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Asunto:[RedLuz] Huracán de pobreza
Fecha:Martes, 6 de Septiembre, 2005  11:48:34 (+0200)
Autor:Guillermo <guillermo @.....es>

Artículo de fondo

Huracán de pobreza

Por William Fisher

Viernes 2 de septiembre de 2005

Nueva York (IPS).- La sentencia "los ricos se enriquecen y los pobres
empobrecen" suele emplearse para ilustrar la situación de los países en
desarrollo. Pero hoy describe el panorama económico de Estados Unidos,
la única superpotencia mundial.

Los últimos estudios del Buró de Censos de Estados Unidos al respecto
reflejan, según muchos economistas, el impacto negativo de la "sociedad
de propietarios", una plataforma programática propuesta a la ciudadanía
por el presidente George W. Bush.

El esquema se caracteriza por los recortes de impuestos a la inversión
de capital y a los ahorros y la privatización de la seguridad social.

La tendencia regresiva quedó patente en todos los hogares
estadounidenses por las imágenes televisivas de desesperados
damnificados por el huracán Katrina en el sudeste del país, cuya
abrumadora mayoría son pobres y negros.

Muchos sobreviven gracias a la menguante seguridad social y no pueden
gastar en combustible o en pasajes de autobús para alejarse de la
tormenta.

"Por lo general, la pobreza no mata rápidamente. Pero a veces sí, si,
por ejemplo, un huracán monstruoso devasta una región", escribió Bill
Berlow, editor en el periódico Tallahassee Democrat, en un comentario
sobre el censo.

"En medio del terrible sufrimiento que el huracán Katrina produjo en
unas pocas horas, y que atraviesa un gran espectro socioeconómico, nos
enteramos de que muchos pobres mueren porque, sencillamente, tienen
menos opciones", anotó Berlow.

Los datos del Buró de Censos lo explican con cifras.

El año pasado, la pobreza alcanzaba a 12,7 por ciento de la población.
Fue el cuarto año consecutivo en que ese porcentaje aumentó. Eso
significa que 37 millones de personas viven con ingresos de menos de
19.157 dólares anuales por familia de cuatro integrantes.

Traducido en cifras absolutas, eso significa que el año pasado hubo en
Estados Unidos 1,1 millones de pobres más que en 2003.

La inequidad económica se acercó en 2004 al récord: el 20 por ciento más
rico de la población recibió 50,1 por ciento del ingreso total. El cinco
por ciento más rico fue el único sector que disfrutó un aumento de su
ingreso real. El del restante 95 por ciento se mantuvo o cayó.

Pero la situación real, de hecho, puede ser aun peor, pues no es claro
si el Buró de Censos contabiliza a los inmigrantes ilegales.

El ingreso promedio por hogar de cuatro integrantes se mantuvo en 44.389
dólares, estancado desde 2003.

Entre las comunidades étnicas, los negros son los que reciben el
promedio de ingreso más bajo, y los asiáticos, el mayor. Y entre las
regiones, el sur --en el sudeste del país, donde se abatió el huracán--
fue la que tuvo el ingreso promedio menor, y el noreste y el oeste el
mayor.

El aumento de la pobreza se registra en medio de un fuerte crecimiento
económico de 3,8 por ciento anual, que permitió el año pasado la
creación de 2,2 millones de empleos.

Pero la mayoría de esos puestos correspondían al sector de servicios,
con salarios menores a los de la industria.

Los empleos industriales desaparecen, al mismo tiempo que la fuerza de
trabajo estadounidense continúa careciendo de las destrezas necesarias
para cubrir los empleos mejor pagados del sector de servicios.

La mayoría de los trabajadores deben tener dos empleos, para cubrir con
el segundo las reducciones salariales que sufrieron en el primero.

Para colmo, buena parte del crecimiento de la riqueza económica de los
últimos años se canalizó puramente a través de bienes financieros
adquiridos por ricos en forma de ingresos de capital, como intereses,
rentas y dividendos, según muchos economistas.

La cantidad de personas sin seguro de salud subió de 45 millones a 45,8
millones. Pero el Buró de Censos sostuvo que el porcentaje respectivo se
mantiene incambiado, dado un "aumento en la cobertura del gobierno" que
implica "una caída en la basada sobre el empleo".

Pero los programas públicos de salud como Medicaid sufren cortes en
estados que no pueden financiarlos, lo que deja a los pobres aun con
menos recursos sanitarios.

El paisaje económico desde la Casa Blanca y el Capitolio, sede del
Congreso legislativo en Washington, es, obviamente, muy diferente al que
se aprecia desde debajo de la línea de pobreza.

En la última legislatura, el Congreso, presionado por firmas emisoras de
tarjetas de crédito, aprobó una ley que dificulta a las personas de
bajos ingresos declararse en bancarrota para evitar las deudas.

Mientras, las emisoras de tarjetas alientan a sus clientes a
utilizarlas. Según organizaciones de defensa de los consumidores, su
objetivo es aumentar la posibilidad de un cese de pagos, más lucrativo
que las operaciones normales a causa de los intereses y multas
exorbitantes.

La semana próxima, cuando se reanuden las sesiones, el Congreso
legislativo analizará proyectos de ley que afectan a los más ricos (el
impuesto a los bienes raíces o recortes de tributos a las inversiones) y
a los más pobres (un aumento del salario mínimo).

Los legisladores también considerarán propuestas para recortar aun más
los programas de asistencia a los más pobres, como Medicaid, las
estampillas para alimentos y los préstamos estudiantiles.

Por otra parte, la Casa Blanca y el Congreso continúan paralizados en
torno de la reforma de la seguridad social, en parte porque, según las
encuestas, la mayoría del público no cree que la privatización
incremente el monto de las jubilaciones y pensiones por discapacidad,
como asegura el presidente Bush.

En los últimos años, la economía estadounidense ha tenido como motor el
gasto de los consumidores, más que las inversiones de los ricos
beneficiados por los recortes de impuestos.

¿Qué sucede con el consumo cuando los pobres se vuelven más pobres?

A medida que caen los salarios y las tarjetas de crédito quedan
bloqueadas, el consumo se frena, según advierten economistas. Cada vez
más personas se sumirán en un abismo financiero y su supervivencia se
convertirá en responsabilidad del gobierno y, por ende, de todos los
contribuyentes.

Dado el enorme déficit fiscal dispuesto por políticos que profesan
compromiso con la responsabilidad en el gasto público, los
contribuyentes --actuales y futuros-- deberán cargar con la pesada carga
de financiar la deuda acumulada por el Estado.

Por lo menos la mitad de esa deuda es propiedad de residentes en el
extranjero que esperan recibir los intereses de su inversión.

Eso implica una presión adicional sobre la balanza internacional de
pagos de Estados Unidos y deprime el valor del dólar, lo que, a su vez,
deja fuera del alcance de los pobres muchos productos importados de
primera necesidad.

"En definitiva, Estados Unidos no cumple con un criterio clave del
progreso económico: elevar la calidad de vida del segmento más pobre de
la sociedad", dijo a IPS el ex subsecretario (viceministro) de Comercio
Jack Behrman, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de
Carolina del Norte.

"Las actuales políticas favorecen a los ricos y se concentran en el
éxito financiero más que en la producción de bienes y servicios reales.
Es una receta para el conflicto económico y social más que para la
construcción de una sociedad unida", concluyó.
Informe del Buró de Censos de EE.UU., en inglés
http://www.census.gov/Press-Release/www/releases/archives/news_conferences/005515.html

http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=35014

El Katrina deja a Bush
con el agua al cuello

Por Jim Lobe

Jueves 1 de septiembre de 2005

Washington (IPS).- La credibilidad del presidente de Estados Unidos,
George W. Bush, podría ser una de las víctimas del huracán Katrina, que
desató una inédita ola de devastación y sufrimiento en la ciudad de
Nueva Orleans y buena parte del sudeste de Estados Unidos.

Pocos analistas políticos subestiman la capacidad de iniciativa de Bush
en tiempos de crisis, como la demostró tras los atentados que se
cobraron 3.000 vidas en Nueva York y Washington el 11 de septiembre de
2001.

Pero el hecho de que la destrucción causada por Katrina fuera evitable y
predecible --de hecho, fue pronosticada-- carga de munición nueva las
armas de los enemigos del presidente.

Los elevados costos de la guerra de Irak, combinados con los enormes
recortes de impuestos al sector más rico de la población y a la estrecha
definición gubernamental de "seguridad interna", se tradujeron en la
reducida cantidad de fondos destinados a impedir un desastre.

Los riesgos de esta reducción de fondos, que afectó los proyectos para
el control de inundaciones de la hoy sumergida Nueva Orleans, fue
detectada por periodistas del principal periódico de la ciudad, The
Times-Picayune, para una serie de informes publicados en 2004 y 2005.

"Nadie podía decir que no se veía venir", opinó en su sitio web el
propio The Times-Picayune, que debe limitarse hasta este viernes a la
publicación electrónica porque sus imprentas quedaron bajo las aguas que
aún cubren 80 por ciento de Nueva Orleans.

"Hoy, tras una de las peores tormentas de la historia, deben ser
contestadas preguntas muy serias sobre la falta de preparación", agregó
el periódico, citando un despacho de la agencia Newhouse News Service.

Dos hechos agregan combustible al tanque de los críticos de Bush.

El primero, la reducción de las operaciones de la Agencia Federal para
el Manejo de Emergencias (FEMA) dispuesto por el gobierno. La agencia
había ganado aplausos en los años 90 por su rendimiento en la mitigación
de efectos de catástrofes naturales.

El segundo hecho fue la ausencia de al menos un tercio de las tropas de
la Guardia Nacional en dos de los estados más golpeados por Katrina,
Louisiana y Mississippi. Esos uniformados están hoy desplegados en Irak.

"Aun antes del huracán Katrina, los gobernantes comenzaban a preguntarse
si las unidades de la Guardia Nacional estarían disponibles para
emergencias domésticas. Esa preocupación está hoy amplificada por
escenas de saqueo y desorden", informó este jueves el diario The New
York Times.

Hasta ahora, cientos y quizás miles de personas, la mayoría pobres,
murieron como consecuencia de la tormenta, según la Alcaldía de Nueva
Orleans. Más de un millón debieron abandonar sus hogares y con seguridad
no podrán volver en varias semanas, si no meses.

Mientras continúan las operaciones de rescate y evacuación de decenas de
miles de personas aún atrapadas en Nueva Orleans y las áreas
circundantes, FEMA y funcionarios locales dicen que aún es muy pronto
para calcular el costo financiero de los daños.

Las estimaciones primarias sobrepasan los 20.000 millones de dólares.
Pero esos costos no incluyen daños colaterales aun mayores causados por
la interrupción del transporte naviero, por camión y vías férreas de
productos agrícolas, madereros e industriales desde el Medio Oeste
estadounidense, siguiendo el río Mississippi.

Tampoco está contabilizado el costo de la suspensión de actividades de
al menos nueve refinerías en el área del Golfo de México, la zona
petrolera por antonomasia de este país.

El consecuente aumento de precios cubre gran cantidad de artículos,
desde la gasolina --ya en niveles históricos-- hasta el café importado,
lo que frenará la recuperación económica que estaba en ciernes hasta el
siniestro.

"El huracán Andrew, de 1992, fue el más destructor de los últimos 30 o
40 años", dijo al diario The Wall Street Journal el economista Bruce
Kasman, del banco JP Morgan Chase Bank.

"Pero si miramos la macroeconomía, tuvo un efecto insignificante. Lo que
hace de Katrina algo único es que tiene el potencial de ocasionar un
daño real al flujo de petróleo y de bienes río arriba del Mississippi",
agregó Kasman.

Bush, ya bajo ataque de algunos de sus propios simpatizantes por tomarse
casi todo el mes de agosto para disfrutar de vacaciones en su hacienda
en Texas, regresó a Washington luego de sobrevolar la devastada región.

Luego, pronunció lo que The New York Times calificó de "uno de los
peores discursos de su vida", y que consistió principalmente en "una
gran lista de de libras de hielo, generadores y frazadas enviados a la
golpeada costa del Golfo" de México.

Este jueves por la mañana, afirmó que, como los atentados del 11 de
septiembre de 2001, el desastre no podía haber sido previsto por su
gobierno.

"No creo que nadie pudiera haber anticipado la ruptura de los diques.
Apreciaron una tormenta grave, pero esos diques se rompieron y como
consecuencia la mayoría de Nueva Orleans está inundada y ahora debemos
lidiar con eso y lo haremos", afirmó.

Algunos de los principales respaldos de Bush emitieron el mismo mensaje.

La página editorial de The Wall Street Journal se apresuró a rechazar la
posibilidad de que el cambio climático tuviera alguna relación con la
intensidad de la tormenta o de que el gobierno hubiera podido hacer algo
para prevenir la inundación.

"La principal lección en este momento es también la más obvia: toda la
astucia del Hombre no puede derrotar la furia de la naturaleza",
advirtió el periódico neoyorquino.

Pero es precisamente esa afirmación la que resulta el blanco de los
mayores ataques.

El gobierno recortó, a causa de la guerra en Irak, decenas de millones
de dólares a proyectos de mitigación del efecto de huracanes e
inundaciones, según recordó Will Bunch, en un artículo para la revista
especializada en periodismo Editor & Publisher, en la que cita los nueve
artículos publicados por The Times-Picayune al respecto.

El presupuesto del Proyecto de Control Urbano de Inundaciones del
Sudeste de Louisiana (SELA) se redujo, y "nunca se intentó ocultar el
hecho de que la razón de los recortes era la guerra en Irak, así como
los gastos de seguridad interna, al mismo tiempo que se ajustaban los
impuestos federales", anotó Bunch.

En uno de los artículos de The Times-Picayune, publicado el 8 de junio
de 2004, el jefe de manejo de emergencias de la localidad de Jefferson,
en Louisiana, Walter Maestri, declaró: "Parece que el dinero se mudó en
el presupuesto del presidente al manejo de la seguridad interna y la
guerra en Irak, y supongo que ese es el precio que pagaremos."

"Nadie está feliz de que los diques no puedan terminarse, y hacemos todo
lo posible para convencer (a las autoridades) de que, para nosotros,
ésta es una cuestión de seguridad", añadió.

El gerente de proyectos del Cuerpo de Ingenieros, Al Naomi, había
advertido al mismo tiempo que "los diques se están cayendo''.
(FIN/IPS/traen-mj/jl/ip en dv pr/05) (FIN/2005)

http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=35000


 



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