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Asunto:El despertar de una nacion / Koldo
Fecha:Viernes, 28 de Julio, 2000  13:22:49 (-0600)
Autor:Ricardo Ocampo <anahuak @.............mx>

El despertar de una nacion / Koldo


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From: "Planeta Gaia" <planetagaia@jet.es>
Date: Sun, 23 Jul 2000 13:38:32 +0200
To: "\"RicardoOcampo  >\" <"<anahuak@webtelmex.net.mx>
Subject: El despertar de una nación.

Zubielki 23 de Julio de 2000

Ricardo hermano:
Tras la crónica espiritual, adjunto te envío la crónica política vivida por esos lares. Es la refundición de tantas  esperanzadas consideraciones que me compartisteis  tras el  triunfo electoral de la oposición.
Pa, Fuerza y gran abrazo: Koldo






El despertar de una nación

Estuve en Mexico en la noche en que crepitó la esperanza, en todas las ciudades, en todos los barrios, en todos los pueblos... Caía el Prinosaurio y la victoria del PAN inauguraba una etapa política verdaderamente ilusionante. México despertaba de un largo y pesado sueño. El servilismo al partido hegemónico tenía su límite. No se podía aguantar indefinidamente la castrante fidelidad a la sutil dictadura del PRI. El partido-estado había utilizado todas las pomadas y disfraces para ocultar su verdadero objetivo de servirse de un pueblo, hasta no hace mucho, en buena medida aún manso y poco cultivado cultural y políticamente. Pero sus tretas y apaños decimonónicos ya no encajan en la era de la información universalizada.
México se merecía algo más que el maquillado continuismo de Labastida. El pasado 2 de Julio rompió el síndrome de continuidad, la barrera del miedo que en cada cita electoral le hacían repetirse a sí mismo: "Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer". Se regaló a sí mismo la posibilidad de un futuro definitivamente diferente.
La historia va más deprisa de lo que los políticos corruptos quisieran. México nos ha demostrado que por muy perfecta que sea una dictadura, los oscuros mecanismos de clientelismo y depravación ética terminan por aflorar. Por mucho "colorete" que el PRI se echará encima, no pudo evitar que se manifestara la cara decrépita del partido que más ha durado en el poder en el mundo. ¿Quién puede impedir que los chinos viajen por Internet y comprueben siquiera en el dominio virtual lo que es el ejercicio de la libertad?, ¿quién que los iraníes coloquen antenas parabólicas en sus tejados y constaten que hay otra forma de estar en el mundo, sin la constante amenaza de las leyes islámicasŠ?, ¿quién que México comience por fin a respirar en plena democracia?Š Los dictadores y oligarcas de uno y otro signo juegan con desventaja. La ciencia y sus avances tecnológicos sirven libertades a domicilio antes de que ellos se decidan a promulgarlas.
Los tecnócratas y cabecillas del PRI no podían seguir amarrando a la población a costa de un puñado de pesos y de unos servicios sociales mal gestionados. A los jóvenes mexicanos les ha bastado asomarse, siquiera virtualmente, al mundo para afirmar con su voto que ellos desean también vivir en una democracia adulta y verdadera y no en un continuo y vigilado simulacro.
No es fácil comprender desde este lado del Atlántico que la victoria en las elecciones a la presidencia de un candidato conservador sea capaz de suscitar tanto entusiasmo. Aquí la principal barrera política sigue siendo aquella que separa la izquierda de la derecha, si bien es verdad que esa sinuosa línea tiende de día en día difuminarse. En México la principal barrera la marca la honradez en la gestión. A un lado se encuentran los mandatarios para los que la política ha sido fuente inagotable de lucro y que siempre han observado el país como su rancho particular. Al otro quienes ven más la política en clave de servicio y gestión eficaz de los asuntos públicos. Decenas de años de abusos por parte del partido gubernamental han ido precipitando la situación actual en la que por fin se abre paso a la alternancia en el poder.
Los tiempos no corren en balde. No se puede comprar eternamente el voto de las gentes por un cheque mensual de 2000 pesetas para alimentos, becas o medicinas. Una población progresivamente más urbana y educada, más joven e independiente de criterios apostaba decididamente por el cambio. Una nueva generación con más aulas y cultura votaba PAN, pero más allá de su apoyo condicionado a una opción política determinada, estaba diciendo "no" al servilismo, a la vieja y generalizada corrupción, al narcotráfico, a la impunidad.


Los medios de comunicación, alentados por la atmósfera de apertura, abrían sus espacios a otros candidatos. Los partidos de oposición habían también aumentado su presencia en la instituciones. Al PRI le restaba el baluarte de la manipulable población rural. En el campo unos veinte millones de campesinos e indígenas dependen de los subsidios estatales cuya propiedad atribuyen al partido de Labastida, pero la ciudad pudo en su pulso con un campo sembrado del omnipresente retrato del candidato priista.
Fox sabía que la historia jugaba a su favor, que los vientos del cambio iban a azotar con verdadera fuerza. El ex-gerente de Coca-Cola México supo estar en el momento apropiado con la sonrisa apropiada. Las nuevas reformas electorales y el emerger de una clase urbana más joven, culta y harta de una administración enferma y de paternalismos priistas, eran las claves de su triunfo.
Definitivamente el 2 de Julio marca un antes y un después en la historia de esta nación hermana, a la que tanto debemos. Desde el monumento del Angel en el corazón del Distrito Federal, el futuro presidente se dirigió a la nación en un tono cuasi evangélico en la noche del triunfo electoral. El "sermón" de Fox no podía ser más integrador, más conciliador, menos revanchista. Durante la campaña había evocado la primavera de Praga y allí daba constancia del comienzo de una revolución pacífica.
Se ha concitado demasiada esperanza en Fox, para que éste la dilapide. Es enorme la voluntad de cambio para que éste juegue a prolongar el pasado, a dejarse llevar por la prácticadel hegemonismo y populismo untado de prebendas. La historia no le perdonaría el haber malgastado tal cúmulo de apoyos y voluntades de cambio. Es difícil que un hombre llamado a cumplir un gran papel histórico se deje llevar por la inercia degenerativa del poder. Hay que darle un voto de confianza a este político que se manifiesta atrevido, abierto y sinceramente reformador y que llega con el aval de su triunfo en la vida profesional. La inmensa mayoría de los mexicanos se lo ha concedido.
Pienso en toda la gente con la que alterné en los días posteriores a las elecciones. Muchos de ellos eran eternos votantes del PRD, pero hicieron ejercicio de realismo y cruzaron su aspa sobre el emblema del PAN. Coincidían en que Cárdenas no podía haber triunfado. Todos "platicaban" en un mismo sentido: "Hay que haber vivido aquí, para percatarse de lo acontecido", "No os podéis hacer una idea del gran cambio que esto supone para nosotros"... "Se ha caído nuestro muro de Berlín", era uno de los comentarios que expresaban con rotundidad las dimensiones del proceso recién inaugurado. Ante tal manifestación de generalizado contento, yo tenía que tragarme el interrogante que siempre tenía en la punta de la lengua de cómo y por qué un presidente conservador era capaz de concitar tanta esperanza.
Se calcula que dos millones de votos del PRD de Cárdenas fueron a parar a las listas del PAN. Decenas de intelectuales izquierdistas suscribieron un manifiesto en el que manifestaron su apoyo a la candidatura de Fox. Importantes sectores de las fuerzas progresistas tenían razones para apoyar a este candidato con más ases.
Con Cárdenas no había posibilidad real de relevo: falta de reflejos, anquilosamiento, discurso populista, maximinalista... México quizá es el ejemplo más evidente de las dificultades de la izquierda para ponerse al día, para ubicarse en los nuevos parámetros globalizantes del tercer milenio. Los años al frente de la alcaldía de la ciudad más grande del mundo no le han granjeado al PRD precisamente nuevos votos. El monstruoso asfalto de la capital ha terminado siendo una trampa para las gentes de Cárdenas, incapaces, pese a su denodado esfuerzo, de construir con sus doctrinarios de bolsillo una macrociudad más grata, segura y habitable.

México ha iniciado una revolución pacífica, una regeneración política reflejada en la inauguración de la alternancia en el poder. Por lo demás, ni siquiera el programa de Fox es de derecha. El acento de su discurso en la justicia social lo desmarca del terreno puramente conservador que se le asigna por estos lares. El PAN simboliza hoy por hoy la abolición de un sistema de poder autoritario, la regeneración moral y la modernización del país. Habida cuenta del motín que atesoraban los dinosaurios del PRI, quizá sea éstas últimas las vías más rápidas para erradicar una pobreza en la que aún está sumida casi la mitad de la población mexicana.
Fox deberá de desmontar la estructura del partido-estado y hacer realidad las promesas generales con las que se ganó la confianza de las mayoría de los mexicanos. "El sol de la democracia sale sobre México" declaraba el escritor Homero Arigjis. ¡Que no caiga pues el astro rey, que el dinosaurio del PRI recoja como ha prometido, formalito, su enorme cola; que la nueva formación, que se estrenará en el poder a finales de año, inaugure una forma transparente de hacer política y pueda acometer la limpieza de la administración a fondo!
Sería miope escribir lo acontecido en México en clave exclusivamente política. Toda una conciencia colectiva ha madurado. El pueblo, sobre todo las nuevas generaciones, rompen ya los lazos alineantes, cuando no esclavizantes con un partido, que le ha impedido su desarrollo pleno, justo y libre. Toca ya la hora del repliegue para los oligarcas que se sirvieron durante décadas de la ignorancia y la sumisión de buena parte de la población.
Dicen que preguntaba el presidente priista a un subalterno: "¿Qué hora es?" Y éste le respondía: "La que Vd. quiera Sr. Presidente".. Tal era el grado de vasallaje que se rendía al plenipotenciario máximo mandatario. Esos tiempos ya se han acabado. Ya no es cualquier hora, ni siquiera la hora de la entronización de un presidente diferente. Es la hora anhelada del despertar de una nación. Es la hora del resurgir de México.


Koldo