| Asunto: | [redanahuak] El Llamado del Beija-Flor, cronicas del encuentro / Maite Pardo Sol | | Fecha: | Sabado, 1 de Octubre, 2005 21:56:31 (-0500) | | Autor: | Programa Interredes <redanahuak @...............mx>
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From: Maite <maite@...>
Date: Sun, 02 Oct 2005 00:30:24 +0200
To: lista Red Iberica de Luz <redibericadeluz@...>
Subject: [RedIbericaDeLuz] El Llamado del Beija-Flor, crónicas del
encuentro. www.portaldorado.com
Madrid, Septiembre de 2005
EL LLAMADO DEL BEIJA-FLOR, EL LATIDO DEL CORAZÓN DEL PLANETA
Dicen las leyendas indígenas que el colibrí es el único ave capaz de
penetrar hasta el corazón mismo del sol sin quemarse. Arquetipo de inocencia
y pureza, el Beija-Flor, ha dado nombre e identidad a este encuentro único
en su género. El Cóndor, Llamado que tuvo lugar en septiembre de 2003 en
tierras andinas, símbolo según las tradiciones del Gran Espíritu, fue su
“padre”. El Llamado del Colibrí ha concitado en el parque natural de
Chapada dos Veadeiros, Brasil, del 17 al 29 de septiembre, a cerca de mil
personas de más de 30 países que sueñan con otro mundo diferente y trabajan
para hacerlo posible. Allí, en el corazón cristal del planeta, aquel que los
astronautas ven brillar desde el espacio, se dejó escuchar con fuerza el
latido de un planeta que anhela una vida verdadera.
Sabemos que la hora es llegada, sabemos que en el reloj cósmico hace tiempo
sonaron las campanadas de la nueva humanidad, aquellas que marcan el tiempo
del reencuentro, el nuevo ciclo de la acción compartida.
Y atendiendo a ese sonido infinito ocurrió el Llamado, el del Beija-Flor, el
colibrí, ese que va besando las flores y deja a su paso un rastro de sonrisa
y ternura. “La Tierra llama a sus hijos”, decía la convocatoria, y
efectivamente, una naturaleza exuberante, fue la reina y señora del
encuentro. La Tierra toda se desgranaba en abrazos en un lugar de
desbordante belleza.
La Tierra fue el motor y el impulso, la Tierra fue la gran protagonista y en
las mentes y los corazones de todos los participantes: cómo cuidarla, cómo
protegerla, cómo hacernos uno con ella, cómo danzar al ritmo de sus ciclos
que son a la vez los ciclos del cosmos. Fue la Tierra la gran maestra del
encuentro, una tierra roja y poderosa que a duras penas permitía que
clavásemos en ella nuestras frágiles tiendas de campaña.
Amanece, las voces encargadas de despertar al campamento van recorriendo los
“barrios” entonando melodía e invocación “Fuerzas de la Paz, crezcan siempre
siempre más, que reine la paz y acaben las fronteras. Todos somos uno”. La
fuerza de la naturaleza se ha hecho sentir con toda intensidad durante la
noche, hace poco que paró el viento y la tropical tormenta que nos ha
acompañado en las horas oscuras. Las montañas circundantes se visten de
bruma, la Tierra devuelve a las nubes su húmedo regalo y, al salir de la
tienda de campaña, los ojos se colman de magia y belleza.
El paseo hasta el río está plagado de sonrisas “Bôn dia”, la orilla invita a
despojarse de todos los disfraces y dejarse acunar por un agua cristalina
sembrada de pececillos. Opción hay también de pasar por los “chuveiros”, las
duchas que ofrecen natural intimidad rodeadas de espléndida vegetación.
Ensayando el futuro
Comienza la plenaria. La Carpa Arco-Iris acoge a los voluntarios y
participantes que desean colaborar en la autogestión del encuentro. El
Llamado no está hecho y terminado, la nueva Tierra, el nuevo orden social,
organizativo, no es algo que nos viene dado desde afuera, es algo que
construimos día a día entre todos y para todos. Las demandas de los
focalizadores se hacen sentir como una sola voz: hacen falta voluntarios,
hacen falta voluntades y manos y esfuerzos para implementar hoy, aquí, la
Tierra soñada, la Tierra anhelada, hacen falta manos para cuidar los pozos
secos, para levantar el Tipi de la Espiritualidad o el espacio de los
indígenas, para trabajar en el Templo de los alimentos o para cuidar a los
enfermos en la Casa de la Salud.
Dos modelos organizativos se suceden en estos días: La fórmula más pura de
Autogestión, en la que todos participan en todas las decisiones, todos
aportan su sentir y su pensar, sus ideas y visiones y la Toma de Decisiones
por Consenso, modelo que, a través de unas pautas precisas, procura hacer
surgir la sabiduría natural del grupo sumando las aportaciones de las
diferentes partes. Alberto Ruz, alma mater de la Caravana Arco Iris por la
Paz dirige las reuniones de Autogestión de forma magistral: convoca, cuida
el uso del Bastón de la Palabra, procura que cada uno se sienta escuchado,
impulsa la toma de decisiones, motiva para que se lleven a cabo. Liora y
Ulises, expertos facilitadores de Consenso, cofundadora de la Gaia
University ella, cofundador de la red ibérica de ecoaldeas él, facilitan la
Toma de Decisiones por Consenso, proponen dinámicas, acuerdos básicos,
agendas sólidas para que el grupo pueda dejar salir lo mejor de sí mismo de
forma eficaz.
Y tras la plenaria se reúnen los consejos: Medio Ambiente, Espiritualidad,
Comunicación, Educación, Sanación. Cada uno se encarga de poner en práctica
los acuerdos tomados, cada consejo funge como mago que hace realidad el
sueño de una Aldea autosustentable con la única herramienta de sus manos, el
trabajo en equipo y su afán por el bien común.
Pablo Bedmar, miembro de la Caravana Arco-Iris, presenta a la plenaria el
programa de actividades del día, mientras un sol sin piedad golpea con sus
rayos el campamento. Se desgranan así los días, intensos todos ellos, únicos
e imprevisibles. Las actividades programadas dan cabida a infinidad de
temas: permacultura, red de ecoaldeas brasileñas, Feng-shui, taller de
consenso, proyección de vídeos, nueva economía, redes espirituales, técnicas
de sanación, nutrición, compiten en tiempo y espacio con las más variadas
expresiones artísticas: danza y biodanza, teatro, improvisación, danzas de
paz universal, reggae, artesanía. Aún con tan variado programa surgen por
doquier grupos de actividades espontáneas que hace difícil decidir con cual
quedarse, faltan horas en el día para tan apretado programa. El sol marca el
ritmo de las diferentes actividades, los participantes en este ensayo de
futuro, tratamos de sincronizar nuestro reloj interno con el astro rey que
sigue su curso, indiferente a nuestras programaciones.
Una Aldea de todos, diferentes espacios para el encuentro
La Ecoaldea Flor de Ouro, cerca de Alto Paraíso, en el estado de Goiás, fue
el lugar que acogió tan colorida esperanza, 800 personas, más de 30 países,
13 tribus o movimientos diferentes (rastafaris, 13 lunas, europeos,
diksha,…..) sintieron el Llamado y se acercaron al privilegiado lugar de
encuentro. El mapa de la zona y las explicaciones de Thomas Enlazador, motor
y miembro de la Caravana Om Ghanesa, ayudan a situarse en la recepción. La
Carpa Arco Iris, la Tienda Galáctica, la Geodésica de las Artes, el Tipi de
Espiritualidad, el Fuego Sagrado, son los grandes espacios donde se
desarrollaran las actividades de estos 13 días, lugares que reciben al
participante invitando ya a entrar, desde el principio, en un espacio-tiempo
diferente, diseñado hacia lo sagrado, las construcciones se ubican en forma
de estrella de seis puntas para que puedan materializarse las energías
celestes, los ideales, las utopías, en el mundo de aquí y ahora. El tic-tac
se detiene y se descuelga de todas las muñecas para dar paso a la posición
del sol en el cielo, más o menos cercano a las montañas, y así acordar el
comienzo de las diferentes actividades. Más adelante, a lo largo de los
días, habrán de habilitarse otros espacios y horarios para que puedan
llevarse a cabo todas las actividades propuestas, para que cada cual
encuentre su lugar y su momento de expresión.
Más allá contamos con otros espacios que van convirtiéndose en puntos
cruciales de convivencia durante el encuentro: El área de salud y Templo de
Sanación, lugares de atención permanente a los enfermos de heridas y
gastroenteritis, donde todas las formas de sanación, alternativas, indígenas
y oficiales, se reunen y se complementan, porque lo más importante es el
bienestar del individuo y de la comunidad. La Cocina-Templo de los
alimentos, donde un grupo Hare Krishna ayudado por los voluntarios del día,
se encargan de preparar el alimento, taller de alquimia que cuida tanto la
preparación material como la activación del potencial energético de los
ingredientes a través de la intención, a través de mantrams que van
condimentando de luz el menú de cada día. El campamento de los niños, Flor
das Abeilinhas, espacio de actividades para los niños de la Aldea, un lugar
para educar de otra manera, para enseñar-aprender esta otra forma de vida de
acuerdo a parámetros más naturales. El Mercado de Trueque, espacio para la
economía solidaria y el comercio justo, donde “el cristal”, moneda
habilitada para el encuentro, y el trueque posibilitan el intercambio de
productos de forma solidaria y armónica y fomenta el comercio local. La
Tienda de la Luna, lugar reservado a las mujeres donde reciben apoyo y
cuidados en los días de su ciclo menstrual y aprenden a integrarlo con los
ciclos naturales.
Encontramos así un nuevo modelo de organización social. La Aldea toma en
cuenta los elementos esenciales de cualquier sociedad organizada, se
convierte así en un fractal de la realidad mayor, en una parte que
representa el todo en el que vivimos y nos movemos los seres humanos. El
gran reto del Llamado consiste en mostrar que ese otro mundo soñado es
posible, que es posible vivir en armonía con la naturaleza minimizando el
impacto ambiental, que es posible una educación divertida y global, que es
posible una espiritualidad en la que cada credo sea no solo respetado sino
honrado por lo que aporta, que una perspectiva de sanación holística es más
efectiva que la que trata el síntoma aislado. Y esta Aldea de Paz está
dispuesta a dar respuesta a este reto más allá de las teorías, poniendo en
práctica lo tantas veces anunciado y defendido ante la sociedad tradicional.
Retratos, instantes, abrazos.
Recién llegados de este singular peregrinaje, guardamos la memoria de esta
Aldea de Paz, memoria tejida de instantes vividos con una intensidad como
sólo es posible en este hemisferio del planeta. Momentos que una quisiera
que quedasen grabados en su conciencia como joyas preciosas. He aquí algunos
de esos instantes únicos:
* Trece tribus participan en la ceremonia de apertura, 13 tribus reciben
grandes cristales de cuarzo para activar las energías del lugar que son
nuestra propia energía, que son la energía de esta tierra que habitamos.
Trece visiones, trece modos de percibir la realidad, trece modos de actuar,
se cobijan bajo una sola bandera, la bandera de la paz de Nicholas Roerich:
ciencia, arte y espiritualidad se unen en un propósito de paz. Y acompañando
a su blancura, la bandera arco-iris ondea también al viento anunciando la
unión de todos los credos, de todas las razas, de todas las formas. Blanco y
Arco-Iris lo dicen todo, no hay discusión al respecto, no hay polémica ni es
necesario consenso alguno, blanco y arco-iris ondeando al viento sirven para
vestir todos los anhelos.
* Desde cualquier rincón de la Aldea se les escucha cantar, tambores,
timbales… el grupo Hare Krishna ha preparado la comida para todo el
campamento. Una construcción de adobe circular, con grandes fogones de leña,
da cobijo a los pucheros, a las patatas, las verduras y los mantrams. Sus
cantos atraen a los estómagos hambrientos de casi toda la aldea, acudimos
cada quien con su plato y cubierto para la degustación de tan suculentas
viandas. Las largas colas de espera dan lugar para hacer surgir la
creatividad, los comensales se unen a los cantos, danzan, conversan, se dan
un chapuzón en el río o decoran su torso, su pecho o sus brazos con pinturas
naturales. No hay tiempo vacío en la Aldea, cualquier momento es bueno para
una experiencia, para un capricho, para un encuentro.
* Dolor de estómago, vómitos, diarrea… el “proceso” hace su aparición y une
a las más variadas tribus, ratafaris, neohippies, ecologistas y místicos
tienen ya tema de conversación común. De dónde viene y por qué da lugar a
las más diversas teorías: el agua, el calor, la comida, las moscas que
circundan los pozos secos, la poderosa energía del lugar. Las autoridades
médicas tampoco consiguen encontrar el origen, sólo saben que es algo que
está sucediendo en toda la zona. El susto inicial por los primeros casos da
paso con los días a la sonrisa cómplice de los que ya han pasado por él. Se
organiza la recepción de enfermos, algunos se quedan a pasar la noche en la
enfermería, otros regresan a sus carpas con una botella bien provista de
suero, “chá” o “polvinho” con limón. Baste recordar aquí la ternura del
personal que atiende la “Casa da Saúde”, baste recordar la entrega de Luis
Herrero, médico zaragozano que atiende día y noche la enfermería, baste
recordar que cada enfermo que allí acude encuentra, no sólo medicina,
también consuelo y caricias.
Fuego Central, fuego interior
El sol se ha puesto ya entre las montañas, comienza el reinado de la noche
en la Aldea. Cesan las actividades, las danzas, los consejos, la vida del
campamento late entorno a una hoguera que crepita con intensidad, cientos de
personas se reúnen en el instante quizá más sagrado de la jornada. Lo que no
consiguen los discursos, los llamamientos, las peticiones, lo consigue el
amoroso encuentro del fuego y la noche. El silencio nos convoca y nos
hermana, no hay diferencias ya de idiomas o colores, no hay diferentes
propuestas, no hay diferentes visiones. Oro, naranja, rojo, las llamas, bien
ancladas en el duro suelo elevan nuestro propósito común hasta más allá de
las estrellas. El saludo a las siete direcciones convoca a las fuerzas
celestes para acompañar el parto. Va pasando el bastón de la palabra de mano
en mano, no hay réplicas, no hay respuestas, sólo la expresión de lo mejor
de cada uno tiene cabida el corazón del campamento, no hay juicios. El
momento del Círculo se alarga más y más cada jornada, cuesta despegarse de
estos instantes de verdadera comunión. Una Tierra Nueva está naciendo, una
Tierra de todos y para todos y este fuego compartido es testigo fiel de este
alumbramiento.
Maite Pardo Sol
Equipo de Portal Dorado
www.portaldorado.com <http://www.portaldorado.com>
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otra crónica de luz?
redluz-alta@...
Madrid Septiembre de 2005
En una de las más importantes citas de este género celebradas hasta el
momento.
El “Llamado del Colibrí” reúne en el altiplano brasileño a los movimientos
acuarianos de Iberoamérica.
La Aldea de Paz es el espacio donde se reúnen diferentes “tribus”,
diferentes redes afines e integradas con una misma voluntad de cambio, tanto
personal como colectivo. Un colibrí entusiasta y pregonero invitaba a esta
“aldea fuera del tiempo” desde la región central de Brasil.
Esta vez la lona era ancha, inmensa y cobijaba credos y culturas bien
diferentes. Calor intenso, lluvia a mares, virus insaciables… no pudieron
con un millar de hombres y mujeres de todas las razas, conjurados a levantar
una civilización definitivamente diferente.
Cuando los astronautas toman altura en sus vuelos espaciales observan una
zona de especial luminosidad, debido a que en su subsuelo se encuentra la
mayor placa de cristal cuarzo de todo el planeta. En ese privilegiado
enclave, en la región de Alto Paraíso, Estado de Goiás, entre el pasado 17 y
el 29 del Septiembre, se levantaron nuestras tiendas, se cruzaron nuestras
esperanzas.
El colibrí lanzó su llamado concretamente desde la ecoaldea de “Flor de
Ouro”, Municipio de Alto Paraíso, no lejos de la capital Brasilia, junto al
Parque Nacional de “Chapada dos Veadeiros”.
El gran evento trasnacional y transdisciplinar concitó alrededor de mil
personas del más variado origen cultural. Era la continuidad del “Llamado
del Cóndor”, un encuentro de similares características celebrado en
Septiembre del 2003 en Cuzco, en los Andes peruanos. Se trataba de alcanzar
entre todos unas visiones, unos propósitos y conceptos válidos para después
implementarlos en cada país y “biorregión” (región natural) de forma
autónoma. Una Aldea de Paz como el “Llamado del Colibrí o Besa-flor” es un
espacio neutro de convivencia, donde todos los participantes tienen la misma
potestad, los mismos derechos y responsabilidades, donde las inspiraciones,
las “propuestas de reconstrucción planetaria” y “herramientas de
crecimiento” se comparten.
Todo se decide en círculo, el punto principal de conexión entre las redes.
La “Aldea de Paz” trata de fomentar la conciencia de ciudadanía universal y
supone un excelente banco de pruebas de una nueva convivencia humana,
laboratorio donde se gesta una democracia directa, un nuevo mundo.
La instalación del campamento con todos sus servicios en una inmensa
explanada junto a la mencionada ecoaldea, había comenzado tres meses antes
de la cita. Voluntarios de diversos países habían acudido a un llamado
previo para preparar el terreno.
El 17 de Septiembre había ya una infraestructura elemental lista para
recibir el aluvión de campistas. “La Tierra llama a sus hijos” rezaba la
convocatoria y sus hijos acudieron. Se acercaron de todos los continentes y
de más de treinta naciones. Además de la mayoría del país, con gentes
venidas tanto de las grandes ciudades como de la enorme red de comunidades y
ecoaldeas brasileñas, había nutrida representación argentina, chilena y
mejicana. De nuestra península alrededor de medio centenar de personas
quisimos estar presentes en esa cita única.
Lona, madera y metal
La singular “Aldea de Paz” estaba formada por cientos de pequeña “carpas”,
tiendas de campaña, plantadas con esfuerzo en una tierra dura y polvorienta.
La Aldea holística, contaba con sus catedrales de lona, grandes carpas en
medio de la inmensa explanada, que junto con las escasas palmeras regalaban
las únicas y exiguas sombras en medio de una calor abrasador. Estas carpas
habían sido levantadas por los diferentes movimientos implicados y puestas a
la disposición del evento.
La geografía de tela y madera se conjugaba con la de metal. Entre la
abundancia de tiendas “iglús”, destacaban en altura y color los grandes
espacios desmontables como la “Geodésica de las artes” y la “Tienda
galáctica”, así como los camiones y autobuses de metal multicolor,
pertenecientes a las dos caravanas que habían confluido en el evento: “Arco
Iris por la Paz” y “Ahimsa”. Ambos movimientos fueron los organizadores más
activos del evento.
Los servicios se habían levantado siguiendo escrupulosamente pautas de
bioconstrucción: duchas, sanitarios secos, lavandería… Había también
espacios de recepción, salud, cabañas de sudación…Para las familias con
niños se preparó un campamento especial por nombre “Flor das abejinhas”
Destacaba por su alegre color el edifico de la cocina, de forma circular y
construido con adobe. Las mujeres volcaron también toda su creatividad en un
original y reducido campamento junto al río. Allí se retiraban para sus
reuniones exclusivas, así como para obtener un ambiente de reposo y procurar
asistencia en sus “lunas” o menstruaciones. Junto al bosque se habilitó un
espacio especial construido con cañas, madera y barro para los indígenas
presentes en el evento. Llamaban la atención por otro lado, los sencillos y
originales altares que levantaron algunas de las comunidades allí presentes.
Se distribuyeron también por el campamento cocinas tradicionales de barro
para quienes desearan prepararse su propia comida.
Algunos “tipis” daban a esa geografía neo-hippie su impronta nativa. La
bandera universal por la paz de Nicolas Roerich, en la que aparecen las tres
esferas que simbolizan la unión de arte, ciencia y espiritualidad, era la
enseña que se prodigaba por doquier. También se dejaban ver abundantes
banderas arcoiris, simbolizando la unión en la diversidad. En menor medida
asomaban los diferentes símbolos nacionales.
Entre la lluvia y el sol
Es difícil describir un día tipo en el campamento, pues cada uno de ellos
estaba cargado de una intensidad particular, con innumerables actividades en
diferentes lugares y a cualquier hora del día.
La jornada comenzaba en realidad antes de rayar el alba, cuando una noche sí
y la otra también, el cielo descargaba toda su agua sobre una tierra aún
durmiente. Los sueños se quebraban y el descanso se acortaba con el
estruendo. Era el comienzo de la época de lluvias que se manifestaba sobre
todo en esas horas. Los cientos de pequeñas e indefensas tiendas eran presas
de una lluvia torrencial, impenitente. Pero las numerosas tormentas
tropicales no consiguieron doblegar la moral del millar de acampados.
El fuerte sol matutino no tardaba en calentar. Se ocupaba puntualmente de
secar tiendas y sacos, de levantar todos los espíritus. Al poco de salir el
inmenso disco rojo, sus rayos castigaban sin clemencia el campamento. Un
fino vapor ascendía de la tierra roja para cuando se anunciaba la diana.
El chapuzón en el río o la ducha en los “chubeiros” (duchas), distribuidos
por los diferentes “barrios” de acampada, predisponían a una jornada
agotadora. El desayuno de por libre o la ausencia del mismo, estiraba la
mañana al máximo. Los círculos de tai-chi, yoga y demás gimnasias se
distribuían por las grandes carpas. Se trataba de sintonizarse a la mañana
“para después poder alcanzar una visión colectiva”.
A continuación la plenaria era el lugar donde se tomaban todos los acuerdos
importantes para el funcionamiento autogestionado de la Aldea de Paz.. Ello
evidentemente no era fácil. La enorme diversidad de orígenes espirituales,
sociales, culturales…, ponía bien alto el listón de los acuerdos. A lo largo
del encuentro convivieron de forma armónica desde tribus urbanas de origen
“rastafari”, hasta los más espiritualistas de agrupaciones metafísicas, de
redes espirituales, o del creciente movimiento de “Deksha”, (canalización de
energía superior hacia los cuerpos físicos), pasando por el más exigente
puritanismo neorrural de las numerosas gentes de ecoaldeas o seguidores de
la permacultura.
De la protesta a la propuesta
Los encuentros se la “jugaban” en la plenaria diaria. Esta aspiraba a ser el
más definido espacio de ensayo del nuevo mundo. En boca de la organización,
se trataba “de descubrir y potencializar entre todos las llaves necesarias
para el cambio global de paradigmas, articulando en red saberes y procederes
actuales y ancestrales”
Dada la escasa participación anglosajona, la gran mayoría de las
intervenciones se sucedían en portugués y español, aunque muchos de los
asistentes se manifestaron perfectos dominadores del “portuñol”, una suerte
de original mezcla de nuestros dos idiomas.
Sólo un eficaz y profesional equipo de especialistas en la técnica de
“facilitación y toma de decisiones por consenso” posibilitó el desarrollo de
estas importantes asambleas. Ellos se encargaban de poner orden en los
temas, restar emocionalidad en las intervenciones, focalizar el debate hacia
la obtención de acuerdos… En ese reducido grupo internacional de genios en
la conducción de grandes y difíciles debates, jugó un papel importante el
español Ulyses, a la sazón fundador de la Red Ibérica de Ecoaldeas.
Era sin duda en la plenaria matutina donde mejor se evidenciaba los aciertos
y errores de ese “fractal” (pequeña parte representativa del todo) del nuevo
mundo. Para fomentar la idea grupal, el gran consejo estaba regido por la
pauta de “si planteas un problema, planteas una solución”, ello impedía la
inhibición de responsabilidades. En palabras de los organizadores era
preciso “pasar de la protesta a la propuesta, del sueño a la
materialización, de la visión a la acción, del foro de discusión a la
realización de nuestra visión colectiva”.
Menú para todos
En medio de las intervenciones , unas calmas y sosegadas, otras más
encendidas, una palabra flotaba con insistencia en la asamblea
multinacional: ¡voluntarios! La escasa infraestructura demandaba
constantemente atención y extensión, pero el fuerte sol y los estragos de
la diarrea, no facilitaban el “alistamiento”.
La plenaria era seguida de los consejos de visiones, es decir reuniones
ordenadas por temas en las cuales se aunaban visiones y se adoptaban
acuerdos. Los consejos más populares fueron los de espiritualidad,
espiritualidad femenina, medio ambiente, ecoaldeas, permacultura, arte y
sanación. Tras ello venía la comida. Las enormes colas de espera se hacían
llevaderas, sabedores de que al término de las mismas nos aguardaba un
delicioso menú, confeccionado por la comunidad Hare Krishna, presente en el
evento. Exóticos alimentos eran preparados siempre a ritmo de “mantras” y en
enormes cocinas de leña..
Unas tardes bien pequeñas apenas daban opción para otro espacio de
actividades. Nuevos consejos y círculos con propuestas ya libres se
distribuían por todo el campamento. Había para todos los gustos:
meditaciones variadas, danzas universales de paz, técnicas de
bioconstrucción, hierbas medicinales, cocina vegetariana, audiovisuales,
juegos grupales de movimiento…
Al margen de pautas organizativas, cualquiera de las sombras, por lo demás
bien preciadas, eran un espacio para alarde de tambores, concierto de
flautas, ensayo de malabares, danza libre, o espontáneo y animado canto.
Tuvo también mucho éxito el improvisado taller de pinturas en la piel. A
partir de semillas, tubérculos y cenizas se confeccionaban unos rústicas
ungüentos que adornaron los cuerpos, sobre todo en los momentos previos a
las ceremonias.
El sol se acostaba tras las pequeñas montañas que rodeaban el valle y las
altas llamas de la madera roja de eucalipto comenzaban a crepitar en el
centro ceremonial del campamento. Arrancaba el momento más sagrado del día.
A diferencia del plenario de la mañana, ese gran círculo vespertino
funcionaba con “bastón sagrado de palabra” y en él ya no se permitía ninguna
intervención confrontadora. Todo el verbo allí vertido debía tener una
finalidad enaltecedora, unificadora.
Es difícil olvidar tan sublime silencio, la meditación, el canto aunado de
tantas naciones ante unas llamas soberbias. Es difícil olvidar aquellas
palabras serenas y encendidas a un mismo tiempo de los líderes de las
“tribus” espirituales allí reunidas. Tantos augurios y profecías
desembocaban en esos instantes sagrados. El bosque acunaba con sus mil y un
sonidos de fondo aquel círculo anunciado en el albor de nuestra historia,
aquellos instantes únicos..
En alguna rama, en medio de la “foresta” envolvente, el colibrí debía
cantar, feliz de haber podido reunir en torno a las llamas a la gran familia
humana.
Oportunidad histórica.
El fuego, rodeado de pechos enhiestos, desnudos, remontaba súbitamente en
altura, se engrandecía en todo su fulgor al arrojarle las ramas secas de las
palmeras. Un poderoso “OM” aupado por las voces de más de treinta naciones
diferentes inundaba el valle de Moinho. El “Llamado de Beija Flor (Colibrí)”
había resonado a través de multitud de canales alternativos y espirituales
de uno y otro lado del Atlántico y las diversas “tribus” y comunidades
espirituales arrullaban ya unas mismas, inmensas, anheladas llamas.
El soriano Pablo Bedmar máximo responsable en la programación de los actos,
nos lo había confesado entre bocado y bocado de sabrosa sandía: “Llevábamos
tiempo buscando esta oportunidad de articulación. Estamos viviendo una
ocasión histórica, la mayor que hasta el presente hemos gozado de unificar
nuestras visiones”.
“Uno no tiene el alcance de lo que siembra” nos había compartido, en
similares términos, Alberto Ruz, líder de la Caravana Arcoiris y uno de los
responsables del encuentro, a la vera de otra pequeña hoguera, una de tantas
que brotaban en el inmenso campamento al callar un sol ardiente. La cosecha
estaba allí, en ese otro gran fuego inaugural del Encuentro. La cosecha eran
esos cantos que ascendían junto al humo y que entonaban tantas naciones,
tantas razas, tantos movimientos y colores diferentes. La cosecha estaba
allí, ante nosotros, en forma de testimonio de que en medio de condiciones
físicas difíciles, los hombres y mujeres pueden vivir, no sólo en paz , sino
también en alegría, en mutuo y constante compartir.
Arte, Ecología y Espiritualidad.
El colibrí, el “beija flor” o “besa-flor en castellano” es el pájaro que se
alimenta de diferentes flores y reúne diferentes perfumes. “El Llamado del
Colibrí” era también la convocatoria para el mutuo enriquecimiento, para la
unión de las diferentes disciplinas, de los diferentes nuevos paradigmas.
Arte, Ecología y Espiritualidad latieron en sintonía durante los doce días
de acampada. Toda la vida de la Aldea estaba impregnada de un sentido de
belleza exquisita evidenciada primero en el marco exuberante de la
naturaleza y después reflejada en multitud de detalles cotidianos. Los
árboles, las pieles, las rocas se vestían de colores y era difícil ver
espacios desnudos de esa nueva vitalidad y creatividad que animaba el
evento.
La espiritualidad se manifestaba también en sus más variados registros.
Espontáneos rituales de hombres y mujeres cantando y danzando desnudos a
ritmo de intenso tambor, bajo una noche de aguaceros, precedían a mañanas
alboreadas a ritmo de elevadas y místicas melodías.
La ecología ni siquiera se mentaba pues todo era una constante reinventar,
reutilizar, recrear… para no tirar nada, para no despreciar objeto alguno,
para sumarse a la pauta universal de que todo tiene su razón de ser, de que
sólo hay que ubicar la supuesta “basura” en su función precisa, encontrarle
finalidad apropiada.
Utopía y realidad.
Cantaba un poderoso colibrí al otro lado de las aguas y sabíamos que
debíamos estar presentes, que debíamos volar y arrimarnos a su árbol. Había
que intentar una vez más aunar anhelo de eternidad con esperanza de
fraternidad, conciliar filiación divina y fraternidad humana; había que
estar en el encuentro de la esperanza, por ello hicimos paréntesis en
nuestros quehaceres habituales.
No queríamos perder esa cita. Algo desde adentro nos empuja a estar en el
epicentro donde se gestan los más elevados sueños. Algo nos impele a saltar
océanos a penetrar selvas y presentarnos allí donde se gesta la nueva
humanidad.
A estas alturas de nuestro caminar colectivo se hacia preciso demostrar que
gentes de muy diferentes países y orígenes culturales, de diferentes razas
y colores, sabíamos y podíamos vivir juntos en armonía, nutriéndonos ,
aprendiendo los unos de los otros..
Utopía y realidad entablaron duro duelo en un paraje de tropical belleza.
Muchas utopías vencieron. Otras se quedaron a medio camino a la espera de un
nuevo impulso, rendidas quizás por el calor, a la espera de nueva visión y
madurez. No se materializa de repente en su óptima versión una Aldea
universal de Paz. Son imprescindibles las mil y un pruebas y ensayos. En ese
sentido todas las tentativas pulsadas con corazón son válidas y el “otro
mundo” es más posible tras el canto del colibrí en el Valle del Moinho, en
el corazón de Brasil.
“Corazón cristal del planeta”.
El colibrí alegre y acuariano no anidó por casualidad en tan singular
región. Alto Paraíso es para Brasil lo que Capilla del Monte para Argentina
o Glastonbury para Inglaterra…, verdadero polo aglutinante de gentes
movidas por un anhelo de búsqueda y crecimiento. Es curioso observar la gran
cantidad de establecimientos “especializados” que se levantan a uno y otro
lado de su principal avenida. Posadas ecológicas, teterías de originales
brebajes y bizcochos, consultas astrológicas, aulas de desarrollo personal,
restaurantes vegetarianos, agencias de exóticos viajes, herbolarias…
conforman el entramado de su floreciente economía alternativa.
Los comuneros de “la Flor de Ouro” aludían al fuerte impacto de irradiación
que el entorno ejerce sobre los visitantes. Thomas, el Enlazador, la cabeza
organizadora de la parte brasileña, se refería a la zona de Alto Paraíso
como el “corazón cristal del planeta”, el lugar que “activa las memorias”,
entorno, entre otras cosas, “distinguido por sus frecuentes avistamientos de
ovnis”.
Babilónico instrumento.
No había horarios para las actividades. “¿Hora del comienzo de la plenaria
en la gran carpa de la Caravana Arco Iris por la Paz? No se sabe, no
contesta”.
Todo obedecía o trataba de obedecer a un “orden sincrónico”. El reloj era un
objeto luciferino que muy pocos nos arriesgábamos a llevar en la muñeca. Se
trataba de comenzar a sintonizarse telepáticamente en una sincronía más
natural y menos artificial.
La pequeña máquina para medir las horas fue objeto de encendido debate. La
inmensa mayoría de los asistentes denostaban el uso de la esfera con agujas.
De hecho apenas se mencionaban horarios, con lo que, a falta de mayor ajuste
telepático, ello comportaba a menudo de desorden en el comienzo y
finalización de actividades. “Cuando el sol llegue a su punto álgido, cuando
se meta en la montaña, nos citamos…”
Tanto para los organizadores como para buena mayoría de los participantes,
el reloj constituía un instrumento “babilónico”. “Babilonia” es el nombre
con el cual el “Movimiento 13 lunas” y su inspirador, el americano José
Argüelles define el actual paradigma civilizacional basado en el calendario
gregoriano.
Misterioso virus.
Es probable que el acerbo colectivizante hiciera de la enfermedad un
aspecto nuevo a compartir. Sobre el campamento se cebó un poderoso virus
capaz de instalarse y solazarse en los más variados cuerpos. La diarrea
desatada afectó a cientos de personas. Buena parte del campamento hubo de
pasar en su momento por el denominado “proceso”, que según la fortaleza del
cuerpo adquiría mayor o menor virulencia.
Nadie, ni siquiera las autoridades sanitarias personadas al efecto, acertó
con el origen de esta afección colectiva, que en algún momento llegó a
tumbar a una quinta parte de los asistentes. Unos veían su origen en el
agua, otros en el calor, otros en la energía poderosa del lugar, otros en
las letrinas secas, pues a pesar de su sofisticación y riguroso manual de
buen uso, concitaban auténticas nubes de moscas…
En la cruzada contra el virus el abanderado fue el médico maño Luis
Herrero, que no se levantó de la cabecera de las decenas de enfermos que
diariamente llegaban al improvisado hospital.
Koldo Aldai
Equipo de Portal Dorado
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