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Asunto:Piropos a la Madre / Postergada Ofrenda / Koldo
Fecha:Lunes, 24 de Abril, 2000  04:39:13 (-0600)
Autor:Ricardo Ocampo <anahuak @.............mx>

Date: Sat, 15 Apr 2000 23:41:22 +0200 
Subject: Piropos a la Madre 
From: "Planeta Gaia" <planetagaia@...> 
 
Muy queridas alianzas: 
Va de piropos a nuestra querida Madre Tierra, Amalurra.  Recordad que el 
próximo 22 de Abril es su día, y que toda ofrenda es poca. Abrazote : Koldo 
 
 
Postergada ofrenda 
 
Querida madre tierra:  
Decían los indios americanos que te ponías triste cuando no retumbaba el 
eco apretujado de los tambores, cuando los hombres no danzaban en tus 
colinas de plenilunio. Desde entonces han permanecido mucho tiempo en 
silencio tus pequeñas montañas, tus altiplanos. No sé si llegamos tarde, si 
remontamos con demora la colina de la ofrenda, del profundo agradecimientoŠ 
No sé si encendemos a deshora el incienso y las palabras en tu nombre, si 
te alcanza fuera de tiempo el eco de los nuevos tamboresŠ  
Sea con gran retraso, sea ya fuera del plazo, admite nuestra sincera 
ofrenda, nuestro abrazo. En los albores del tercer milenio queremos por fin 
ofrendarte, no en vano hoy es tu día, el día de la Tierra. Durante tiempo 
el lazo permaneció olvidado, colmados de autocomplacencia, como vestidos y 
alimentados por una nada aderezada de orgullo. El círculo quedó quebrado 
cuando ante ti la mirada se tornó interesada y la mente se aplicó en 
escrutar beneficios y planificar ultraje. Tus colinas quedaron vacías, 
nadie escuchaba tu quejido, ni acariciaba tu pecho cuando ya te constipaste.  
Por olvidar, se nubló hasta tu nombre, Ama-lurra (Madre Tierra), desposada 
con Aita-eguzki (Padre Sol). En realidad, todas las culturas elevadas te 
evocaron con debido respeto: Pachamama, Tonantzin, Coaticle, Gea, GaiaŠ, 
hasta que un funcionario irreverente te espetó aquello de medio ambiente, 
entorno naturalŠ, al tiempo que su "rotring" marcaba ya tus futuros 
rasguños en el enorme pliego. Los abuelos de nuestros abuelos sí sabían de 
tu nombre, conocían la clave, el fundamento de que madre y tierra sois los 
mismo, por supuesto advertían que todas las madres sois sagradas, pues 
generáis vida.  
De esto hace ya varios miles de años. Era cuando aún no habían inundado de 
"insignis" tu manto, ni teñido de fatal humo tus cielos, cuando los ríos 
reían porque se regalaban al mar puros, cuando la lamias ordenaban su larga 
melena dorada junto a transparentes manantialesŠ Era cuando caza y 
recolección de frutos aún reclamaban plegaria, pues los abuelos de nuestros 
abuelos se sabían deudores de tantos dones... En tus más hermosos collados 
juntaron grandes piedras y abrieron ceremonia, inauguraron círculo de 
agradecimiento. En su "ignorancia" atendían tu latido, respondían a tus 
ritmos. De ti recibían vida y a ti volvía la dicha en forma de primitiva 
oración, de silencio, de movimiento... Nada se perdía, todo retornaba. 
Vino después la nueva religión, la anunció el gentil desde las malloas de 
Aralar: "Kixmi jaio duk, gurea egin diagu" (Jesús ha nacido, ya no tenemos 
nada que hacer). Y se precipitó barranco abajo. Seguramente sin rencor para 
con aquella misteriosa y gran estrella que había visto brillar en el 
horizonte. Seguramente sin ira sabedor, el fornido gentil, de que la 
historia avanza, que su misión había culminado, que otros bosques y 
mitologías, les aguardaban, pues llegaba un credo más evolucionado y 
universal.  
Pero el respeto hacia Amalurra permaneció, uniste viejo y nuevo credo. El 
eterno femenino que encarnas en su dimensión más cercana, ancha y generosa, 
vistió manto y subió a los primeros y rústicos altares con aspecto de 
mujer. Ya no eras Mari, ya no eras hoz de fuego entre Aitzkorri y Anboto, 
entonces eras Amabirjina, adorada y alabada en nuestros primeros templos de 
piedra, en la cima de los montes, al fondo de los valles. La veneración 
hacia ti permanecía, bajo otra forma, ahora ya engalanada, en el alma de 
este pueblo. El círculo de recoger y agradecer aún perduraba, aunque se 
completara con rezos en un incomprensible latín.  
Pero el vínculo con lo sagrado se hizo ley, norma estipulada, obligada y 
homogeneizada. En el nuevo credo apenas eras reconocida. Las que te 
paseaban con pies desnudos en el alba, las que recogían tu sagradas plantas 
sanadoras, las que te honraban en las noches de luna entera, conocieron el 
lamido inmisericorde de las llamas. Aitaeguzki se manifestaba ya sólo en la 
nueva religión con impronta dominante y agresiva. Era ya Jaungoikoa que 
reinaba arriba y abajo y su gobierno impuso dictadura en nuestras almas e 
inquisidores en los atrios de las Iglesias. Mientras tanto la filosofía de 
la exclusiva rentabilidad comenzó a carcomer corazones y las talas 
indiscriminadas de bosques a privarte de tu verde manto.  
La devoción hacia ti perduraba en el pueblo llano. Si bien algo acallada, 
no la anularían los tribunales eclesiásticos de Logroño o Baiona. Con el 
paso de los siglos la religión autoritaria y masculina plagada de dogmas, 
vetos e intermediarios, se unió al nuevo credo materialista del máximo 
lucro. El agradecimiento fue enmudeciendo y el círculo quebrando. "Si 
queréis crear y no destruir, debéis tener siempre presente el aro sagrado 
del dar y recibir, de la inspiración y la expiración. En el cálido ambiente 
de ese círculo, la fuerza del amor crece sin límites" habían advertido para 
entonces los indios danzantes de las colinas. Mas la codicia desbarató el 
círculo de responsabilidad y compromiso. Comenzó el verdadero olvido, 
arrancó el expolio. Fue un tiempo oscuro: la era profana que te degradó al 
simple nivel de materia inerte o fuente de ganancias. A menudo se replegó 
incluso la religión masculina, liberando al espolio del freno ético que 
ésta, aún y todo, le imponía. No abundaremos en este largo tiempo del 
agravio, no nos motiva enumerar la retahíla de calamidades que te infrijimos.  
Con el tiempo el abuso se "racionalizó" y la jornada de trabajo se limitó. 
Las horas en las fábricas que te escupían humo comenzaron a acortarse. Tu 
abundancia y el sudor humano propició el descanso. Con el tiempo libre y el 
hastío material vino el silencio y con éste, de puntillas, el recuerdo. En 
la cima embriagadora de tus montes, a la orilla del sosiego de tus aguas, 
en la profundidad de tus majestuosos y acorralados bosques, comenzamos a 
evocar. Una memoria vapuleada alcanzó a poner en nuestros labios el 
"mantram" sagrado A-ma-lu-rra. A fuerza de repetirlo, su sonido dibujó ante 
nosotros la magnitud de la deuda. Zarandeados por la niebla del pasado, 
bajamos a la asfalto. A la vuelta de algún Eroski, escaleras arriba, con el 
peso acrecentado de la compra de fin de semana, advertimos que todo viene 
de ti, que alimento, abrigo y casa son tus diarios e incondicionales dones. 
Se colaba ya entre tus hayas el irrintzi del retorno, el clamor universal 
que deseaba sellar la alianza contigo, el nuevo aro de salud y perenne vida 
compartidos. 
 
Con el agradecimiento comenzó la recomposición del círculo. La tradición 
volvía a lanzar su puente hacia el futuro. Nuevas gentes y tribus se 
apresuraron a cerrar el aro sagrado. Los ecologistas vinieron a recordarnos 
la necesidad de que nada se pierda, de que todo retorne y se sostenga a sí 
mismo, de que todo se renueve y recicle, pues ya no tienes por qué cargar 
con el despojo del desatino. En pleno ejercicio de memoria, los cooperantes 
vinieron a recordarnos que el círculo, en realidad, abarca todo el globo, 
enorme red de intercambio de círculos menores, desarrollos que se sostienen 
a sí mismos y no a costa del esfuerzo de otros o de tu expolio.  
Hoy los niños y mayores de todas la geografías te cantan en sus lenguas, te 
entierran poemas, raíces y sorpresas, te honran con ceremonias y 
festivalesŠ De una y mil formas te susurran sincero cariño. Van cargadas de 
fervor esas gracias por siglos postergadas. Confía, pués, madre, en esa 
nueva humanidad que te pide prestado y te repone, que te saluda al alba y 
ensaya las antiguas danzas sobre tus colinas... Saluda a esa humanidad que 
cree en el círculo donde se reúne ayer y mañana, que sostiene el aro de la 
unión y fraternidad entre los pueblosŠ Te deseamos, hoy en tu día, que 
vivas siempre joven y lozana, madre tierra, Amalurra. Entre otras poderosas 
razones porque si tú expiras, expiramos contigo. Si tu sonríes de nuevo, la 
alegría y la felicidad acompañará a esta y a todas las futuras y, por fin, 
responsables generaciones.  
Koldo  
 
 
 
 
Planeta Gaia. 
Comunicación al servicio de la fraternidad planetaria 
31241 Zubielki - Navarra (Spain) 
Telf. & Fax :948-54 00 20 ó 606695452 
planetagaia@... 
http://web.jet.es/planetagaia 
http://www.geocities.com/gacelaceleste