Queridos hermanos:
Siento que debo
compartir con todos vosotros una bella y emotiva
historia que me sucedió unas semanas atrás y que ahora ya sé que se engloba en el
contexto de una energía más amplia y poderosa que se avecina para estas Navidades.
EL DESCENSO DEL CRISTO PLANETARIO, de la que tendré el placer de ampliar
información en los próximos días.
Sucedió el Domingo 13 de Noviembre
pasado. Llovía en toda la mitad Norte de España. Volaba yo por la A-2 desde Zaragoza, donde había terminado un Curso
de Balance Polar Electromagnético hacia las 4 de la tarde, con rumbo a Madrid,
con la prisa de llegar a tiempo al Concierto de presentación en Madrid de la
nueva banda de música Gospel, la EMC Gospel Factory.
Por si alguno no lo
sabe, la música Godspell
es lo que también se llama los “Espirituales Negros”, esas músicas
tan rítmicas y animadas que cantan los coros de gente negra en las Iglesias del
Sur de los Estados Unidos para alabar a Dios, vestidos con largas túnicas y unas voces increíbles y donde hasta el
predicador se une al coro en un ritmo que acaba arrastrando a todos los
feligreses a una participación creciente y viva.
La razón por la que
tenía tanto interés en asistir a ese concierto es porque mi hijo pequeño,
Rodrigo, es el batería de este nuevo Coro, esta vez básicamente español,
multirracial, y que desde luego no toca en iglesias bajo la dirección de ningún
predicador sino en salas de conciertos, teatros y garitos varios, bajo la
dirección de un músico enamorado de esta música y situados siempre bien cerca
de las “birras”. Como esta vez, en que la presentación tenía lugar
en el garito “Bar & Co” o Sala de Conciertos a decir de los
dueños, situado en la
Calle Barco, 32, de Madrid.
Llegué a la Sala
hacia la mitad de la primera parte, o sea que, bien, pero en sala cuya
capacidad según figura en un cartel es de 200 personas, apuesto a que había más
de 600. Apenas pude avanzar un par de metros desde la puerta en aquella sala
atestada de gente joven que se estaba divirtiendo de lo lindo con los cantos
maravillosos que salían de aquellas 15 o 20 voces, en su mayoría femeninas, de
cuyos propietarios apenas alcanzaba a ver cabezas o medias cabezas (debería
haber crecido más).
Me acomodé como
pude entre cigarros y gente saltando y me fui relajando a la vez que
disfrutando del resto de la primera parte del concierto. Una vez llegados al
descanso, salí a la calle, a respirar aire puro, con la confianza de que alguna
gente se marcharía y podría aventurarme en la segunda parte a buscar a un par
de buenas amigas que sabía que estaban dentro. Pero como ellas salieron a la
calle también a respirar algo que no fuera humo, pues asunto solucionado.
Cuando empezó la
segunda parte, tampoco pudimos avanzar mucho más que en la primera nuestra
posición en el local, pero sí encontramos un espacio más amplio y menos
contaminado desde donde escuchar el resto del concierto sin tanto meneo ni
trasiego. Hasta encontré un trozo de pared donde apoyarme, aunque de ver a mi
hijo, nada de nada porque estaba debajo del escenario con el resto de los
músicos, pero al menos oía perfectamente su magistral batería.
Así, mas
relajadamente, me fui entreteniendo en tratar de traducir lo poco que pillaba
de las letras de aquellas canciones, las cuales obviamente trataban de Dios y
de Jesucristo, básicamente, y de la relación con ellos del compositor de la
canción y del cantante. Yo no sé si los cantantes, que cantaban en inglés, eran
conscientes de lo que decían, pero de lo poco que yo pillaba me di cuenta de
que estaban invocando a Jesucristo, fuerte y claro, y en una de estas canciones
empecé a sentir Su presencia, inconfundible pero un tanto difuminada. Ya son
tantas veces las que La he sentido, inconfundible, única y arrebatadora, con
mayor o menor intensidad, que no tenía duda alguna de que estaba allí presente,
si bien en muchas ocasiones yo lo había captado con más intensidad que en aquel
momento. Enseguida entendí el mensaje y bañado en alegría me puse manos a la
obra de bendecir y facilitar el acceso de Su energía a todos los que asistían
al concierto. Sentía clara su presencia y veía en mi interior con claridad el
busto del Sagrado Corazón de Jesús en el aire oscuro del local, entre las luces
de los focos y el humo de los cigarros y petardos de la sala. Esta sensación
duró más o menos un minuto y luego, sin llegar a desaparecer del todo, se
difumino tanto que le perdí la pista y volví mi atención al concierto.
Cuando el concierto
terminó, la gente estaba tan animada y entusiasmada que pedía sin cesar un
“bis”. El director, que ya esperaba esta petición, dijo que
cantarían la canción “Happy Day” como bis y que no se les pidiera
otro “bis” porque, sencillamente, no tenían mas repertorio, ya que
llevaban poco tiempo de ensayos. Empezaron a cantar “Happy Day” y
en la letras llamaban constantemente a Jesucristo, “Yesus” y
Yesuskraist” pronunciaban sin cesar, pidiendo que les atendiese y les
llenase con Su Luz. Al ser consciente de esa letra de invocación fue que Le ví,
ahora con fuerza y claridad, majestuoso, de cintura para arriba, con su manto
rojo, su túnica blanca y su Rojo y Sagrado Corazón encendido en su pecho.
Estaba en el centro de la sala, girando, mirando a todos y bendiciéndoles con
tal Amor y tal generosidad, que yo estaba fascinado, maravillado y pletórico de
alegría. Mis amigas, sonrientes y contentas, saltaban y acompañaban con su
ritmo las canciones.
Entonces se
produjo. Empecé a sentir Su energía en mi interior. Su fuerza y amor recorrió
mi canal central, mi columna vertebral, de arriba abajo y se instaló durante muchos
segundos en mí, en mi pecho, comunicándome la maravilla y el gozo que supone
tener una energía de esa dimensión en el interior. Yo estaba como drogado,
supongo, porque nunca me he drogado, extasiado y pleno de una felicidad solo
comparable a otros estados sentidos cuando Él también había estado dentro de
mí, era su energía, tan arrebatadora y amorosa y a la vez tan delicada que, sin
permiso alguno, las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos, grandes, pesadas y
rotundas. Fue un adelanto del paraíso. Si dura mucho más, allí me quedo tieso,
pero Él sabe hasta qué punto podemos cada uno aguantar Su vibración y cedió un
tanto, para que yo pudiese recuperar algo de cordura y no levitara allí mismo.
Entonces, recuperada un poco la capacidad mental, y mientras Él seguía
repartiendo bendiciones y extendiendo Amor y compasión (a cada uno la que puede
recibir y soportar), pregunté: ¿Y esto?. Y me respondió en lo interno: Es
obvio. Hay alguien que me invoca (el coro) y un canal preparado para recibirme,
que eres tú, y aquí estoy, siempre que se me invoca y hay canal, allí estoy. ¿Y
por qué no aquí, con lo buena que es la música y el interés que estos Amados
ponen en cantar bien e invocarme?. Y se volvió y siguió bendiciendo hasta que
la canción acabó.
Yo me quedé flotando
y como ebrio el resto de la
noche. Todavía sorprendido y tratando de degustar los últimos
retazos de Su energía que se obstinaban en acompañarme. La canción terminó y
también el concierto. Todo el mundo salía de la sala con muy buen rollo encima,
caras alegres, risas, enhorabuenas a los músicos. La gente del coro fue
saliendo y pasando delante de mí, con unos rostros alegres y jubilosos,
orgullosos de su actuación y recibiendo parabienes de todos. Al rato salió mi
hijo Rodrigo de su escondrijo y vino a nuestro encuentro también feliz y
orgulloso de su actuación, con un rostro alegre y sonriente y estuvimos un rato
charlando todos. Le pregunté por las letras de las canciones y como
conseguirlas y me remitió a Internet y a google, pero me dio la impresión de
que no era minimamente consciente de lo que decían y hacían con sus cantos.
Y así terminó
aquella historia. El día 13 de Diciembre la EMC Gospel Factory
actúa de nuevo en Madrid, en el mismo lugar “Bar & Co”, C/
Barco, 32 a
las 22,00. No os lo perdáis, desde esta información y desde esta conciencia,
escuchad y rastread Su energía, porque será de nuevo invocado por la EMC Gospel Factory,
y si hay algún canal adecuado, allí estará. No os lo perdáis.
En el caso peor, el concierto es gratis y el Coro canta de maravilla.
Que todos los
trabajos espirituales del PIA. Ciao.
En servicios y con
amor.
Domingo
Díaz.