| Asunto: | [rpe] Sermón de C. H. Spurgeon "¡Adelante!" | | Fecha: | Domingo, 17 de Marzo, 2002 09:27:23 (-0300) | | Autor: | Recursos del Predicador Evangélico - Administración <juanmquaglino @.....com>
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¡ADELANTE!
Por Carlos H. Spurgeon
Hermanos, el tema básico de mi discurso esta mañana, se encuentra en las
palabras de Dios a su siervo Moisés : "Di a los hijos de Israel que
marchen". "Adelante" es la consigna de nuestra Conferencia. ¡Adelante,
elegidos de Dios! La victoria está ante vosotros ; vuestra misma seguridad
está en esa dirección. Retroceder es perecer. La mayoría de vosotros habéis
leído la historia del muchacho que, en una población americana, escaló el
muro del famoso Puente Natural, grabó su nombre en la roca encima de las
iniciales de sus compañeros, y repentinamente se dio cuenta de la
imposibilidad de descender. Se oían voces que gritaban : "¡No mires abajo!
¡Trata de subir!" Su única esperanza estribaba en subir hasta alcanzar lo
más alto. Subir era terrible, pero bajar significaba perecer. Ahora bien,
queridos hermanos, todos nosotros nos encontramos en situación semejante.
Por la ayuda de Dios, nos hemos abierto camino hasta ciertas posiciones de
servicio; descender significa la muerte. Para nosotros adelante es hacia
arriba; y por lo tanto, vayamos adelante y hacia arriba. Mientras orábamos
esta mañana, nos hemos comprometido irrevocablemente. Lo hicimos de todo
corazón cuando por primera vez predicamos el Evangelio y declaramos
públicamente : "Soy del Señor, y Él es mío". Entonces pusimos la mano en el
arado; gracias a Dios, aún no hemos mirado atrás, y nunca debemos hacerlo.
El único camino abierto para nosotros es arar en línea recta hasta terminar
el surco, y no pensar nunca en abandonar el campo hasta que el Señor nos
llame a Su presencia. Mas esta mañana os habéis dedicado de nuevo al trabajo
del Señor; no conferisteis con carne y sangre, sino que sin vacilación
renunciasteis a todo por Jesús; y, a menos que seáis reprobados, os habéis
alistado en Su servicio para el resto de vuestras vidas. Sois los siervos
sellados de Cristo, y lleváis en vuestros cuerpos Sus marcas. No sois libres
de servir a otro: sois soldados juramentados del Crucificado. Adelante es
vuestro único camino; estáis obligados a recorrerlo. No tenéis armadura para
vuestras espaldas; y cualquiera que sea el peligro con que os enfrentéis,
detrás vuestro tenéis diez mil otros. Se trata de adelantar o ser
deshonrados, adelantar o morir.
Anoche, en el elocuente discurso de Mr. Gange, se nos comparaba al pequeño
ejército de Sir Garnett Wolseley marchando hacia Coomassie; y el paralelo
fue trazado maravillosamente en todos los aspectos. Compañeros de armas:
somos pocos, y tenemos una lucha desesperada en perspectiva; por lo tanto es
preciso que cada uno rinda el máximo provecho, y sea esforzado hasta el
límite de su resistencia. Es de desear que seáis la flor de la Iglesia, más
aún, del universo entero, pues nuestra era exige los tales; por lo tanto,
estoy especialmente interesado en que seáis vosotros precisamente los que
avancéis. Es preciso que adelantéis en cuanto a aptitudes personales,
creciendo en dones y en gracia, en capacidad para la obra de Dios, y en
semejanza a la imagen de Jesús. Los puntos de los cuales hablaré empiezan de
abajo arriba
I. Primeramente, amados hermanos, creo necesario decirme a mí mismo y a
vosotros que hemos de ADELANTAR EN NUESTRAS ADQUISICIONES INTELECTUALES.
Nunca será bueno que nosotros nos presentemos continuamente delante de Dios
indignamente. Aún presentándonos con nuestras mejores obras, no merecemos
que Él nos oiga; pero, de todos modos, que la ofrenda no sea mutilada y
empañada por nuestra ociosidad. "Amarás a Jehová tu Dios con todo tu
corazón" es, quizá, más fácil de obedecer que amarle con toda nuestra mente;
sin embargo, debemos darle nuestra mente tanto como nuestros afectos, y esa
mente debe estar bien equipada, para que no le ofrezcamos un frasco vacío.
Nuestro ministerio exige intelecto. No insistiré en aquella frase tan oída
en nuestros días: "Las luces de la época" ; pero no obstante, es bien cierto
que hay mucho progreso educacional en todas las clases, y que habrá mucho
más de él. Pasó la época en que era suficiente que el predicador supiera
hablar, aunque fuese con poca gramática. Aún en un pueblo donde según la
tradición " nadie sabe nada", el maestro suele salir de casa, y la falta de
preparación pondrá impedimentos, que antes no existían, en el servicio del
predicador pues cuando el orador desee que sus oyentes recuerden el
Evangelio, ellos, por otra parte, recordarán sus expresiones poco
gramaticales, y las repetirán como motivo de chistes, cuando lo que
desearíamos es que hubiesen repetido el Evangelio de Jesucristo unos a otros
con solemne fervor.
Queridos hermanos, es preciso que nos cultivemos hasta donde nos sea
posible, y que lo hagamos, primeramente, adquiriendo conocimientos para que
podamos llenar el granero ; luego, adquiriendo discriminación para poder
aventar tu recogido; y finalmente, ejerciendo firme retención intelectual
que preserve el grano aventado en el almacén. Estos tres puntos quizá no
tengan exactamente la misma importancia, pero son necesarios para un hombre
cabal.
Es preciso, digo yo, que ante todo hagamos grandes esfuerzos para adquirir
información, especialmente la de tipo bíblico. No debemos limitarnos a un
solo tópico de estudio, pues no ejercitaríamos toda nuestra virilidad
mental. Dios hizo el mundo para el hombre, a hizo al hombre con una mente
destinada a ocupar y usar todo el mundo; el hombre es el arrendatario, y la
naturaleza es por un tiempo su casa; ¿por qué abstenerse de entrar en alguna
de sus habitaciones? ¿Por qué negarse a saborear algunos de los manjares
limpios que el gran Padre ha puesto sobre la mesa? Nuestro negocio principal
sigue siendo estudiar las Escrituras. El negocio principal del herrero es
herrar caballos; que procure saber hacerlo, pues aunque pudiera ceñir a un
ángel con un cinto de oro, fracasará como herrero si no sabe hacer y colocar
una herradura. Poco importa que sepáis escribir las más brillantes poesías,
si no podéis predicar un buen sermón convincente, que tenga el efecto de
consolar a los santos y convencer a los pecadores. Queridos hermanos,
estudiad la Biblia a fondo, con todas las ayudas que podáis obtener.
Recordad que los medios que ahora están al alcance de los cristianos
ordinarios son mucho más extensos que en tiempos de nuestros padres, y por
lo tanto es preciso que seáis eruditos bíblicos si pretendéis enfrentaros
debidamente con vuestros oyentes. Familiarizaos con toda clase de
conocimientos ; pero, sobre todo, meditad día y noche en la ley de Jehová.
Sed bien instruidos en teología, y no hagáis caso del desprecio de los que
se burlan de ella porque la ignoran. Muchos predicadores no son teólogos, y
de ello proceden los errores que cometen. En nada puede perjudicar al más
dinámico evangelista el ser también un teólogo sano, y a menudo puede ser el
medio que le salve de cometer enormes disparates. Hoy día oímos a los
hombres arrancar, de su contexto, una frase aislada de la Biblia y clamar:
"¡Eureka! ¡Eureka!" como si hubieran hallado una nueva verdad ; y, sin
embargo, no han descubierto un diamante, sino tan sólo un pedazo de vidrio
roto. Si hubiesen podido comparar lo espiritual con lo espiritual, si
hubiesen entendido la analogía de la fe, y si hubiesen estado familiarizados
con la erudición santa de los grandes estudiantes de la Biblia de épocas
pasadas, no se habrían apresurado tenlo en jactarse de sus maravillosos
conocimientos. Estudiemos las grandes doctrinas de la Palabra de Dios, y
seamos poderosos en la exposición de las Escrituras. Estoy seguro de que
ninguna predicación durará tanto tiempo o edificará una iglesia de modo tan
excelente como la expositora. Renunciar enteramente a los discursos
exhortatorios para reducirse a los expositorios sería ir a extremos
descabellados; pero puedo aseguraros sin excesivo fervor que si vuestro
ministerio ha de ser útil durante largo tiempo, tenéis que ser expositores.
Para ello, tenéis que entender la Palabra por vosotros mismos, y así poder
comentarla de modo que el pueblo pueda ser edificado por ella. Hermanos,
dominad vuestras Biblias; sean cuales sean las demás obras que no hayáis
escudriñado, familiarizaos completamente con los escritos de los profetas y
de los apóstoles. "La Palabra de Cristo habite en vosotros en abundancia".
Habiendo tenido en cuenta esta prioridad, no descuidéis ningún campo de
conocimiento. La presencia de Jesús en la tierra ha santificado la
naturaleza ; y lo que Dios limpió, no lo llaméis inmundo. Todo lo que
vuestro Padre ha hecho es vuestro, y debéis aprender de ello. Podéis leer el
diario de un naturalista, o la narración que un viajero hace de sus
singladuras, y hallar provecho en ello. Sí, a incluso un herbario antiguo, o
un manual de alquimia puede, a semejanza del león muerto de Sansón, daros
miel. Hay perlas en las ostras, y frutos dulces en las matas de espinos. Los
senderos de la verdadera ciencia, especialmente la historia natural y la
botánica, destilan grosura. La geología, hasta donde se ocupa de hechos, y
no de ficción, está llena de tesoros. La historia, con las maravillosas
visiones que hace desfilar ante vosotros, es eminentemente instructiva;
ciertamente, todas las porciones de los dominios de Dios en la naturaleza
rebosan de preciosas enseñanzas. Familiarizaos con toda suerte de
conocimientos, según el tiempo, la oportunidad y las facultades peculiares
de que dispongáis; y no vaciléis en hacerlo por aprensión de que podáis
educaros demasiado. Cuando la gracia abunde, la erudición no os hinchará, ni
perjudicará vuestra simplicidad en el Evangelio. Servid a Dios con la
educación que poseéis, y dadle gracias por soplar a través vuestro si sois
un rústico cuerno; pero si hay la posibilidad de que lleguéis a ser una
trompeta de plata, escoged lo segundo.
Decía que, asimismo, es preciso aprender a discriminar siempre entre las
cosas que difieren; y en este tiempo en particular, es necesario insistir
muy enfáticamente en este punto. Muchos corren tras las novedades,
encantados de todas las cosas nuevas; aprended a juzgar entre la verdad y
las falsificaciones de la misma, y no seréis llevados al extravío. Otros se
adhieren a las antiguas enseñanzas, como las lapas se adhieren a la roca;
mas puede tratarse tan sólo de errores antiguos, por lo cual, " examinadlo
todo" y "retened lo bueno". El empleo del tamiz y del aventador es muy
encomiable. Un hombre que ha pedido al Señor le dé vista clara por medio de
la cual vea la verdad y discierna su sentido, y que por el constante
ejercicio de sus facultades ha obtenido un discernimiento exacto, es apto
para ser líder en el ejercito del Señor; pero no todos los ministros están
calificados hasta este punto. Es lamentable observar cuántos abrazan
cualquier causa si se les presenta fervorosamente. Tragan los medicamentos
de cualquier charlatán espiritual que tiene suficiente desfachatez para
parecer sincero. Os digo, como Pablo escribió a los corintios : "Hermanos,
no seáis niños en el sentido" ; poned a prueba todo lo que aspira a vuestra
fe. Pedid al Espíritu Santo que os dé la facultad de discernir entre el bien
y el mal, de modo que conduzcáis a vuestros rebaños lejos de los prados
venenosos y los llevéis a pastos a cubierto de peligros.
Mas entonces, si tenéis el poder de adquirir conocimientos, y también de
discriminar, buscad a continuación la capacidad de retener y preservar
firmemente lo que habéis aprendido. Lástima que en estos tiempos ciertos
hombres se glorían en ser veletas: no sostienen nada; de hecho, no tienen
nada que valga la pena sostener. Creyeron ayer, pero no lo que creen hoy, no
lo que creerán mañana ; y el que fuese capaz de decir lo que creerán para la
luna llena próxima, sería mayor profeta que Isaías, pues están cambiando
constantemente, y parecen haber nacido bajo la égida de la mencionada luna,
y participar de sus variaciones. Estos hombres pueden ser tan sinceros como
afirman ser, pero, ¿cuál es su utilidad? A semejanza de los buenos árboles
trasplantados a menudo, quizá sean de naturaleza noble, pero no producen
nada; su fortaleza se gasta en echar raíces repetidamente, no les queda
savia para el fruto. Aseguraos de que poseéis la verdad, y entonces
aseguraos de retenerla. Sed abiertos para recibir más verdad, si; pero sed
muy cautelosos en suscribir la creencia de que ha sido descubierta una luz
mejor que la del sol. Los que pregonan una verdad nueva por la calle, como
hacen los vendedores con una nueva edición del periódico vespertino, no
suelen ser mejores de lo que debieran. La hermosa doncella de la verdad no
se pinta las mejillas ni se pone diadema en la cabeza como Jezabel,
siguiendo todas las nuevas modas filosóficas; se contenta con su propia
belleza nativa, y en su aspecto es la misma ayer, hoy y por los siglos.
Cuando los hombres cambian a menudo, lo que generalmente necesitan es ser
cambiados en el sentido más enfático. Nuestro "pensamiento moderno" es
representado por gentes que están haciendo daños incalculables a las almas
de los hombres. Las almas inmortales se están condenando, y estos hombres
siguen hilando teorías. El infierno abre sus fauces de par en par, y traga
miles de miles, y los que debieran publicar las nuevas de salvación están
"siguiendo nuevas líneas de pensamiento". Los refinados asesinos de almas
descubrirán que su pretendida "cultura" no será excusa en el día del juicio.
Por el amor de Dios, sepamos cómo han de ser salvos los hombres y pongámonos
manos a la obra ; estar siempre deliberando en cuanto a la mejor manera de
hacer pan cuando una nación está muriendo de hambre, es una burla
detestable. Es hora de que sepamos qué hay que enseñar o, de lo contrario,
que renunciemos a nuestra función. "Siempre aprenden, y nunca pueden acabar
de llegar al conocimiento de la verdad", es el lema de los peores, y no el
de los mejores entre los hombres. ¿Han de ser modelos nuestros? "Cada semana
doy forma a mi credo", era la confesión que me hizo uno de estos teólogos.
¿A qué asemejaré tales inconstantes? ¿No es cierto que son como aquellas
aves que frecuentan el Cuerno de Oro, y que se ven desde Constantinopla, de
las cuales se dice que siempre están volando, y nunca reposan? Nadie las vio
jamás posarse en el agua o en tierra, están perpetuamente en el aire. Los
nativos las llaman "almas perdidas", buscando descanso sin hallarlo; y se me
antoja que los hombres que no tienen descanso personal en la verdad, si son
salvos, es por lo menos improbable que sean ellos medio de salvación para
otros. El que no tiene una verdad segura que contar no debe extrañarse si
sus oyentes conceden poca importancia a lo que dice. Es preciso que
conozcamos la verdad, la comprendamos, y no se nos escape de la mano, pues
de lo contrario no podremos ser útiles a los hijos de los hombres. Hermanos,
os exhorto a que procuréis saber, y sabiendo, que discriminéis; y habiendo
discriminado, os exhorto a que "retengáis lo bueno". Laborad constantemente
en los tres procesos de llenar el granero, aventar el grano y almacenarlo en
los alfolíes ; de esta manera adelantaréis intelectualmente.
II. También necesitamos ADELANTAR EN APTITUDES ORATORIAS.
Estoy empezando por abajo; pero todas estas cosas son importantes, pues es
lástima si los pies de esta imagen son aún de barro. Nada es de poca
importancia si puede ser de utilidad para nuestra grandiosa meta. Sólo por
la falta de un clavo, el caballo perdió su herradura, quedando así inútil
para la batalla; aquella herradura no era sino una insignificante llanta de
hierro que tocaba el suelo, y no obstante el corcel lleno de fuego era
inútil sin ella Un hombre puede quedar irremisiblemente arruinado en cuanto
a utilidad espiritual, no por un fallo en el carácter o el espíritu, sino
por un derrumbamiento mental a oratorio; y por lo tanto, insisto nuevamente
en que debemos mejorar la manera de expresarnos.
No todos nosotros podemos hablar como algunos, y aún estos pocos no pueden
hablar conforme a su ideal propio. Si hay algún hermano aquí que cree sabe
predicar tan bien como debiera, le aconsejaría que lo abandonara totalmente.
Si lo hiciese, actuaría con la misma prudencia que el gran pintor que rompió
su paleta, y volviéndose a su esposa, dijo: "Han terminado mis días de
pintor, pues estoy satisfecho de mí mismo, y por lo tanto estoy seguro de
que he perdido el poder". Por más que haya perfecciones que se puedan
alcanzar, estoy seguro que el que cree haber alcanzado la perfección en
oratoria confunde la volubilidad por la elocuencia, y la verborrea por la
argumentación. Sepáis lo que sepáis, no podéis ser verdaderamente ministros
eficaces si no sois "aptos para enseñar". Todos probablemente conocéis
ministros que han errado su vocación, y que evidentemente no tienen dones
para la predicación; aseguraos de que nadie piense lo mismo de vosotros. Hay
hermanos en el ministerio cuyo hablar es, intolerable; o bien os importunan
hasta la muerte, o os hacen dormir. Ninguna droga puede compararse con sus
discursos en cuanto a propiedades soporíferas. Ningún ser humano, a menos de
estar dotado de paciencia infinita, podría soportar por mucho tiempo el
escucharles, y la naturaleza hace bien en liberar a las víctimas por medio
del sueño. El otro día oía a alguien decir que cierto predicador no tenía
más dones para el ministerio que una ostra, y a mí juicio esto era una
calumnia para la ostra, pues ese digno bivalvo despliega una gran discreción
en abrirse, y también sabe cuándo cerrarse. Si algunos hombres fueran
sentenciados a oír sus propios sermones, sería un justo juicio para ellos;
pero pronto clamarían con Caín: "Grande es mi iniquidad para ser perdonada".
No caigamos en semejante condenación por algún defecto de nuestra
predicación que nosotros podamos subsanar.
Hermanos, hemos de cultivar un estilo claro. Cuando un hombre no me hace
entender lo que quiere decir, es porque él mismo no sabe lo que quiere
decir. El oyente medio, que no puede seguir el curso de los pensamientos del
predicador, no debe preocuparse, sino echar la culpa al predicador, que
tiene la responsabilidad de presentar las cosas claramente. Si miráis en un
pozo, y está vacío, parecerá muy profundo; pero si en él hay agua, veréis su
brillantez. Creo que si muchos predicadores son "profundos", es
sencillamente porque son como pozos en los cuales no hay nada excepto hojas
secas, unas cuantas piedras, y quizás uno o dos gatos muertos. Si hay agua
de vida en vuestra predicación, podrá ser muy profunda, pero la luz de la
verdad le dará claridad. Sea como sea, esforzaos en ser sencillos, de modo
que las verdades que enseñáis puedan ser fácilmente recibidas por vuestros
oyentes.
Es preciso que cultivemos un estilo convincente al mismo tiempo que claro ;
es preciso que seamos poderosos. Algunos se imaginan que esto consiste en
hablar con voz fuerte, pero puedo asegurarles que están equivocados. Las
tonterías no se corrigen vociferando. Dios no nos exige que gritemos como si
estuviésemos hablando a tres millones de personas cuando sólo nos estamos
dirigiendo a trescientas. Seamos impetuosos debido a la excelencia de
nuestro asunto, y a la energía del espíritu que ponemos en pronunciarlo. En
una palabra, que nuestro hablar sea natural y vivo. Espero que habremos
abandonado los trucos de los oradores profesionales, el esfuerzo en lograr
efectos, el clímax estudiado, la pausa premeditada, el amaneramiento
teatral, el hablar afectado, y qué sé yo cuántas cosas más, que podéis ver
en ciertos teólogos pomposos que sobreviven todavía sobre la faz de la
tierra. Ojalá que tales predicadores lleguen a ser especies extinguidas
dentro de breve tiempo, y que todos nosotros aprendamos una manera viva,
natural, sencilla, de predicar el Evangelio; pues estoy persuadido de que es
probable que Dios bendiga semejante estilo.
Entre muchas otras cosas, hemos de cultivar la persuasión. Algunos de
nuestros hermanos tienen gran influencia sobre los hombres, y sin embargo
otros, con mayores dones, carecen de ella. No parecen acercarse a las
personas, no pueden influir en ellas y hacerles sentir algo. Hay
predicadores que, en sus sermones, parece como si tomaran a sus oyentes uno
a uno por la solapa y metieran la verdad en sus almas, mientras que otros
generalizan tanto, y son tan fríos, que se diría están hablando a los
habitantes de algún planeta remoto, cuyos asuntos no les importan mucho.
Aprended el arte de argüir con los hombres. Esto lo haréis bien si veis al
Señor a menudo. Si no recuerdo mal, la antigua historia clásica nos dice que
cuando un soldado estaba a punto de matar a Darío, su hijo, que había sido
mudo desde la infancia, exclamó, súbitamente sorprendido "¿No sabes que es
el rey?" Su lengua silenciosa se soltó por amor a su padre, y bien puede la
nuestra hablar fervorosamente cuando vemos al Señor crucificado por el
pecado. Si hay palabras en nosotros, esto las despertará. El conocimiento
del "pavor de Jehová" debe también animarnos a persuadir a los hombres. No
podemos hacer otra cosa que argüir con ellos para que se reconcilien con
Dios. Hermanos, fijaos en aquellos que ganan a los pecadores para Jesús,
buscad su secreto, y no descanséis hasta que alcancéis el mismo poder. Si
los encontráis muy sencillos y llanos, aunque los veáis realmente útiles,
decíos a vosotros mismos: "ese método me servirá" ; pero si, por otro lado,
escucháis un predicador muy admirado, y al preguntar descubrís que no hay
almas convertidas para salvación bajo la influencia de su ministerio, decíos
a vosotros mismos: "este estilo no es para mí, pues yo no busco ser grande,
sino ser verdaderamente útil".
Que vuestra oratoria, por tanto, mejore constantemente en claridad, fuerza
lógica, naturalidad y persuasión. Queridos hermanos, tratad de conseguir un
estilo de oratoria que se adapte a vuestros oyentes. Es mucho lo que de ello
depende. El predicador que se dirigiera a una congregación educada, con el
lenguaje que usaría para hablar a un grupo de vendedores ambulantes,
demostraría ser un necio; y, por otra parte, el que va a estar entre
mineros, y usa términos teológicos técnicos y frases de salón, obra como
idiota. La confusión de lenguas en Babel fue más completa de lo que
imaginamos. No dio meramente diferentes idiomas a las grandes naciones, sino
que hizo que el lenguaje de cada clase variase del de las demás. Ahora bien,
ya que el vendedor ambulante no puede aprender el lenguaje de la
universidad, que el universitario aprenda el lenguaje del vendedor
ambulante. "Usamos el lenguaje del mercado", decía Whitefield, y esto le
honraba mucho; sin embargo, cuando estaba en el salón de la Condesa de
Huntingdon, y su discurso fascinaba a los nobles infieles que ella traía
para que le oyesen, adoptaba otro estilo. Su lenguaje era igualmente llano
en ambos casos, porque era igualmente adecuado a sus oyentes; pero no usaba
las mismas palabras exactamente, pues de lo contrario sus discursos habrían
perdido su llaneza en uno a otro caso y habrían sido, o bien jerga para la
nobleza, o griego para el vulgo. En nuestra manera de hablar, debemos
aspirar a ser " todo a todos". El mayor maestro de oratoria es el que puede
dirigirse a cualquier clase de personas de manera adecuada a su condición, y
de modo que sea probable que sus corazones sean alcanzados.
Hermanos, que nadie nos supere en cuanto a capacidad de oratoria; que nadie
nos sobrepase en el dominio de nuestra lengua materna. Amados compañeros de
armas: nuestras lenguas son las espadas que Dios nos ha dado para usarlas
para Él, como se dice de nuestro Señor: "De su boca salía una espada aguda
de dos filos". Que estas espadas sean verdaderamente agudas. Cultivad
vuestro poder de oratoria, y estad en primera fila en el campo de la
expresión hablada, no os exhorto a ello porque seáis especialmente
deficientes; lejos de ello, pues todos me dicen : "Conocemos a los hombres
de su Colegio por su forma de hablar, llana y atrevida". Esto me lleva a
creer que tenéis en gran medida este don en vosotros, y os ruego que os
esforcéis en perfeccionarlo.
III. Hermanos, debemos ser aún más fervorosos para ADELANTAR EN CUALIDADES
MORALES.
Que los puntos que voy a mencionar aquí sirvan para aquellos que los
necesiten, pero yo os aseguro que no tengo en mente a ninguna persona
especial entre vosotros. Deseamos elevarnos hasta el tipo de ministerio más
sublime; pero aunque obtengamos las aptitudes mentales y oratorias que he
mencionado, fracasaremos a menos que poseamos también cualidades morales
elevadas. Hay males de los que debemos desprendernos enérgicamente, tal como
Pablo se sacudió la víbora de la mano, y hay virtudes que debemos conquistar
a cualquier precio. La autocomplacencia ha herido sus miles. Más vale que
temblemos y no perezcamos a manos de esta Dalila. Que nuestras pasiones y
nuestros hábitos estén bajo el debido control; si no somos dueños de
nosotros mismos no somos aptos para ser líderes en la Iglesia de Cristo.
Es preciso que también desechemos toda noción de nuestra propia importancia.
Dios no bendecirá al hombre que se cree grande. Gloriarse aunque sea en la
obra de Dios Espíritu Santo en uno mismo, es acercarse peligrosamente a la
auto adulación. "Alábate el extraño y no lo boca", y date por satisfecho
cuando ese extraño tenga el suficiente sentido común para callar.
Debemos también controlar debidamente nuestro humor. Un carácter violento no
es del todo un mal. Estos hombres que son tan acomodaticios, valen
generalmente poco. Yo no os diría nunca: "Amados hermanos, sed hombres de
carácter" ; pero sí digo "Si lo tenéis, controladlo cuidadosamente". Doy
gracias a Dios cuando veo que un pastor tiene el suficiente genio para
indignarse ante la injusticia, y para ser firme en pos de la justicia; pero
sin embargo, el genio es una herramienta de dos filos, y a menudo corto al
que la maneja. Debemos preferir soportar el mal antes que infligirlo; éste
ha de ser nuestro espíritu. Si algún hermano aquí tiene tendencia a
indignarse con demasiada prontitud, piense que cuando lo hace no va a
obtener ningún beneficio de ello.
Es preciso que, especialmente algunos de nosotros, dominemos nuestra
tendencia a la liviandad. Hay una gran diferencia entre la alegría santa,
que es una virtud, y la liviandad general, que es un vicio. Hay una
liviandad que no tiene la suficiente cordialidad para reír, pero juega con
todo; es caprichosa, hueca y poco real. Una buena carcajada no es más
liviandad que el llanto del corazón. Estoy hablando de aquellas apariencias
religiosas con mucha pretensión pero delgadas, superficiales, poco sinceras
en lo tocante a las cosas de más importancia. La piedad no es una broma, ni
tampoco mera apariencia. Cuidado con representar comedia. Nunca deis a las
personas serias la impresión de que no habláis en serio, y que sois meros
profesionales. Tener labios ardientes y alma helada es una señal de
reprobación, Dios nos libre de ser excesivamente finos o superficiales; que
nunca seamos las mariposas del jardín de Dios.
Al mismo tiempo, debemos evitar todo lo que se parezca a la ferocidad del
fanatismo. Hay en torno nuestro personas religiosas que sin duda nacieron de
mujer; pero parecen haber sido amamantadas por un lobo. No les hago ninguna
deshonra con esta comparación, pues ¿no fueron Rómulo y Remo, fundadores de
la ciudad de Roma, alimentados así? Algunos hombres guerreros de este orden
han tenido poder para fundar dinastías del pensamiento; pero la bondad
humana y el amor fraternal armonizan mejor con el Reino de Cristo. No hemos
de estar siempre yendo por el mundo en busca de herejías, como los perros
que husmean en busca de ratas, ni estar siempre tan confiados en nuestra
propia infalibilidad, que montemos hogueras eclesiásticas en las cuales asar
a todos los que difieren de nosotros, utilizando carbones consistentes en
prejuicios extremados y sospechas crueles.
Además de todo esto, hay manierismos y actitudes, que ahora no puedo
describir, contra los cuales debemos luchar, pues los pequeños defectos
pueden muchas veces ser la fuente del fracaso, y librarnos de ellos quizá
sea el secreto de la eficacia. No tengáis por pequeña una cosa que os hace
aunque sea sólo un poquito más útiles; limpiad el templo de vuestra alma de
los bancos de los que venden palomas así como de traficantes en ovejas y
bueyes.
Y, queridos hermanos, debemos adquirir ciertas facultades y hábitos morales,
al mismo tiempo que desechamos lo que les es contrario. El que no tenga
integridad de espíritu nunca hará mucho para Dios. Si somos dirigidos por la
política propia, si hay algún tipo de acción para nosotros que no sea el
recto, naufragaremos pronto. Resolveos, queridos hermanos, a pensar que
podéis ser pobres, que podéis ser despreciados, que podéis perder la vida
misma, pero que no podéis hacer nada deshonesto. Que la única política para
vosotros sea la honradez.
¡Que también poseáis la gran característica moral del valor! Con esto no
quiero decir la impertinencia, la insolencia. o la presunción; sino el valor
verdadero para hacer y decir tranquilamente lo más apropiado, y para ir al
encuentro de todos los peligros, aunque no haya nadie que os conceda una
buena palabra. Me asombra el número de cristianos que temen decir la verdad
a sus hermanos. Doy gracias a Dios de poder decir que no hay ningún miembro
de mi iglesia, ningún oficial eclesiástico, y ningún hombre en el mundo a
quien tema decir en su cara lo que diría a sus espaldas. Gracias a Dios, y
con su ayuda, debo mi posición en mi propia iglesia a la ausencia de toda
política, y al hábito de decir siempre lo que opino. El plan que consiste en
hacer que todas las cosas sean agradables siempre y para todos, es peligroso
y al mismo tiempo maligno. Si dices algo a un hombre, y otra cosa a otro, un
día compararán notas, lo alcanzarán, y entonces serás despreciado. El hombre
que tiene dos caras será, más tarde o más temprano, objeto del desprecio de
los demás, y con justicia. Así pues, sobre todas las cosas, evitad esto. Si
tenéis algo que creáis debierais decir acerca de alguien, que la medida de
lo que decís sea ésta: " ¿Cuánto me atrevería a decir en su presencia?" Es
preciso que no nos permitamos ni una palabra más de esto, al censurar a
cualquiera. Si tenéis esta regla, vuestro valor os salvará de mil
dificultades y os adquirirá un respeto duradero.
Teniendo la integridad y el valor, desearía que fueseis dotados con celo
invencible. ¿Qué es el celo? ¿Cómo lo describiré? Poseedlo, y sabréis lo que
es. Consumíos de amor por Cristo, y que la llama arda continuamente; no
ardiendo en las reuniones públicas y apagándose en el rutinario trabajo
cotidiano. Necesitamos perseverancia indomable, celo obstinado, y una
combinación de tozudez santificada, de abnegación, de mansedumbre sagrada y
de valor invencible.
Destacad también en aquel poder que es tanto mental como moral, a saber, el
poder de concentrar todas vuestras fuerzas en el trabajo a que sois
llamados. Reunid vuestros pensamientos, unid todas vuestras facultades,
amontonad vuestras energías, y enfocad vuestras capacidades. Dirigid todos
los resortes de vuestra alma hacia un canal, haciendo que fluya hacia
adelante en forma de corriente unificada. Algunos hombres carecen de esta
cualidad. Se esparcen, y por lo tanto fracasan. Convocad vuestros batallones
y lanzadlos sobre el enemigo. No tratéis de ser grandes en esto y en
aquello, de serlo " todo al principio y nada durante mucho tiempo" ; mas
permitid que vuestra naturaleza entera sea llevada en cautividad por
Jesucristo, y ponedlo todo a sus amados pies, ya que Él sangró y murió por
vosotros.
IV. Por encima de todas estas cosas, necesitamos ADELANTAR EN APTITUDES
ESPIRITUALES, las gracias que deben ser obradas en nosotros por el Espíritu
Santo en Persona. Estoy seguro de que esto es lo principal. Otras cosas son
preciosas, pero ésta no tiene precio.
Primeramente, necesitamos conocernos a nosotros mismos. El predicador debe
familiarizarse con la ciencia del corazón, la filosofía de la experiencia
interna. Hay dos escuelas de experiencia, y ninguna de ellas está contenta
con sólo aprender de la otra; dispongámonos, sin embargo, a aprender de
ambas. Una de estas escuelas habla del hijo de Dios como de aquél que conoce
la profunda depravación de su corazón, que entiende lo repulsivo de su
naturaleza, y que diariamente ve que en su carne no mora el bien. "Un hombre
no tiene la vida de Dios en su alma", dicen los hombres de esta escuela, "si
no sabe y ve esto, si no lo experimenta amarga y dolorosamente día tras
día". Es en vano hablarles de libertad y de gozo en el Espíritu Santo; no
quieren tenerlos. Sin embargo, aprendamos de la parcialidad de éstos. Saben
mucho de lo que debe saberse, y ¡ ay del ministro que ignore su sistema de
verdades! Martín Lutero solía decir que la tentación es el mejor maestro de
un pastor. Este aspecto de la cuestión contiene su parte de verdad.
Los creyentes de la otra escuela tienen en gran estima, lo cual es justo y
de bendición, la gloriosa obra del Espíritu de Dios. Creen en el Espíritu de
Dios como poder purificador, beneficioso para el alma al hacer de ella un
templo para Dios. Pero frecuentemente hablan como si hubieran dejado de
pecar, o de ser acosados por la tentación; se glorían como si la batalla
estuviera ya terminada y la victoria alcanzada. No obstante, aprendamos
también lo que podamos de estos hermanos. Conozcamos toda la verdad que
pueden enseñarnos. Familiaricémonos con los puntos principales de la
salvación y la gloria que en ellos resplandece: los Hermones y los Tabores,
donde podemos ser transfigurados con nuestro Señor. No temáis llegar a ser
demasiado santos, o demasiado llenos del Espíritu Santo.
Quisiera que fueseis sabios en todo, y capaces de tener tratos con los
hombres tanto en sus conflictos como en sus alegrías, siendo experimentados
en ambas cosas. Conoced dónde os dejó Adam; conoced dónde os ha colocado el
Espíritu de Dios. No conozcáis ninguna de estas dos cosas de modo tan
exclusivo, como para olvidar la otra. Creo que, si hay hombres que hayan de
clamar: "¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará del cuerpo de esta
muerte?" serán siempre los ministros del Evangelio, porque nosotros
necesitamos ser tentados en todas las cosas, para poder consolar a otros. En
un vagón de ferrocarril, la semana pasada, vi a un pobre hombre con la
pierna apoyada sobre el asiento. Un empleado que le vio en aquella postura,
observó: "Esos cojines no fueron hechos para que usted ponga las botas
sucias encima". Tan pronto como el funcionario se marchó, el hombre volvió a
poner la pierna en el asiento, diciéndome: " Estoy seguro de que nunca se ha
roto la pierna en dos puntos diferentes, pues en este caso no sería tan
brusco conmigo". Cuando he oído a hermanos de los que viven acomodadamente,
disfrutando de buenos ingresos, condenar a otros que están pasando por
grandes pruebas, porque no podían gozarse de la misma manera, he visto que
no sabían nada de los huesos rotos que otros tienen que arrastrar durante
toda su peregrinación.
Conoced al hombre, en Cristo, y fuera de Cristo. Estudiadle en su mejor
aspecto, y también en el peor; conoced su anatomía, sus secretos y sus
pasiones. Este conocimiento no podéis adquirirlo en los libros; es preciso
que tengáis contacto personal con los hombres si habéis de ayudarles en su
multifacética experiencia espiritual. Sólo Dios puede daros la sabiduría que
necesitaréis para tratar prudentemente con ellos, pero Él os la dará en
respuesta a la oración de fe.
Entre las adquisiciones espirituales, conocer al que es remedio seguro para
todas las enfermedades humanas está por encima de toda otra cosa necesaria.
Conoced a Jesús. Sentaos a sus pies. Considerad su naturaleza, su obra, sus
sufrimientos, su gloria. Gozaos en su presencia; tened comunión con Él día
tras día. Conocer a Cristo es entender la más excelente de todas las
ciencias. No podéis dejar de ser sabios si tenéis comunión con la Sabiduría
Encarnada; no podéis carecer de fortaleza si tenéis constante comunión con
Dios. Hermanos, morad en Dios; no se trata de ir a Él a veces, sino de
habitar en Él. En Italia dicen que donde no entra el sol, tiene que entrar
el médico. Donde Jesús no resplandece, el alma está enferma. Bañaos en sus
rayos, y seréis vigorosos en el servicio de vuestro Señor.
El pasado Domingo por la noche, meditamos en un texto que me había dominado:
"Nadie conoce al Hijo sino el Padre". Dije que los pobres pecadores que
habían ido a Jesús y puesto su confianza en Él, pensaban que le conocían,
pero sólo conocían un poquito de Él. Hay santos con sesenta años de
experiencia y que han andado con Él cada día, que creen conocerle ; pero no
están sino empezando a conocerle. Los espíritus perfectos que están ante el
trono, que han estado adorándole perpetuamente desde hace cinco mil años,
quizás crean que le conocen, pero no le conocen plenamente. " Nadie conoce
al Hijo sino el Padre". Es tan glorioso, que sólo el Dios infinito tiene
pleno conocimiento de Él, y por lo tanto no habrá límite para nuestros
estudios, ni pobreza en nuestra línea de pensamiento, si hacemos de nuestro
Señor el gran objeto de todos nuestros pensamientos e investigaciones.
Así que, si hemos de ser hombres fuertes, como resultado de este
conocimiento, es preciso que seamos hechos semejantes a nuestro Señor.
Bienaventurada aquella cruz en que sufriremos, si sufrimos por ser hechos a
semejanza del Señor Jesús. Si obtenemos esta semejanza, tendremos una unción
maravillosa en nuestro ministerio; y sin ello, ¿qué vale un ministerio? En
resumen, debemos esforzarnos en tener santidad de carácter. ¿Qué es la
santidad? ¿No es entereza de carácter? Un estado equilibrado en que no sobra
ni falta nada. No es moralidad, la cual es una estatua fría y sin vida; la
santidad es vida. Es preciso que tengáis santidad; y, aunque os falten
aptitudes mentales (aunque espero que no), y aunque tengáis pocas facultades
oratorias (aunque confío en que no), podéis estar seguros de que una vida
santa es en sí misma un poder maravilloso, y compensará muchas deficiencias;
es, de hecho, el mejor sermón que el mejor de los hombres puede jamás
predicar. Resolvámonos a tener toda la pureza que se pueda tener, toda la
santidad que se pueda alcanzar, y toda la semejanza a Cristo que sea posible
en este mundo de pecado, confiando en la obra eficaz del Espíritu de Dios.
Que el Señor nos levante a todos, como Colegio, hasta una plataforma más
elevada, y Él tendrá la gloria.
V. Aún no he terminado mi mensaje, pues tengo que deciros también: ADELANTAD
TRABAJANDO DE VERAS.
Bien mirado, seremos conocidos por lo que hemos hecho más que por lo que
hemos dicho. A semejanza de los apóstoles, espero que nuestro monumento sea
el de nuestros hechos. Hay en el mundo muchos buenos hermanos que son muy
poco prácticos. La gran doctrina de la segunda venida les hace estarse con
la boca abierta, mirando al cielo, de tal modo que estoy dispuesto a
decirles: "Varones de Plymouth, ¿qué estáis mirando al cielo?" El hecho de
que Jesús ha de volver de nuevo, no es una razón para estarse contemplando
el firmamento, sino para trabajar en el poder del Espíritu Santo. No os
enfrasquéis hasta tal punto en especulaciones, como para preferir una
lección bíblica sobre un oscuro pasaje de Apocalipsis a enseñar en una
escuela dominical o hablar a los pobres tocante a Jesús. Es preciso que
suprimamos los ensueños y nos pongamos manos a la obra. Creo en los huevos,
pero hay que sacar polluelos de los mismos. No me importa el tamaño del
huevo; si queréis, que sea un huevo de avestruz; pero si no hay nada en él,
os ruego que no os entretengáis con la cáscara. Si vuestras especulaciones
producen algo, que Dios las bendiga; y aun si fuerais un poco más lejos de
lo que creo prudente aventurarse en tal dirección, si con ello sois más
útiles, ¡alabad a Dios por ello!
Queremos hechos: acciones realizadas, almas salvadas. Está muy bien escribir
ensayos; pero, ¿qué almas habéis sido llevados a salvar de ir al infierno?
Me interesa la excelente administración de vuestra escuela; pero, ¿cuantos
niños han sido llevados a formar parte de la iglesia mediante esta
administración vuestra? Nos alegramos de saber de ciertas reuniones
especiales; pero, ¿cuántos han sido realmente nacidos para Dios en ellas?
¿Son los santos edificados? ¿Son convertidos los pecadores? ¡Dios nos libre
de vivir en la comodidad espiritual mientras los pecadores se hunden en el
infierno! Viajando por las carreteras en las montañas de Suiza, veréis
continuamente las señales de las perforadoras: y en la vida de todo ministro
debe haber señales de la ruda labor. Hermanos, haced algo; haced algo; HACED
ALGO. Mientras las Comisiones desperdician el tiempo redactando
resoluciones, haced algo. Mientras las Sociedades y las Uniones están
preparando constituciones, ganemos almas. Con demasiada frecuencia
discutimos, consideramos y ponderamos, mientras Satanás se ríe
disimuladamente de nosotros. Os ruego a todos que seáis hombres de acción.
Poned manos a la obra, y desenvolveos como hombres. Comparto la idea que el
viejo Suwarrow tenía de la guerra: "Adelante y al ataque! ¡Nada de teorías!
¡Atacad! ¡Formad columna! Fijad las bayonetas, y cargad directamente contra
el mismo centro del enemigo". Nuestro objetivo único es salvar pecadores, y
no hemos de hablar meramente de esto, sino efectuarlo en el poder de Dios.
VI. Finalmente, y ahora voy a daros un mensaje que me abruma, ADELANTAD EN
CUANTO A LA ELECCIÓN DE VUESTRA ESFERA DE ACTIVIDAD.
Hoy os estoy rogando por aquellos que no pueden rogar por sí mismos, a
saber, las grandes masas del exterior, del mundo pagano. Los púlpitos
existentes están ya tolerablemente bien suplidos, pero necesitamos hombres
que quieran edificar en nuevos fundamentos. ¿Quiénes lo harán? ¿Somos, como
grupo de hombres fieles, limpios en nuestras conciencias en cuánto a los
paganos? Hay millones que no han oído jamás el nombre de Jesús. Cientos de
millones han visto un misionero sólo una vez en su vida, y no saben nada de
nuestro Rey. ¿Dejaremos que perezcan? ¿Podemos ir a nuestros lechos y
dormir, mientras la China, la India, el Japón y otras naciones se están
condenando? ¿Estamos limpios de su sangre? ¿No tienen ningún derecho sobre
nosotros? Deberíamos plantearlo así: en vez de decir: " ¿Puedo demostrar que
debiera ir?", decir: "¿Puedo demostrar que no debiera ir?" Cuando uno puede
honradamente demostrar que no debiera ir, entonces está limpio, pero no de
otro modo. ¿Qué respondéis, hermanos míos? Os lo pregunto uno a uno. No os
estoy planteando una cuestión que yo no me haya planteado honradamente a mí
mismo. He visto que si algunos de nuestros principales ministros dieran el
paso, tendría un gran efecto como estímulo de nuestras iglesias, y me he
preguntado sinceramente si yo debiera ir. Después de sospesarlo todo, me
siento obligado a seguir en mi lugar, y creo que el discernimiento de la
mayoría de los cristianos confirmaría mi decisión; pero confío que iría al
extranjero fácil, voluntaria y alegremente si no viese que debo quedarme
aquí. Hermanos, haced vosotros el mismo experimento. Hemos de convertir a
los paganos; Dios tiene miles y miles de sus elegidos entre ellos, es
preciso que vayamos y los busquemos de un modo a otro. Ahora han
desaparecido muchas dificultades, todos los países nos están abiertos, y las
distancias han sido casi suprimidas. Cierto que no tenemos el don de lenguas
de Pentecostés; pero los idiomas se aprenden ahora pronto, mientras el arte
de la imprenta es un equivalente completamente satisfactorio para reemplazar
el don perdido. Los peligros propios de las misiones no deberían retener a
ningún hombre sincero, aunque fuesen grandes peligros; pero ahora están
reducidos al mínimo. Hay centenares de lugares donde la cruz de Cristo es
desconocida, a los cuales podemos ir sin riesgo. ¿Quién irá?
Los hombres que deberían ir son los hermanos jóvenes, de buena capacidad que
aún no han echado sobre sí los cuidados de una familia. Cada uno de los
estudiantes que entra en el Colegio debe considerar este asunto, y
entregarse a la obra a menos que haya razones concluyentes para no hacerlo.
Es un hecho que, incluso para las colonias, es muy difícil hallar hombres,
pues he tenido oportunidades en Australia que me he visto obligado a
abandonar. No debería ser así. Seguramente debe haber entre nosotros todavía
algún espíritu de sacrificio, y algunos de nosotros que estén dispuestos a
ser exiliados por Jesús. La Misión languidece por falta de hombres. Si
vinieran hombres, la liberalidad de la iglesia supliría sus necesidades ; y,
de hecho, la liberalidad de la iglesia ha ofrecido la provisión, y aún no
hay hombres que vayan. Hasta que veamos a nuestros camaradas luchando por
Jesús en todas las tierras, a la vanguardia del conflicto, no pensaré que
hemos cumplido con nuestro deber. Creo que si Dios os mueve a ir, seréis los
mejores misioneros, porque haréis de la predicación del Evangelio la gran
característica de vuestro trabajo, y ésta es la manera segura en que Dios
muestra su poder.
Ojalá que nuestras iglesias imitaran a la del Pastor Harms en Alemania.
donde cada miembro está consagrado al Señor en hecho y en verdad. Los
campesinos dan del producto de sus tierras, los obreros de su trabajo; uno
entregó una enorme casa para que fuese usada como Colegio misionero, y el
Pastor Harms obtuvo dinero para adquirir un barco que equipó para hacer
viajes a África, y entonces envió misioneros y pequeños grupos para formar
comunidades cristianas entre los bosquímanos. ¿Cuándo serán nuestras
iglesias así de abnegadas y activas? Fijaos en los Moravos, cómo cada hombre
y cada mujer se convierte en misionero, y cuanto hacen por el Señor como
consecuencia. Captemos su espíritu. ¿Es un espíritu recto? Entonces es
acertado que lo tengamos. No basta decir : "Esos Moravos son maravillosos".
Nosotros deberíamos ser también maravillosos. Cristo no adquirió a los
moravos de manera más completa que a nosotros mismos ; no tienen más
obligación de sacrificarse que nosotros. ¿Por qué entonces esta reticencia?
Cuando leemos acerca de los hombres heroicos que todo lo dieron por Jesús,
no sólo debemos admirarlos, sino imitarlos. ¿Quién los imitará ahora? ¿Veis
la importancia de la cuestión? ¿No hay algunos entre vosotros que estén
dispuestos a consagrarse al Señor? ¡Adelante es la consigna hoy! ¿No hay
espíritus audaces para acaudillar las vanguardias? Orad todos vosotros para
que, durante este Pentecostés, el Espíritu pueda decir: "Apartadme a Bernabé
y a Saulo para la obra para la cual los he llamado".
Subid y volad hacia adelante en alas del amor. Amén.
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