| Asunto: | [RedLuz] Emanuel Swedenborg / Luz en Mi Oscuridad / Helen Keller | | Fecha: | Lunes, 29 de Diciembre, 2003 22:06:17 (-0600) | | Autor: | Anáhuak Net <redanahuak @..........org>
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Hans Christian Andersen, en uno de sus bellos cuentos, describe un jardin
donde crecian árboles gigantescos en tiestos demasiado pequeños. Aunque sus
raices estaban cruelmente apretadas, les árboles se alzaron gallardamente al
sol, lanzaron al espacio sus gloriosas ramas, prodigaron un tesoro de
flores, y sus dorados frutos revivieron a fatigados mortales. A sus brazos
hospitalarios vinieron las aves a cantar, y en sus corazones surgió para
siempre un impulso de renovación y alegria. Por fin un dia rompieron las
heladas y duras cadenas que los confinaban y desplegaron sus poderosas
raíces en la dulzura, de la libertad. A mi modo de ver, ese jardín extraño
simboliza el siglo XVIII, del cual emergió el genio gigantesco de Emanuel
Swedenborg. Este siglo, que algunos llaman la Edad de la Razón, se
caracteriza por ser la época más fría y deprimente que haya registrado la
historia humana. Cierto que se hicieron progresos admirables y abundaron los
grandes fllósofos, estadistas y audaces investigadores de la ciencia. Las
formas de gobierno fueron mejorándose, se abolió el sistema feudal y los
campos y ciudades fueron por primera vez lugares de relativa seguridad. Las
ardientes pasiones del medioevo fueron refrenadas con grave decoro gracias
al férreo dominio de la razón.
Pero en esa época, lo mismo que durante el periodo de oscurantismo que le
precedió, prevaleció una siniestra y sofocante atmósfera de tristeza y de
sombría resignación. Escritores capaces, como Taine en su Historia de la
Literatura, han hecho destacar la acritud con que la teología se ocupó del
hombre como si fuera el fruto abyecto del pecado, dejando el mundo expuesto
de nuevo a la ira de Dios. Hasta el Angel de la Caridad, el más benévolo de
todos, bien acogido por los santos antiguamente, fue apartado del hombre.
Solamente se exaltó la fe, convertida en egocéntrica presunción de que para
salvarse bastaba creer. Todas las obras útiles fueron tachadas de vanidad;
las desgracias fisicas, un castigo. Sobre el sediento corazón de la
humanidad se abatieron la ignorancia y la insensibilidad, la más negra de
todas las noches.
De esta edad, de este riguroso ambiente de aprisionadores dogmas, surgió el
genio de Swedenborg, cuyo destino fue demolerlas como otrora los árboles de
mi cuento rompieron sus cadenas. Cuando surge en el mundo un pensador de su
calibre, es interesante recordar los acontecimientos histórieos y las
personalidades de su tiempo.
Swedenborg nació poco después de la muerte de Juan Amós Comenio, campeón
heroico que asestó el primer gelpe mortal al escolasticismo triunfante en el
Viejo Mundo durante tanto tiempo. El año de su nacimiento, 1688, fue también
el de la funesta y incruenta revolución en Inglaterra. Vivió la época más
espléndida del reinado de Luis XIV, cuando el recuerdo de La Rochelle aún
aparecia descarnado y cruel en la mente de los protestantes. Presenció las
asombrosas expediciones de Carlos el Temerario, de Suecia, y fue coetáno de
Linneo. En el transcurso de los últimos años de la vida de Swedenborg,
Rosseau predicaba en Francia su famosa doctrina de la educación conforme a
la naturaleza, y Diderot d.esarrollsba su filosofia de los sentidos e
informaba al rnundo que los podían acceder a la cultura, mediante una
pedagogía adecuada. Acaso ningún otro hombre estuvo más precariamente
situado, como Swedenborg, entre las tradiciones de una civilización
tambaleante y el subito arranque de una nueva época que su avanzada mente
anticipaba. Tenia tan poco en común con su iglesia o con las normas de su
siglo, que mientras más reflexiono sobre su aetitud menos puedo
explicármela, como no sea por un milagro. En las circunstancias de su
naclmiento y su educac1ón primera no he logrado descubrir lo que pudiera ser
la clave del movimiento d.e mayor independencia hasta ahora iniciado en la
historia del pensamiento religioso. Miles de individuos han nacido de padres
devotos y han sido admirablemente educados, como lo fue Swedenborg, sin
aportar una idea nueva o acrecentar la dicha humana. Mas no nos extrañe que
esto ocurra siempre con el genio, un ángel hospedado de incógnito entre los
hombres.
Nació en Estocolmo, Suecia, de progenitores muy respetables. Su padre,
obispo luterano, fue profesor en el seminario teológico y hombre de gran
penetración. Se sabe que en sus dias de monje, Martín Lutero vio espiritus y
conversó con ellos, por lo que muchos de sus- adeptos guardaron severos
ayunos y vigilias para lograr también un vislumbre del otro mundo. El joven
Emanuel tuvo experiencias semejantes, y, como escribiera a un amigo en el
ocaso de su propia vida, "desde los cuatro hasta los diez años me dediqué
constantemente a pensar en Dios, en la salvación, en las aventuras
espirituales de los hombres. Varias veces revelé cosas que maravillaron a
mis padres y les hicieron pensar que los ángeles hablaban por mi". Es
posible que el padre viese estos fenómenos con simpatia, pero la madre se
opuso decididamente y dijo al esposo que era necesario "poner punto final a
estas excursiones celestiales".
Swedenborg no volvió a ver luces ni oír voces del mundo espiritual hasta que
tuvo cincuenta y seis años. De todos sus escritos se desprende la
desaprobación a que niños, mujeres y hombres incompetentes se entregaran a
estas comunicaciones con los espiritus. Capacitado como nadie para
comprender el peligro de buscar visiones ultraterrenas, frecuentemente
advierte a sus lectores contra práctica tan nociva.
Su infancia tuvo un comienzo digno de vida tan prodigiosa como fue la suya.
Con su padre y flel compañero, escalaba las montañas que rodean Estocolmo ;
exploraba 1os fiordos, coleccionaba musgos, flores y piedras de brillantes
colores. A su regreso escribía extensas crónicas sobre estos paseos al aire
libre. Aunque desde pequeño era un sabio cuya mente excedia los limites de
su cuerpo, a diferencia de otros niños precoces, creció fuerte y saludable,
y su noble porte viril fue siempre sugestivo.
Recibió la mejor educación que su pais y su época podían brindar. Asistió a
la Universidad de Upsala, y en sus primeras obras dio muestras de poseer
verdadero talento poético. No obstante, se consagró principalmente a las
matemáticas y la mecánica. Sus asombrados profesores lo vieron simplificar
dificiles problemas de cálculo, y a duras penas pudieron seguirlo muchas
veces a la velocidad con que su genio se adentraba en los laberintos del
aaber. Les inspiraba un respeto rayano en el pavor este alumno de quien los
otros estudiantes hablaban en voz baja. Sin proponérselo, Swedenborg era un
espejo donde se reflejaban los estrictos dogmas y modales solemnes que
sirvieron de base a su educación. Ha sido descrito como de rostro austero,
sin ser huraño; cuerpo bien proporcionado y hermoso, personalidad atrayente.
No puede decirse que fuera aficionado a las alegrias y deportes propios de
la )uventud, y al encontrar años después a la timida joven que le inspiró 1a
úniea pasión de su vida, no supo cortejarla. En lugar de dirigirse a ella
directamente, habló a su padre, el distinguido ciudadano Polheim, y le
planteó el asunto, como si su amor pudiera ser demostrado con mapas y
diagramas. El padre, que consentia de buen grado, hizo al joven Swedenborg
una promesa cancelable a las tres años. Mas la muchacha quedó tan asustada,
que su hermano convenció al pretendiente para renunciar al proyectado
matrimonio. Sin embargo, su amor por ella no se extinguió jamás.
En 1709, a los veinte y un años de edad, se graduó con honores de Doctor en
Filosofía y Letras en la Universidad de Upsala. Más tarde viajó por el
extranjero, no tanto por placer sino por el afán de aprender. Dice Robsahm
en sus Memorias: "de las lenguas extranjeras, además de las eruditas,
comprendia bien el francés, el inglés, el holandés, el alemán y el italiano,
ya que había viajado varias veces por los países donde se hablaban estos
idiomas".
A pesar de que su padre deseaba que ingresara en la carrera diplomática,
Swedenborg eligió el camino de la ciencia. Aunque le dieron cartas de
presentación para los soberanos de Europa, tranquilamente los ignoró para
buscar la compañia de los hombres más sabios de su época, en cuyos hogares
se presentó en ocasiones sin previo aviso para solicitar una entrevista. El
respeto que inspiraba Swedenborg le procuró siempre buena acogida. Como su
único anhelo y su unica misión era aprender, queria extraer beneficio de
cualquiera que tuviera nuevas ideas, procedimientos o métodos que comunicar.
Su profunda cultura le puso en estrecho contacto con Christopher Polheim,
que a todas luces disfrutaba de la completa confianza de Carlos XII de
Suecia. Por su conducta fue presentado al rey, que en 1716 le otorgó un
cargo en el Colegio Sueco de Minas. Su función consistia en re-
comendar los mejores procedimientos a seguir en el laboreo de minas y la
fundición de minerales. Con este nombramiento, Swedenborg entró en un
periodo de pasmosa y variada actividad, aunque el desempeño concienzudo y
eficaz de estas obligaciones no le impidió proseguir sus estudios en todas
las ramas de la ciencia. Como pensador independiente, sintió la necesidad
que tienen los talentos originales y poderosos de descubrir los profundos
secretos de la naturaleza. Le eran familiares la fragua y la cantera, el
taller y el astillero, las estrellas y el trinar de las aves en la mañana.
Las flores que crecian en disimulados rincones le contaron secretos
maravillosos, al igual que lo hicieron las imponentes montañas que su paso
hoIló. En él, en suma, se daba la rara combinación de lo práctico y lo
bello, de los números y la poesia, del genio inventivo y la aptitud
literaria.
En 1718 prestó toda su habilidad mecánica al servicio del asedio de
Frederickhall, en la construcción de máquinas que permitian transportar por
tierra varios buques de gran tamaño - a distancias de catorce millas - y a
través de planieies, valles y colinas. Hizo los planes para un vehiculo
mecknico de estructura complicadisima, asi como para un ingenio volador y un
buque habilitado para navegar debajo del mar, anticipándose de este modo a
la invención del autómovil, el aeroplano y el submarino. Asimismo dibujó los
planos de nuevos aparatos hidráulicos para condensar el aire y crear el
vacío; trató de crear un instrumento musical en el que cualquier persona sin
nociones de música pudiera ejecutar las melodias marcadas en el papel
mediante notas; inventó además, la forma de averiguar por medio del análisis
los deseos e inclinaciones de los hombres.
Swedenborg ideó una pistola neumática capaz de disparar mil balas por
minuto. Contribuyó a los planos para la construcción de puentes levadizos y
muchas otras invenciones mecánicas, y prefiguró al pasmoso sistema de las
ciencias y las artes en relación recíproca, al cual debemos los excelentes
progresos realizados en los tiempos modernos. No contento con esto, enseñó
el uso práctico del slstema decimal y tuvo sorprendentes intuiciones de
conocimientos y teorias, como la paleontologia, la biología y el magnetismo
mercuria; bosquejó la teoría atómica y la hipótesis nebular con muchos años
de antipación a Laplace.
Aunque consciente de las riquezas y honores que sus multiples habilidades
ponian al alcance de su mano, agobiado por los pesares y fatigas de la
humanidad, él mismo desdeñó apurar la copa de la dicha. Humillado y
avergonzado en el fondo de su alma, se rebelaba contra la crueldad de una
teología que derramaba maldiciones sobre la raza humana, por la misma época
en que Jonathan Edwards predicaba, en Nueva Inglaterra, el temor y se
complacia en describir el fuego infernal, e innumerables criaturas morían
sin haber tenido tiempo de arrepentirse y eran, por tanto, acreedoras al
tormento eterno. El hombre moderno puede concebir esta astucia para el mal,
capaz de transformar el Verbo Divino en una maldición, hacer el cielo
monstruoso, el infierno execrable y la vida una prolongada calamidad. Por
eso Swedenborg se preguntó de qué valía todo su saber acumulado si sobre el
mundo se abatia aún esta nube sombria. Dando la espalda a los esplendores de
la fama, pasó veintinueve años - un tercio de su vida en relativa pobreza,
dedicado al propósito de consolar con una humana y razonable doctrina de fe
y de vida el alma angustiada de sus semejantes.
Antes de comenzar sus investigaciones en el campo de la religión habia
escrito en sus horas disponibles - y sin descuidar sus labores habituales -
un total de sesenta libros y folletos, entre los cuales sebresalen Los
Primeros Origenes de las Cosas Naturales, El Cerebro, La Economia del Reino
Animal y Psicologia Racional.
De esta producción centifica Emerson hizo el siguiente comentario: "Al
parecer se anticipó considerablemente a la ciencia del siglo xix... Sus
escritos bastarian para llenar la biblioteca de un estudiante laborioso en
solitaria labor... La Economia del Reino Animal es uno de esos libros que,
por la sostenida dignidad del pensamiento, hace honor a la raza humana.
Escrito con el altísimo fin de acoplar nuevamente la ciencia y el espíritu
que por tanto tiempo habian estado disociados, es la descripción del cuerpo
humano hecha en estilo elevado y poético por un anatómico. Hasta ahora nadie
ha logrado superar la audaeia y brillantez con que Swedenborg abordó este
tema, que generalmente resulta prosaico y hasta repulsivo."
Elbert Hubbard, glosador de Los Primeros Origenes de las Cosas Naturales,
afirmó la posibilidad de que Darwin hubiese leído esta obra con minucioso
interés. Es indudable que a la vista de un diminuto liquen adherido a la
roca, en el cual presintió el inicio de una selva, Swedenborg, de cierto
modo, intuyó la evolución. Renuente a aceptar la descripción literal de la
Creación contenida en la Biblia, como incompatible con reconocidos hechos
cientificos, en ninguno de sus libros teológicos cambió jamás su postura con
respecto a Génesis; es más, ridiculizó y destrozó el santuario de la
exactitud literal reverenciada por la edades y atribuyó a las Sagradas
Escrituras lo que él llamó un estilo narrativo ambiguo completamente ajeno a
la creacion fisica, referente a la parábola del alma humana, que por tanto
tiempo habia estado olvidada.
Aparte de las matemáticas, la mecánica y la minería, las obras de Swedenborg
revelan un conocimiento profundo de la química, la anatomía y la geología y
gran afición a la música; sus temas filosóficos eran igualmente variados y
amplios. Sin embargo, siempre halló horas extras que dedicar a "las cosas
útiles a la sociedad". Durante muchos años fue miembro del Congreso Sueco, y
fueron muchos los honores que recibió por destacados servicios a su patria.
A medida que transcurria el tiempo, innumerables distinciones recaían sobre
él. En 1724, el Claustro de la Universidad de Upsala le invitó a ocupar la
cátedra de matemáticas puras, que rehusó. Fue admitido como miembro de
varias instituciones del saber en San Petersburgo, Upsala y Estocolmo, y su
retrato cuelga muy cerca del de Linneo en el vestibulo de la Real Academia
de Ciencias de Estocolmo, como uno de sus valores más distinguidos.
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Llegamos, pues, a la conclusión de que la vida de Swedenborg consistió
solamente en traba]o sin fin, y que la independencia económica fue acicate
para realizar una obra más prolifera aún. Gentes procedentes de todas las
clases sociales, que le conocieron, han dejado testimonio de la nobleza de
su carácter, de su abnegada devoción. A medida que maduró en años, sus
bondadosas maneras le ganaron el cariño de sus amigos, y la severidad que
caracterizó sus años mozos se desvaneció por completo. No obstante, habia
logrado escalar muy alto en el saber humano para poder conocer alguna vez la
verdadera camaraderia, e incluso sus colegas tenian dificultad en discutir
con él los familiares temas cientificos. En vez de leer sus libros,
prefirieron recomendarlos. Parecia como si nadie pudiera o quisiera seguir
sus pasos gigantescos en el reino auperior de la especulación mental. Era el
único vidente entre los ciegos; el único que oía entre los sordos; la voz
que clamaba en el desierto en un lenguaje que nadie podia entender. Es
precisamente mi aislamiento personal del mundo de la luz y eI sonido lo que
me permite comprender intimamente su situación especial, su soledad - más
desgarradora que la simple soledad fisica -. Para su alma, desarrollada
hasta limites sobrenaturales, era naturalmente un sufrimiento intolerable la
prisión de la carne, sin tener siquiera la cercania tranquilizadora de otras
inteligencias iguales a la suya que le ayudasen a llevar su carga.
Aparentemente no sabia que hacer con el caudal de conocimientos que habia
acumulado durante toda su vida, y a pesar del goce de haber contribuido con
su intelecto a iluminar las sombras de su dificil época, dudo que después de
su "iluminación" se sintiera jamás completamente a gusto en la tierra.
Alrededor de 1744, Swedenborg experimentó un cambio profundo, cuando se
cencedió a tan sagaz observador de los hechos naturales y suti1 analizador
de la mente humana altos poderes para la investigación en el mundo
espiritual. Robhsam, contemporáneo suyo, da cuenta de una conversación en el
curso de la cual le preguntó a Swedenborg dónde y cómo le habia sido
permitido ver y oir lo que ocurre en el mundo de los espiritus, en el cielo
y en el infierno. Su respuesta fue que durante la noche una aparición le
habia manifestado ser Dios Nuestro Señor, el Creador del mundo, el Redentor,
quien le había elegido para explicar a los hombres el sentido espiritual de
las Escrituras y El mismo habría de enseñarle a descifrarlas, a fin de que
pudiera escribir sobre este tema. "Esa misma noche - afirma Swedenborg -,
para dejarme completamente convencido, se abrió para mi el mundo de los
espiritus, el cielo y el infierno, y reconoci a muchas de mis amistades.
Desde ese dia renuncié a estudiar la ciencia del mundo y me dediqué a las
ciencias espirituales y a escribir según el Señor me había ordenado. A
partir de entonces el Senor abrió mis ojos varias veces todos los dias y me
permitió ver el otro mundo y conversar con ángeles y espíritus, mientras me
sentia completamente despierto." En septiembre de 1766 escribió a C. F.
Oetinger : "Declaro solemnemente que el Señor mismo se me apareció y me
ordenó hacer lo que ahora hago. A este fin El ha abierto el interior de mi
mente, que es el de mi espiritu, y me ha permitido ver lo que hay en el
mundo espiritual y oir a quienes allí se encuentran, privilegio que he
disfrutado por cerea de veintidós años." Tan singular intercambio continuó
hasta la fecha de su muerte, en marzo de 1772, cuando residía temporalmente
en Londres.
Me considero especialmente capacitada para comprender, aunque sea
parcialmente, lo que significó esta fase de su experiencia, puesto que casi
durante seis años vivi privada hasta del menor concepto sobre la naturaleza
o la mente, la muerte o Dios. Puede decirse que pensaba con mi cuerpo, y sin
excepción alguna los recuerdos de aquella época están relacionados con el
tacto. Treinta años de revisar periódicamente y a la luz de nuevas teorias
esta etapa de mi desarrollo, me convencen de la exactitud de esta
afirmación. Sé que, al igual que los animales, me sentia forzada a buscar
alimento y calor. También recuerdo haber llorado, mas no de pena; tengo la
sensación fisica de haber pateado de cólera. A imitación de los que me
rodeaban, pedía por señas lo que deseaba comer o ayudaba a mi madre a buscar
huevos en el corral, pero no había un adarme de emoción o racionalidad en
esos recuerdos clarisímos, aunque meramente corporales; podia compararme con
un insensible pedazo de corcho. De pronto, sin que recuerde el lugar, el
tiempo o el procedimiento exacto, senti en mi cerebro el impacto de otra
mente y desperté al lenguaje, al saber, al amor, a las habituales nociones
acerca de la naturaleza, el bien y el mal. Fui prácticamente alzada de la
nada a la vida humana, dos planos tan irreconciliables como la experieneia
terrena de Swedenborg y sus contaetos con la región que trasciende nuestros
sentidos físicos. No habiendo formado dentro de mi ni recibido de la
naturaleza conceptos de ninguna clase en esos primeros años vacíos - ni
siquiera los más elementales-, es natural que mis primeros pensamientos
tuvieran el carácter de una revelación, aunque procedente de una mente
finita, en tanto que Swedenborg consideró sus conceptos más altos una
revelación de la Mente Infinita. Como se desprende de sus propias palabras,
su presencia consciente en el mundo espiritual fue para él un medio y no un
fin para desarrollar la otra mitad de esa percepción que generalmente está
latente en nosotros; de abarcar con mayor amplitud los variados conceptos
sobre el bien y el mal, el espiritu y la materia; de interpretar el Verbo
como principio y no como simples frases. Lejos de arrogarse como mortal el
privilegio exclusivo de haber tenido esta clase de visión, sostuvo haber
vivido durante veintinueve años en plena conciencia del mundo real en que
todos los hombres viven durante su tránsito por la tierra. Convencido de que
su misión era investigar e interpretar "el sentido espiritual" - el
simbolismo sagrado de las Escrituras - en un concepto, y de que sus
experiencias en el otro mundo eran el vehiculo para libros, cuya sola
finalidad era transformar el Cristianismo en una viviente realidad sobre la
tierra.
Nadie que lea objetivamente los libros religiosos de Swedenborg deja de
impresionarse con su personalidad única. Todas sus obras fueron escritas con
deliberada lentitud y calma, sin dar muestras de conmoción o júbilo.
Completamente sosegado y humilde, a causa de sus viajes por el mundo
espiritual, desdeñó apelar a la debilidad o credulidad de los ignorantes,
hacer prosélitos o tratar de que su nombre apareciera relacionado con la
Nueva Iglesia que en opinión suya el Señor iba a establecer muy pronto en el
mundo. Consciente de que su mensaje estaba destinado a la posteridad más
bien que a su propia generación, sus trabajos, resultado de largos y penosos
años de infatigable labor, e impresos en grandes folios latinos, fueron
distribuidos gratuitamente entre las universidades y el clero de Europa. Si,
como dice Walt Whitman, "convencemos por nuestras presencias", nunca ha sido
esto mejor confirmado que en el caso de nuestro vidente sueco en la época en
que realizaba su tarea colosal. Aunque presentia e1 escepticismo y
hostilidad con que serian recibidas muchas de sus afirmaciones, no se le
ocurrió suprimir verdades poco gratas con objeto de hacer más amenos sus
libros, ni retrocedió o se desvió jamás en lo más minimo de la importante
misión que se le habia confiado. Cuando se desprendió del cuerpo que apenas
podía contener su encumbrada mente, su ilustre nombre se cubrió de una
especie de baldón que casi logró sumir en el olvido a uno de los campeones
más nobles de la verdadera cristiandad que hasta entonces se había conocido.
La única recompensa en su creciente aislamiento en la tierra fue saberse
entregado por completo al bien-estar y felicidad de todos los hombres.
Los siguientes versos de John Drinkwater en su obra Lincoln siempre han
tenido la virtud de recordarme a Swedenborg vividamente:
¡Qué solitario el hombre que comprende...
qué desolada la visión que aleja a un hombre
de las tierras de pasto,
de los surcos dande crece el maiz,
de los pardos monticulos de heno!
En lo alto de la montaña,
en 1as grandes cumbres, busca
1as aventuras de 1a contemplación,
entre sembradores y 1abradores
de 1as amplias llanuras.
Alli le espera una aventura mixta
que fije el curso de su alma
y dé a su mano templanza y valor.
Poseído de una constancia sin par, en su soledad y sus visiones, nuestro
vidente fue dueño absoluto de su alma.
Han pasado casi dos siglos desde la muerte de Swedenborg, y lentamente sus
obras han ganado reconocimiento. El antagonismo que sus doctrinas
despertaron en otras épocas se ha trocado en actitud de tolerancia y
curiosidad. Muchos individuos inteligentes han recomendado sus enseñanzas en
los centros civilizados y las han dado a conocer en remotos e insospechados
rincones de la tierra. Su mensaje ha viajado con la rapidez de la luz a la
par que la nueva ciencia, la nueva libertad y la nueva sociedad que luchan
por enriquecer la vida de la humanidad. Constantemente confronto el caso de
personas impedidas o simplemente frustradas a quienes el Gran Mensaje ha
proporcionado nuevas facultades y dichas. Si de algo vale mi humilde
testimonio, cuánto me alegrará, saber que mis palabras han ayudado a otros
seres a tener una interpretación más dulce de la presencia de Dios y una
satisfacción más profunda en vencer las dificultades ambientales.
En mi camino, erizado de obstáculos desalentadores, oígo voces animadoras
que me susurran desde el reino espiritual. Ardo con el santo fervor que
brota de las fuentes del Infinito. Me emociono con una música que vibra al
unísono con el latir de Dios. Unida a soles y planetas por cordones
invisibles, siento en mi alma la llama de la eternidad, percibo el caer de
lluvias etéreas en el aire cotidiano, soy consciente del esplendor que
vincula todas las cosas de la tierra a las del cielo. Emparedada entre el
silencio y la oscuridad, poseo la luz que centuplicará mi visión cuando la
muerte me libere.
(Extraído do livro do mesmo título, da autora)
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