Inicio > Mis eListas > redluz > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 301 al 330 
AsuntoAutor
Aumenta la Conexio Ricardo
Dia de la Tierra 2 Ricardo
Sai Baba / Un Avat Ricardo
Consciencia de Fus Ricardo
ojo-Pedir es Afirm Ricardo
SOBRE REDLUZ / COM Ricardo
SOBRE REDLUZ / COM Ricardo
ojo-volante-Sistem Ricardo
Intraterrestres / Ricardo
Meditacion Focal # Ricardo
El afecto, las her Ricardo
Mexico: el despert Ricardo
El Camino Hacia la Ricardo
La Mujer Perfecta Ricardo
Credo Universal / Ricardo
Conversaciones con Ricardo
Iniciacion Ameriku Ricardo
Grupos Guardianes Ricardo
Instituto de lo Sa Ricardo
ojo-Dios Habita en Ricardo
El miedo no es rea Ricardo
Un Manual para la Ricardo
Mamas Koguis / Men Ricardo
Reskarendaya / Nue Ricardo
Lourdes Miranda / Ricardo
Re: RedLuz-Primer Ricardo
Secreto del Parais Ricardo
El Pequeño Labrieg Ricardo
Tu Linaje Espiritu Ricardo
La Gran Madre Tier Ricardo
 << 30 ant. | 30 sig. >>
 
Red Iberoamericana de Luz
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 316     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:Credo Universal / Koldo Aldai
Fecha:Martes, 5 de Septiembre, 2000  04:53:48 (-0600)
Autor:Ricardo Ocampo <anahuak @.............mx>

Date: Fri, 01 Sep 2000 23:59:46 +0200 
From: Planeta Gaia <planetagaia@...> 
Subject: Credo universal 
---------- 
 
Credo universal 
 
El pasado jueves quedó clausurada la Cumbre de la Paz del Milenio que se ha 
desarrollado durante cuatro días bajo los auspicios de la ONU. El encuentro 
mundial ha congregado en la sede neoyorquina de la organización de las 
Naciones Unidas a más de 1.000 líderes y representantes de 15 grandes 
corrientes religiosas del mundo. Pese a la ausencia del Dalai Lama en la 
más importante cumbre religiosa celebrada hasta el presente, la iniciativa 
ha supuesto un gran paso en el diálogo interreligioso. La conferencia ha 
elaborado además una serie de propuestas e ideas para la paz que serán 
presentadas a los más de 140 Jefes de Estado y de Gobierno que se 
congregarán también en la sede de la ONU a comienzos de este mes.  
Los humanos venimos reuniéndonos a nivel planetario en la última década en 
torno a los más diversos aspectos: cumbres de la mujer, del clima, del 
medio ambiente, de desarrolloŠ Pronto Sidney albergará la "cumbre" mundial 
del deporte. La idea de pertenencia a una misma familia humana cobra cada 
vez más vida. Vamos tomando conciencia de que los grandes desafíos 
mundiales exigen respuestas a ese mismo nivel. En los albores del tercer 
milenio vamos adquiriendo por fin una responsabilidad no sólo comunitaria o 
nacional, sino planetaria: ningún problema más allá de nuestras fronteras 
nos es ajeno.  
La religión no podía por más sustraerse al proceso de globalización que 
vivimos en todos los aspectos de la vida. No en vano las más íntimas 
vivencias a propósito de la trascendencia de la existencia son también las 
más comunes y globalizadas. Los líderes religiosos estaban por los tanto 
llamados a congregarse. Quizá hubieran haber sido ellos los primeros en 
ocupar la gran sala de la ONU para la celebración de una cumbre semejante. 
Más vale tarde que nunca. Ellos son los depositarios de las más profundas 
esencias de las gentes, de sus más elevados valores. La verdadera 
conciencia planetaria se forja en realidad a partir de los que ellos 
representan: el sentimiento de descendencia divina y de interconexión de 
todos los seres. Las religiones son las que nos re-ligan, las que nos 
vinculan con la dimensión trascendente de la vida, en esa medida también 
las llamadas a elevar nuestros sentimientos y a fomentar los lazos con 
todos nuestros semejantes. En Nueva York se ha constatado que las 
religiones por fin dejan de ser uno de los mayores motivos de 
confrontación, para pasar a convertirse en acicate de unidad. 
 
El proceso de apertura de las "fronteras" religiosas no ha hecho sino 
arrancar. Queda un largo trecho. Desde la sede de la ONU se ha alzado en 
los días pasados una justificada llamada de alarma a propósito de los 
fundamentalismos religiosos. Sin embargo el hecho de postular y defender 
una determinada creencia es en sí ya un acto fundamentalista. La afirmación 
en un credo particular implica la distancia respecto a otro. 
Sería necesario precisar que hay muchos calibres a la hora de medir ese 
amenazante extremismo que casi exclusivamente vestimos con turbante. Está 
la feroz ortodoxia de los "talibanes", pero está también otra más sutil y 
cercana. Hablamos de los grandes credos cuyas voces autorizadas proclaman 
todavía sin pudor que los que no invocan a su mismo Dios son infieles y 
paganos a convertir. Nuestra Santa Madre Iglesia aún anda animada por ese 
anacrónico ardor proselitista. La condenación vaticana de los movimientos 
denominados de "nueva espiritualidad" o "nueva era", es buena prueba de 
ello. Sin embargo se multiplican los síntomas esperanzadores. En la propia 
Iglesia se abre paso un ecumenismo cada vez más sincero y menos de postal. 
Se comienza a repara que el Dios del otro, con nombre diferente, puede ser 
el mismo que el propio, se empieza a caer en cuenta de que no hay dioses de 
primera y de segunda.  
En los últimos años han aparecido en todo el mundo innumerables grupos de 
meditación y de oración de carácter ecuménico y universal, colectivos de 
buena voluntad sin adscripción religiosa alguna que oran y hacen silencio 
en favor de la humanidad. Asistimos en los países desarrollados al 
esperanzador fenómeno de la suplantación del concepto de religiosidad por 
el de espiritualidad. Mientras que el primero implica la adhesión a una 
determinada creencia, el segundo simplemente comporta una abierta visión 
trascendente de la existencia.  
 
Cuando la economía se burla de todos los proteccionismos, cuando las 
culturas se fecundan unas a otras en un mestizaje interminable, cuando las 
fronteras políticas comienzan a ser cuestionadas por doquier, quizá sea de 
ley empezar a pensar en el fin de las credos estancos. Está bien fomentar 
el diálogo entre las religiones, pero habría que empezar ya a pensar en el 
día que ya ni siquiera sean necesarias, llamadas a fundirse en una sola, en 
la religión del amor. Las religiones son a la espiritualidad lo que las 
ideologías a la política, habrá que considerar la posibilidad de que pronto 
podamos prescindir de las primeras, pues traen consigo inevitablemente la 
fracción humana.  
Algún día cuestionaremos la vigencia de las religiones, al igual hoy nos 
preguntamos sobre la necesidad de los estados o sobre el anacronismo de las 
culturas amuralladas. La historia evoluciona mucho más rápido de lo que 
podamos pensar. Cuando el joven de hoy haya "chateado" durante noches 
enteras con su colega de Australia, Japón, Israel.., y familiarizado con su 
cultura, costumbres y religión, ¿qué padre tendrá el valor de decirle que 
su Dios es el único y verdadero, que el del otro es inventado o falso?  
Quizá un día el bronce de todos los altares, dioses, santosŠ, se fundan en 
un credo universal de filiación divina y fraternidad humana. Ya no habrá 
anatemas, ni será preciso el apostolado. Todos seremos fieles a la 
Divinidad sin nombre que nos habita e infieles al desatino de creernos en 
la posesión de la única y absoluta verdad. 
La macrocumbre de Nueva York, el diálogo interreligioso, las ceremonias 
ecuménicasŠ, son un indudable paso hacia una humanidad interna y 
externamente unida, pero será preciso arriar nuestras propias doctrinas 
para poder ir más lejos. La unidad de espiritual se enriquece con la 
diversidad de expresión en sus formas, más se resquebraja con los dogmas de 
fondo. Será preciso abdicar de nuestros propios "fundamentalismos" para que 
triunfe la religión en la que por fin nos encontremos todos los seres 
humanos con visión trascendente de la vida. Sólo entonces el más elevado 
ideal de fraternidad humana podrá anclar en la tierra. La religión 
universal del Espíritu es la expresión de la unión íntima de los humanos 
autofacultados, sin distinción alguna, como hijos de Dios. La 
"globalización espiritual", lejos de ser un proceso homogeneizador más, 
implica un gozoso enriquecimiento, una necesaria fecundación a partir de 
las más diversas formas de fervor y devoción. 
¿Por qué sostener las religiones en un mundo globalizado? Habrá que empezar 
a pensar que cumplieron su cometido, que actuaron como imprescindible freno 
ético en medio de la jungla humana, que ofrecieron formas y fórmulas de 
intermediación para llegarse al Absoluto, que proveyeron de ceremonias y 
rituales para poder comulgar comunitariamente en la feŠ Pero habrá que 
considerar que un día habrán de desaparecer también para que pueda emerger 
una espiritualidad abierta, universal y junto a ella el más elevado sueño 
de auténtica fraternidad humana. Habrá que observar que estamos adquiriendo 
una mayoría de edad en la que ya podemos lanzar "línea directa" con el más 
allá, que ya no son precisos ni sacerdotes, ni imanes, ni gurús, ni 
rabinosŠ, por muy bienintencionados que se nos presenten. Habrá que empezar 
a reparar en que ya no precisamos de intermediarios para marcarnos un 
"chat" con el Cielo, para salir al paso del Innombrable, para intimar, a 
nuestra forma y capricho, con el Dador de toda vida.  
 
Koldo Aldai