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El
Universo como respuesta (II)
Existen
siete principios o siete leyes fundamentales, acordes a las divisiones
naturales de todo el Universo.
1-
El primer principio, el superior de todos los que tiene la naturaleza,
es el principio de unidad. Toda la naturaleza está coordinada, o sea,
conforma una unidad vital y nada está excluido de ella. Las cosas, al
vivir, no destruyen a las demás, sino que permiten la vida de todo.
Cuando el lobo persigue a los ciervos en la estepa, no alcanza al más
joven, sino al más viejo, al enfermo, el que podía transmitir su
enfermedad al resto de la manada. O sea, que aún lo que nos parecen
actos de destrucción, y aún lo que nos parecen actos de crueldad, están
hechos de tal manera que pueda perpetuarse la especie.
No
hay dudas en la Naturaleza, no hay diálogos de oposiciones. Todo está
perfectamente plasmado y va a una sola parte.
2-
El segundo principio es el de la iluminación; todas las cosas en la
naturaleza tienen ese principio, ya sea iluminación física, ya sea
espiritual. Las realidades existen, pero necesitan de una luz
intelectual o espiritual para poder ser distinguidas, y cuando decimos
a veces que no existen verdades, que no hay nada en qué apoyarnos, que
estamos solos, es que estamos a oscuras y necesitamos el
redescubrimiento del principio de la iluminación.
3-
Este principio trae como consecuencia el tercero, el de la
diferenciación. Todas las cosas en la naturaleza están diferenciadas.
No existen dos cosas absolutamente iguales. Este principio existe
aunque a veces no lo veamos; todas las cosas son diferentes; incluso
los granos de arena que vamos pisando por la playa y que nos parece que
son todos iguales, no lo son. Si los miramos atentamente con una lupa,
vemos que cada uno tiene su pequeña diferencia, su pequeña
característica. De ahí que tengamos que tener cuidado cuando manejamos
la palabra igualdad. Podemos ser equivalentes, pero no iguales; podemos
ser semejantes, pero no iguales; y eso no parte, no divide, no destroza
a los hombres; eso les enriquece, como un mosaico de diferentes colores
que puede tener tonalidades parecidas, pero que jamás son absolutamente
iguales. Este concepto es una praxis inventada por el hombre; en la
naturaleza no existe la igualdad.
4-
Cuarto principio, principio de organización. Las cosas están
organizadas; todos vemos un árbol, un tronco sólido que se eleva sobre
la tierra y sostiene una copa llena de ramas, de nidos de pájaros; pero
no vemos otra anticopa que hay debajo de la tierra y que también con
sus ramajes de madera sostiene a todo el resto y se hunde en el suelo,
que no tiene pájaros, pero tiene gusanos, alimañas, que alimenta todo.
O sea, todo está perfectamente organizado, todo está pensado de tal
manera que hay una ayuda y una colaboración entre una cosa y la otra. Y
los errores que solemos cometer los hombres, son porque carecemos de
organización. Organización no es masificación, no es imposición de unos
sobre los otros; organización es ayuda. Las manos son opuestas y sin
embargo se organizan para coger algo; si tuviésemos las dos manos para
el mismo lado, difícilmente podríamos coger alguna cosa. Hace falta
entonces reconocer ese principio de organización, aún cuando nos
opongamos en alguna cosa. Ese principio nos permite a todos trabajar
juntos, sin dejar de ser quienes somos; esto lo debemos aplicar en
nuestra vida, en el aquí y en el ahora.
5-
Hay un quinto principio, el de causalidad: todas las cosas son causa de
la siguiente y son efecto de la anterior, todos nosotros descendemos de
algo y provocamos algo: cualquier cosa, tomada en cualquier parte, es
resultado de algo y es causa de algo, aún las cosas aparentemente
inanimadas. Nada es causa tan sólo y es efecto tan sólo, están ligados.
Del día viene la noche, de la noche viene el día.
6-
El sexto principio, el de vitalidad, nos expresa que todas las cosas
están vivas. Absolutamente todas. Hasta el siglo pasado y mitad de
éste, se hablaba de seres vivos y seres inanimados. Todavía hoy, por
inercia, seguimos repitiendo esto porque decimos que algo está vivo
cuando se mueve o cuando vuela o cuando crece. Desde el comienzo del
mundo las cosas no solamente están vivas cuando actúan, también lo
están cuando resisten. Todas las cosas están en constante movimiento,
aunque nosotros no podamos ver las moléculas o los átomos que ruedan en
el aire, que conforman nuestras manos, nuestros huesos. Todo está
penetrado de esta vitalidad; esta vitalidad que en Oriente se llama
«prana», una vida que penetra todas las cosas, que no se detiene, de
tal suerte que aún las cosas que decimos muertas no están muertas,
simplemente han cambiado de condición, de forma, de manera de vivir.
7-
Finalmente el principio de periodicidad. Desde que nacemos notamos que
se alternan en la naturaleza el día y la noche, el verano y el
invierno, en fin, tantas otras modalidades que así se oponen y se
alternan; y sin embargo nosotros no concebimos, hasta que leemos a
Platón, hasta que alguien nos lo enseña o hasta que despertamos
nosotros a ellos, que también estamos dentro de esa periodicidad. Todos
estos ciclos abarcan un gran ciclo que llamamos la vida humana. Pero,
¿por qué nos detenemos ahí?, ¿por qué no entender que esa vida humana
es un pequeño día despiertos, dentro de una gran vida? Que después de
esta vida física hay una vida espiritual y que es como un sueño, y que
luego tendremos una vida física y una espiritual.
La
ley de los ciclos abarca todas las cosas y no se detiene, todo es
cíclico, cíclicamente ruedan los astros en el cielo, y se mueven
también los pequeños corpúsculos dentro de los átomos. Esta
periodicidad permite una vida y una pulsación continuadas. Debemos
tratar de extraer de la naturaleza todo aquello que no sea fácilmente
destruible. Debemos cuidar algo, no solamente nuestra parte física,
porque ¿hasta dónde cuidamos nuestra parte psicológica? ¿Hasta dónde
tenemos un alimento mental, todos los días? ¿Hasta dónde tenemos
alimento espiritual?
Tenemos
que tener cuidado con nuestros sueños. Hemos llegado a tal grado de
materialidad que cuidamos que no se nos rompa un jarrón, un coche, ¿y
un sueño, una ilusión, un esfuerzo? ¿Qué pasa con los pájaros de
cristal de los sueños cuando se rompen? Quedan hechos pedazos y nos
hieren las manos. Tenemos que tener el valor de pulverizar nuestros
sueños rotos, y con ese polvo de cristal de sueño, crear pájaros
nuevos. Es hora de que entendamos que no solamente tenemos que
arrastrarnos por el mundo como si fuéramos tortugas o serpientes, sino
que tenemos que aprender a volar con fuerzas de alas.
La
Filosofía no es la nueva especulación; no es colocarse en un rincón
viendo pasar la vida, no es tampoco una disciplina de tristezas y de
abandono. Filosofía es tener una actitud fuerte ante la vida, es
entender el fenómeno de las cosas, es poder vencer el miedo dentro de
nosotros mismos, de vencer la muerte, poder llegar a cada uno, al fondo
de cada uno. Porque nosotros nos vemos; a veces se dice que el hombre
cuando muere pasa a lo invisible; sin embargo el hombre siempre es
invisible; está detrás de las cosas que hace, de su propio cuerpo, de
sus propias palabras, de sus propios actos. El hombre es una gran
pregunta, un gran enigma.
La
respuesta está en este propio Universo en el cual vivimos. Está escrita
en las paredes de la Historia y en las paredes de este Universo que nos
rodea. Tenemos simplemente que aprender a leerlo. Es una actitud
natural, no está en contra de ningún credo, no está en contra de
ninguna afirmación. Es volver a la naturaleza.
Tenemos
discernimiento y sin embargo carecemos de él en las cosas; ¿a quién le
gusta un automóvil que marche de vez en cuando? A nadie. Y sin embargo
aceptamos ideas que son buenas a veces y a veces no, principios que se
aplican a veces y a veces no, honradez que se aplica a veces y a veces
no. Tenemos que volver a tener ese sentido común que usamos en el
sentido físico. En la parte espiritual tenemos que volver a requerir de
nosotros, del mundo que nos rodea, valores absolutos fáciles de
entender, de manejar, de asimilar, que nos permitan tener una
comprensión exacta del Universo. Necesitamos una nueva ciencia, una
ciencia que nos quite el vicio de los intereses creados, en la que no
esté el sentido de la violencia.
Necesitamos
arte que nos consiga unir otra vez con la belleza, que no se base en la
angustia, sino en la verdadera investigación. Necesitamos una política
que pueda llevar a los hombres a la convivencia y la elevación, y no al
choque entre sí o a convivencias artificiales. Necesitamos, en fin, un
nuevo mundo. Pero este mundo existe ya: es el mismo Universo, es la
Naturaleza. Nosotros lo único que tenemos que hacer es vivir
intensamente el momento que el destino nos ha deparado. Ser como una
llave que se introduce en la cerradura del Universo y hace saltar la
puerta de la Historia, pasar a otra dimensión, pasar a este mundo que
nos está esperando. Este mundo que debe ser, no solamente nuevo, sino
mejor.
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Jorge
Ángel Livraga Rizzi
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