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Asunto:[RedLuz] Los mitos de la Biblia
Fecha:Miercoles, 14 de Junio, 2006  20:25:16 (-0500)
Autor:Ricardo Ocampo <redluz @...............mx>

Historia ignorada  
LOS MITOS DE LA BIBLIA 
 
 
Si pedimos a cualquier católico que nos diga el nombre de la fruta que Eva 
ofreció a Adán, con total seguridad nos dirá que fue una manzana. Así lo 
asegura la tradición popular, y así han representado la escena del pecado 
original infinidad de artistas a lo largo de la Historia. 
 
 
Sin embargo, a pesar de que todos identificamos la esta fruta con la idea de 
pecado, lo cierto es que la Biblia no la menciona en absoluto: «Y como viese 
la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y 
excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a 
su marido, que igualmente comió» (Génesis, 3,6). Han sido las distintas 
confesiones religiosas las que han realizado su particular lectura sobre 
este pasaje, interpretándolo a su gusto. Así, para los católicos el fruto 
prohibido era una manzana, los judíos creían que era un higo, los ortodoxos 
una naranja y, finalmente, para los musulmanes fue un vaso de vino. 
 
El anterior no es más que un pequeño ejemplo que demuestra cómo la Biblia, 
el libro más vendido y leído ­al menos supuestamente­ de la Historia, sigue 
siendo un gran desconocido para la mayor parte de la población. Muchos 
creyentes creen que los relatos descritos en sus páginas deben interpretarse 
como una verdad directamente revelada por Dios, son hechos históricos 
incontestables. Para otros, se trata de hermosas parábolas que, aunque 
inciertas, transmiten un mensaje de gran contenido ético, moral y religioso. 
Sin embargo, en los últimos años, los avances en arqueología y religiones 
comparadas han puesto de manifiesto una realidad que incomoda por igual a 
judíos y cristianos: la mayor parte de los relatos e historias recogidas en 
el Antiguo Testamento son viejos mitos sumerios, babilonios o griegos, 
reescritos por los escritores judíos con fines muy concretos. 
 
Hasta el siglo XIX, las sugerencias acerca de que los escribas de las 
sagradas escrituras podían haberse «inspirado» en narraciones más antiguas 
eran prácticamente nulas, o quedaban rápidamente marginadas. Sin embargo, en 
este siglo surgen ya las primeras voces de diversos estudiosos que proponen 
trabajos en este sentido. L. de Wette, por ejemplo, llevó a cabo un trabajo 
en el que comparaba fragmentos del Antiguo Testamento con algunos de los 
mitos clásicos recogidos por Homero. Algunas décadas más tarde, en 1892, se 
publicaba un libro de H. E. Ryle, en el que se aseguraba que los primeros 
libros del Antiguo Testamento eran reinterpretaciones de mitos babilónicos, 
«corregidos de forma que presentaran un monoteísmo». Aquellos análisis 
iniciales, acompañados por ciertos descubrimientos arqueológicos relevantes, 
marcaron la pauta de una línea crítica con los hechos reflejados en las 
páginas del Antiguo Testamento. 
 
«Hágase la luz» 
 
«En el principio creó Dios los cielos y la tierra (Š). Y dijo Dios: Haya 
luz, y hubo luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de la 
oscuridad». Con estas palabras comienza el Génesis, el primer libro del 
Antiguo Testamento. Durante siglos, teólogos y creyentes han considerado 
estas frases (y toda la Biblia) como hechos ciertos e incontestables, como 
una narración procedente del propio Creador y que no «bebía» de otras 
fuentes. 
 
Sin embargo, en 1876 los arqueólogos sacaron a la luz una serie de tablillas 
cubiertas de escritura cuneiforme que contenían el llamado Poema acadio de 
la Creación. A partir de esa fecha, los investigadores han encontrado otras 
copias de dicho texto, cuyo contenido supone un duro varapalo para los 
defensores de la originalidad de las Sagradas Escrituras. La versión más 
extensa de las encontradas hasta el momento se conoce como Enuma Elish (las 
primeras palabras del texto, que se traducen como «Cuando en lo altoŠ») y 
está compuesta por siete de estas tablillas. 
 
En su libro Los mitos hebreos (Alianza Editorial), Robert Graves y Raphael 
Patai describen con detalle el contenido de dicha narración: en el comienzo 
de los tiempos, los dioses Apsu (el procreador) y Tiamat (la Madre) se 
unieron y engendraron numerosos monstruos. Tiempo después surgió una 
generación de dioses más jóvenes. «Uno de ellos, Ea, dios de la sabiduría, 
desafió y mató a Apsu. Tiamat se casó con su propio hijo Kingu, engendró 
monstruos con él y se dispuso a vengarse de Ea». El único que tuvo valor 
para enfrentarse a Tiamat fue el hijo de Ea, Marduk. Éste mató a Tiamat y, 
tras partirla por la mitad, utilizó una de las partes «como firmamento, para 
impedir que las aguas de arriba inundaran la tierra; y la otra como base 
rocosa para el mar y la tierra». Este fragmento del Enuma Elish recuerda 
sospechosamente al relato del Génesis sobre el segundo día de la creación: 
«(Š)Y dijo Dios: Haya un firmamento en medio de las aguas y que separe las 
aguas de las aguas. E hizo Dios el firmamento y apartó las aguas que estaban 
debajo del firmamento de las que estaban arriba del firmamento. Y llamó Dios 
al firmamento cielos». 
 
No es el único elemento similar que encontramos en el texto acadio (muy 
anterior al relato bíblico) al compararlo con el Génesis. Tras asesinar a 
Tiamat, Marduk se dispone a crear todo lo visible, y esta labor coincide 
casi punto por punto con lo reflejado en las páginas del Antiguo Testamento. 
Según el Génesis, Dios, tras crear el firmamento y separar la tierra de los 
mares, se dedicó el cuarto día a generar el sol, la luna y las estrellas. Al 
día siguiente los monstruos marinos, los peces y las aves. Finalmente, el 
sexto día dio forma a las bestias terrestres, las sierpes y al ser humano. Y 
al séptimo día descansóŠ «El Enuma Elish ­explican Graves y Patai­ presenta 
el siguiente orden: separación del cielo de la tierra y el mar, creación de 
los planetas y estrellas, creación de los árboles y las hierbas, creación de 
los animales y los peces, creación del hombre por Marduk con la sangre de 
Kingu». 
 
  
Sigue la información en las revistas: 
Año Cero y Enigmas. España. 
Fuente: Año Cero  
Autor: Javier García Blanco 
    5/4/2006  
www.akasico.com  
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