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| Asunto: | [redanahuak] Budismo, Sexo, Sexualidad y Genero / Win Hunter y John Delnevo / Revista Soka Gakkai Internacional UK | | Fecha: | Martes, 18 de Mayo, 2004 02:15:55 (-0500) | | Autor: | Ricardo Ocampo <redanahuak @...............mx>
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Budismo, Sexo, Sexualidad y Genero / Win Hunter y John Delnevo / Revista Soka Gakkai Internacional UK
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Gracias por difundir este aviso entre todos tus contactos!
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From: Gustavo Enrique Böhm <gustavobohm@fibertel.com.ar>
Date: Mon, 17 May 2004 23:59:20 -0000
To: androia@gruposyahoo.com
Subject: (androia) NUEVO EN EL GRUPO
Hola a todos,
soy nuevo en el grupo y quería presentarme.
Me interesó esto de la sexualidad y la espiritualidad. Yo soy
Budista, practico el Budismo de Nichiren Daishonin desde hace unos
ocho años. Soy argentino, tengo 42 años y trabajo como actor de
teatro en Buenos Aires.
Me gustaría compartir algunos artículos relacionados con la postura
de mi religión en relación con la homosexualidad, porque supongo que
viene a cuento con la temática del grupo.
Les mando un abrazo
Gus
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SEXO, SEXUALIDAD Y GÉNERO
DESDE LA PERSPECTIVA DEL BUDISMO
Material basado en "Sex, Sexuality and Gender" de Win Hunter y John
Delnevo, publicado en "UK Express Nº296", revista oficial de la Soka
Gakkai Internacional del Reino Unido, Febrero de 1996.
"¡Es machito!", dijo la partera. Pero, ¿qué fue lo que vio la partera
para lanzar semejante afirmación? Los genitales del bebé, por
supuesto.
Esto de los genitales parece haber sido siempre algo muy importante
para los padres, quienes quieren saber si el bebé tiene buena salud,
si no nace con algún problema o malformación y, claro, si es hembra o
machito. Incluso en el registro obligatorio del nacimiento del niño
se requiere justamente ese dato. ¿Qué es? ¿ varón o es mujer?
Y en realidad el dato sobre los genitales no es para nada banal, si
tomamos en cuenta que en el futuro tendrá peso sobre ámbitos tan
dispares como la carrera profesional, la posible entrada en las
fuerzas armadas, la elección de una persona para compartir la vida.
Según sea el ámbito cultural y socioeconómico al que este niño
pertenezca, ya desde su primer llanto en brazos de la partera se
habrá depositado sobre él una gran cantidad de anhelos diferentes
sobre cómo este niño se desenvolverá en el futuro y lo que llegará a
ser. Es decir que, para muchos de nosotros, la identidad está
íntimamente ligada al género sexual.
Las diferentes culturas y sociedades a través de la historia han
tratado con el tema de las conductas sexuales de muy diversas
maneras, a veces desde la ley, a veces por la costumbre, a veces con
sanciones contra aquellos que rompieran los códigos establecidos. Los
códigos morales se han transformado y evolucionado, decidiendo
siempre lo que puede ser catalogado como "correcto" o "natural" y lo
que no lo es, y la gente se ha visto compelida a aceptar unos u otros
códigos, quizá para ponerle un sentido a un tema que no deja de ser
bastante confuso.
Dentro de los diferentes contextos culturales, el del Budismo resulta
sumamente refrescante si pensamos que no propone reglas sobre lo que
está bien o lo que está mal, lo que es o no apropiado en relación a
la conducta sexual. No existe una lista de lo que debe y no debe
hacerse para a aquellos que practican el Budismo de Nichiren
Daishonin. Por el contrario, aquí la responsabilidad cae
completamente en cada uno de los individuos que practicamos esta
filosofía, quienes nos asumimos como responsables de todo lo que nos
ocurre en nuestras vidas, incluyendo la forma en que decidimos vivir
nuestra sexualidad.
El Budismo enseña que debemos tener un respeto fundamental por cada
individuo y por la dignidad de la vida en sí misma. No existe ningún
mandamiento que nos obligue a renunciar a nada para poder practicar
el Budismo, ya que la sabiduría de cómo debemos comportarnos emerge,
justamente, de la práctica, cuando cantamos Nam-myoho-rengue-kyo,
comprendiendo que cada causa que realicemos tendrá un efecto sobre
nuestras vidas. Nichiren Daishonin nos dice que todos podemos
manifestar la budeidad tal como somos.
La discriminación
Partiendo de que nadie es incapaz de alcanzar la iluminación, está
claro que no existe lugar para la discriminación basada en el género
o la tendencia sexual en las enseñanzas budistas. En términos del
karma, somos quienes somos por las causas realizadas que nos llevaron
a nacer en determinado ámbito cultural, en determinado momento, con
las características particulares que afectan nuestra personalidad,
habilidades y capacidades físicas y mentales, y también, por
supuesto, nuestros genitales. Nichiren Daishonin escribe:
"No debería existir discriminación entre aquellos que propagan los
cinco caracteres de Myoho-rengue-kyo en el Ultimo Día de la Ley, se
trate de hombres o de mujeres. Si no fueran bodhisattvas de la
Tierra, no podrían invocar el dáimoku".
Principales Escritos de Nichiren Daishonin, Vol. 1, p. 93
(La verdadera entidad de la vida).
Nuestra verdadera entidad no tiene forma, pero se manifiesta con las
características que nos individualizan
En términos de la visión budista de la eternidad de la vida, hemos
nacido en diferentes circunstancias y en diferentes tiempos, a veces
como hombres y a veces como mujeres. Nuestra entidad no tiene género,
no tiene sexualidad, de hecho, no tiene forma alguna. De cualquier
manera, al nacer dentro de una existencia en particular, manifestamos
características físicas mentales y emocionales propias, por medio de
las cuales nos relacionamos con el resto de la sociedad.
La integración
El Budismo enseña que todos y todo se encuentra interrelacionado en
el universo. Nuestra lucha, entonces, es encontrar el camino para
expresar nuestra individualidad mientras que, al mismo tiempo,
vivimos en armonía con el resto de la sociedad, de la cual somos
parte integrante. Muchos de nosotros sufrimos al intentar expresar
nuestra identidad como individuos dentro de una sociedad en la que
existen todo tipo de discriminaciones, la cual muchas veces ataca a
aquellos que no se conforman con ciertas "normas". De hecho, los
roles sexuales han variado a través de la historia y en las
diferentes cultura. La costumbres de que sean las mujeres las que se
encarguen de la crianza de los niños, en lugar de los hombres, se ha
utilizado muchas veces para delinear ciertas normas. A pesar de que,
naturalmente, existen factores biológicos que nos diferencian a unos
de otros, lo que es cuestionable es que el factor biológico en sí sea
parámetro para definir nuestro rol en la sociedad.
Cambio de roles
Los roles suelen cambiar de acuerdo con variaciones socioeconómicas.
Por ejemplo, en Gran Bretaña, durante la Primera Guerra Mundial, las
mujeres comenzaron a realizar una serie de tareas que
tradicionalmente llevaban a cabo los hombres. Este cambio, que le
permitió a la mujer asumir mayor responsabilidad social en ausencia
de los hombres, resultó crucial en la dinámica posterior de la
relación hombre-mujer. Condujo luego a modificaciones más profundas
como, por ejemplo, el voto femenino. Los cambios suelen ocurrir a
partir de las acciones de aquellos que se niegan a aceptar
pasivamente esas normas. Si aquel que se opone resulta o no
discriminado, eso depende del clima social que prevalezca en ese
momento. Antes de la Primera Guerra Mundial, los hombres y mujeres
que luchaban por el voto femenino, eran socialmente condenados;
luego, el medio había variado lo suficiente para permitirles el éxito
en su lucha.
El grupo que sostiene mayor poder económico es, generalmente, quien
mayor influencia ejerce en la definición de las normas sociales. Los
mismo ocurre en una simple relación entre dos personas y puede ser
ejemplificado también claramente al hacer una descripción de clases
sociales en cualquier sociedad. Cuando existe un balance desigual
aparecen normas enfermizas que sirven para sostener el abuso de
poder. Los roles de "víctima" y "victimario" evolucionan en
relaciones que crean una perpetuación del esquema cristalizando a las
víctimas en una determinada capa social o grupo humano que se siente
demasiado débil para reconocer su propio poder y ejercerlo.
La ausencia de mandamientos en el Budismo
En el Budismo no existe el concepto de "pecado". Todas las personas
somos igualmente merecedoras de respeto en tanto y en cuanto todos
poseemos la Budeidad. Pero recién cuando tomamos una completa
responsabilidad sobre nuestra situación podemos usar el inmenso poder
de nuestra Budeidad para modificar nuestra situación; entonces,
el "victimario" puede modificar su impulso de generar sufrimiento, y
la "víctima", por su parte, cambiar su tendencia de ser oprimida. En
este sentido, todos somos libres de usar nuestro potencial.
El Budismo carece de una lista de "mandamientos", porque considera
que basar la conducta humana en reglas externas puede generar una
sensación de temor a una retribución negativa de origen externo, a
cargo de un "otro" que decidiría nuestro destino según nuestra
respuesta al código de conducta, lo que va en contra de la filosofía
de la Causa y el Efecto. En las religiones que tienen este tipo de
mandamientos, romper ese código moral equivale a "pecar", y eso
genera una sensación de "culpa", concepto al que tampoco se le da una
entidad verdadera en el Budismo.
No podemos cambiar nuestras acciones pasadas (la serie de causas-
efectos correspondientes ya están grabados), pero podemos reconocer
de corazón el daño que hemos causado a la dignidad de nuestra propia
vida o de otras, y orar al Gohonzon aceptando plenamente la Ley de
Causa y Efecto. Eso ya es Causa de Budeidad. Cada entonación sincera
del dáimoku lo es. Y es importante también interiorizar la idea de
que no existe fuerza externa que nos castigue, sino retribuciones
kármicas de nuestras propias acciones, de las cuales sólo nosotros
mismos somos responsables. Somos responsables de todo lo que nos
ocurre.
El respeto
Al abrazar la Ley Mística y cantar Nam-myoho-rengue-kyo ante el
Gohonzon, estamos expresando un profundo respeto hacia la función
única que tiene cada existencia en el universo, basados en que toda
vida posee la Budeidad inherente, cuyas cualidades son: misericordia,
sabiduría, coraje y fuerza vital.
Sobre el balance en una relación, Nichiren Daishonin comparó a marido
y mujer con las alas de un ave, que debían moverse armónicamente para
poder permitirle al ave volar. Esto significa que ambos integrantes
de la pareja deben basar su relación en el respeto mutuo.
Deseos mundanos y sexualidad
El sexo es una fuerza dominante en la vida. Después de todo es el
medio de nuestra perpetuación y supervivencia y es en ese aspecto en
el que muchas sociedades fundan su concepto de que la procreación es
la única función legítima de la sexualidad. Sin embargo, nosotros
tenemos notables diferencias con el resto del mundo animal. Por
empezar, no respondemos a "estaciones" para la procreación, sino que
somos capaces de mantener un sexo activo en cualquier momento,
incluso luego de la menopausia femenina. Nuestro cuerpo está cubierto
de zonas erógenas y además, expresamos nuestras emociones también a
través de la sexualidad.
Si damos una mirada general, podemos afirmar sin temor a equivocarnos
que el ser humano no se ha destacado por ser increíblemente diestro
en el manejo de su sexualidad. Quizá nos cuesta admitirlo, porque
sabemos que algo muy fuerte se esconde detrás de todo eso que
involucramos bajo la categoría de "sexo". Todos reconocemos en
nuestra propia experiencia aquel momento de nuestra adolescencia en
que comenzamos a lidiar con el sexo, donde aun ni siquiera se trataba
del temor hacia el otro, hacia el cómo acercarnos hacia nuestro
objeto de deseo, sino en el profundo temor hacia nosotros mismos, al
percibir esas "fuerzas" que comenzaban a moverse en nuestro interior
y con las cuáles no sabíamos qué hacer.
Algunas personas se muestran profundamente contrariadas al conocer
las prácticas sexuales de otros, aun cuando estos otros no tengan
nada que ver con su vida. ¿Por qué? Después de todo, los gustos de la
gente en cuanto a alimentos, decoración, moda, no parecen provocar
los mismos sentimientos en los demás, al menos no con el mismo grado
de emoción.
El Budismo ve la sexualidad como uno de nuestros deseos mundanos, y
sabemos, por la filosofía del Budismo de Nichiren Daishonin que,
siempre que uno canta Nam-myoho-rengue-kyo, los deseos mundanos son
la iluminación. No emite el Budismo juicio alguno sobre las virtudes
y defectos de la sexualidad. La sexualidad, para el Budismo, no es ni
buena ni mala, simplemente es. El hecho de que la expresión de esta
sexualidad se conduzca por un camino positivo o negativo depende
únicamente de nuestro estado de vida cuando le damos curso a nuestros
deseos (o cuando los reprimimos). Por ejemplo, si nos sentimos
atraídos hacia alguien a quien no respetamos realmente, seguramente
la relación sexual estará basada en alguno de los estados bajos de la
vida, quizá el de Animalidad. En tal caso, nuestro comportamiento
será gobernado únicamente por nuestros instintos, sin dejar lugar a
la reflexión sobre la consecuencia de nuestra acción. Si, en cambio,
cantamos dáimoku para esclarecernos a nosotros mismos sobre el
sostener o no una relación, ya estamos inscribiendo esa relación
desde el estado de Buda. El resultado podría ser, incluso, que
decidamos no tenerla, o que decidamos tenerla y lo hagamos basados en
el mutuo respeto. Las personas somos diferentes, y reaccionamos de
manera diferente ante circunstancias similares, dependiendo esto de
un verdadero cocktail de elementos, en el cual el estado de vida es
uno de los más importantes. Es por eso, también, que en el Budismo no
podrían existir "mandamientos" o reglas fijas, sin contradecir su
propia filosofía. El cantar dáimoku le permite a la persona tomar la
decisión correcta para su vida, pero esta decisión puede ser
completamente diferente en un caso y otro, aunque desde afuera las
circunstancias parezcan las mismas.
Las ilusiones
Naturalmente se vuelve sumamente difícil descubrir si nos estamos
dejando guiar por la Budeidad al mantener una relación, o simplemente
nos conduce la pasión. Quizá se deba a esto que religiones y
sociedades se han encargado de establecer parámetros con los cuales
regular una "sexualidad correcta". Claro que podemos comprender que
la expresión indiscriminada de la sexualidad no sea, probablemente,
una buena base para la creación del valor; pero lo que también
debemos saber es que la supresión de nuestros deseos sin examinar su
naturaleza puede resultar sumamente destructiva. Es justamente a
partir de este encuentro con nuestros deseos mundanos, de cualquier
tipo que sean, donde logramos nuestra iluminación.
El tema del poder
Nuestra filosofía nos enseña que, el intentar ser alguien que no
somos, nos conduce necesariamente a sentirnos seres inadecuados y
faltos de poder, sentimientos negativos que incluso pueden generar
problemas de naturaleza sexual. Por ejemplo, una persona que se
siente débil e inadecuada, puede maltratar a otros para sentirse
poderoso. Se sabe que la violación sexual es algo que se refiere más
el ejercicio del poder que a la sexualidad.
El poder sexual también puede ser utilizado de modo "subversivo": Uno
de los dos puede usar los deseos sexuales del otro para conseguir
algo concreto a cambio. Los que usan el poder sexual de esta manera,
sin lugar a dudas se faltan el respeto a sí mismos y a los
involucrados.
Crear valor: El tema de la misión.
Confundir nuestra identidad atenta contra nuestra misión
Nam-myoho-rengue-kyo, la Ley universal de la vida, abraza todas las
cosas, por lo que es absolutamente natural cantar dáimoku por nuestra
sexualidad. La pregunta que necesitamos hacernos ante cada relación
sexual es: "¿Crea valor?". Esta pregunta vale tanto para cuando uno
está casado, comprometido o se trata de una relación informal.
Los códigos morales vigentes en la sociedad de la que somos parte nos
pueden causar dificultades a nivel personal, o no. En términos de
Budismo, lo importante es desarrollar sabiduría para comprender el
mejor camino por el cual podemos vivir nuestro "rol" y crear valor en
la sociedad, más allá de las normas que prevalezcan. Cuando logramos
llevar nuestra naturaleza de Buda a todas las áreas de nuestra vida,
recién entonces, podemos considerar que nos estamos moviendo con
verdadera libertad. Es a través de nuestra práctica que encontraremos
el coraje de expresarnos tal cual somos, seamos quienes seamos. Como
nos dice Nichiren Daishonin, la relación entre nuestra Budeidad y
nuestro cuerpo físico es importante:
"En mi corazón, abracé hasta cierto punto la fe en el Sutra del Loto,
pero mi cuerpo, que exteriormente es humano, en su esencia es el de
un animal, que en alguna época subsistió a fuerza de comer carne de
aves y de peces, y fue concebido con los fluidos de hembra y de
varón. Mi espíritu habita en este cuerpo, como la Luna que se refleja
en el estanque fangoso o el oro envuelto en un saco mugriento".
Principales Escritos de Nichiren Daishonin, Vol. 1, p. 37
(Carta desde Sado).
Nuestra naturaleza de Buda es nuestra verdadera identidad y se
expresa a través de nuestras características físicas y mentales. Es
cuando nos sentimos conformes con nuestra identidad que hacemos una
buena contribución a la sociedad de la cual somos miembros. Cuando
nuestras acciones se basan en una identidad fuerte, podemos crear
valor, pero para eso es requisito que nos conozcamos a nosotros
mismos sin negar ningún aspecto de nuestra manera de ser.
El kosen-rufu
El Budismo es profundamente no-juzgador. Al movimiento por el kosen-
rufu se pueden sumar socialistas y conservadores, carnívoros y
vegetarianos, heterosexuales y homosexuales; hombres, mujeres y
transexuales. Nos basamos en el respeto a la Budeidad inherente del
otro, sin fijarnos en opiniones previas que nos lleven a prejuzgar.
Lo único que importa realmente es el respeto por la Ley Mística y el
respeto por la propia Budeidad. Si uno daña a otro, está faltando el
respeto a su propia Budeidad, además de a la del otro. Si uno se daña
a sí mismo, también falta el respeto al otro, porque aquél necesita
de mí completamente y tal como soy, para que yo pueda cumplir con mi
función única en el universo, y que el otro necesita de mí.
¿Existe algo claramente prohibido en Budismo? Nichiren Daishonin nos
orienta para que tengamos cuidado con la calumnia hacia nosotros
mismos, hacia los demás y hacia la Ley Mística. Esto está dicho con
espíritu misericordioso, porque la calumnia nos va a causar
necesariamente mucho sufrimiento, ya que el que calumnia no respeta
la dignidad de la vida. Pero aún si hemos calumniado y sufrimos por
esa causa, no estamos "condenados" por la eternidad ni mucho menos.
Nichiren Daishonin enseña que, por medio de entonar dáimoku ante el
Gohonzon, uno transforma el veneno en medicina. Incluso el
responsable de los actos más terribles contra la dignidad de la vida
puede cambiar radicalmente a partir de la práctica sincera y
transformar su ambiente. La enseñanza del Budismo es una lucha
constante para lograr el respeto hacia uno mismo y hacia los demás.
En palabras de Ikeda sensei: "Nada es más digno de respeto que usted
mismo, ese es el mensaje del Sutra del Loto".
Vivir su propia vida con dignidad, coraje y tolerancia.
Del 8 al 11 de marzo del 2001, se desarrolló en Florida el seminario
de homosexuales de la SGI-USA. Un miembro del a SGFrancia, Albert
Benamou, tuvo la suerte de poder participar en ese seminario de
estudio organizado en el marco excepcional del centro de la SGI, el
Florida Nature and Culture Center.
Una carpeta muy bien preparada, que comprendía numerosos textos de
estudio budista, fue entregada a los participantes a la llegada.
Además de los diferentes discursos e intervenciones de los
responsables de la SGI-USA, tres conferencias principales
puntualizaban este seminario.
- La primera tenía por tema: En qué consiste nuestra identidad
según una perspectiva budista? Qué significa: "la iluminación tal
cual somos"? Cuál es nuestra misión? Cómo podemos utilizar la fe para
trascender las ofensas?
- La segunda trataba de: Perspectiva budista sobre la libertad:
el espíritu Soka.
- La tercera tenía por tema: "Qué es la felicidad"?
Varias experiencias fueron contadas a lo largo de los tres días:
Arlene Terras (Filadelfia) explicó cómo, luego de haber descubierto
su homosexualidad, luchó contra la imagen de mujer casada que se
había forjado y que pensaba que debía dar al exterior.
Nancy Burns (San Francisco) comenzó su experiencia contando la
desaparición pura y simple de su marido dos días luego de su
casamiento y su sorpresa la descubrir que él ya estaba casado con
otras dos mujeres! Seguidamente conoció a Diana con la que vive ahora
y con quien se siente feliz. Ella citó una orientación del Sr.
Sonoda: "Nuestro problema fundamental es que no somos felices. Cómo
resolverlo? Aprecien lo que son. Ustedes son budas [...] Cuando son
niños, no les enseñan cómo caminar, pero cuando crecen, las personas
(padres, maestros, etc.) quieren controlarlos. Ustedes se vuelven
infelices. Sean como un árbol. Un árbol permanece un árbol incluso si
le dan una patada o lo maldicen! Está en armonía consigo mismo. No
presta atención a lo que ustedes hacen. Es precisamente un árbol
mientras que los seres humanos reaccionan de diferentes maneras. Muy
frecuentemente no vivimos en armonía con nuestra verdadera
naturaleza, y somos barridos por las opiniones y los pensamientos de
los demás alrededor nuestro. Recitar NMRK es ponerse uno mismo en
armonía". Nancy terminó su intervención con esta frase: "Y yo quiero
que (como el del león) el rugido de mi voz llame a la compasión,
dignidad, coraje y tolerancia en mi mundo."
Bill Endsley (Chicago) abordó el siguiente tema: cuál es el sentido
de mi misión? Luego de haber leído un texto de presidente Ikeda sobre
el estudio que permite profundizar nuestra convicción, forjar nuestra
determinación, y formar las bases de nuestra acción, Bill se dio
cuenta que había nacido sobre esta tierra para ayudar a los (as)
homosexuales a dirigirse hacia la felicidad absoluta.
Y en ese sentido, sus actividades en la sociedad le fueron tan
importantes como las de la organización.
El seminario terminó el 11 de marzo con la entrega de certificados de
participación a las personas presentes y calurosos alientos de parte
de los antecesores.
El presidente de la SGI envió un mensaje:
"Mis más sinceras felicitaciones por su conferencia de homosexuales y
amigos!
Espero de todo corazón, que todos ustedes, que están reunidos hoy,
aprovechen plenamente esta ocasión para dialogar, y que encuentren,
en los intercambios mutuos, todo el aliento que necesiten para ir
hacia adelante y construir una red de relaciones humanas armoniosas.
Como Nichiren Daishonin declaró: "A través del ejemplo de una sola
persona, todos los seres humanos se vuelven iguales."(G.Z., p 564)
El budismo enseña la igualdad, y constituye la forma más alta de
humanismo. Todos los seres humanos tienen iguales derechos. La vida
de todos posee la misma dignidad inherente, sin la menor diferencia
ni la más pequeña excepción. Por consiguiente, sean cuales fueren las
situaciones que deban enfrentar, vivan con orgullo, confianza y
coraje.
Para vivir con dignidad, debemos consagrarnos a la recitación del
dáimoku. Una oración resuelta nos vuelve más fuertes, más luminosos,
más felices.
Los exhorto a permanecer fieles a ustedes mismos, y a vivir libres,
pues en cada uno de ustedes se encarna la Ley Mística.
Sean ejemplos para vuestra comunidad y para la sociedad, teniendo
siempre el deseo de contribuir a la felicidad de muchos otros. A
través de esos esfuerzos, la vida brilla con una espléndida belleza.
Oro desde el fondo del corazón por vuestra gran felicidad, y para que
vivan en paz y seguridad."
Daisaku Ikeda
8 de marzo de 2001
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