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Asunto:[RedLuz] Que es el corazon para el sufismo? / Sheika Amina Teslima Al Yerraji
Fecha:Domingo, 26 de Agosto, 2007  19:32:28 (-0500)
Autor:Proyecto Interredes <lacasadelared @.....com>

TRASCRIPCIÓN DEL INTENSIVO


¿QUÉ ES EL CORAZÓN? PARA EL SUFISMO

http://www.instituto-de-lo-sagrado.org/htm/boletin/fr_boletin.htm


SHEIJA AMINA TESLIMA AL YERRAJI

por SHEIJA AMINA TESLIMA AL YERRAJI
18 de noviembre 2000

A brimos nuestro corazón y pedimos a Dios que nos ayude a percibir la Realidad Divina trascendiendo nuestra razón y más allá de las facultades intelectuales, porque precisamente la enseñanza nos guía en esta dirección. Para estudiar el corazón —que es el centro de la conciencia de todo ser humano— primero necesitamos comprender que no es a base del entendimiento racional que vamos a lograrlo, sino realmente el conocimiento debe penetrar la realidad del corazón. Este círculo de estudio tiene esta característica, saber que no es sólo con la razón y con agudeza mental que esta realidad se abre para nosotros, por lo tanto intentamos captar con lo que la facultad racional nos permite, pero también estamos concientes de otras facultades que son más intuitivas y receptivas a la transmisión divina que fluye constantemente. Estamos en un estado intermedio entre recibir con la antenita acostumbrada y con el corazón que tiene la facultad de recibir constantemente de Dios, como nos dice Ibn al-Arabí. El corazón constantemente está recibiendo de la Conciencia Divina, ya sea ignorancia o sabiduría.

Voy a empezar citando una serie de Jadiz, es decir tradiciones orales, para plantear el tema de nuestro estudio, el corazón. Vamos a oír lo que tiene que decir el Profeta Mujámmad sobre el corazón. No tiene par el célebre Jadiz que dice: "Mi tierra y mis cielos no me abarcan pero el corazón de mi servidor fiel sí me abarca". Este es un Jadiz Qudsi. La tradición oral puede ser de varios tipos. Esta es qudsi, que significa sagrada. Las tradiciones de ese tipo vienen directamente de Dios; Mujámmad la escucha en su propio corazón o conciencia, pero es Dios Quien lo dice. Ese es probablemente el más trascendental Jadiz respecto a nuestros corazones, y se puede decir que es una plataforma sobre la que se levanta el sufismo, la tradición mística del Islam. Los sufis resumían este Jadiz diciendo: "El corazón de la persona de fe es el trono del Todo Misericordioso".

Hay otro Jadiz también muy conocido que dice: "Los corazones se oxidan como el hierro, y el pulimento del corazón es la remembranza de Dios y la recitación del Corán". Este es un Jadiz Sherif o noble, es decir, el Profeta lo dijo por sí mismo. El pulimento es el dhikr o remembranza de Dios, se haga en comunidad o en silencio. Otro Jadiz también muy interesante del Profeta dice: "Si no fuera por el exceso de su hablar y la agitación de sus corazones, ustedes podrían ver lo que yo veo y escuchar lo que yo escucho". También dijo: "Oh Transformador de Corazones, ata mi corazón firmemente en tu religión". Estos Jadiz plantean lo que vamos a estudiar juntos, qué es el corazón.

A Ibn al-Arabí se lo conoce como el Sheij al-Ákbar, el más grande sheij o maestro de la tradición; es quien estructura y hace accesible el conocimiento del Wahadat al-Wuyud o Unicidad de la Existencia, que finalmente es una articulación de la experiencia de la ilajha ilal-láh, que significa "no existe nada aparte de Dios", o "sólo la realidad divina es".

El Wajadat al-Wuyud, la Unicidad del Ser o de la existencia, es una idea central, indispensable en el legado incomparable de Ibn al-Arabi a la humanidad. Mi metáfora favorita para explicar esta premisa revelada es el ejemplo del vitral. Si estamos frente a un vitral vemos una multiplicidad de colores, el rojo, el amarillo, el naranja, el verde, pero sabemos que la luz es una. Esa luz una e incolora le da la capacidad de brillar a los colores. Las manifestaciones que nosotros percibimos son esos colores y el Ser Uno es la luz que les presta la capacidad de brillar. La multiplicidad y la unidad están ahí claramente expuestas. Sabemos que la luz es una y sabemos que los colores son múltiples, pero no porque los colores sean múltiples hay más de una luz. Dios sería esta luz y las criaturas y toda forma corpórea, recipientes que reciben la capacidad de brillar de la Luz Única. La existencia erróneamente llamada propia, es algo prestado; esa luz o esa capacidad de brillar es la existencia que la luz única e incolora nos da.

Esta es la visión sufi por excelencia, y también obviamente la visión del Vedanta y si escarbamos y seguimos buscando, la visión subterránea de todas las grandes tradiciones sagradas. Cuando las tradiciones empiezan a ser develadas y el ser humano penetra uno y otro de los salones, como si fuera un edificio con mil departamentos, lo que encuentra al fondo de todas las tradiciones es la ilajha il al-láh, la Wajadat al-wuyud, con diferentes nombres en cada una de las tradiciones. Como dice el Rig Veda, la verdad es una pero se le llama por muchos nombres. Entendido esto, todo es teofanía. A nivel esencial, al nivel más absoluto posible, toda percepción del ser humano, toda experiencia es teofanía. Ibn al-Arabí llamaba a esto "tayali", o manifestación de Dios, y más comúnmente, epifanía.

Ahora bien, si éste es el caso, y si toda percepción es ultimadamente epifanía ¿por qué no nos damos cuenta? Los seres humanos en muy raras y excepcionales ocasiones tenemos esta vislumbre, esta penetración. Nuestros estados ordinarios de conciencia no participan de esta realidad. En un momento dado, por gracia divina, se abre esa cortina y podemos reconocerlo con lágrimas en los ojos en un estado completamente diferente de nuestro estado ordinario. Es interesante que incluso durante largos períodos de práctica no necesariamente lo experimentamos, puede suceder en un segundo dentro de 4 días de retiro o puede sucedernos en el metro, súbitamente.

Este es uno de los primeros puntos a reflexionar, ¿por qué no nos damos cuenta de esto, por qué no participamos de ello concientemente? En el sufismo hay una importante diferenciación entre hal y makám. Makám es una estación, un estadio en que el alma está establecida y lo que llaman hal es un estado pasajero. Nosotros quizá hemos experimentado esto en estados pasajeros de conciencia, pero de acuerdo al Corán, los místicos y los profetas están establecidos en esta conciencia. Está documentado que los que llamamos "iluminados", los seres que han despertado a esta realidad, permanecen en este estadio, lo tienen como base de su ser, sin que eso implique congelamiento.

¿Qué es lo que hace que un corazón permanezca con más frecuencia en un estado ordinario de conciencia donde no participa de la realidad y de momento sí pueda participar de ella? ¿Cómo es este corazón, que va de la percepción ordinaria a la contemplación?

Esta contemplación de la que estamos hablando se conoce en este argot como "shahid" que literalmente quiere decir "testigo", y es uno de los Nombres Divinos revelados en el Sagrado Corán. ¿Qué es lo que nos hace en un momento dado atestiguar esta realidad que transforma la experiencia humana en teofanía o epifanía? Cuando ocurre no es bajo nuestro control, eso es un punto importante. No es a voluntad que podemos trasladarnos al estadio desde el cual se ve la realidad tal como es. Por eso el Profeta oraba "Oh Al-láh muéstrame las cosas como son".

Planteado esto vamos a ver lo que dice el Corán. La pregunta sigue en el aire. ¿Cómo funciona este corazón que de momento es asaltado por esta posibilidad y la cortina se corre, pero que pasa gran parte de su tiempo percibiendo multiplicidad y dualidad, percibiendo la realidad de forma incorrecta o infiel?

 El Asiento de la Conciencia 

El término coránico para referirse al corazón es qalb. En el Corán se hacen 132 menciones del corazón en las que lo presenta consistentemente como el asiento de la conciencia. También de acuerdo al Corán es el asiento de nuestra ignorancia y el de la presencia divina. El corazón es el foco de atención de Dios, Él tiene su atención puesta en el corazón humano. Una de las citas coránicas relevantes que debo añadir es "No hay nada de lo que Dios esté más cerca que del corazón humano". Los versos también enfatizan la cercanía de Dios con el corazón; la proximidad entre Dios y el corazón. "Él pasa entre el ser humano y su corazón", es uno de los versos coránicos (VIII:24). También en otro verso dice "Cuando Él los llame, Él sólo querrá saber lo que sus corazones ganaron". De esos 132 versos que nombran el corazón, la gran mayoría tiene que ver con las intenciones del corazón. "Él nunca tomará en cuenta sus vanos juramentos pero sí sus intenciones profundas", así que finalmente lo único que a Dios le interesa es la intención del corazón, la verdad de nuestros corazones.

Desde la perspectiva coránica, una dimensión crucial del corazón humano es el involucramiento integral de nuestra "voluntad" a la voluntad de Dios; nuestras intenciones íntimas se presentan de alguna manera inseparables del grado de conciencia que tengamos de Dios. Por eso también, según el Corán, el corazón es el asiento de nuestras responsabilidades morales y espirituales.

Volviendo al punto anterior, la paradoja de estar participando de la unicidad de la existencia pero sin percibirla está presentada en el propio Corán, es algo que el Corán trae. Consistentemente le atribuye la responsabilidad a Dios de la Actividad Divina que se expresa a través de los distintos estados del corazón, incluyendo nuestras fallas en recordarLo. Dice: "Él pasa entre el ser humano y el corazón". Más de la mitad de estas referencias coránicas al corazón directamente responsabilizan a Dios de los estados del corazón; muchas veces sin hacer referencia a la responsabilidad del ser humano que en otros contextos sí se menciona. El ser humano tiene ciertas responsabilidades pero en muchas de estas referencias sencillamente Dios es el único responsable.

En algunos versos coránicos se dice que el corazón iluminado o divinamente sustentado, ya sea en este mundo o en el próximo, es el asiento de la verdadera remembranza; del estadio —del makám, no del hal— de remembranza. En el capítulo 13, el verso 28 dice: "En verdad la remembranza del Señor es la satisfacción del corazón". En el Corán se ve que estos seres humanos de los que estamos hablando son los profetas, los santos, que participan de esta conciencia de teofanía o esta realizada epifanía permanentemente; ellos son grandes faros espirituales de la humanidad.

Con mayor frecuencia el Corán menciona que Dios ha 'sellado', 'velado', 'endurecido', 'amarrado' y hasta 'cerrado' los corazones, cuyo resultado es que están 'enfermos', 'ciegos' y 'sufriendo'. Este énfasis se nota sobre todo en las referencias a los corazones que "fallan en entender" o no logran entender. Son más las referencias a los que no logran entender que a los corazones que perciben los Signos Divinos con claridad. El Corán es el que presenta esta paradoja de las dimensiones impresionantemente contrastantes del ser humano y sus potencialidades. Presenta al corazón como un teatro en el que se desarrolla un drama. Hay un drama, puesto que las polaridades se están vertiendo en él constantemente. Es un juego de luces, la luz nos muestra en un momento corazones sellados, enfermos, sufrientes, y de momento cambia para mostrarnos la teofanía y el reconocimiento. Estamos pues, frente a un corazón humano que vive un gran drama.

Pregunta de un alumno, Elías: ¿Cuando nos sentimos enfermos, agresivos o con coraje, hasta dónde podemos decir que Dios ha amarrado nuestro corazón y hasta dónde podemos decir que es algo nuestro?

Vamos a ver más adelante lo que nos enseña Ibn al-Arabí, no a través de su reflexión o su estudio filosófico o teológico respecto al tema, sino lo que se manifestó en su corazón para las generaciones de amantes como todos nosotros, que se hacen estas preguntas. El Corán también hace mención del tránsito del corazón de estos estados sufrientes, cegados, sellados, amarrados, a estados de paz; pero las menciones son escasas.

La directriz coránica va en el sentido de suavizar, hacer humildes los corazones. Es la receta coránica. Constantemente nos advierte que la felicidad y la paz del ser humano están en el ablandamiento, la humildad, la purificación y el fortalecimiento. Esos son los términos que usa para denotar el tránsito del corazón. También habla de la necesidad de tener un corazón que responde, un corazón arrepentido, atento. Estas son las cualidades de los corazones que se estabilizan en la paz.

Yo siento una atmósfera muy embriagante. Quizá antes de hacer el receso deberíamos tener unos minutos de participación en ella, de silencio de fondo. No hay una división concreta entre meditar y todas las demás actividades en que podemos involucrarnos. Lo que Ibn al-Arabí nos enseñó es que no hay una división entre lo que en este momento estamos paladeando, esta conciencia de participación, de sostén divino, este sustento divino en el que estamos siendo contenidos —en lugar de estar nosotros cargando algo— y todo lo demás que podamos experimentar. Este círculo de estudio que iniciamos hoy tiene esa característica. No hay que decir "ahora vamos a callarnos para meditar" porque no hay una diferenciación real entre meditar y hablar, entre meditar y compartir, entre meditar y estar abiertos a lo que Dios deposite en nuestra conciencia. Ibn al-Arabí, por ejemplo, recibe estas iluminaciones, aperturas, vislumbres o penetraciones de la apariencia para entrar en la percepción de lo real que en el sufismo se conocen como "Futtuh", palabra que viene de "Fattah", que es el Nombre Divino que quiere decir "El que abre", palabra que también comparte su origen semántico con "Fátijha", nombre del primer verso coránico "la apertura".

Vamos a escuchar a Ibn al-Arabí directamente:

"Continuamente tocando a la puerta de Dios (que para él es el corazón), intensamente atento, sin ser distraído, aparecieron ante el ojo de mi esencia los esplendores de Su Rostro, hasta que nada quedó ahí excepto esa Esencia. Y así fue que abarqué un saber en el cual no hay otro saber que no sea Dios".

Esta es la manera en que él empieza a relatarnos sus iluminaciones respecto al corazón. "Contemplen esa casa, la Kabba de la Presencia Divina, el corazón del Ser".

Kalb al-wuyud es el corazón de la existencia, este es el lenguaje textual con el que Ibn al-Arabí explica. El lenguaje que usa es muy revelador porque es lo que él recibe directamente. "Muráqaba" es el término que se usa en el sufismo para hablar del estado de meditación. La palabra viene de "raqib" que quiere decir vigilante, es como un vigilia; un estado de conciencia, de atención extrema donde no hay distracción, la concentración es absoluta, la mente se vuelve como un lago quieto. Quizá a ese estado se refiere el Profeta cuando dice "Si no hablaran tanto y no hubiera tanta agitación en sus corazones, ustedes verían lo que yo veo y oirían lo que yo oigo".

Ibn al-Arabí nos relata que él en este estado tuvo la visión de este "Fatá" (interesantemente en árabe también se llama así a un joven) que se le presentó como un joven luminoso. Se entiende que este joven luminoso es el ser verdadero o yo real de Ibn al-Arabí, y él es quien le abre este conocimiento. Es así como estas realizaciones ocurren en ese estado. La experiencia de Ibn al-Arabí, podríamos decir, es como un eco de la del Arcángel Gabriel y el Profeta Mujammad, paz y bendiciones para él. Ibn al-Arabí nos dice:

"Contemplen esa casa, la Kabba de la presencia divina, el corazón del ser cuya luz develada es resplandeciente a los corazones purificados, a aquellos que la ven a través de Dios, sin velos".

Fue en esa casa interior o templo del corazón que se llevó a cabo esta conversación entre su ser terrenal y la imagen de su verdadero ser o el Ser Divino en la forma de un misterioso y luminoso joven (Fatá), que le revela los secretos espirituales que él da a conocer. Ibn al-Arabí dice:

"Después de haber tornado el rostro de mi corazón hacia su Señor, esta Divina Persona me dice: 'esta Kabba es el corazón del ser, y mi trono, el universo entero, es un cuerpo limitado para este corazón; ninguno puede abarcarme pero mi casa sí me abarca y esa es tu corazón, que es en realidad la meta depositada en tu cuerpo visible. Aquellos que circunvalan alrededor de tu corazón son los misterios secretos de los Divinos Nombres que se asemejan a los cuerpos humanos que circunvalan estas rocas de la Kabba terrenal. Así que igual que aquel que conoce los secretos que están circunvalando, el corazón que me abarca, está participando de las más exaltadas estaciones o makáms (estados establecidos del alma). Ustedes, seres humanos, tienen preferencia sobre todos los ángeles que circunvalan el Trono, porque ustedes todos circunvalan el corazón del trono, ustedes todos están circunvalando el corazón del Ser del mundo. Están en la estación de los secretos, de aquellos que saben, porque nada puede abarcarme excepto ustedes seres humanos. No me he revelado a mí mismo en la forma de la perfección a nada que no sea sus realidades interiores. Así es que realicen plenamente lo que libremente les he otorgado desde la Dignidad Eterna. Ustedes son el receptáculo y Yo soy Yo (o Yo soy el que Soy, o Yo soy lo que Soy), así es que no me busquen en ustedes porque sufrirán, y no me busquen fuera de ustedes porque no conocerán el placer. Nunca dejen de buscarme porque sufrirán tormentos; búsquenme hasta que me encuentren y luego asciendan. Pero sigan el adab correcto en su búsqueda y estén siempre presentes conmigo según prosiguen su marcha".

Así, Ibn al-Arabí empieza a penetrar en estas dimensiones. Después de esta explicación que hace de la atención y del muráqaba, del preciso estado de receptividad del que está participando, entonces es que da comienzo la conversación con este joven. Se detiene en tratar de explicar la diferencia entre lo que es la reflexión que sirve para llegar a conceptos filosóficos, los análisis que podemos usar para discutir o entender un concepto, y lo que son los futúhs de los que hablamos anteriormente, las develaciones. Nos dice:

"Ahora es al-Haqq (La Verdad, Dios en el sentido absoluto) del que recibimos este conocimiento, vaciando nuestros corazones del pensar y preparándolos a recibir las inspiraciones divinas (warita). Es Él quien nos da esto desde su propia fuente, sin ninguna confusión, como ocurre en la inspiración intelectual o poética; para que nosotros sepamos las realidades tal como son, sean realidades específicas de los Nombres Divinos individuales, aquellas realidades que vienen a la existencia en combinaciones o las Realidades Divinas y no tenemos ninguna duda concerniente a ellas. Nuestro conocimiento viene de ahí y Dios, al Haqq, es nuestro Maestro a través de la herencia de los profetas preservada y protegida del error, la generalidad o la confusión con formas externas. Nuestra porción está en proporción a la pureza del asiento del corazón y de nuestra receptividad y conciencia (es decir, lo que recibimos es proporcional a la pureza del corazón). Esta clase de waritat o inspiraciones divinas contienen un misterio secreto y una alusión notoria para aquellos que reflexionan profundamente en ellas y se encuentran de frente con las Palabras Divinas. Este tipo de saber no es resultado de la reflexión, estos actos de saber llegan de Dios a los corazones del verdadero siervo en un fluir continuo. Ellos son sus espíritus devotos descendiendo al siervo del mundo de lo no visto a través de la misericordia de la Presencia Divina. Dios está perpetuamente otorgándoles y continuamente hace fluir hacia ellos y hacia el asiento de sus corazones ya sea el saber o la ignorancia. Así que si el siervo de Dios está preparado y receptivo y ha pulido y purificado el espejo de su corazón, entonces realizará esta Generosidad Divina continuamente y recibirá en un solo instante lo que nunca pudo haber escuchado a través de milenios en conocimiento".

El Sheij continúa:

"Yo he registrado estas inspiraciones de acuerdo a la orden que he recibido de mi Señor. No hablo de nada excepto a modo de reportar lo que he oído de Dios y dejaré de registrar lo que he recibido cuando sea instruido a hacerlo".

Es decir, todo lo que él escribe lo escribe por Orden Divina, con Permiso Divino; no es su reflexión, su capacidad analítica ni su brillantez intelectual personal lo que lo lleva a escribir estas palabras; las está escribiendo desde Dios. Y si el mismo que le está ordenando que las escriba, le ordena que deje de escribirlas, él dejaría de escribir. Aquí no hay ninguna voluntad personal involucrada. Él está siendo un espejo en el que se reflejan estos waritat. El libro que estamos estudiando es "Las revelaciones de La Meca" y de él dice:

"Este libro no es como otros libros, nosotros no seguimos el procedimiento de los escritores que siguen sus propios fines y deseos o lo que se requiere del conocimiento que quieren comunicar de acuerdo a su propia discreción. Nosotros no escribimos así".

Decir "nosotros" es también parte del adab o cortesía espiritual de la tradición. Él no se refiere a muchas personas, está hablando solamente de él, pero en la tradición sufi se estila decir "nosotros"para no incurrir continuamente en el "yo". Esto es una lección coránica; porque el primero que dice "Nosotros" es Dios mismo:

"Nosotros no escribimos como ellos, nosotros ejemplificamos los corazones que se sientan ante la puerta de la Divina Presencia cuidadosamente atentos a lo que viene cuando la puerta se abre. Somos los necesitados, fakira (de "fakir" que quiere decir "pobre de espíritu"; los indigentes, los desposeídos, los que no tienen nada que reclamar por sí ni para sí mismos). Estamos desprovistos de todo conocimiento propio, manufacturado. Esta es la manera de la gente de la develación espiritual (este es otro término que hace referencia a los místicos, gente cuyo conocimiento viene a ellos de esta manera). A veces recibimos cosas que no entendemos, así que cada persona que compone de acuerdo a su recibir de Dios no está restringida al entendimiento de lo que habla" (es decir, no necesariamente entiende todo lo que habla).

Habría que hacer la diferencia entre waritat que es una forma de conocer la Realidad Divina, y lo que es por ejemplo la canalización. Porque esto podría sonar como al channeling famoso en el que el ser humano se prestaría para ser un canal para otras entidades; no es de eso que estamos hablando. No es que él era un médium, él era extra large, de hecho. (Risas)

Esta experiencia de Ibn al-Arabí sucede seguramente en el mismo lugar en que Nur, nuestro maestro, tiene su experiencia frente a Mujámmad. Que le ocurre estando en vigilia, y en la cual el Profeta lo guía a través de la creación. En efecto esa es la puerta de la que se habla; uno se sienta a los pies de esa puerta y la puerta puede abrirse para dejarnos participar de estas experiencias. No es algo restringido a los profetas, aunque la experiencia de Ibn al-Arabí siempre va a resultarnos inalcanzable y, de hecho, es un precedente tremendo. Nuestras waritat no tienen que ser necesariamente del mismo alcance, porque nosotros no tenemos necesariamente la misión que tuvo Ibn al-Arabí. Es digno de anotarse que 700 años después, estamos aquí reunidos recibiendo esta sabiduría y esta transmisión espiritual. Pero nosotros tenemos que estar concientes de que estamos siendo invitados a este umbral y que el conocimiento que podemos obtener de él es superior a cualquier conocimiento que podamos generar con nuestras facultades racionales. De los místicos siempre nos llega una invitación, una posibilidad en proporción a la pureza de nuestros corazones. Cuando el corazón es puro no tiene agenda, no tiene intención excepto el amor de Dios mismo, la sed de Dios. Entonces está preparado, por eso él dice que hay que prepararse, pulir el corazón. Por supuesto, nosotros tenemos la capacidad de fabricar una serie de proyecciones y decir que hemos escuchado cosas o que nos hemos sentado a las puertas de Dios y nos ha dicho que somos la Virgen María encarnada, e incitar a otros a que sigan nuestro camino. Eso siempre va a ser posible en un corazón necesitado de otras cosas que no sean la Presencia Divina misma, un corazón que no esté maduro.

Pero Ibn al-Arabí no está encarnando nada que no sea a Dios mismo, no está canalizando a un ser que reencarnó y fue x en x vida. Estamos hablando de un reino de experiencia que no es la canalización; estamos hablando de waritat. La inspiración divina se le da por la pureza de su corazón y toma la forma de un joven para que pueda haber un intercambio más concreto y no se quede en la abstracción; para que se puedan aterrizar estas ideas, estas palabras que yo acabo de citar. Es como cuando el Sheij Nur al-Yerráji tuvo la experiencia con el profeta Mujámmad. La persona de Mujámmad podríamos también decir que es el Yo Divino de Nur. Este es probablemente el proceso de cada uno de nosotros y el corazón profético es el espejo para la humanidad con el que puede entrar en una conversación más directa. Nur conversa con el Profeta, hay un intercambio. No necesariamente todo género de waritat tiene esta característica, no estoy diciendo que necesariamente toda inspiración divina deba tener un interlocutor.

Ibn al-Arabí tuvo un inmenso caudal de waritat, esta no es la única, pero estamos refiriéndonos a esta porque habla del corazón. No siempre las develaciones vinieron a él a través de una conversación con esta forma de su Yo Divino o del Yo Divino, Dios es inmensamente creativo, no tiene siempre que adoptar la misma manera. El texto continúa:

"Nosotros vaciamos nuestros corazones de pensamiento reflexivo y nos sentamos junto a Dios, Al Haqq, en el tapete del adab (la intención correcta) y del muráqaba, la intensa atención espiritual, la presencia y presteza (fíjense en todo el abanico de actitudes del alma ante esta posibilidad de Apertura Divina) a recibir lo que sea que viene a nosotros de Él, esto que viene de Él es realización espiritual y revelación. Así que cuando hemos afocado o enfocado nuestros corazones y sus aspiraciones espirituales..."

Aquí tiene que haber mucho deseo, mucha sed, mucha hambre de Dios. "Himam" es el nombre árabe para la aspiración del corazón. "Cuando afocamos nuestros corazones y sus aspiraciones espirituales en Dios y hemos tomado verdad refugio en Él..."  piensen en toda la preparación de la que se está hablando; "abandonando cualquier confianza en los reclamos de la reflexión, la investigación y los resultados intelectuales..." Esto no quiere decir que uno se tiene que sentar a hacer todo esto, es simplemente la descripción del estado que se da al que tiene el corazón puro. La reflexión, la investigación y la capacidad intelectual son válidas y preciosas en otros terrenos de la existencia, pero no son el campo para estas develaciones. Nadie nos educa para esto; Ibn al-Arabí nos está educando. Ese es el adab. Ibn al-Arabí se vuelve maestro por el Maestro. Es el Maestro de todos el que le da sabiduría a Ibn al-Arabí para que nosotros podamos entender. Todos nosotros hemos tenido experiencias análogas a la que estamos estudiando, por eso la pregunta es ¿por qué de la fluctuación?

Aquí se nos está educando, esta es la educación de los místicos, ésta es la escuela. No sabe más el que más Corán ha aprendido de memoria o más Jadiz y puede citar en árabe, persa, pali o sánscrito; no es ése necesariamente el que recibe directamente de Dios. El faqir y el derviche pueden saber muchas cosas de otros tipos de conocimiento pero saben que éste es el conocimiento que importa. Pueden ser médicos excelsos en sus campos, y no dejan de aprender aquello que necesitan del campo intelectual para poder ejercer sus facultades, pero saben que existe un conocimiento que solamente puede provenir de Dios y que cada ser humano puede recibirlo; esta es la experiencia democrática por excelencia.

"Entonces es que sus corazones son purificados y abiertos. Una vez que ellos tienen esta receptividad interior, Dios se manifiesta a ellos informándoles en un solo instante, a través de la visión directa, los significados internos de esas oscuras palabras de las escrituras. Este es uno de los tipos de develación espiritual o inspiraciones divinas. A través de esta develación ellos conocen los significados de expresiones de las escrituras o expresiones proféticas, lo que Dios, de hecho, quería que ellos entendieran; aún si esa misma expresión cobra, en otro reporte, un significado completamente diferente. Aunque las palabras sean idénticas hay muchos niveles de significado en estas dimensiones sagradas de significado, que son especificadas a través del puntual acto de atestiguar".

Es decir, no es un proceso como de maquiladora, cada corazón recibe lo que necesita, lo que puede abarcar, lo que Dios quiere mostrarle; a ninguno entonces se le hace posible reclamar: "esto es toda la verdad".

Ahora entraremos más a fondo en la paradoja del corazón:

"Ustedes deben saber que el corazón es un espejo pulido, que todo él es un rostro y que nunca se oxida. Se ha dicho que los corazones se oxidan como el hierro y esa expresión sólo se refiere a la instancia en que el corazón se conecta y se preocupa exclusivamente por buscar conocimiento mundano y por ello se distrae del conocimiento de Dios o a través de Dios. Su conexión con aquello que no es Dios oscurece el rostro del corazón porque lo previene de la Automanifestación Divina o de las teofanías, tayali."

Esto es central para Ibn al-Arabí, "el corazón nunca se oxida". La oxidación del corazón se produce cuando vuelve su rostro hacia el mundo, esos son los velos, pero el corazón en sí es incapaz de ser oxidado. Él está en esta frase explicando el Jadiz que hace referencia a la oxidación de los corazones: "Es lo que conecta al corazón a lo que no es Dios lo que oscurece su rostro porque le impide encontrar en sí mismo las teofanías". Es como la nube del no saber, por eso explica que cuando el corazón se vuelve hacia Dios con todo el rigor de atención del que hemos explorado, no se trata de un corazón oxidado.

"La Presencia Divina está continuamente manifestándose a sí misma y uno no puede imaginar velo alguno para esa automanifestación . Pero cuando el corazón falla en recibir esa manifestación de la manera prescrita, es porque ha recibido algo que no es Dios, a eso se refieren la oxidación, los velos, la cerradura, la ceguera y todo lo similar que se menciona en los versos coránicos".

Es Dios, pero distorsionado por los velos que acabamos de mencionar. La explicación que Ibn al-Arabí da a esto es que aunque el corazón es por sí mismo, en su propia naturaleza, nada excepto ese lugar atemporal de la Manifestación Divina del tayali, estas mismas experiencias pueden ser percibidas como distorsiones a distancia de Dios.

¿A través de qué anteojos nuestro corazón está viendo? Su explicación es que aunque el corazón es, por su propia naturaleza, nada en sí mismo además de este asiento intemporal del Ser de la Manifestación Divina; las mismas experiencias y fenómenos pueden ser subjetivamente percibidas en cuatro diferentes niveles de distancia, niveles en que la distancia de Dios va en aumento. Son campos de percepción en los que contextualizamos los objetos de nuestra experiencia en su conexión o desconexión con Dios. El corazón es un lugar que no está regulado por el tiempo, no está sujeto a sus leyes. La realidad del corazón no obedece al tiempo ni al espacio, es atemporal, no localizable. No es posible decir "esto es el corazón".

Grados de Pureza

Vamos a regresar al tema de la pureza del corazón, porque estos grados de distancia o cercanía, en cuanto a la identificación de aquello que se percibe en conexión o desconexión con Dios, tienen que ver con la pureza del corazón. Esta manera de descifrar es lo que va designando el código del corazón. Pero poniéndolo en términos más sencillos, si tu corazón está lleno de su propia cosecha, si ese lugar de testificación, de testimonio, que es este asiento, está lleno de su propia sustancia, sus propias intenciones; esas intenciones efectivamente marcan los grados de distancia o cercanía que tiene tu corazón —en cuanto a identificar las manifestaciones en conexión o en desconexión. Aquí hay cuatro grados, pero por supuesto esto es metafórico, no hay tal cosa como distancia. Hablamos de distancia en reconocimiento, no en espacio o tiempo. Distancia en cuanto a lo cerca que estás de reconocer al único ser en epifanía o reconocerlo a distancia, y por ende, distorsionado. Son grados de transparencia o de obstrucción, por eso se usa la palabra "velos".

"Porque los corazones son eterna e incesantemente, por su propia naturaleza primordial, pulidos, puros y resplandecientes espejos de Dios. Entonces cada corazón en el cual la Presencia de Dios se manifiesta como la teofanía de la Esencia Divina, al tallali al dadvi..." ("Dat" es una palabra clave en esta tradición, es la Esencia Divina; Al tallali al dadvi quiere decir "la manifestación de esa esencia".) "De ahí que cada corazón en cuya presencia Dios se manifiesta como teofanía de la Esencia Divina, es lo que los místicos sufíes llaman el rubí rojo. Ese es el corazón perfecto, el corazón del insán kamil, del ser humano perfecto, el corazón en el que se manifiesta la Esencia Divina, el verdadero conocedor de y con Dios, el contemplador puro de Dios. No hay otra teofanía más alta que esta".

No se puede ir más allá, ese es el corazón perfectamente evolucionado, perfectamente transformado en lo que en realidad Es. Es decir develado. Y, como si fuese una cebolla, lo que hay detrás de todas esas capas de cebolla es este rubí rojo que es un espejo perfecto de la Esencia Divina. Antes hablamos de que los Nombres Divinos circunvalan el corazón como los seres humanos circunvalan la roca. ¿Alrededor de qué circunvalan los Nombres Divinos? Alrededor de la Esencia. Entonces el corazón, en donde la Esencia Divina se manifiesta en todo su esplendor, es el corazón del ser humano perfecto. Es lo que somos en verdad todos los seres humanos, sin velos, sin grados de distorsión o desconexión de Dios. Eso es lo que somos, eso es lo que tenemos que testificar. No es que vamos a serlo, sencillamente tenemos que irlo a testificar, tenemos que poderlo testificar porque ya lo somos.

Por eso Ibn al-Arabí dice que el corazón no se oxida, eso que el corazón es, es inoxidable, incorruptible, no peca, es incapaz de pecar. Nada lo mancha, nada lo toca, no importa cuán mundana sea nuestra vida y cuán confundidos estemos. Eso que somos es intocable, es intocable porque es increado. El rubí rojo es ese corazón que es la realidad de todo corazón humano, es la Esencia Divina manifestada completamente, sin velos; y eso es incorruptible.

Detrás de eso está la teofanía de los Atributos Divinos en la cual el corazón inmediatamente toca, llega a conocer, los diferentes Nombres Divinos que se manifiestan en su experiencia. Y le sigue la teofanía de las Actividades Divinas. "Y el que no perciba todos los acontecimientos de su experiencia o manifestaciones que fluyen desde la Presencia de Dios directamente, ese es el corazón de una persona que no recuerda a Dios, que está desatento, que está despistado, enajenado". El que no percibe todas las experiencias como manifestadas desde Dios directamente, fluyendo desde la presencia de Dios, es el corazón de alguien que está enajenado y exiliado de la proximidad de Dios.

"Asma al husna" son los Atributos Divinos, esencialmente son 99; estamos en la cebolla como se darán cuenta. La Actividad Divina es el acto a través del cual se manifiestan los Nombres, la configuración de Nombres que crean eventos. Primero es la Esencia, luego las Cualidades divinas, es decir las energías divinas, y luego los eventos o los fenómenos que la combinación de esas energías manifiestan.

Los nombres no son por sí mismos nada, la realidad de los nombres es lo que importa, hay que trascender al nombre. ¿Qué es "muerte"? Muerte es un nombre hasta que uno pasa a la realidad de lo que es la muerte en uno mismo. "Rajmán", o misericordia ilimitada, incondicional, infinita, es también un nombre; el punto es pasar a la realidad de ese nombre, a experimentar esa misericordia más allá del nombre. Eso es lo que hacemos en meditación, empezamos con un nombre pero queremos pasar a la realidad de ese nombre, la repetición lleva a la realidad de lo que se repite. Los nombres son una puerta a la realidad de lo que se nombra, no es que la realidad viene después porque acuérdense que no estamos dentro del tiempo.

El cuarto grado es la enajenación, el olvido, la desatención de Dios. Lo que Ibn al-Arabí nos enseña es que esos versos coránicos de los que hablamos y que hacen referencia a que Dios "sella los corazones" y cosas similares, se relacionan con estas aproximaciones o alejamientos que vive la realidad del corazón. Lo que el Corán describe son grados de cercanía o lejanía; de manifestación y de capacidad de reconocer la manifestación.

Vamos a decir que el corazón es como un cubo, una forma tridimensional. En el centro está el rubí rojo que para Ibn al-Arabí, es Al Haqq. A ese rubí lo rodea "Hu", el Pronombre Divino que se refiere a Su Esencia. Dentro de esta forma tridimensional están el rubí rojo y la Esencia Divina, Dios en tanto lo que es en sí mismo. En las capas un poquito más externas, pero aún dentro del cubo, están los Nombres que son las Energías Divinas.

Hay en la tradición la analogía de que el universo manifestado es la Exhalación de lo Divino, que sus formas son como al tinta con la que está escrita la palabra de Dios. Es decir, Dios exhala y todo el universo entra en manifestación, es la Exhalación de Dios. Es Al Haqq el que exhala para Ibn al-Arabí; exhala en primer lugar los Atributos Divinos, las Energías Divinas. Después los arquetipos que son las actividades primarias, primordiales que se conjugan a base de la configuración de los Nombres Divinos. Entonces es Al Haqq quien exhala, la Esencia Divina, la verdad pura, lo que es Dios en sí mismo, lo que llamamos "Absoluto", imposible de conocer, imposible de conceptualizar, el famoso Misterio de los misterios. Exhala, ¿qué exhala? Primariamente Energías Divinas, las cuales por ende constituyen fenómenos arquetípicos que son como estructuras arquetípicas de acción, de eventos, de actos.

Ese macrocosmos es nuestro corazón. Es decir, eso que Dios exhala y que vemos afuera, no puede contenerlo el cielo ni la tierra, porque son cuerpos limitados, pero el corazón sí puede contenerlo, abarcarlo por completo. Por eso la Sheija Fárija dijo en la conferencia que dio aquí, que los maestros sufis enseñan que el corazón humano es el macrocosmos no el microcosmos. En él se debate todo este drama que vemos afuera; es el Corazón de Dios el que lo manifiesta. En nosotros está ese Corazón, eso es lo que el corazón es.

Esta gradación no está completa, de aquí sigue hasta lo burdo, hasta la materia. Las capas que estudiamos son las esenciales, desde este punto se desenvuelve todo lo que podemos llamar "manifestación". Desde este enfoque todo lo que perciben nuestros sentidos, absolutamente todo, es teofanía, manifestación de Dios, no importan los grados de distorsión que podamos experimentar, finalmente todo es Él.

Al Haqq es la Realidad Divina como es en Dios mismo, a la que se refiere el Profeta Mujammad cuando le dice a Dios: "Muéstrame las cosas tal como son", es decir, como son desde el punto de vista Divino, como son en verdad desde Dios. Desde esa Realidad Increada, absoluta, inconceptualizable, informulable, que nunca vamos a poder describir, ni siquiera concebir, la realidad, hay simplemente niveles de percepción. Eso es "Maya", niveles de percepción; no es una realidad concreta ilusoria, la ilusión la provee la percepción, el que percibe. Dios no genera la dispersión, es nuestra propia desatención, nuestra propia cosecha, la crema que le echamos a los tacos lo que nos da este tipo de percepción. El Maya no es algo objetivo que Dios crea. En realidad no existe nada como Maya, no es una maya que te impida ver, como si Dios hubiera enmayado su realidad y eso es lo que uno percibe. Lo que uno percibe es Al Haqq, "A donde quiera que voltees tu rostro ahí está el Rostro de Dios". Lo que percibimos es esto, pero ¿cómo lo percibimos? La tecnología de la televisión nos ha enseñado en el video famoso de Michael Jakson, cómo un tigre se transformaba en la cara de una mujer, y ésta se transformaba en rosa y la rosa en aceituna. Dios es todo, no importa la forma que veamos, no estamos en posibilidad de separarnos o ausentarnos de Él. Ahora, si Lo percibimos desde acá abajo ¿cómo vamos a percibirlo?

Ibn al-Arabí dice que te acercas a la percepción de la Esencia Divina según vas viendo primero los arquetipos, después las Energías Divinas y después de eso, la Esencia. Es en esa gradación pero en realidad todo es Dios, no ves otra cosa. Cuando se habla de pulimento del corazón, de los ojos del corazón, se está hablando de la posibilidad de ver lo que uno tiene que ver sin distorsión. La distorsión que en el budismo se conoce como "Maya" puede malinterpretarse como una realidad aparte, como si fuera en sí misma "algo" irreal, cuando la irrealidad proviene de quien percibe no de lo que se percibe; esto es muy importante. Cuando el lente del corazón se va abriendo por Gracia Divina, porque tú ejerces ese adab con Dios, porque te paras a sus puertas, porque tu corazón solamente tiene la intención de conocerlo, de amarlo, no de manipular su creación, no de enriquecerse, no de hacerse Profeta o Mesías, no de llevar dinero al banco; según tú te acercas a esa puerta, esa puerta se abre y te muestra Su reflejo, lo que siempre ha sido. Ese es el camino espiritual, ese viaje, esa peregrinación ascendente en la que Él dice "No me dejes de buscar hasta que me encuentres y cuando me encuentres asciende". Allá es el ascenso. Es ver la Manifestación Divina, la creación y a nosotros mismos a través de los ojos proféticos, los ojos purificados y santificados, no a través de nuestras propias distorsiones, de nuestras propias reflexiones. Eso es lo que se enseña en las tarikas, que tu visión es incompleta pero la del Profeta Mujammad no. La visión que el Profeta recibe del Corán es completa, uno va aprendiendo a través de esta transmisión espiritual y el lente del corazón, en efecto, se va agrandando, abriendo. "Futuh" es cuando finalmente el lente del corazón se abre. Si el lente se va abriendo hacia allá, vas en ascenso, de eso es que se trata el camino o lo que llamamos "camino", porque si se dan cuenta, no hay camino, todo es metafórico, no hay distancia que recorrer. Ahora mismo estamos allí, no hay a donde ir, no hay qué perseguir, pero hay que buscar el rubí. Dios mismo le dijo a Ibn al-Arabí: "Búscame hasta que me encuentres y luego asciende".

Eso me recuerda la anécdota que cuenta el Midrash de la tradición judía. A un Rabino le preguntaron qué hace Dios después del sexto día cuando ya hizo toda la creación y él contestó: "Dios se dedica a construir escaleras". Estas son las escaleras. Lo que Ibn al-Arabí está diciendo es que este conocimiento no se puede obtener a menos que sea dado. Esa es la escuela de los místicos, esa es nuestra escuela, a esta escuela es que hemos sido llamados; eso es una orden mística. No importa cuán distorsionada sea nuestra imagen, Ibn al-Arabí siempre enfatiza que las distorsiones de la realidad que producen nuestras propias mentes son provenientes de la Misericordia Divina. Nuestras distorsiones nos educan, nos enseñan y nos abren el camino para la realización. No hay nada que no sea provisto por la misericordia de Dios, nada que tenga poder tiene otra finalidad; el poder es el de la Misericordia y lo ejerce a través incluso de nuestras distorsiones.

Es el adab de Dios, como nos enseña la tradición, es que Él da a través de otro ser humano. Una orden mística es como un laboratorio del corazón, el objeto de atención es el corazón, el rubí rojo; va a ser Dios siempre el eje. Voltearse a eso, es voltear la mirada. Ibn al-Arabí dice que Dios empieza a mostrarle misericordia al ser humano cuando lo adentra en el discernimiento moral. Así es como empieza la Misericordia Divina a atraer al alma. Ahí empieza el recorrido de los siete niveles del nafs o del alma, empieza con el "yo censor" que dice lo que está bien, lo que está mal, que se autocondena y también condena a los demás.

El adab de Dios es dar a través de los seres humanos, lo hemos visto en la historia de Ahmed Bedewi, fue también la realización que tuvo Rajima en el último retiro. Es a través de la transmisión espiritual del maestro al discípulo que se pasa esta iluminación. La silcila o cadena de transmisión espiritual es una escalera. El Corazón Profético es el rubí rojo, Moisés, Jesús, Mujammad, Buda, Krishna, son estos manifestadores de la Esencia Divina. La Esencia Divina se manifiesta en los profetas, luego en los santos, luego en los siervos piadosos. Así, como a través de un embudo, se filtra la transmisión, la Ayuda Divina.

En nuestra silcila particular, que si se dan cuenta es como un dhikr (ceremonia sufi de remembranza de Dios), está Al-lah Al Haqq, luego el Profeta Mujammad, después los más cercanos a él y de ahí empiezan a fluir las silcilas, las cadenas de transmisión que son las tarikas del islam; ahí están Hazdreti Pir, Muzzafer Efendi, Nur y al final nosotros. Esa es la escalera. Nuestro Sheij Nur hizo el recorrido completo en su experiencia "Con Mujammad en el paraíso", así que para nosotros este texto es una constante fuente de enseñanza, les recomiendo que lo lean periódicamente porque es inagotable. Dios le da a nuestros maestros todo esto para nosotros, no es para ellos, ellos no existen; nosotros tampoco, pero creemos que sí, ellos ya se dieron cuenta que no. Es para nosotros toda esta enseñanza y a través de ella nos enriquecemos y recibimos ayuda.

Dios es el amado que uno busca a través de este recorrido; es el deseo amoroso por Dios lo que aumenta la velocidad —si es que se puede ocupar el término— de la penetración de los velos. Decía Rama Krishna "Para realizar a Dios se necesita tener un deseo tal como el que tiene por el aire una persona que tiene la cabeza debajo del agua". Solamente Dios puede poner ese deseo en nuestros corazones, nosotros no podemos desearlo de esa manera, con esa intensidad si Él no nos desea a nosotros del mismo modo.

La iniciación en un camino místico, coloca a quien la toma en el estadio del "yo inspirado", la travesía se emprende con ese impulso de la Gracia Divina. Pero nosotros no vamos solos, vamos todos, entonces todos es más que uno mismo, el recorrido en comunidad es algo muy misericordioso, a él hemos sido invitados. Lo que se refleja en el corazón de cada derviche lo atestiguamos todos a través de él y todos nos beneficiamos con ello. Hay una gran misericordia en juntar los corazones y hacerlos un cuerpo místico, porque ese cuerpo místico va velozmente hacia la Realidad. Nos ayudamos unos a los otros. Simplemente el proceso de alquimia y develación de cada uno, se vuelve un cúmulo de enseñanza para todos; es notable la misericordia que hay en ello. Pero también debo decir que es solamente de esta manera que vamos a entender en verdad. Esto puede ser comprendido preliminarmente de muchas formas, aprehendido de algún modo, pero el punto importante es el desencadenamiento de nuestro propio proceso de teofanía, la penetración de todos esos velos de fabricación casera.




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