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Asunto:[redanahuak] El Llamado del Beija-Flor, cronicas del encuentro / Maite Pardo Sol
Fecha:Sabado, 1 de Octubre, 2005  21:56:31 (-0500)
Autor:Programa Interredes <redanahuak @...............mx>

From: Maite <maite@...> 
Date: Sun, 02 Oct 2005 00:30:24 +0200 
To: lista Red Iberica de Luz <redibericadeluz@...> 
Subject: [RedIbericaDeLuz] El Llamado del Beija-Flor, crónicas del 
encuentro. www.portaldorado.com 
 
  
Madrid, Septiembre de 2005 
 
  
EL LLAMADO DEL BEIJA-FLOR, EL LATIDO DEL CORAZÓN DEL PLANETA 
 
  
 
Dicen las leyendas indígenas que el colibrí es el único ave capaz de 
penetrar hasta el corazón mismo del sol sin quemarse. Arquetipo de inocencia 
y pureza, el Beija-Flor, ha dado nombre e identidad a este encuentro único 
en su género. El Cóndor, Llamado que tuvo lugar en septiembre de 2003 en 
tierras andinas, símbolo según las tradiciones del Gran Espíritu, fue su 
“padre”.  El Llamado del Colibrí ha concitado en el parque natural de 
Chapada dos Veadeiros, Brasil, del 17 al 29 de septiembre, a cerca de mil 
personas de más de 30 países que sueñan con otro mundo diferente y trabajan 
para hacerlo posible. Allí, en el corazón cristal del planeta, aquel que los 
astronautas ven brillar desde el espacio, se dejó escuchar con fuerza el 
latido de un planeta que anhela una vida verdadera. 
 
  
 
  
 
Sabemos que la hora es llegada, sabemos que en el reloj cósmico hace tiempo 
sonaron las campanadas de la  nueva humanidad, aquellas que marcan el tiempo 
del reencuentro, el nuevo ciclo de la acción compartida. 
 
Y atendiendo a ese sonido infinito ocurrió el Llamado, el del Beija-Flor, el 
colibrí, ese que va besando las flores y deja a su paso un rastro de sonrisa 
y ternura. “La Tierra llama a sus hijos”, decía la convocatoria, y 
efectivamente, una naturaleza exuberante, fue la  reina y señora del 
encuentro.  La Tierra toda se desgranaba en abrazos en un lugar de 
desbordante belleza. 
 
La Tierra fue el motor y el impulso, la Tierra fue la gran protagonista y en 
las mentes y los corazones  de todos los participantes: cómo cuidarla, cómo 
protegerla, cómo hacernos uno con ella, cómo danzar al ritmo de sus ciclos 
que son a la vez los ciclos del cosmos. Fue la Tierra la gran maestra del 
encuentro, una tierra roja y poderosa que a duras penas permitía que 
clavásemos en ella nuestras frágiles tiendas de campaña. 
 
  
 
Amanece, las voces encargadas de despertar al campamento van recorriendo los 
“barrios” entonando melodía e invocación “Fuerzas de la Paz, crezcan siempre 
siempre más, que reine la paz y acaben las fronteras. Todos somos uno”. La 
fuerza de la naturaleza se ha hecho sentir con toda intensidad durante la 
noche, hace poco que paró el viento y la tropical tormenta que nos ha 
acompañado en las horas oscuras.  Las montañas circundantes se visten de 
bruma, la Tierra devuelve a las nubes su húmedo regalo y, al salir de la 
tienda de campaña, los ojos se colman de magia y belleza. 
 
El paseo hasta el río está plagado de sonrisas “Bôn dia”, la orilla invita a 
despojarse de todos los disfraces y dejarse acunar por un agua cristalina 
sembrada de pececillos. Opción hay también de pasar por los “chuveiros”, las 
duchas que ofrecen natural intimidad rodeadas de espléndida vegetación. 
 
  
 
  
 
Ensayando el futuro 
 
  
 
Comienza la plenaria. La Carpa Arco-Iris acoge a los voluntarios y 
participantes que desean colaborar en la autogestión del encuentro. El 
Llamado no está hecho y terminado, la nueva Tierra, el nuevo orden social, 
organizativo, no es algo que nos viene dado desde afuera, es algo que 
construimos día a día entre todos y para todos. Las demandas de los 
focalizadores se hacen sentir como una sola voz: hacen falta voluntarios, 
hacen falta voluntades y manos y esfuerzos para implementar hoy, aquí,  la 
Tierra soñada, la Tierra anhelada, hacen falta manos para cuidar los pozos 
secos, para levantar el Tipi de la Espiritualidad o el espacio de los 
indígenas, para trabajar en el Templo de los alimentos o para cuidar a los 
enfermos en la Casa de la Salud. 
 
  
 
 Dos modelos organizativos se suceden en estos días: La fórmula más pura de 
Autogestión, en la que todos participan en todas las decisiones, todos 
aportan su sentir y su pensar, sus ideas y visiones y la Toma de Decisiones 
por Consenso, modelo que, a través de unas pautas precisas, procura hacer 
surgir la sabiduría natural del grupo sumando las aportaciones de las 
diferentes partes. Alberto Ruz, alma mater de la Caravana Arco Iris por la 
Paz dirige las reuniones de Autogestión de forma magistral: convoca, cuida 
el uso del Bastón de la Palabra, procura que cada uno se sienta escuchado, 
impulsa la toma de decisiones, motiva para que se lleven a cabo.  Liora y 
Ulises, expertos facilitadores de Consenso, cofundadora de la Gaia 
University ella, cofundador de la red ibérica de ecoaldeas él, facilitan la 
Toma de Decisiones por Consenso, proponen dinámicas, acuerdos básicos, 
agendas sólidas para que el grupo pueda dejar salir lo mejor de sí mismo de 
forma eficaz.  
 
Y tras la plenaria se reúnen los consejos: Medio Ambiente, Espiritualidad, 
Comunicación, Educación, Sanación. Cada uno se encarga de poner en práctica 
los acuerdos tomados, cada consejo funge como mago que hace realidad el 
sueño de una Aldea autosustentable con la única herramienta de sus manos, el 
trabajo en equipo y su afán por el bien común. 
 
  
 
Pablo Bedmar, miembro de la Caravana Arco-Iris, presenta a la plenaria el 
programa de actividades del día, mientras un sol sin piedad golpea con sus 
rayos el campamento. Se desgranan así los días, intensos todos ellos, únicos 
e imprevisibles. Las actividades programadas dan cabida a infinidad de 
temas: permacultura, red de ecoaldeas brasileñas,  Feng-shui, taller de 
consenso, proyección de vídeos, nueva economía, redes espirituales, técnicas 
de sanación, nutrición, compiten en tiempo y espacio con las más variadas 
expresiones artísticas: danza y biodanza, teatro, improvisación, danzas de 
paz universal, reggae, artesanía. Aún con tan variado programa surgen por 
doquier grupos de actividades espontáneas que hace difícil decidir con cual 
quedarse, faltan horas en el día para tan apretado programa. El sol marca el 
ritmo de las diferentes actividades, los participantes en este ensayo de 
futuro, tratamos de sincronizar nuestro reloj interno con el astro rey que 
sigue su curso, indiferente a nuestras programaciones. 
 
  
 
  
 
Una Aldea de todos, diferentes espacios para el encuentro 
 
  
 
La Ecoaldea Flor de Ouro, cerca de Alto Paraíso, en el estado de Goiás, fue 
el lugar que acogió tan colorida esperanza, 800 personas,  más de 30 países, 
13 tribus o movimientos diferentes (rastafaris, 13 lunas, europeos, 
diksha,…..)   sintieron el Llamado y se acercaron al privilegiado lugar de 
encuentro. El mapa de la zona y las explicaciones de Thomas Enlazador, motor 
y miembro de la Caravana Om Ghanesa, ayudan a situarse en la recepción.  La 
Carpa Arco Iris, la Tienda Galáctica, la Geodésica de las Artes, el Tipi de 
Espiritualidad, el Fuego Sagrado, son los grandes espacios donde se 
desarrollaran las actividades de estos 13 días, lugares que reciben al 
participante invitando ya a entrar, desde el principio, en un espacio-tiempo 
diferente, diseñado hacia lo sagrado, las construcciones se ubican en forma 
de estrella de seis puntas para que puedan materializarse las energías 
celestes, los ideales, las utopías, en el mundo de aquí y ahora. El tic-tac 
se detiene y se descuelga de todas las muñecas para dar paso a la posición 
del sol en el cielo, más o menos cercano a las montañas, y así acordar el 
comienzo de las diferentes actividades. Más adelante, a lo largo de los 
días, habrán de habilitarse otros espacios y horarios para que puedan 
llevarse a cabo todas las actividades propuestas, para que cada cual 
encuentre su lugar y su momento de expresión. 
 
  
 
Más allá contamos con otros espacios que van convirtiéndose en puntos 
cruciales de convivencia durante el encuentro: El área de salud y Templo de 
Sanación, lugares de atención permanente a los enfermos de heridas y 
gastroenteritis, donde todas las formas de sanación, alternativas, indígenas 
y oficiales,  se reunen y se complementan, porque lo más importante es el 
bienestar del individuo y de la comunidad. La Cocina-Templo de los 
alimentos, donde un grupo Hare Krishna ayudado por los voluntarios del día, 
se encargan de preparar el alimento, taller de alquimia que cuida tanto la 
preparación material como la activación del potencial energético de los 
ingredientes a través de la intención, a través de mantrams que van 
condimentando de luz el menú de cada día. El campamento de los niños, Flor 
das Abeilinhas,  espacio de actividades para los niños de la Aldea, un lugar 
para educar de otra manera, para enseñar-aprender esta otra forma de vida de 
acuerdo a parámetros más naturales. El Mercado de Trueque, espacio para la 
economía solidaria y el comercio justo, donde “el cristal”, moneda 
habilitada para el encuentro, y el trueque posibilitan el intercambio de 
productos de forma solidaria y armónica y fomenta el comercio local. La 
Tienda de la Luna, lugar reservado a las mujeres donde reciben apoyo y 
cuidados en los días de su ciclo menstrual y aprenden a integrarlo con los 
ciclos naturales.  
 
  
 
Encontramos así un nuevo modelo de organización social. La Aldea toma en 
cuenta los elementos esenciales de cualquier sociedad organizada, se 
convierte así en un fractal de la realidad mayor, en una parte que 
representa el todo en el que vivimos y nos movemos los seres humanos. El 
gran reto del Llamado consiste en mostrar que ese otro mundo soñado es 
posible, que es posible vivir en armonía con la naturaleza minimizando el 
impacto ambiental, que es posible una educación divertida y global, que es 
posible una espiritualidad en la que cada credo sea no solo respetado sino 
honrado por lo que aporta, que una perspectiva de sanación holística es más 
efectiva que la que trata el síntoma aislado. Y esta Aldea de Paz está 
dispuesta a dar respuesta a este reto más allá de las teorías, poniendo en 
práctica lo tantas veces anunciado y defendido ante la sociedad tradicional. 
 
  
 
  
 
Retratos, instantes, abrazos. 
 
  
 
Recién llegados de este singular peregrinaje, guardamos la memoria de esta 
Aldea de Paz, memoria tejida de instantes vividos con una intensidad como 
sólo es posible en este hemisferio del planeta.  Momentos que una quisiera 
que quedasen grabados en su conciencia como joyas preciosas. He aquí algunos 
de esos instantes únicos: 
 
  
 
* Trece tribus participan en la ceremonia de apertura, 13 tribus reciben 
grandes cristales de cuarzo para activar las energías del lugar que son 
nuestra propia energía, que son la energía de esta tierra que habitamos. 
Trece visiones, trece modos de percibir la realidad, trece modos de actuar, 
se cobijan bajo una sola bandera, la bandera de la paz de Nicholas Roerich: 
ciencia, arte y espiritualidad se unen en un propósito de paz. Y acompañando 
a su blancura, la bandera arco-iris ondea también al viento anunciando la 
unión de todos los credos, de todas las razas, de todas las formas. Blanco y 
Arco-Iris lo dicen todo, no hay discusión al respecto, no hay polémica ni es 
necesario consenso alguno, blanco y arco-iris ondeando al viento sirven para 
vestir todos los anhelos. 
 
  
 
* Desde cualquier rincón de la Aldea se les escucha cantar, tambores, 
timbales… el grupo Hare Krishna ha preparado la comida para todo el 
campamento. Una construcción de adobe circular, con grandes fogones de leña, 
da cobijo a los pucheros, a las patatas, las verduras y los mantrams. Sus 
cantos atraen a los estómagos hambrientos de casi toda la aldea, acudimos 
cada quien con su plato y cubierto para la degustación de tan suculentas 
viandas.  Las largas colas de espera dan lugar para hacer surgir la 
creatividad, los comensales se unen a los cantos, danzan, conversan, se dan 
un chapuzón en el río o decoran su torso, su pecho o sus brazos con pinturas 
naturales. No hay tiempo vacío en la Aldea, cualquier momento es bueno para 
una experiencia, para un capricho, para un encuentro. 
 
  
 
* Dolor de estómago, vómitos, diarrea… el “proceso” hace su aparición y une 
a las más variadas tribus, ratafaris, neohippies, ecologistas y místicos 
tienen ya tema de conversación común. De dónde viene y por qué da lugar a 
las más diversas teorías: el agua, el calor, la comida, las moscas que 
circundan los pozos secos, la poderosa energía del lugar. Las autoridades 
médicas tampoco consiguen encontrar el origen, sólo saben que es algo que 
está sucediendo en toda la zona. El susto inicial por los primeros casos da 
paso con los días a la sonrisa cómplice de los que ya han pasado por él. Se 
organiza la recepción de enfermos, algunos se quedan a pasar la noche en la 
enfermería, otros regresan a sus carpas con una botella bien provista de 
suero, “chá” o “polvinho” con limón. Baste recordar aquí la ternura del 
personal que atiende la “Casa da Saúde”, baste recordar la entrega de Luis 
Herrero, médico zaragozano que atiende día y noche la enfermería, baste 
recordar que cada enfermo que allí acude encuentra, no sólo medicina, 
también consuelo y caricias. 
 
  
 
  
 
Fuego Central, fuego interior 
 
  
 
El sol se ha puesto ya entre las montañas, comienza el reinado de la noche 
en la Aldea. Cesan las actividades, las danzas, los consejos, la vida del 
campamento late entorno a una hoguera que crepita con intensidad, cientos de 
personas se reúnen en el instante quizá más sagrado de la jornada. Lo que no 
consiguen los discursos, los llamamientos, las peticiones,  lo consigue el 
amoroso encuentro del fuego y la noche. El silencio nos convoca y nos 
hermana, no hay diferencias ya de idiomas o colores, no hay diferentes 
propuestas, no hay diferentes visiones. Oro, naranja, rojo, las llamas, bien 
ancladas en el duro suelo elevan nuestro propósito común hasta más allá de 
las estrellas. El saludo a las siete direcciones convoca a las fuerzas 
celestes para acompañar el parto. Va pasando el bastón de la palabra de mano 
en mano, no hay réplicas, no hay respuestas, sólo la expresión de lo mejor 
de cada uno tiene cabida el corazón del campamento, no hay juicios. El 
momento del Círculo se alarga más y más cada jornada, cuesta despegarse de 
estos instantes  de verdadera comunión. Una Tierra Nueva está naciendo, una 
Tierra de todos y para todos y este fuego compartido es testigo fiel de este 
alumbramiento.  
 
  
 
  
 
Maite Pardo Sol  
 
Equipo de Portal Dorado 
 
www.portaldorado.com <http://www.portaldorado.com>; 
 
  
 
 
 
------------------------------------------------- 
 
 
 
 
 
otra crónica de luz? 
redluz-alta@... 
 
 
 
 
  
 
 Madrid Septiembre de 2005 
 
En una de las más importantes citas de este género celebradas hasta el 
momento. 
El “Llamado del Colibrí” reúne en el altiplano brasileño a los movimientos 
acuarianos de Iberoamérica. 
  
La Aldea de Paz es el espacio donde se reúnen diferentes “tribus”, 
diferentes redes afines e integradas con una misma voluntad de cambio, tanto 
personal como colectivo. Un colibrí entusiasta y pregonero invitaba a esta 
“aldea fuera del tiempo” desde la región central de Brasil. 
Esta vez la lona era ancha, inmensa y cobijaba credos y culturas bien 
diferentes. Calor intenso, lluvia a mares, virus insaciables… no pudieron 
con un millar de hombres y mujeres de todas las razas, conjurados a levantar 
una civilización definitivamente diferente. 
 
Cuando los astronautas toman altura en sus vuelos espaciales observan una 
zona de  especial luminosidad, debido a que en su subsuelo se encuentra la 
mayor placa de cristal cuarzo de todo el planeta. En ese privilegiado 
enclave, en la región de Alto Paraíso, Estado de Goiás, entre el pasado 17 y 
el 29 del Septiembre, se levantaron nuestras tiendas, se cruzaron nuestras 
esperanzas.  
El colibrí lanzó su llamado concretamente desde la ecoaldea de “Flor de 
Ouro”, Municipio de Alto Paraíso, no lejos de la capital Brasilia, junto al 
Parque Nacional de “Chapada dos Veadeiros”. 
El gran evento trasnacional y transdisciplinar concitó alrededor de mil 
personas del más variado origen cultural. Era la continuidad del “Llamado 
del Cóndor”, un encuentro de similares características celebrado en 
Septiembre del 2003 en Cuzco, en los Andes peruanos. Se trataba de alcanzar 
entre todos unas visiones, unos propósitos y conceptos válidos para después 
implementarlos en cada país y “biorregión” (región natural) de forma 
autónoma. Una Aldea de Paz como el “Llamado del Colibrí o Besa-flor” es un 
espacio neutro de convivencia, donde todos los participantes tienen la misma 
potestad, los mismos derechos y responsabilidades, donde las inspiraciones, 
las “propuestas de reconstrucción planetaria” y “herramientas de 
crecimiento” se comparten. 
Todo se decide en círculo, el punto principal de conexión entre las redes. 
La “Aldea de Paz” trata de fomentar la conciencia de ciudadanía universal y 
supone un excelente banco de pruebas de una nueva convivencia humana, 
laboratorio donde se gesta una democracia directa, un nuevo mundo. 
La instalación del campamento con todos sus servicios en una inmensa 
explanada junto a la mencionada ecoaldea, había comenzado tres meses antes 
de la cita. Voluntarios de diversos países habían acudido a un llamado 
previo para preparar el terreno. 
El 17 de Septiembre había ya una infraestructura elemental lista para 
recibir el aluvión de campistas. “La Tierra llama a sus hijos” rezaba la 
convocatoria y sus hijos acudieron. Se acercaron de todos los continentes y 
de más de treinta naciones. Además de la mayoría del país, con gentes 
venidas tanto de las grandes ciudades como de la enorme red de comunidades y 
ecoaldeas brasileñas, había nutrida representación argentina, chilena y 
mejicana. De nuestra península alrededor de medio centenar de personas 
quisimos estar presentes en esa cita única. 
 
Lona, madera y metal 
La singular “Aldea de Paz” estaba formada por cientos de pequeña “carpas”, 
tiendas de campaña, plantadas con esfuerzo en una tierra dura y polvorienta. 
La Aldea holística, contaba con sus catedrales de lona, grandes carpas en 
medio de la inmensa explanada, que junto con las escasas palmeras regalaban 
las únicas y exiguas sombras en medio de una calor abrasador. Estas carpas 
habían sido levantadas por los diferentes movimientos implicados y puestas a 
la disposición del evento. 
La geografía de tela y madera se conjugaba con la de metal. Entre la 
abundancia de tiendas “iglús”, destacaban en altura y color los grandes 
espacios desmontables como la “Geodésica de las artes” y la “Tienda 
galáctica”, así como los camiones y autobuses de metal multicolor, 
pertenecientes a las dos caravanas que habían confluido en el evento: “Arco 
Iris por la Paz” y “Ahimsa”. Ambos movimientos fueron los organizadores más 
activos del evento. 
Los servicios se habían levantado siguiendo escrupulosamente pautas de 
bioconstrucción:  duchas, sanitarios secos, lavandería… Había también 
espacios de recepción, salud, cabañas de sudación…Para las familias con 
niños se preparó un campamento especial por nombre “Flor das abejinhas” 
Destacaba por su alegre color el edifico de la cocina, de forma circular y 
construido con adobe. Las mujeres volcaron también toda su creatividad en un 
original y reducido campamento junto al río. Allí se retiraban para sus 
reuniones exclusivas, así como para obtener un ambiente de reposo y procurar 
asistencia en sus “lunas” o menstruaciones. Junto al bosque se habilitó un 
espacio especial construido con cañas, madera y barro para los indígenas 
presentes en el evento. Llamaban la atención  por otro lado, los sencillos y 
originales altares que levantaron algunas de las comunidades allí presentes. 
Se distribuyeron también por el campamento cocinas tradicionales de barro 
para quienes desearan prepararse su propia comida. 
Algunos “tipis” daban a esa geografía neo-hippie su impronta nativa. La 
bandera universal por la paz de Nicolas Roerich, en la que aparecen las tres 
esferas que simbolizan  la unión de arte, ciencia y espiritualidad, era la 
enseña que se prodigaba por doquier. También se dejaban ver abundantes 
banderas arcoiris, simbolizando la unión en la diversidad. En menor medida 
asomaban los diferentes símbolos nacionales. 
 
Entre la lluvia y el sol 
Es difícil describir un día tipo en el campamento, pues cada uno de ellos 
estaba cargado de una intensidad particular, con innumerables actividades en 
diferentes lugares y a cualquier hora del día. 
La jornada comenzaba en realidad antes de rayar el alba, cuando una noche sí 
y la otra también, el cielo descargaba toda su agua sobre una tierra aún 
durmiente. Los sueños se quebraban y el descanso se acortaba con el 
estruendo. Era el comienzo de la época de lluvias que se manifestaba sobre 
todo en esas horas. Los cientos de pequeñas e indefensas tiendas eran presas 
de una lluvia torrencial, impenitente. Pero las numerosas tormentas 
tropicales no consiguieron doblegar la moral del millar de acampados. 
El fuerte sol matutino no tardaba en calentar. Se ocupaba puntualmente de 
secar tiendas y sacos, de levantar todos los espíritus. Al poco de salir el 
inmenso disco rojo, sus rayos castigaban sin clemencia el campamento. Un 
fino vapor ascendía de la tierra roja para cuando se anunciaba la diana. 
El chapuzón en el río o la ducha en los “chubeiros” (duchas), distribuidos 
por los diferentes “barrios” de acampada, predisponían a una jornada 
agotadora. El desayuno de por libre o la ausencia del mismo, estiraba la 
mañana al máximo. Los círculos de tai-chi, yoga y demás gimnasias se 
distribuían por las grandes carpas. Se trataba de sintonizarse a la mañana 
“para después poder alcanzar  una visión colectiva”. 
A continuación la plenaria era el lugar donde se tomaban todos los acuerdos 
importantes para el funcionamiento autogestionado de la Aldea de Paz.. Ello 
evidentemente no era fácil. La enorme diversidad de orígenes espirituales, 
sociales, culturales…, ponía bien alto el listón de los acuerdos. A lo largo 
del encuentro convivieron  de forma armónica desde tribus urbanas de origen 
“rastafari”, hasta los más espiritualistas de agrupaciones metafísicas, de 
redes espirituales, o del creciente movimiento de “Deksha”, (canalización de 
energía superior hacia los cuerpos físicos), pasando por el más exigente 
puritanismo neorrural de las numerosas gentes  de ecoaldeas o seguidores de 
la permacultura.  
 
De la protesta a la propuesta 
Los encuentros se la “jugaban” en la plenaria diaria. Esta aspiraba a ser el 
más definido espacio de ensayo del nuevo mundo. En boca de la organización, 
se trataba “de descubrir y potencializar entre todos las llaves necesarias 
para el cambio global de paradigmas, articulando en red saberes y procederes 
actuales y ancestrales” 
Dada la escasa participación anglosajona, la gran mayoría de las 
intervenciones se sucedían en portugués y español, aunque muchos  de los 
asistentes se manifestaron perfectos dominadores del “portuñol”, una suerte 
de original mezcla de nuestros dos idiomas. 
Sólo un eficaz y profesional equipo de especialistas en la técnica de 
“facilitación y toma de decisiones por consenso” posibilitó el desarrollo de 
estas importantes asambleas. Ellos se encargaban de poner orden en los 
temas, restar emocionalidad en las intervenciones, focalizar el debate hacia 
la obtención de acuerdos… En ese reducido grupo internacional de genios en 
la conducción de grandes y difíciles debates, jugó un papel importante el 
español Ulyses, a la sazón fundador de la Red Ibérica de Ecoaldeas. 
Era sin duda en la plenaria matutina donde mejor se evidenciaba los aciertos 
y errores de ese “fractal” (pequeña parte representativa del todo) del nuevo 
mundo. Para fomentar la idea grupal, el gran consejo estaba regido por la 
pauta de “si planteas un problema, planteas una solución”, ello impedía  la 
inhibición de responsabilidades. En palabras de los organizadores era 
preciso “pasar de la protesta a la propuesta, del sueño a la 
materialización, de la visión a la acción, del foro de discusión a la 
realización de nuestra visión colectiva”. 
 
Menú para todos  
En medio de las intervenciones , unas calmas y sosegadas, otras más 
encendidas, una palabra  flotaba con insistencia en la asamblea 
multinacional: ¡voluntarios! La escasa infraestructura demandaba 
constantemente  atención y extensión, pero el fuerte sol y los estragos de 
la diarrea, no facilitaban el “alistamiento”. 
La plenaria era seguida de los consejos de visiones, es decir reuniones 
ordenadas por temas en las cuales se aunaban visiones y se adoptaban 
acuerdos. Los consejos más populares fueron los de espiritualidad, 
espiritualidad femenina, medio ambiente, ecoaldeas, permacultura,  arte y 
sanación. Tras ello venía la comida. Las enormes colas de espera se hacían 
llevaderas, sabedores de que al término de las mismas nos aguardaba un 
delicioso menú, confeccionado por la  comunidad Hare Krishna, presente en el 
evento. Exóticos alimentos eran preparados siempre a ritmo de “mantras” y en 
enormes cocinas de leña.. 
Unas tardes bien pequeñas apenas daban opción para  otro espacio de 
actividades. Nuevos consejos y círculos con propuestas ya libres se 
distribuían por todo el campamento. Había para todos los gustos: 
meditaciones variadas, danzas universales de paz, técnicas de 
bioconstrucción, hierbas medicinales, cocina vegetariana, audiovisuales, 
juegos grupales de movimiento… 
Al margen de pautas organizativas, cualquiera de las sombras, por lo demás 
bien preciadas, eran un espacio para alarde de tambores, concierto de 
flautas, ensayo de malabares, danza libre, o espontáneo y animado canto. 
Tuvo también mucho éxito el improvisado taller de pinturas en la piel. A 
partir de semillas, tubérculos y cenizas se confeccionaban unos rústicas 
ungüentos que adornaron los cuerpos, sobre todo en los momentos previos a 
las ceremonias.   
El sol se acostaba tras las pequeñas montañas que rodeaban el valle y las 
altas llamas de la madera roja de eucalipto comenzaban a crepitar en el 
centro ceremonial del campamento. Arrancaba el momento más sagrado del día. 
A diferencia del plenario de la mañana, ese gran círculo vespertino 
funcionaba con “bastón sagrado de palabra” y en él ya no se permitía ninguna 
intervención confrontadora. Todo el verbo allí vertido debía tener una 
finalidad enaltecedora, unificadora. 
Es difícil olvidar tan sublime silencio, la meditación, el canto aunado de 
tantas naciones ante unas llamas soberbias. Es difícil olvidar  aquellas 
palabras serenas y encendidas a un mismo tiempo de los líderes de las 
“tribus” espirituales allí reunidas. Tantos augurios y profecías 
desembocaban en esos instantes sagrados. El bosque acunaba con sus mil y un 
sonidos de fondo aquel círculo anunciado en el albor de nuestra historia, 
aquellos instantes únicos.. 
En alguna rama, en medio de la “foresta” envolvente, el colibrí debía 
cantar, feliz de haber podido reunir en torno a las llamas a la gran familia 
humana.  
 
Oportunidad histórica. 
El fuego, rodeado de pechos enhiestos, desnudos, remontaba súbitamente en 
altura, se engrandecía en todo su fulgor al arrojarle las ramas secas de las 
palmeras. Un poderoso “OM” aupado por las voces de más de treinta naciones 
diferentes inundaba el valle de Moinho. El “Llamado de Beija Flor (Colibrí)” 
había resonado a través de multitud de canales alternativos y espirituales 
de uno y otro lado del Atlántico y las diversas “tribus” y comunidades 
espirituales arrullaban ya unas mismas, inmensas, anheladas  llamas. 
El soriano Pablo Bedmar máximo responsable en la programación de los actos, 
nos lo había confesado entre bocado y bocado de sabrosa sandía: “Llevábamos 
tiempo buscando esta oportunidad de articulación. Estamos viviendo una 
ocasión histórica, la mayor que hasta el presente hemos gozado de unificar 
nuestras visiones”. 
“Uno no tiene el alcance de lo que siembra” nos había compartido, en 
similares términos,  Alberto Ruz, líder de la Caravana Arcoiris y uno de los 
responsables del encuentro, a la vera de otra pequeña hoguera, una de tantas 
que brotaban en el inmenso campamento al callar un sol ardiente. La cosecha 
estaba allí, en ese otro gran fuego inaugural del Encuentro. La cosecha eran 
esos cantos que ascendían junto al humo y que entonaban tantas naciones, 
tantas razas, tantos movimientos y colores diferentes. La cosecha estaba 
allí, ante nosotros, en forma de testimonio de que en medio de condiciones 
físicas difíciles, los hombres y mujeres pueden vivir, no sólo en paz , sino 
también en alegría, en mutuo y constante compartir. 
 
Arte, Ecología y Espiritualidad. 
El colibrí, el “beija flor” o “besa-flor en castellano” es el pájaro que se 
alimenta de diferentes flores y reúne diferentes perfumes. “El Llamado del 
Colibrí” era también la convocatoria para el mutuo enriquecimiento, para la 
unión de las diferentes disciplinas, de los diferentes nuevos paradigmas. 
Arte, Ecología y Espiritualidad latieron en sintonía durante los doce días 
de acampada. Toda la vida de la Aldea estaba impregnada de un sentido de 
belleza exquisita evidenciada primero en el marco exuberante de la 
naturaleza y después reflejada en multitud de detalles cotidianos. Los 
árboles, las pieles, las rocas se vestían de colores y era difícil ver 
espacios desnudos de esa nueva vitalidad y creatividad que animaba el 
evento.  
La espiritualidad se manifestaba también en sus más variados registros. 
Espontáneos rituales de hombres y mujeres cantando y danzando desnudos a 
ritmo de intenso tambor, bajo una noche de aguaceros, precedían a mañanas 
alboreadas a ritmo de elevadas y místicas melodías. 
La ecología ni siquiera se mentaba pues todo era una constante reinventar, 
reutilizar, recrear… para no tirar nada, para no despreciar objeto alguno, 
para sumarse a la pauta universal de que todo tiene su razón de ser, de que 
sólo hay que ubicar la supuesta “basura” en su función precisa, encontrarle 
finalidad apropiada. 
 
Utopía y realidad.  
Cantaba un poderoso colibrí al otro lado de las aguas y sabíamos que 
debíamos estar presentes, que debíamos volar y arrimarnos a su árbol. Había 
que intentar una vez más aunar anhelo de eternidad con esperanza de 
fraternidad, conciliar filiación divina y fraternidad humana; había que 
estar en el encuentro de la esperanza, por ello hicimos paréntesis en 
nuestros quehaceres  habituales. 
No queríamos perder esa cita. Algo desde adentro  nos empuja a estar en el 
epicentro donde se gestan  los más elevados sueños. Algo nos impele a saltar 
océanos a penetrar selvas  y presentarnos allí donde se gesta la nueva 
humanidad.  
A estas alturas de nuestro caminar colectivo se hacia preciso demostrar que 
gentes de muy diferentes países  y orígenes culturales, de diferentes razas 
y colores, sabíamos y podíamos vivir juntos en armonía, nutriéndonos , 
aprendiendo los unos de los otros.. 
Utopía y realidad entablaron duro duelo en un paraje de tropical belleza. 
Muchas utopías vencieron. Otras se quedaron a medio camino a la espera de un 
nuevo impulso, rendidas quizás por el calor, a la espera de nueva visión y 
madurez. No se materializa de repente en su óptima versión una Aldea 
universal de Paz. Son imprescindibles las mil y un pruebas y ensayos. En ese 
sentido todas las tentativas  pulsadas con corazón son válidas y el “otro 
mundo” es más posible tras el canto del colibrí en el Valle del Moinho, en 
el corazón de Brasil. 
 
“Corazón cristal  del planeta”. 
El colibrí alegre y acuariano no anidó por casualidad en tan singular 
región. Alto Paraíso es para Brasil lo que Capilla del Monte para Argentina 
o Glastonbury para Inglaterra…, verdadero  polo aglutinante de gentes 
movidas por un anhelo de búsqueda y crecimiento. Es curioso observar la gran 
cantidad de establecimientos “especializados” que se levantan a uno y otro 
lado de su principal avenida. Posadas ecológicas, teterías de originales 
brebajes y bizcochos, consultas astrológicas, aulas de desarrollo personal, 
restaurantes vegetarianos, agencias de exóticos viajes, herbolarias… 
conforman el entramado de su floreciente economía alternativa. 
Los comuneros de “la Flor de Ouro” aludían al fuerte impacto de irradiación 
que el entorno ejerce sobre los visitantes. Thomas, el Enlazador, la cabeza 
organizadora de la parte brasileña, se refería a la zona de Alto Paraíso 
como el “corazón cristal  del planeta”, el lugar que “activa las memorias”, 
entorno, entre otras cosas, “distinguido por sus frecuentes avistamientos de 
ovnis”.  
 
Babilónico instrumento. 
No había horarios para las  actividades. “¿Hora del comienzo de la plenaria 
en la gran carpa de la Caravana Arco Iris por la Paz? No se sabe, no 
contesta”.  
Todo obedecía o trataba de obedecer a un “orden sincrónico”. El reloj era un 
objeto luciferino que muy pocos nos arriesgábamos a llevar en la muñeca. Se 
trataba de comenzar a sintonizarse telepáticamente en una sincronía más 
natural y menos artificial. 
La  pequeña máquina para medir las horas fue objeto de encendido debate. La 
inmensa mayoría de los asistentes denostaban el uso de la esfera con agujas. 
De hecho apenas se mencionaban horarios, con lo que, a falta de mayor ajuste 
telepático, ello comportaba a menudo de desorden en el comienzo y 
finalización de actividades. “Cuando el sol llegue a su punto álgido, cuando 
se meta en la montaña, nos citamos…” 
Tanto para los organizadores como para buena mayoría de los participantes, 
el reloj constituía un instrumento “babilónico”. “Babilonia” es el nombre 
con el cual el “Movimiento 13 lunas” y su inspirador, el americano José 
Argüelles define el actual paradigma civilizacional basado en el calendario 
gregoriano. 
 
Misterioso virus.  
Es probable que el acerbo colectivizante hiciera  de la enfermedad un 
aspecto nuevo a compartir. Sobre el campamento se cebó un poderoso virus 
capaz de instalarse y solazarse en los más variados cuerpos. La diarrea 
desatada afectó a cientos de personas. Buena parte del campamento hubo de 
pasar en su momento por el denominado “proceso”, que según la fortaleza del 
cuerpo adquiría mayor o menor virulencia. 
Nadie, ni siquiera las autoridades sanitarias personadas al efecto, acertó 
con el origen de esta afección colectiva, que en algún momento llegó a 
tumbar a una quinta parte de los asistentes. Unos veían su origen en el 
agua, otros en el calor, otros en la energía  poderosa del lugar, otros en 
las letrinas secas, pues a pesar de su sofisticación y riguroso manual de 
buen uso, concitaban auténticas nubes de moscas… 
En la cruzada  contra el virus el abanderado fue el médico maño Luis 
Herrero, que no se levantó de la cabecera de las decenas de enfermos que 
diariamente llegaban al improvisado hospital. 
 
Koldo Aldai 
Equipo de Portal Dorado 
www.portaldorado.com 
 
 
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