| Asunto: | [redanahuak] XANTOLO - MIJKAILJUITL / Simbolismos en la Celebracion del Dia de Muertos / Meditaciones Planetarias OPA / Nov 1-2 / Origen de la Fiesta de Todos los Santos (Jerarquia Planetaria) | | Fecha: | Viernes, 29 de Octubre, 2004 12:36:18 (-0500) | | Autor: | Anahuak Home <redanahuak @...............mx>
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PROXIMAS CITAS:
1 Nov. DÍA de los SANTOS o JERARQUÍA PLANETARIA
2 Nov. DÍA de TODOS los DIFUNTOS
12 Nov. Meditación OPA
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indicado a las 12:00 h. tiempo local o cualquier otra que elijas, mediante
rezo, oración, meditación o cualquier otro método ritual, creativo,
artístico o tradicional según tus costumbres. Enfoca en tus intenciones el
mundo que deseas como si ya lo estuvieras viviendo, justo, solidario y
amoroso.
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From: "Edgar Jerezano A." <torasyah@...>
Date: Fri, 29 Oct 2004 16:59:10 +0200
Subject: [redanahuak-admin@...] XANTOLO - MIJKAILJUITL
XANTOLO - MIJKAILJUITL
Simbolismos en la Celebración del Día de Muertos
El nombre indígena de esta celebración es Xantolo vocablo latín nahuatlizado
(del latín Sanctorum, cuyo significado es "Todos los Santos"), antiguamente
se llamaba mijkailjuitl que significa fiesta de muertos.
LA TRADICIÓN INDÍGENA: La ofrenda indígena se remonta al periodo preclásico
tardío, unos 1800 años a. de C., pues sepultaban a sus muertos con ofrendas
específicas. Más tarde, más o menos 1500 años a. de C., los pueblos del
periodo preclásico sepultaban los cadáveres acompañados con ricas ofrendas
de cerámica, alimentos y utensilios personales. El culto a los muertos en
los pueblos prehispánicos es la concepción de una nueva vida en el más allá,
en la región de los Dioses, de la vida y del alimento: Ometecuhtli y
Omecíhuatl y de ahí la idea de acompañar a los difuntos con lo necesario
para esa nueva vida, presidida por Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, dioses
que vivían en el Mictlán: lugar de los muertos. Los integrantes de esos
pueblos antes de sacar un cadáver de su casa le colocaban mucha comida y
flores; después de exhumarlos le honraban durante cuatro días, colocándole
ofrendas hasta dos veces al día.
El noveno mes del calendario azteca, que comenzaba el 8 de agosto, estaba
dedicado a la fiesta de los pequeños difuntos, y era además la preparación
para la celebración del mes siguiente que estaba dedicado a los adultos
fallecidos. En él se les festejaba con ofrendas de alimentos y bebidas.
Después de la conquista las fiestas para los chicos y grandes dejaron de
celebrarse en el mes de agosto.
¿Conque he de irme, cual flores que fenecen?
¿Nada será mi nombre alguna vez?
¿Nada dejaré en pos de mí en la tierra?
¡Al menos flores, al menos cantos!
¿Cómo ha de obrar mi corazón?
¿Acaso en vano venimos a vivir, a brotar de la tierra?
Sólo dejaré de ir cuando se acaben los jardines.
¿Qué será de mi fama con el tiempo?
¿Dejaré cuando menos unas flores, cuando menos unos cantos?
¿Qué hará mi corazón?
¿En vano hemos llegado a aparecer en el mundo?
"Decían los antiguos que cuando morían, los hombres no perecían, sino que de
nuevo comenzaban a vivir, casi despertando de un sueño y se volvían
espíritus o dioses. Y cuando alguno se moría, de él solían decir que era
Teotl." SAHAGÚN
Una de las concepciones fundamentales del mundo antiguo, es la idea de la
indestructibilidad de la fuerza vital, que subsiste más allá de la muerte.
Su observación les enseñó que todo está sometido a un constante proceso de
transformación; que la forma cambia, puede ser, es y es destruida, pero que
conserva la fuerza vital a la cual debe su existencia; lo eterno, aquello
que no puede desaparecer, pues una y otra vez vuelve a resurgir en forma
distinta. En esta idea de la resurrección reside el verdadero sentido de la
vida que no se pierde, que se conserva, se renueva y vuelve a nacer. Para el
creyente, la muerte es el reencuentro pues cree en un más allá y muere feliz
de reintegrarse al universo. Para él, el muerto sigue vivo en la otra vida,
en el recuerdo y en el corazón del que le guarda luto.
En la idea de que la vida contiene ya el germen de la muerte, se expresa un
principio dualista. La idea de la resurrección humana se basa en la
reaparición de los astros después de que han descendido detrás del horizonte
al mundo de los muertos, y también en el surgimiento del maíz, después de
ser arrojado a las entrañas de la tierra, muere y renace transformado en una
hermosa planta.
El hombre de la civilización occidental, considera la muerte -simbolizada en
las Parcas de los griegos, que cortan el hilo de la vida- como el fin. La
tragedia griega fue uno de los modos de dignificar la muerte y con la
crucifixión de Cristo y su resurrección se pretende llegar a la muerte de la
muerte.
En México existe la idea de que en el más allá se le da al difunto licencia
para visitar a sus parientes que se han quedado en la tierra y por tanto,
hay que festejar y agasajar a tan ilustre huésped. En ocasiones se riegan
flores y hojas para que el difunto no se extravíe. Son los muertos quienes
inician el convite y que nadie puede tocar sus manjares mientras ellos no se
hayan servido libremente. Cada difunto tiene su puesto señalado en la mesa y
está representado por una vela encendida. (La llama simboliza el espíritu
del muerto y de los dioses). Después de aceptar el difunto la ofrenda y
haberse llevado el olor de los platillos, los vivos se regalan con las
buenas cosas.
¿A dónde iré?
¿A dónde iré?
El camino del Dios Dual.
¿Por ventura es tu casa en el lugar de los descarnados?,
¿Acaso en el interior del cielo?
¿O solamente aquí en la tierra es el lugar de los descarnados?
Ms. Cantares Mexicanos, Fol. 35 v.
Para hablar del Mictlán (lugar de los muertos) y de Mictlantecuhtli y
Mictlancihuatl (señor y señora de la muerte) tenemos que desprendernos de la
concepción occidental de la muerte. En efecto, para nuestros viejos abuelos
la relación de la vida está indisolublemente unida a la muerte, binomio
dialéctico vida-muerte, muerte-vida. No podemos tener conciencia plena de la
vida, sino existe conciencia plena de la muerte.
Esta enseñanza que todos los días nos lo hace vivir el propio Sol-Tonatiuh,
naciendo incansablemente por oriente y muriendo indefectiblemente por el
poniente; lo mismo que Tonantzin “nuestra querida madre” o Xochiquetzal “la
señora de las flores” que permanentemente siguen este ciclo cósmico del
nacer y el morir - morir y nacer. “Ni la naturaleza ni el hombre están
condenados a la muerte eterna. Las fuerzas de la resurrección actúan: el sol
reaparece cada mañana después de haber pasado la noche “bajo la llanura
divina”, Teotlallitic. Venus - Quetzalcoatl muere y renace; el maíz - centli
muere y renace; del mismo modo que la luna desaparece del cielo y reaparece
al ritmo de sus fases. La muerte y la vida son dos aspectos de una misma
realidad. La vida brota de la muerte, como la pequeña planta, del grano que
se descompone en el seno de la tierra. El guerrero muerto en el campo de
batalla o en la piedra de los sacrificios se convertía en un “compañero del
águila”, cuauhtecatl,
es decir, en un compañero del sol”.
“cuando morimos,
no en verdad morimos,
porque vivimos, resucitamos,
seguimos viviendo, despertamos,
Esto nos hace felices
...
¿Acaso de verdad se vive en la tierra?
No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí.
Aunque sea jade se quiebra,
Aunque sea oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra,
No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí”.
La vida, en el México antiguo, tenía como principal objetivo llegar
purificado a la muerte, que no era otra cosa, que LA VIDA LUMINOSA DE LA
CONCIENCIA. Vivir para morir, sufrir para vivir eternamente. De esta manera
la vida era un desafío y al mismo tiempo una maravillosa oportunidad, un
pasillo que conducía a la puerta de la inmortalidad.
El Mictlán era un lugar místico dentro de la concepción filosófica del mundo
mesoamericano, punto de contacto entre la tierra y el inframundo, puerta de
entrada al pavoroso mundo de la nada. En Oaxaca tenemos a Mitla población
situada a 40 Km., al oriente de la ciudad. En Zapoteco se conoce como Lyobaá
que significa “lugar de descanso”. La planta arquitectónica (un patio
central y cuatro habitaciones en su costado), la observamos en casi toda la
arquitectura mesoamericana. En su conjunto, forma la llamada cruz de
Quetzalcóatl o Quincunce, los cinco puntos integrados por el patio y las
cuatro habitaciones; esta cruz tiene el punto central que simboliza el
encuentro del cielo y la tierra. En el caso del grupo “del Norte” y de “las
columnas”, hacia la parte Norte, que es el rumbo de la muerte se encuentra
una entrada secreta a un espacio “hermético”.
LOS AZTECAS Y EL CULTO A LA MUERTE
La fiesta de muertos está vinculada con el calendario agrícola prehispánico,
porque es la única fiesta que se celebraba cuando iniciaba la recolección o
cosecha. Es decir, es el primer gran banquete después de la temporada de
escasez de los meses anteriores y que se compartía hasta con los muertos. El
rey-poeta Netzahualcóyotl (1391-1472) dice:
Somos mortales, todos habremos de irnos,
todos habremos de morir en la tierra...
Como una pintura, nos iremos borrando.
Como una flor, nos iremos secando aquí sobre la tierra...
Meditadlo, señores águilas y tigres,
aunque fuerais de jade, aunque fuerais de oro,
también allá iréis al lugar de los descansos.
Tendremos que despertar, nadie habrá de quedar.
Se considera que morir es sólo el alejamiento material de este mundo y el
paso hacia un más allá que nadie conoce. Se tiene la seguridad de que en
realidad no se muere: "Cuando morimos la carne se va a dejar al camposanto,
pero el espíritu no sabemos, el espíritu no muere porque es fuerte". Esta
idea se refleja en la costumbre de surtir a los difuntos con todo lo que
necesitan durante su viaje al otro mundo, que durará siete años, después de
los cuales se irán en definitiva. En la caja se ponen siete granos de maíz,
siete granos de fríjol, siete tortillas, siete cruces de palma bendita, cera
bendecida, agua bendita en un guaje y espinas para que no los molesten los
malos espíritus.
Las ceras alumbran el camino de quienes tendrán que llegar; un caminito
hecho de pétalos de flor de cempazúchil ó flor de muerto, que va de la
entrada principal al altar, guía el peregrinaje anual de los muertos, cuyo
retorno permitirá que la familia entera se reencuentre, beba, coma y conviva
junta. El humo del copal purifica y aleja a los malos espíritus.
FIESTA DE MUERTOS ENTRE LOS MEXICAS
En Tepepan ponen un ayate nuevo y una mazorca para el que le gustó pizcar.
En San Luis ofrecen morrales a quienes fueron buenos sembradores. En Santa
Cruz Acapixtla agregan ropa e instrumentos de labranza. "La alumbrada"
consiste en encender ceras sobre las tumbas de los niños (la noche del 1o.
de noviembre) y sobre los sepulcros de los grandes (todo el día 2 de
noviembre). "Dar la calavera" es una costumbre que se observa el día 3 de
noviembre, cuando se intercambian las ofrendas entre las familias. En Santa
Cruz Acapixtla se acude al panteón el 29 de septiembre a invitar a los
difuntos a visitar sus casas los días 1o. y 2 de noviembre.
De México a Ecuador, la gente indígena tiene celebraciones en conmemoración
de los muertos en varias formas. Las ofrendas consisten en alimento, flores
y objetos que ayudan al muerto a pasar las nueve pruebas del inframundo.
Mictlantecuhtli, el dios de la muerte, no castigaba al muerto por los
pecados de su vida en la tierra. Todo lo contrario, lo liberaba de sus
penas, y los muertos iban al lugar que era determinado, no por su manera de
vivir, sino por su manera de morir. Después de la muerte, los guerreros
alzaban vuelo alrededor del sol convertidos en colibríes y mariposas. Con
ellos, alzaban vuelo las mujeres que habían muerto de parto, dadoras de
vida, ellas mismas guerreras. Aquellos que habían muerto en circunstancias
relacionadas con el agua-como ahogados, fulminados por un rayo o de gota o
hidropesía-jugaban dichosos en el paraíso de la eterna primavera. Los niños
iban al Árbol Ceiba Nodriza, que goteaba leche para ellos. Todos los demás
iban a Mictlán, con sus nueve mundos subterráneos y fríos, donde se
desvanecían paulatinamente hasta la quietud total.
Con la conquista se implantó en México un nuevo protocolo de rituales
funerarios. Los cientos de frailes católicos trajeron una cosmología
paralela en ciertos aspectos a la de los aztecas, y sus ideas llegaron a
impregnarse con las creencias indígenas. Los santos se unieron a la
jerarquía de los dioses aztecas; el cielo y el infierno añadieron nuevas
dimensiones a Mictlán; los Días de los Muertos se fundieron con los ritos de
cosecha de Mictlantecuhtli.
DÍA DE MUERTOS
Para los antiguos mexicanos morir era necesario para nacer, porque la muerte
era la gran engendradora de la vida. Su representación era la Diosa
Coatlicue, que era a su vez diosa de la tierra y de la vida. En la cultura
mexicana no había ni bien ni mal. No había cielo ni infierno y no había
miedo a la muerte. Al morir, sin importar su edad o condición social, todos
iban al "Tzontémoc" donde los acompañaban las mujeres que habían fallecido
en parto, quienes eran diosas y portadoras de la buena suerte. En cambio,
quienes morían en la guerra iban al reino del sol y 4 años después se
convertían en aves de colorido plumaje. Aquellos que morían por alguna causa
relacionada con el agua (un rayo, ahogamiento) iban al reino del dios de la
lluvia, donde era siempre verano y había lluvias, por eso a esos muertos se
les enterraba acompañados de semillas y herramientas para sembrar.
Con la imposición de la religión cristiana por parte de los colonizadores
españoles, las imágenes de los dioses cristianos fueron superpuestas sobre
las imágenes de los dioses antiguos. Así la diosa Coatlicue pasa a ser la
virgen Guadalupe-Coatlicue. Y los ritos del día de muertos se combinan con
la festividad cristiana de todos los santos.
En la época actual hay pueblos del centro y sur de México donde al morir
alguien, se le coloca en el ataúd, agua, cerillos, sal y monedas. El agua es
para que el difunto beba, los cerillos son para que se ilumine en el oscuro
camino que va a recorrer, la sal es para que el cuerpo no se corrompa antes
que llegue a la otra vida y las monedas son para pagar a un "Escuintle" o
perro sagrado, quien le ayudará a cruzar a nado un río que el difunto
encontrará en su camino. Después de ese río se abrirán dos caminos: uno que
conduce al cielo y otro que conduce al infierno. Por eso la fiesta de los
muertos es la afirmación de que existe el alma. Y en esta celebración se
recuerda al alma.
La ofrenda debe contener agua para saciar la sed del difunto, sahumerio de
incienso o copal para purificar el ambiente, flores de "Cempasúchitl" o flor
de muerto para hacer un camino que guíe al difunto hacia su ofrenda, monedas
y un perro negro para ayudarlo a cruzar "el río de las siete Brazas", velas,
para que ilumine su camino de regreso y una vara de rosal para que espante
al demonio. También debe tener hojas de palma y papel picado de colores para
adornar la ofrenda. Y no deben faltar el Pan de Muerto y las calaveras de
azúcar.
LA OFRENDA TOTONACA - NINÍN: 'CULTO A LOS MUERTOS'
Ninín se refiere a los muertos entre los totonacos y lo constituye una serie
de ceremonias rituales. Desde el 31 de octubre da comienzo la festividad de
los Fieles Difuntos, los que murieron en forma natural. De esta fecha hasta
el 1 de noviembre llegan las ánimas de los niños (Laqsq’at’án), y del 1 al 2
de noviembre llegan las ánimas de los adultos; se cree que llegan en forma
de insectos a comer la ofrenda, porque su olor les despierta el apetito. Por
eso se prefiere alimento recién hecho y caliente. Como se tiene la creencia
de la presencia “etérea” de los muertos, estos sólo pueden apropiarse de la
esencia u olores de las comidas que ahí se ofrecen, de ahí que a su llegada
al medio día del 2 de noviembre, que es la cita para ellos, los alimentos
deben estar calientes, con el fin de que despidan sus vapores aromáticos.
Para que los difuntos se sientan en su ambiente es que se adorna el altar
con estrellas de palma que simbolizan el cielo.
LOS DIAS DE LOS MUERTOS SE DESARROLLAN EN TRES MOMENTOS:
Día de San Lucas, el 18 de octubre. En este día prácticamente da comienzo la
celebración de los muertos; San Lucas es patrón de los difuntos que murieron
en forma violenta, los asesinados, los ahogados, o los que murieron por
alguna enfermedad extraña, pues son guiados por el mal o por la deidad del
agua o de los ríos (Áktsin) y se les identifica como los “malos aires” que
traen enfermedades. En cambio el destino es diferente para los que murieron
en forma natural. El altar se instala en el interior de la casa, junto al de
los santos católicos, y se venera a San Lucas.
La primera ofrenda se hace el 18 de octubre día de Sn. Lucas, ofrendando
café y aguardiente. El día de la flor es el 30 de octubre. El 31 es el día
de los niños. El día de los muertos grandes es el 1º de noviembre. El 2 de
noviembre es el día de la bendición. (A mediodía). En estos días se ofrendan
los alimentos a las ánimas, y se dice que también vuelven las ánimas solas:
aquellos difuntos que no tuvieron familia o pariente alguno en la vida; se
les pone su ofrenda en un pequeño altar que va colocado en el exterior de la
casa, o en el patio o el camino. Se dice que estas ánimas solas no pueden
entrar a la casa grande, y su pequeña ofrenda consiste en una taza de
chocolate, pan y tamales con una veladora encendida.
AKTUMAJAT, OCTAVA O FIN DE LA FESTIVIDAD: Las ánimas aún no se han retirado
por completo, por eso se les vuelve a colocar su ofrenda a los ocho días,
que es la octava, y de nuevo se adornan los altares que se han reservado
para ese día. Se cree que en ese día se van definitivamente al mundo de los
muertos y ello se vuelve ocasión para visitar el cementerio, a fin de llevar
ofrenda, último momento para “encaminarlos” y ya no volverán hasta el año
siguiente.
LOS MAYAS
Los mayas concebían el tiempo en forma cíclica, concepto fundamentado en el
eterno movimiento del sol, la luna y los cuerpos celestes. Esta concepción
estaba ligada a un espacio universal en el que tenía lugar el fluir infinito
del tiempo. Estaba constituido por la tierra, que era un plano rectangular,
con trece planos celestes por arriba y nueve mundos inferiores por abajo. En
el centro había una ceiba (Ceiba Pentandral), el Ya'axche', sagrado y
primigenio árbol verde de la vida, que atravesaba todos los espacios,
uniéndolos entre sí.
Creían en un solo dios llamado Hunab K'u, creador de los cielos, la tierra y
de todo lo existente en esta vida. En las esquinas del mundo estaban los
Bacabes sosteniéndolo, cada uno con sus características propias: al norte
estaba Xaman y su color era el blanco; al sur, Nojol, de color amarillo; al
este, Lak'in, con su color rojo; y al oeste Chik'in, al que le correspondía
el color negro. Los trece espacios celestiales eran llamados Óoxlajuntik'uj,
y correspondían a las ramas superiores más frondosas de la ceiba, a cuya
sombra se gozaba de frescura y descanso eterno. Cada uno estaba regido por
una deidad. Las raíces gruesas y profundas del Ya'axche' conducían a los
nueve mundos inferiores o Bolontik'uj, cada uno vigilado por su guardián
protector.
Éste era el lugar en el que los ciclos de los humanos se enlazaban a las
secuencias divinas que regían sus destinos. El recorrido del sol, principio
de vida y movimiento: asciende del oriente iluminando los cielos hasta
ocultarse por el poniente y penetra en el inframundo convertido en jaguar
para luchar contra las fuerzas de la oscuridad durante la noche, y renacer
triunfante una vez más, y otra, y otra, y otra. Esta cosmovisión estuvo y
está presente en la cultura maya; normó la economía de la vida cotidiana,
los saberes, las fiestas y sus rituales, el culto a los dioses, la
simbología del arte y la arquitectura.
Para los mayas, la vida humana estaba constituida por el Pixan, regalo que
los dioses entregaban al hombre desde el momento en que era engendrado; este
fluido vital determinaba el vigor y la energía del individuo, era una fuerza
que condicionaba la conducta de cada hombre y las características de su vida
futura. El elemento que viajaría al inframundo al sobrevenir la muerte
física.
Creían que el mundo de los vivos, el de los muertos y el de los dioses,
estaban unidos por caminos en forma de serpientes fantásticas por donde
transitaban las ánimas. Estos lazos eran fervorosamente mantenidos mediante
ritos propiciatorios, rezos y plegarias. Conducían a los difuntos hasta el
cielo correspondiente, y eran también el camino de retorno desde su lugar
junto a los dioses hasta su resurrección en el vientre de las mujeres
embarazadas.
Los mayas recibían la muerte como un evento natural. Apenas fallecía un
individuo se le amortajaba y para evitar la falta de alimento en su otra
vida, se le ponía en la boca masa de maíz molido. En su tumba, se colocaban
junto a él ofrendas que mostraran su rango social, oficio y sexo, así como
sus pertenencias. Si era guerrero se le ponían sus armas; si era sacerdote,
sus libros sagrados, sus cuentas para predecir el futuro; si era mujer, las
piedras para moler maíz y sus herramientas para tejer. Además se enterraba a
un perro que guiaría al Pixan de su amo en el azaroso viaje a la eternidad.
De día, los deudos lloraban al difunto en silencio, y de noche, lo hacían
con gritos y lamentos.
El paso de la vida a la muerte era difícil y delicado. Se creía que las
almas de los muertos no abandonaban la tierra inmediatamente después del
deceso. Permanecían entre sus familiares llevando la vida de costumbre sin
darse cuenta de su cambio de estado. La revelación de lo ocurrido tenía
lugar días después y hasta entonces el alma emprendía el viaje al lugar que
le correspondiera. Este trance se prolongaba con las almas de los adultos,
las cuales se resistían a dejar el cuerpo por temor a los Okol Pixan o
ladrones de almas, que rondaban en los momentos de agonía; este peligro era
sorteado mediante la presencia de un Aj K'iin para auxiliar al moribundo
poniéndolo bajo la protección de Junab K'uj. Cuando la agonía se prolongaba
demasiado, un familiar le daba al difunto doce azotes suaves con una soga
para aligerar la partida del alma que al desprenderse del cuerpo salía de la
casa por las pequeñas aberturas de los extremos del jo'olnaj che' o viga
mayor.
A los muertos comunes y sin rango se les sepultaba bajo el piso de sus casas
o en la parte trasera de éstas, que posteriormente eran abandonadas por los
familiares. Por el contrario, los señores y gobernantes eran enterrados en
hermosas tumbas -algunas de ellas de la más exquisita arquitectura en cuyas
paredes, la pintura y la escultura contaban las historias de las dinastías y
los linajes sagrados. Sus rostros eran cubiertos con máscaras de mosaico de
jade, símbolo de abundancia y vida. Los nobles, los guerreros y los
sacerdotes prestigiados socialmente, eran incinerados y sus cenizas se
depositaban en urnas de barro en forma de ollas o figurillas. O bien se les
cercenaba la cabeza para reverenciarla. Ésta se cocía, se descoronaba y se
partía en dos, aserrándola de lado a lado. La parte frontal se pintaba con
betún o era modelada con los rasgos del difunto en los espacios vacíos,
decorándola con piedras preciosas. Estos cráneos se custodiaban en los
altares familiares cuyo diseño reproducía la forma del Universo.
La mesas de los altares era el plano rectangular que representaba a la
tierra; sus soportes -los bacabes- eran cuatro horquetas que se prolongaban
por encima de este plano y se amarraban con corteza de árboles, haciéndolas
convergir en el centro de la mesa. En ella se depositaba copal, agua, sal,
fuego, miel, maíz, cacao, baálche', pozole, semillas, frutas, plumas,
piedras preciosas, algodón y cera, ofrendas benditas para propiciar el feliz
encuentro de los Pixanes con la Madre Tierra.
LA MUERTE EN YUCATÁN
En Yucatán, la muerte es vista como continuidad, permanencia y renovación.
Todos la cargamos, es nuestra compañera de viaje, nos alerta contra el
peligro recordándonos a cada momento nuestra naturaleza mortal y limitada.
El antropólogo José Tec Poot (1949-1985), rescató de la tradición oral este
hermoso poema.
Tucul in cah u yahal cab
Tukul in cah u yocol kin
Tech tun in tuculé
Tech can a bis in pool chikin
Pensando estoy cuando amanece,
Pensando estoy cuando cae el sol,
Entonces tú, pensamiento mío,
Has de llevarme hasta la muerte.
Estas palabras ilustran claramente, porqué nos relacionamos con la muerte
con naturalidad.
HANAL PIXAN o Comida de Ánimas
Es una tradición de Yucatán que tiene muchos años, y sirve para recordar a
los familiares que han fallecido, se llama en maya: Hanal Pixan, que quiere
decir: comida para las animas. Hanal comida (la h en maya tiene sonido de j)
y pixán = ánima. Es la ceremonia de ceremonias realizada para honrar a
nuestros ancestros, para establecer y mantener el vínculo entre vivos y
muertos. La heredamos de nuestros padres y abuelos, quienes nos enseñaron la
costumbre de respetar y recordar a los que se nos han adelantado en el
camino. El Hanal Pixan tiene lugar los días 31 de octubre para las almas
infantiles; 1o. de noviembre para las adultas; el 2 para los fieles difuntos
y se prolonga por ocho días en algunas comunidades. En mesas de uso
cotidiano cubiertas con manteles limpios y bordados se pone la tradicional
Cruz Verde, los retratos de los difuntos y la comida y bebidas que más
apetecían en vida, acompañándolas con frutas, flores, velas, panes,
cigarrillos, sal y un vaso con agua. Esto último es indispensable, pues el
ánima viene sedienta de tan largo viaje y deberá ser alimentada para
resistir tan duro esfuerzo. Por ello la ofrenda es generosa.
En algunas comunidades del -sur, centro y oriente del Estado, es costumbre
colocar velas para iluminar el trayecto de las ánimas, e impedir que sean
molestadas por los demonios. En la víspera de la celebración se cree que cae
una ligera llovizna porque los muertos lavan sus ropas para venir a la
Tierra. Asimismo, se considera que los cazadores de venado no deben ir a la
cacería, pues corren el peligro de dispararle al alma de algún 'tirador'
difunto; y las bordadoras de huipiles no deben trabajar en esos días, pues
pueden coser la piel de algún muerto. A los niños recién nacidos se les
anudan hilos de color negro en las muñecas para protegerlos de los malos
espíritus que rondan en esos días.
Las personas dicen que desde el 31 de octubre hasta el 30 de noviembre, las
ánimas de las personas que han muerto, tienen permiso para venir a la tierra
y estar con nosotros todo el mes de noviembre, y como son visitas hay que
darles comida, bebidas y mostrarles que se les quiere. Por eso se hace una
comida especial para ellas, las ánimas, que son los mucbil pollos o pibes,
son tamales horneados grandes, redondos, con carne de pollo y de cerdo.
Hay una leyenda que algunas personas cuentan en estos días de hanal pixan y
te la vamos a contar: El último día de octubre, o sea el 31, no se debe
salir a la medianoche porque a esa hora todas las ánimas están caminando por
las calles como en una procesión y llevan velas encendidas. Dicen que son
las ánimas que están llegando. Esa procesión no se debe ver, porque puede
ser que una de esas ánimas, que parecen personas de carne y hueso, se
acerque a uno y le de una vela encendida que tampoco se debe agarrar, ya que
si uno la acepta, al día siguiente esa vela se habrá convertido en un hueso
humano y la persona que la recibió se puede enfermar muchísimo e inclusive
se puede morir.
Historiadores y cronistas, como Fray Diego de Landa y Cogolludo, aseguran
que entre los mayas no existían cementerios en sus ciudades. El maya sepulta
sus muertos en su propia morada. El entierro lo hacían a espaldas de su
casa, en un patio libre de malezas y bien barrido, donde era abierta una
fosa y en la misma tierra, sin ataúd, colocaban el cadáver introduciéndole
en la boca cierta cantidad de masa de maíz bien cocida, llamada "keyem" para
que pudiera alimentarse mientras reposaba. Hecho el entierro, colocaban una
señal para identificar la tumba. Generalmente consistía ésta en un corralejo
de dos metros en cuadro, hecho de varillas o palos: "coloc-ch". Y en tiempos
de la colonia marcaban aquellos sitios con una tosca Cruz de madera que
colocaban dentro del cuadro.
Debido a esta práctica indígena de sepultar los muertos en casa para
tenerlos cerca, a fin de poderles ofrendar presentes que consistían en
alimentos, frutas y ceras, nació la costumbre de hacer en los días de
difuntos los "pibil-uahes" o "mucbipollos. De ahí el "Hanal-Pixan", que
quiere decir: "banquete de las ánimas". En las casas y campos, colocan
jícaras de atole y cajetes de comida dedicados a los difuntos; y creen
firmemente que, invisibles, descienden las almas a tomar una parte de ella,
que es lo que llaman "tomar la gracia". Las comidas se acompañan de un
delicado licor de anís llamado xtabentún o de atoles y también de dulces y
frutos regionales. Cada familia elabora su propio altar de tres niveles que
instala en un lugar especial de la casa. En el primer nivel se pone la ropa,
en el segundo los alimentos, flores, frutas y juguetes (ofrenda para las
almas de los niños) y en el nivel superior se coloca una cruz fabricada con
ramas. Para las animas solas (las almas sin parientes), se cuelgan jícaras
con porciones de comida y bebida en el árbol de la entrada o en el marco de
la puerta de la casa. Se alumbran el camino con cirios para que las flamas
orienten a las ánimas hasta su ofrenda iluminada con velas de colores. Si en
la ofrenda en la ofrenda encontramos una vela negra, esta representando a
una mujer que fue viuda, una vela blanca a una virgen difunta y una azul, a
un infante.
ORIGEN DE LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS
Se celebra en la iglesia Católica el 1 de noviembre y tiene por finalidad
honrar a todos los santos canonizados y a los que no lo han sido todavía.
Fue creada por el papa Gregorio IV en el siglo IX y desde entonces se
celebra. En su etapa primitiva, esta fiesta nació en las catacumbas de Roma,
al honrar en una ceremonia general a los mártires cristianos que fueron
sacrificados en tiempos del emperador Diocleciano.
FUSIÓN DE DOS CULTURAS: En el siglo XVI tuvo efecto un encuentro de
culturas, la española y la indígena, en el cual los vencedores trataron de
imponer su idioma, sus costumbres y religión, la católica, y en cambio los
vencidos lucharon por preservar sus propios valores culturales. Con la
introducción de una nueva concepción religiosa, tres fueron las órdenes que
se establecieron durante la primera mitad de este siglo en nuestro
territorio: los Franciscanos en el año 1524 los Dominicos en 1526 y los
Agustinos –que desembarcaron en Veracruz- en 1533. Ellos trajeron el miedo a
la muerte, que es a la vez el temor al juicio final y por lo tanto al
infierno. También introdujeron al esqueleto acompañado de una guadaña, todo
lo cual significa el preludio de nuevas catástrofes o desgracias.
Los españoles hallaron ideas parecidas a las del cristianismo entre los
mexicas, como la creencia de la inmortalidad del alma -pues al desprenderse
del cuerpo ésta podía ir a morar, según hubiera sido la muerte, al Tlalocan
o paraíso de Tláloc, o al lugar donde residía Mictlantecuhtli, señor de los
muertos-, así como el culto a los muertos, que presenta hondas raíces
prehispánicas.
La celebración de Todos Santos es una costumbre que se han transmitido de
generación a generación. Es consecuencia de la creencia de que, según la
edad, les era permitido a los muertos “salir” de sus tumbas en una
manifestación de fuerza llamada ánima, algo abstracto, es decir, el espíritu
de ellos, que venía a estar entre los suyos. Tal situación acontecía del 1
al 3 de noviembre de cada año y sucedía así: DIA 1: “Día de los chiquitos” o
niños. DIA 2: “Día de los grandes” o adultos. DIA 3: “Día del retorno” y de
la entrega de ofrendas o comestibles a las amistades.
La presencia de los franciscanos en el siglo XVI fue determinante en la
fusión de elementos indígenas y españoles que aparecen constantemente en el
Altar de Muertos. Los colores (negro, morado, amarillo y rojo) llenos de
significado dentro de las dos religiones dan la peculiaridad al altar. El
papel picado en diseños geométricos es negro y morado; el negro hace
referencia, en la religión prehispánica al Tlilan, el lugar de la negrura, y
al Mictlán, es decir el sitio de los muertos; y el morado, es una influencia
de la religión católica, que significa luto. En esta profusión de colores
sombríos, resplandece la flor de cempoalxuchitl, símbolo de la luz, del sol
y de la vida. El rojo de la "mano de león" o "moco de pavo", significa
específicamente la expresión de la sangre de Cristo y la Resurrección, así
como la vida humana y animal.
Las almas van llegando por días (al mediodía). Y solo tienen estos días
permiso para poder visitar a sus familiares y amigos vivos.
28 de Octubre: Llegan las almas de las personas que hayan muerto ahogadas.
29 de Octubre: llegan las almas de los muertos por accidentes, asesinatos,
desgracias o en forma violenta.
30 de Octubre: Llegan las almas de los niños del Limbo. En algunos lugares
se dice que en este día se regresan las almas de los muertos del 29 de
Octubre.
31 de Octubre: Llegan las almas de los niños y adultos no bautizados.
1 de Noviembre: Llegan las almas de los adultos.
2 de Noviembre: regreso de todas las almas al lugar de los Muertos.
Las creencias varían de región en región
El 27 de octubre, los espíritus de aquellas almas sin sobrevivientes y sin
hogar para visitar, son recibidas en algunos pueblos con pan y jarras de
agua colgadas afuera de las casas. Las ofrendas son pobres, pero por lo
menos las almas huérfanas encuentran algo. El 29 de octubre, a aquellos que
murieron por accidente, asesinato o de otras formas de muerte violenta, se
les ofrece alimentos y bebidas afuera de la casa o en el patio para evitar
que entren los espíritus malignos de almas sin perdonar. En la noche del 31
de octubre, los niños muertos vienen a visitar el hogar; para el mediodía
del primero de noviembre ya tendrían que haberse ido. Las campanas tocan
toda la tarde para saludar a los 'fieles difuntos.' La familia da la
bienvenida formal al difunto más reciente y, a través de él, se saluda a los
otros antepasados. A la puesta del sol, la familia se traslada al panteón
para una vigilia de comunión con todos sus fieles difuntos. Se prenden las
velas sobre las tumbas, un
a por cada alma ida. En algunos lugares se colocan alimentos en las tumbas.
Para la noche del 2 de noviembre la fiesta ha terminado. Las almas regresan
al mundo de los muertos, estimuladas a partir por enmascarados del pueblo
cuya misión es asustar a las almas más renuentes a salir.
Según la tradición la forma de colocar el altar, es haciendo 3 niveles, la
parte alta representa el cielo, la segunda el Limbo y la tercera la Tierra.
Hay mucha significancia en los elementos del altar de los muertos. La imagen
de las Ánimas del purgatorio sirve para obtener la salida del purgatorio del
alma de nuestro difunto por si acaso se encontrara ahí. La cruz pequeña de
ceniza se pone por si el ánima se encontraba en el purgatorio, ayudándolo a
salir de ahí para continuar su viaje hasta la presencia del Creador. La cruz
grande de ceniza sirve para que al llegar el ánima hasta el altar, pueda
expiar sus culpas pendientes. Los cirios morados o si el candelero lleva
ornato morado, son señal de duelo. 4 cirios en cruz, representan los 4
puntos cardinales, de manera que el ánima pueda orientarse hasta encontrar
su camino y su casa. 3 calaveras chicas en nivel bajo, son dedicadas a la
Santísima Trinidad, y una grande en el mismo nivel, al Padre Eterno. El agua
es para que se moje los labios resecos por el largo viaje desde el más allá.
El licor, tequila preferentemente, es para que recuerde los acontecimientos
agradables durante su vida. El copal sirve para que su humo limpie el lugar
de malos espíritus y así pueda entrar el ánima a su casa sin ningún peligro.
En muchos lugares se acostumbra a poner en la ofrenda los objetos de trabajo
u objetos que usó en vida el muerto.
Requerimientos de un altar de muertos: Retrato del difunto. Pintura de las
Ánimas del Purgatorio. Cirios morados en pares. Calaveras grandes de azúcar.
Calaveras de azúcar medianas. Candeleros. Incensarios. Jarra y vaso de
vidrio transparente con agua natural. Cazuelas con comida. Chiquihuite
tortillero. Botella de licor, vaso 'caballito' (para tequila) salero,
platito con limón partido. Pan de muerto. Papel de china morado o rosa
oscuro, tantos pliegos como superficie se pretenda cubrir. Flores de
zempoalxochitl. Copal. Ocote en rajas. Carbón de madera. Ceniza de leña.
Elementos esenciales de una ofrenda familiar y su significado
EL ALTAR: se levanta sobre una mesa cubierta con un mantel bordado o
deshilado, dos arcos de carrizo adornados con flores de papel de china
abombado; a este conjunto se le llama portada o retablo. En el altar de
muertos se enciende una vela a cada persona, llamándole por su nombre al
encenderla.
EL RETABLO: Empotradas en la pared, junto al altar, figuran imágenes de
santos y una cruz, que representa la resurrección y la vida.
EL AGUA: Representa el principio de la vida, purifica y lava.
EL INCIENSO: Se utiliza como medio de unirse a Dios con la oración.
LA SAL: Representa que nosotros algún día nos convertiremos en sal.
LOS CIRIOS: Sirven para guiar los pasos de las ánimas en su viaje a la
eternidad. Las fijadas en los sepulcros son símbolo de inmortalidad.
LA FLOR: Representa la fugacidad de la vida. En muchas partes la gente forma
un sendero con pétalos de zempoaxochitl, desde el altar hasta la calle, para
que las almas encuentren el camino. El color amarillo del zempaxochitl, es
para que puedan verlo con su mínima vista, y es el camino de flores la guía
primera que conduce al convite en la casa, donde el altar espera su llegada.
Se cree que los muertos ven el color anaranjado de esta flor como partes
luminosas.
Se dice que el olfato es el único de los sentidos que se utilizan en el más
allá, y se desarrolla para facilitar el regreso guiado por el aroma de la
propia vivienda. Hay que servir los alimentos calientes, para que despidan
más olor y puedan así disfrutar del banquete.
Se requiere la presencia de los cuatro elementos con los que todo está
formado: Agua, tierra, viento y fuego. Ninguna ofrenda puede estar completa
si falta alguno de estos elementos y su representación simbólica es parte
fundamental de la ofrenda. El agua, fuente de vida, en un vaso para que al
llegar puedan saciar su sed, después del largo camino recorrido. El pan,
elaborado con los productos que da la tierra, para que puedan saciar su
hambre. El viento, que mueve el papel picado y de colores que adorna y da
alegría a la mesa. El fuego, que todo lo purifica, y es en forma de veladora
como invocamos a nuestros difuntos al encenderla y decir su nombre.
Manifestaciones culturales asociadas a la Muerte
Desde los tiempos coloniales, las costumbres de los grupos étnicos sujetos
al dominio de los españoles fueron consideradas como transgresoras de las
creencias cristianas. Las danzas, mitotes, jácaras, mojigangas de indios,
negros, chinos y mestizos de todos los colores fueron perseguidas por la
Inquisición. "... En un corrincho de hombres y mujeres, se cantó a dos voces
y con risas de los concurrentes el verso siguiente:
A San Miguel te pareces en el ombligo
porque tienes debajo al enemigo
En todo el folklore mexicano están presentes las danzas acompañadas de
coplas, de humorísticos duelos verbales hombres, entre dos hombres, entre un
hombre y una mujer, un anciano y un joven o entre grupos musicales. De esta
tradición popular salieron también las llamadas Calaveras, versos rimados
que se escriben para el Día de los Difuntos jugando con las palabras y los
aconteceres haciendo pasar a los vivos por muertos.
Los relatos de aparecidos y almas en pena que narran los mayores en estos
días, es otra vieja tradición oral que viene transmitiéndose para mantener
vivo en la memoria el retorno de los muertos a este mundo. "Esto sucedió
hace pocos años en una ciudad del interior del Estado. En la víspera del Día
de muertos, María pidió permiso a sus padres para asistir con sus amigas a
un baile de Acogen. Le concedieron el permiso pero le dijeron que,
antiguamente, la gente no acostumbraba salir por las noches y menos asistir
a los bailes en esos días, pues estas fiestas son una falta de respeto a las
ánimas, que según se cree rondan la comunidad. María no tomó en serio estos
comentarios y se fue al Halloween muy contenta. Allí conoció a un joven bien
parecido, atento y caballeroso, pero con un aire de misterio que por la luz
tenue y el sonido estridente de la música no logró descifrar. Los jóvenes
bailaron y bailaron hasta el cansancio. Pasada la medianoche, el muchacho le
comentó que venía de un largo viaje e iba a partir, invitándola a
acompañarlo. María se olvidó de todo y de todos, y aceptó la invitación.
Pidieron un taxi y se dirigieron con rumbo al poniente de la ciudad, hasta
llegar a una casona con muros y rejas grandes, donde el ruido y las risas
indicaban que también había fiesta. Se bajaron y el misterioso joven le pagó
al chofer... Fue la última vez que se vio a aquella feliz pareja. Al día
siguiente el taxista cayó en la cuenta de dos cosas: el dinero con que le
pagaron eran billetes sin valor desde hacía mucho tiempo y aquella casona
era el Cementerio.
Otra Leyenda
Se cuenta que hace muchos años una persona que vivía en un pueblo, cercano
al Popocatépetl, en el Estado de Puebla; no creía en esta tradición. Sus
vecinos, amigos y familiares le decían que pusiera una ofrenda para su
esposa que se le había muerto hacia un año. El no la puso, e incluso se
burlaba de esta tradición, y dijo: !Qué voy a estar poniendo ofrendas!, yo
no voy a poner nada, e incluso, sí pongo algo, será solo un vaso de agua y
ramas de ocote. Y así fue, es lo que puso en su ofrenda. En la noche del 2
de Noviembre, el regresaba muy de noche de trabajar en el campo. Caminaba
por las calles oscuras del pueblo hacia su casa, cuando al llegar a una
esquina, vio a lo lejos mucha gente, que iba en procesión. Todos iban muy
contentos, desde adultos hasta niños. Todos llevaban comida en sus manos,
flores y bebidas. Se acerco más para poder ver que ocurría. Veía muy
asombrado a toda aquella gente. Cuando de repente vio a una persona que le
era conocida. Era su esposa y vio qu
e iba muy triste y solo llevaba en sus manos ramas de ocote. Aquella persona
se puso muy triste y regreso llorando a su casa, arrepentido de no haber
puesto algo de valor en su ofrenda. Se dice, que desde entonces, cada año,
esa persona ponía ofrendas de lo más hermosas y le ponía muchísimas cosas.
Saludos fraternales desde Xalapa, Ver.
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