| Asunto: | [redanahuak] Graniceros otomies | | Fecha: | Viernes, 7 de Octubre, 2005 10:58:16 (-0500) | | Autor: | Programa Interredes <redanahuak @...............mx>
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Tradiciones ancestrales amerindias
To: Foro Ser Tierra <SERTIERRA@...>
Date: Fri, 07 Oct 2005 10:54:36 -0500
GRANICEROS OTOMIES
Las comunidades indígenas otomíes están muy ligadas a su entorno natural; de
ahí la importancia y el respeto que se tiene a la tierra por generar la
subsistencia y, por lo tanto, por proveer la vida. Su perspectiva no es la
occidental, en la cual se toma al hombre como dueño de la tierra, sino que
se cree lo contrario; es decir, que el hombre es quien realmente pertenece a
la tierra, por ello no se la pueden apropiar, sólo compartirla.
Aspectos físicos de las regiones otomíes
El tipo de suelo en la región de Amealco es montañoso, prolongándose hasta
Huimilpan, con un declive de sur a norte, partiendo de los 2,605 hasta los
2,000 metros sobre el nivel del mar. El aspecto fisiográfico es diverso:
domina la zona montañosa con suelos cafés y castaños calizos, denominados
podzólicos, con materia orgánica escasa y un subsuelo calcáceo. Sin embargo,
las distintas cañadas y valles que llegan hasta el municipio de Huimilpan,
son muy fértiles. Sus principales elevaciones son el Cerro del Gallo, el
Cerro de la Cruz de Chitejé, Cerro Redondo, Cerro Grande, El Zancudo, el
Cerro de San Mateo, La Muralla y El Añíl.
Por su parte, Tolimán se localiza sobre la cuenca hidrológica de la
vertiente del Golfo de México. Por encontrarse dentro de la Sierra Gorda,
Tolimán es una zona montañosa generada por volcanismo, con suelos de
rendsina, calcáseo y moderadamente salino derivados de rocas sedimentarias.
Aquí se encuentra el tipo de suelo denominado Chestnut o Castaño, con poca
profundidad, que varía entre los 10 y 20 cm. de capa arable, con un reducido
contenido de materia orgánica. Este tipo de suelo descansa en estratos
rocosos que tienen cantidades elevadas de calcio y magnesio. En la zona
occidental del municipio predominan los suelos de litosol, háplico, no
salino y de textura media y, en menor proporción, áreas de suelo calcárico y
cálcico.
El terreno tiene un aspecto ondulante y accidentado, existen desniveles
desde los 750 metros (donde está San Joaquín) hasta los 1,570 metros sobre
el nivel del mar, en el que se encuentra la cabecera municipal de Tolimán.
La prolongación de la Sierra Gorda de Guanajuato (conocida como Sierra de
Tolimán) atraviesa a Tolimán por el oeste. En este lugar se llega hasta los
2,740 metros sobre el nivel del mar, en el sitio conocido como El
Derramadero. A pesar de encontrarse en la sierra, Tolimán cuenta con
llanuras y mesetas considerables.
Todos estos elementos, junto a los aspectos extremosos de la temperatura y
el agua, propician que la agricultura sea muy limitada, además de ello, las
abundantes inclinaciones, el pastoreo y el desmonte modifican el paisaje y
propician la erosión de los suelos. Por ello, los terrenos ocupados para el
cultivo se localizan en las partes bajas, cercanos a los arroyos. Sus
principales elevaciones son el Cerro Banderillo, el Cerro Boludo, El Pilón,
Piedra China, El Ronquillo, La Campana y El Calvario.
En cuanto a la hidrografía, Amealco es recorrido en su parte sur por el río
Lerma Santiago, el cual traza los límites con el Estado de México y
Michoacán, por ello pertenece a la vertiente del Pacífico . De esta manera,
se utilizan los aprovechamientos hidráulicos que se derivan de las cuencas
del Pacífico y del Pánuco; además de ello, existen arroyos temporales como
el de San Miguel, Terrero y Chitejé. Respecto a la precipitación pluvial, el
promedio anual es de 700 mm y 800 mm, con un 5% de lluvias invernales.
En Tolimán se encuentra una cuenca formada por tres vertientes: una procede
de Bernal, San Antonio y San Pablo; otra, del Cerro del Zamorano y San
Miguel; y la última, de las estribaciones de El Derramadero e Higueras,
teniendo su concentración muy próxima a la cabecera del municipio y
continuando hasta la unión con el río Extoraz, que converge con el río
Moctezuma, el cual es el más importante afluente del río Pánuco.
Los arroyos que son tributarios al de San Pablo, son el arroyo Hondo, arroyo
del Derramadero, arroyo de los Salitres, arroyo de los Ojuelos y arroyo del
Shití (Carrizo). El arroyo de San Pablo pasa por El Molino y se une al río
de Tolimán. El arroyo de las Higueras, que nace en las partes altas cercanas
al Derramadero, tiene vertientes que pasan por el Ojo de Agua, El Zapote,
Bomintzá, Casa Blanca, Cerrito Parado y se une al río Tolimán.
Se presenta la existencia de ríos y arroyos torrenciales, que son temporales
en época de lluvias debido, principalmente, al escaso escurrimiento de agua
superficial. Las únicas corrientes permanentes son los ríos de San Juan y
Moctezuma, los cuales son los más importantes, a pesar del alto grado de
contaminación existente en ellos causado por la descarga de aguas negras de
las ciudades de San Juan del Río y Tequisquiapan. Estos ríos son utilizados
para irrigar algunas planicies cercanas.
Los flujos de agua subterranea convergen en tres direcciones: una que
proviene de Nogales, Panales y San Miguel, cuya característica es la
permeabilidad baja en materiales no consolidados; la proveniente de El
Derramadero y Las Higueras; y la última, proveniente de El Cerro del
Sacamecate y la parte posterior de El Calvario. En relación con los pozos,
esta región es considerada sub-explotada. Es muy probable que el decremento
paulatino de las zonas boscosas, arbustos y la carpeta vegetal propicie la
disminución de escurrimientos; lo cual agravará, aún más, la escasez de agua
y, por ende, los cultivos.
Además de ello, la precipitación pluvial es escasa: varía entre los 300 y
400 mm en promedio anual, lo cual hace prevalecer el aspecto semidesértico .
La Sierra Madre Oriental ha impedido el paso natural de los vientos húmedos
que provienen del Golfo, ocasionando la baja precipitación pluvial. Sólo
cuando se forman tormentas o perturbaciones atmosféricas con vientos
fuertes, en el Golfo de México o en el Pacífico, llegan las lluvias a esta
región (Reséndiz; 1997).
La región indígena de Amealco se caracteriza por un clima templado
sub-húmedo, con una temperatura media anual de 15.1 o C, una temperatura
máxima de 18 o C y mínima de 2.9 o C. Por lo regular, entre los meses de
septiembre y octubre, se presentan heladas, las cuales se intensifican de
diciembre a febrero. De igual manera, se presentan lluvias y granizadas en
los meses de marzo y abril, ocasionando daños considerables a la agricultura
de la región.
En cambio, el clima que predomina en la región indígena de Tolimán es el
cálido-semiseco árido, por la escasa existencia de vientos húmedos
provenientes del Golfo de México.Se clasifica como clima seco, del subtipo
seco semicálido, con lluvias en verano de escaso porcentaje; únicamente en
las partes altas el clima es templado sub-húmedo. La temperatura media anual
es de 19.9 o C, con una máxima de 30 o C y mínima de 5 o C. En la parte alta
de la Sierra de Tolimán el clima desciende entre 3 o y 5 o C, menos que en
la cabecera. Se detectan principalmente dos épocas de clima: el tiempo de
lluvias y el tiempo seco.
Por ser una región con clima templado, Amealco tiene una fauna silvestre que
comprende, principalmente, conejo, tlacuache, zorrillos, onza, culebras,
ardillas, ratas, lagartijas y diferentes tipos de aves pequeñas. No así en
Tolimán, el cual tiene las características del semidesierto, donde se
encuentran especies como serpientes de cascabel, coralillos, lagartijas,
ranas, tortugas, mariposas, avispas, conejos, tuzas, tejones, ratas de
campo, tlacuaches, zorrillos, coyotes, venados, armadillos, ardillas,
gavilanes, cuervos, zopilotes, zenzontles, urracas, pájaros carpinteros,
chuparrosas, palomas, alicantes, etc.; y especies domesticadas como ganado
bovino, lanar, porcino, caballar, caprino, mular, asnal, etc.
La región indígena de Amealco cuenta con el bosque conformado por árboles de
pino, encino, madroño, eucalipto, ocote, ocotillo, pirul, capulín, tejocote,
gatuño y tepozán; de igual manera se encuentran especies arbustivas,
principalmente la pingüica. Existen otras especies de consideración, como el
nopal y el maguey.
En Tolimán prevalece la vegetación de tipo matorral espinoso, matorral
inerme y subinerme, cardonal, chaparral nopalera, crasi-rosulifolios y
mezquital. Por ejemplo, existe el nopal, biznaga órgano, huizache, maguey,
mezquite, chiquiñá, gobernadora, granjero, pirul, órgano, lechuguilla,
orégano, sangredegrado, garambullo, huisache, palma, sarabullo, uña de gato,
tasajo, maíz , frijol, alfalfa, calabaza, cacahuate, zapote, sabinos,
nogales, etc.; además, se han introducido árboles frutales como guayaba,
limón y lima, injertos de nopal y variedades de aguacate. En las partes
altas de la Sierra de Tolimán, con clima subhúmedo, se encuentran bosques de
encino y pino.
El otomí y su entorno
La naturaleza es tomada en cuenta para la mayoría de las prácticas
culturales. Se liga al entorno natural, y todo cuanto provienen de él, con
una cierta espiritualidad. Tal es el caso del pulque, que aún se considera
sagrado. A esta bebida se le conoce como kwä (dios pulque). Consumirla en
grandes cantidades se considera como un alejamiento de la deidad. El pulque,
antes de ser tomado, se bendice para recibir el consentimiento de kwä,
puesto que él lo ha creado. En los rituales más importantes se consume este
líquido, que representa una de las formas de percibir lo espiritual.
En las zonas indígenas donde se cultiva el maguey, para obtener pulque de
él, algunos tlachiqueros todavía acostumbran rociar un poco de aguamiel
sobre la tierra, después de raspar las primeras pencas del maguey, como
agradecimiento. En la región de San Ildefonso, Amealco, los raspadores tiran
algunas gotas de aguamiel sobre el fogón; de esta manera se hace una
reverencia y ofrenda a kwä , quien también está relacionado con el fuego;
esta ofrenda tiene el propósito de que el pulque no provoque males (Fliert;
1988).
El agua también goza de importancia por ser un elemento vital para los
otomíes y necesaria para el crecimiento de los cultivos. La mayoría de los
rituales más relevantes en la vida de los otomíes están relacionados con el
cuidado de este líquido y la manera de propiciarlo por medio de lluvias . No
sólo el agua tiene relevancia para la cosmovisión indígena otomí, sino toda
la naturaleza, como las plantas, los animales, el viento, las nubes. Los
elementos celestes también tienen un significado simbólico, como las
estrellas, el sol y la luna, capaz de advertir o predecir fenómenos
naturales, como las lluvias para la cosecha, y si ésta crecerá bien de
acuerdo con su influencia.
El conocimiento de los ciclos naturales, y de las plantas y animales,
permite a los indígenas pronosticar las posibilidades que tendrá su cultivo
para lograrse y, de esta manera, cosechar sus esfuerzos. Pueden conocer la
forma e intensidad en que vendrá la lluvia, prediciendo las condiciones a
las que se enfrentarán durante los tiempos productivos, por medio del
seguimiento del calendario agrícola. Hay diversas pistas que permiten este
conocimiento empírico, generalmente basado en la observación; por ejemplo,
si en los meses de abril y mayo se identifica que el nopal ha dado una gran
cantidad de tunas, esto es un indicio de que en poco tiempo habrá escasez de
agua, lo cual puede ocasionar la pérdida de las cosechas. De la misma forma,
si en febrero y marzo se nota que, poco a poco, los árboles de los montes
empiezan a perder sus hojas en el transcurso de las semanas, hay un indicio
de que los cultivos se malograrán; en contraste, si las hojas caen parejas
en un mismo tiempo determinado, la cosecha tiene todas las posibilidades de
ser abundante.
No sólo las plantas pueden anticipar eventualidades de la naturaleza,
también los animales y el hombre pueden presentir los fenómenos futuros del
clima. Se dice que si las vacas y toros están mugiendo constantemente, las
lluvias llegarán en poco tiempo. La llegada del cuervo (nombrado ka entre
los otomíes) significa que una fuerte lluvia o un aguacero está por llegar.
Sin embargo, es buena señal ver al ka , porque en los años en que no ha
aparecido, la sequía es la que se encarga de cubrir los campos (Fliert;
1988). De igual forma, cuando las arañas empiezan a subir a las partes altas
de las casas o árboles, es porque la lluvia no tarda en llegar; lo mismo se
cree de las hormigas, cuando empiezan a subir por las paredes.
Hay otro tipo de animales que están relacionados con la lluvia, como los
sapos, las luciérnagas, y los grillos. Se considera que es precisamente el
sapo él que más relación tiene con la lluvia porque el sapo es el hijo del
agua; se le puede escuchar un par de semanas antes de que lleguen las
lluvias. Los sapos ³se reúnen para rezar² y, así, llamar a la lluvia que da
la vida. El canto de los grillos y la luz de las luciérnagas en la oscuridad
de la noche, como si fueran estrellas, son indicios de que la tierra
recibirá el fluido vital (Fliert; 1988).
También la serpiente tiene íntima relación con el agua; se llama a la víbora
la ³adivinadora de la lluvia². En la época de temporal, si llega a
encontrarse una serpiente en el camino, es un augurio de prontas lluvias, ya
que ³la serpiente está ahí donde hay agua² (Fliert; 1988). Las serpientes
también traen malos augurios: el encontrarse una serpiente puede también ser
indicio de que la persona debe alejarse de las cosas que le hacen daño,
tanto física como emocionalmente.
En el mes de marzo, en San Ildefonso, los cargueros reúnen dinero para
celebrar una gran misa. A ésta se le llama ³la misa de la víbora de agua² y
se adora al menthe (Víbora de nubes) para que envíe la lluvia buena y mejore
el maíz sembrado.
Los otomíes le atribuyen una fuerza espiritual a su entorno natural; creen
que los manantiales y los ojos de agua tienen un dueño o espíritu protector,
siendo representado por una serpiente o sapo gigantesco, que aparece cuando
alguien daña su territorio; de lo contrario, no se dejan ver. A su vez, los
cerros aún conservan la concepción mesoamericana de generadores de agua; por
ello, las peregrinaciones y ofrendas que se realizan en torno a ellos,
continúan dándole a la naturaleza su lugar predominante.
Otro elemento que se asocia con el agua es la luna: su incremento,
desarrollo o ausencia por eclipse, causan perturbación. Se dice que la luna
es capaz de producir diferentes anomalías, como deformidades en los animales
y niños recién nacidos. En ocasiones la luna puede causar problemas mentales
pero, en contraparte, ayuda al crecimiento adecuado de las plantas.
En relación con el cultivo, se recomienda sembrar durante la luna creciente,
porque se dice que, bajo la fuerza de ésta, las plantas de maíz crecerán
bien y sus raíces se desarrollaran fuertes. En cambio, se considera poco
favorable sembrar en luna llena, puesto que su relación pronunciada con la
tierra causa que se agusanen las plantas de maíz y las raíces no se
entierren firmemente. Sin embargo, es únicamente en este periodo en el que
se talan los árboles, porque se dice que la madera durará mucho más y no
será atacada por la polilla.
Cuando empieza la época de temporal, generalmente en abril, la observación
del cielo es importante para el otomí, de ello dependen sus cosechas. L os
truenos y rayos que se presentan entre los meses de abril y agosto indican
la presencia de lluvias; en cambio, si los truenos y rayos hacen presencia
de enero a marzo, el año será malo, porque la cosecha será muy pobre y las
plantas se secarán.
El arco iris también es de importancia, porque su aparición representa la
protección de la cosecha contra los chubascos; se dice que ataca a las nubes
negras para que su agua no sea perjudicial. Sin embargo, es arriesgado ver
el esplendor del arco iris, porque en el cuerpo pueden brotar granos; en
Santiago, comunidad de Amealco, se conoce esto como la enfermedad del arco
iris. Para que la gente se alivie tiene que esperar hasta la próxima
aparición del arco iris; se prepara una solución de sal y agua para frotar
las partes afectadas; posteriormente salen a descubierto y desnudan la parte
afectada del cuerpo para exponerla al arco iris. Cuando regresan a su hogar,
sacuden la sal sobre la lumbre del fogón, así ésta se quema, al igual que
los mezquinos, que desaparecerán en corto tiempo (Fliert; 1988).
En caso de una lluvia con viento fuerte, los hombres salen de sus casas y
rezan para cambiar la dirección del viento y que éste no afecte a sus
cosechas. Si amenaza una tormenta, se quema incienso con carbón en un copal,
se persignan y rezan durante media hora hacia la dirección de procedencia de
las nubes negras. Así, la intervención sagrada hace que los aguaceros
cambien de dirección o lleguen a la comunidad en forma benéfica.
Cuando las nubes amenazan con traer tormentas y granizos debido a la
aparición de una cola en estas nubes, se teme por los cultivos; por ello,
hay personas dedicadas a espantar este tipo de nubes. Se les conoce como
granicero s o espantanublados, y por medio de movimientos impetuosos de sus
manos y cabeza, oraciones y rezos, alejan a las lluvias intensas.
Actualmente son muy pocas las personas reconocidas como graniceros; poco a
poco se ha ido perdiendo esta actividad.
Los grupos ñäñhä de la región norte, como los del sur, suelen aprovechar su
entorno natural, puesto que éste presenta diversas alternativas para cubrir
sus necesidades de alimentación, así como para construcción de viviendas y
corrales. La naturaleza está en todos los aspectos de la sociedad otomí,
tanto para la curación de algunas enfermedades por medio de plantas y
animales silvestres, como para la alimentación con la flora silvestre
(orégano, chile piquín, tuna, nopal) y la fauna (conejo, liebre y algunas
aves, entre otros animales).
Por lo general, la manera en que más se vinculan los indígenas con su
entorno es por medio de la agricultura; en especial, el cultivo del maíz,
herencia de su pasado mesoamericano, que aún persiste en las creencias y
rituales actuales.
En el municipio de Amealco, a pesar de haber cultivos comerciales, la
tradición del maíz se ha mantenido, sobre todo porque las tierras fértiles
lo permiten. También el nopal y el maguey, en menor escala, muestran la
importancia que tiene este tipo de flora en la cosmovisión otomí.
En Tolimán, la aridez de la región, producto de su geografía, clima y agua
muy escasa, han propiciado que la productividad agrícola esté muy limitada,
así como el aprovechamiento del entorno natural. Sin embargo, se continúa
sembrando el maíz, principalmente para el autoconsumo o las festividades
religiosas, y en ocasiones, para comercializarlo. Generalmente se siembra en
las partes bajas cercanas a los arroyos.
En esta región se ha tomado como alternativa la siembra de nopales en
cantidades mayores, pues cuenta mayoritariamente con una vegetación de
semidesierto como matorrales y cactáceas, además de arbustos que no
necesitan de grandes cantidades de agua. Además, en las zonas de clima
templado se ha dado la producción de algunos árboles frutales, como guayaba,
limón, lima, aguacate, entre otros.
En las partes altas de la Sierra de Tolimán se puede encontrar el bosque de
encino y de pino. A su vez, la región de Amealco también tiene bosques de
encino, pino y madroño, principalmente.
El aprovechamiento del bosque ha sido trascendente para los otomíes,
mayoritariamente en Amealco, donde la producción forestal está basada en el
aprovechamiento del encino, madroño, tepozan, eucalipto, tejocote, pingüica,
capulín y otras especies. En Tolimán prevalecen el encino y el pino; sin
embargo, en ambos casos los bosques han sido explotados irracionalmente,
reduciendo notoriamente la superficie que les correspondía
Aún se acostumbra la recolección de leña y arbustos para ser usados como
combustible para cocinar los alimentos, construir muebles, herramientas de
trabajo, enseres domésticos, o para formar las estructuras de las casas.
También se recolecta tierra, hierbas y hongos, y se elabora carbón para el
autoconsumo y la venta en otras comunidades o en la cabecera municipal. Esta
es una estrategia aún utilizada en la actualidad; aunque poco recurrente en
la actualidad, sin embargo, muestra la continua relación entre la naturaleza
y el otomí, una relación que ellos entienden como de reciprocidad, por lo
cual tienen que cuidar de su entorno para asegurar la subsistencia.
La protección que se ha dado al bosque por parte de las instituciones
gubernamentales, ha causado la disminución y modificación de las actividades
forestales indígenas, debido a que ya no pueden dedicarse a las labores
mencionadas anteriormente porque, desde el aspecto legal, estarían
incurriendo en un delito; esta situación limita las relaciones entre las
comunidades y su entorno. La protección del bosque debiera ejercerse con
mayor fuerza ante la sobreexplotación foránea, puesto que, generalmente, son
empresas externas a las comunidades indígenas las que saquean el bosque. La
conservación de las áreas forestales puede ser dada por medio del cuidado y
la reforestación de los mismos indígenas, lo cual presenta una accesibilidad
para que se de un verdadero cuidado de estas áreas, que permita su
aprovechamiento, pero sin alterarlas drásticamente.
Una de las actividades más desarrolladas en las zonas indígenas es la
explotación de los suelos y montes para la producción de materiales para
construcción. En el municipio de Amealco predominan las zonas montañosas con
suelos cafés y castaños calizos, conocidos como podzólicos, además de
terrenos fértiles en la parte de las cañadas. Por ello, hay zonas que
posibilitan la extracción de materiales como el sillar, para construcción, y
el barro, generalmente utilizado en la producción artesanal.
Por su parte, Tolimán cuenta con suelos de poca materia orgánica,
denominados castaños; también hay suelos de tipo calcáreo, y medianamente
salinos. Estos suelos se prestan para la extracción de cal y grava
principalmente y, en regiones más alejadas, se pueden encontrar minas de
mármol, que los pobladores utilizan para comercializar; sin embargo, las
empresas dedicadas a la extracción de este material en grandes cantidades
están en manos de los mestizos.
Fuente:
http://www.ciesasistmo.edu.mx/ciesasweb/perfilindigena/otomiesqueretaro/cont
e11.html
Compartido a la red por:
http://www.egrupos.net/grupo/difusioncav
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