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Asunto:Como buscamos la paz de nuestro corazon? / El Pensamiento Mistico Islamico / SufiMexico.Org
Fecha:Martes, 1 de Agosto, 2000  23:11:17 (-0600)
Autor:Ricardo Ocampo <anahuak @.............mx>

¿Cómo buscamos la paz dentro de nuestro corazón? 
 
Breve introducción al pensamiento místico islámico 
Amina al-Yerráji 
http://www.sufimexico.org 
 
Representante en México de la Orden Sufi Jalveti Yerráji 
 
''...Sólo cuando cesa el agitado transcurrir de las olas, 
el océano ilimitado muestra su serenidad eterna...'' 
‹Un dicho sufi 
¡As-Salám Aleykum!  
(Que la Paz Sea Contigo) 
 
En esa corta frase de salutación está el fruto más sublime de la práctica 
islámica: La Paz Divina. El Islam es precisamente la Paz que mana de la 
Unidad. Esta tradición sagrada existe para que los corazones pueden llegar a 
contener esa Paz de la Unidad, para que la conciencia individual pueda 
establecerse en el centro infinito de la Paz Divina. 
 
Cuando uno genuinamente saluda con la Paz de Al-láh, se abre en el corazón 
la posibilidad de recibir y aceptar al otro sin condiciones. Se hace posible 
operar desde el nivel de la Paz Divina, rindiendo nuestras vidas 
individuales, aparentemente autónomas, ante la Fuente de la Paz. El que 
recibe el saludo, a su vez, responde de igual forma, pero invirtiendo el 
orden de las palabras: Aleykum Salám: "Que contigo sea la Paz." Este es el 
saludo del Islam.  
 
En la escritura sagrada del Islam, en el Corán revelado en el corazón del 
Profeta Mujámmad, que la Paz sea con él, podemos encontrar dos términos que 
se refieren a la Paz. Uno de ellos es sakínah y alude a una paz que tiene 
connotaciones de sosiego, quietud y tranquilidad. A un estado con un matiz 
excepcional, porque sólo se recibe en el corazón humano como una gracia de 
Al-láh. El Corán menciona: ''...Él es quien hizo descender la sakínah en los 
corazones de los que creen para así intensificar (la luz de) su fé...''1 
 
El otro término que se traduce comúnmente como paz es salám, pero en árabe 
tiene acepciones que le dan un significado mucho más amplio que el español e 
incluye un sentido de certeza, de libertad, de perfección y permanencia que 
no corresponde exclusivamente a la realidad impermanente de este mundo, hace 
referencia también a la realidad del espíritu, a la realidad que está más 
allá del tiempo y el espacio. 
 
Pero quizás lo que hace a la paz algo central en nuestra tradición es que 
Salám es uno de los nombres con los que la Fuente Primordial del Cosmos se 
describe a Sí Misma; es uno de los adjetivos que emplea para dejarse conocer 
íntimamente. La Paz es una de las energías o atributos que despliega la 
Realidad Una que se manifiesta en la multiplicidad que perciben nuestros 
sentidos. 
 
Este atributo divino ‹As-Salám‹ no puede ser separado de los demás porque la 
Realidad Única que se hace llamar Al-láh en la escritura revelada, es 
indivisible. El corazón humano es un reflejo perfecto de esa Unidad 
Indivisible. Develándose a Sí Misma, la Realidad nos informa: El cielo y la 
tierra no pueden contener Mi inmensidad pero el corazón de Mi amante fiel me 
contiene.2 
 
Nuestro corazón es un reflejo de Dios. Si hemos de encontrar la Paz, es en 
nuestro interior, en el corazón, que hemos de buscarla. 
Esta dimensión del Ser Divino, este estado del corazón, no es una 
fabricación humana. Para tener acceso a la paz tomamos refugio en Al-láh, la 
Fuente de la Paz; nos volvemos recipientes vacíos para poder ser llenados 
con Su Paz; invocamos Su Nombre en y desde nuestro corazón ¡Iá Salám! ¡Oh 
Paz!, porque el nombre es la puerta hacia el reino de la realidad que se 
nombra, y Sus Nombres son la llave que abre el acceso a Su realidad. 
La paz es el estado natural del ser humano que vive en armonía con la 
Realidad Divina. El sufismo, la tradición mística de la religión islámica, 
parte de la premisa de que sólo la Realidad Divina tiene existencia real. 
Toda entidad manifestada en el cosmos tiene, por así decirlo, una existencia 
prestada. Es decir, nada existe fuera de, aparte de, o independiente al Uno 
Auto-Manifestado. En otras palabras, todo lo que existe, sin excepción, 
tiene como sostén la Unicidad Divina; en todo subyace la Entidad Divina. 
Dicen, con razón, que un ejemplo vale más que mil palabras. Tomemos como 
ejemplo un vitral. Éste despliega una multiplicidad de colores cuando la luz 
brilla a través de él. A pesar de que percibimos la coloración múltiple de 
la luz, sabemos que la luz, en sí misma, no se ha coloreado por ninguno de 
los colores que manifiesta el cristal. La escencia de la luz, sabemos, es 
Una, inalterable. Y también sabemos que este carácter inalterable de la luz 
no nos impide percibir la multiplicidad de colores. Así, la Realidad Única, 
permanece inalterable mientras se manifiesta a través de toda existencia. 
Por ello, para el místico sufi, la célebre afirmación ''Dios era y nada era 
con Él'', no se refiere a las condiciones previas a la creación o a la 
manifestación del universo. Para el derviche, ésta es la verdad del Ser, 
cuya validez trasciende los límites del tiempo. En efecto: Dios es, será, y 
no hay, no ha habido y no habrá jamás, nada aparte de Él, porque en realidad 
no existe nada en todo el Reino del Ser que legítimamente pueda ser 
calificado como ''otro''. Es decir, el azul específico que filtra el vidrio, 
nunca podrá ser legítimamente considerado como algo aparte o independiente 
de la luz única e inalterable que ''le presta'' su realidad, su capacidad de 
brillar. 
 
Esta realidad ontológica; la Unicidad del Ser, la Unicidad de la Existencia, 
que intentamos abordar en estos momentos, está contenida en otro nombre 
revelado: LÁ ILAJA ÍLA LÁH, que quiere decir: Dios es la única Realidad. Es 
decir, en toda forma de existencia no hay nada real excepto Dios. Esta es la 
certeza fundamental que enlaza a todo practicante del Sufismo. 
 
Esta tradición de sabiduría trascendente nos exhorta a experimentar la 
Unicidad en nuestras vidas temporales. Es decir, no nos estamos refiriendo a 
un enunciado teólogico o filosófico destinado a permanecer en el reino de la 
abstracción intelectual. La práctica activa de esta tradición sagrada está 
misericordiosamente diseñada para conducirnos a la experiencia de la 
Unicidad; la experiencia de unión absoluta del alma individual y la Fuente 
primordial del Universo. 
 
Esa Fuente es Inconcebible por su propia naturaleza. Es el Misterio de los 
Misterios. Sin embargo, a través de las escrituras sagradas, entre las 
cuales el Corán es la más reciente pero no la única, esa Fuente Absoluta se 
revela a sí misma en la modalidad del lenguaje gramatical. Es ahí que nos 
informa que su naturaleza primordial es la Compasión y la Misericordia. Esta 
Compasión, el más intenso grado de amor incondicional, es la Realidad Única 
que abraza todas las cosas: en árabe, Rajmán ir-Rajím.3 Por Amor, el Uno 
trajo todas las cosas de la no-existencia a un estado de existencia 
manifiesta en el cosmos donde ahora tienen la capacidad de percibir, 
disfrutar y vivenciar sus características y las de su entorno. 
 
Si comparamos la manifestación de la creación, ‹el arribo de las criaturas 
al estado de existencia temporal‹, con una exhalación de esa Realidad 
Absoluta, podemos decir que todo lo manifestado, todas las criaturas y todas 
las cosas no son sino Sus palabras. Al interior de Su Aliento se desarrolla 
la vida visible e invisible del cosmos. Las palabras dependen del Aliento 
para existir pero el Aliento no necesita de las palabras. Su Aliento lo 
subyace todo. Como infinidad de palabras impresas en un papel, cada una es 
diferente de la otra, pero todas son escencialmente la misma tinta. En Su 
Acto Creativo, al exhalar, Dios no habla porque una fuerza externa lo 
obligue. Habla porque su naturaleza es la Compasión y quiere, añora, 
compartir Su Existencia. 
''...Yo era un tesoro oculto y quise ser conocido, 
por eso creé la creación...''4 
 
El grado más profundo posible de paz que experimenta el sufi en su corazón 
emerge de la experiencia del abrazo de esta Compasión escencial. 
Estas palabras, estas analogías no pretenden develar el misterio divino, 
porque... ¿Cómo pueden las solas palabras abarcar al que las enuncia? ¿Cómo 
pueden las olas sondear la profundidad del Océano? El sufi no cae preso de 
conceptos o esquemas que intenten apresar el Misterio Divino. Cualquier 
concepto, por más avanzado que sea, sólo podría limitar a la Realidad 
Divina. El sufi no intenta concebir lo Inconcebible. Ante Su 
Inconcebibilidad, el sufi se declara deslumbrado, embelesado por el 
Misterio. No puede sino postrarse ante Él, en medio de la perplejidad y la 
ebriedad infinitamente amorosa que le inspira. De ahí que para el sufi la 
sumisión perfecta a la Realidad Única sea la única respuesta posible. El 
significado literal de la palabra Islam es sumisión ‹cuya raíz gramatical es 
precisamente Salám). 
 
En esta tradición, la sumisión tiene connotaciones de libertad, de suavidad, 
de paz real. No es un sometimiento ciego o quejumbroso, sino un estado de 
aceptación positiva de la iniciativa divina en todo acontecer, interno y 
externo, que hace emerger en el practicante la libertad que le permite vivir 
en armonía con la Realidad Absoluta, con la Matriz Primordial que se llama a 
sí misma Rajmán.  
 
El sufi descubre que sólo olvidándose de sí mismo, se aclara el recuerdo de 
su propio origen divino. El sufi, lleno de añoranza por su hogar, por el 
lugar luminoso de su procedencia, opta por abandonar los reclamos de un 
sentido temporal pero profundamente equivocado de existencia propia; opta 
por ignorar los reclamos del falso "yo" y el falso "mío" que lo alejan cada 
vez más del retorno conciente, de la unión conciente con la Fuente de su 
ser. El sufi opta por perderse para siempre en la apasionada alabanza a la 
íntimamente amorosa Realidad Verdadera, Al-láh. 
 
''Más allá de todos los niveles del sendero místico que transita gozoso, aún 
más allá, el sufi encuentra la más elevada estación a la que tiene acceso su 
ser, islam-ía, la perfección de la sumisión de lo finito a lo Infinito. Esa 
sumisión es la transparencia perfecta a la Naturaleza Divina'',5 el desplome 
de todo velo de aparente separación entre el alma individual y la Fuente que 
le da origen, es lo que podemos llamar el misterio del compañerismo eterno 
de la luz divina dentro de la luz divina. Interiormente el sumiso es ahora 
un vasto vacío, que se llena a cada momento por la dinámica divina. 
La Paz de esta bendita vaciedad rebasa toda comprensión. 
 
1. Al-Corán; sura 48:4. 
2. En esta tradición oral de Mujámmad, o Jadiz Qudsi, el Profeta del Islám 
cita a la Divinidad que se llama a sí misma Al-lah en la escritura revelada, 
eludiendo el carácter abstracto de lo divino para volverse una realidad 
íntimamente personal. 
3. Ambos términos del árabe se derivan de la raíz gramatical Rjm, que 
significa matriz. 
4. Jadiz Qudsi 
5. "Meditaciones Islámicas", Nur al Yerraji, Lex Hixon; Pir Press en An Atom 
of the Sun Of Knowledge. 
 
*******