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"El que enseña y el enseñado, crean la enseñanza
juntos."
Proverbio oriental
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EDITORIAL
Hola,
La mente, como hemos dicho anteriormente,
no puede vivir en el presente. Por eso siempre está referenciándose al pasado, o
a un futuro que se imagina con base en el pasado conocido. Nunca está en el
presente, nunca está en el "aquí y el ahora".
Al no poder estar en el presente,
la mente teme a la incertidumbre, pues el "aquí y el ahora" se crea a cada
momento y no hay forma de tener certeza de que en dos segundos todavía estaremos
respirando. Así, el miedo se vuelve su principal motor... y nuestro peor
obstáculo.
El miedo nos paraliza, y nos aprisiona en una zona de condiciones
supuestamente conocidas y seguras (el pasado), que a la larga es justamente lo
que nos impide encontrar la felicidad completa.
Reconocer el actuar de la mente,
desidentificarnos de ella, y encontrar momentos para escuchar el silencio, son
herramientas clave permanecer en el "aquí y el ahora". En servicio, Santiago
NOTICIAS DE LA
ASCENSIÓN, por Hortensia Galvis
VIVIR EL "AQUÍ Y EL AHORA"
Este mensaje es para ti, que has llegado hasta la
saturación del sufrimiento, y has tomado la decisión de no aceptar más dolor.
Quieres hallar felicidad, pero te asemejas al hombre que “cree haber perdido su
caballo, se pasa toda la vida buscándolo, y al final descubre que siempre estuvo
montado en él”. (Chuang Tzu)
Estás habituado a tener la atención dirigida hacia
afuera, para percibir con la mente todo aquello que es exterior a ti. Dejas que
la mente interprete cuál es el mundo real. Permites que designe lo que tú eres,
según la comparación con las fachadas que fabrican los demás. Es ella quien
decide si eres pobre o rico, bonita o fea, bueno o malo, poderoso o miserable,
talentoso o bruto. Y luego pasas la vida anhelando ser aquello que no eres, tener
aquello que no posees y sufres enormemente porque no puedes alcanzarlo.
Cuando construyes tu realidad con la mente, el
pensamiento siempre está en movimiento. Viajas al pasado a recorrer una y otra
vez aquellos eventos traumáticos donde te quedaste atascado. Repasas el dolor y
dramatizas diálogos interminables de lo que podrías haber hecho y lo que deberías
haber dicho. En este proceso pierdes tu salud, tu alegría, y el mundo parece gris
y desabrido.
La mente no sabe vivir el tiempo presente, porque está
demasiado ocupada para percibirlo. Si no está rebuscando en los archivos del
dolor, estará planeando el futuro dentro de los parámetros de lo que ya has
vivido. Ella no tiene posibilidades de aceptar algo diferente a lo que ya conoce,
ni tampoco consigue manipular lo que vendrá para complacer tus deseos y
apetencias. Los pensamientos proyectados al futuro te paralizarán de miedo,
porque se enfrentan con la incertidumbre. Y el miedo es tu peor consejero,
recuérdalo. Si lo aceptas como huésped te atraerá precisamente aquello que más
temes.
Cuando tomas la determinación de ser feliz, solo hay un
cambio que debes hacer para lograrlo. Usa tu facultad de atención, y dirígela
hacia adentro. Lo primero que trascenderás será el concepto del tiempo. Te darás
cuenta de que el pasado no existe ya y que, para ser libre, debes diluirlo. Que
el futuro se sale de tus manos, pues su único elemento fijo es la inseguridad. Es
así porque la eficacia de tu aprendizaje depende ampliamente del hecho de
enfrentarte con aquello que ignoras.
Solo puedes ser feliz en el “aquí y el ahora”, que es
lo único que es tuyo. Ese “aquí y ahora” tienes que vivirlo, no con la mente y
sus juicios interminables, sino con la conciencia de tu cuerpo físico y su
inteligencia celular. Esto lo consigues si cultivas la atención enfocada hacia tu
interior. Desde allí se te revelará un universo nuevo, espiritual y perfecto.
El “aquí y el ahora” te permite disfrutar del regalo
que son tus sentidos, el olfato, la vista, el tacto, el gusto y el oído, que
están ahí para realzar la vivencia de las maravillas que te rodean. Cuando la
mente interfiera para sabotear tu percepción, vuelve inmediatamente tu atención
hacia el cuerpo. Hay dos formas eficientes de lograrlo: puedes hacer conciente tu
respiración, o conectarte con los latidos del corazón, tomándote el pulso.
Permite que el pasado se disipe con el convencimiento
de que siempre hiciste lo mejor que pudiste. El futuro dejará de amenazarte si
sabes que siempre estás bajo el cuidado de la provisión divina, que es perfecta.
Tu perteneces ahora a la eternidad, que equivale al enfoque conciente en el “aquí
y el ahora”. Este es el secreto de un hombre, que al acercarse el final de su
vida sabe morir, simplemente porque ha sabido vivir.
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