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A
brimos
nuestro corazón y pedimos a Dios que nos ayude a percibir la Realidad
Divina trascendiendo nuestra razón y más allá de las facultades intelectuales,
porque precisamente la enseñanza nos guía en esta dirección. Para estudiar
el corazón —que es el centro de la conciencia de todo ser humano— primero
necesitamos comprender que no es a base del entendimiento racional que
vamos a lograrlo, sino realmente el conocimiento debe penetrar la realidad
del corazón. Este círculo de estudio tiene esta característica, saber
que no es sólo con la razón y con agudeza mental que esta realidad se
abre para nosotros, por lo tanto intentamos captar con lo que la facultad
racional nos permite, pero también estamos concientes de otras facultades
que son más intuitivas y receptivas a la transmisión divina que fluye
constantemente. Estamos en un estado intermedio entre recibir con la antenita
acostumbrada y con el corazón que tiene la facultad de recibir constantemente
de Dios, como nos dice Ibn al-Arabí. El corazón constantemente está recibiendo
de la Conciencia Divina, ya sea ignorancia o sabiduría.
Voy a empezar citando
una serie de Jadiz, es decir tradiciones orales, para plantear el tema
de nuestro estudio, el corazón. Vamos a oír lo que tiene que decir el
Profeta Mujámmad sobre el corazón. No tiene par el célebre Jadiz que dice:
"Mi tierra y mis cielos no me abarcan pero el corazón de mi servidor
fiel sí me abarca". Este es un Jadiz Qudsi. La tradición oral puede
ser de varios tipos. Esta es qudsi, que significa sagrada. Las
tradiciones de ese tipo vienen directamente de Dios; Mujámmad la escucha
en su propio corazón o conciencia, pero es Dios Quien lo dice. Ese es
probablemente el más trascendental Jadiz respecto a nuestros corazones,
y se puede decir que es una plataforma sobre la que se levanta el sufismo,
la tradición mística del Islam. Los sufis resumían este Jadiz diciendo:
"El corazón de la persona de fe es el trono del Todo Misericordioso".
Hay
otro Jadiz también muy conocido que dice: "Los corazones se oxidan como
el hierro, y el pulimento del corazón es la remembranza de Dios y la recitación
del Corán". Este es un Jadiz Sherif o noble, es decir, el Profeta
lo dijo por sí mismo. El pulimento es el dhikr o remembranza de
Dios, se haga en comunidad o en silencio. Otro Jadiz también muy interesante
del Profeta dice: "Si no fuera por el exceso de su hablar y la agitación
de sus corazones, ustedes podrían ver lo que yo veo y escuchar lo que
yo escucho". También dijo: "Oh Transformador de Corazones, ata
mi corazón firmemente en tu religión". Estos Jadiz plantean lo que
vamos a estudiar juntos, qué es el corazón.
A
Ibn al-Arabí se lo conoce como el Sheij al-Ákbar, el más grande sheij
o maestro de la tradición; es quien estructura y hace accesible el conocimiento
del Wahadat al-Wuyud o Unicidad de la Existencia, que finalmente
es una articulación de la experiencia de la ilajha ilal-láh, que
significa "no existe nada aparte de Dios", o "sólo la realidad divina
es".
El
Wajadat al-Wuyud, la Unicidad del Ser o de la existencia, es una idea
central, indispensable en el legado incomparable de Ibn al-Arabi a la
humanidad. Mi metáfora favorita para explicar esta premisa revelada es
el ejemplo del vitral. Si estamos frente a un vitral vemos una multiplicidad
de colores, el rojo, el amarillo, el naranja, el verde, pero sabemos que
la luz es una. Esa luz una e incolora le da la capacidad de brillar a
los colores. Las manifestaciones que nosotros percibimos son esos colores
y el Ser Uno es la luz que les presta la capacidad de brillar. La multiplicidad
y la unidad están ahí claramente expuestas. Sabemos que la luz es una
y sabemos que los colores son múltiples, pero no porque los colores sean
múltiples hay más de una luz. Dios sería esta luz y las criaturas y toda
forma corpórea, recipientes que reciben la capacidad de brillar de la
Luz Única. La existencia erróneamente llamada propia, es algo prestado;
esa luz o esa capacidad de brillar es la existencia que la luz única e
incolora nos da.
Esta es la visión
sufi por excelencia, y también obviamente la visión del Vedanta y si escarbamos
y seguimos buscando, la visión subterránea de todas las grandes tradiciones
sagradas. Cuando las tradiciones empiezan a ser develadas y el ser humano
penetra uno y otro de los salones, como si fuera un edificio con mil departamentos,
lo que encuentra al fondo de todas las tradiciones es la ilajha il
al-láh, la Wajadat al-wuyud, con diferentes nombres en cada
una de las tradiciones. Como dice el Rig Veda, la verdad es una pero se
le llama por muchos nombres. Entendido esto, todo es teofanía. A nivel
esencial, al nivel más absoluto posible, toda percepción del ser humano,
toda experiencia es teofanía. Ibn al-Arabí llamaba a esto "tayali", o
manifestación de Dios, y más comúnmente, epifanía.
Ahora bien, si éste
es el caso, y si toda percepción es ultimadamente epifanía ¿por qué no
nos damos cuenta? Los seres humanos en muy raras y excepcionales ocasiones
tenemos esta vislumbre, esta penetración. Nuestros estados ordinarios
de conciencia no participan de esta realidad. En un momento dado, por
gracia divina, se abre esa cortina y podemos reconocerlo con lágrimas
en los ojos en un estado completamente diferente de nuestro estado ordinario.
Es interesante que incluso durante largos períodos de práctica no necesariamente
lo experimentamos, puede suceder en un segundo dentro de 4 días de retiro
o puede sucedernos en el metro, súbitamente.
Este es uno de los
primeros puntos a reflexionar, ¿por qué no nos damos cuenta de esto, por
qué no participamos de ello concientemente? En el sufismo hay una importante
diferenciación entre hal y makám. Makám es una estación,
un estadio en que el alma está establecida y lo que llaman hal
es un estado pasajero. Nosotros quizá hemos experimentado esto en estados
pasajeros de conciencia, pero de acuerdo al Corán, los místicos y los
profetas están establecidos en esta conciencia. Está documentado que los
que llamamos "iluminados", los seres que han despertado a esta realidad,
permanecen en este estadio, lo tienen como base de su ser, sin que eso
implique congelamiento.
¿Qué es lo que hace
que un corazón permanezca con más frecuencia en un estado ordinario de
conciencia donde no participa de la realidad y de momento sí pueda participar
de ella? ¿Cómo es este corazón, que va de la percepción ordinaria a la
contemplación?
Esta contemplación
de la que estamos hablando se conoce en este argot como "shahid"
que literalmente quiere decir "testigo", y es uno de los Nombres Divinos
revelados en el Sagrado Corán. ¿Qué es lo que nos hace en un momento dado
atestiguar esta realidad que transforma la experiencia humana en teofanía
o epifanía? Cuando ocurre no es bajo nuestro control, eso es un punto
importante. No es a voluntad que podemos trasladarnos al estadio desde
el cual se ve la realidad tal como es. Por eso el Profeta oraba "Oh Al-láh
muéstrame las cosas como son".
Planteado esto vamos
a ver lo que dice el Corán. La pregunta sigue en el aire. ¿Cómo funciona
este corazón que de momento es asaltado por esta posibilidad y la cortina
se corre, pero que pasa gran parte de su tiempo percibiendo multiplicidad
y dualidad, percibiendo la realidad de forma incorrecta o infiel?
El
Asiento de la Conciencia
El término coránico
para referirse al corazón es qalb. En el Corán se hacen 132 menciones
del corazón en las que lo presenta consistentemente como el asiento de
la conciencia. También de acuerdo al Corán es el asiento de nuestra ignorancia
y el de la presencia divina. El corazón es el foco de atención de Dios,
Él tiene su atención puesta en el corazón humano. Una de las citas coránicas
relevantes que debo añadir es "No hay nada de lo que Dios esté más
cerca que del corazón humano". Los versos también enfatizan la cercanía
de Dios con el corazón; la proximidad entre Dios y el corazón. "Él
pasa entre el ser humano y su corazón", es uno de los versos coránicos
(VIII:24). También en otro verso dice "Cuando Él los llame, Él sólo
querrá saber lo que sus corazones ganaron". De esos 132 versos que
nombran el corazón, la gran mayoría tiene que ver con las intenciones
del corazón. "Él nunca tomará en cuenta sus vanos juramentos pero sí
sus intenciones profundas", así que finalmente lo único que a Dios
le interesa es la intención del corazón, la verdad de nuestros corazones.
Desde la perspectiva
coránica, una dimensión crucial del corazón humano es el involucramiento
integral de nuestra "voluntad" a la voluntad de Dios; nuestras intenciones
íntimas se presentan de alguna manera inseparables del grado de conciencia
que tengamos de Dios. Por eso también, según el Corán, el corazón es el
asiento de nuestras responsabilidades morales y espirituales.
Volviendo al punto
anterior, la paradoja de estar participando de la unicidad de la existencia
pero sin percibirla está presentada en el propio Corán, es algo que el
Corán trae. Consistentemente le atribuye la responsabilidad a Dios de
la Actividad Divina que se expresa a través de los distintos estados del
corazón, incluyendo nuestras fallas en recordarLo. Dice: "Él pasa entre
el ser humano y el corazón". Más de la mitad de estas referencias
coránicas al corazón directamente responsabilizan a Dios de los estados
del corazón; muchas veces sin hacer referencia a la responsabilidad del
ser humano que en otros contextos sí se menciona. El ser humano tiene
ciertas responsabilidades pero en muchas de estas referencias sencillamente
Dios es el único responsable.
En algunos versos
coránicos se dice que el corazón iluminado o divinamente sustentado, ya
sea en este mundo o en el próximo, es el asiento de la verdadera remembranza;
del estadio —del makám, no del hal— de remembranza. En el capítulo 13,
el verso 28 dice: "En verdad la remembranza del Señor es la satisfacción
del corazón". En el Corán se ve que estos seres humanos de los que
estamos hablando son los profetas, los santos, que participan de esta
conciencia de teofanía o esta realizada epifanía permanentemente; ellos
son grandes faros espirituales de la humanidad.
Con mayor frecuencia
el Corán menciona que Dios ha 'sellado', 'velado', 'endurecido', 'amarrado'
y hasta 'cerrado' los corazones, cuyo resultado es que están 'enfermos',
'ciegos' y 'sufriendo'. Este énfasis se nota sobre todo en las referencias
a los corazones que "fallan en entender" o no logran entender. Son más
las referencias a los que no logran entender que a los corazones que perciben
los Signos Divinos con claridad. El Corán es el que presenta esta paradoja
de las dimensiones impresionantemente contrastantes del ser humano y sus
potencialidades. Presenta al corazón como un teatro en el que se desarrolla
un drama. Hay un drama, puesto que las polaridades se están vertiendo
en él constantemente. Es un juego de luces, la luz nos muestra en un momento
corazones sellados, enfermos, sufrientes, y de momento cambia para mostrarnos
la teofanía y el reconocimiento. Estamos pues, frente a un corazón humano
que vive un gran drama.
Pregunta de un
alumno, Elías: ¿Cuando nos sentimos enfermos, agresivos o con coraje,
hasta dónde podemos decir que Dios ha amarrado nuestro corazón y hasta
dónde podemos decir que es algo nuestro?
Vamos a ver más adelante
lo que nos enseña Ibn al-Arabí, no a través de su reflexión o su estudio
filosófico o teológico respecto al tema, sino lo que se manifestó en su
corazón para las generaciones de amantes como todos nosotros, que se hacen
estas preguntas. El Corán también hace mención del tránsito del corazón
de estos estados sufrientes, cegados, sellados, amarrados, a estados de
paz; pero las menciones son escasas.
La directriz coránica
va en el sentido de suavizar, hacer humildes los corazones. Es la receta
coránica. Constantemente nos advierte que la felicidad y la paz del ser
humano están en el ablandamiento, la humildad, la purificación y el fortalecimiento.
Esos son los términos que usa para denotar el tránsito del corazón. También
habla de la necesidad de tener un corazón que responde, un corazón arrepentido,
atento. Estas son las cualidades de los corazones que se estabilizan en
la paz.
Yo siento una atmósfera
muy embriagante. Quizá antes de hacer el receso deberíamos tener unos
minutos de participación en ella, de silencio de fondo. No hay una división
concreta entre meditar y todas las demás actividades en que podemos involucrarnos.
Lo que Ibn al-Arabí nos enseñó es que no hay una división entre lo que
en este momento estamos paladeando, esta conciencia de participación,
de sostén divino, este sustento divino en el que estamos siendo contenidos
—en lugar de estar nosotros cargando algo— y todo lo demás que podamos
experimentar. Este círculo de estudio que iniciamos hoy tiene esa característica.
No hay que decir "ahora vamos a callarnos para meditar" porque no hay
una diferenciación real entre meditar y hablar, entre meditar y compartir,
entre meditar y estar abiertos a lo que Dios deposite en nuestra conciencia.
Ibn al-Arabí, por ejemplo, recibe estas iluminaciones, aperturas, vislumbres
o penetraciones de la apariencia para entrar en la percepción de lo real
que en el sufismo se conocen como "Futtuh", palabra que viene de "Fattah",
que es el Nombre Divino que quiere decir "El que abre", palabra
que también comparte su origen semántico con "Fátijha", nombre del primer
verso coránico "la apertura".
Vamos
a escuchar a Ibn al-Arabí directamente:
"Continuamente
tocando a la puerta de Dios (que para él es el corazón),
intensamente atento, sin ser distraído, aparecieron ante el ojo de
mi esencia los esplendores de Su Rostro, hasta que nada quedó ahí excepto
esa Esencia. Y así fue que abarqué un saber en el cual no hay otro saber
que no sea Dios".
Esta
es la manera en que él empieza a relatarnos sus iluminaciones respecto
al corazón. "Contemplen esa casa, la Kabba de la Presencia Divina,
el corazón del Ser".
Kalb
al-wuyud es el corazón de la existencia, este es el lenguaje
textual con el que Ibn al-Arabí explica. El lenguaje que usa es muy revelador
porque es lo que él recibe directamente. "Muráqaba" es el término que
se usa en el sufismo para hablar del estado de meditación. La palabra
viene de "raqib" que quiere decir vigilante, es como un vigilia;
un estado de conciencia, de atención extrema donde no hay distracción,
la concentración es absoluta, la mente se vuelve como un lago quieto.
Quizá a ese estado se refiere el Profeta cuando dice "Si no hablaran
tanto y no hubiera tanta agitación en sus corazones, ustedes verían lo
que yo veo y oirían lo que yo oigo".
Ibn al-Arabí nos
relata que él en este estado tuvo la visión de este "Fatá" (interesantemente
en árabe también se llama así a un joven) que se le presentó como un joven
luminoso. Se entiende que este joven luminoso es el ser verdadero o yo
real de Ibn al-Arabí, y él es quien le abre este conocimiento. Es así
como estas realizaciones ocurren en ese estado. La experiencia de Ibn
al-Arabí, podríamos decir, es como un eco de la del Arcángel Gabriel y
el Profeta Mujammad, paz y bendiciones para él. Ibn al-Arabí nos dice:
"Contemplen
esa casa, la Kabba de la presencia divina, el corazón del ser cuya luz
develada es resplandeciente a los corazones purificados, a aquellos que
la ven a través de Dios, sin velos".
Fue en esa casa interior
o templo del corazón que se llevó a cabo esta conversación entre su ser
terrenal y la imagen de su verdadero ser o el Ser Divino en la forma de
un misterioso y luminoso joven (Fatá), que le revela los secretos espirituales
que él da a conocer. Ibn al-Arabí dice:
"Después
de haber tornado el rostro de mi corazón hacia su Señor, esta Divina Persona
me dice: 'esta Kabba es el corazón del ser, y mi trono, el universo entero,
es un cuerpo limitado para este corazón; ninguno puede abarcarme pero
mi casa sí me abarca y esa es tu corazón, que es en realidad la meta depositada
en tu cuerpo visible. Aquellos que circunvalan alrededor de tu corazón
son los misterios secretos de los Divinos Nombres que se asemejan a los
cuerpos humanos que circunvalan estas rocas de la Kabba terrenal. Así
que igual que aquel que conoce los secretos que están circunvalando, el
corazón que me abarca, está participando de las más exaltadas estaciones
o makáms (estados establecidos del alma). Ustedes,
seres humanos, tienen preferencia sobre todos los ángeles que circunvalan
el Trono, porque ustedes todos circunvalan el corazón del trono, ustedes
todos están circunvalando el corazón del Ser del mundo. Están en la estación
de los secretos, de aquellos que saben, porque nada puede abarcarme excepto
ustedes seres humanos. No me he revelado a mí mismo en la forma de la
perfección a nada que no sea sus realidades interiores. Así es que realicen
plenamente lo que libremente les he otorgado desde la Dignidad Eterna.
Ustedes son el receptáculo y Yo soy Yo (o Yo soy el que Soy, o
Yo soy lo que Soy), así es que no me busquen en ustedes porque sufrirán,
y no me busquen fuera de ustedes porque no conocerán el placer. Nunca
dejen de buscarme porque sufrirán tormentos; búsquenme hasta que me encuentren
y luego asciendan. Pero sigan el adab correcto en su búsqueda y estén
siempre presentes conmigo según prosiguen su marcha".
Así,
Ibn al-Arabí empieza a penetrar en estas dimensiones. Después de esta
explicación que hace de la atención y del muráqaba, del preciso
estado de receptividad del que está participando, entonces es que da comienzo
la conversación con este joven. Se detiene en tratar de explicar la diferencia
entre lo que es la reflexión que sirve para llegar a conceptos filosóficos,
los análisis que podemos usar para discutir o entender un concepto, y
lo que son los futúhs de los que hablamos anteriormente, las develaciones.
Nos dice:
"Ahora
es al-Haqq (La Verdad, Dios en el sentido absoluto)
del que recibimos este conocimiento, vaciando nuestros corazones del pensar
y preparándolos a recibir las inspiraciones divinas (warita).
Es Él quien nos da esto desde su propia fuente, sin ninguna confusión,
como ocurre en la inspiración intelectual o poética; para que nosotros
sepamos las realidades tal como son, sean realidades específicas de los
Nombres Divinos individuales, aquellas realidades que vienen a la existencia
en combinaciones o las Realidades Divinas y no tenemos ninguna duda concerniente
a ellas. Nuestro conocimiento viene de ahí y Dios, al Haqq, es nuestro
Maestro a través de la herencia de los profetas preservada y protegida
del error, la generalidad o la confusión con formas externas. Nuestra
porción está en proporción a la pureza del asiento del corazón y de nuestra
receptividad y conciencia (es decir, lo que recibimos es proporcional
a la pureza del corazón). Esta clase de waritat o inspiraciones
divinas contienen un misterio secreto y una alusión notoria para aquellos
que reflexionan profundamente en ellas y se encuentran de frente con las
Palabras Divinas. Este tipo de saber no es resultado de la reflexión,
estos actos de saber llegan de Dios a los corazones del verdadero siervo
en un fluir continuo. Ellos son sus espíritus devotos descendiendo al
siervo del mundo de lo no visto a través de la misericordia de la Presencia
Divina. Dios está perpetuamente otorgándoles y continuamente hace fluir
hacia ellos y hacia el asiento de sus corazones ya sea el saber o la ignorancia.
Así que si el siervo de Dios está preparado y receptivo y ha pulido y
purificado el espejo de su corazón, entonces realizará esta Generosidad
Divina continuamente y recibirá en un solo instante lo que nunca pudo
haber escuchado a través de milenios en conocimiento".
El
Sheij continúa:
"Yo
he registrado estas inspiraciones de acuerdo a la orden que he recibido
de mi Señor. No hablo de nada excepto a modo de reportar lo que he oído
de Dios y dejaré de registrar lo que he recibido cuando sea instruido
a hacerlo".
Es
decir, todo lo que él escribe lo escribe por Orden Divina, con Permiso
Divino; no es su reflexión, su capacidad analítica ni su brillantez intelectual
personal lo que lo lleva a escribir estas palabras; las está escribiendo
desde Dios. Y si el mismo que le está ordenando que las escriba, le ordena
que deje de escribirlas, él dejaría de escribir. Aquí no hay ninguna voluntad
personal involucrada. Él está siendo un espejo en el que se reflejan estos
waritat. El libro que estamos estudiando es "Las revelaciones
de La Meca" y de él dice:
"Este
libro no es como otros libros, nosotros no seguimos el procedimiento de
los escritores que siguen sus propios fines y deseos o lo que se requiere
del conocimiento que quieren comunicar de acuerdo a su propia discreción.
Nosotros no escribimos así".
Decir
"nosotros" es también parte del adab o cortesía espiritual
de la tradición. Él no se refiere a muchas personas, está hablando solamente
de él, pero en la tradición sufi se estila decir "nosotros"para no incurrir
continuamente en el "yo". Esto es una lección coránica; porque el primero
que dice "Nosotros" es Dios mismo:
"Nosotros
no escribimos como ellos, nosotros ejemplificamos los corazones que se
sientan ante la puerta de la Divina Presencia cuidadosamente atentos a
lo que viene cuando la puerta se abre. Somos los necesitados, fakira
(de "fakir" que quiere decir "pobre de espíritu"; los indigentes,
los desposeídos, los que no tienen nada que reclamar por sí ni para sí
mismos). Estamos desprovistos de todo conocimiento propio, manufacturado.
Esta es la manera de la gente de la develación espiritual (este
es otro término que hace referencia a los místicos, gente cuyo conocimiento
viene a ellos de esta manera). A veces recibimos cosas que no entendemos,
así que cada persona que compone de acuerdo a su recibir de Dios no está
restringida al entendimiento de lo que habla" (es decir, no necesariamente
entiende todo lo que habla).
Habría que hacer
la diferencia entre waritat que es una forma de conocer la Realidad
Divina, y lo que es por ejemplo la canalización. Porque esto podría sonar
como al channeling famoso en el que el ser humano se prestaría
para ser un canal para otras entidades; no es de eso que estamos hablando.
No es que él era un médium, él era extra large, de hecho. (Risas)
Esta experiencia
de Ibn al-Arabí sucede seguramente en el mismo lugar en que Nur, nuestro
maestro, tiene su experiencia frente a Mujámmad. Que le ocurre estando
en vigilia, y en la cual el Profeta lo guía a través de la creación. En
efecto esa es la puerta de la que se habla; uno se sienta a los pies de
esa puerta y la puerta puede abrirse para dejarnos participar de estas
experiencias. No es algo restringido a los profetas, aunque la experiencia
de Ibn al-Arabí siempre va a resultarnos inalcanzable y, de hecho, es
un precedente tremendo. Nuestras waritat no tienen que ser necesariamente
del mismo alcance, porque nosotros no tenemos necesariamente la misión
que tuvo Ibn al-Arabí. Es digno de anotarse que 700 años después, estamos
aquí reunidos recibiendo esta sabiduría y esta transmisión espiritual.
Pero nosotros tenemos que estar concientes de que estamos siendo invitados
a este umbral y que el conocimiento que podemos obtener de él es superior
a cualquier conocimiento que podamos generar con nuestras facultades racionales.
De los místicos siempre nos llega una invitación, una posibilidad en proporción
a la pureza de nuestros corazones. Cuando el corazón es puro no tiene
agenda, no tiene intención excepto el amor de Dios mismo, la sed de Dios.
Entonces está preparado, por eso él dice que hay que prepararse, pulir
el corazón. Por supuesto, nosotros tenemos la capacidad de fabricar una
serie de proyecciones y decir que hemos escuchado cosas o que nos hemos
sentado a las puertas de Dios y nos ha dicho que somos la Virgen María
encarnada, e incitar a otros a que sigan nuestro camino. Eso siempre va
a ser posible en un corazón necesitado de otras cosas que no sean la Presencia
Divina misma, un corazón que no esté maduro.
Pero Ibn al-Arabí
no está encarnando nada que no sea a Dios mismo, no está canalizando a
un ser que reencarnó y fue x en x vida. Estamos hablando
de un reino de experiencia que no es la canalización; estamos hablando
de waritat. La inspiración divina se le da por la pureza de su
corazón y toma la forma de un joven para que pueda haber un intercambio
más concreto y no se quede en la abstracción; para que se puedan aterrizar
estas ideas, estas palabras que yo acabo de citar. Es como cuando el Sheij
Nur al-Yerráji tuvo la experiencia con el profeta Mujámmad. La persona
de Mujámmad podríamos también decir que es el Yo Divino de Nur. Este es
probablemente el proceso de cada uno de nosotros y el corazón profético
es el espejo para la humanidad con el que puede entrar en una conversación
más directa. Nur conversa con el Profeta, hay un intercambio. No necesariamente
todo género de waritat tiene esta característica, no estoy diciendo
que necesariamente toda inspiración divina deba tener un interlocutor.
Ibn al-Arabí tuvo
un inmenso caudal de waritat, esta no es la única, pero estamos
refiriéndonos a esta porque habla del corazón. No siempre las develaciones
vinieron a él a través de una conversación con esta forma de su Yo Divino
o del Yo Divino, Dios es inmensamente creativo, no tiene siempre que adoptar
la misma manera. El texto continúa:
"Nosotros
vaciamos nuestros corazones de pensamiento reflexivo y nos sentamos junto
a Dios, Al Haqq, en el tapete del adab (la intención correcta)
y del muráqaba, la intensa atención espiritual, la presencia y presteza
(fíjense en todo el abanico de actitudes del alma ante esta posibilidad
de Apertura Divina) a recibir lo que sea que viene a nosotros de
Él, esto que viene de Él es realización espiritual y revelación. Así que
cuando hemos afocado o enfocado nuestros corazones y sus aspiraciones
espirituales..."
Aquí
tiene que haber mucho deseo, mucha sed, mucha hambre de Dios. "Himam"
es el nombre árabe para la aspiración del corazón. "Cuando afocamos
nuestros corazones y sus aspiraciones espirituales en Dios y hemos tomado
verdad refugio en Él..." piensen en toda la preparación de la que
se está hablando; "abandonando cualquier confianza en los reclamos
de la reflexión, la investigación y los resultados intelectuales..."
Esto no quiere decir que uno se tiene que sentar a hacer todo esto, es
simplemente la descripción del estado que se da al que tiene el corazón
puro. La reflexión, la investigación y la capacidad intelectual son válidas
y preciosas en otros terrenos de la existencia, pero no son el campo para
estas develaciones. Nadie nos educa para esto; Ibn al-Arabí nos está educando.
Ese es el adab. Ibn al-Arabí se vuelve maestro por el Maestro. Es el Maestro
de todos el que le da sabiduría a Ibn al-Arabí para que nosotros podamos
entender. Todos nosotros hemos tenido experiencias análogas a la que estamos
estudiando, por eso la pregunta es ¿por qué de la fluctuación?
Aquí se nos está
educando, esta es la educación de los místicos, ésta es la escuela. No
sabe más el que más Corán ha aprendido de memoria o más Jadiz y puede
citar en árabe, persa, pali o sánscrito; no es ése necesariamente el que
recibe directamente de Dios. El faqir y el derviche pueden saber
muchas cosas de otros tipos de conocimiento pero saben que éste es el
conocimiento que importa. Pueden ser médicos excelsos en sus campos, y
no dejan de aprender aquello que necesitan del campo intelectual para
poder ejercer sus facultades, pero saben que existe un conocimiento que
solamente puede provenir de Dios y que cada ser humano puede recibirlo;
esta es la experiencia democrática por excelencia.
"Entonces
es que sus corazones son purificados y abiertos. Una vez que ellos tienen
esta receptividad interior, Dios se manifiesta a ellos informándoles en
un solo instante, a través de la visión directa, los significados internos
de esas oscuras palabras de las escrituras. Este es uno de los tipos de
develación espiritual o inspiraciones divinas. A través de esta develación
ellos conocen los significados de expresiones de las escrituras o expresiones
proféticas, lo que Dios, de hecho, quería que ellos entendieran; aún si
esa misma expresión cobra, en otro reporte, un significado completamente
diferente. Aunque las palabras sean idénticas hay muchos niveles de significado
en estas dimensiones sagradas de significado, que son especificadas a
través del puntual acto de atestiguar".
Es
decir, no es un proceso como de maquiladora, cada corazón recibe lo que
necesita, lo que puede abarcar, lo que Dios quiere mostrarle; a ninguno
entonces se le hace posible reclamar: "esto es toda la verdad".
Ahora entraremos
más a fondo en la paradoja del corazón:
"Ustedes
deben saber que el corazón es un espejo pulido, que todo él es un rostro
y que nunca se oxida. Se ha dicho que los corazones se oxidan como el
hierro y esa expresión sólo se refiere a la instancia en que el corazón
se conecta y se preocupa exclusivamente por buscar conocimiento mundano
y por ello se distrae del conocimiento de Dios o a través de Dios. Su
conexión con aquello que no es Dios oscurece el rostro del corazón porque
lo previene de la Automanifestación Divina o de las teofanías, tayali."
Esto es central para
Ibn al-Arabí, "el corazón nunca se oxida". La oxidación del corazón
se produce cuando vuelve su rostro hacia el mundo, esos son los velos,
pero el corazón en sí es incapaz de ser oxidado. Él está en esta frase
explicando el Jadiz que hace referencia a la oxidación de los corazones:
"Es lo que conecta al corazón a lo que no es Dios lo que oscurece su rostro
porque le impide encontrar en sí mismo las teofanías". Es como la
nube del no saber, por eso explica que cuando el corazón se vuelve hacia
Dios con todo el rigor de atención del que hemos explorado, no se trata
de un corazón oxidado.
"La
Presencia Divina está continuamente manifestándose a sí misma y uno no
puede imaginar velo alguno para esa automanifestación . Pero cuando el
corazón falla en recibir esa manifestación de la manera prescrita, es
porque ha recibido algo que no es Dios, a eso se refieren la oxidación,
los velos, la cerradura, la ceguera y todo lo similar que se menciona
en los versos coránicos".
Es Dios, pero distorsionado
por los velos que acabamos de mencionar. La explicación que Ibn al-Arabí
da a esto es que aunque el corazón es por sí mismo, en su propia naturaleza,
nada excepto ese lugar atemporal de la Manifestación Divina del tayali,
estas mismas experiencias pueden ser percibidas como distorsiones a distancia
de Dios.
¿A través de qué
anteojos nuestro corazón está viendo? Su explicación es que aunque el
corazón es, por su propia naturaleza, nada en sí mismo además de este
asiento intemporal del Ser de la Manifestación Divina; las mismas experiencias
y fenómenos pueden ser subjetivamente percibidas en cuatro diferentes
niveles de distancia, niveles en que la distancia de Dios va en aumento.
Son campos de percepción en los que contextualizamos los objetos de nuestra
experiencia en su conexión o desconexión con Dios. El corazón es un lugar
que no está regulado por el tiempo, no está sujeto a sus leyes. La realidad
del corazón no obedece al tiempo ni al espacio, es atemporal, no localizable.
No es posible decir "esto es el corazón".
Grados
de Pureza
Vamos a regresar
al tema de la pureza del corazón, porque estos grados de distancia o cercanía,
en cuanto a la identificación de aquello que se percibe en conexión o
desconexión con Dios, tienen que ver con la pureza del corazón. Esta manera
de descifrar es lo que va designando el código del corazón. Pero poniéndolo
en términos más sencillos, si tu corazón está lleno de su propia cosecha,
si ese lugar de testificación, de testimonio, que es este asiento, está
lleno de su propia sustancia, sus propias intenciones; esas intenciones
efectivamente marcan los grados de distancia o cercanía que tiene tu corazón
—en cuanto a identificar las manifestaciones en conexión o en desconexión.
Aquí hay cuatro grados, pero por supuesto esto es metafórico, no hay tal
cosa como distancia. Hablamos de distancia en reconocimiento, no en espacio
o tiempo. Distancia en cuanto a lo cerca que estás de reconocer al único
ser en epifanía o reconocerlo a distancia, y por ende, distorsionado.
Son grados de transparencia o de obstrucción, por eso se usa la palabra
"velos".
"Porque los
corazones son eterna e incesantemente, por su propia naturaleza primordial,
pulidos, puros y resplandecientes espejos de Dios. Entonces cada corazón
en el cual la Presencia de Dios se manifiesta como la teofanía de la Esencia
Divina, al tallali al dadvi..." ("Dat" es una palabra clave
en esta tradición, es la Esencia Divina; Al tallali al dadvi quiere
decir "la manifestación de esa esencia".) "De ahí que
cada corazón en cuya presencia Dios se manifiesta como teofanía de la
Esencia Divina, es lo que los místicos sufíes llaman el rubí rojo. Ese
es el corazón perfecto, el corazón del insán kamil, del ser humano perfecto,
el corazón en el que se manifiesta la Esencia Divina, el verdadero conocedor
de y con Dios, el contemplador puro de Dios. No hay otra teofanía más
alta que esta".
No se puede ir más
allá, ese es el corazón perfectamente evolucionado, perfectamente transformado
en lo que en realidad Es. Es decir develado. Y, como si fuese una cebolla,
lo que hay detrás de todas esas capas de cebolla es este rubí rojo que
es un espejo perfecto de la Esencia Divina. Antes hablamos de que los
Nombres Divinos circunvalan el corazón como los seres humanos circunvalan
la roca. ¿Alrededor de qué circunvalan los Nombres Divinos? Alrededor
de la Esencia. Entonces el corazón, en donde la Esencia Divina se manifiesta
en todo su esplendor, es el corazón del ser humano perfecto. Es lo que
somos en verdad todos los seres humanos, sin velos, sin grados de distorsión
o desconexión de Dios. Eso es lo que somos, eso es lo que tenemos que
testificar. No es que vamos a serlo, sencillamente tenemos que irlo a
testificar, tenemos que poderlo testificar porque ya lo somos.
Por eso Ibn al-Arabí
dice que el corazón no se oxida, eso que el corazón es, es inoxidable,
incorruptible, no peca, es incapaz de pecar. Nada lo mancha, nada lo toca,
no importa cuán mundana sea nuestra vida y cuán confundidos estemos. Eso
que somos es intocable, es intocable porque es increado. El rubí rojo
es ese corazón que es la realidad de todo corazón humano, es la Esencia
Divina manifestada completamente, sin velos; y eso es incorruptible.
Detrás de eso está
la teofanía de los Atributos Divinos en la cual el corazón inmediatamente
toca, llega a conocer, los diferentes Nombres Divinos que se manifiestan
en su experiencia. Y le sigue la teofanía de las Actividades Divinas.
"Y el que no perciba todos los acontecimientos de su experiencia
o manifestaciones que fluyen desde la Presencia de Dios directamente,
ese es el corazón de una persona que no recuerda a Dios, que está desatento,
que está despistado, enajenado". El que no percibe todas las
experiencias como manifestadas desde Dios directamente, fluyendo desde
la presencia de Dios, es el corazón de alguien que está enajenado y exiliado
de la proximidad de Dios.
"Asma al husna"
son los Atributos Divinos, esencialmente son 99; estamos en la
cebolla como se darán cuenta. La Actividad Divina es el acto a través
del cual se manifiestan los Nombres, la configuración de Nombres que crean
eventos. Primero es la Esencia, luego las Cualidades divinas, es decir
las energías divinas, y luego los eventos o los fenómenos que la combinación
de esas energías manifiestan.
Los nombres no son
por sí mismos nada, la realidad de los nombres es lo que importa, hay
que trascender al nombre. ¿Qué es "muerte"? Muerte es un nombre
hasta que uno pasa a la realidad de lo que es la muerte en uno mismo.
"Rajmán", o misericordia ilimitada, incondicional, infinita,
es también un nombre; el punto es pasar a la realidad de ese nombre, a
experimentar esa misericordia más allá del nombre. Eso es lo que hacemos
en meditación, empezamos con un nombre pero queremos pasar a la realidad
de ese nombre, la repetición lleva a la realidad de lo que se repite.
Los nombres son una puerta a la realidad de lo que se nombra, no es que
la realidad viene después porque acuérdense que no estamos dentro del
tiempo.
El cuarto grado es
la enajenación, el olvido, la desatención de Dios. Lo que Ibn al-Arabí
nos enseña es que esos versos coránicos de los que hablamos y que hacen
referencia a que Dios "sella los corazones" y cosas similares,
se relacionan con estas aproximaciones o alejamientos que vive la realidad
del corazón. Lo que el Corán describe son grados de cercanía o lejanía;
de manifestación y de capacidad de reconocer la manifestación.
Vamos a decir que
el corazón es como un cubo, una forma tridimensional. En el centro está
el rubí rojo que para Ibn al-Arabí, es Al Haqq. A ese rubí lo rodea
"Hu", el Pronombre Divino que se refiere a Su Esencia. Dentro de
esta forma tridimensional están el rubí rojo y la Esencia Divina, Dios
en tanto lo que es en sí mismo. En las capas un poquito más externas,
pero aún dentro del cubo, están los Nombres que son las Energías Divinas.
Hay en la tradición
la analogía de que el universo manifestado es la Exhalación de lo Divino,
que sus formas son como al tinta con la que está escrita la palabra de
Dios. Es decir, Dios exhala y todo el universo entra en manifestación,
es la Exhalación de Dios. Es Al Haqq el que exhala para Ibn al-Arabí;
exhala en primer lugar los Atributos Divinos, las Energías Divinas. Después
los arquetipos que son las actividades primarias, primordiales que se
conjugan a base de la configuración de los Nombres Divinos. Entonces es
Al Haqq quien exhala, la Esencia Divina, la verdad pura, lo que
es Dios en sí mismo, lo que llamamos "Absoluto", imposible de
conocer, imposible de conceptualizar, el famoso Misterio de los misterios.
Exhala, ¿qué exhala? Primariamente Energías Divinas, las cuales por ende
constituyen fenómenos arquetípicos que son como estructuras arquetípicas
de acción, de eventos, de actos.
Ese macrocosmos es
nuestro corazón. Es decir, eso que Dios exhala y que vemos afuera, no
puede contenerlo el cielo ni la tierra, porque son cuerpos limitados,
pero el corazón sí puede contenerlo, abarcarlo por completo. Por eso la
Sheija Fárija dijo en la conferencia que dio aquí, que los maestros sufis
enseñan que el corazón humano es el macrocosmos no el microcosmos. En
él se debate todo este drama que vemos afuera; es el Corazón de Dios el
que lo manifiesta. En nosotros está ese Corazón, eso es lo que el corazón
es.
Esta gradación no
está completa, de aquí sigue hasta lo burdo, hasta la materia. Las capas
que estudiamos son las esenciales, desde este punto se desenvuelve todo
lo que podemos llamar "manifestación". Desde este enfoque todo lo que
perciben nuestros sentidos, absolutamente todo, es teofanía, manifestación
de Dios, no importan los grados de distorsión que podamos experimentar,
finalmente todo es Él.
Al Haqq es la Realidad
Divina como es en Dios mismo, a la que se refiere el Profeta Mujammad
cuando le dice a Dios: "Muéstrame las cosas tal como son", es decir, como
son desde el punto de vista Divino, como son en verdad desde Dios. Desde
esa Realidad Increada, absoluta, inconceptualizable, informulable, que
nunca vamos a poder describir, ni siquiera concebir, la realidad, hay
simplemente niveles de percepción. Eso es "Maya", niveles de percepción;
no es una realidad concreta ilusoria, la ilusión la provee la percepción,
el que percibe. Dios no genera la dispersión, es nuestra propia desatención,
nuestra propia cosecha, la crema que le echamos a los tacos lo que nos
da este tipo de percepción. El Maya no es algo objetivo que Dios crea.
En realidad no existe nada como Maya, no es una maya que te impida ver,
como si Dios hubiera enmayado su realidad y eso es lo que uno percibe.
Lo que uno percibe es Al Haqq, "A donde quiera que voltees
tu rostro ahí está el Rostro de Dios". Lo que percibimos es esto,
pero ¿cómo lo percibimos? La tecnología de la televisión nos ha enseñado
en el video famoso de Michael Jakson, cómo un tigre se transformaba en
la cara de una mujer, y ésta se transformaba en rosa y la rosa en aceituna.
Dios es todo, no importa la forma que veamos, no estamos en posibilidad
de separarnos o ausentarnos de Él. Ahora, si Lo percibimos desde acá abajo
¿cómo vamos a percibirlo?
Ibn al-Arabí dice
que te acercas a la percepción de la Esencia Divina según vas viendo primero
los arquetipos, después las Energías Divinas y después de eso, la Esencia.
Es en esa gradación pero en realidad todo es Dios, no ves otra cosa. Cuando
se habla de pulimento del corazón, de los ojos del corazón, se está hablando
de la posibilidad de ver lo que uno tiene que ver sin distorsión. La distorsión
que en el budismo se conoce como "Maya" puede malinterpretarse como una
realidad aparte, como si fuera en sí misma "algo" irreal, cuando la irrealidad
proviene de quien percibe no de lo que se percibe; esto es muy importante.
Cuando el lente del corazón se va abriendo por Gracia Divina, porque tú
ejerces ese adab con Dios, porque te paras a sus puertas, porque tu corazón
solamente tiene la intención de conocerlo, de amarlo, no de manipular
su creación, no de enriquecerse, no de hacerse Profeta o Mesías, no de
llevar dinero al banco; según tú te acercas a esa puerta, esa puerta se
abre y te muestra Su reflejo, lo que siempre ha sido. Ese es el camino
espiritual, ese viaje, esa peregrinación ascendente en la que Él dice
"No me dejes de buscar hasta que me encuentres y cuando me encuentres
asciende". Allá es el ascenso. Es ver la Manifestación Divina,
la creación y a nosotros mismos a través de los ojos proféticos, los ojos
purificados y santificados, no a través de nuestras propias distorsiones,
de nuestras propias reflexiones. Eso es lo que se enseña en las tarikas,
que tu visión es incompleta pero la del Profeta Mujammad no. La visión
que el Profeta recibe del Corán es completa, uno va aprendiendo a través
de esta transmisión espiritual y el lente del corazón, en efecto, se va
agrandando, abriendo. "Futuh" es cuando finalmente el lente del corazón
se abre. Si el lente se va abriendo hacia allá, vas en ascenso, de eso
es que se trata el camino o lo que llamamos "camino", porque si se dan
cuenta, no hay camino, todo es metafórico, no hay distancia que recorrer.
Ahora mismo estamos allí, no hay a donde ir, no hay qué perseguir, pero
hay que buscar el rubí. Dios mismo le dijo a Ibn al-Arabí: "Búscame
hasta que me encuentres y luego asciende".
Eso me recuerda la
anécdota que cuenta el Midrash de la tradición judía. A un Rabino le preguntaron
qué hace Dios después del sexto día cuando ya hizo toda la creación y
él contestó: "Dios se dedica a construir escaleras".
Estas son las escaleras. Lo que Ibn al-Arabí está diciendo es que este
conocimiento no se puede obtener a menos que sea dado. Esa es la escuela
de los místicos, esa es nuestra escuela, a esta escuela es que hemos sido
llamados; eso es una orden mística. No importa cuán distorsionada sea
nuestra imagen, Ibn al-Arabí siempre enfatiza que las distorsiones de
la realidad que producen nuestras propias mentes son provenientes de la
Misericordia Divina. Nuestras distorsiones nos educan, nos enseñan y nos
abren el camino para la realización. No hay nada que no sea provisto por
la misericordia de Dios, nada que tenga poder tiene otra finalidad; el
poder es el de la Misericordia y lo ejerce a través incluso de nuestras
distorsiones.
Es el adab de Dios,
como nos enseña la tradición, es que Él da a través de otro ser humano.
Una orden mística es como un laboratorio del corazón, el objeto de atención
es el corazón, el rubí rojo; va a ser Dios siempre el eje. Voltearse a
eso, es voltear la mirada. Ibn al-Arabí dice que Dios empieza a mostrarle
misericordia al ser humano cuando lo adentra en el discernimiento moral.
Así es como empieza la Misericordia Divina a atraer al alma. Ahí empieza
el recorrido de los siete niveles del nafs o del alma, empieza con el
"yo censor" que dice lo que está bien, lo que está mal, que se autocondena
y también condena a los demás.
El adab de Dios es
dar a través de los seres humanos, lo hemos visto en la historia de Ahmed
Bedewi, fue también la realización que tuvo Rajima en el último retiro.
Es a través de la transmisión espiritual del maestro al discípulo que
se pasa esta iluminación. La silcila o cadena de transmisión espiritual
es una escalera. El Corazón Profético es el rubí rojo, Moisés, Jesús,
Mujammad, Buda, Krishna, son estos manifestadores de la Esencia Divina.
La Esencia Divina se manifiesta en los profetas, luego en los santos,
luego en los siervos piadosos. Así, como a través de un embudo, se filtra
la transmisión, la Ayuda Divina.
En nuestra silcila
particular, que si se dan cuenta es como un dhikr (ceremonia sufi de remembranza
de Dios), está Al-lah Al Haqq, luego el Profeta Mujammad, después
los más cercanos a él y de ahí empiezan a fluir las silcilas, las cadenas
de transmisión que son las tarikas del islam; ahí están Hazdreti Pir,
Muzzafer Efendi, Nur y al final nosotros. Esa es la escalera. Nuestro
Sheij Nur hizo el recorrido completo en su experiencia "Con Mujammad
en el paraíso", así que para nosotros este texto es una constante
fuente de enseñanza, les recomiendo que lo lean periódicamente porque
es inagotable. Dios le da a nuestros maestros todo esto para nosotros,
no es para ellos, ellos no existen; nosotros tampoco, pero creemos que
sí, ellos ya se dieron cuenta que no. Es para nosotros toda esta enseñanza
y a través de ella nos enriquecemos y recibimos ayuda.
Dios es el amado
que uno busca a través de este recorrido; es el deseo amoroso por Dios
lo que aumenta la velocidad —si es que se puede ocupar el término— de
la penetración de los velos. Decía Rama Krishna "Para realizar a
Dios se necesita tener un deseo tal como el que tiene por el aire una
persona que tiene la cabeza debajo del agua". Solamente Dios puede poner
ese deseo en nuestros corazones, nosotros no podemos desearlo de esa manera,
con esa intensidad si Él no nos desea a nosotros del mismo modo.
La iniciación en
un camino místico, coloca a quien la toma en el estadio del "yo inspirado",
la travesía se emprende con ese impulso de la Gracia Divina. Pero nosotros
no vamos solos, vamos todos, entonces todos es más que uno mismo, el recorrido
en comunidad es algo muy misericordioso, a él hemos sido invitados. Lo
que se refleja en el corazón de cada derviche lo atestiguamos todos a
través de él y todos nos beneficiamos con ello. Hay una gran misericordia
en juntar los corazones y hacerlos un cuerpo místico, porque ese cuerpo
místico va velozmente hacia la Realidad. Nos ayudamos unos a los otros.
Simplemente el proceso de alquimia y develación de cada uno, se vuelve
un cúmulo de enseñanza para todos; es notable la misericordia que hay
en ello. Pero también debo decir que es solamente de esta manera que vamos
a entender en verdad. Esto puede ser comprendido preliminarmente de muchas
formas, aprehendido de algún modo, pero el punto importante es el desencadenamiento
de nuestro propio proceso de teofanía, la penetración de todos esos velos
de fabricación casera.
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