Desde el comienzo de la humanidad, a partir de
la misma creación del primer hombre, Adán, la culpa y la victimización se
metieron en el ser humano. La primera culpa nació en Adán por haberle hecho caso
a Eva y haber comido del fruto prohibido. Entonces, por culpa, Adán comenzó a
tapar su cuerpo: ya no podía mostrarse desnudo delante de su Creador. Por culpa
de Eva, dice la historia, Adán cayó.
Ahora bien: ¿adónde quedó la capacidad de
Adán para decidir comer o no esa manzana? ¿Fue Eva la victimaria y Adán la
víctima?
Sin darnos cuenta, el hombre comenzó a
llenar ese Edén con culpables e inocentes, con víctimas y victimarios y se
predispuso a vivir y a asumir culpas ajenas, transformando una vida de libre
albedrío en una vida culpógena llena de sacrificios, ritos y frustraciones
innecesarios.
¿Qué sucede cuando una persona experimenta
sentimientos de culpa? Sufrirá privaciones. Dirá frases tales como:
• No tengo tiempo
para mí
• A mí sí me gusta lo que estoy haciendo, pero no vale la pena
•
No lo puedo lograr, mi familia nunca pudo alcanzar este sueño
Desde el momento en que un obstáculo
bloquea tu sueño y afirmas que no tienes capacidad para llevarlo a cabo, vives
con culpa. La culpa es la emoción más obstaculizadora en el camino de los
anhelos y objetivos. La culpa te hará sentir que no eres merecedor de esos
beneficios, que tu deseo es mucho para ti, y, en medio de un mundo en el cual
cada ser humano trata de obtener ventajas y de aprovechar al máximo cada
oportunidad, te sumergirás en la culpa, dejando que otros tomen lo que es
tuyo.
Bernardo de Stamateas - Gente
Tóxica