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Asunto:[redanahuak] Al Gore / Capítulo del libro 'La verdad incom oda': La politizacion del calentamiento global
Fecha:Lunes, 26 de Febrero, 2007  22:08:31 (-0600)
Autor:Proyecto Interredes <lacasadelared @.....com>

De: La redacción <redaccion@portaldorado.com>
Fecha: 25 de febrero de 2007 09:40:18 AM GMT-06:00
Asunto: [RedIbericaDeLuz] Capítulo del libro "La verdad  incómoda": La
politización del  calentamiento global / Por  Al  Gore




Capítulo del libro "La verdad incómoda":
La politización del calentamiento global. Por Al Gore

Al Gore Vicepresidente de Estados Unidos durante los dos mandatos de
Bill Clinton, su máxima prioridad ha sido siempre la crisis climática.
Fruto de esa preocupación está su reciente película sobre el
calentamiento global y el libro 'Una verdad incómoda'. El Pais ha
dado a conocer su capítulo más definitivo, que adjuntamos:

  La verdad acerca del calentamiento global es especialmente incómoda e
inconveniente para algunas personas y empresas poderosas, que ganan
enormes sumas de dinero con actividades que saben muy bien que tendrán
que modificar drásticamente a fin de garantizar la habitabilidad del
planeta.

  Esta gente -especialmente esas pocas personas de las empresas
multinacionales que tienen muchísimo en juego- ha invertido muchos
millones de dólares cada año buscando maneras de sembrar la confusión
entre el público en lo relacionado con el calentamiento global. Esta
gente ha sido particularmente eficaz en la construcción de una
coalición con otros grupos que han acordado proteger sus intereses
entre sí, y esa coalición se las ha arreglado para paralizar la
capacidad de EE UU de dar una respuesta al problema del calentamiento
global. La Administración de Bush-Cheney ha recibido un gran apoyo de
esta coalición y parece estar haciendo todo lo que está en su mano para
satisfacer sus intereses.

  Por ejemplo, a muchos científicos que investigan el calentamiento
global para el Gobierno se les ha ordenado que tengan cuidado con lo
que dicen respecto de la crisis climática y se les ha dado
instrucciones de que no hablen con los medios. Más importante aún,
todas las iniciativas políticas estadounidenses relacionadas con el
calentamiento global han sido modificadas según la perspectiva no
científica -la perspectiva de la Administración- de que el
calentamiento global no es un problema. A nuestros negociadores en los
foros internacionales que tratan el calentamiento global se les ha
aconsejado que intenten detener todo paso hacia alguna acción que
pudiese resultar inconveniente para las compañías productoras de
petróleo o carbón, aun si ello implica perturbar la maquinaria
diplomática para conseguirlo.

  Además, el presidente Bush designó como máxima autoridad de toda la
política ambiental de la Casa Blanca a la persona a cargo de la campaña
de desinformación sobre el calentamiento global montada por las
empresas petroleras. Aun cuando este cabildero-abogado no tenía la más
mínima formación científica, se le otorgó el poder de corregir y
censurar las advertencias de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y
otras agencias del Gobierno acerca del calentamiento global.

  Los líderes políticos -en particular el presidente- pueden tener un
enorme efecto no sólo en la política pública (especialmente mientras el
Congreso estuvo controlado por el propio partido político del
presidente, fue sumiso e hizo cualquier cosa que el presidente deseó),
sino también en la opinión pública, especialmente entre sus seguidores.

  Considérese este hecho: aun cuando los estadounidenses en general
están cada vez más preocupados por el calentamiento global, las
encuestas de opinión muestran que los miembros del propio partido del
presidente le dan cada vez menos importancia al problema, tal vez
porque se sienten naturalmente más inclinados a otorgarle al presidente
el beneficio de la duda.

  Lógica cambiante
  La lógica ofrecida por los llamados escépticos del calentamiento
global para oponerse a toda acción que pueda resolver la crisis
climática ha cambiado varias veces con los años. Al principio, los
opositores decían que no había ningún calentamiento global; afirmaban
que se trataba únicamente de un mito. Pocos todavía dicen eso hoy día,
pero ahora hay tantas pruebas innegables que echan por tierra semejante
aserción que la mayoría de los negadores ha decidido modificar su
táctica. Ahora reconocen que el planeta se está calentando,
efectivamente, pero afirman inmediatamente que eso se debe a "causas
naturales".

  El propio presidente Bush todavía intenta mantener esta posición,
aseverando que aun cuando parece que, en efecto, el mundo se está
calentando, no hay ninguna prueba convincente de que los seres humanos
sean los responsables del cambio. Y él parece estar particularmente
convencido de que las compañías productoras de petróleo y carbón que
tanto le han apoyado, jamás podrían tener algo que ver con todo esto.

  Otro argumento relacionado que han utilizado los negadores es que,
efectivamente, el calentamiento global parece real, pero probablemente
eso sea bueno para nosotros. Y añaden que, por supuesto, cualquier
esfuerzo por detenerlo sería, sin dudas, perjudicial para la economía.

  Pero el argumento más reciente -y, en mi opinión, el más ignominioso-
propuesto por los opositores del cambio es éste: sí, está ocurriendo,
pero realmente no hay nada que podamos hacer al respecto, así que bien
podríamos quedarnos de brazos cruzados. Esta facción favorece la
continuidad de la práctica de seguir emitiendo contaminación
relacionada con el calentamiento global a la atmósfera, aun cuando
reconocen que la crisis que eso está produciendo es real y perjudicial.
Su filosofía parece ser "comamos, bebamos y pasémoslo en grande, ya que
mañana nuestros hijos heredarán lo peor de esta crisis; resulta
demasiado incómodo tomarnos la molestia".

  Todas estas lógicas cambiantes dependen, habitualmente, de la misma
táctica política subyacente: afirmar que la ciencia tiene
incertidumbres y que hay serias dudas acerca de los hechos básicos.

  Estos grupos hacen hincapié en la incertidumbre porque saben que, en
EE UU, la política puede quedar paralizada por su causa. Ellos
entienden que es parte del instinto natural de un político evitar
asumir cualquier posición que resulte controvertida, a menos -y hasta
que- los votantes se lo exijan o la conciencia se lo requiera de manera
perentoria. De tal modo, si los votantes y los políticos que los
representan pueden ser convencidos de que los propios científicos no se
ponen de acuerdo sobre cuestiones básicas del calentamiento, entonces
el proceso político puede ser paralizado por tiempo indefinido. Esto es
exactamente lo que ha ocurrido -al menos hasta hace muy poco-, y
todavía no está claro cuándo cambiará realmente la situación.

  Parte del problema tiene que ver con un cambio estructural de largo
plazo en el modo en que opera actualmente el mercado de ideas en EE UU.
La naturaleza unidireccional de nuestro medio de comunicación
predominante, la televisión, se ha combinado con la creciente
concentración de la propiedad de la enorme mayoría de los medios de
comunicación en un número cada vez más pequeño de grandes conglomerados
que mezclan los valores del espectáculo con los del periodismo, lo cual
acaba dañando seriamente el papel de la objetividad en el foro público
estadounidense. Hoy día hay menos periodistas independientes con la
libertad y la estatura necesarias para informar al público cuando
importantes hechos son tergiversados de manera permanente con el fin de
engañar a la audiencia. Internet ofrece la oportunidad más
esperanzadora para restablecer la integridad del diálogo público, pero
la televisión es todavía el medio predominante en el modelado de ese
diálogo.

  Las técnicas de propaganda que surgieron con los nuevos medios masivos
de filmación y comunicación del siglo XX prefiguraron la amplia
utilización de técnicas relacionadas para la publicidad y la persuasión
política de masas. Y ahora, la presión de los intentos corporativos de
influir y controlar las iniciativas políticas se ha intensificado
enormemente, lo cual a su vez nos está llevando a la utilización muy
difundida, y a menudo cínica, de las mismas técnicas de persuasión de
masas para condicionar las ideas del público en relación con
importantes asuntos, de modo que no presten su apoyo a las soluciones
que podrían resultar incómodas -y costosas- para ciertas industrias.

  Una de las técnicas constantemente utilizadas en la campaña para
detener las acciones contra la crisis climática ha sido acusar repetida
e insistentemente a los científicos que intentan advertirnos de la
crisis de ser deshonestos, codiciosos e indignos de confianza, así como
de distorsionar los hechos científicos con el fin de engrosar de algún
modo sus subsidios para la investigación.

  Estos cargos son insultantes y absurdos, pero se han repetido lo
bastante a menudo y en un volumen lo suficientemente elevado -y a
través de los megáfonos de tantos medios de comunicación- como para que
mucha gente se pregunte actualmente si esas acusaciones son verdaderas.
Y esto resulta especialmente irónico, dado que muchos de los escépticos
reciben fondos y apoyo de grupos con intereses sectoriales financiados
por corporaciones desesperadas por detener toda acción contra el
calentamiento global. Resulta increíble, pero el público ha estado
oyendo estas opiniones desacreditadas de los escépticos tanto o más de
lo que han oído las ideas consensuadas por la comunidad científica
global. Este hecho vergonzoso constituye una notoria mancha en la
historia de los medios de prensa estadounidenses modernos, y,
tardíamente, muchos líderes del periodismo están dando algunos pasos
para corregirlo. (...)

  Hemos perdido mucho tiempo, que podríamos haber utilizado para
resolver la crisis, a causa de que quienes se oponen a la acción han
tenido éxito, hasta el momento, en politizar el problema en las mentes
de muchos estadounidenses.

  Ya no podemos darnos el lujo de permanecer inactivos y, francamente,
no hay ninguna excusa para ello. Todos queremos lo mismo: que nuestros
hijos y las generaciones posteriores a ellos hereden un planeta limpio
y hermoso que pueda sostener una saludable civilización humana. Esta
finalidad debería trascender la política.

  Sí, la ciencia siempre está en proceso y siempre evoluciona, pero ya
hay datos suficientes -daños suficientes- como para que sepamos sin
lugar a dudas que tenemos problemas. Éste no es un debate ideológico
con dos bandos, uno a favor y otro en contra. Sólo hay una Tierra, y
todos los que vivimos en ella compartimos un mismo futuro. En este
momento nos enfrentamos a una emergencia planetaria y es tiempo de
actuar, no de suscitar falsas controversias diseñadas para asegurar la
parálisis política.

  Muchas ciudades de EE UU han "ratificado" por su cuenta el protocolo
de Kioto y están haciendo estrategias políticas para reducir la
contaminación asociada al calentamiento global por debajo de los
niveles exigidos por el protocolo.

  Pero ¿y qué hay del resto de nosotros? En última instancia la pregunta
se reduce a lo siguiente: nosotros, los estadounidenses, ¿somos capaces
de hacer grandes cosas, aun cuando pueden resultar difíciles? ¿Somos
capaces de trascender nuestras limitaciones y ponernos de pie para
asumir la responsabilidad de trazar nuestro propio destino? Bien, la
historia nos indica que sí tenemos esa capacidad. Hicimos una
revolución y fundamos una nueva nación basada en la libertad y la
dignidad individual. Ganamos dos guerras contra el fascismo de manera
simultánea, en el Atlántico y en el Pacífico, y después ganamos la paz
que las siguió. Tomamos la decisión moral de que la esclavitud estaba
mal y que no podíamos ser la mitad libres y la mitad esclavos. Hemos
curado aterradoras enfermedades como la polio y el sarampión. (...)

  Crisis anterior
  Hasta hemos resuelto una crisis mundial ambiental antes. Se decía que
el problema del agujero de la capa estratosférica de ozono era
insoluble, porque sus causas eran globales y la solución exigía
cooperación de todos los países. Pero EE UU asumió el liderazgo con un
presidente republicano y un congreso demócrata. Preparamos el borrador
de un tratado, garantizamos un acuerdo mundial en torno a él y
comenzamos a eliminar las sustancias que causaban el problema.
Actualmente, en todo el mundo, estamos ya inmersos en el proceso para
resolver la crisis de la capa de ozono. (...)

  Tenemos que escoger algo diferente: hacer del siglo XXI un tiempo de
renovación. Aprovechando la oportunidad que esta crisis encierra
podemos liberar la creatividad, la innovación y la inspiración que son
parte de nuestra herencia tanto como lo es nuestra vulnerabilidad a la
codicia y la mezquindad. La decisión es nuestra. La responsabilidad es
nuestra. El futuro es nuestro. (...)

  La Tierra es nuestro único hogar. Y es lo que está en juego. Nuestra
capacidad para vivir en el planeta Tierra, para tener un futuro como
civilización. Creo que ésta es una cuestión moral.



  La capa de ozono y los gases de efecto invernadero
HABÍA UNA VEZ UN FRIGORÍFICO que podía matarle. Los primeros modelos
utilizaban gases tóxicos y explosivos para mantener fría la comida.
Pero luego, en 1927, el químico Tomas Midgley inventó los
clorofluorocarbucos -o CFC- para reemplazar esos gases. Promocionados
como una innovación, los CFC revolucionaron la refrigeración y, en su
momento, esta familia de sustancias aparentemente inofensivas fue
abriéndose camino hacia todo tipo de productos. (..) Hacia 1974 se
habían vendido millones de refrigeradores con CFC en su interior en
todo el mundo. Entonces, dos científicos comenzaron a observar con
mayor detalle cuál era su impacto. Los doctores F. Sherwood Rowland y
Mario Molina propusieron la teoría de que, al elevarse hacia la parte
superior de la atmósfera, las moléculas de estas sustancias eran
disgregadas por el sol, lo que causaba la liberación de cloro en la
capa de ozono e iniciaba una peligrosa reacción en cadena.El ozono es
una simple combinación de tres moléculas de oxígeno que, cuando está en
la estratosfera de la Tierra, nos protege de los rayos más peligrosos
del Sol. Rowland y Molina suponían que el cloro se mezclaba con el
ozono en la superficie de las partículas de hielo de la estratosfera y
que cuando la luz del Sol incidía sobre ellas, el cloro corroía esta
frágil piel protectora, dejando pasar libremente los rayos
ultravioletas del sol a través de la atmósfera y dañando con ello la
salud de plantas y animales, causando cáncer de piel y hasta
constituyéndose como amenaza para nuestra vista.Estos científicos,
junto con Paul Crutzen, compartieron el Premio Nobel en 1995 por su
trabajo en química atmosférica. Y lo que es más importante todavía,
hicieron sonar las alarmas. (...). En 1987, 27 países firmaron el
Protocolo de Montreal, el primer acuerdo global para regular los CFC.
Con la mejora de la ciencia, más y más países se han agregado a la
lista. El último recuento daba 183. Desde 1987, los niveles de los CFC
se han estabilizado o han declinado. (...)Controlar los gases
invernadero será más difícil, porque el dióxido de carbono -el
principal causante del efecto invernadero- está más relacionado, de un
modo más estrecho, con la economía global de lo que los CFC lo han
estado jamás. Modificar los métodos de nuestras industrias y cambiar
nuestros hábitos personales constituirá un desafío (...).


  Fuente : El País


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