, cualquier enfermedad, no
es un signo ni de la ira de Dios ni es un castigo impuesto por ese Dios.
Indudablemente aquellos que
escuchaban los dos ejemplos puestos por Jesús podría ser interpretado por sus
oyentes como consecuencias de conductas. En el caso de los galileos merecieron
el castigo de Dios por su compromiso político de permanentes sublevaciones
contra el poder imperial de Roma. En el caso de los habitantes de Jerusalén,
como consecuencia de una espiritualidad escrupulosa y rígida en el cumplimiento
sin amor de la reglamentos, mandamientos y leyes. En ambos casos los prejuicios
políticos o religiosos brindaban abundantes argumentos para fundamentar la
teología de la prosperidad y afirmar que esas acciones eran consecuencia del
castigo de Dios y la condena que esas conductas tenían ante la vista de Dios.
La teología de la cruz nos abre otro
camino: 0s digo que no; y, si no os
enmendáis, todos vosotros pereceréis también. Esa es la palabra de
Jesús de Nazaret. El nos dice que somos nosotros, las y los religiosos, que en
el contexto de esta epidemia tenemos que enmendar nuestra forma de ver, juzgar y actuar. Si queremos tener vida
abundante y compartir esa vida de esperanza tenemos que cambiar nosotros mismo.
La conversión del mundo, de la iglesia y de nuestra sociedad siempre comienza
por la conversión de la misma comunidad de fe. Si queremos ser signos de
vida en el acompañamiento de las personas que viven con vih y sida tenemos que
estar dispuestos a estar abiertos a ser enmendados por Dios. Si el vih y el sida
fuera un castigo de Dios todos y todas estaríamos hoy viviendo con vih porque
todos y todas merecemos ese castigo. El pensar de otro manera es pura soberbia y
no es la conversión agradable a los ojos de Dios. Debemos abandonar esa
mentalidad tan extendía aún entre las y los creyentes que asocian los
sufrimientos con el pecado y como castigo que Dios impone sobre quienes
desobedecen sus reglamentos, mandamientos y leyes.
Quienes piensan así hacen una
afrenta a la mediación de Jesús de Nazaret. La salvación viene por fe y fe en la
mediación de Jesucristo y no en la mediación de nuestros meritos, obras y
acciones. Porque somos amados por Dios podemos amar y ese amor se expresa con
fuerza, claridad y perspectiva en la cruz asumida por Jesús, quien se ha
colocado en inocencia en el lugar de todos y todas. En la cruz Jesús reconcilia
a todos y todas y no reconcilia con una graduación de mayor a menor. Es una
reconciliación total y absoluta para todos y todas en forma también absoluta.
Y aquí entramos en la segunda parte
del relato evangélico. La higuera es siempre imagen del pueblo creyente. Es ese
pueblo que no es coherente con su identidad. No está dando frutos de inclusión,
de justicia, de reconciliación. No está empoderando a las personas y grupos
vulnerables al estigma y la opresión. Esta parábola nos muestra la infinita
paciencia que Dios tiene para con su pueblo, al cual le cuesta tanto enmendarse
en su forma de ver, juzgar y actuar.
El pueblo de Dios, en el contexto de
la epidemia del vih y del sida, tiene esperanza. La paciencia divina nos da una
oportunidad para convertirnos nosotros y nosotras. El dueño de la higuera le da
una nueva oportunidad. Tenemos un año para dar muestras visibles de nuestro
cambio de teología y de nuestra forma de comprender las Escrituras. Un año no es
mucho pero es visible el amor que en su paciencia muestra el dueño de la higuera
para con el pueblo que quiere llevar su nombre.
La epidemia del vih y del sida es
una oportunidad concedida al pueblo de Dios para que regrese a la fidelidad
primera de nuestro bautismo y para que seamos signos, no de juicio y condena,
sino signos que hablan, que rompen los silencios cómplices y que se comprometen
con aquellos amenazados y amenazadas por otras teologías con castigos e iras
divinas. La comunidad cristiana tiene una única oportunidad de anunciar la común
situación de todos los seres humanos que vivimos bajo la infinita y asombrosa
paciencia de Dios.
El dueño de la higuera tiene
esperanzas allí donde otros solamente pueden colocar las herramientas de
destrucción.
Para la revisión de vida
¿Cuántas veces ha venido Dios a buscar fruto de inclusión, esperanza y
reconciliación a mi higuera sin encontrarlos? ¿Estaré agotando la "paciencia de
Dios"? ¿Será necesaria, en este tiempo de cuaresma, una poda en mi vida para que
se renueve y revitalice? ¿Es la epidemia del vih y del sida esa oportunidad de
conversión?
Para la reunión de grupo
Solemos tener en nuestra visión
inconsciente una imagen de Dios como mecanicista: si nos portamos bien nos han
de salir bien las cosas, y si nos salen mal pensamos que se deberá a que algo
hemos hecho mal... Como si fuera Dios quien enviase el mal al mundo... ¿Qué
tipos de mal podemos encontrar en el mundo, y cuáles serían sus orígenes? ¿Es el
vih un mal o una enfermedad como cualquier otra?
Para la oración de los fieles
Para que tengamos en nuestra fe una
imagen de Dios que surge desde el pie de la cruz que hace visible un Dios
preocupado por la inclusión en su pueblo de aquellos y aquellas que se sentaban
a su mesa para escándalo los que tienen poder…Dios nuestro, escucha nuestra
oración
Para que a la luz de este relato
evangélico surja en nosotros y nosotras esa visión de un Dios que interviene en
la historia con paciencia, que escucha el clamor de su pueblo por justicia y sin
quedarse en la pasividad decide entrar en acción, Dios nuestro, no tarde en
respondernos
Para que también nosotras y nosotros
tengamos una espiritualidad y un ver, juzgar y actuar que corresponda al Dios
que nos revela Jesús de Nazaret: abiertos a captar los signos de la presencia de
Dios en la historia, y principalmente dispuesta a escuchar el clamor de los
hermanos y hermanas que viven con
vih y con sida, Señor nuestro, no nos
des la espalda cuando nos encontramos angustiados
Para que no achaquemos a Dios las
injusticias, las exclusiones y el estigma que nosotras y nosotros mismos
provocamos, Señor nuestro, ¡Ya es tiempo
de que nos perdones!
Para que no decepcionemos una y otra
vez al Señor que viene a recoger los frutos que espera de nosotras y nosotros, sino que con tesón y con
esperanza produzcamos frutos de amor comprometido, Señor nuestro, todas las naciones te
adorarán
Por la humanidad, para que se haga
cada vez más consciente de que tiene que cuidar este mundo, parar el sida,
administrar responsablemente sus riquezas naturales, sus aguas, sus bosques, su
capa de ozono... como el hogar que nos ha sido dado y que debemos conservar para
las futuras generaciones, en vez de destruirlo simplemente por ambición y afán
irracional de lucro, Señor nuestro, Tú
reconstruirás el mundo y así demostrarás tu poder.
Oración comunitaria
Oh Dios, misterio infinito. Estamos acostumbrados a atribuir a tu acción todo lo
que nosotras y nosotros no sabemos explicar, sobre todo la epidemia del vih y
del sida cuyo sentido no logramos captar. Queremos expresarte nuestra voluntad
de ser adultos, de asumir nuestras responsabilidades en el contexto de esta
epidemia, y de preferir maduramente el silencio y la adoración del misterio, a
la respuesta fácil de achacarte nuestros límites y deficiencias. Nosotros y
nosotras lo aprendemos esto del ejemplo de Jesús, nuestro hermano, tu hijo
bienamado.
Pastor Lisandro
Orlov
Pastoral Ecuménica
VIH-SIDA
Buenos Aires