4 Cuaresma (C), Lucas 15, 1
- 3. 11 - 32
CÓMO
IMAGINA JESÚS A DIOS
JOSÉ
ANTONIO PAGOLA
SAN
SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).
ECLESALIA,
14/03/07.- No quería Jesús que las gentes de Galilea
le sintieran a Dios como un rey, un señor o un juez. Él lo experimentaba como un
padre increíblemente bueno. En la parábola del «padre bueno» les hizo ver
cómo imaginaba él a Dios.
Dios es como un padre que no piensa
en su propia herencia. Respeta las decisiones de sus hijos. No se ofende cuando
uno de ellos le da por «muerto» y le pide su parte de la herencia.
Lo
ve partir de casa con tristeza, pero nunca lo olvida. Aquel hijo siempre podrá
volver a casa sin temor alguno. Cuando un día lo ve venir hambriento y
humillado, el padre «se conmueve», pierde el control y corre al encuentro
de su hijo.
Se
olvida de su dignidad de «señor» de la familia, y lo abraza y besa efusivamente
como una madre. Interrumpe su confesión para ahorrarle más humillaciones. Ya ha
sufrido bastante. No necesita explicaciones para acogerlo como hijo.
No
le impone castigo alguno. No le exige un ritual de purificación. No parece
sentir siquiera la necesidad de manifestarle su perdón. No hace falta. Nunca ha
dejado de amarlo. Siempre ha buscado su felicidad.
Él
mismo se preocupa de que su hijo se sienta de nuevo bien. Le regala el anillo de
la casa y el mejor vestido. Ofrece una fiesta a todo el pueblo. Habrá banquete,
música y baile. El hijo ha de conocer junto al padre la fiesta buena de la vida,
no la diversión falsa que buscaba entre prostitutas paganas.
Así
le sentía Jesús a Dios y así lo repetiría también hoy a quienes olvidados de él,
se sienten lejos o comienzan a verse como «perdidos» en medio de la
vida.
Cualquier teología, predicación o
catequesis que olvida esta parábola central de Jesús e impide experimentar a
Dios como un Padre respetuoso y bueno, que acoge a sus hijos perdidos
ofreciéndoles su perdón gratuito e incondicional, no proviene de Jesús ni
transmite su Buena Noticia de Dios.