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Asunto:[RedLuz] Ramtha 6a entrega-Nada mas que la verdad
Fecha:Domingo, 25 de Septiembre, 2005  02:34:08 (-0500)
Autor:Red Anahuaka <redanahuak @...............mx>

From: Coordinacion Ashtar <coordinacion_ashtar@...> 
Date: Sat, 24 Sep 2005 20:16:55 -0300 (ART) 
To: ashtar@... 
Subject: [Ashtar] Ramtha 6a entrega-Nada mas que la verdad 
 
  
 
Capítulo 12  
 
NADA MÁS QUE LA VERDAD 
 
  
 
«Hay verdad en todas las cosas, maestro, pero también hay refinamiento, 
porque cada momento refina la verdad. Por eso. Dios no existe en un estado 
de perfección, sino más bien en un estado de transformación. Cada entidad 
progresa continuamente en su entendimiento para abarcar una verdad más 
ilimitada. Y de acuerdo con su entendimiento, momento a momento, esa será la 
verdad como él la ve, como él la conoce.» 
 
Ramtha  
 
  
 
Estudiante: Siento que he pasado toda mi vida yendo de una religión a otra 
y, más recientemente, de un maestro a otro, tratando de entender de qué 
trata este asunto de Dios y de la vida. Estoy realmente confundido, Ramtha, 
Porque cada uno tiene algo diferente que decir. Y aunque muchas cosas son 
las mismas, todos enseñan cosas diferentes. ¡Y algunas de ellas son incluso 
totalmente opuestas! 
 
Por ejemplo, tú dices que no existen «el bien y el mal», y que Dios nos ama 
sin importar lo que hagamos. En cierta manera, lo que tú enseñas tiene mucho 
sentido para mí, pero es muy diferente de lo que enseñan otros. Y algunas de 
las cosas que dices parece que van un poco «más allá» en cierto sentido. 
porque son muy diferentes de lo que me han enseñado toda la vida. 
 
Estoy confundido Ramtha. No sé a quién creer. ¿Cómo determino qué es 
realmente cierto, qué es la verdad? 
 
Ramtha: Primero, maestro, ¿qué quieres decir con el término «más allá»? 
 
Estudiante: Bueno, lo que quiero decir es que uno tiene que estirar sus 
pensamientos para entender o aceptar algunas de las cosas que tú dices. 
 
Ramtha: ¿Dirías tú que el infinito y el siempre jamás están «más allá»? 
 
Estudiante: Bueno, sí, en cierto sentido. 
 
Ramtha: Entonces mis enseñanzas van de hecho «más allá», porque ahí es 
adonde te van a llevar, directo hasta los perímetros del siempre jamás. 
Ahora, dime, maestro, ¿qué no es verdad? 
 
Estudiante: Bueno, por ejemplo, la imaginación, la fantasía. Aquello que no 
se corresponde con la realidad. 
 
Ramtha: ¿De verdad? ¿Qué son la imaginación y la fantasía? 
 
Estudiante: Pensamientos que entretienes en tu mente, cosas que inventas en 
tus pensamientos.  
 
Ramtha: Y cuando contemplas esos pensamientos, ¿no son reales? ¿No son una 
realidad en tu conciencia? ¿No son una verdad en el pensamiento? 
 
Estudiante: Sí, pero quizá lo sean solamente en mi mente. Ellos no se 
corresponden necesariamente con la verdad de las cosas en la vida real. 
 
Ramtha: Sabes, maestro, todos desean conocer cuál es la verdad. Pero si hay 
una verdad, ¿qué son todas las demás cosas que también son realidad en 
conciencia?  
 
¿Sabes cuál es la verdad? Que no la hay. El no haberla significa que todas 
las cosas lo son.  
 
Todas las cosas son verdad, maestro. No hay nada que no lo sea, porque todas 
las cosas derivan del pensamiento, que es Dios. Y Dios no es un solo 
pensamiento formulado; él es la realidad de todos los pensamientos. 
 
Todas las cosas son reales, porque a todas se les ha dado autenticidad a 
través del pensamiento y tienen un propósito de ser. Lo que tú llamas 
imaginación y fantasía son algo ciertamente real, pues ambas están 
constituidas de pensamiento y propósito. 
 
Estudiante: ¿Incluso si no se corresponden con el mundo de afuera. 
 
Ramtha: El mundo «de afuera», al que tú llamas «real», maestro, es sólo la 
ilusión y la creación de la mayor realidad de todas, que es la realidad 
invisible llamada pensamiento y emoción. ¿Cómo crees que todo vuestro mundo 
«de afuera» llegó a existir? Fue creado por la imaginación y la fantasía. Y 
una vez que se convirtió en realidad en su forma material, incitó más 
imaginación y fantasía, pues una cosa engendra a la otra, y las dos son de 
hecho reales.  
 
Cada cosa creada en el pensamiento, todo cuanto existe en la conciencia —se 
manifieste o no en la forma llamada realidad material— es verdad, maestro. 
 
Estudiante: ¿Por grotesco que sea? 
 
Ramtha: Ciertamente, entidad, porque sólo las actitudes determinan lo 
grotesco. Cada pensamiento que contemplas en tu mente es verdad, porque está 
vivo en conciencia; y así, es parte de la realidad más grandiosa llamada la 
mente de Dios, la plataforma desde la cual emerge toda la vida. 
 
Ahora veamos, maestro, si podemos ayudarte un poco en tu confusión. 
 
Dios el Padre es pensamiento, la verdad de todo pensamiento. Y lo 
maravilloso de Dios es que él, en verdad, carece de ley, porque si el Padre 
tuviera leyes estaría limitado. Pero el Padre, al ser ilimitado, permite 
opciones a su verdad y pensamiento ilimitados. El Padre os ha dado a cada 
uno de vosotros la voluntad de aceptar y crear desde el pensamiento 
cualquier verdad que complemente vuestra propia individualidad, y así 
percibir la verdad de acuerdo con vuestros deseos y vuestra progresión única 
hacia la sabiduría. Y el Padre, la vida, se convertirá en cualquier verdad 
que creéis con el pensamiento, para que podáis experimentar y entender esa 
verdad, esa dimensión de pensamiento llamada Dios. 
 
La verdad es sólo lo que un individuo percibe como tal. La verdad es una 
opinión, una actitud, una creencia que se ha convertido en absoluta en el 
pensamiento creativo. Sin embargo, la opinión de cada cual sobre cualquier 
cosa diferirá, a menudo vastamente, porque cada uno ha formulado esa opinión 
basándose en sus experiencias únicas y en el entendimiento o confusión que 
haya obtenido en su alma, no sólo durante esta vida, sino durante todas las 
vidas vividas antes que ésta. De esta manera, una entidad creerá que algo es 
verdad, mientras otra quizás no. Ambos no pueden comprenderse mutuante, 
porque ellos no han sido la misma persona, ni han tenido las mismas 
experiencias colectivas. 
 
¿La verdad de quién es la correcta? Las dos lo son. Las dos son 
verdaderamente ciertas. Porque cada uno está expresando la verdad que su 
experiencia y conocimiento le han permitido percibir. Pero si la verdad de 
alguien es que su verdad es la única correcta, su entendimiento está 
limitado.  
 
Cada entidad creará y aceptará en su sueño —de acuerdo con su experiencia y 
su propia necesidad, y con el propósito de realizarse a sí misma— cualquier 
verdad que desee experimentar para su evolución hacia la sabiduría. Y con 
motivo de dicha experiencia, cada cual buscará las fuentes de la verdad que 
apoyen lo que él quiera creer. Por ello, habrá tantos grupos de verdad 
únicos como dioses habiten este plano, pues cada entidad posee la voluntad, 
el derecho y la necesidad de crear la verdad de diferente manera. 
 
Entonces, cualquier cosa que leas u oigas sobre un maestro es su percepción 
de la verdad, como él la ve, como él la ha aprendido, como él la ha creado, 
como él la está experimentando. Si tú tuvieras diez maestros ciertamente 
estarías en una gran confusión, pues la verdad de cada uno sería diferente. 
Y ciertamente encontrarías que la percepción de la verdad en uno y otro se 
amoldará a lo que tú necesites en ese momento. Pero si, al mirarlos a todos, 
tratases de distinguir quién está diciendo la verdad, te darías cuenta de 
que todos la dicen. Lo que debes decidir es hasta qué grado quieres 
convertirte en una verdad en particular, porque cualquier verdad que tú 
aceptes se convertirá en una realidad experimentada en tu vida. 
 
Hay grandes maestros en vuestro plano, y son magos de todo tipo, ya que 
pueden realizar y manifestar milagros y maravillas. Pero ellos aún creen en 
la muerte, y por eso, morirán. Incluso habiendo progresado inmensamente en 
su aprendizaje, todavía no han extendido su comprensión más allá de las 
limitaciones de la muerte, hasta el entendimiento de que la vida es 
realmente la continuidad del ser. Así pues, si tuvieras que aceptar sus 
verdades como la única verdad, tú también podrías convertirte en un mago, 
pero también morirías. ¿Lo ves? 
 
Hay verdad en todas las cosas, maestro, pero también hay refinamiento, 
porque cada momento refina la verdad. Por eso Dios no existe en un estado de 
perfección, sino más bien en un estado de transformación. Cada entida 
progresa continuamente en su entendimiento para abarcar una verdad mas 
ilimitada. Y de acuerdo con su entendimiento, momento a momento, esa será la 
verdad como él la ve, como él la conoce. 
 
Tomemos una flor como ejemplo. ¿No es verdad que la flor es un capullo? 
Efectivamente. Cuando la flor se abre, ¿es acaso mentirosa porque ya no es 
un capullo? No, está en un estado de verdad progresiva. ¿Y es la flor 
mentirosa cuando caen sus pétalos y dejan de existir? ¿Qué es entonces? Está 
en un estado más avanzado de su verdad. 
 
Cualquier enseñanza que escuches o leas, cuya fuente divulgue leyes, o 
limite al hombre, o divida al Ser en bueno o malo, o diga que Dios es una 
entidad singular en vez del Ser de todo lo que es, cualquier enseñanza de 
este tipo procede de entidades que simplemente han aceptado eso como su 
verdad y se sienten obligados a darla al mundo. Esa es su verdad, maestro, y 
ellos no están equivocados. Pero una verdad más amplia y refinada es que 
cualquiera que enseñe que la vida es limitada en cualquiera de sus aspectos, 
no ha progresado en su entendimiento tanto como otros lo han hecho. Pues, 
¿acaso Dios es limitado? Si lo fuera, maestro, la vida no sería siempre 
continua y tú ni siquiera tendrías la opción de estar confundido. 
 
Lo que yo enseño es, ciertamente, una verdad maravillosa, pues ¿quién se 
atreve a decir que Dios no posee leyes? Así no se lo puede utilizar para 
controlar y esclavizar a otros. Porque el Padre, la suprema conciencia, 
existe, verdaderamente, sin la limitación de leyes, juicios y finales. 
Cuando tú progreses en tu verdad y abarques este entendimiento ilimitado, 
entonces experimentarás y entenderás realmente el amor, la alegría y la 
continuidad que el Padre es. 
 
Cada uno, maestro, sabe sólo hasta el grado en que lo desee y se lo permita. 
Y la mayor parte del conocimiento en vuestro plano está construida sobre el 
miedo, la supervivencia y las polaridades del entendimiento; está construida 
sobre el juicio y la separación de las gentes, sobre la creencia de que el 
hombre es una criatura «caída» que no posee divinidad. Pero el hombre es 
Dios, maestro. Así pues, juzgar al hombre es juzgar a Dios, limitar al 
hombre es limitar a Dios. Separar al hombre de su divinidad, es robarle a 
Dios la divinidad.  
 
Si lo que tú lees o escuchas de un maestro limita tus procesos de 
pensamiento, está de hecho limitando los procesos de pensamiento del Padre. 
Escucha lo que se dice y cómo se dice. Si limita, separa o divide, entonces 
es una Verdad limitada de una entidad que aún debe progresar hacia un 
entendimiento más ilimitado. 
 
Lo que inevitablemente se aprende de todos estos maestros, es que únicamente 
tu eres tu máximo maestro, porque sólo tú sabes qué es lo mejor para ti. 
¿Cómo puede alguna otra persona saberlo cuando ella está ocupada viviendo su 
propia vida y valorando la verdad desde su propio punto de vista? Sólo tú 
puedes saber qué experiencia necesita tu alma para tu propia realización. 
Sólo tú puedes ser el dador de tu propia verdad, porque la verdad la ordena 
y establece uno mismo. Y dicha verdad no se encontrará a través de 
entendimientos científicos o intelectuales, sino más bien a través de un 
entendimiento emocional, pues la verdad es un sentimiendo, un saber 
interior, no es algo intelectual.  Saber lo que es verdad para ti es saber 
lo que tú sientes que es verdad. 
 
Estudiante: Pero, Ramtha, ¿cómo puedes tú sentir que algo es verdad si no 
está apoyado por hechos, o si es quizás contrario a lo que la ciencia ha 
descubierto como verdad? 
 
Ramtha: Maestro, nada puede probarse con lo que tú llamas hechos, pues los 
hechos cambiarán a medida que el conocimiento de la humanidad evolucione y 
cambie. Todo es una conjetura, porque la realidad está continuamente 
creándose y evolucionando por medio del pensamiento y la emoción. Los hechos 
son sólo las manifestaciones materiales corrientes de la conciencia 
colectiva, pensamientos colectivos abrazados en la emoción por la totalidad 
de la humanidad.  
 
La prueba, maestro, está en los sentimientos, en la emoción, porque eso es 
lo que dio realidad al hecho en primer lugar. 
 
¿Cuál es la máxima realidad, la máxima verdad? No son los hechos, maestro. 
Son los sentimientos que te embargan al aceptar los hechos como realidad, 
como verdades del pensamiento. Ese es el auténtico hecho: la emoción, que es 
la más grande de las realidades. Ahí es donde yace toda la verdad. Cualquier 
cosa que elijas creer, maestro, así será. Entonces, elige ahora lo que sea 
apropiado para ti, lo que desees creer. 
 
Estudiante: Pero, Ramtha, yo no entiendo cómo puede ser eso. Por ejemplo, en 
los tiempos en que la mayoría de la gente creía que la Tierra era plana, si 
la mitad de los marineros de un barco creía que la Tierra era redonda y la 
otra mitad que era plana, y partían mar adentro, ¿qué le pasaba al barco? 
 
Ramtha: Los que pensaban que era plana, maestro, se tiraban por la borda. El 
«cielo» prohibía que se probara su error. Los que pensaban que era redonda 
continuaban el viaje. ¿Ves? 
 
Aquellos que creían firmemente que la Tierra era plana nunca se aventuraron 
hasta sus confines para descubrir algo diferente, pues estaban seguros de 
que era plana. Los que creían que era redonda navegaron a su alrededor una y 
otra vez. Y estaban convencidos de que era redonda. Sin embargo, no sabían 
que de hecho no es redonda. Es más bien achatada, como a punto reventar, es 
plana por arriba y por abajo; y además es hueca. Pero aquel que creen 
firmemente que es sólida, nunca conocerán otra cosa, pues nu concebirán ir 
al interior de la Tierra para descubrir algo diferente. Eso porque su 
entendimiento es limitado, sin embargo, sigue siendo verdad. 
 
Sé ilimitado en tu verdad, maestro. Sabe que tu mundo es redondo. Pero si 
deseas ser aún más ilimitado, sabe que es plano por arriba y por abajo. Y 
para ser incluso más ilimitado, entidad, sabe que el centro de tu Tierra 
está habitado. ¡Pero ve e intenta decirle esto a tus científicos! 
 
Si lo que tú crees es de forma limitada, esa es tu verdad, y es correcta y 
precisa. Si crees de forma ilimitada, esa será tu verdad, correcta y 
precisa. Pero si estás buscando algo en qué creer, no creas en ninguna de 
las dos. ¡Cree en ti! No existe entidad, cosa o realidad que sea más grande 
que tú, pues tú eres el dador de toda verdad, el creador de todas las 
realidades, y quien dispensa las leyes dentro de tu reino. 
 
Ahora, lo que yo diría a cualquier entidad es esto: ve y aprende de tus 
maestros o tus religiones hasta que te aburran o ya no tengan sentido. 
Entonces busca la respuesta que sientas correcta dentro de tu alma. Tu alma 
sabe cuál es la verdad y ella te lo dirá a través de los sentimientos. 
Cuando la verdad se siente bien, esa es tu alma regocijándose, porque la 
máxima verdad es la libertad ilimitada, aquello que te permite experimentar 
cualquier verdad que desees. 
 
La verdad es una limitación, maestro. Decir que algo es verdad indica que 
existe la falsedad. Pero en un entendimiento mayor no hay ni verdad ni 
falsedad, sólo el Ser de la vida, siempre continua y en evolución. La vida 
es la única realidad, y de ésta emerge toda la verdad, pues la verdad se 
crea y se desarrolla cada momento mediante cada pensamiento que tú tienes. 
Así, en cualquier momento puedes cambiar de opinión y pensar algo diferente, 
y ambas cosas son verdad, ambas son principios reales, pues las dos son 
opciones para el entendimiento emocional. 
 
No hay otra realidad más que la vida y las opciones. Cuando cómprendes que 
todo es verdad y al mismo tiempo nada lo es, que sólo existe el Ser, 
entonces puedes percibir que la verdad es cualquier cosa que tú determines 
que sea. Y será absoluta siempre que tú lo reconozcas como tal. En el 
momento en que no reconozcas ni le des crédito a esa verdad, ya no será 
real. Por eso este es el plano de las realidades creativas. 
 
Cualquier verdad que crees en tu vida, sabe que también puedes cambiarla. Lo 
que te permite ser soberano es saber que puedes ser y convertirte en 
cualquier cosa que quieras, y que tienes la capacidad de cambiar tus planes 
en cualquier momento que lo desees. 
 
¿Cuánto tiempo necesitas para sentirte feliz? Sólo lo que tardes en pensar 
felicidad, y empezarás a resplandecer. ¿Cuánto tiempo necesitas para 
sentirte desesperado? Sólo lo que tardes en pensar la desesperación, y te 
convertirás en ella. ¿Cuál es la verdad que subyace en esto? Que tú tienes 
la opción de convertirte en una u otra en cualquier momento, y que puedes 
cambiar tu expresión siempre que lo desees. Esa es la libertad con la que el 
Padre te ama. Cuando conozcas esta verdad dentro de tu ser, trascenderás tu 
limitación hacia tu divinidad. Y mientras otros se dejen gobernar con leyes, 
morales e ideales, tú serás una entidad libre, porque no pertenecerás a 
ninguna verdad más que a la tuya propia. 
 
Solamente recuerda esto: todo aquello en lo que creas, es. Siempre que creas 
en una cosa, se convierte en verdad en una realidad emocional dentro de tu 
ser. Es por eso que todo el mundo está siempre en la cima de la verdad, no 
importa cuál sea su punto de vista. Tu realidad creativa será siempre 
diferente de la de todos los demás. Y cuando a otros les resulte 
completamente imposible ver tu realidad, será sólo porque están inmersos en 
las ilusiones de la suya propia. 
 
Cuando entiendas que la verdad es y puede ser todas las cosas, es porque 
habrás experimentado todo sin limitarte. Entonces podrás participar 
activamente en todas las experiencias y tener conocimiento de ellas. 
Entonces serás libre, porque ya no estarás esclavizado por los conceptos o 
el entendimiento intelectual que dicen «así son las cosas», cuando lo que 
son, es verdaderamente todo aquello que pueda ser definido en pensamiento. 
 
Esta verdad que te doy, maestro, proporciona un estado del ser más 
ilimitado, porque en su virtud y contexto abarca la verdad de cada uno, y 
permite que todas las verdades coexistan en armonía. Cuando abraces este 
entendimiento, entonces podrás decirte a ti mismo: «En la verdad que 
expreso, soy polifacético. No soy una verdad, sino todas las verdades». 
Entonces ya no estás inhibido en tu flujo creativo o enclaustrado en una 
forma única de vivir y de ser. 
 
Sé quién eres, no bajo la dirección de Ramtha, o Buda, o Yeshua, ni ningún 
otro maestro, pues ninguno puede enseñarte sobre tu propia diviniadad; ellos 
sólo pueden enseñarte sobre la suya. Para culminar tu destino debes llegar a 
ser quien eres, y lo que tú solo eres. Si tratas de vivir de acuerdo con el 
plan de vida de otro, nunca te convertirás en eso. El único camino por el 
cual llegarás a entender quién eres, y ese fuego que vive dentro de ti, es 
el de la verdad de tu propio entendimiento emocional. 
 
Ama lo que eres decididamente. Y escucha a Dios dentro de ti, que te habla 
en un tono muy sutil. Se llama sentimientos. Los sentimientos, si los 
escuchas, te hablarán de tu verdad y de tu camino hacia la iluminación. 
 
Vive la verdad que sientes dentro de ti. Vívela y manifiéstala para que dé 
testimonio de tu gloria. Cuando lo hagas, entonces habrás valorado, vivido y 
entendido la vida desde tu propio punto de vista, y tal como tú la percibas 
estará bien. Sé tu propio instructor, tu propio salvador, tu propio maestro, 
tu propio Dios.  
 
Cuando contemples la simplicidad de esto, ello te llevará hasta la libertad 
de entender. Entonces no te quedarás atrapado intentando determinar lo que 
es verdad y lo que no lo es, lo que es real y lo que es una ilusión. Cuando 
empieces a apartarte de las leyes de los dogmas religiosos y las creencias, 
y dejes de esforzarte por vivir la verdad de otro, entonces serás libre de 
expresarte a ti mismo y experimentar las cosas que tu alma te pide, para que 
puedas satisfacer cualquier conocimiento o entendimiento que no poseas. Y de 
esta manera, por medio de la experiencia y la emoción, tú, a tu propio y 
singular paso, te conviertes en Dios, momento a momento. ¿Y dónde va a 
concluir tu eternidad? En ningún lugar, pues tú eres continuo para siempre. 
 
Cuando aprendas que cada momento en que vives estás refinando tu propio Yo 
dogmático, y te permitas hacer eso sin culpa ni juicio, entonces, un día te 
convertirás en la verdad de todo pensamiento, la plataforma de la cual brota 
toda la vida. Pero no puedes convertirte en esto hasta que no te apartes de 
la conciencia colectiva del hombre —con sus leyes, ideales, e identidad , de 
masa— y te permitas ser el Ser de tu propia verdad, de tu propio e 
intencionado Yo.  
 
Durante mucho tiempo el hombre se ha separado de su divinidad al suprimir 
enteramente sus opciones y crear leyes en su lugar. Pero los vientos de 
cambio están llegando a este plano para traer una novedad, un discernimiento 
en cada uno, un desbancamiento de lo que ha sido considerado como absoluto. 
Estoy complacido de que hayas venido para ser parte de ello, pues tu vida 
será mucho más gozosa desde este día en adelante. Porque, ¿a quién tendrás 
que dar explicaciones? A nadie, sino a ti mismo. ¿Y qué es la verdad? Todo 
aquello que el Yo decrete como tal, ya que todo lo que creas, así será; y en 
todo lo que creas, te convertirás. Si sabes eso, enseñarás a muchos, 
solamente por la manera como vivas. 
 
Nunca busques la verdad, simplemente sé. Siendo, eres uno con universos 
infinitos.  
 
Estudiante: Tengo mucho que contemplar. 
 
Ramtha: Ciertamente, maestro. ¡El Ser¡ Que así sea 
 
* * *  
 
Estudiante: He estado practicando la astrología durante muchos años y deseo 
saber si hay algo que puedas decirme que me ayude a ser más efectivo con mis 
clientes.  
 
Ramtha: En primer lugar, maestro, dime por qué te deleitas en esta práctica. 
 
Estudiante: Porque creo que las estrellas y los planetas ejercen una 
influencia en nuestras vidas, y que al estudiarlos podemos conocer y 
entendernos mejor a nosotros mismos y nuestro destino. 
 
Ramtha: ¿Sabes, maestro? El hombre siempre ha observado fijamente el 
misterio silencioso de las estrellas en los cielos en busca de su tierra 
natal, porque él sabe, instintivamente dentro de sí mismo, que viene de un 
lugar mucho más grande que la cabaña en que nació. Cuando el hombre empezó a 
investigar las luces del cielo nocturno, descubrió, para su sorpresa, que se 
movían; y al tiempo que éstas se movían las estaciones se movían con ellas. 
Y cuando observó un poder en ellas que no podía controlar, supuso que su 
movimiento también debía ser responsable de las suertes y desgracias que 
acontecían en el reino del hombre. 
 
Muchos sabios y profetas han usado esta poderosa fe en las estrellas para 
gobernar y dominar imperios. Y si sus profecías de peligro se volvían 
realidad, ¿quién era el responsable? Ciertamente no lo era el vidente. 
Entonces debían ser las «condenadas estrellas» las que causaban que aquello 
ocurriera. Sin embargo, las estrellas, en su silencio, nunca han sido 
capaces defenderse y proclamar su inocencia. 
 
Yo te diré esto, maestro: cada uno de los que estamos aquí es un dios que 
fue creado con libre albedrío. Y en el comienzo, vosotros, los seres de luz, 
como entidades soberanas, usasteis esa voluntad libre para crear las 
estrellas, los planetas y todos los universos, visibles e invisibles. 
Vosotros sois también los dioses que más tarde crearon los cuerpos que 
poseéis, y éstos son mucho más grandiosos que cualquier universo. Vosotros 
sois, en este preciso momento, los mismos dioses que aún poseen la misma y 
poderosa creatividad que poseían al principio. Y en todos estos eones de 
tiempo nunca habéis creado nada que os controle, a menos que creáis que lo 
hace. Y aún así, seguís siendo quienes controláis vuestra vida, porque al 
haber aceptado la creencia de que estáis controlados por algo fuera de 
vuestro ser, habéis permitido que así sea. 
 
Hay muchos que creen en la astrología. Y ésta posee, de hecho, su verdad, ya 
que es aceptada como tal. Pero llévala un poco más lejos y pregunta: «¿Quién 
es el dador de esta verdad?» «¿Cómo pueden las estrellas y los planetas en 
su movimiento ser más poderosos que los dioses que los crearon en primer 
lugar?»  
 
Lo que tú eres, maestro, nunca podrás descubrirlo basándote en los 
movimientos de tus cielos. Y con respecto a los movimientos de los planetas 
y las estrellas determinando nuestro destino, esto no es así. Porque si esto 
fuera verdad, ¿qué serían los sueños, la imaginación, la creatividad o la 
vida misma?  
 
En cada una de tus vidas sobre este plano naciste bajo un gran número de 
estrellas, todas ellas brillando en aquel momento. Decir que tu destino está 
controlado o influenciado por unas pocas y escogidas, no sólo carece de 
sentido, sino que además te roba la libertad e inocencia de expresar tu vida 
y el Dios que tú eres. 
 
Los dioses han creado muchos juegos, y la astrología es uno de ellos. Y a 
veces es un juego muy peligroso porque infunde en la entidad un miedo al 
futuro y predetermina sus futuros días de emoción. Todos los que piensan que 
los astrólogos poseen una inteligencia sabia que lo conoce todo, están 
literalmente poniendo sus valiosas vidas en las manos de otro, y yo no estoy 
de acuerdo con eso. 
 
Así como vuestra astrología, también son juegos vuestro dogma religioso, 
vuestra política, vuestro mercado, y cualquier cosa que permitáis que o 
esclavice de manera que podáis jugar al juego de la supervivencia. 
 
Aquellos que practican la astrología son verdaderamente hermosos en su 
sincera preocupación por los demás y su deseo de ayudarlos. Y estudiar las 
estrellas es algo maravilloso, pues ellas son hermosas en su movimiento y 
encantadoras en su misterio. Pero si basas tu vida en ellas, maestro, no 
eres más grande que los gases que las forman. 
 
La astrología es sólo una herramienta; es sólo un juego. La auténtica verdad 
viene de la entidad que abre la boca para decir: «¡Ah! He determinado lo que 
tu futuro traerá», porque lo ha visto en el campo electromagnético que rodea 
a la entidad para quien está haciendo esto. Si dejaras de lado el juego y le 
dijeras al cliente estas mismas cosas, ciertamente se asombraría. Pero por 
supuesto, no seria tan fascinante como decirle que cierta estrella tiene la 
culpa, y que él es parte de algún plan cósmico y divino. Así ocurría con los 
sabios de la antigüedad, que miraban a través de bolas de cristal, encendían 
fuegos, miraban fijamente el agua, producían explosiones, bebían vino y 
elixires y toda clase de cosas, sólo para comunicar una verdad haciéndola 
más aceptable.  
 
El hombre siempre ha mirado fuera de sí mismo para encontrar respuestas y 
razones a su suerte y a su destino. Siempre ha sido más cómodo echar la 
culpa a las estrellas silenciosas, al gobierno de algún rey, o a la 
«voluntad de Dios», que mirar hacia dentro, al creador de los universos. 
Siempre ha sido más fácil buscar sacerdotes, profetas y videntes para 
pedirles orientación, que creer que uno mismo es lo suficientemente sabio 
para ser el dador de ella. 
 
Mientras sigas mirando fuera de ti mismo en busca de razones y respuestas, 
nunca oirás a la voz que tienes dentro, el dador de toda verdad y el creador 
de todo lo que existe, siempre estarás en manos de creencias supersticiosas 
y razonamientos extraordinarios que no te permitirán ver el increíble poder 
y el infinito entendimiento que realmente posees. 
 
Tú, maestro, eres una entidad soberana capaz de aceptar y crear cualquier 
verdad que desees. Puedes convertirte en el maestro de tu reino o ser su 
esclavo, lo que desees experimentar. Cuando te des cuenta de que cada ser es 
el auténtico creador y director de su vida, el diseñador de su destino, 
quizás tomes ese mismo entendimiento y crees para ti mismo una vida más 
ilimitada. Y eso será algo grandioso para tu ser. 
 
Cuando estés jugando con tus juegos, recuerda quién los creó. Y recuerda que 
el mismo creador, que puede volverse vulnerable a cualquier cosa que él 
desee, puede, en un instante, cambiar todo lo que no le guste y una vez más 
tomar las riendas de su vida. 
 
Ahora, deseo decirte algo en relación con el juego de la astrologia: los 
astrólogos basan sus «casas astrológicas» en doce; sin embargo hay catorce. 
Existe un planeta que es considerado como una estrella, pero es más bien una 
nebulosa. Es un planeta hermoso y muy luminoso, que ha estado aquí durante 
mucho tiempo. Esa es otra casa. Y en la cuna de vuestra órbita solar ya se 
está formando un nuevo planeta, que surgió hace varios miles de años cuando 
las llamas del sol eran grandes. Con esto, maestro, son catorce. ¿Cómo 
pueden los astrólogos ser tan precisos cuando se equivocan por dos casas 
enteras?  
 
Cuando hagas tus lecturas, maestro, deseo que hagas lo siguiente: después de 
haber conjurado y planeado y todo eso, cuando la lectura haya terminado, 
diles que los universos no son nada sin ellos; que sin ellos no habría tales 
cosas como las estrellas o los planetas. Eso es todo lo que tienes que 
decir. Ellos nunca olvidarán lo que les has dicho, porque les molestará, los 
animará y los hará arrogantes. 
 
Me complace que hayas venido aquí. Tú aprenderás profundamente de esta 
audiencia. Muchos de los que vienen aquí, no abrazan las verdades ilimitadas 
que yo enseño, pues no todos están deseosos de libertad. Pero está bien. 
Ellos siguen siendo amados, están en lo cierto, y siguen siendo Dios, el 
creador de todas las realidades. 
 
Capítulo 13  
 
AMA Y HAZ LO QUE QUIERAS 
 
  
 
«Y cuando el hombre se libere a sí mismo de esta conciencia restrictiva, con 
sus leyes, planes y normas, encontrará la alegría y la paz de ser que le 
permitirá amarse a sí mismo y a toda la humanidad, y permitirá que todo 
exista en la libertad de sus propios y deliberados designios. Entonces amará 
como Dios ama. Entonces será como Dios es, la plataforma que alimenta y 
mantiene toda la vida. Que así sea.» 
 
Ramtha  
 
  
 
Estudiante: Ramtha, ¿cómo encajas tú en el plan de Dios? 
 
Ramtha: ¿El plan de Dios? ¿Qué te hace pensar, entidad, que Dios tiene un 
plan?  
 
Estudiante: Porque debe haber una buena razón para que las cosas sean como 
son.  
 
Ramtha: El único plan que el Padre tiene es ser, para que así todas las 
cosas puedan expresar la vida que el Padre es. Si él tuviera un plan, ello 
te quitaría la libertad de expresar a Dios dentro de ti, robándote tu 
originalidad capacidad de evolucionar y extender el principio vital llamado 
Dios.  
 
El único plan de Dios es que él es. Es cada cosa vibrando al unísono consigo 
misma, en un tono que está basado primeramente en el pensamiento, y del 
pensamiento a la masa, vibrando, añadiendo y tomando de la conciencia, 
extendiendo, expresando otro momento de vida. Todo cuanto existe, se expresa 
a la par de todo lo demás que existe hacia el próximo momento de eternidad. 
Si Dios pudiera planear, ello limitaría todas las cosas que están por venir. 
 
¿Cuál es la razón de que esté aquí esta alfombra peluda sobre la cual apoyas 
tu trasero? Simplemente porque es. Por lo tanto, encaja en el plan de Dios, 
porque todo lo demás es. ¿Y cuál es la razón por la que este amado maestro 
está aquí? Porque él es. Y este amado maestro, ¿cómo encaja en el plan de 
Dios? Simplemente siendo, igual que tú eres. ¿Y cómo encajo yo en el plan de 
Dios? Yo soy, entidad. Yo soy, tanto como lo es esta alfombra peluda. 
 
¿Cómo encajo yo? Yo te amaré como nunca nadie lo haya hecho, porque tengo la 
capacidad de hacerlo, ya que me tiene sin cuidado si mi amor o mi expresión 
encajan con algún plan ilusorio y divino. 
 
¿Cómo puedo yo añadir a la totalidad del Ser de la vida? Ayudándote a 
entender lo que el Padre verdaderamente es y por qué él te ama sin 
importarle cómo eres. Y dando quizás un enfoque más claro de cómo encaja la 
totalidad de la vida, para que puedas entender que la razón por la que todas 
las cosas son, es simplemente expresarse, no de acuerdo con ningún esquema, 
o algún motivo ulterior, sino simplemente porque poseen vida. 
 
¿Por qué es esto importante? Cuando entiendes que la vida simplemente es, 
eso te permite la libertad y el poder de crear tu vida al máximo de tu 
capacidad. Y puedes estar seguro de que sin importar lo que hagas en el 
próximo momento, vas a estar vibrando con la totalidad de la vida, y 
continuarás haciéndolo en el próximo momento, y en el próximo, y en todos 
los que vendrán después. 
 
No existe un plan para la vida, maestro. Sólo existe el Ser. Estar en un 
estado de Ser es la expresión más grandiosa que existe. Ser. Lo que importa, 
entidad, es que tú eres. Eso es todo lo que importa. 
 
Estudiante; Lo que parece que estás diciendo es que no hay una manera en 
particular de vivir; que tú puedes ser y hacer todo lo que quieras; que todo 
vale.  
 
Ramtha: Ciertamente. Ese es el amor del Padre por ti. 
 
Estudiante: ¿Cuál es entonces el propósito de la vida? 
 
Ramtha: El propósito de la vida, maestro, es expresar sobre la plataforma de 
la vida cualquier pensamiento que habite dentro de tu ser. Y cualquiera sea 
la expresión a la que eso te lleve, siempre tienes la opción de cambiar en 
cualquier momento que desees. 
 
El propósito de la vida es ser parte de ella, ser su creador, iluminarla. No 
hay otro destino, sino vivir y permitirte ser cualquier cosa que desees, 
mientras la vida se despliega dentro de ti, momento a momento. Y sabe que, 
cumpliendo ese propósito, posees la libertad ilimitada para convertirte, 
hacer y ser cualquier cosa que desees. 
 
Estudiante: Pero si se puede hacer cualquier cosa, ¿no habrá ciertas cosas 
que vayan contra la ley de Dios de la que habla la Biblia? 
 
Ramtha: Hermoso maestro, tu amado Padre no ha creado ninguna ley, excepto 
una. Y esa ley es expresar tu vida de acuerdo con tu voluntad soberana, pues 
sólo a través del ejercicio de tu voluntad, extiendes la conciencia de toda 
la vida, que es lo que el Padre es. Si Dios el Padre fuera una entidad que 
creara leyes, te hubiera negado a ti —a él mismo— la libertad de expresión 
que permite a la vida evolucionar y perpetuarse a sí misma. Él se habría 
convertido en una fuente limitada, en un final. Y no hay final en el siempre 
jamás, maestro.  
 
Lo que tú llamas la ley de Dios, como está escrita en vuestro Libro de los 
Libros, son muchas leyes, porque cada profeta hizo su añadido a la ley. Y, 
de hecho, ha sido una afirmación muy poderosa declarar que la ley de Dios 
dice esto o aquello, o restringe esto, o debes hacer tal cosa. Y debido a lo 
que tú llamas la ley de Dios, la gente ha aprendido a someterse a Dios y a 
temerle. Los hijos no deben temer a sus padres, deben ser como sus padres. 
 
La ley de cada uno es que Dios, la Fuente de toda la vida, permite que todas 
las cosas se expresen a través de su ser como ellas quieran, como su 
libertad lo desee. Pues sólo a través de la libertad llegarás a conocer al 
Padre y a ser uno con él una vez más. Y cuando retornes al Padre y él 
contemple su propio retorno, será verdaderamente un gran día, una gran 
eternidad, ya que al regresar a casa habrás llegado a ser como él es; y al 
ser como él es, siempre habrá una vida de amor y alegría ilimitados, y la 
eternidad del ser.  
 
Dios, el Padre, no posee ley. El hombre es el creador de las leyes, no Dios. 
El Padre le ha otorgado al hombre la voluntad libre para ser el soberano 
dador de leyes en su propio reino, para crear desde el pensamiento cualquier 
creencia, verdad o actitud que corresponda a su reino en la evolución de su 
entendimiento de toda la vida. El hombre ha usado esa libertad para crear 
leyes que ha considerado necesarias para poder vivir en sociedad. 
Desafortunadamente, la mayoría de las leyes han sido creadas despiadadamente 
con el propósito de intimidar y esclavizar a la gente. Han sido creadas para 
limitar la libertad, no para exaltarla. El hombre no puede permitirse vivir 
en un estado sin leyes, porque él, en el terror de su propio ser, cree que 
deben existir leyes para gobernarlo. Esto es sólo porque él no entiende la 
infinitud y la divinidad de sí mismo. 
 
Estudiante: Pero, Ramtha, si no hubiera leyes, ¿cómo se podría prevenir que 
alguien expresara la maldad que hay dentro de sí, que hiciera cosas malas? 
 
Ramtha: Déjame decirte esto, maestro: en la constitución cósmica de todo lo 
que es, no hay tal cosa como la maldad. Aunque se haya escrito que el hombre 
es malvado en su alma, no lo es; el hombre es divino dentro de su alma. Pues 
su alma y todo lo que él es, es Dios. Porque si no fuera Dios, entonces, ¿de 
dónde vendría?  
 
No hay nada que esté fuera de la jurisdicción del Padre, del ser. Nada. 
Cualquier pensamiento o acto que alguien haya juzgado como perverso, malvado 
o equivocado, está vivo en conciencia. Y si existe en conciencia, es 
ciertamente una parte de la mente de Dios. Y puesto que todas las cosas son 
parte de Dios, si tú dijeras que cualquier cosa es perversa, estarías 
diciendo al mismo tiempo que Dios es perverso, y no lo es. Ni tampoco es 
bueno, pues para definir los perímetros de lo bueno deberías compararlo con 
el entendimiento que tú llamas el mal. 
 
Dios no es ni bueno ni malo, puesto que Dios no es más algo bueno que algo 
malo. Ni tampoco es perfección. El Padre simplemente es, el Ser de toda la 
vida, una expresión del Ahora, que vive simplemente por el gozo de obtener 
gozo, para así poder conocerse a sí mismo. Y esa esencia vital no tiene la 
capacidad de alterarse hasta quedar fuera de un estado de Ser al juzgar una 
parte de sí misma como buena o mala, perversa o divina, perfecta o 
imperfecta.  
 
¿Sabes lo que pasaría si Dios pudiera mirar hacia abajo y decir: «Esto es 
perverso»? La totalidad de esa conciencia que está expresando algo que 
necesita expresar, finalizaría y sería extirpada de la fuerza vital. Y si 
eso pasara, entonces la vida y su expansión siempre continua cesarían de 
existir, ya que el libre albedrío, que permite la creación, dejaría de 
existir. Pero Dios es totalmente ilimitado, una totalidad indivisa del Ser. 
Por lo tanto, Dios no puede mirarse a sí mismo desde una perspectiva 
limitada y restrictiva. Si pudiera hacerlo, tú ni siquiera estarías aquí 
para poder expresar tu opción de juzgarte a ti mismo o a tus hermanos. 
 
No existen ni el bien ni el mal, maestro; sólo el Ser. En el Ser, todas las 
cosas se miden exclusivamente en función de la culminación, en función la 
experiencia emocional que el alma necesita para culminar su sabiduría. Cada 
cosa que hayas hecho —por hermosa o vil que hayas determinado que sea— la 
has hecho simplemente por el conocimiento. Tu alma y tus pasiones te 
presionaron a hacerlo para poder aprender. Sólo haciéndolo determinaste y te 
diste cuenta del valor de esa acción, y así, te beneficiaste de ella. Eso no 
es ni perverso ni malvado, eso es lo que cuesta convertirse en Dios. 
 
Es el hombre, y no Dios, quien juzga al hombre. Y el hombre en su 
creatividad, ha inventado el equilibrio entre lo bueno y lo malo para robar 
a sus hermanos su libertad de expresión. El miedo al castigo por no estar a 
la par del dogma religioso o las leyes de los gobiernos, ha sido la espada 
que ha dominado y controlado naciones durante años. Y si alguna vez hubo 
algo que en tus términos llamarías «perverso», es aquello que le quita a una 
entidad la libertad de expresar el Dios dentro de sí. Y cada vez que esto se 
le hace a otra persona, también se le hace a uno mismo, y más profundamente, 
porque todo juicio o limitación que impongas a otro, se convierte en ley 
dentro de tu propia conciencia; y mediante esa ley, te juzgarás y limitarás 
a ti mismo.  
 
El hombre no es perverso en su alma. Y aunque vive creyendo que lo es, en un 
mayor entendimiento no existe tal cosa como la perversión o la maldad. Sólo 
existe la plataforma de la vida que le permite al hombre la opción de crear 
desde su pensamiento cualquier cosa que elija. Esa es la única realidad que 
existe. En esa realidad, Dios permite que la ilusión de la maldad sea creada 
a través de supersticiones, creencias dogmáticas, y las tan limitadas y 
encerradas actitudes de la humanidad. Y a causa de la continua observación, 
juicio y expectativa de la maldad, ésta existe de hecho en la realidad de 
aquel que cree en ella, pero sólo en su realidad, puesto que como así lo 
cree, así es en su reino. 
 
Las únicas leyes que existen son aquellas que has creado para que sean 
efectivas en tu vida. Si tú eliges creer que hay bondad y maldad, entonces, 
esa es tu verdad, y no estás equivocado en absoluto. Pero recuerda, esa es 
tu verdad, no la mía ni la de ningún otro. Y, si verdaderamente es tuya, 
colectivamente te pertenece porque se ha formado en tu opinión. Y mientras 
tengas esa opinión, será ciertamente real. Cuando dejes de creerla, entonces 
dejará de ser realidad. Es así de simple. 
 
Ahora, maestro, dime lo que tú crees que es la maldad. ¿Cuál es tu 
entendimiento de «lo malo»? 
 
Estudiante: Bueno, yo diría que es lo opuesto a lo bueno. Pero 
principalmente pienso que la maldad es hacer daño a otra persona. 
 
Ramtha: ¿De verdad? ¿Por qué es eso malvado? 
 
Estudiante: Bueno, por ejemplo, si alguien hiciera daño a mi hija, eso sería 
malo porque quizás ella podría morir. 
 
Ramtha: Así es como tú juzgas la maldad. Pero ¿qué hay de malo en morir? 
 
Estudiante: Entonces, ¿tú ni siquiera piensas que matar a alguien sea algo 
perverso?  
 
Ramtha: Así es. Porque yo no me he limitado a mí mismo creyendo en el final 
de ninguna cosa, porque nunca se destruye nada. Nunca. Si una entidad muere, 
¿cuál es la pérdida en la muerte? 
 
El Padre, en su Ser y en su eternidad de vida continua, no ha creado ninguna 
cosa por encima de sí mismo capaz de perturbar la garantía de la existencia. 
Lo que el Padre ha creado, maestro, nada lo puede abatir y vivirá 
eternamente. Por eso tu hija no sería destruida, porque no hay nada que 
pueda destruir la vida de Dios. 
 
Estudiante: Entonces, tú estás diciendo que ni siquiera el asesinato es algo 
perverso o equivocado. 
 
Ramtha: Exactamente. Yo te digo, maestro: la vida es siempre continua; 
seguirá y seguirá y seguirá. 
 
Y cada momento que nos expresamos sobre la plataforma de la vida, tenemos 
ilimitadas oportunidades de satisfacer nuestra felicidad en cada instante de 
vida. Pero sea como sea que uno elija satisfacer sus momentos, esto será 
siempre de acuerdo con su propia voluntad y su deseo, y con lo que él 
perciba como bueno para su ser. Y si en cierto momento una entidad elige 
matar a otra, en el próximo momento se sentirá terriblemente culpable, se 
juzgará a sí misma, y vivirá con el miedo de que de alguna manera aquel acto 
vuelva hacia él. Así, sus momentos futuros no son seguros a menos que se 
perdone a sí mismo por ese acto. 
 
Muchos se horrorizarán, juzgarán y maldecirán al asesino. Pero yo ame a la 
entidad que ha matado a la otra. ¿Cómo podría no hacerlo? ¿Acaso está él 
fuera de la providencia, la vida y la maravilla que Dios es? No maestro, no 
lo está.  
 
La víctima volverá una y otra vez, pues la vida es perpetua, es continua. 
 
Es lo único que es perpetuo, y a la vez es todas las cosas. Si yo aborrezco 
el acto e impongo mi juicio sobre el asesino, lo estoy imponiendo sobre mí 
mismo. El asesino acaba de crear su propio juicio, ya que estará en manos de 
cualquier actitud que tenga con respecto al acto, la cual tendrá que 
afrontar en su propio reino de pensamiento y emoción en los momentos que 
seguirán.  
 
Yo no aborrezco el acto, lo he razonado. Lo he entendido. Estoy por encima 
de él. Si yo juzgara al asesino por este acto, te aseguro que eso no me 
enaltecería, y mi vida se vería entonces afectada por ese juicio. Pues el Yo 
Soy que yo soy habría tomado una parte de sí mismo y se habría separado de 
mi ser. Entonces yo dejaría de ser la totalidad. ¿Ves? 
 
Cuando veas tales acontecimientos, ten en cuenta que son culminaciones. En 
cada momento tenemos la opción de llegar a una culminación en nosotros 
mismos, conducidos por un impulso o una iluminación. Esa es nuestra 
elección. He ahí la única república que posee el hombre, la república de las 
profundidades de sí mismo. Vuestros gobiernos tratarán de gobernar a las 
masas de acuerdo con las leyes, las normas y las reglas. Pero nunca podrán 
gobernar la voluntad de una entidad que trabaja en el silencio de sus 
propios procesos de pensamiento; sólo la entidad lo puede hacer. Y cada 
instante que viva, equilibrará el momento de acuerdo con su propio ser 
emocional.  
 
Yo os digo que en esta audiencia no hay mayor maestro que vosotros mismos, y 
que cada uno es totalmente responsable de las decisiones que ha tomado en su 
propia vida. Porque, ¿no somos nosotros quienes hacemos todas las cosas en 
el pensamiento? ¿Y no es la manifestación de todo eso lo que nos enseñará a 
refinar más nuestros pensamientos? 
 
Tú puedes tomar a un hombre y encerrarlo en la prisión más pequeña, oscura y 
asquerosa que exista, pero nunca podrás encarcelar su mente y su 
Pensamiento. Un hombre, incluso con el cuerpo reprimido, aún es activo en su 
pensamiento; y él, por medio del pensamiento contemplativo, razonará consigo 
mismo, se enseñará y se juzgará a sí mismo. 
 
Yo no reconozco el bien y el mal, sólo la vida. Si ella empuja a una entidad 
a matar a otra, o a hacerlo en lo más profundo de su alma por el mero hecho 
de pensar en ello —una cosa no es mejor que la otra, pues lo que tú hagas en 
tus pensamientos lo estás haciendo en la realidad, y no hay ninguna entidad 
que no haya acuchillado a otra en sus pensamientos— esa entidad, cualquier 
caso, necesita expresar eso para su entendimiento intencional. Y deseo que 
entiendas que aquel que participa con el asesino en su expresión, no es la 
víctima del asesino, porque él ha contemplado la posibilidad de ser quemado, 
despedazado o dañado. Y como él lo ha contemplado y ha sentido miedo, lo ha 
atraído justo hasta su puerta. Por lo tanto, el que necesita dañar y el que 
necesita ser dañado —porque necesita ese entendimiento— se atraen mutuamente 
para adquirir la experiencia. 
 
En el entendimiento llamado Dios, nada es perverso. Cada cosa es una 
experiencia que proporciona sabiduría. Esa es mi respuesta para ti. Y cuando 
el hombre deje de ser condenado por sus hermanos y se dé cuenta de que no es 
malvado en su ser, sino que es Dios en su ser, y entienda que es totalmente 
amado y apoyado por la fuerza vital llamada Dios, nunca más necesitará 
expresar la guerra, el asesinato o la violación, u otros actos semejantes 
para entender su mérito y su valor. Y cuando el hombre se libere a sí mismo 
de esta conciencia restrictiva, con sus leyes, planes y normas, encontrará 
la alegría y la paz de ser que le permitirá amarse a sí mismo y a toda la 
humanidad, y permitirá que todo exista en la libertad de sus propios y 
deliberados designios. Entonces amará como Dios ama. Entonces será como Dios 
es: la plataforma que alimenta y mantiene toda la vida. Que así sea. 
 
* * *  
 
Estudiante: Hay dos personas que han llegado a mi vida recientemente, y me 
gustaría saber cuál es el propósito de que estén ahí, y si hemos estado 
juntos anteriormente en otras vidas. 
 
Ramtha: La razón por la que ellos están en tu vida, entidad, es porque tú 
quieres que estén ahí, y ellos quieren estar ahí. ¿Qué mayor propósito puede 
haber?  
 
Estudiante: Pero yo no estoy seguro de si quiero que estén en mi vida. Yo 
pensaba que quizás están ahí por causa de algún vínculo kármico, y que hay 
algo que debemos aprender sobre nosotros mismos. 
 
Ramtha: Sabes, maestro, si una relación es de alguna manera carente, 
romanticismo de quizás haber estado juntos anteriormente en vidas pasadas a 
menudo la hace más interesante de lo que en realidad es. Pero un vínculo 
kármico, como se lo llama, es sólo la explicación religiosa de una palabra 
llamada «necesidad». Tú necesitarás, disfrutarás y querrás estar con mucha 
gente a lo largo de tus vidas, que son continuas. Pero se convertiría en 
algo mundano, muy pesado y aburrido, si los mismos amigos estuvieran ahí, 
 
vida tras vida tras vida. Si ellos están ahí ahora, maestro, quizás la única 
lección que se puede asociar con ello es que os habéis vuelto a encontrar 
sólo para daros cuenta de que debéis separaros otra vez. 
 
Estudiante: Muy bien, creo que he entendido lo que estás diciendo, pero 
tengo otra pregunta acerca del karma. Me han enseñado que la razón por la 
que ciertas cosas suceden a la gente —tales como asesinatos, robos o 
accidentes— es porque son culminaciones kármicas para nivelar algo que 
hicieron en una vida pasada. Me gustaría saber qué tienes tú que decir sobre 
las leyes del karma. 
 
Ramtha: Para que tú lo sepas y todos lo entendáis: lo que vosotros llamáis 
«karma» no es la ley de Dios; es la ley de aquellos que creen en ello. 
Desafortunadamente, hay multitudes que creen en esta doctrina, y están 
luchando arduamente para alcanzar un entendimiento ilusorio llamado 
perfección. Y ellos creen que, sea lo que sea que hayan hecho en la vida, 
deberán volver y pagar por ello en la próxima. Todo cuanto les ocurre lo 
atribuyen continuamente a la culminación kármica. Pero esa es una 
explicación muy pobre de la vida, maestro, ella se merece mucho más que eso. 
 
Las leyes del karma son, de hecho, una realidad, pero sólo para quienes 
creen en ellas. Las únicas leyes que existen son aquellas que tú permites 
que sean efectivas en tu reino. El auténtico dador de las leyes es cada 
entidad soberana, pues cada persona posee un ego que acepta la verdad; y 
todo aquello que él llame verdad, cualquier cosa que cree como ley dentro de 
su ser, así será. Por eso, mediante las creencias y el entendimiento 
alterado, muchas personas han determinado para sí mismas las leyes del 
equilibrio y la perfección. 
 
Si tú eliges creer en el karma, ciertamente estarás en manos de tu propia 
creación por haberle dado poder a esa creencia. Y por supuesto, será 
efectiva en tu vida. Entonces, ciertamente volverás una y otra vez para 
anular o glorificar lo que hiciste en una vida anterior sobre este plano. 
 
Yo no reconozco el karma o la perfección, ya que las veo como limitaciones, 
no como gratificaciones. Aquellos que están luchando por la perfección a 
través de las restricciones del karma, nunca alcanzarán aquello por lo que 
luchan. Pues mientras están culminando un karma, estarán creando otro, no 
importa cuántas vidas vivan, ellos nunca alcanzarán un estado de Ser, un 
estado de Dios, ya que estarán continuamente inmersos en el estado de deber 
y no en el de recibir. Y no existe tal cosa como la perfección; sólo existe 
el Ser. En el Ser de la vida todas las cosas cambian y evolucionan cada 
momento, por eso, nunca podrá establecerse un estado de perfección. 
 
Yo sólo reconozco el Ser, el cual carece totalmente de las leyes e ideales 
que impiden la transformación del Yo, Dios. En el entendimiento del Ser, no 
hay nada que debas hacer en la vida, excepto lo que tú quieras hacer. Si 
quieres aceptar las enseñanzas del karma, entonces, esa es tu elección y tu 
creación para tu propia experiencia. Pero date cuenta, maestro, de que tú 
has creado para ti mismo las ilusiones del poder limitado y el castigo. Ese 
es tu destino por haber aceptado lo que llamas karma, ser prisionero de tu 
propio pensamiento limitado. 
 
Tú eres un alma y un espíritu libre, maestro. Eres libre de crear y 
experimentar al momento cualquier verdad, cualquier realidad, cualquier 
ilusión que elijas; y en cualquier momento que lo desees puedes recrear ese 
sueño, porque tienes el poder ilimitado de hacerlo. 
 
El karma no existe, el deseo sí. Y el deseo es muy voluble, puede hacer y 
ser cualquier cosa en cualquier momento que lo desee, y puede cambiar de 
opinión a mitad del proceso. 
 
Cosas como el asesinato, los accidentes y los robos no son castigos, 
maestro; no son «liquidaciones» por algo que hiciste anteriormente. Tú los 
has creado como resultado de pensamientos y experiencias que has 
contemplado. Tampoco son circunstancias eternas. Así, en un mayor 
entendimiento, no son cosas terribles; retrospectivamente, son grandes 
maestros.  
 
Tú podrías ver la matanza de diez mil inocentes y decir: «¡Oh, qué 
desgracia! ¿Por qué no lloran los ángeles por esta atrocidad? ¿Por qué 
cantan a la gloria de Dios?» Porque no se han limitado creyendo que la vida 
acaba. Saben que aquellos que son sacrificados inmediatamente alcanzan el 
«cielo», como lo llamáis vosotros, para un mayor aprendizaje y más 
experiencias, lo que yo llamo aventuras. Y aunque tú entierres diez mil 
cuerpos y llores por ellos, Dios nunca llora. Por eso siempre amanece cada 
mañana.  
 
¿Quién supones que crea tu destino? Muchos creen que es algún soberano que 
manipula a todos y por cuya causa ocurren todas las cosas, ya que eso quita 
de sus espaldas la responsabilidad de sus propias vidas. Pero eres tú quien 
controla tu propio destino. Tú eres el creador de cada momento de vida 
gracias a lo que piensas y sientes en este momento. La única cosa que debes 
aprender es que este momento, este ahora, es verdaderamente continuo y 
perpetuo. Y en la continuidad del Ahora, cada momento es nuevo, 
completamente nuevo, maestro. No es el cautivo del ayer; es el Ahora que tú 
creaste para que tu sueño del mañana se convirtiera en realidad. Por eso, 
eres libre de hacer cualquier cosa que desees en este momento. Ese es el 
amor del Padre por ti: la libertad y el poder que te ha dado para crear cada 
momento de nuevo.  
 
Nadie está gobernado por el pasado. Nunca tienes que pagar por lo que 
hiciste hace un momento o hace un milenio. En el momento mismo que lo 
hiciste, ganaste conocimiento y te diste cuenta del bien y de la utilidad de 
haberlo hecho.  
 
El pasado es simplemente un momento del ahora que fue experimentado y ya no 
existe. El único peso que tiene sobre el presente es que tú ya aprendiste 
todo lo que podías aprender de él. Así, te ha provisto de la sabiduría para 
crear este momento con el máximo de tu capacidad, de acuerdo con tus propios 
e íntimos procesos de pensamiento y tus planes determinados. 
 
El pasado está acabado, maestro; ya no existe. El pasado vive dentro de ti 
en este ahora sólo como sabiduría. Eso es lo que él ha ganado para ti. Por 
eso, en este momento, eres lo más grande que hayas sido nunca en todas tus 
vidas. Porque en este ahora has progresado más hacia el conocimiento que en 
el ahora de ayer. En este momento eres la acumulación total de todo tu 
conocimiento, el conocimiento adquirido a través de la experiencia y la 
experiencia obtenida a través de la virtud llamada vida. Y cada momento que 
te expresas estás creando otra vez una nueva aventura hacia la emoción y las 
perlas de la experiencia llamadas sabiduría. 
 
Sólo existe el Ser de este Ahora, maestro. Lo único que importa es el ahora. 
Tú eres producto del ahora. Tu vida es vivida en el ahora. Tu futuro se crea 
en el ahora. Vivir verdaderamente como el Ser en este ahora es vivir sin 
leyes ni reglas ni regulaciones que impiden la expresión y la expansión del 
Yo. Cuando tú vives como el Ser, la única cosa que realmente importa es el 
ahora. No el pasado ni el futuro, sino el ahora, porque es ahí precisamente 
donde vive Dios.  
 
Cuando te des cuenta de que el ahora es todo lo que siempre ha existido, 
inevitablemente elegirás vivir tu vida de tal manera que en cada momento 
vivirás la aventura que los sentimientos de tu alma te urjan a realizar, y 
experimentarás todo aquello que nunca hayas experimentado para extenderte 
hacia una sabiduría incluso mayor. 
 
No has vuelto a este plano para enmendar ciertas cosas, las que ni siquiera 
puedes recordar, o para hacer otras que se supone debes hacer y que nadie 
podría decirte nunca cuáles son. Y encima te dicen que te esfuerces por 
conseguir la perfección. ¿Cómo puedes conseguir algo si estás en continua 
confusión?  
 
Has vuelto aquí totalmente por tu elección y a través del cuerpo que 
elegiste. A partir del óvulo de tu madre y del esperma de tu padre creaste 
tu cuerpo con el propósito de expresarte en este plano de ilusión creativa. 
No has vuelto para saldar algo que hiciste anteriormente, sino más bien 
porque querías evolucionar a través de la masa y completarte en las 
emociones que se ganan al experimentar este plano. 
 
Estás aquí para aprender que donde quiera que estés, estás ahí por la única 
razón de que quieres estar ahí; es tu voluntad estar ahí. Estás aquí para 
conciliar la sabiduría y aplicarla dentro de la plataforma de la vida. Estás 
aquí en esta vida —y en cuantas más otras vidas desees estar aquí— para 
representar esta ilusión y experimentar todo lo que tu alma necesite para 
poder realizarse en la sabiduría. Y cuando hayas obtenido el rico vapor de 
la emoción de tus experiencias sobre este plano, ya nunca más necesitarás o 
desearás volver aquí. Y sólo tú determinas cuándo has acabado aquí, nadie 
más. Estás aquí, maestro, para convertirte en Dios. Y para eso, debes quitar 
de tu ser toda ley, toda creencia dogmática, toda práctica ritualista, y ser 
ilimitado en tus procesos de pensamiento. Si deseas libertad de expresión 
ilimitada, un cuerpo que nunca muera, y la paz y la alegría de ser, sabe que 
la vida que estás viviendo es completamente ilimitada. Cuando sepas eso, en 
eso te convertirás; porque cualquier cosa que desees y cualquier cosa que 
conozcas como verdad en tu ser, así será. Esta es la única ley que necesitas 
aceptar dentro de tu reino. 
 
Sabe que nunca tendrás que pagar por lo que hayas pensado o hecho en esta 
vida o en otra, siempre y cuando te perdones por ello. El perdón de uno 
mismo es el acto divino que remueve de tu alma la culpabilidad y el juicio 
del Yo que limitan la expresión del Dios que eres. Sabe que cuando te haya 
perdonado a ti mismo, esta vida y las que van a venir serán simplemente para 
experimentar ser una parte del Ahora que es el futuro de todo lo que es. 
Sabe que eres eterno, que nunca has fracasado, y que el único error q has 
cometido es creer que has errado. 
 
Ámate a ti mismo, maestro. Y escucha lo que te dice el Yo, lo que necesita 
sentir, y entonces entrégate a ello de corazón hasta que te aburras. 
 
El aburrimiento es una señal de tu alma de que has aprendido todo lo que 
había que aprender de una experiencia y de que es hora de pasar a otra 
aventura. Cuando escuchas solamente a los sentimientos que hay dentro de ti, 
entonces eres libre de convertirte al momento en cualquier cosa que desees 
convertirte. Y sabe que nunca debes someterte a ninguna ley, ninguna 
enseñanza o ninguna entidad. El Ahora y los sentimientos que obtengas de él, 
es todo lo que realmente importa. 
 
No tengas leyes, maestro. Lo cual no equivale a ser imprudente. Sólo quiere 
decir que el verdugo va a quitar la soga de tu cuello y te va a dejar 
respirar. Cuando te apartas de las leyes del dogma y las creencias 
limitadas, entonces te estás permitiendo ser la libertad y lo ilimitado que 
Dios es. Entonces puedes ser simplemente el poder que eres de crear y 
regenerarte a ti mismo y a la vida. Entonces la razón por la cual estás aquí 
no es la de compensar a alguien por cualquier cosa que le hayas hecho, sino 
más bien porque quieres vivir. Y esa aventura se despliega momento a 
momento. Vive y sé feliz. Eso es lo único que el Padre te pide que hagas. 
 
 
"La divinidad que esta en mi corazón, en su infinita sabiduría guia todo lo 
que pienso, siento, hago y digo en este día" 
 
 
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