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Asunto:A una mochila pegado / Koldo
Fecha:Viernes, 21 de Julio, 2000  23:54:23 (-0600)
Autor:Ricardo Ocampo <anahuak @.............mx>

A una mochila pegado / Koldo


De: "Planeta Gaia" <planetagaia@jet.es>
Para: "\"Ricardo Ocampo  >\" <"<anahuak@webtelmex.net.mx>
Asunto: ...y en el quinto día  resucitó. Saludos de Koldo
Fecha: lun., 17 juli 2000 16:01



Hermano Ricardo:
Perdona el retraso de estas  líneas de saludo. Ni siquiera  va  con ellas la prometida  crónica de Monterrey ( te la envío en breve). En verdad que ha sido un aterrizaje azaroso. Moctezuma se  vengó de  mi  cuando  ya me  hallaba en el avión. He pasado  un par de días encamado  con fiebre y diarreas.  El reposo  me ha servido  para repasar  con calma la película de estancia  por vuestras tierras. Bienvenido sea por lo demás ese  pequeño pago a  cambio de todo lo vivido en  vuestra compañía. En verdad que ha sido  grande. Apenas empiezo a digerir tan sólo una pequeña parte.
Como te decía  el aterrizaje ha sido  brusco. La salud de mi padre ha  experimentado un serio empeoramiento y he debido de trasladarme también a San Sebastián. Allí deberé de acudir a menudo a lo largo del presente  verano. Espero disponer de tiempo para en medio de todo relatar  lo aprendido entre tanta gente  preciosa y precisa  de vuestras tierras.
Te envío mi  primera colaboración peridodística ( se trata del diario local de que te  hable), a la  vuelta de Mexico , por si lo ves de interés;
te envío también este enorme  abrazo y mi reiterado y profundo agradecimiento por la acogida que me  has dispensado : Koldo







A una mochila pegado

De repente no eres un teléfono móvil, ni un moderno coche que avanza potente por las carreteras de dorados trigos, ni un "Super-pentium" de tropecientos megaercios navegando a toda vela por un inmenso océano virtual. De repente falta el sofá, el telediario del "Lorenzo" a las 10 de la noche, las zapatillas a mano y el zumo de melocotón en la neveraŠ La realidad se ensancha y resulta ser más grande que el minúsculo espacio donde paseas, trabajas, celebras, gozasŠ
De repente eres un individuo que camina sólo por el mundo desarmado de aparatos, ornamentería, seguridades, compañíaŠ; eres poco más que un hombre a una mochila pegado, un gran saco a la espalda en el que apenas metes un par de mudas, algunos papeles, chubasquero y cuatro avellanas; saco pegado a otro saco en realidad, porque tú operas también como una enorme bolsa deseosa de llenarse de paisajes, gentes, aventuras, conocimientosŠ
Es acertado coger la mochila, buscar un avión que vuele bien alto y saltar a otra lejana geografía, añorar la paz y comodidad de tu rincón, la bocina que te acerca pan caliente, periódico y "buenos días", el chapuzón en la "playa" de Artabia antes de una colorida ensalada, el valle familiar que se va durmiendo a tu paso en ese atardecer colmado de trinosŠ Está bien hablar con otras rocas, con otras montañas, buscar el silente susurro de otros majestuosos interlocutores más allá del diario diálogo, a veces semejara imprescindible, con el imponente cresterío que domina tu paisaje.
Está bien echar mano a la cintura para palpar por inercia el "aparatito" y recordarte totalmente incomunicado; sacar el plástico milagroso de la Visa y que el cajero te responda en inglés que no te suelta un dólar; llegar a un lugar donde a nadie conoces, donde nadie te aguarda, pero echarle ganas, desplegar cordialidad y conquistar un pequeño hueco en nuevos corazonesŠ

Es preciso tener que sacar el dedo al borde del asfalto, para que nunca jamás se nos ocurra ignorar un autoestopista por mucho metal que cuelgue de su nariz, labios, orejasŠ Es oportuno sentir el clamor desesperado del estómago, mascar el vacío y la carencia de alimento de millones de humanos, para anotar a la vuelta los veinte dígitos de la ONG más eficiente de tu pueblo.
Conviene adentrarse por mundos extraños, familiarizarse con existencias más difíciles, para que la experiencia desacartone sentimientos, para que al volver hagamos de nuestro entorno, un lugar más de todos. Conviene, siquiera temporalmente, correr la misma suerte que los sin techo, sin tierra, sin móvil, sin "Pentium" y luchar a la vuelta por construir un "mundo..con", un planeta avanzando hacia la rampa de cualquier maravilloso sueño, pues todos han cubierto sus necesidades más elementales.
No está de más achicharrarnos en los caminos, para así poder agradecer después sentidamente la brisa fresca del hayedo de Urbasa, o aquella que peina las olas en Hendaia; clavar tus huesos derrotados en la dura y estrecha esterilla, para poder valorar el retorno al mullido descanso de tu amplio futón.
Está bien no escuchar las noticias en un mes y constatar que el mundo no se aviene precisamente al gris diseño y a la diminuta perspectiva de los telediarios; asomarnos desde las alturas a la vastedad del globo para que nuestros azares y cuitas domésticas se ajusten a una más exacta proporción.
Está bien ponerte a gesticular ante el viandante, empujado por cualquier apremio, para que al volver desempolves por fin los vídeos que te prometían inglés fluido en unos meses; faltar a las fiestas patronales, oír de lejos el eco de su algarada para que nuestro oído se haga a otros ritmos, a otros bailes, a otros fandangos.
Está bien escribir este y otros artículos sin ordenador, llenar un zarandeado cuaderno de flechas, números y tachones, para después pulsar gozoso las mágicas teclas, para valorar la maravilla de los "computers" y su genial "Copy/cut-paste", su meticuloso corrector ortográfico, su siempre dispuesta oferta de sinónimosŠ Está bien volver a agitar el "tipex" y, entre uno y otro borrón en blanco, reconciliarte un poco con el "Gates" y su contestado "Word".
Viajar es siempre cultivo de imprescindibles desapegos. Al fin y al cabo quizá no seamos de ese mundo al que nos empeñamos en habituarnos y clavarnos. Está bien echar raíces lo suficiente fuertes y sólidas para saber ubicarnos, entender y sentir el lugar para poder crecer y desarrollarnos en su más amplia y generosa expresión. Está bien enraizarnos en una comunidad con la que adoptar el compromiso interno de servir. Sin embargo habremos de cuidarnos que las raíces no sean profundas en exceso. No conviene que pasen todos los aviones por encima nuestro y no cojamos ninguno. El viaje nos vuelve a encontrar con nuestra dimensión más plural, más abierta, más solidaria. El viaje es el mejor ejercicio frente a las limitaciones y temores internos, frente a los sentimientos más desatinados como la xenofobia, amén de formidable excusa para ampliar nuestra cultura, para valorar nuestra propia diferencia, sin necesidad de enquistarnos en ella.

Cuando a mediados de Junio la pantalla me libró temporalmente de su servidumbre, pregunté por el primer avión. Me subí a un enorme reactor con el que crucé el charco atlántico. Vengo de un México sufriente y a la vez fascinante, dolido pero al mismo tiempo esperanzado como nunca. Tropecé con gente alegre, comprometida y preciosa y tuve la suerte de compartir con muchos de ellos, habitantes de la ciudad más poblada del mundo, la noche feliz de su siglo.. Viví la velada del 2 de julio, cuando un Fox empujado por la firme voluntad popular de cambio, se encaramó al monumento del Angel en el corazón de Distrito Federal, para anunciar, entre el júbilo multitudinario, la caída del dinosaurio del PRI y proclamar la firme decisión de construir, por fin, un México más justo, libre y solidarioŠ Pero, perdone mi impaciencia amado lector, ya me lanzaba sobre otra grupa. Vayan estas últimas líneas tan sólo como avance. Este es el tema reservado para el próximo artículo.

Koldo
<planetagaia@jet.es>