| Asunto: | [redanahuak] Simone Weil, a 95 a ños de su nacimiento el 3 de f eb de 1909. Homenajeada por el Instituo Simone Weil, A.C. mexicana en vías de reactivación, en Valle de Bravo. | | Fecha: | Miercoles, 4 de Febrero, 2004 03:20:07 (-0600) | | Autor: | Anahuak Home <redanahuak @...............mx>
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From: Sylvia Maria Valls <smvalls@...>
Date: Wed, 04 Feb 2004 04:08:13 -0600
To: redanahuak@...
Subject: Simone Weil, a 95 años de su nacimiento el 3 de feb de 1909.
Homenajeada por el Instituo Simone Weil, A.C. mexicana en vías de
reactivación, en Valle de Bravo.
Valls, Sylvia Maria. Simone Weil: Profesión de fe. Antología y crítica
alrededor de su obra. UAM, Col. Molinos de Viento, 1990, no. 73, pp.
115-128. Capturado para la Red por Ligia Pintado Patiño
SELECCIÓN DE CITAS DE DIVERSAS FUENTES
Una sociedad bien hecha sería aquélla en la cual el Estado ejercería tan
sólo una acción negativa, del orden del timonel: una ligera presión del
movimiento oportuno para compensar un comienzo de desequilibrio. (La
pésanteur et la grace, Coll.10/18, p.173.)
La Providencia divina no es un desarreglo, una anomalía en el orden del
mundo. Es el orden del mundo en sí. O más bien, es el principio ordenador de
este universo, extendido a través de toda una red subterránea de relaciones
(l'Enracinement, p.330.)
No es por su modo de hablar de Dios sino por su modo de hablar de las cosas
terrestres que puede saberse si el alma de un ser humano ha pasado por el
fuego del amor de Dios. Ahí ningún disfraz es posible. Existen falsas
imitaciones del amor de Dios, pero no de la transformación que éste opera en
el alma ya que de esta transformación no se tiene la más mínima idea como no
sea pasando uno mismo por ella. (La connaissance surnaturelle, p.96.)
Ningún santo ha podido obtener de Dios, ni que el pasado no haya sido, ni
envejecer diez años en un día, ni envejecer un día en diez años... Ningún
milagro puede nada contra el tiempo. / La fe que transporta las montañas es
impotente contra el tiempo. / Dios nos ha abandonado en el tiempo. (Ibid.,
pp. 91-92.)
La verdad no es un objeto de amor. Lo que se ama es algo que existe, que se
piensa, y que por tal motivo puede ser ocasión de verdad o de error. Una
verdad es siempre la verdad de algo. La verdad es la luz de la realidad. El
objeto del amor no es la verdad, sino la realidad. Desear un contacto con
una realidad es amarla. No se desea la verdad sino para amar en la verdad.
Se desea conocer la verdad de aquello que se ama. En vez de hablar de "amor
a la verdad" es preferible hablar de un espíritu de verdad en el amor.
(l'Enracinement, p.215.)
¿Hacer el inventario o la crítica de nuestra civilización, qué es lo que
supone? Buscar poner en claro de una forma precisa la trampa que ha hecho
del hombre el esclavo de sus propias creaciones. ¿Por dónde se ha filtrado
la inconciencia del pensamiento y de la acción metódicos? Evadirse en una
vida apartada de la civilización es una solución perezosa. Es necesario
volver a encontrar el pacto original entre el espíritu y el mundo en medio
de la civilización misma en la cual vivimos. Se trata de una tarea, por lo
demás, imposible de realizar a causa de la brevedad de la vida y de la
imposibilidad de la colaboración y de la sucesión. Ello no es motivo para
dejar de emprenderla. Nos encontramos todos en una situación análoga a la de
Sócrates cuando, esperando la muerte en su prisión, se dedicaba a aprender a
tocar la lira. Por lo menos, se habrá vivido... (La pésanteur et la grace,
Union Générale d'Editions, "Le Monde en 10/8!, 1962, p.154.)
El trabajo físico constituye un contacto específico con la belleza del mundo
e, incluso, en sus mejores momentos, un contacto de tal plenitud que ningún
equivalente puede hallarse en otro lugar. El artista, el científico, el
pensador, el contemplativo deben, para poder realmente admirar el universo,
penetrar esta película de irrealidad que lo cubre y que hace de él para casi
todos los hombres, en casi todos los momentos de su vida, un sueño o una
decoración teatral. Deben, pero casi nunca pueden. Aquél cuyos miembros se
encuentran quebrados por el esfuerzo de una jornada de trabajo, es decir una
jornada durante la cual se ha visto sometido a la materia, lleva en su carne
como una espina la realidad del universo. La dificultad para él consiste en
mirar y en amar; si lo logra, ama lo real. (Attente de Dieu, Ed. Fayard,
1996, Collection du "Livre de Vilie", p.161.)
Tratar, no de interpretar sino de mirar hasta que la luz se haga. En la
percepción sensible, cuando uno no está seguro de lo que ve, se mueve de
lugar sin dejar de seguir mirando. Con el tiempo va uno cambiando y si, a
través de las modificaciones, mantiene uno la mirada orientada hacia lo
mismo, a fin de cuentas la ilusión se disipa y lo real aparece. La condición
es que la atención sea una mirada y no un apego. (La pésanteur et la grace,
Collection 10/18, 1962, p.122.)
La vida humana está hecha de forma tal que muchos de los problemas que se
les presentan a los hombres todos sin excepción son insolubles fuera de la
santidad. (Cahiers, tomo III, Plon, 1956, p.298.)
El amor de la patria es puro en la medida en que es amor de lo que es, y no
de lo que podrá ser. En la medida en que es amor del ser humano por la
armonía que lo une a la ciudad y no participación en el amor de la pesada
bestia social por sí misma. (Cahiers, III, p.310.)
Lo que cuenta en una vida humana no son los sucesos que la dominan a través
de los años - o incluso de los meses - o incluso de los días. Es el modo en
que se encadena cada minuto con el siguiente, y lo que le cuesta a cada cual
en su cuerpo, en su corazón, en su alma -y por encima de todo en el
ejercicio de su facultad de atención - para efectuar minuto por minuto este
encadenamiento. (La condition ouvrière, Gallimard, Coll. Idèes, p.168.)
Es en relación con los falsos bienes que deseo y posesión difieren; en
relación con el verdadero bien, no hay diferencia alguna.
A partir de ello, Dios es, puesto que yo lo deseo; eso es algo
tan cierto como mi existencia. (La connaisssur., p.110.)
Dios y la creación son uno, Dios y la creación están infinitamente
distantes; esta contradicción fundamental se refleja en la contradicción que
existe entre lo que es necesario y el bien. Sentir la distancia, esta
separación, es crucifixión. (Cahiers III, Plon: 1956, 1974, p.10.)
Dios no puede amar en nosotros más que (este) consentimiento a retirarnos
para dejarle pasar, así como él mismo, creador, se ha retirado para
permitirnos ser. Esta doble operación no tiene otro sentido que el amor, de
la misma forma en que el padre le da a su hijo lo que le permitirá a éste
hacerle un regalo el día de su cumpleaños. Dios, que no es otra cosa sino
amor, no ha creado más que amor.
La inflexible necesidad, la miseria, la angustia, el peso
aplastante de la necesidad y del trabajo que agota, la crueldad, las
torturas, la muerte violenta, la fuerza, el terror, las enfermedades -todo
eso, es el amor divino. Es Dios quien por amor se retira de nosotros con el
fin de que podamos amarle. Puesto que si nos viéramos expuestos a la
irradiación directa de su amor, sin la protección del espacio, del tiempo,
de la materia, seríamos evaporados como el agua al sol, no habría suficiente
yo en nosotros para poder amar, para abandonar el yo por amor. La necesidad
es la pantalla colocada entre Dios y nosotros para que podamos ser. A
nosotros nos toca traspasar esa pantalla para dejar de ser. No la
traspasaremos jamás si no sabemos que Dios se encuentra a una distancia
infinita más allá, y que en Dios solo es que reside el bien (Ibid., p.13.)
La verdad se produce al contacto de dos proposiciones, ninguna de las cuales
es cierta; la relación entre ambas es cierta.
Estar siempre consciente de la imposibilidad del bien, es
decir "de cuánto difiere la esencia de lo necesario de la del bien" (Platón,
República, 493c.). No hay bien que no sea sobrenatural.
Todo bien verdadero conlleva condiciones contradictorias, y por tanto es
imposible. Aquél que mantiene su atención realmente fija sobre esta
imposibilidad y actúa, hará el bien. (Ibid., p.23.)
Hay que sufrir para recibir la sabiduría, y hay que sufrir para otorgarla.
El sufrimiento más puramente amargo, el sufrimiento penal, como garantía de
autenticidad. (...)
"El bien conlleva el mal, el mal el bien, y ¿cuándo esto habrá de terminar?"
El mal es la sombra del bien. Todo bien real, provisto de solidez y de
espesor, proyecta algo de mal. Solo el bien imaginario no lo proyecta.
(Ibid., p.27)
Si se desea solamente el bien, se está en oposición a la ley que une al bien
real con el mal del mismo modo que al objeto iluminado con la sombra, y,
estando en oposición a la ley universal del mundo, es inevitable que se
caiga en la desgracia.
Al estar todo bien ligado al mal, si se desea el bien y si uno no desea
repartir a su alrededor el mal correspondiente, se está obligado, ya que no
es posible evitar dicho mal, a concentrarlo sobre sí.
Así el deseo del bien enteramente puro y más grande posible implica la
aceptación para sí del último grado de aflicción. De la Cruz.
Dios solo es bien puro. La creación al ser Dios y otra cosa que Dios, es
esencialmente bien y mal.
Dios no puede descender sobre la tierra, encarnarse, y permanecer bien puro
más que padeciendo extremo sufrimiento.
Sócrates: "Deseo no ser ni autor ni víctima de la injusticia; pero prefiero
ser víctima". (Platón, Gorgias, 469 c.) Ahora bien, de hecho es necesario o
lo uno o lo otro. (Ibid., p.28)
El misterio de la Cruz de Cristo reside en una contradicción puesto que es a
la vez un ofrecimiento consentido y un castigo que se ha padecido muy a
despecho de sí (...)
Tenemos que haber ido hasta el último extremo de nuestro ser para aspirar a
no seguir siendo. (Ibid., p.29)
Las ideas de Platón son irrepresentables. No son por tanto nada de lo que
pensaron los comentaristas que han tratado de representarlas. Ello es
absolutamente seguro.
Son los pensamientos de Dios concebido como un pensador impersonal. (Ibid.,
p.33.)
Las perversiones demuestran que cualquier objeto... puede ser objeto de
deseo. (Es esto lo que hay de cierto en Freud)... Así, cantidad de
solteronas que jamás han hecho el amor han agotado el deseo que estaba en
ellas sobre pericos, perros, sobrinos o pisos encerados. No resulta ningún
misterio, por tanto, que no hayan recogido el fruto de la castidad puesto
que no han sido castas.
No hay castidad sin desapego. Castidad, pobreza y obediencia son
inseparables. (Ibid., p. 35.)
El deseo es imposible; destruye su objeto. Los amantes no pueden ser uno, ni
Narciso ser dos. Don Juan, Narciso. Puesto que desear algo es imposible, hay
que desear nada.
El avaro, por deseo de su tesoro, se priva de él. (Ibid., p.36.)
La belleza de un paisaje en el momento cuando nadie lo ve, absolutamente
nadie...
Ver un paisaje tal cual es cuando no estoy en él.
Cuando estoy en algún lugar, enturbio el silencio del cielo y de la tierra
con mi respiración y el latir de mi corazón. (Ibid., p.38)
Un poema debe querer decir algo, y al mismo tiempo nada, la nada que viene
de allá arriba. (Ibid., p.39.)
"Dadme un punto de apoyo y levantaré el mundo". (Arquímedes) Este punto de
apoyo es la Cruz. No puede haber otro. Tiene que encontrarse en la
intersección del mundo y de lo que no es el mundo. La Cruz es esta
intersección. (Ibid., p.50.)
En todo lo que suscita en nosotros el sentimiento puro y auténtico de la
belleza, hay presencia real de Dios. Hay como una especie de encarnación de
Dios en el mundo (Timeo) de la cual la belleza es la marca. Verbo ordenador.
La belleza es la prueba experimental de que la encarnación es posible.
... todo lo que es temporal en nosotros segrega mentira para no morir y en
proporción al peligro de muerte. Es por lo cual n hay amor de la verdad sin
un consentimiento total, sin reserva a la muerte. (Ibid., p.62)
Resolver es comprender que no hay nada que resolver, que la existencia no
tiene significación para las facultades discursivas, y que no hay que
permitir que éstas se salgan de su papel de simple instrumento de
exploración de la inteligencia con el objeto de entrar en contacto con la
realidad bruta. (Ibid., p.64)
Poesía, dolor y júbilo imposibles. Toque de puñal, nostalgia. Tal es la
poesía provenzal e inglesa. Un júbilo a fuerza de ser puro y sin mezcla
produce dolor. (Un dolor que a fuerza de ser puro y sin mezcla produce
calma; eso es griego).
Si el bien es la unión de los contrarios, el mal no es lo contrario del
bien. (Ibid., p.69.)
Una de las desgracias de la vida humana es que no es posible al mismo tiempo
mirar y comer. Los niños sienten esa desdicha. Lo que nos comemos es
destruido. Lo que uno no se come no es plenamente comprendido en su
realidad. En el mundo sobrenatural, el alma "mediante la contemplación come
la verdad". "Este todo, mediante la renuncia, cómetelo (Ica-Upanishad, I.)."
(Ibid., p.87.)
EL ORDEN DEL MUNDO es el objeto de la ciencia, no la materia; y el orden del
mundo debe ser enteramente concebido bajo la categoría de condición de
existencia de una criatura pensante. La Providencia es el objeto propio de
la ciencia... (Ibid., p.89.)
Si uno se representa la muerte como un aniquilamiento, se puede concebir
que, en el instante del pasaje de la existencia a la nada, el que ama a Dios
encuentra una eternidad de júbilo, y el que se ama a sí mismo una eternidad
de dolor...
Un punto es infinitamente pequeño, es nulo, en relación con un volumen. Y
sin embargo es un punto que, si es sostenido, anula el peso entero del
volumen; y eso simplemente a causa de su posición.
Es que ese punto encierra una relación. Una relación de lugar no es una
extensión; no puede ocupar un lugar; solamente un punto.
En relación con un orden cualquiera, un orden superior, por tanto
infinitamente por encima, no puede ser representado en el primero sino por
algo infinitamente pequeño.
De igual forma un instante y la eternidad.
(¿Observaciones de este tipo, es en esto que consiste la dialéctica
platónica?)
No se debe desear morir para ver a Dios cara a cara, sino vivir dejando de
existir para que en uno, que ya no es uno, Dios y su creación se encuentren
cara a cara; y más tarde, un día, morir. (Ibid., p.90.)
Cada cual es en la sociedad lo infinitamente pequeño que representa el orden
trascendente a lo social e infinitamente más grande. Estoicos; el sabio es
siempre rey, aun cuando es esclavo.
En todo lo que es social, hay fuerza. El equilibrio solo nulifica la fuerza.
(Ibid., p.93.)
Que después de una agonía perfecta y puramente amarga, el ser desaparezca en
un estallido de perfecto y puro júbilo. (...)
La muerte es una ordalía, la última.
Las tres concepciones, primero, la del aniquilamiento en el
sentido de los ateos; segundo, la de la reencarnación y el purgatorio;
tercero, la del paraíso y el infierno, las tres indispensables para pensar
la muerte, pueden muy bien ser aceptadas como verdaderas y concebidas
simultáneamente si se toma en cuenta que la muerte está en la intersección
del tiempo y de la eternidad. No son incompatibles sino porque no podemos
impedirnos representarnos la eternidad como una duración.
Hacen falta las tres. La reencarnación y el purgatorio encubren la verdad
que esta vida es única, irreparable, la única en la cual podemos perdernos o
salvarnos. El paraíso y el infierno encubren la verdad que la salvación
pertenece a la única perfección, y la condenación a la única traición, y que
el alma imperfecta, pero siempre vertida hacia el bien, no es propensa ni a
la una ni a la otra. La noción materialista del aniquilamiento excluye la
verdad esencial, primera, que la única necesidad del alma es la salvación y
que todo el sentido de la vida es constituir una preparación para el
instante de la muerte. La creencia en la inmortalidad disuelve la pura
amargura y la realidad misma de la muerte, que es para nosotros el don más
precioso de la Providencia divina.
Se puede pensar: Primero, que la noche oscura de la agonía, para las almas
que han franqueado cierto pórtico sobre el camino de la perfección, opera la
purificación mediante la cual nos imaginamos que miles de siglos de
purgatorio son necesarios. Segundo, que al término de esta purificación el
júbilo infinito, eterno y perfecto de Dios entra en el alma infinita y la
hace estallar, morir como una burbuja. Tercero, que las almas que están por
debajo del pórtico, apegadas a sí mismas y a este mundo, desaparecen simple
y sencillamente, ya sea, resintiéndolo con un espantoso dolor, ya sea en la
inconciencia. Semejante desaparición es un mal infinito, mal que está
representado por el infierno.
No podemos representarnos la existencia sino en el tiempo, y en consecuencia
no hay diferencia con respecto a nosotros entre el aniquilamiento y la vida
eterna, sino en la luz. Un aniquilamiento que es luz, eso es la vida eterna.
El infierno es eterno. Esto no quiere decir que dure para siempre, sino
solamente que no hay más futuro para las almas perdidas; que éstas no serán
salvadas jamás. Esto es algo que hay que creer. Realmente hay que hacerlo.
El infierno es una llama que quema el alma. El paraíso también. Pero, según
la orientación del alma, esta sola y única llama constituye el mal infinito
o el bien infinito, el fuego del infierno o del Espíritu Santo. Este fuego,
es "la cosa con doble filo, la cosa de fuego, lo eterno viviente, el
relámpago." (Himno a Zeus de Cléanthe.)
El júbilo le es ofrecido, ella no lo quiere, y este rechazo es el infierno.
Así es cómo el relámpago es el fuego que se apodera de todos los seres y los
juzga (Heráclito). Mata a los Titanes y hace nacer a Dionisio. (Ibid.,
pp.94-95.)
La comunión es buena para los buenos y mala para los malos. Así las almas
condenadas están en el Paraíso, pero para ellas el Paraíso es el
infierno.(...)
No creer en la inmortalidad del alma, pero considerar toda la vida como
destinada a preparar el instante de la muerte; no creer en Dios, pero amar
el universo, siempre, aún en la angustia y el sufrimiento, como a una
patria; es ése el camino hacia la fe por la senda del ateísmo. (Ibid.,
pp.96.)
El freudianismo sería absolutamente cierto si el pensamiento en él no
estuviera orientado de tal manera que resulta absolutamente falso. (Ibid.,
p.98)
Reprocharle a los místicos amar a Dios con la facultad del amor sexual es
como si se le reprochara a un pintor el hacer cuadros con colores que están
compuestos de sustancias materiales. No tenemos otra cosa con qué amar.
Podría hacérsele, por lo demás, el mismo reproche a un hombre que ama a una
mujer. El freudianismo en su totalidad se encuentra saturado del mismo
prejuicio que se ha dado por misión combatir: a saber, que todo lo que es
sexual es vil. (...)
Existe una diferencia esencial entre el místico que tuerce
violentamente hacia Dios la facultad de amor y de deseo del cual le energía
sexual constituye el fundamento fisiológico, y la falsa imitación del
místico, quien, dejándole a esta facultad su orientación natural, y dándole
un objeto imaginario, imprime a este objeto, como etiqueta, el nombre de
Dios. La discriminación entre estas dos operaciones, de las cuales la
segunda se encuentra hasta por debajo del libertinaje, es difícil, pero
posible. (Ibid., p.99)
El ser que tiene contacto con lo sobrenatural es por esencia rey, puesto que
es presencia en la sociedad, bajo forma de lo infinitamente pequeño, de un
orden trascendente al social.
Pero el lugar que ocupa en la jerarquía social es enteramente
indiferente. Es en su lugar centro de gravedad. (Ibid., p.109)
Es en tanto que ser limitado que se requiere renunciar a sí, y a dicho
efecto hace falta solamente reconocer todas las cosas limitadas como tales.
Si yo pensara todo lo que es limitado como limitado, no habría ya nada en mi
pensamiento que procedería del yo. A través de mi, Dios y la creación
estarían en contacto.
Los seres que amo son criaturas. Nacieron del azar de un
encuentro entre su padre y su madre. Mi encuentro con ellos también es un
albur. Morirán. Lo que piensan, lo que sienten y lo que hacen está limitado
y mezclado de bien y de mal.
Saber esto con toda mi alma, y no amarles menos. (...)
Dios ama infinitamente las cosas finitas en tanto que finitas.
(Ibid., p.111.)
El sufrimiento como ko-an. Dios es el maestro que provee este ko-an, lo
aloja en el alma como algo irreducible, un cuerpo extraño, no digerible, y
obliga a pensar en él. (Ibid., p.111.)
Como no puede esperarse que un ser desprovisto del estado de gracia sea
justo, se necesita una sociedad organizada de forma tal que las injusticias
se castiguen unas a otras en una oscilación perpetua. (...)
En un alma en equilibrio, el centro de gravedad es inmóvil.
(Ibid., p.113)
Hay que aceptar la muerte enteramente como aniquilamiento.
La creencia en la inmortalidad del alma es perniciosa porque
no reside en nosotros el poder de representarnos el alma como verdaderamente
incorpórea.
Así, esta creencia de hecho es creencia en la prolongación de la vida, y
elimina el valor educativo de la muerte.
Este mundo, antro de la necesidad, no nos ofrece absolutamente
nada fuera de los medios. El bien relativo es el medio. Nuestro anhelo
incesantemente rebota de un medio a otra como una bola de billar. (Ibid.,
p. 121.)
Amar al prójimo como a sí mismo implica como contrapartida: amarse a sí
mismo como se ama lo que nos es ajeno... (Ibid., p.124.)
Dos prisioneros, en celdas vecinas, se comunican por medio de golpes contra
el muro. El muro es lo que los separa, pero también lo que les permite
comunicarse. Así nosotros con Dios. Toda separación es un nexo. (Ibid.,
p.121)
El ejercicio de la fuerza es una ilusión. Nadie la tiene; es un mecanismo.
El diablo preside esta ilusión (San Lucas). La fuerza es puro encadenamiento
de condiciones. Cada ser se halla sumiso al peso del universo entero. El
otro mundo sólo puede hacer contrapeso. La Cruz es la balanza. (Ibid.,
p.128.)
A TODOS LOS LECTORES Y AMANTES DEL IMPECABLE ESPÍRITU GUERRILLERO DE NUESTRA
´´MARCIANA VIRGEN ROJA´´ (REINTERPRETADA ´´VERDE´´ EN NUESTRO TIEMPO), LES
COMPARTIMOS LA ALEGRÍA DE REDESCUBRIR Y PROFUNDIZAR EN SU INAGOTABLE FUENTE
DE SAPIENTIA. El Instituto Simone Weil, A.C. creado en Valle de Bravo en
1989, recupera su legado y pone al día sus trabajos ´´por un mundo mejor´´.
Esta semana les avanzaremos más joyas de esta parte del libro que pronto
podrán encontrar en el sitio que ya construimos gozosamente para la mutua
edificación.
¡Mamadoc a la orden!
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