| Asunto: | [redanahuak] Transnacionales, saqueo de recursos y conflicto ambiental en Latinoamerica | | Fecha: | Jueves, 9 de Noviembre, 2006 17:19:07 (-0600) | | Autor: | Red Iberoamericana de Luz <ricardoredluz @.....com>
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Transnacionales, saqueo de recursos y conflicto ambiental en Latinoamérica
Ricardo Cifuentes Villarroel
(*)
Los grandes proyectos de las empresas
transnacionales basados en el saqueo de recursos naturales y la
destrucción del medioambiente a una escala nunca vista hasta ahora, se
han convertido en la fuente principal de conflictos ambientales en
América Latina. La proliferación de estas operaciones económicas es
favorecida por planes que fomentan las exportaciones, fundamentalmente
de materias primas, con miras "al crecimiento y el desarrollo" de una
región con vastas riquezas minerales, con la mayor reserva de
biodiversidad, con un tercio del agua dulce y cerca de un tercio de los
bosques del planeta.
La situación se identifica en los últimos quince años con una
globalización financiera y corporativa, que ha asumido una posición
central en todos los negocios internacionales. Este mercado global
entre empresas transnacionales define el rumbo de una acumulación:
fuerte en el centro y débil en las periferias, desarrollando un estilo
colonial en la explotación de los recursos. Estas operaciones,
dominadas por el capital transnacional y su búsqueda exclusiva de
ganancias inmediatas, distorsionan las cifras del producto bruto de
cada país, al incluirse la explotación de recursos en el rubro
correspondiente a la producción nacional.
El proceso está marcado por la entrega abierta de territorio,
exenciones tributarias, facilidades en las concesiones de aguas y de
explotaciones mineras, servicios baratos generalmente provistos por
fondos públicos, desprotección de la fuerza de trabajo, del medio
ambiente y de la salud y el modus vivendi de muchas comunidades. Este
proceso se está dando de modo similar en diferentes países
latinoamericanos, conformando en algunos casos verdaderos modelos de
operación, donde las transnacionales, con una inversión mínima se
llevan recursos de enorme valor, dejando un saldo de contaminación y
destrucción del medio ambiente y un empeoramiento de las condiciones
económicas y de salud de las poblaciones afectadas directa o
indirectamente por su accionar.
Como el objetivo básico es incrementar el capital, el mundo
corporativo impulsa preferentemente el desarrollo de industrias que
garanticen las mayores ganancias, como los monocultivos
agroindustriales y la minería. Más aún, dentro de cada una de estas
actividades se da prioridad al tipo de producción más rentable. Así,
los monocultivos se orientan hacia la exportación de alimento animal o
de celulosa, y la actividad minera muestra una tendencia a centrarse en
la extracción de oro y uranio.
Frente a esta arremetida de las transnacionales que operan en
el ámbito de la extracción de recursos, los gobiernos locales no han
hecho la inversión necesaria en educación, capacitación, ciencia y
tecnología para crear capacidades orientadas a la obtención de un
potencial valor agregado dirigido a un "desarrollo hacia adentro". Mas
bien, las nuevas promociones de técnicos y profesionales pasan a
constituir otro aporte nacional al éxito de la inversión extranjera, al
entrar de lleno al juego de la "competitividad" de los países, medida
en términos del crecimiento de las exportaciones de las empresas
transnacionales.
Todos los componentes de la ecuación -grandes corporaciones
en busca de la máxima rentabilidad, organizaciones económicas
intergubernamentales instrumentalizadas por el gran capital para la
obtención de sus fines, gobiernos y políticos locales obsecuentes,
legislaciones débiles o inexistentes, desinformación y ausencia de
espacios de participación ciudadana real- contribuyen a fortalecer la
salida vertiginosa de los recursos de América Latina. Se establece así
una suerte de destino manifiesto en el servicio de los intereses
corporativos, cuya orientación es totalmente opuesta al desarrollo, al
mejoramiento de la calidad de vida, la justicia social, la
sustentabilidad. Por el contrario, y pese al ambiguo y autocomplaciente
discurso macroeconómico de gobiernos y elites nacionales, en buena
parte de la región se vive un constante deterioro de las condiciones
económicas y sociales de sectores mayoritarios de la población, incluso
en países que se presentan como paladines de esta cruzada neoliberal.
El caso de Chile es paradigmático, con su sorprendente y siempre
creciente desigualdad en la distribución del ingreso.
Ocupación del territorio
El desarrollo de los proyectos extractivos exige ocupar e
intervenir inmensas extensiones de territorio, utilizar enormes
cantidades de agua pura y emplear substancias tóxicas de modo
intensivo. La satisfacción combinada de estas necesidades implica la
destrucción masiva del medioambiente y un deterioro grave de las
condiciones de vida de las comunidades afectadas, que incluso pueden
verse privadas del acceso a recursos vitales como el agua y los
recursos marinos. Poco importa para este tipo de explotaciones que los
territorios intervenidos sean ricos en biodiversidad o que sirvan de
sustento a determinadas comunidades.
Resulta ilustrativo revisar el crecimiento de la superficie
ocupada por estos proyectos. Entre 1990 y 2000 se deforestaron 467.000
km2 en América Latina para destinarlos a usos tales como la
agroindustria y las explotaciones mineras (1).
La deforestación de la Amazonia brasileña había llegado en 2005 a unos
680.000 km2, de acuerdo con un informe gubernamental que identifica con
imágenes satelitales las áreas destruidas por plantaciones para
celulosa, siembras de soya, empresas mineras y otros depredadores. (http://www.mre.gov.br/, acceso el 21 de marzo de 2006)
En 2002 las plantaciones de eucaliptos en Brasil sobrepasaban
los 30.000 km2 y ahora se discute una ley que permite la devastación
forestal prácticamente ilimitada. Se estima que Argentina perdió casi
dos tercios de sus bosques originarios durante el siglo veinte. Gran
parte de ese territorio está ahora ocupado por cultivos de soya,
algodón y maíz transgénicos (140.000 km2) y plantaciones de pinos y
eucaliptos. En Paraguay la superficie sembrada de soya creció entre
1995 y 2003 de 8.000 km2 a casi 20.000 km2. Para cultivar soya en
Bolivia se deforestaron más de 10.000 km2 de bosque durante los últimos
15 años.
El área concesionada a proyectos mineros tiende a cubrir un
promedio del 10% del territorio de los países en la región. Esta
dimensión varía con la duración de las faenas (entre 5 y 20 años) y si
las solicitudes de exploración y explotación se refieren más de una vez
a un mismo sector. También hay que considerar que el área de influencia
de la explotación minera es siempre mayor que la superficie
concesionada, puesto que implica toda la infraestructura de vías de
comunicación y accesos a suministros, fuentes de energía y agua. La
energía proviene en parte de centrales hidroeléctricas -existentes o
proyectadas- que ocupan a su vez más territorio, más agua y generan
otros conflictos.
En Perú la superficie concesionada a las mineras creció de
1,49% en 1991 a 8,2% en 2006 (105.504 km2); en México, 3% en 1994 y 8%,
en 2002 (158.595 km2); en Chile, 7,3% en 2002 y 10,6% en 2003 (80.000
km2); en Ecuador, 5% en 2000 y 16,7% en 2004 (45.513 km2). En este
último país las solicitudes de concesiones cubrían el 69% del país en
2000 y el 84,5% en 2004. (2)
Los daños
A las emisiones nocivas lanzadas por estas industrias al aire
(CO², SO²), al agua y los suelos (dioxinas y derivados del uso de
cianuro, arsénico y mercurio, entre otros), se agregó en los últimos
años la contaminación con plaguicidas y transgénicos de los
monocultivos. Además de provocar serios problemas de salud y deterioro
de condiciones de vida a poblaciones campesinas de varios países, la
aplicación masiva de agroquímicos está produciendo daños de otro tipo
que en un futuro no tan lejano agravarán el panorama más allá de
cualquier predicción. Se teme que la destrucción de su hábitat, el uso
de plaguicidas y la introducción de cultivos invasores está causando la
disminución de polinizadores, lo que pone en el peligro de extinción a
muchas especies vegetales (3).
Las empresas transnacionales de plaguicidas producen también
las semillas transgénicas y son propietarias de la mayoría de las
patentes de biotecnología agrícola, con lo que pueden tener el control
de la agricultura y de la cadena alimentaria a nivel mundial (4).
La contaminación transgénica es un negocio adicional de estas
industrias, que por la vía judicial exigen pago a los agricultores
cuyos cultivos accidentalmente se han contaminado con semillas
patentadas. Incluso cuando no pueden cobrar por sus patentes, como le
ocurrió a Monsanto en Argentina, se beneficiaron con la venta de
plaguicidas (5).
La operación de cada planta de celulosa requiere de cientos de
miles de hectáreas de plantaciones, conocidas ya como "desierto verde"
porque han significado la destrucción de una superficie similar o mayor
de bosque nativo con la correspondiente pérdida de biodiversidad en
flora y fauna, la contaminación y el agotamiento de cauces de agua.
Además, la cantidad de agua que precisa cada una de estas fábricas en
sus procesos es tan enorme que tienen que instalarse junto a grandes
ríos para aprovechar el recurso y luego desecharlo seriamente dañado.
Empresas y gobiernos presentan en sus campañas a los
monocultivos de árboles como "forestación". Sin embargo, los estudios
confirman los efectos negativos de esta actividad al registrar
destrucción de bosque nativo, disminución de biodiversidad y fuentes de
agua, problemas de salud a comunidades vecinas, contaminación de agua y
degradación de suelos (6).
La devastación que produce la minería queda patente en los
grandes depósitos de escoria contaminada que han acumulado años de
explotación en cada uno de los países. Esta destrucción continúa y se
agrava a medida que crece el número de las explotaciones a tajo abierto
de cobre y sobre todo de oro y uranio. Como en estos casos el mineral
está diseminado en extensos terrenos, su extracción implica remover con
explosivos grandes cantidades de roca y someter el material resultante
a un proceso de lixiviación que emplea enormes cantidades de agua
mezclada con ácido sulfúrico para extraer cobre y uranio, y con cianuro
para recuperar el oro. Parte importante de estas labores se efectúa a
más de mil metros de altura sobre el nivel del mar, cerca de fuentes
acuíferas. Los desechos quedan ahí para siempre y se convierten en
fuente de contaminación de aguas superficiales y subterráneas que al
descender hacia los valles afectan a sectores con economías basadas en
principalmente en la agricultura.
En 1998, 23 de los 29 proyectos mineros del departamento de
Cajamarca en Perú correspondían a extracción de oro. Las empresas
socias del Consejo Minero -que extraen casi la totalidad del cobre,
oro, plata y molibdeno de Chile- explotaban en 2004 nueve yacimientos
de oro en ese país. Ese mismo año se realizaban operaciones en 23
yacimientos de oro en Centroamérica. La cifra tiende a aumentar en esa
subregión: este año se otorgaron 16 licencias para exploración de oro
solamente en el altiplano guatemalteco de San Marcos.
En Latinoamérica únicamente Argentina, Brasil y México usan
uranio para producir energía eléctrica, por lo que despertó
preocupación la denuncia sobre exploraciones de uranio en Guatemala
desde enero de 2005 y el otorgamiento de nuevas licencias este año para
explorar el elemento radioactivo en ese país. En marzo de 2006 más de
32 empresas realizaban prospecciones y exploraciones de uranio en
Argentina, Bolivia, Brasil, Guatemala, México y Perú (http://www.wise-uranium.org/upsam.html, acceso el 27 de marzo de 2006).
El negocio parece asegurado para los próximos años puesto que
la Agencia Internacional de Energía Atómica anunció recientemente la
instalación de 130 nuevas centrales nucleares y el precio del uranio
sigue en ascenso. Dadas las precarias condiciones actuales para
supervisar las explotaciones de oro cabe preguntarse cómo se va a
controlar la extracción del uranio. Conviene recordar la mina de uranio
de Wismut, que funcionó entre 1945 y 1990 en la ex República
Democrática Alemana y dejó más de 5.000 mineros muertos de cáncer al
pulmón (7).
En 2004 Perú contaba con ocho funcionarios para monitorear en
terreno más de 6.200 concesiones mineras; ese mismo año el gobierno
chileno dictaba un decreto para que la empresa Barrick Gold hiciera
fiscalización aduanera a su propio proyecto de plata y oro en la
frontera con Argentina (8).
Con tan mínima fiscalización estas industrias pueden ocultar buena
parte de sus actividades, incluyendo escapes radiactivos o tóxicos,
intencionados o accidentales. De hecho, en 1999 lluvias fuertes
desenterraron centenares de tambores de cianuro de sodio en Amapá,
Brasil, en terrenos de una mina asociada al Grupo AngloGold/Anglo
American. Hubo muertos y los peces desaparecieron del río Vila Nova,
pero nadie se hizo responsable (9).
En Chile, en 2005, a raíz de un accidente radiactivo en una planta de
celulosa de Celco en construcción, se supo que la empresa había
ocultado hechos similares en el pasado (10).
Poco después se descubrió que otra empresa de celulosa en Chile, CMPC,
ocultó durante diez años un derrame de mercurio en una de sus plantas (11).
Reacción de los afectados
Pese a que las elites políticas hacen frente común con las
empresas en las operaciones de blanqueo de imagen y en la represión de
las protestas a través de paramilitares o mercenarios - práctica
habitual en Africa (12) y situación cada vez más común en países latinoamericanos como Colombia, Ecuador y Perú
(13)
- la reacción de las comunidades ha ido en aumento al conocerse el real
impacto de estos proyectos sobre su salud, sus patrimonios ambientales,
sus culturas y sus economías. Comienza a saberse que estas operaciones
industriales generan falsas expectativas de empleo y ni siquiera
aportan ingresos a los gobiernos nacionales, ya sea en impuestos o
regalías. A las movilizaciones indígenas y campesinas en Brasil,
Bolivia, Colombia, Guatemala y Ecuador, que se han enfrentado por años
a las compañías mineras, petroleras y forestales, se agregan ahora las
protestas de sectores ciudadanos que rechazan la instalación de
megaproyectos destructivos del medio ambiente en Argentina, Brasil,
Chile y Uruguay. La gente también está reaccionando contra las
políticas que por un lado impiden que la población tenga acceso a los
recursos vitales y por otro los entregan al negocio transnacional, como
sucede con la privatización del agua y la concesión a privados de los
mares territoriales y bordes costeros. Se suma a lo anterior una
oposición cada vez más fuerte a los tratados de libre comercio bajo los
términos de las corporaciones transnacionales, que facilitan el saqueo
y la destrucción de recursos al disminuir aún más las débiles
regulaciones nacionales.
La reacción frente a las protestas es asumida indistintamente
por las empresas o los gobiernos, por separado o en conjunto. Son
numerosos y repetidos los casos de abusos a los derechos humanos
cometidos para facilitar la instalación y desarrollo de estos negocios.
Estos atropellos van desde la persecución de opositores individuales
hasta la represión masiva y el desplazamiento de comunidades. Estos
últimos años se han reportado casos graves de esta índole en Brasil,
Colombia, Ecuador, Guatemala, Honduras, Paraguay y Perú. Pero la
represión puede tomar otras formas, como en Chile, donde se echa mano a
leyes antiterroristas para encarcelar a dirigentes de comunidades
indígenas que defienden sus derechos territoriales frente a la
expansión de las empresas forestales. La mayoría de éstas se halla
involucrada en denuncias por participar en acciones represivas contra
comunidades indígenas, por conflictos de tierra o destrucción de
bosques.
Afianzadas en la región durante los regímenes dictatoriales
de la segunda mitad del siglo veinte, estas industrias no constituyen
una fuente importante de empleo. Más bien prescinden de la población,
excepto como mano de obra barata ocasional. Su accionar destructivo del
entorno promueve el despoblamiento de las zonas donde operan.
Los beneficios
En definitiva, los únicos beneficiados reales resultan ser las
empresas inversoras y sus accionistas. En 2004 los ingresos de las 10
empresas mineras más grandes que operan en Latinoamérica fueron de más
de 130 mil millones de dólares (Alcoa, AngloGold/Anglo American,
Barrick Gold, BHP-Billiton, Meridian Gold, Newmont, Noranda, Phelps
Dodge, Placer Dome y Rio Tinto). Cinco empresas forestales productoras
de celulosa tuvieron ingresos por US$10.501 millones en 2004 (Aracruz
Celulose, Celulosa Arauco, CMPC, Bahia Sul Celulose, Votorantim
Celulose) Tres productoras de semillas transgénicas y plaguicidas
tuvieron ingresos por US$20.645 millones en 2005 (DuPont Agriculture
& Nutrition, Monsanto y Syngenta) (14).
Cargill, la empresa de agronegocios señalada como caso ilustrativo de
lucro con la destrucción de la Amazonia, tuvo ingresos de más de 63 mil
millones de dólares en 2003 (15).
Entre 1994 y 2001, el Banco Mundial, a través de su Corporación
Financiera Internacional (CFI), otorgó préstamos por más de 790
millones de dólares para proyectos mineros en Bolivia, Brasil, Chile,
México, Perú y Venezuela (a Anglo American, BHP-Billiton, Barrick Gold,
Mitsubishi, Mitsui, Newmont, Pan American Silver y Rio Tinto, entre
otras). En Aracruz y Bahia Sul hay participación del Banco Mundial, a
través de la CFI (http://www2.ifc.org/ogmc/eirprojects.htm, acceso 8 de noviembre de 2004)
(16).
Por otro lado, desde 1988 hasta 2005 el Organismo Multilateral
de Garantía de Inversiones (MIGA) había girado garantías por un total
de US$1.110,6 millones a proyectos mineros en general. Los nombres de
las empresas señaladas anteriormente se repiten entre los beneficiados (17).
La magnitud alcanzada por estas instalaciones productivas
resulta posible gracias a la participación interesada de la elite
política, que actúa como facilitadora de concesiones y encubridora de
una inmensa contaminación ambiental, a la vez que abandona su rol
cautelar de los derechos económicos y sociales de los sectores
mayoritarios de la población. Ya no es la clásica corrupción ligada al
indebido enriquecimiento personal o de pequeños grupos. Ahora se trata
de elites políticas nacionales integradas al tejido de las
transnacionales, con sus funcionarios saliendo y entrando de puestos
públicos a privados (en directorios de empresa, agencias de lobby o de
asesorías) o a cargos en organismos intergubernamentales, colocando a
sus familiares y correligionarios en puestos de poder, obteniendo
financiamiento para los partidos políticos, recibiendo honores y
participación en fundaciones u otras plataformas para seguir en el
negocio.
Todo se enmarca en una legalidad ad hoc, diseñada en muchos
casos por juristas y economistas vinculados a las pasadas dictaduras
militares y luego ampliada y perfeccionada por las corporaciones y los
gobiernos civiles. En las negociaciones previas y en la puesta en
marcha de cada industria opera el arte de la no transparencia, fenómeno
ya documentado en el caso de las petroleras a nivel mundial (18).
La aplicación de políticas neoliberales coordinadas e impuestas a
través del Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Organización
Mundial de Comercio, en connivencia con las redes políticas locales,
crea un ambiente favorable para estos proyectos, traducido en débiles
obligaciones laborales, ambientales y de fiscalización, grandes
facilidades financieras y amplia disponibilidad de mano de obra barata.
Tales condiciones permiten a las empresas operar con un ostensible
desprecio por las comunidades a las que afectan y utilizar procesos
destructivos y contaminantes rechazados en países desarrollados.
Esta situación se ha ido enraizando profundamente hasta
constituirse en el modelo natural de hacer las cosas, que origina un
convencimiento gubernamental reforzado por los dogmas neoliberales
predominantes en la clase política. Los países latinoamericanos deben
"crecer hacia fuera", en brazos corporativos. Se trata de "la única vía
posible de crecimiento", afirman a coro el sector empresarial y los
políticos. Este desastre se ha constituido así en sistema, y el avance
de una crítica se hace difícil ya que debe enfrentar a la totalidad de
las fuerzas involucradas en este exitoso esquema de explotación
colonial y de alienación, quizás el más perfecto de la historia. La
información disponible nos dice que en la región nos encontramos con
una pérdida brutal de recursos naturales y humanos, con una gigantesca
distorsión en el desarrollo y con un proyecto destinado a causar
situaciones de pobreza y deterioro ambiental irreversibles.
NOTAS:
- Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), (2005)
Objetivos de Desarrollo del Milenio: una mirada desde América Latina y el Caribe, Santiago: CEPAL, p. 182.
- Fuentes: Perú. Instituto Nacional de Concesiones y Catastros Mineros (INACC);
México. Secretaría de Economía. Informe de la minería mexicana, 2002;
Chile. Servicio Nacional de Geología y Minería (SERNAGEOMIN);
Ecuador, Dirección Nacional de Minería, Gestión de Seguimiento y Gestión Minero. Estadística de Áreas y Hectáreas, 1991 - 2004.
- Ashman, T., M. Burd, S. Mazer, T. Knight, J. Steets and J. Vamosi. (2006) "Pollination Decays in Biodiversity Hotspots
". Proceedings of the National Academy of Sciences 103(4): 956-961.
- Paul, Helena and Ricarda Steinbrecher (2003) Hungry Corporations: Transnational Biotech Companies Colonise the Food Chain, London: Zed Books, p. 34.
- Id. p. 204.
- Araya, J., Carrasco, N. and Montalba, R., (2006) Contexto Económico y Social de las Plantaciones Forestales en Chile: El caso de la comuna de Lumaco, región de la Araucanía
, Montevideo: WRM-OLCA, p. 66-68.
- Diehl, Peter (1995) Uranium Mining in Europe: The Impacts on Man and Environment, Amsterdam: WISE.
- Alcayaga, J., Luna, D. and Padilla, C. (2004) El Exilio del Cóndor: Hegemonía transnacional en la frontera. El tratado minero entre Chile y Argentina
, Santiago: OLCA.
- Oliveira, Cimoni (2004) 'Um enterro de tonéis de cianeto ao lado do garimpo Vila Nova', Folha do Amapá, 10 de septiembre.
- Alonso, Carla (2006) 'Documento confirma que hubo irradiados en planta Celco de Valdivia
', La Nación, 18 de abril.
- Diario Siete (2006) 'Mercurio en planta de celulosa Laja', 3 de abril.
- Baracyetse, Pierre, (1999) L'Enjeu Géopolitique des Sociétés Minières Internationales en République Démocratique du Congo
, Buzet: SOS Rwanda-Burundi.
Human Rights Watch, (2005) The Curse of Gold, Washington: HRW.
- Maldonado, Adolfo, (2001) La Manera Occidental de Extraer Petróleo: la OXY en Colombia, Ecuador y Perú
, Lima: Oilwatch.
- Basado en información del portal Yahoo Finance, seccion Industry Center
con datos de referencia proporcionados por Standard & Poor's
Capital IQ, Database of Auditable Public Company Fundamentals, 2005 y
Hemscott Group Limited y Hoover's, Inc, 2005.
- Greenpeace (2006) Devorando la Amazonia, Amsterdam: Greenpeace.
- CFI, (2005) Informe Anual, Washington: IFC, p. 120-128.
- MIGA, (2005) Supporting Mining Investments, Washington: MIGA, p. 3.
- Laurent, Éric (2006) La Face cachée du pétrole, Paris: Plon
(*) Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA)
http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm
--
RED IBEROAMERICANA DE LUZ 10o ANIVERSARIO (1996-2006)
www.redluz-ci.org www.elistas.net/lista/redluz
www.mind-surf.net/redluz.htm
www.mind-surf.net/comunidad.htm CALENDARIO ESPIRITUAL 2006
www.mind-surf.net/redluzcalendario.htm RED MEXICANA DE CONCIENCIA
www.redconciencia.org.mx PROYECTO INTERREDES
www.interredes.org
www.egrupos.net/grupo/interredes RED ANAHUAK
www.laneta.apc.org/redanahuak www.elistas.net/lista/redanahuak
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