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Asunto:[RedLuz] El miedo, el conflicto / Tlacatzin Stivalet
Fecha:Lunes, 8 de Diciembre, 2003  13:10:59 (-0600)
Autor:Ricardo G. Ocampo <redluz @...............mx>

El miedo, el conflicto / Tlacatzin Stivalet

@@@redluz
red iberoamericana de luz

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From: Gabriela Gómez Junco <gabiota@prodigy.net.mx>
Date: Fri, 05 Dec 2003 18:35:43 -0600
Subject: El miedo, el conflicto / Tlacatzin Stivalet



El Miedo, el Conflicto

Al encuentro de nuestra verdad

Tlacatzin Stivalet Corral

miércoles 29 de octubre de 2003



El miedo es un sentimiento muy antiguo, lo compartimos con los reptiles y los mamíferos, surge de la parte más antigua de nuestro cerebro, llamada 'prosencéfalo', aunque también se le llama 'cerebro anterior'. Esta parte de nuestro cerebro apareció con los reptiles, hace unos 250 millones de años. Allí se originan nuestros «impulsos agresivos». Se puede suponer, como hipótesis de trabajo, que el miedo y la agresión son parte de un instinto de sobrevivencia, de conservación de la vida.



La agresión es válida cuando uno enfrenta alguna amenaza de otra especie, de otros «géneros», pero resulta un peligro para los individuos de un mismo «género». Tal como ocurrió con los individuos del género Homo 'hombre', especialmente los de la especie Homo sapiens 'hombre sabio', del cual coexistieron dos especies: el Homo sapiens neandertalis 'hombre sabio neandertal' y Homo sapiens sapiens 'hombre sabio sabio'. Ambas convivieron desde hace 92,000 años hasta hace 32,000 años.



Según los antropólogos, ambas subespecies "competían por los econichos". Esta competencia tuvo lugar principalmente en lo que actualmente se conoce como Europa y Asia Menor, precisamente en la zona llamada Tierra Santa, donde se enfrentan desde hace 3,500 años hebreos y cananeos, actualmente con el nombre de judíos y palestinos. Ambos pueblos se culpan mutuamente de «agresión», cada uno «agrede» al otro alegando derecho de "venganza". Vale esclarecer esto.



El verbo agredir procede del latín aggredior, aggrederis, aggredi, verbo intransitivo y transitivo, deponente, o sea, de forma pasiva y significado activo, que significa: 'ir, dirigirse, acercarse, como en aggredi cupiet, a donde él quiera ir', 'tratar de bienquistarse ['congraciarse'] con uno, como en aggredi aliquem pollicitationibus, tratar de ganarse a alguno con promesas', 'marchar contra, acometer, como en aggredi murum, atacar la muralla', 'abordar, como en aggredi ad causam, abordar una causa'.



Este origen etimológico no refleja el significado actual en México de agredir: 'atacar violentamente a alguien, físicamente o de palabra', como en las frases "Los granaderos agredieron a los estudiantes", o en "¿Por qué me agredes con esos insultos?". Generalmente la agresión es precedida por la percepción de una amenaza para la integridad personal o de alguna propiedad. En el año europeo 1968, el presidente Gustavo Díaz Ordaz "agredió" a los estudiantes porque tuvo miedo de que lo derrocaran.



El día de la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1968, las cámaras de televisión mostraron a un presidente Díaz Ordaz atemorizado, aterrorizado, su rostro reflejaba miedo pánico. En ese momento ya había tenido lugar la matanza del miércoles dos de octubre en la Plaza de las Tres Culturas del Conjunto habitacional de Tlatelolco. Ya había pronunciado su famosa frase: "el odio no ha nacido en mí". Su rostro aterrorizado fue mostrado a muchos millones de seres humanos del todo el Planeta.



El jueves 3 de octubre de 1968 los medios impresos habían dado cuenta de lo orurrido la noche anterior en Tlatelolco, algunos escribieron de que se habían encontrado "armas de fabricación rusa". Al igual que para invadir a Irak nuestros vecinos inventaron "las armas de destrucción masiva". Eran los tiempos conocidos como "guerra fría". Hay que tener presente que en 1968 aún existía la Unión de Repúblicas Socialistas del Soviet, la temida URSS, tan odiada por nuestros vecinos del norte.



Hasta su muerte, el licenciado Gustavo Díaz Ordaz afirmaba haber "salvado a la patria" de una conjura internacional comunista. Entre más información aparece sobre el movimiento estudiantil de 1968, más evidente se hace la mentira del entonces presidente Díaz Ordaz. Lo mismo ocurre con la mentira de las "armas de destrucción masiva" del presidente George Walker Bush. En ambos personajes de la historia se puede percibir una disfunción en su percepción de espacio y tiempo.



Si no fuese tan frecuente este caso, las fallas en la percepción de espacio y tiempo, no sería necesario dedicar tiempo a esclarecerla. Los millones y millones de armas acumulados en múltiples arsenales, en todos los países el mundo, hace ver que los gobernantes viven "apanicados", calificativo acuñado por el presidente Vicente Fox Quesada. Ya estamos en tiempo de que los hombres y las mujeres dedicados y dedicadas a la función de gobierno queden expuestos a que "sus trapitos" sean sacados al sol.



El autoengaño involuntario, consecuencia de una falsa percepción de nuestro entorno, es común "hasta en las mejores familias", por lo que como el desempleo, no debe "apanicar" a nadie. No obstante esto, es importante esclarecer el origen de tantos conflictos sociales, políticos, económico, familiares y educativos. Para cada uno de nosotros, es muy importante contar con un referente conceptual que nos ayude a no caer en el "autoengaño involuntario", para no generar conflictos interpersonales no deseados.



El presente escrito es una búsqueda personal para descubrir eso que a cada uno de nosotros nos hace caer en una percepción errónea de la realidad, en una falsa imagen de nuestro entorno. Para empezar, es preciso reconocer que formamos un todo electromágnético con el universo. En efecto, lo que se llama universo está constituido esencialmente por una fuerza electromagnética cósmica. Misma que hace 9,000 millones de años era del tamaño de un átomo, por lo tanto era invisible.



De pronto, hubo un gran estruendo al mismo tiempo que una gran luz se propagó por el espacio. De la misma manera en que ocurre con un rayo, también un fenómeno electromagnético, como todos los fenómenos que ocurren en espacio y tiempo. Esta «fuerza electromagnética univercia» empezó a generar todo lo que se manifesta en espacio y tiempo. Al inicio del gran reventamiento aparecieron los quanta. Cabe recordar que un quantum es el mínimo corpúsculo que puede existir.



Al momento de aparecer los quanta la temperatura de la «fuerza electromagnética univecia» se elevó hasta 35,000 millones de grados Kelvin. Esta gran energía calorífica hizo que el 76 por ciento del total se convirtiera en hidrógeno y el 23 por ciento en helio. De aquí se formaron  las galaxias, las estrellas, los planetas, la vida. Todo lo que existe está interconectado de manera electromagnética. Somos una fracción reciprocante de esta «fuerza electromagnética univercia».



Esta gran «fuerza» es perceptible por cualquiera de nosotros. Esta pertenencia univercia es una realidad absoluta. Cuando uno no la percibe en toda su plenitud, uno vive enfermo, uno padece de «disfunción perceptiva», uno resulta invadido por el miedo a la soledad. Este miedo es muy frecuente. Hay tantos seres humanos que padecen «disfunción perceptiva» que algunos llegan a puestos elevados de decisión. Los casos de Gustavo Díaz Ordaz y de George Walker Bush se repiten sin fin.



Este tipo de personas debería ser sometido a tratamiento. La realidad es que no existe actualmente lugar alguno donde puedan ser liberados de sus dolencias. Estas personas, también por miedo, acumulan grandes fortunas cuando están "donde hay". Por esto, es frecuente escuchar a los políticos decir: "yo no quiero que me den, quiero que me pongan donde hay". Resulta obvio que son impunes, nadie les impide este saqueo a "las arcas de la nación". Porque todos son cómplices de todos.



Puede decirse, en resumen, que todos los problemas que vivimos en el presente, en México y en los demás países, son un reflejo del sufrimiento interno de todos nosotros: los seres humanos que poblamos el planeta Tierra. Es pues necesario intentar un esclarecimiento de cómo se origina este miedo pánico. Más bien, lo que nos hace falta es saber cómo es necesario vivir para que no nos invada el miedo. En otras palabras, descubrir qué es lo que genera la «disfunción perceptiva».



Para empezar, cabe tener presente que cada uno de nosotros es generado por una molécula de ADN, como se conoce al Acido Desoxirribonucléico que forma el «genoma» de los humanos. En efecto, en el óvulo de nuestra madre que nos da vida existe media molécula de ADN, integrado en 23 cromosomas, que se une a un espermatozoide de nuestro padre, que aporta media molécula de ADN, también integrado en 23 cromosomas. Al unirse ambos gametos, al iniciar la gestación, nacemos.



Desde el primer instante de nuestra vida, cuando ya somos una célula completa, un cigoto, nos ubicamos en el espacio y en el tiempo, el útero de nuestra madre y el momento de pegarnos a la pared de dicho útero: para así generar el cordón umbilical que nos alimentará durante nueve meses. El ADN es una cadena de aproximadamente un metro de longitud, en él se registran todas las transformaciones que llevará a cabo nuestro cuerpo y todos los cambios que tendrá nuestro comportamiento.



Después de 260 días de permanecer en el vientre de nuestra madre, le anunciamos que ya deseamos salir de tan cómodo alojamiento. Todo el tiempo que permanecimos dentro de nuestra madre queda registrado puntualmente en nuestra memoria: para nuestro bien y para nuestro mal. Si durante estos nueve meses de gestación recibimos amor de nuestra madre, la «marca gestaticia» que nos queda es de vigor. Así, somos capaces de enfrentar exitosamente todos los avatares de la vida.



Este no es el caso más frecuente en México. En nuestra patria, el 60 por ciento de los niños nace "fuera del matrimonio". Esta situación es generalmente originada por un "accidente": un embarazo no planificado. Así, es muy frecuente que el primer recuerdo de quien es engendrado de esta manera sea un grito masculino que dice: "taruga, te dije que te cuidaras". Es posible que haya habido alguno que otro golpe. Si no se llega al aborto, el tiempo de gestación del embrión le genera miedo.



La «marca gestaticia» de la mayoría de los mexicanos, más del 60 por ciento, tiene lo que se llama vicio de origen. Es frecuente que en reuniones sociales alguien cuente el chiste: "un niño le pregunta a su papá, ¿por qué te casaste con mi mamá?, el aludido responde: por tu culpa". Así, el niño se siente amenazado en su integridad, vive en casa de su enemigo, empieza a activarse su «cerebro anterior», su «posencéfalo», para generarle impulsos agresivos, para hacerlo rebelde.



Estos niños van acumulando miedo tras miedo. Su «marca matricia», generada por el trato con su madre entre el momento de nacimiento y los tres años de edad, suele estar llena de golpes y malos tratos, reflejo vengativo de los malos tratos de su padre a su madre, lo cual le genera conflicto con la mujer. La «marca patricia», generada por el trato con su padre entre los tres y los seis años de edad, suele completar el cuadro de malos tratos, aumentando la fuerza del miedo original.



El tener una «marca patricia» llena de miedo hacia la figura masculina adulta hace que el niño adopte una actitud de «agresión» al integrarse a otros niños, al cursar la escuela primaria, si es el caso, o al hacerse parte de una "pandilla de rufianes", caso muy frecuente. Entre los seis y los doce años, al generarse la «marca grupicia» por trato con otros niños, el miedo se va haciendo más y más fuerte, la «agresividiad» se hace más continua. Esto es agravado por la innumerable cantidad de películas violentas que ve.



Lo anterior es, desgraciadamente para todos los seres humanos, una dolorosa realidad. Con variantes, esta es la historia de muchos de nuestros hombres públicos, de nuestros delincuentes, de todos estos humanos que pueblan cárceles en todo el mundo, sí, pero también de la gran mayoría que goza de impunidad. Si la solución a este problema fuera la cárcel, habría que ponerle rejas a todos los países del mundo. Esto hace ver lo absurdo de las cárceles.



Cada cárcel que existe en el planeta Tierra está recordándonos que vivimos en la barbarie. Cada ser humano que pierde su libertad es un fracaso de la humanidad entera. Por existir tantos merecedores de la cárcel no puede pensarse que ésta sea una solución permanente. La única solución realmente permanente será originada por el trabajo interno de cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros, por trabajo interno, por diálogo con su propio corazón, tiene que reconciliarse consigo mismo.



Primeramente, cada uno tiene que reencontrarse con todos sus miedos. No importa si el miedo fue poco o mucho. La cadena de miedos es lo que genera la «agresividad». Cada uno de los miedos que tenemos acumulados en nuestros recuerdos nos hace padecer «disfunción perceptiva». Así es como se generan nuestros conflictos: con nuestro «yo cuerpo», con nuestro «yo género», con nuestro «yo mente», con nuestro «yo eros» y con nuestro «yo psiquis».



La palabra castellana conflicto proviene del latín conflictus 'choque, roce', 'lucha, conflicto', es el participio de pretérito del verbo transitivo confligo, confligis, confligere 'topar, chocar', 'poner frente a frente, oponer, confrontar', como verbo intransitivo significa 'luchar, combatir, congligere cum hoste significa luchar con el enemigo'. Hay un derivado frecuentativo de este verbo: conflicto, conflictas, conflictare 'chocar, tropezar, topar', 'transtornar, subvertir', 'sufrir, padecer'.



También existe un derivado que es verbo intransitivo deponente, de forma pasiva y significado activo, que es conflictor, conflictaris, conflictari 'luchar, chocar contra, como en conflictari cum aliquo, luchar o enemistarse con alguno'. El problema es tomar conciencia de este «conflicto». No es un «conflicto» de sobrevivencia, como lo es luchar con otra especie, es un «conflicto» que amenaza nuestra «pervivencia», es decir, estamos autodestruyéndonos, suicidándonos, extinguiéndonos.



Los «conflictos» originados por nuestros miedos nos generan todo tipo de males. Los conflictos con nuestro «yo cuerpo» nos generan enfermedades. Los hospitales están llenos de personas amedrentadas: que se autodestruyen, que dañan su propio cuerpo con todo tipo de males: cáncer, diabetes, sida, hepatitis, et cetera. Ninguna enfermedad es causada por fuerzas ajenas a quien la sufre: cada enfermedad es manifestación de miedo de quien se la autogeneró. Esto aplica en todo tipo de enfermedad.



Los conflictos con nuestro «yo género» son los que generan todos los conflictos bélicos: Todas las guerras registradas en la historia de la humanidad han sido generadas por conflictos de quienes las iniciaron con su propio «yo género». Todas las guerras han sido consecuencia de una «disfunción perceptiva» de sus protagonistas. La invasión de Irak, llevada a cabo por Estados Unidos de América, Inglaterra y España es una prueba palpable de «disfunción perceptiva» de sus gobernantes.



La actual crisis económica mundial, que ya dura "buenos diez años", es una constatación de una fuerte «disfunción perceptiva» en el «yo mente» de buena parte de sus protagonistas. La economía actual no tiene ninguna vialidad futura, el así llamado capitalismo está condenado a la extinción, es una evidente falsa percepción de la economía sana: que debe cuidar que los satisfactores sean generados para todos. Los capitalistas piensan, erróneamente, que lo importante son las ganancias.



En la familia es donde mayormente existe una «disfunción perceptiva» de nuestro «yo eros». El miedo interno de cada conyuge lo pone a la defensiva contra su pareja: la mujer siempre resulta la víctima aparente. Generalmente los conflictos matrimoniales son originados por una lastimada «marca matricia» en el hombre, unida a una dañada «marca patricia» en la mujer. Los conflictos matrimoniales pueden ser descritos con el dicho popular «topose con encontrose». Cada uno "ayuda" al otro.



La crisis educativa mexicana ya es un lugar común. Proviene directamente de una «disfunción perceptiva» de nuestro «yo psiquis». El miedo acumulado a lo largo de los maltratos nos deja un miedo vago llamado angustia. Esta angustia es la causante de vivir a la defensiva ante las nuevas generaciones. A los jóvenes se les trata como un enemigo potencial. Se abusa de ellos, se les trata como seres inferiores, como animales domesticados, como seres degradados, sin uso de razón.



Así está el panorama. El cambio no puede venir del exterior. Cada uno debe trabajar sus propios miedos. No existe camino conocido. El camino de cada uno es un «camino secreto». Quizás la parte más difícil del asunto sea que cuando el miedo es muy grande, lo que se llama miedo pánico, no seamos concientes de que estamos invadidos por el miedo. Este «miedo inconsciente» es un freno a la superación del miedo. Tenemos tanto miedo que no nos damos cuenta de que tenemos miedo.



El camino en este caso es trabajar con los «conflictos» quese manifiestan: enfermendades, conflictos interpersonales, conflictos profesionales, conflictos familiares, conflictos educativos. Todo conflicto que se manifieste es originado por un miedo no recordado. El camino es descubrir el miedo oculto detrás de cada conflicto. Hay que recordar el dicho «el que busca encuentra»,  y el otro que afirma «el que persevera alcanza». El asunto es de perseverancia, de interés genuino en descubrir cada miedo.



Empezar es difícil. Una vez recordado el primer miedo olvidado uno se encarrila. Al recordar cada miedo, y reconciliarse uno con quien nos lo originó, comprendiendo sus circunstancias, uno se libera del respectivo «conflicto» con el originador. El camino es largo, muy largo, larguísimo. Lo bueno es que cada uno cuenta con la «fuerza eletromagnética univercia» y con todo el tiempo del mundo. No hay prisa alguna. Cada uno de nosotros cuenta con total libertad de acción.



Quizás la parte más difícil sea que hablamos el dialecto castellano de la lengua latina, mismo que implica una pesada carga de miedo y conflicto. Esta carga es más antigua que el latín mismo. Ya era arrastrada por el idioma de los helenos: el griego. Ya los griegos ya cargaban con el conflicto. Ellos se apartaron del Kosmos 'cosmos', se quedaron solos, se consideraron profanos. Cabe aquí tener presente que el verbo griego theo 'andar', se usó para nombrar a las estrellas: theos 'andante'.



Cuando cambiaron el significado de 'andante' en el firmamente a 'dios' poderoso rompieron su pertenencia cósmica y se aislaron de las estrellas, cada griego se quedó solo, aislado, atemorizado. Ya convertidas en "dioses", las estrellas empezaron a ser invocadas por los humanos, simples "profanos". Esto empezó a originar la necesidad de dedicar lugares específicos para realizar estas invocaciones. Así fue que nacieron los "templos", sí, pero también nacieron los "teatros".



Los templos eran dedicados a algún "dios" y se hacían rituales en los cuales se elogiaba al "dios" en cuyo templo se realizaba el ritual. A un dios griego llamado Dionisios, considerado particularmente irreverente al que, en vez de cirios y oraciones, le honraban con símbolos fálicos, 'penes erectos', y versos que cantaban al sexo. Los más antiguos actores del teatro griego se presentaban disfrazados de sátiros, con un rabo de cabra cosido en las asentaderas y en el frente un gran pene erecto, de cuero rojo.



Estas representaciones tenían lugar durante las fiestas en honor a Dionisios, dios del vino que se decía era hijo de Zeus 'Jupiter' y de Semele. Durante este tiempo se proclamaba una especie de "permiso" para apartarse de la "decencia", tal como ocurre actualmente durante los carnavales. Así, los jóvenes y los viejos, los hombres y las mujeres, gozaban del derecho de violar sus preceptos éticos, especialmente los referentes a la actividad sexual. Tal como ocurre en los carnavales del presente.



Como representación teatral verdadera, el teatro griego nació en la ciudad griega de Siracusa, en la isla Sicilia, actualmente perteneciente a Italia, hace unos 2,600 años. Fue un tal Susarión quien primeramente tuvo la idea de fraccionar en diálogos los largos monólogos de los sátiros, generando lo que hoy se conoce como "sketch carpero", tipo Germán Dehesa, tipo Palillo, tipo Brozo, tipo Adal Ramones. Eran diálogos vulgares y cargados de alusiones sexuales, tipo "albur".



La innovación agradó a los griegos y, más pronto que tarde, fue adoptada por los atenienses. En un principio, el diálogo tenía poca cabida en esas representaciones: eran principalmente mímicos y musicales. Su tema era principalmente religioso y mitológico, con muchos bailables. En el palco de honor se colocaba una estatua de Dionisios. El local en el cual se llevaba a cabo el espectáculo era o bien el templo mismo de este "dios", u otro local que, para la ocasión, gozaba de absoluta inmunidad.



Las primeras obras de teatro tenían como intención suplicar al dios Dionisios acabar con las penas de los humanos, mismas que se representaban en el escenario. En esto se parece a lo que hacen los fieles de las diferentes religiones: suplican a sus dioses terminar con el sufrimiento que los aqueja. Así, se puede decir que la «tragedia griega» nació como una especie de conjuro, como un ruego encarecido a Dionisios para acabar con el sufrimiento, como una súplica de un "ser profano" a un "ser divino".



Algo similar ocurre actualmente con las telenovelas, los fieles seguidores de las misma invocan a sus dioses para que ganen los buenos y, así, cada televidente se libre del sufrimiento propio en la persona del "bueno" de su preferencia. Es obvio que esto es una ilusión vana, una quimera, dicho de manera popular, es como "darle atole con el dedo" a los espectadores. Al concluir cada telenovela, quienes la vieron y sufrieron de cabo a rabo, siguen con sus mismos miedos, con sus mismos conflictos.



Por esto mismo es interesante conocer la conexión entre el teatro y el conflicto. Fue un actor griego quien, hace poco más de 2,500 años, quien cambió el espectáculo de ser coral y dancístico a un teatro en el cual ya existía «conflicto»: inventó al «personaje» oponiéndolo al «coro». Esto tuvo lugar en la isla griega del mar Egeo llamada Icaria, hoy Ikaria. El autor de esta audacia fue Tespis de Icaria, quien escandalizó a los habitantes de la isla, tanto, que tuvo que huir a Atenas.



La innovación fue aceptada. Poco a poco se fueron incluyendo más «personajes» y el conflicto haciéndose más y más fuerte, hasta llegar a tragedias como la obra Edipo rey, en la cual el personaje mata a su padre y procrea hijos con su madre. El teatro se volvió la parte más importante del vivir griego, tal como ocurre en el presente con las telenovelas. Las visitas al teatro se prolongaban durante todo el día. Los espectadores presenciaban hasta tres tragedias y una comedia en la jornada.



Al teatro griego, y a las telenovelas del presente, se debe la trivialización del verdadero «conflicto» de los humanos que hablan alguna lengua indoeuropea: el «conflicto» entre el dogma religioso y el libre albedrío. El dogma afirma que los humanos somos "profanos", es decir, que somos seres degradados, indignos, inferiores a los "dioses", seres "celestes", ellosseres cósmicos, y hasta extra cósmicos, como es el caso del "dios" de los judíos, de los cristianos y de los musulmanes: que es el mismo.



Para mejor ubicar esta falsa pérdida de nuestra identidad cósmica vale recordar la palabras latinas tellus y terra, sinónimos que dieron 'tierra' en castellano, y su relación con stella y siderus, ambas con significado de 'estrella'. Lingüísticamente se tiene que stella es una tellus lejana, el sonido «ese» marca lejanía. Lo mismo ocurre con siderus y terra. En lengua nahua se tiene la misma correlación entre tlalli 'tierra' y zitlalli 'estrella'. Los latinos se apartaron del cosmos, y mucho más quienes hablamos castellano.



El hecho de perder su pertenencia cósmica fue marcado por la alegoría del "paraíso terrenal". Los hebreos registran que originariamente el ser humano habitó el paraíso terrenal pero fue arrojado de allí y a partir de entonces se ha degradado más y más. Es lógico pensar que, al sentirse "profanos", los indoeuropeos dejaron de sentirse parte del comos: tellus 'tierra' dejó de ser hermana de stella 'estrella' porque las estrellas fueron imaginariamente convertidas en "dioses".



Al apartarse los indoeuropeos de la «verdad», entendida como 'aquello que alguien percibe o dice cuando tiene tiene correlación directa con la realidad manifiesta en espacio y tiempo', asimismo, atribuyeron a los "dioses" el poder de ser los únicos seres capaces de conocer la «verdad». Así, supusieron que la verdad está fuera del espacio y del tiempo, lo cual no es «verdad». Según los indoeuropeos, los seres humanos, por ser "profanos", estamos incapacitados para conocer la «verdad».



Antes de seguir vale ubicar eso que llamamos «verdad». Primeramente hay que reconocer que existe lo que podemos llamar «percepción del entorno», o sea la «conciencia» del espacio y del tiempo en el cual se ubica nuestro «yo cuerpo», en paralelo, existe lo que podemos conceptualizar como «percepción del ser interno», es decir, la «conciencia» de nuestro «instinto de placer» y de nuestro «instinto de pervivencia». A la conjugación armoniosa de ambas «percepciones» la llamamos «verdad».



Así, ya es posible describir la «verdad» como 'concordancia momentánea que cada uno de nosotros lleva a cabo de su conciencia del entorno, nuestro espacio y nuestro tiempo, con la conciencia de su ser interno, nuestro instinto de placer y de pervivencia'. Esta manera de entender la «verdad» elimina cualquier posibilidad de considerarla ajena a nosotros, la «verdad» es personal y cambiante. Depende en grado sumo de la lengua que hablamos para comunicarnos.



Este es el punto de quiebre de los indoeuropeos. Al dejar de utilizar su lengua cósmica, el sánscrito, fueron alejándose de la pertenencia cósmica. La lengua nahua aún conserva su pertenencia. Por decirlo de una manera simple: los indoeuropeos se asumieron como seres vivientes ajenos al cosmos. Dicha «enajenación» de su entorno ha llevado a que ellos se degraden cada vez más. De una manera no consciente, cada ser humano que habla alguna lengua indoeuropea se está autoeliminando.



Podría decirse, incluso, que los indoeuropeos están en proceso de extinción. Cuando una especie animal se desconecta de su entorno, cuando se hace ajena a su espacio y a su tiempo, dicha especie entra en proceso acelerado de extinción. Esto ya ha sido señalado por pensadores europeos, notablemente por Karl Marx y por Sigmund Freud. Ambos hablaron de enajenación, Marx uso el término alemán Entfremdung 'enajenación' y Freud la palabra latina alienatio 'alienación'.



La realidad es que ninguno de los dos llegó al fondo del problema, que es la desconexión de nuestra pertenencia cósmica, Marx habló del origen del problema como meramente económico, mientras que Freud lo ubicó como meramente psíquico. En realidad, el problema es mucho más profundo. Es un asunto de lenguaje, es decir, de cosmopercepción. Al perder su lengua cósmica, el sánscrito, los indoeuropeos se empezaron a sentir abandonados, solos, así fue cómo les invadió el miedo.



Si los mexicanos no hablásemos castellano, que es una lengua indoeuropea ya muy degradada, no sería preocupante esta situación. Es más, la degradación del castellano es ya tan grande que en México los problemas de los indoeuropeos se agudizan, lo cual nos pone en mayor desventaja que a ellos. Hay que tener presente, además, que la lengua latina degradada como castellano es mal hablada en México. El caso de Cantinflas y de la Chimoltrufia es muy común en nuestro país.



La desconexión de nuestra realidad cósmica es cada vez mayor, el actual lenguaje de los jóvenes se hace más y más ajeno. Como se puede comprobar con el reality show 'espectáculo de realidad' llamado Big Brother 'gran hermano', lo único que se necesitan los jóvenes para comunicarse es la palabra nahua huei 'grande', lo demás gira alrededor de este vocablo nahua. Esto bien puede representar un abandono inconsciente de la lengua indoeuropea que hablamos: el dialecto castellano del latín.uhue



De ser cierta esta suposición, pronto, los jóvenes empezarán a ampliar su vocabulario nahua. Esto significa que andan búscando una reconexión cósmica, ya que la lengua nahua, nahuatlahtolli 'hablar armonizante', es una lengua cósmica, es de la misma categoría cósmica que el sánscrito. Con la ventaja de que la lengua nahua es autóctona y está disponible para todos los actuales mexicanos. Es, en última instancia, una decisión política de todos los mexicanos hacerla nuestra lengua nacional.



El proceso de cambio de lengua, en caso de darse, no sería tan simple. Cada uno de los actuales mexicanos tendría que darse a la tarea de aprender la lengua nahua y aprender a manejar diariamente la cuenta tolteca del tiempo. Cada uno de nosotros tendrá que seguir una estrategia dual: dominar la lengua nahua y la cuenta tolteca del tiempo. Así, poco a poco se irá retomando nuestra pertenencia cósmica. Cada uno de los problemas personales se irá resolviendo: armonizando lo necesario.



Cada uno aprenderá a ejercer plenamente su libre albedrío. Cada uno irá asumiendo paulatinamente su soberanía ética, su soberanía colectiva, su soberanía vocacional, su soberanía nupciálica y su soberanía cósmica. Esto se irá reflejando colectivamente en una creciente armonía social, una creciente armonía política, una creciente armonía económica, una creciente armonía familiar y una creciente armonía educativa. El miedo cederá su lugar a la autoconfianza, el conflicto a la armonía.



El final del proceso no es fácil de vislumbrar. Si, como se afirma al principio, el origen de la «disfunción perceptiva» se ubica en el momento de convivencia de dos subespecies del género Homo, la sapiens neandertalis y la sapiens sapiens, nuestro miedo ancestral está ubicado genéticamente en nuestro «yo género», es decir en nuestro «instinto de pervivencia». En consecuencia, para que deje de existir la «causa» primera del miedo, el miedo a la extinción, tendrán que existir muchas generaciones.



La convivencia de 60,000 años entre ambas subespecies del géneno Homo dejó una profunda huella. Hace tan sólo 32,000 años que terminó el conflicto entre subespecies, aún no ha transcurrido tiempo suficiente para sanar las heridas inconscientes. Habrá que trabajar mucho, y muchos humanos, en el esclarecimiento de esta sangrienta parte de nuestra historia: no escrita pero vivida.Hi Esto tomará mucho tiempo, muchas generaciones de humanos tendremos que abocarnos a ello.



Quien quiera "entrarle" al esclarecimiento del origen del conflicto entre 'neandertales' y 'sabios', antes que nada tendrá que liberarse de sus propios «conflictos»: el ético, el colectivo, el vocacional, el marital y el cósmico. Para este fin tiene que descubrir los miedos que mantienen operando estos cinco «conflictos». Están en sus cuatro «marcas»: gestaticia, matricia, patricia y grupicia y sus cuatro «focos»: oral, anal, hetérico y homálico. Cada quien tiene que trabajar por inspiración propia.



Es muy importante tener presente que en la «cosmopercepción» indoeuropea no existe alternativa alguna para enfrentar exitosamente este trabajo. Es necesario acudir a la «comopercepción» anahuaca para encontrar una opción válida. Los indoeuropeos se sienten autodesconectados de la gran fuerza univercia electromagnética, de la cual forma parte nuestro ADN. Ellos se sienten ajenos al universo, su vivir es «enajenado». Toda su «cosmopercepción» gira alrededor de esta «enajenació»



Nosotros, en cambio, entendemos nuestra identidad esencial como seres pénticos, integrados por cinco «yo»: nuestro «yo cuerpo», llamado Tezcatl ipoca 'espejo su humear', nuestro «yo género», llamado Quetzalcohuatl 'gemelo preciso', nuestro «yo mente», llamado Huitzilopochtli 'zurdo colibrizado', nuestro «yo eros», llamado Xipeh Totec 'dueño de sexo, nuestro protector' y nuestro «yo psiquis», llamado Ometeötl 'fuerza armonizante dual', nombre nahua del "universo" europeo.



En este referente quepuede plantearse la superación de nuestros «miedos» de nuestros «conflictos». El camino no es fácil. Cabe recordar que en México hablamos un dialecto, el castellano, derivado de una lengua indoeuropea: el latín. Esto nos hace vivir de manera «enajenada». Todo lo malentendemos. Somos como Cantinflas o como la Chimoltrufia. Por esto mismo no podemos apoyarnos en nuestro «yo mente», es preciso acudir a nuestro «yo psiquis» para encontrar la salida.



Para iniciar hay que partir del dicho «nadie sabe lo que tiene el morral mas que el que lo va cargando». Quien sufre los «conflictos» tiene que enfrentar solo el camino hacia los «miedos» que los originan. La metodología puede ser nombrada «mátalos en caliente». Cada nuevo conflicto que surge en nuestro diario vivir hay que enfrentarlo hasta descubrir su causa primera: su «verdad». Esto implica trabajar de manera metódica y rigurosa para recordar el incidente del pasado que generó el «miedo».



Este es un difícil sendero hacia la «verdad» de cada momento que tenemos registrado con «miedo» en nuestra memoria. No existe una «verdad» única, son muchas «verdades» las que tenemos que encontrar para liberarnos de nuestros «miedos». Cuando encontramos la «verdad» de un momento nos liberamos un poco, es preciso encontrar todas nuestras «verdades» en espacio y tiempo para liberarnos totalmente de todos nuestros «miedos». El camino hacia nuestra liberación es estrecho y sinuoso.



Como una guía indicativa, mas no exhaustiva, se puede seguir un procedimiento que lleva a re vivir situaciones anteriores conectadas psíquicamente con el «conflicto» en curso. Al ocurrir un «conflicto» uno queda en situación psíquica lamentable. Lo primero que se requiere es tomar una hoja limpia de papel y anotar todo aquello que uno está percibiendo del exterior y todo aquello que uno siente interiormente. Esto requiere describir lo que percibimos sensorialmente: con los cinco sentidos.



Al sentir que ya está descrita nuestra «situación psíquica» de manera completa, hay que cerrar los ojos y recordar una «situación psíquica» similar que haya ocurrido en el pasado. Hay que describirla también de manera minuciosa y detallada. Al concluir esta segunda etapa hay que hacer lo mismo, cerrar los ojos y recordar otra «situación psíquida» similar, la cual también se describe por escrito hasta sentir que ya no hay más información de nuestros sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto.



Las «situaciones psíquicas» encadenadas son muy variables, de dos a cualquier cantidad. No obstante el número, siempre llegaremos a una en la cual emerge de nuestro interior una sensación de alegría, un sentimiento de descubrimiento que nos emociona y que rompe con la sensación de «frustración» con la que iniciamos el proceso. Al encontrar la causa primera de nuestro «conflicto», nos alegramos de haber hecho el trabajo de investigación para descubrir el «miedo» original.



Este momento es un momento de «verdad», la alegría de descubrir nuestra «verdad» es muy hermosa, es indescriptible con palabras. Es como dejar caer una piedra muy pesada de "nuestro morral", sentimos una liberación, un descanso, un gran alivio, una gran confianza en nosotros mismos, en nuestro propio valer, en nuestra certeza de ser aptos, de ser capaces de enfrentar exitosamente cualquier problema que se nos presente, en fin, sentimos una pertenencia total al universo.



El proceso anterior hay que repetirlo cada vez que ocurra un «conflicto» en nuestro vivir cotidiano, cada vez que nos sintamos como "araña fumigada". Cada vez que uno inicia el «recorrido psíquico» no conviene deternerlo sino hasta haber llegado al «miedo» que lo originó. Si por alguna causa de fuerza mayor, fuera de nuestro control, se interrumpiera algún «recorrido psíquico», no es recomendable reiniciarlo. Es preferible esperar al surgimiento de un nuevo «conflicto».



Hay que saber, no obstante, que lo que nos genera «conflictos» en nuestro diario vivir no es un miedo, sino muchos. Por decirlo de una manera metafórica, son muchas las «cadenas psíquicas» las que nos hacen vivir en conflicto. Al avanzar el proceso uno va descubriendo que estas «cadenas» se entrecruzan y se dan fuerza entre sí. Los «miedos» originadores las cadenas se encuentran muy olvidados y son muy antiguos, algunos se remontan a la época de nuestra gestación.



Aunque al principio los «recorridos psíquicos» nos remontan a pocos años atrás, poco a poco se va uno volviendo experto y puede llegar al momento de nuestro nacimiento a aun antes de nuestro nacimiento. Cada «recorrido psíquico» toma varias horas, de dos a ocho, o aun más. Se requieren cientos de sesiones de «recorrido psíquico» para descubrir todos los «miedos» originadores y esclarecerlos «psíquicamente», para encontrar cada «verdad». El total de tiempo para esto puede ser varios años, de tres a diez.



Quien se sienta decidido a llevar a cabo la búsqueda de todos sus «miedos» tendrá que estar preparado. No es una empresa fácil. Los indecisos deben abstenerse de llevarla a cabo. Corren el peligro de enredarse más de lo que ya están. Esto hace necesario mostrar gran valor, total decisión, mucha persistencia. El camino no es fácil. Hay muchos momentos de desánimo, de duda. Cuando haya duda es preferible no trabajar. Se debe iniciar un «recorrido psíquico» cuando sentimos certeza de su éxito.



Esta certeza es una «voz interna» que nos impulsa cada nuevo día, que nos exige armonizar nuestro ser interno, nuestros instintos de placer y pervivencia, con nuestro entorno, lo que descubrimos a través de nuestros instintos de espacio y tiempo: descubrir la «verdad». Nuestro ADN contiene la programación detallada de todas las etapas que tenemos que completar antes de alcanzar el estado adulto pleno. No podemos saltarnos ninguna etapa. Podemos retrasarlas pero no adelantarlas.



Cada una de las cuatro etapas de maduración es como una gran ampliación de nuestra «conciencia cósmica», es decir, como un gran descubrimiento, como una «verdad» ampliada. Desde pequeños poseemos «conciencia cósmica», pero esta se va ampliando conforme nos hacemos adultos. Mientras somos presa de algún «miedo», o de muchos, no podemos ampliar la «verdad». Con «miedo» no podemos descubrir lo importante. Para crecer, antes, es necesario quitarnos todos nuestros «miedos».



La primera etapa es nuestra «identidad ética». Esta etapa la cubrimos, cuando nuestra «marca gestaticia» y nuestro «foco oral» no registran huellas de desamor, de los seis a los doce años. Cuando existe algún «miedo», o muchos, en alguna de las dos, no se puede asumir nuestra «identidad ética». Es aquí donde se vuelve útil el procedimiento de los «recorridos psíquicos» descrito arriba. Cuando ya armonizamos todos los «miedos», cuando ya no sentimos miedo alguno, entonces maduramos éticamente.



Esta maduración ética la percibimos como una ampliación de nuestra «conciencia cósmica». Es así que desbubrimos nuestros verdaderos «principios éticos», nuestra «verdad ética». Esto nos hace ser dueños de nuestro proceder, nuestro comportamiento es una manifestación exacta de nuestro libre albedrío. En todo momento nos armonizamos con lo vivo, con lo cierto, con lo ajeno, con lo débil y con lo armonioso. Este proceder es cotidiano, sin excepciones, posee fuerza cósmica.



Es así como se asume nuestra «identidad» ética, nuestra «verdad ética». No existe un camino en el pensar indoeuropeo. Quien piensa en alguna lengua indoeuropea está condenado a vivir «enajenado»: poseído por toda clase de miedos. Cabe tener presente que todos los niños poseen el potencial de alcanzar su «identidad ética», pero al aprender alguna lengua indoeuropea van cancelando esta posibilidad. Al crecer, lo que les ocurre es que se «enajenan», su vivir se va haciendo «ajeno» al cosmos.



Una vez cubierta la primera etapa, asumir nuestra «identidad ética», el camino se vuelve más claro, aunque es igualmente difícil. Cuando surgen problemas con nuestros semejantes tenemos que aceptar que poseemos un «conflicto» en nuestro «instinto de pervivencia», esto es indicio de existencia de «miedo» ya sea en nuestra «marca patricia», en los varones, o en nuestra «marca matricia», en las mujeres, o en nuestro «foco homálico», o en ambos. Hay que trabajar en ello.



El trabajo es similar al descrito arriba. Hay que iniciar un «recorrido psíquico» cada vez que ocurre un conflicto con algún amigo que nos deje un fuerte sentimiento de frustración, de desesperanza. El final tiene que llevarnos al descubrimiento del «miedo» original. Cuando no existe «miedo» alguno que lo impida, esta segunda etapa se cubre entre los doce y los dieciocho años, siempre y cuando ya hayamos alcanzado nuestra «maduración ética». Menos no. Antes tenemos que armonizar nuestros «miedos».



Esta es la segunda ampliación de nuestra «conciencia cósmica». Lo que descubrimos al concluir esta etapa es que pertenecemos a nuestros congéneres. Este sentimiento de «pertenencia colectiva» es permanente es nuestra «verdad genómica». Todo lo que nos ocurre colectivamente nos llena ya sea de alegría o de tristeza. Todos los seres humanos del planeta son nuestro mejor amigo. Es decir, lo que sentimos por nuestro mejor amigo es un sentimiento permanente de pertenencia colectiva.



Esto nos hace descubrir la importancia de la pervivencia de nuestro género, el Homo 'hombre'. La preocupación por problemas ecológicos se hace vívida, nos ocupamos de aquello que puede amenazar nuestra permanencia como género. En el presente existen grandes peligros de extinción. Este «miedo» no es dañino. Nadie resulta dañado por este miedo. Es más, entre más humanos lo sintamos, más vamos a trabajar colectivamente en garantizar la pervivencia del género Homo 'hombre'.



Al haber asumido nuestra «identidad humana», ya estamos preparados para asumir nuestra «identidad vocacional». Siempre y cuando no existan «miedos» que lo impidan, esta etapa la cubrimos entre los 18 y los 24 años de edad, al integrarse nuestra «marca grupicia» y nuestro «foco anal» para generar nuestro «núcleo comércico», lo cual nos hace sentir una gran alegría al ejercer nuestra actividad vocacional. Cada actividad que iniciamos resulta placentera y la culminamos exitosamente.



Cuando existe algún «miedo», o muchos, en nuestra «marca grupicia» o en nuestro «foco anal», resulta obvio decir que, mientras esto continúe, nunca maduraremos vocacionalmente. Es preciso utilizar, en espera de alguno mejor, el método del «recorrido psíquico». Al avanzar, poco a poco nos iremos involucrando con alguna actividad profesional que nos llene plenamente. Esto activa nuestra «vocación», que es como un llamado interior que cada día nos inspira actividades placenteras.



Así es como encontramos nuestra «verdad vocacional», como descubrimos «nuestra vocación». Cada nueva generación descubre nuevas «vocaciones». Muchas de las "carreras profesionales" ya resultan anacrónicas, es urgente que se ofrezcan nuevas alternativas vocacionales: abrir la posibilidad de que cada quien descubra, entre los 18 y los 24 años, aquello que concuerda con su «verdad vocacional». Eliminar de plano la estrutura universitaria actual que ofrece opciones cerradas: las carreras.



La «vocación» constituye la tercera ampliación de nuestra «conciencia cósmica». Cuando ya hemos avanzado hasta esta etapa, logramos todo aquello que desea nuestro corazón, es decir, somos capaces de lograr todo aquello que nos nace del corazón. Al vivir en armonía con el cosmos, todos nuestros deseos son deseos cósmicos, lo cual nos da «fuerza logradora». Esto ocurre cuando ya nos hicimos Huitzilopochtli 'zurdo colibrizado', nombre nahua de nuestra «impetridad»: nuestra voluntad logradora.



Cuando ya alcanzamos este nivel de «conciencia cósmica» ya estamos preparados para alcanzar el cuarto «nivel»: nuestra «identidad nupcialica». Esta etapa es la definiva en nuestro proceso de maduración, al cubrirla nos volvemos aptos para contraer nupcias, para unirnos de manera permanente a una persona de sexo complementario al nuestro para el resto de nuestras vidas. Esta etapa, cuando ya hemos cubierto las tres anteriores, la cubrimos entre los 24 y los 30 años.



Esto ocurre siempre y cuando no existan «miedos» escondidos en nuestra «marca matricia», en el caso de los hombres, en el caso de las mujeres es su «marca patricia», ni en nuestro «foco hetérico». En caso de existir «miedos», no es posible completar nuestra maduración humana. Primeramente se requiere que nos deshagamos de nuestros «miedos», siguiendo un procedimiento como el de los «recorridos psíquicos» hasta encontrar todos los «miedos» escondidos en nuestra «psiquis».



Esta cuarta ampliación de nuestra «conciencia cósmica» es la que nos hace adultos plenos. Con esta última ampliación se manifiesta plenamente nuestra «identidad cósmica», nuestro Ometeötl 'fuerza armonizante dual', que es el motor de cada una de las ampliaciones de nuestra «conciencia cósmica». Esto ocurre, en casos naturales, al cumplir los 30 años de edad. Si hubo alteraciones que hayan dejado algún «miedo», o muchos, este proceso se retrasa pero no se cancela.



El trabajo anterior es facilitado por el aprendizaje de la lengua nahua y por la persistencia en conocer cada día la cuenta tolteca del tiempo. Quienes hablan una lengua indoeuropea tienen un camino más dificil. Es más, si no se adoptan de manera permanente tanto la lengua nahua cuanto la cuenta tolteca del tiempo, lo más probable es que todos los avances logrados en la «maduración psíquica» se nulifiquen al permanecer en la «cosmopercepción» de los indoeuropeos.



Todo descrito arriba no son sino reflexiones y sugerencias para enfrentar nuestros «miedos», para así superar nuestros «conflictos»: sociales, políticos, económicos, familiares y educativos. Esta información no pretende ser completa. Aunqueestá apegada a la «verdad» del autor, no agota todas las posibilidades, no es exhaustiva. Cada ser humano que enfrente sus «conflictos» puede descubrir otras partes de la «verdad completa», una «verdad» que nos libere de «miedo» a todos los humanos.



Todos recordamos aquel juramento que aparece en las películas estadounidentes en que presentan a un personaje que va a declarar ante un juez, se le pregunta ¿jura decir la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad? De entrada, quien responde afirmativamente a este juramento solemne, lo hace poniendo la palma de la mano derecha sobre una biblia cristiana. Aquí se ve la correlación entre el concepto de «verdad» y la religión cristiana, con todas sus variantes.



Esto puede atribuirse a una frase que el maestro Jesús de Nazareth habría dicho: «la verdad os hará libres». Quienes se dedican a asuntos religiosos, sean teólogos o no, discrepan mucho sobre el significado de esta frase. La discrepancia es explicable por muchas consideraciones. La primera consideración es que la verdad se ubica dentro del contexto del «habla humana». En otras palabras, se refiere a lo que decimos a los demás respecto a lo que existe en espacio y tiempo.



Antes de hablar los humanos no podía existir «verdad» alguna. La palabra «verdad» surgió como una necesidad humana de comunicación de nuestras percepciones a otros seres humanos. Puede afirmarse que el «habla humana» está unida de manera esencial a la «verdad», entendida esta palabra como 'lo que piensa o dice alguien cuando puede comprobarse armonía con la correspondiente manifestación de lo que existe en espacio y tiempo'.



Aquí es momento de tener presente que la palabra castellana verdad surgió durante la llamada edad media de los europeos. Cuando el maestro usó la palabra "verdad" lo hizo en arameo, lengua muerta en el presente. El llamado "sacramento de la confesión" es para que los "fieles" digan "la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad" sobre los "pecados" de los fieles. Es posible que exista un vago parentesco entre este "sacramento" y el apotegma del maestro de Nazareth... Nadie sabe.



La «verdad» es en consecuencia un fenómeno «psíquico», una expresión de nuestro «yo psíquis», que surge cuando descubrimos concordancia entre nuestro «entorno», lo que percibimos a través de nuestro «instinto de espacio» y de nuestro «instinto de tiempo», y nuestro «ser interno», o sea, lo que sentimos a través de nuestro «intinto de pervivencia» y de nuestro «instinto de placer». En este momento es cuando sentimos deseos de comunicar a alguien más nuestra «verdad».



Esto hace dela «verdad» la base de la «civilización», entendida esta palabra como 'toma colectiva de conciencia que llevan a cabo los adultos de una comunidad de su propio espacio y de su propio tiempo que inspira en cada miembro de la comunidad el deseo de realizar acciones placenteras que contribuyen tanto al bienestar de cada persona cuanto a la pevivencia de nuestro género'. Cualquiera puede afirmar que esto no existe en el presente. El mundo está lleno de mentira.



La «mentira» puede ser descrita como 'aquello que alguien dice o piensa sin que exista correspondencia total con lo que se manifiesta en espacio y tiempo'. Así es como pueden existir tanto "mentiras a medias" cuanto "verdades a medias". Es difícil distinguir entre una "verdad a medias" y una "mentira a medias". Por más que exista la experiencia popular que afirma que «cae más pronto un hablador que un cojo», la realidad resulta más amplia que nuestra percepción de ella.



Cabe decir que una «mentira» puede ser dicha de manera voluntaria, a propósito, intencionalmente o bien de manera involuntaria, por ignorancia, por autoengaño involuntario, como ocurre con los indoeuropeos: que están desconectados del cosmos. Cuando nos ubicamos en el contexto personal, es decir, cuando pensamos una «mentira» no puede afirmarse que lo hacemos de manera voluntaria, lo quepuede decirse es que lo hacemos de manera involuntaria.



Esta situación de desconexión colectiva de todo lo que existe en espacio y tiempo, de eso que en castellano se llama universo, es lo que se llama «barbarie», o sea,  una 'modalidad errónea de percibir el propio espacio y el propio tiempo que incita a un individuo o a un grupo humano a realizar acciones que siempre causan sufrimiento propio y ajeno, intransigencia, violencia, despojo, destrucción y muerte'. Que vivimos en «barbarie» puede ser constado leyendo cualquier periódico, cualquier día.



Aquí ya puede afirmarse que hay una correlación directa entre «mentira» y «barbarie». Al afirmar que "el mundo está lleno de mentiras", como se hace con frecuencia, estamos afirmando que el mundo entero vive en la «barbarie». Así ya puede tenerse pespectiva suficiente como para darnos cuenta de la importancia que tiene para la humanidad entera que los indoeuropeos hayan abandonado su lengua sagrada, el sánscrito. Por tanto, las actuales lenguas indoeuropeas pueden ser categorizadas como «bárbaras».



Es más, el país más «bárbaro» del planeta es el que está ubicado al norte del nuestro: habla una lengua indoeuropea. De dicho país el dramaturgo irrandés George Bernard Shaw afirmó en el año europeo 1909: "Los United States of America son el primer pueblo de la historia que pasa de la barbarie a la decadencia sin nunca haber conocido la civilización". La historia de dicho país corresponde holgadamente a la conceptualización de «barbarie» que aparece arriba, no sólo a la frase de Shaw.



Los actuales mexicanos tenemos una opción válida para salirnos de la actual «barbarie». Se trata de una «ceremonia» que hacían los anahuacas del «quinto sol» tolteca, el que concluyó al momento de llegar los invasores españoles, su nombre es tlalcualiztli 'comimiento de tierra'. Esta «ceremonia» era común, se llevaba a cabo por donde uno andaba, no requería hacerse en un lugar específico. Se llevaba a cabo cuando alguien afirmaba algo que no era creído por otra persona.



Quien no aceptaba la palabra decía a quien la había expresado: intla nelli in tiquihtohua, tla xontlalcua 'si es verdad lo que dices, por favor come tierra'. El aludido tomaba tierra del suelo con uno de sus dedos y la comía. Con esto confirmaba la «verdad» de su palabra. Esto generaba confianza en los demás, su palabra se hacía creíble. Es así que había credibilidad entre los nahuahablantes, algo que puede constatarse en el presente en cualquier comunidad nahuahablante monolíngüe.



La fuerza de las comunidades indígenas, su permanencia hasta el presente, puede ser atribuida a la fuerza de su palabra, a la fuerza de su «verdad». La «verdad» nos une colectivamente. Puede decirse que en cada comunidad de habla indígena, que sea monolíngüe, existe lo que los europeos han dado en llamar Estado, así, con mayúscula. En los actuales Estados Unidos Mexicanos no existe el Estado. Esta es nuestra principal falla nacional, urge construir el Estado.



Muchos en el presente habla de "reformar el Estado". La «verdad» es que no hay Estado alguno que pueda ser reformado. Al haberse importado a nuestra patria los escritos generados por los ciudadanos franceses que hicieron la revolución del año 1789 de la cuenta europea, descubrieron la palabra Estado y la incorporaron a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos sin entender a fondo su significado preciso. El libro El tercer Estado de Sieyès no esclarece el concepto.



La no existencia de Estado en nuestra patria puede constatarse por la gran desconfianza que nos hace protegernos con rejas y policías, la creciente ausencia de credibilidad en los políticos mexicanos, por la desconfianza enorme en la economía, por la crisis matrimonial, por el desastre monumental que significa el sistema educativo mexicano. La «verdad» está ausente de nuestro vivir nacional. Será muy difícil que pueda existir un Estado mientras continuemos hablando castellano.



Quienes consideren que lo aquí expresado es «verdad» pueden, cada uno por su cuenta, empezar a construir un Estado, que tendría que ser llamado Estado anahuaca. Esto es viable si cada uno de nostros supera sus propios miedos y encuentra su propia «verdad péntica». Quienes aprendemos lengua nahua y contabilizar a diario el tiempo tolteca, estamos construyendo el Estado nacional de Anáhuac del Sexto Sol Tolteca, el único que se ve viable en el presente.