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Asunto:La Religion de los Orixas / Mariano Marcos Andrade
Fecha:Jueves, 27 de Julio, 2000  01:00:43 (-0600)
Autor:Ricardo Ocampo <anahuak @.............mx>

LA RELIGION DE LOS ORIXAS 
Por Mariano Marcos Andrade 
 
http://www.to2.com/desar/homepage.nsf/to2main?readform 
 
Ignorantes tanto de la historia como del espíritu humano, contraviniendo 
cualquier elemental piedad religiosa y siguiendo desaforados criterios 
económicos, los europeos practicaron un tráfico esclavista extensivo, 
capturando en tres siglos cientos de miles de personas y transportándolas en 
condiciones inhumanas para venderlas como mercadería. 
 
Demostrando dignidad y vitalidad sin antecedentes históricos, los pueblos 
africanos en su diáspora americana, respondieron a estos agravios de lesa 
humanidad en un nivel superior, primero asimilándose a los conquistadores y 
luego transformando lentamente sus códigos, valores y sensibilidad. 
 
Así es como existen hoy pocas expresiones culturales y artísticas que no 
presenten alguna influencia africana. 
 
Esta reconquista del espíritu se llevó a cabo mediante una defensa 
silenciosa de los valores ancestrales de diversos pueblos, que reunidos a 
miles de kilómetros de distancia de sus orígenes, encontraron a pesar de 
diferencias idiomáticas y culturales, ciertos puntos de contacto a partir de 
los cuales edificar una verdadera tarea de resistencia. 
 
La sorda lucha de la luz del espíritu en contra de las cadenas materiales de 
sus captores, se libró principalmente en el terreno religioso y en el de la 
cultura.  
 
A las armas de los amos, los esclavos opusieron fundamentalmente la 
vitalidad de su música, su danza, sus narraciones y sus artes plásticas, 
todas en estrecha consonancia con los valores y los fines trascendentes de 
su religión, denominada vudú en Haití, santería en Cuba y candomblé, en 
Brasil.  
 
Por esta razón, el candomblé, como la capoeira y otras actividades 
culturales afines, fueron perseguidas en Brasil hasta las primeras décadas 
del siglo XX, cuando comenzaron a ser reconocidas como parte del acervo 
cultural y folklórico brasileño. 
 
Así es como ahora, el verdadero candomblé enfrenta un nuevo reto, el de 
defender sus valores frente a la lógica del mercado y la explotación 
turística que lo vacían de significado y lo convierten en un mero show for 
export.  
 
AFRICA EN AMERICA 
 
A lo largo de todo el litoral atlántico sudamericano, desde la selva 
amazónica hasta el Río de la Plata, es posible descubrir hoy supervivencias 
religiosas africanas, pero es en el nordeste brasileño y particularmente en 
Bahía de San Salvador, el principal puerto esclavista de los portugueses, 
donde se concentra la influencia del candomblé. 
 
Este término proviene de una onomatopeya que originalmente designaba una 
danza y un instrumento musical (como aún lo hace en las orillas del Río de 
la Plata) y por extensión, pasó a significar la ceremonia religiosa de los 
negros.  
 
Así es como esta ciudad y sus alrededores son considerados santos por las 
diversas nacoes (naciones o pueblos) que perpetúan con pequeñas diferencias, 
el candomblé brasileño. 
 
Entre ellas podemos mencionar: Angola, Congo, Gege, Nagó (término con que 
los franceses designaban a todos los negros de habla yoruba de la Costa de 
los Esclavos) Queto e Ijexa. 
 
Se distinguen tanto por su manera de interpretar la música, como por el 
idioma de sus cantos, su vestimenta litúrgica, algunas veces por los nombres 
de las divinidades y por ciertos detalles del ritual. 
 
Sin embargo la influencia de los yorubas, como sucede en Cuba, domina al 
conjunto de los otros cultos, imponiendo sus dioses, la estructura de sus 
ceremonias y su metafísica a los daomeanos y a los banto, razón por las 
cuales los candomblés Nagó, Queto e Ijexa son considerados los más puros de 
todos. 
 
Como fiesta, como profundo intercambio de relaciones con lo visible y lo 
invisible, como transmisión de valores y trazos culturales, de gestos y 
complejas arquitecturas jerárquicas, antiguos linajes y presentes éxtasis, 
el candomblé inspira la vida entera de sus feligreses. 
 
La religión sólo consiguió subsistir a través de cofradías de filhos e 
filhas de santos (éstas últimas mucho mas numerosas que los hombres) cuya 
función es poner de manifiesto a los Orixás (divinidades nagó) de sus 
antepasados.  
 
EL RITUAL 
 
Cada una de las fiestas dedicadas a una divinidad especial o a todos los 
orixás, presenta trazos particulares, pero todas poseen la misma secuencia 
en el ritual que comienza por la madrugada y en el que podemos distinguir 
tres momentos: el sacrificio, la ofrenda, el despacho del exú, el llamado a 
los dioses, las danzas preliminares y las danzas de los dioses. 
 
La primera parte consiste pues en el sacrificio, el cual generalmente se 
realiza frente a un número pequeño de feligreses, para no despertar entre 
los no iniciados las acusaciones de "barbarie" o "carácter supersticioso" 
propugnados por estereotipos europeos acerca de la religión africana. 
 
Una persona especializada llamada axogum, sacrifica entonces dos animales 
con un "cuchillo virgen". Los ejemplares pueden ser de dos o cuatro patas y 
de sexo masculino o femenino, según el orixá que se va a invocar. 
 
El primer sacrificio siempre está destinado al Exú, el Mercurio del 
candomblé, que es quien abre los caminos y permite una adecuada comunicación 
entre el ser humano y el plano sobrenatural. 
 
Acto seguido, el animal pasa a manos de la "cocinera" o iya-basse, que va a 
preparar el alimento de los dioses. A ellos pertenecen el hígado, el 
corazón, los pies, la cabeza y la sangre. El resto se utiliza también como 
ofrenda y parte de la carne será consumida al final de la ceremonia por los 
fieles.  
 
Cada orixá posee su plato preferido, por ejemplo el amalá es para Xangó, el 
xim xim de gallina es el predilecto de Oxum, el arroz sin sal de Oxalá, el 
carurú tiene que ver con Ibegi. 
 
La ceremonia pública propiamente dicha comienza cuando el sol se pone y se 
prolonga casi toda la noche. El primer paso es siempre despachar al Exú. 
 
Esta entidad, confundida con el diablo católico en algunos ritos, es sin 
embargo el intermediario necesario, el intérprete que conoce al mismo tiempo 
la lengua de los mortales y la de los orixás. Al despachárselo no se le 
ahuyenta, sino que se le encomienda esta misión de establecer la relación 
entre lo humano y lo divino. 
 
Una tarea que cumplen habitualmente las dos "filhas de santo" más antiguas 
del grupo, denominadas "dagá" y "sidagá", al son de cantos en lengua 
africana, cantados bajo la dirección del iya tebexé y el control del 
sacerdote mayor, el babalorixá, delante de un vaso de agua y un plato que 
contiene el alimento del Exú. 
 
El vaso y el plato serán luego llevados fuera, a una encrucijada de caminos, 
el sitio preferido del Exú. Recién entonces la fiesta propiamente dicha 
puede comenzar, haciendo de paso el encargo de que el exú lleve una oración 
especial destinada a los muertos y los antepasados del candomblé. 
  
LA FIESTA 
 
Comienzan entonces los toques de los tres tambores previamente bautizados 
que, también como el Exú, son intermediarios entre hombres y dioses como las 
baquetas y los akokós o agogós (campanas dobles) que también forman parte 
del ensamble de percusiones que van llevando sutilmente a los participantes 
hacia la comunión con los dioses. 
 
Los ritmos y los cantos se refieren particularmente a alguna deidad y muchas 
veces van variando. Debe comenzar necesariamente por el Exú y después es 
costumbre seguir con los orixás más jóvenes y violentos como Ogúm 
­relacionado con la guerra- para acceder paulatinamente a divinidades más 
ancianas y calmas, terminando por Oxalá, el señor del Cielo y el más elevado 
orixá.  
 
Cada dios recibe un mínimo de tres cantos "na lingua" es decir, en africano, 
un idioma que naturalmente está de acuerdo con la "nación" de la cual es 
parte el culto.  
 
Los cantos aún antes de ser expresados en viva voz, son danzados pues cada 
uno de ellos constituye una evocación de ciertos episodios de la historia de 
los dioses y son fragmentos de sus mitos, describiendo visualmente sus 
actitudes y gestos. 
 
EL EXTASIS 
 
Bajo la invocación de los tambores, los orixás no tardan en acudir y "montan 
sus caballos" es decir, descienden sobre los fieles provocándoles un estado 
alterado de conciencia que podemos denominar éxtasis o arrobamiento. 
 
Si la ceremonia prosigue durante mucho tiempo sin que haya estos casos, los 
tambores hacen sonar el toque adarrum , que sin cantos, evoca a todos los 
orixás al mismo tiempo. Su ritmo rápido e implorante acaba por abrir los 
músculos, las vísceras y las cabezas de los presentes a la penetración del 
dios.  
 
Producida la crisis del éxtasis, las ekedi o encargadas de velar sobre los 
hijos e hijas de santo, los aligeran de ropas que podrían estorbarlos y de 
los zapatos. El gesto es altamente simbólico pues se trata de despojar al 
individuo de su personalidad terrenal para que entre en comunión con su 
santo.  
 
Cuando un orixá baja, el creyente es colocado en su condición de africano 
por lo que, entre otras cosas, debe prescindir de los zapatos, símbolo de la 
civilización europea para los ancestros. Así posará sus pies sobre la 
tierra, que también es considerada una deidad. 
 
La violencia de la crisis varía según las circunstancias, el temperamento 
del individuo y la naturaleza de los dioses que lo poseen. 
 
Si ésta es muy violenta, el sacerdote o sacerdotisa (babalorixá o ialorixá 
)que dirige el culto coloca su mano en la nuca del poseído para calmarlo o 
bien sopla en su oído. 
 
El creyente es entonces vestido con las ropas litúrgicas de su divinidad y 
se le colocan en las manos los objetos simbólicos de su estación: la espada 
de Ogúm, el arco de Oxosee, el xaxará (miembro viril) de Omulú, el paxoro o 
vara de hierro de Oxalá... 
 
Cada integrante de la cofradía sólo puede recibir al dios al cual está 
ligado por los ritos de iniciación. Si algún orixá celoso o turbulento monta 
un caballo que no es el suyo, el sacerdote debe echarlo inmediatamente. 
 
Esto también ocurre cuando el exú ataca a un miembro de la cofradía, una 
posesión que se distingue por su fuerza destructora. 
 
LA DANZA DE LOS DIOSES 
 
Después del ritual propiamente dicho, los terreiros (o centros de 
ceremonias) ofrecen normalmente una comida frugal. Momentos más tarde los 
hijos e hijas de santo retornan al salón de danza. 
 
En ese momento ya no vuelven más como creyentes, sino como los propios 
dioses encarnados, que se vienen a mezclar efímeramente con el mundo. 
 
El ritmo de la ceremonia no se modifica, tienen lugar las mismas evocaciones 
de los orixás en el orden determinado, pero sin embargo, los gestos 
adquieren mayor belleza y los pasos de danza alcanzan una misteriosa 
maestría.  
 
Allí, el conocedor puede distinguir a Omulu, cubierto de paja, a Xangó 
vestido rojo y blanco, a Iemanjá peinando su cabello con algas. Los mismos 
rostros se metamorfosean entonces en máscaras. 
 
Ogúm, el guerrero brilla en el fuego de la ira, Oxúm es toda ella 
voluptuosidad carnal. Por un momento se confunde Africa y Brasil. Por arte 
del candomblé queda abolido el océano y se funde el pasado con el presente. 
 
La fuerza del ritual hace que no sean individuos los presentes, sino los 
mismos orixás apersonándose frente a los tambores, saludando a los 
sacerdotes y, en ocasiones, dando consejos y revelando el futuro. 
 
En esa comunión no hay fronteras entre lo natural y lo natural. Su lógica es 
la de la danza, en la cual no han contrarios, ni fronteras. 
 
El éxtasis sólo llega al fin cuando son cantados los sones de unló, cuyo 
objetivo es despedir a los orixás. Los cánticos son entonados en orden 
inversa a las invocaciones, comenzando por las divinidades llamadas en 
último lugar, pera terminar por aquellas que llegaron primero. 
 
El último cántico tiene lugar en la ofrenda, como si el deseo fuese que la 
fuerza mística que había roto todas las amarras regrese a las piedras 
bañadas de la sangre de los sacrificios, a los pedazos de fierro y a los 
instrumentos simbólicos de los orixás. 
 
Todavía, antes de que todos se separen; los saludos oficiarán como una 
ofrenda de paz entre los creyentes, que unen las divinidades con los 
presentes, feligreses e invitados. 
 
Las hijas de santo traen en platos del color de sus orixás un poco de 
alimento que fuera colocado en la ofrenda y cada cual toma un bocado del 
plato de su diós, con las dos manos en forma de concha. 
 
Se establece así una solidaridad de lo humano y lo divino, antes del regreso 
al mundo profano.  
 
LA INICIACION 
 
La iniciación de los miembros del culto conlleva, en su compleja ceremonia, 
todos los elementos implícitos en la religión, desde la consideración de las 
características diversas de los orixás, hasta la estructura del mundo propia 
de la fe y sus aplicaciones respecto del cuerpo humano. 
 
Los orixás poseen dos formas de manifestarse: por medio de la posesión de 
los fieles en los trances y a través de procedimientos de adivinación que 
los babalaos llevan a cabo a través de arrojar cierto tipo de caracoles 
(buzios) sobre un tapete y descifrar el mensaje que dejan según salen con 
una u otra cara hacia arriba. 
 
Estos son los medios de los que se vale los babalaos para determinar qué 
orixá corresponde a cada fiel, un dato fundamental en la iniciación, que va 
a ser constatado por un collar cuyas cuentas manifiestan el color preferido 
de la deidad.  
 
Serán pues blancas para el devoto de Oxalá, alternadamente rojas y blancas 
para el de Xangó, verdes para Oxosse, amarillas para Oxum. 
 
Por supuesto que el collar no tiene valor por sí mismo sino por el 
tratamiento de "lavado" que se le realiza. El individuo que desee participar 
en la vida de un candomblé debe pues consular al babalao, que interrogará a 
los buzios a fin de descubrir el nombre del orixá que es "dueño de su 
cabeza". 
 
El lavado del collar se realiza sumergiéndolo en un recipiente lleno de 
agua. Allí se sumerge también la comida previamente preparada que 
corresponde al orixá. Después se lavan las cuentas con "jabón de costa" 
(negro y blando).  
 
Por último se brinda el collar a la persona que debe usarlo, dándole antes 
instrucciones acerca de futuras obligaciones y finalmente se realiza una 
fiesta íntima con cánticos y comidas. 
 
Este collar no es una simple identificación, sino que constituye una 
protección y un vínculo con la divinidad. 
 
Una vez hecho el lavaje, se considera que el fiel ha quedado ligado a un 
mundo diferente. Ha quedado comprometido en una cadena de obligaciones 
positivas y negativas, encargos y deberes. 
 
No podrá comer de ciertos alimentos que son eho o tabú para su dios. No 
podrá tener relaciones sexuales en el día de la semana dedicado a éste y 
queda comprometido a participar de las devociones del candomblé. 
 
Así el fiel se separa del mundo profano (brasileño) para ingresar en la 
tradición (africana). Desde ese momento, los orixás tienen poder sobre él y 
también lo dotan de nuevas cualidades. 
 
Con este sencillo ritual, un hombre ha pasado a formar parte de un antiguo 
linaje, dentro de la religión de los orixás. 
 
Presentamos a continuación un cuadro comparativo entre los principales 
orixás, características y relaciones con elementos y actividades humanas. 
 
ORIXA    COLOR    METALES    ANIMALES    ASPECTOS DE LA NATURALEZA 
ACTIVIDADES HUMANAS 
 
Oxalá    blanco    aluminio    cabras blancas y palomas    la bóveda celeste 
 
Exú    rojo y negro    bronce    gallo y perro    encrucijadas, grietas 
 
Ogum    azul    hierro    carne de gallina    guerra, metalurgia 
 
Omulu    negro y blanco    perro, gallo, puerco    la tierra, el sol, las 
pestes    es el médico de los pobres 
 
Xangó    rojo y blanco    cobre    gallo, carnero, cangrejo    rayo, fuego 
justicia 
 
Iansá    rojo y blanco    cobre    cabras y gallinas    el viento, la 
tempestad 
 
Oxosse    verde y amarillo    bronce    carnero, gallo    la luna     la 
caza 
 
Iemanjá    rosa, azul claro    plata    palomas, ovejas    el mar    la 
pesca 
 
Oxum    oro    latón    cabra, gallina    agua dulce    el amor 
 
Oxumare    los 7 colores del arco iris    gallo, perro    arco iris 
      
 
 
 
 
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