Inicio > Mis eListas > redluz > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 2281 al 2310 
AsuntoAutor
(Cumbre de Tunez) Programa
Entrad Programa
Solitari@ en el ca Programa
El pecado no es mo Programa
Guerra por el agua Programa
El Espacio y el Ti Programa
el panal / Orden S Programa
El Amor, La Sexual Programa
El Evangelio del B Programa
La Antigua y Misti Programa
La via de la reali Programa
sincronarios mexic Programa
Observar Sin Juzga Programa
El terremoto en Ca Programa
La Belleza Unica / Programa
Meditacion Planeta Programa
Herencia Floral Me Programa
Espiritualidad y S Programa
Eclipse of the Hun Programa
Akshmil: el enfoqu Programa
Mensaje del Arcáng Programa
El Grupo de Kryon: Programa
Hoy, eclipse de lu Programa
Valores que curan: Programa
Gripe aviar, fabri Programa
Universidad de la Programa
Confianza espiritu Programa
Cuarto Encuentro d Programa
Federacion Galacti Programa
Por que os falta c Programa
 << 30 ant. | 30 sig. >>
 
Red Iberoamericana de Luz
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 2343     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[RedLuz] La via de la realizacion segun el Buddha
Fecha:Jueves, 13 de Octubre, 2005  12:09:43 (-0500)
Autor:Programa Interredes <redanahuak @...............mx>

From: Pablo <kristalrune@...> 
Date: Thu, 13 Oct 2005 02:43:52 -0300 (ART) 
To: Askasis <askasis@...> 
Subject: [askasis] la vía de la realización según el buddha 
 
 
 
Hola Amigos, acá les mando otro artículo del "Grupo de Ur" que coordinaba 
Julius Evola, quien muy probablemente sea quien escribió la introducción, 
aunque lo importante aqui es el texto de los libros canónicos del budismo 
que se transcriben Solo quisiera agregar que si a alguien le gusta lo que 
lee, pues que se lo imprima y lo PRACTIQUE de nada sirve el conocimiento 
teorico del budismo, a no ser que le interese la estupidez del pavo 
mostrando sus plumas... pero esta simple guia para la practica puede ser de 
Muchísmo provecho para quien la quiera asimilar 
Salud 
Kristalrune 
  
 
 
 
LA VÍA DE LA REALIZACIÓN SEGÚN EL BUDDHA 
 
Introducción  
 
Ordenaremos aquí, siguiendo principalmente la traducción de De 
Lorenzo-Neumann (ed. Laterza), algunos pasajes característicos de un texto 
del antiguo canon budista, el Majhina-nikâjo, relativos a las disciplinas 
que apuntan a la realización del nirvana. Esperamos no tener necesidad de 
resaltar que el nirvâna no es la «nada», la aniquilación, sino uno de los 
nombres para el estado incondicionado, el cual, siguiendo el mismo método de 
la «teología negativa» occidental, es esencialmente indicado por el budismo 
en función de aquello que no es. Tal como es dicho continuamente en los 
textos, el estado de nirvâna sobreviene cuando son removidas la «manía», la 
brama y la «ignorancia». El mismo es idéntico al estado de redespertar, y 
«Buddha», como es sabido, no es un nombre, sino un atributo: significa 
justamente «el Despertado». 
 
La adquisición del nirvâna se identifica con la realización de la 
«inmortalidad» en su significado absoluto y metafísico ya indicado. En 
efecto resulta de toda la enseñanza originaria del budismo que una tal 
realiza-ción implica el desapego total, la disolución del vínculo sea 
humano, como divino, sea de este mundo, como de cualquier otro mundo, sea 
del ser como del no-ser, si esto es comprendido como correlativo del ser. Se 
vincula pues a una «sede», para la cual no hay ocaso, ni devenir, ni 
nacimiento, ni muerte. 
 
El budismo originario ha tenido una orientación esencialmente 
ascético-contemplativa. El mismo corresponde a quien no tiene interés sino 
por el estado desapegado de cualquier determinación, libre de cualquier 
condicionamiento. Es en formas sucesivas, y sobre todo en la denomi-nada 
«Vía del diamante y del fulgor» (Vajrayâna) que el budismo llegó a asumir 
también una orientación «mágica», en el sentido particular dado por nosotros 
a este término. Si en el Mhâyâna (el budismo de la escuela del Norte) se 
superaba ya el dualismo entre nirvâna y samsâra, conci-biendo al uno y al 
otro —es decir la existencia pura y la mundana que siempre deviene— como dos 
aspectos de una realidad superior a la una y a a la otra, en el Vajrayâna el 
ideal supremo no es sólo la posesión del estado incondicionado, sino, 
juntamente con éste, de la saktí, de la po-tencia de toda manifestación. 
 
Pero en los pasos que siguen no es cuestión de tales desarrollos. Se trata 
en vez de disciplinas, de actitudes y de primeras realizaciones de un 
desapego, susceptible, en un segundo momento, de ser utilizado sea en la 
dirección «ascética», como en la «mágica», siendo presupuesto por la una 
como por la otra en una vía regular y ordenada. Son pues indicadas: 
 
1) Una faz de propiciación: abrirse a un sentido universal de simpa-tía y de 
no-dualidad con las cosas y los seres. 
 
2) Una disciplina del desapego y de firme, continua, presencia en sí. Se 
trata de aislar y potencializar el acto puro de todo proceso conciente por 
su contenido. En Occidente se ha llamado apercepción a la percep-ción 
activa, particularmente conciente, que sin embargo en la experien-cia común 
posee una parte casi obviable (percepción pasiva); es en vez en los procesos 
de pensamiento profundo, de imaginación creadora, etc., que ella posee un 
papel esencial. En el método budista se trata sobre todo de reforzar en 
cualquier experiencia o acto esta conciencia. Es éste el medio para aislar, 
finalmente, un elemento libre de todos los otros elementos de la vida y de 
la conciencia que se encuentran sometidos a la ley de contin-gencia y de 
mutabilidad del samsâra. Al existir ya en la experiencia común este 
elemento-base para la nueva conciencia, la apercepción, la vía ini-ciada es 
tal que, en materia de principio, quien tenga la constancia pue-de recorrer 
un buen trecho con los propios medios. 
 
3) Le siguen manifestaciones de poderes, de fuerzas trascendentes de la 
personalidad, denominadas «redespertares», unidas a una extinción gradual 
del elemento deseo, es decir del elemento pasivo y de «ignorancia» en cada 
percepción.  
 
4) En fin, son dadas las cuatro grandes contemplaciones (jhâna), las 
resoluciones, interiorizaciones y simplificaciones graduales de la 
especificación de la experiencia pura, que culminan en la Gran Liberación o 
nirvana.  
 
Se notará el estilo de las repeticiones, común a todo el antiguo canon 
budista. Tales repeticiones son intencionales, tienden, según lo que se ha 
dicho en el cap. I a conducir de la simple lectura hacia un cierto grado de 
ritmización de las enseñanzas. 
 
                                        [N.deUr] 
 
 
I  
 
En lo interior de una selva, o bajo un gran árbol, o en un lugar solitario, 
el discípulo se sienta con las piernas cruzadas y el cuerpo erecto. 
 
Permaneciendo con ánimo amoroso él irradia hacia una dirección, luego hacia 
una segunda, luego hacia la tercera, luego hacia la cuarta, así como también 
hacia lo alto y hacia lo bajo. Reconociéndose en todo por doquier, él 
irradia al mundo entero con ánimo amoroso, con vasto, profundo e infinito 
ánimo, libre de odio y de rencor. 
 
Con ánimo compasivo —con ánimo feliz—permaneciendo con ánimo inmóvil, él 
irradia hacia una dirección, luego hacia una segunda, luego hacia la 
tercera, luego hacia la cuarta, así también como hacia lo alto y hacia lo 
bajo. Reconociéndose en todo por doquier, él irradia a todo el mundo con 
ánimo compasivo, con vasto, profundo e ilimitado ánimo, libre de odio y de 
rencor.  
 
«Así es» —él comprende— «Está el noble y el vulgar, y hay una li-bertad, más 
alta de esta percepción de los sentidos». 
 
  
 
II  
 
El discípulo vigila cerca del cuerpo sobre el cuerpo, incansable, con clara 
conciencia, sensible, tras haber superado las bramas y los intereses por el 
mundo. Conciente él aspira, conciente el expira. Si aspira profun-damente, 
él sabe: «Aspiro profundamente»; si aspira brevemente él sabe: «Aspiro 
brevemente». «Quiero aspirar sintiendo todo el cuerpo»: así él se ejercita. 
«Quiero expirar sintiendo todo el cuerpo»; así él se ejercita. «Quiero 
aspirar calmando esta combinación del cuerpo», «Quiero expirar calmando esta 
combinación del cuerpo»: así él se ejercita. Así, casi como un hábil tornero 
al tirar fuertemente, él sabe: «Yo tiro fuertemente», tirando lentamente él 
sabe: «Yo tiro lentamente», de la misma manera el discípulo es conciente de 
la aspiración larga o corta como de una aspiración larga o corta, de la 
expiración larga o corta como de una expiración larga o corta. 
 
Así él vigila dentro del cuerpo interior sobre el cuerpo, así él vigila 
dentro del cuerpo exterior sobre el cuerpo, de adentro y de afuera él vigila 
dentro del cuerpo sobre el cuerpo. Observa cómo el cuerpo se forma, cómo el 
cuerpo se traspasa, observa cómo el cuerpo se forma y traspasa. «He aquí el 
cuerpo»; este conocimiento se convierte en su sostén puesto que el mismo 
sirve al saber, al autoconocimiento. El permanece independiente, no 
bra-mando nada del mundo. Así él vigila al cuerpo dentro del cuerpo. 
 
Y además: el discípulo cuando camina sabe: «Yo camino», cuando está sabe: 
«Yo estoy»; cuando se sienta sabe: «Yo estoy sentado»; cuando yace sabe: «Yo 
yazco». Cualquiera sea la postura en la cual se encuentre su cuerpo, de la 
misma él es conciente. 
 
Con clara conciencia él viene y va, con clara conciencia mira y reti-ra la 
mirada, con clara conciencia se inclina y se levanta, con clara conciencia 
lleva una vestimenta y una copa, con clara conciencia come y bebe, mastica y 
gusta, con clara conciencia se vacía de heces y de orina, con clara 
con-ciencia camina y permanece de pie y se sienta, se duerme y se 
despier-ta, habla y calla. 
 
Así él vigila dentro del cuerpo interior sobre el cuerpo, así él vigila 
dentro del cuerpo exterior sobre el cuerpo, de adentro y de afuera él vigila 
dentro del cuerpo sobre el cuerpo. Observa cómo el cuerpo se forma, cómo el 
cuerpo se traspone, observa cómo el cuerpo se forma y se transpone, observa 
cómo el cuerpo se forma y se transpone. «He aquí el cuerpo». Este 
cono-cimiento se convierte en su sostén, puesto que el mismo sirve al saber, 
a la autoconciencia. Permanece independiente, no bramando nada del mundo, 
Así vigila el discípulo dentro del cuerpo sobre el cuerpo. 
 
Y vigila el discípulo dentro de las sensaciones sobre la sensación. El sabe 
cuando prueba una sensación placentera: 
 
«Yo pruebo una sensación placentera»; sabe, cuando prueba una sen-sación 
dolorosa: «Yo pruebo una sensación dolorosa»; sabe, cuando prueba una 
sensación que no es ni placentera ni dolorosa: «Yo pruebo una sen-sación que 
no es ni placentera ni dolorosa». 
 
Vigila dentro del ánimo sobre el ánimo: conoce el discípulo el ánimo con 
brama como con brama y el ánimo sin brama como sin brama, el ánimo hastiado 
como ánimo hastiado y el ánimo no hastiado como ánimo no hastiado, el ánimo 
ilusionado como ánimo ilusionado y el ánimo sin ilusión como sin ilusión, y 
el ánimo recogido y el ánimo distraído, el ánimo que tiende hacia lo alto y 
el ánimo de bajo sentir, el ánimo noble y el ánimo vulgar, el ánimo calmo y 
el ánimo inquieto, el ánimo redimido y el áni-mo vinculado, todo ello tal 
cual es, él, en tanto que con conciencia cla-ra, él lo conoce. 
 
«En mí hay brama». «En mí no hay brama»; él observa cuando la brama comienza 
a desarrollarse, observa cuando, convertida en manifiesta, ella es renegada, 
observa cuando la brama que reniega de lo que vendrá no vuelve a resurgir. 
«En mí no hay aversión». «En mí no hay acidia». «En mí no hay soberbia». «En 
mí hay duda». «En mí no hay duda»: él observa cuando estos cinco 
impedimentos comienzan a desarrollarse, observa cuando, convertidos en 
manifiestos, son renegados, observa cuándo estos cinco renegados 
impedimentos en el futuro no vuelven más a resurgir. 
 
«He aquí la sensación». «He aquí el ánimo». «He aquí los impedimentos»; 
estos conocimientos se convierten en sus sostenes, puesto que ellos sir-ven 
al saber, a la autoconciencia. E1 permanece, independiente, no bra-mando 
nada en el mundo. Así vigila el discípulo dentro de las sensaciones sobre la 
sensación, dentro del ánimo sobre el ánimo, dentro de los cinco 
impedimentos, en lo interno y en lo externo. Observa cómo se forman, cómo se 
sobrepasan, observa cómo se forman y sobrepasan. 
 
  
 
III  
 
Y además también el discípulo vigila dentro de los fenómenos sobre la 
manifestación de los siete redespertares. Cuando el saber en él está 
despierto, sabe: «En mí el saber está despierto»; él se da cuenta cuando el 
saber justamente se despierta y cuándo el saber, convertido en despierto, 
con el ejercicio completamente se cumple. Del recogimiento -de la fuerza -de 
la serenidad- de la calma- del hundimiento- de la ecuanimidad, él 
igual-mente sabe cuando en él están despiertos, cuando en él están no 
despiertos, cuando, convertidos en despiertos, con el ejercicio 
completamente se cumplen. 
 
Si él ahora distingue con la vista una forma, él no concibe alguna 
inclinación, no concibe algún interés. Puesto que brama y aversión, dañi-nos 
y nocivos pensamientos bien pronto superan a quien permanece con la vista no 
vigilada, él espera esta vigilancia, él mira la vista, él vigila atentamente 
sobre la vista.  
 
Si él ahora oye con el oído un sonido, si él ahora huele con el olfato un 
perfume, si él ahora gusta con el sentido del gusto un sabor, si él ahora 
toca con el tacto un contacto, si él ahora se representa con el pensamiento 
una cosa, si él no concibe alguna inclinación, no concibe algún interés. 
Puesto que brama y aversión, dañinos y nocivos pensamientos muy pronto 
superan a quien permanece con el pensamiento no vigilado, él espera esta 
vigilancia, él mira el pensamiento, él vigila atentamente por sobre el 
pensamiento.  
 
Con el cumplimiento de este santo freno de los sentidos él prueba una íntima 
e inalterada alegría. 
 
Y él alcanza el maravilloso sendero producido por la intensidad, por la 
constancia y por el recogimiento de la voluntad, el maravilloso sendero 
producido por la intensidad, por la constancia y por el recogimiento de la 
fuerza, el maravilloso sendero producido por la intensidad, por la 
constancia y por el recogimiento del ánimo, el maravilloso sendero producido 
por la intensidad, por la constancia y por el recogimiento del examen, y, en 
quinto lugar, por el espíritu de héroe. Y este discípulo convertido así 
quince veces en heroico, es capaz de la liberación, es capaz del 
redespertar, es capaz de conseguir la incomparable seguridad. 
 
  
 
IV  
 
Bien alejado de bramas, bien alejado de cosas no saludables, en actitud 
sensible, pensante, nacida de una paz, beata serenidad, el discípu-lo 
alcanza el grado de la primera contemplación. 
 
Tras el cumplimiento del sentir y del pensar, el discípulo alcanza la plena 
calma serena, la unidad del ánimo, liberada de sentir y de pensar, la beata 
serenidad nacida del recogimiento, el grado de la segunda contemplación. 
 
Permaneciendo en serena paz, ecuánime, sabio, con conciencia clara, el 
discípulo prueba en el cuerpo aquella felicidad de la cual los Ariya1 
afirman: «El ecuánime sabio vive feliz»; así él alcanza el grado de la 
tercera contemplación. 
 
Tras el rechazo de las alegrías y de los dolores, tras la aniquilación del 
júbilo y de las tristezas anteriores, el discípulo alcanza la no triste, no 
alegre, ecuánime, sabia y perfecta pureza, el grado de la cuarta 
contemplación.  
 
Con tal ánimo firme, purificado, terso, esclarecido de escorias, maleable, 
dúctil, compacto, incorruptible, él entonces endereza el ánimo a la 
memoriosa cognición de anteriores formas de existencia: de una vida, luego 
de dos, de tres, de cuatro, de cinco vidas; de diez, de veinte, de treinta, 
de cuarenta, de cincuenta, de cien vidas, de mil, de cien mil, de épocas 
duran-te las formaciones de mundos, transformaciones de mundos, formacio-nes 
y transformaciones de mundos. «Allá era yo, tenía aquel nombre, pertenecía a 
aquella familia, aquel era mi estado, aquel mi oficio; tal bien y tal mal yo 
probé, así fue el fin de mi vida; atravesado desde allá entré yo de nuevo en 
la existencia». Así él se acuerda de muchas y diferentes anteriores formas 
de existencia, cada una con sus propias características, cada una con sus 
especiales relaciones2. Esta ciencia en las primeras horas de la noche él 
conquista en primer lugar, disipando la ignorancia, adquiriendo el 
conocimiento, disipando la tiniebla, adquiriendo la luz, mientras así, en 
serio, solícito y ferviente esfuerzo, él permanece. 
 
Con tal ánimo firme, purificado, terso, simplificado, esclarecido de 
escorias, maleable, dúctil, compacto, incorruptible, él endereza el ánimo 
hacia el conocimiento del aparecerse y desaparecerse de los seres. Con el 
ojo celeste, esclarecido, supraterreno, él ve a los seres desaparecer y 
reaparecer, vulgares y nobles, bellos y no bellos, felices e infelices, él 
reconoce cómo los seres reaparecen siempre según las acciones. Esta ciencia 
en las medias horas de la noche él conquista en segundo lugar, disipan-do la 
ignorancia, adquiriendo el conocimiento, disipando la tiniebla, adquiriendo 
al luz, mientras así en serio, solícito y ferviente esfuerzo permanece. 
 
Y además todavía: con completa superación de las percepciones de forma, 
aniquilación de las percepciones reflejas, rechazo de las percepciones 
múltiples, realizando el discípulo el pensamiento: «Ilimitado es el 
espacio», se activa en el reino del espacio ilimitado. 
 
Tras la completa superación de la ilimitada esfera del espacio, el discípulo 
realizando el pensamiento: «Ilimitada es la conciencia», se activa en el 
reino de la conciencia ilimitada. 
 
Tras la completa superación de la ilimitada esfera de la conciencia, el 
discípulo realizando el pensamiento: «Nada existe», se activa en el rei-no 
del no-ente.  
 
Tras la completa superación de la esfera del no-ente, el discípulo se activa 
en el límite de las posibilidades de percepción. 
 
Tras la completa superación del límite de las posibilidades de percepción, 
el discípulo alcanza la disolución de la perceptibilidad, y la manía del 
sabio vidente es destruida. Este ha enceguecido la naturaleza, ha destruido 
su mirada, ha desvanecido la malignidad, ha huido a la red del mundo. El va 
seguro, él está seguro, él se sienta seguro, yace seguro: en posesión de una 
interior, inviolable vacancia, él permanece afuera del dominio del daño. 
 
Puede operar mágicamente en diferentes maneras: siendo uno se convierte en 
múltiple, siendo múltiple se convierte en uno, y así sucesivamente, teniendo 
siempre el cuerpo en su poder hasta en los mundos de Brahmâ. Con el oído 
celeste, esclarecido, sobrehumano, él capta las dos especies de sonidos: los 
divinos y los humanos, lo lejanos y los cercanos. Casi como un hombre fuerte 
repliega su brazo distendido o distiende su brazo ple-gado, así también él 
aparece y desaparece donde quiere. 
 
El ánimo del discípulo está ahora redimido de la manía del deseo, redimido 
de la manía de la existencia, redimido de la manía del error. «En el 
liberado se encuentra la liberación», este saber surge: «Exhausta es la 
vida, cumplida la vida divina, operada la obra, no existe más este mun-do», 
él comprende entonces. 
 
Esta es así llamada la horma del Cumplido, es llamada la patada del 
Cumplido, es llamada la pisada del Cumplido, del Santo, del Perfecto 
Despertado, el Probado de sabiduría y de vida, el Bienvenido, el Cono-cedor 
del mundo, el incomparable Conductor del animal humano, el Maestro de los 
dioses y de los hombres, el Despertado, el Sublime3. 
 
  
----------- 
  
 
1 En los textos del budismo antiguo aparece siempre el término ariya 
(sánscrito: aryâ), es decir "ario", "ariano". Es un eco de la antigua 
concepción, según la cual un tal término designaba no sólo a una casta y a 
una raza del cuerpo, sino sobre todo a una raza y a una superioridad del 
espíritu. En los textos budistas antiguos son de-nominados ariya los Buddha 
y sus discípulos.  
 
  
 
2 Se trata aquí de la consecución de la «conciencia samsârica» que sigue a 
la remoción del límite individual, operada por la anterior contemplación 
cuatripartita, No es para nada una referencia a la «reencarnación». El 
número hiperbólico de las vidas sirve al solo efecto de dar una mayor 
sugestión al conjunto. 
 
  
 
3 La ascesis budista, en todas sus partes ha sido objeto de una exposición 
sistemática por J. Evola, La dottrina del risveglio, Milán, 1965. Acerca de 
los desarrollos tántricos del budismo véase del mismo autor: Lo yoga della 
potenza, Roma, 1969. (Hay trad. castellana). 
 
 
 
 
--------------------------------------- 
GRACIAS por difundir nuestra lista entre tus contactos. 
Si aún no tienes el TESTAMENTO DE TODOS LOS TIEMPOS, visita www.askasis.com 
Para obtener ayuda, visita http://www.eListas.net/lista/askasis 
 
---------------------------------------- 
 
-~--------------------------------------------------------------------~-
 
-~--------------------------------------------------------------------~-
         Compra o vende de manera diferente en www.egrupos.net