| Asunto: | [rpe] sermón de C.H.Spurgeon "Cómo suplicar" Salmo 70:6 | | Fecha: | Domingo, 24 de Marzo, 2002 20:59:01 (-0300) | | Autor: | Recursos del Predicador Evangélico - Administración <juanmquaglino @.....com>
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Amados hermanos:
Antes que nada, agradecemos sus oraciones que siempre nos hacen falta,
rogándoles que no cesen de interceder por nosotros.
Les recomendamos que vayan repasando todo las lecciones de homilética
anteriores, porque deseamos a difundir exámenes con puntaje, todo en
preparación. Pero como son muy exigentes, les sugerimos repasar con tiempo y
preguntar lo que no resulte claro.
Hoy seguimos compartiendo los notables sermones de C .H. Spurgeon, este
eximio predicador del siglo XIX. Esperamos que los mismos sirvan de ejemplos
homiléticos, este es el propósito por el que los difundimos. Por supuesto,
aunque esta no es una lista de correo devocional, sino didáctica y de
referencia, estamos seguros que todo predicador al ir trillando, también se
alimenta del mismo trigo (Dt.25.4). Así que nos alegramos y damos gracias a
Dios por tanta bendición.
* * *
COMO SUPLICAR
Texto: "Yo estoy afligido y menesteroso; apresúrate a mí, oh Dios. Ayuda mía
y mi libertador eres tu; oh Jehová, no te detengas." Salmo 70:6
Antaño los pintores estaban deseosos de estudiar bajo grandes maestros.
Estaban convencidos de que podían alcanzar más fácilmente los niveles de
excelencia si entraban en la escuela de hombres eminentes. Los hombres han
pagado grandes primas para que sus hijos puedan entrar como aprendices con
personas que son las mejor preparadas en sus oficios o profesiones. Ahora
bien, si alguno de nosotros quiere aprender el sagrado arte y misterio de la
oración, es bueno que estudie las producciones de los grandes maestros de
esta ciencia. No puedo señalar a alguien que entienda mejor el arte de la
oración que el salmista David. Tan bien conoce la forma de alabar, que sus
salmos se han convertido en el lenguaje de los hombres buenos de todas las
eras. Tan bien ha entendido el cómo de la oración, que si nosotros logramos
captar su espíritu, y seguir su modo de orar, habremos aprendido a suplicar
a Dios de la manera que mejor prevalece. Pon delante de ti, en primer lugar
al Hijo y Señor de David, el más poderoso de todos los intercesores, y junto
a él encontrarás a David como uno de los más admirables modelos para ser
imitado.
Entonces consideraremos nuestro texto como una de las producciones de un
gran maestro en asuntos espirituales, y lo estudiaremos orando todo el
tiempo que Dios nos ayude a orar de la misma manera.
En nuestro texto tenemos el alma de uno que suplica con éxito bajo cuatro
aspectos: en primer lugar, vemos el alma que confiesa: "Yo estoy afligido y
menesteroso." Luego, tenemos el alma que suplica, porque usa su pobre
condición como argumento para pedir, y añade: "apresuradamente a mí, oh
Dios." En tercer lugar podéis ver un alma urgido, porque exclama:
"Apresúrate," y varía la expresión pero conserva la misma idea: "No te
detengas." Y tenéis en cuarto y último lugar, un alma que se aferra de Dios
porque el salmista lo expresa de este modo: Ayuda mía y libertador mío eres
tú;" así se toma de Dios con las dos manos, como para no dejarlo ir hasta
haber obtenido la bendición.
I. Entonces, para empezar, vemos en este modelo de suplicación UN ALMA QUE
CONFIESA
El luchador se desviste antes de entrar en la contienda, y la confesión hace
lo mismo por el hombre que está por alegar su causa delante de Dios. El que
corre en las pistas de la oración no puede esperar el triunfo a menos que,
por medio de la confesión, el arrepentimiento y la fe, se despoje de todo
peso del pecado. Ahora bien, hay que recordar siempre que la confesión es
absolutamente necesaria para el pecador cuando busca por vez primera al
Salvador. Oh, tú que buscas, no es posible que logres la paz para tu
atribulado corazón, mientras no hayas reconocido tu transgresión y tu
iniquidad delante del Señor. Puedes hacer todo lo que desees, sí y aun
intentar creer en Jesús, pero vas a descubrir que la fe de los elegidos de
Dios no está en ti, a menos que estés dispuesto a hacer una confesión
completa de tus transgresiones, y desnudar tu corazón delante de Dios.
Generalmente nosotros no hacemos donaciones de caridad a personas que no la
necesitan. El médico no manda su medicina a quienes no están enfermos. El
ciego junto al camino al mendigar: Si hubiera tenido dudas en cuanto a su
ceguera, el Señor hubiera pasado de largo frente a él. El abre los ojos a
los que se confiesan ciegos, pero a los demás dice: "Porque decís 'Vemos',
vuestro pecado permanece." A los que son llevados ante él, les pregunta:
"¿Qué quieres que te haga" para que su necesidad sea públicamente
reconocida. Tiene que ser así para todos nosotros: debemos ofrecer la
confesión, o no podemos obtener la bendición.
Permitidme que hable especialmente a vosotros que deseáis encontrar la paz
con Dios, y la salvación por medio de la preciosa sangre. Haréis bien hacer
una confesión muy sincera y muy explícita delante de Dios. Es seguro que no
tenéis nada que esconder, porque nada hay que podáis esconder. El ya conoce
vuestra culpa, pero él quiere que vosotros la conozcáis, y por eso manda que
la confeséis. Entra en el detalle de tus pecados reconociéndolos
secretamente delante de Dios. Desnúdate de toda excusa, no te disculpes. Dí:
"Contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que
seas reconocido justo en tu palabra y tenido por puro en tu juicio."
Reconoce la maldad del pecado, pídele a Dios que te haga sentirla. No lo
trates como si fuera una pequeñez, porque no lo es. Para redimir al pecador
de los efectos del pecado, Cristo mismo tuvo que morir, y a menos que seas
librado eternamente de una falta venial, que no hubiera sido tomada en
cuenta si no fuera Dios tan severo. Pero trabaja hasta ver el pecado como
Dios lo ve, como una ofensa contra todo lo que es bueno, una rebelión contra
todo lo amable. Míralo como traición, como ingratitud, como una cosa baja y
egoísta.
Nunca esperes que el Rey del cielo perdone a un traidor, sí éste no confiesa
y abandona su traición. Hasta el padre más tierno espera que el niño se
humille cuando ha causado una ofensa, y no dejará de mostrarle el ceño
fruncido mientras con lágrimas no diga: "Padre, he pecado." ¿Te atreves a
esperar que Dios se humille delante de ti, y no sería así si El no te
constriñera a humillarte a El? ¿Quieres que él haga la vista gorda a tus
faltas y cierre los ojos ante tus transgresiones? El tendrá misericordia,
pero es santo. Está dispuesto a perdonar, pero no tolera el pecado, y por lo
tanto, no te puede perdonar si tú sigues acariciando tus pecados, o si te
atreves a decir: "No he pecado." Así que, date prisa, Oh tú que buscas, date
prisa, te ruego, y preséntate ante el trono de la gracia con esto en tus
labios: "Soy pobre y menesteroso, soy pecador, estoy perdido; apiádate de
mí." Con tal reconocimiento comienzas bien tu oración, y por Jesucristo
prosperarás en ello.
Amados oyentes, el mismo principio se aplica a la iglesia de Dios. Estamos
orando por una demostración del poder del Espíritu Santo en esta iglesia,
con el fin de orar exitosamente en esto, es necesario que unánimemente
hagamos la confesión que se halla en nuestro texto: "Yo estoy afligido y
menesteroso." Tenemos que reconocer que en esto carecemos de poder. La
salvación es de Jehová y no podemos salvar una sola alma. El Espíritu de
Dios está escondido en Cristo, por lo que debemos buscarlo ante el que es
gran Cabeza de la Iglesia. No podemos mandar al Espíritu, sin embargo, nada
podemos hacer sin él.
El sopla de donde quiere. Debemos sentir esto profundamente y reconocerlo
honestamente. Antes de bendecir a su Iglesia, Dios quiere que sepa que la
bendición viene completamente de El. "No con ejército, ni con fuerza, sino
con mi Espíritu, ha dicho Jehová."
La carrera de Gedeón fue muy notable, y comenzó con dos señales muy
instructivas. Pienso que nuestro Padre celestial quiere que todos nosotros
aprendamos la misma lección que le enseñó a Gedeón, y cuando hayamos
dominado la lección, él nos usará para sus propósitos. Ustedes recordarán
que Gedeón puso un vellón de lana sobre la era, y en la mañana, alrededor
del vellón todo estaba seco y solamente el vellón estaba mojado. Dios había
saturado de agua solamente el vellón, de modo que Gedeón pudo exprimirlo, y
su humedad no se debió a que fuera puesto en un lugar favorable, porque
alrededor todo estaba seco. Puede haber querido que aprendamos que, si el
rocío de su gracia llena a alguno de nosotros con su vaho celestial, no es
porque estamos en la era de un ministerio que Dios normalmente bendice, o
porque estamos en una iglesia que Dios normalmente visita con su gracia;
pero se nos tiene que hacer ver que las visitaciones de su Espíritu son
fruto de la soberana gracia de Dios, y dones de su amor infinito, y no de la
voluntad del hombre, ni por hombre.
Pero luego el milagro fue invertido. A la noche siguiente el vellón estaba
seco y alrededor el suelo estaba todo mojado. Por lo que los escépticos
podrías haber dicho: "Sí, pero un vellón muy naturalmente atrae la humedad,
y si hubiera alguna humedad en el aire, lo más probable es que fuera
absorbida por la lana." Pero, he aquí, en esta ocasión el rocío no está
donde ha dado una preparación de corazón para recibirla, nos quiere hacer
entender que su gracia y su Espíritu son completamente libres en la acción y
soberanos en operación; y no está obligado a trabajar según ninguna norma
que nosotros hayamos inventado. Si el vellón estaba mojado, él lo bañó con
el roció, no porque fuera un vellón, sino porque El quiso hacerlo así. El
tendrá toda la gloria de toda su gracia de principio a fin. Entonces,
venid, hermanos míos, y haceos discípulos de esta verdad. Considerad que
toda buena dádiva y todo don perfecto debe venir del gran padre de las
luces. Nosotros somos obra suya, él debe hacer todas nuestras obras en
nosotros. La gracia no se merece por nuestra posición o condición: el viento
de donde quiere sopla, el Señor obra y no hay hombre que pueda impedirlo;
pero si El no obra, resulta vano el más poderoso y celoso de los trabajos.
Es muy significativo que antes que diera de comer a los miles de personas,
Jesús hizo que los discípulos hicieran inventario de sus provisiones. Era
bueno que ellos vieran cuán baja estaba la intendencia, para que cuando la
multitud tuviera su comida no pudieron decir que el cesto lo había hecho, ni
que el niño había provisto. Dios hará que veamos cuán escasos son nuestros
panes de cebada, cuán pequeños nuestros pececillos, que eso nos lleve a
preguntar: "¿Qué es esto entre tantos?" Cuando el salvador mandó a sus
discípulos a que echaran la red a la mano derecha, y arrastraron una gran
cantidad de peces, él no hizo el milagro hasta que ellos hubieron confesado
que habían trabajado toda la noche y no habían sacado nada. Así fueron
enseñados que el éxito de su pesca dependía del Señor, no de sus redes, ni
del mote de arrastrarlas, ni de su habilidad en el arte de la navegación,
sino completamente, totalmente su éxito había venido de su Señor. Debemos
entender esto, y mientras más pronto lo hagamos, mejor.
Observamos lo que hacían los antiguos judíos de guardar la Pascua. Había que
tener panes sin levadura, y había que comer el cordero pascual. Pero no
podían servirse los panes sin levadura ni comer el cordero pascual mientras
no hubieran limpiado la vieja levadura. Si tenéis alguna fuerza añeja, o
confianza en vosotros mismos, si hay algo que es de vosotros mismos, está,
en consecuencia, leudado y debe ser quitado. La alacena debe estar vacía
antes que pueda llegar la provisión celestial, con la cual se puede guardar
la pascua. Doy gracias a Dios cuando nos limpia. Bendigo su nombre cuando
nos lleva a sentir la pobreza de nuestra alma como iglesia, porque es seguro
que entonces vendrá la bendición.
Una ilustración más mostrará esto, quizás, más claramente aun. Veamos a
Elías con los sacerdotes de Baal en el Carmelo. La prueba era para decidir
la elección de Israel ?el Dios que respondiera por fuego, que el, sea Dios.
Los sacerdotes de Baal invocaron en vano que viniera fuego del cielo. Elías
está confiado en que el fuego del cielo descenderá sobre su sacrificio, pero
también está seriamente resuelto a lograr que los falsos profetas y ese
pueblo vacilante no imaginen que él mismo había producido el fuego. Decide
dejar en claro que no hay artificios, astucia a maniobra humana en la
materia. Debía notarse bien que la llama era del Señor y solamente del
Señor. Recordad la rigurosa orden del profeta: "Llenad cuatro cántaros de
agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra
vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron
la tercera vez, de manera que el agua corría alrededor del altar, y también
se había llenado de agua la zanja." No podía haber fuegos latentes allí. Si
hubiera habido combustibles o productos químicos calculados para producir
fuego a la manera de los fraudes de la época, todo ello habría sido mojado
por el agua o se habría descompuesto. Cuando nadie podía imaginar que el
hombre pudiera quemar el sacrificio, entonces el profeta alzó..sus ojos al
cielo, y comenzó a orar, y descendió el fuego del Señor, que consumió el
holocausto, la leña, las piedras del altar, el polvo y aun lamió el agua que
había en la zanja. Entonces, cuando todo el pueblo lo vio, cayó sobre sus
rostros, y dijeron: "¡Jehová es el Dios! ¡Jehová es el Dios!"
En esta iglesia, si quiere bendecirnos grandemente, el Señor puede enviarnos
la prueba de derramar agua una, dos y tres veces. Puede desalentarnos,
afligirnos, probarnos y hacernos decaer, hasta que todos veamos que no es el
predicador, ni la organización, no es del hombre sino completamente de Dios,
el Alfa y al Omega, el que obra todas las cosas de acuerdo con el consejo de
su voluntad.
Así os he demostrado que para tener una buena sesión de oración lo mejor es
comenzar con la confesión de que estamos afligidos y menesterosos.
II. En segundo lugar, cuando el alma se ha despojado del peso de los méritos
y de la autosuficiencia, procede a orar y nos encontramos ante UN ALMA QUE
SUPLICA.
"Yo estoy afligido y menesteroso; apresúrate a mí, oh Dios, Ayuda mía y mi
libertador eres tú; oh Jehová no te detengas." El lector cuidadoso notará
cuatro súplicas en este solo versículo.
Sobre este tema quiero destacar que es hábito de la fe, cuando está orando,
usar súplicas. Los que son simples pronunciadores de oraciones, que de
ningún modo oran, olvidan ofrecer a Dios. Pero aquellos que quieren
prevalecer, ofrecen sus razones y sus poderosos argumentos y debaten la
cuestión con Dios. Los que juegan a la lucha se toman como pueden, al azar,
pero los que son realmente luchadores tienen una cierta manera de tomar al
oponente ??un modo de lanzarlo y cosas por el estilo; trabajan según un
cierto orden y reglamento. El arte de la lucha de fe es suplicar a Dios, y
decir con osadía: "Que sea así y así, por tales y tales razones." Oseas nos
dice de Jacob que "Allí habló con nosotros," de lo que entiendo que Jacob
nos instruye por su ejemplo. Ahora bien, las dos súplicas que Jacob usó eran
precepto y promesa de Dios. Primero él dijo: " me dijiste: Vuélvete a tu
tierra y a tu parentela," que es como si hubiera dicho: "Señor, estoy en
dificultades, pero he venido aquí en obediencia a ti. Tú me dijiste que
hiciera esto; ahora puesto que Tú me mandaste que viniera hasta aquí, ante
los dientes mismos de mi hermano Esaú, que viene como un león a mi
encuentro, Señor no puedes ser infiel como para ponerme en peligro y luego
dejarme." Este era un razonamiento sano, y prevaleció en la presencia de
Dios. Luego Jacob recordó una promesa: "Dijiste: `Yo te haré bien.' "
Entre los hombres es un modo maestro de razonar el poder desafiar al
adversario con sus propias palabras: puedes citar otras autoridades, y él
podría decir: "Niego su fuerza." Pero, cuando citas a un hombre contra sí
mismo, lo aniquilas. Cuando haces que un hombre recuerde su promesa, éste
debe confesarse infiel y voluble, o, si mantiene que no cambia, y que es
fiel a su palabra, lo tienes en tu mano, has logrado tu voluntad. Hermanos,
aprendemos así a suplicar con los preceptos y promesas, y con cualquier otra
cosa que pueda servirnos; pero tengamos siempre algo en que basar nuestra
súplica. No hagas cuenta de haber orado si no has argumentado porque el
argumentar es la médula misma de la oración. El que suplica con argumentos
conoce el secreto de como prevalecer con Dios, especialmente si apela a la
sangre de Cristo, porque eso abre la cerradura de los tesoros celestiales.
Muchas llaves sirven para muchos candados, pero la llave maestra es la
sangre y el Nombre de aquel que murió y resucitó, y todavía vive en los
cielos para salvarnos hasta lo sumo. Los argumentos de la fe son abundantes,
y esto es bueno, porque la fe se ve ante diversas posiciones, y las necesita
todas.
La fe invocará osadamente todas las relaciones da gracia de Dios. Le podrá
decir: "¿No eres tú el Creedor? ¿Desampararás la obra de tus manos? ¿No eres
el redentor? ¿Tú que has salvado a tu siervo, me desecharás?" Normalmente la
fe se deleita en echar mano de la paternidad de Dios. Este es uno de sus
puntos maestros: cuando saca esto a relucir, gana su punto. "Tú eres padre y
¿nos castigarás aunque nos mates? ¿Un padre y no proveerás? ¿Un padre y no
te compadeces ni tienes misericordia? ¿Un padre y niegas lo que tu hijo te
pide?" Cuando quiera que estoy impresionado con la majestad divina, y por
eso carezco de espíritu para la oración, encuentro un remedio rápido y dulce
al recordar que, aunque El es el Gran Rey, y que es infinitamente glorioso,
yo soy su hijo, y no importa quien sea el padre. Sí, la fe puede apelar a
todas y cada una de todas las relaciones que Dios tiene con sus escogidos.
Además, la fe puede acosar el cielo con las Promesas Divinas. Supongamos que
vas a uno de los bancos de la ciudad y ve a un hombre que entra y sale y
cada vez pone un pedazo de papel en las mesas sólo para retirarla nuevamente
y nada más. Hace esto varias veces en el día. Pienso que pronto darían
órdenes al portero de no dejar entrar tal hombre, porque sólo estaría
haciendo perder el tiempo al cajero, y haciendo cosas sin ningún propósito.
Los hombres que van al banco con fines serios presentan sus cheques, esperan
que les entreguen el dinero y luego se van, pero no sin antes haber
concluido su negocio. No ponen en la mesa el papel y se ponen a hablar sobre
las excelencias de la firma o sobre lo correctamente extendido del
documento, sino que esperan que les den su dinero y no están contentos
mientras no lo reciben. Estas son las personas que son bienvenidas en el
banco y no las personas frívolas. ¡Ay! Mucha gente juega a la oración y no
son mejores que aquellos que acabo de describir. Digo que están jugando a la
oración porque no esperan que Dios les de una repuesta, y así son personas
puramente frívolas, que se burlan del Señor. El que ora con la seriedad de
los que hacen negocios, con verdadero sentido en lo que hace, honra al
Señor. El Señor no está jugando cuando hace promesas. No fue un juego el que
confirmara la palabra por medio de su sangre, y no debemos convertir la
oración en una broma, orando con un espíritu que nada espera.
El Espíritu Santo es serio, y nosotros también debemos ser serios. Debemos
ir en busca de una bendición, y no quedarnos satisfechos hasta que la
hayamos conseguido, como el cazador, no se queda satisfecho por haber
corrido, tantas millas, y no está contento hasta que ha cogido una presa.
Además, la fe apela a las proezas de Dios. Mira al pasado y dice: "Señor, tú
me salvaste en tales y tales ocasiones, ¿me fallarás ahora? "Además, toma la
vida como un todo y suplica así:
Habiendo tantas misericordias recibido,
¿me dejarás finalmente hundido?
"¿Me has traído hasta este punto para que al final sea puesto en vergüenza?"
La fe conoce las antiguas misericordias de Dios, y las convierte en
argumentos para obtener favores presentes. Pero todo tu tiempo se habrá ido
si no tratas de mostrar siquiera la milésima parte de los argumentos de la
fe.
Sin embargo, a veces los argumentos de la fe son muy singulares. Como ocurre
un nuestro texto, de ningún modo se conforma a las reglas de la orgullosa
naturaleza humana al suplicar: "Estoy afligido y menesteroso, apresúrate a
mí, oh: Dios." Es como otra oración de David: "Ten misericordia dé mi
iniquidad que es grande." Esta no es la manera en que los hombres suplican,
porque dicen: "Señor, ten misericordia de mí, porque no soy tan pecador como
otros". Pero la fe hace su lectura bajo una luz más realista, y basa sus
argumentos en la verdad. "Señor, puesto que mi pecado es grande, y tú eres
el gran Dios, que tu misericordia sea magnificada en mí".
Vosotros conocéis la historia de la mujer sirofenicia. Es un gran ejemplo de
la ingenuidad del razonamiento de la fe. Vino a Cristo a suplicar por su
hija, y él no le contestó palabra alguna. ¿Qué creéis dijo su corazón?
"Bien," se dijo, "Está bien, porque no me ha rechazado. Puesto que no ha
hablado no me ha rechazado." Animándose con esto, comenzó a suplicar de
vuelta. Ésta vez Jesús le habló en forma un tanto áspera, y entonces su
valiente corazón dijo: "Por fin he logrado que hable. Lograré una obra
maravillosa pronto. Eso también la alegró; y entonces, cuando El la llamó
"perro," ella razonó: "pero un perrillo es parte de la familia, tiene alguna
conexión con el amor dé la casa. Aunque no come en la mesa, recibe las
migajas debajo de la mesa, y ahora te tengo a ti, gran Amo, aunque soy
perrillo. La gran misericordia que te estoy pidiendo, aunque es muy grande
para mí, para ti es solo una migaja. Concédemela, te lo ruego." ¿Podía
fracasar en la consecución de lo que estaba pidiendo? Imposible. Cuando la
fe tiene un deseo, siempre encuentra un camino, y obtendrá la victoria
cuando todas las cosas presagian una derrota.
Los argumentos de la fe son muy peculiares, pero permítaseme agregar que son
siempre sanos porque, después de todo, es un argumento contundente afirmar
que estamos afligidos y necesitados. ¿No es ese el principal argumento
delante de la benevolencia, sea humana o divina? ¿No es nuestra necesidad la
mejor razón que podemos ofrecer? Si queremos que un médico acuda prontamente
a ver un enfermo, le diremos: "Doctor, no es un caso común, está a punto de
morir, venga, dése prisa" Si queremos que los bomberos se apuren en llegar a
un incendio no les diríamos: "Apúrense, es un pequeño incendio." Por el
contrario, les decimos que es una casa antigua, llena de material
combustible y hay rumores de que hay petróleo y pólvora dentro de la
propiedad. Además, está cerca de un depositó de maderas, y hay muchas
cabañas de madera alrededor, y en poco tiempo tendremos media ciudad en
llamas." Presentamos la situación lo más malo que sea posible. Oh, que
recibamos sabiduría para ser igualmente sensatos al suplicar a Dios, para
encontrar argumentos en todo, pero especialmente para hallarlos en nuestras
necesidades.
Hace dos siglos el oficio de la mendicidad, se decía, era el más fácil, pero
el peor pagado. No estoy muy seguro de lo segundo en nuestros tiempos, pero
el oficio de rogar delante de Dios es difícil e indudablemente lo mejor
pagado del mundo. Es notorio que los que mendigan ante los hombres
normalmente tienen muchos argumentos de que echar mano. Cuando un hombre
está pasándolo mal y hambriento, normalmente puede encontrar una razón para
pedir ayuda de cualquier persona. Supongamos que se trata de una persona a
la que ya está unida por muchas obligaciones, entonces, la pobre criatura
alega: "Si le pido otra vez, estoy seguro de su ayuda, porque me conoce y
siempre ha sido muy amable." Si nunca le ha pedido antes a una persona,
entonces dice: "Nunca lo he molestado antes. No puede decir que ya ha hecho
todo lo que podía por mí. Tomaré el atrevimiento de comenzar con él." Si es
pariente, dice: "Es seguro que querrás ayudarme en mi angustia, porque eres
familiar," y si se trata de un extraño dice: "Con frecuencia he encontrado
extraños que han sido más amables que los que son mi misma sangre, ayúdame,
se lo ruego." Si le pide al rico, le dice que nunca van a echar de menos lo
que le dé. Si le pide al pobre, le presiona diciéndole que él sabe lo que
significa la necesidad, y que por cierto sentirán compasión de él estando en
gran angustia, Ojalá fuéramos la mitad alertas de lo que estas personas son
para llenar nuestra boca de argumentos cuando estamos delante del Señor.
¿Cómo es posible que nosotros no estemos la mitad despiertos, y da impresión
de que no se despiertan los sentidos espirituales? Que Dios nos conceda que
podamos aprender el arte de suplicar al Dios eterno, porque en ello descansa
el poder prevalecer delante de El, por los méritos de Jesucristo.
III. En el punto siguiente debo ser breve. ES UN ALMA URGIDA
"Apresúrate a mí, oh Dios. Oh Jehová, no te detengas." Podemos demandar
urgencia de Dios, si todavía no somos salvos, porque nuestra necesidad es
urgente. Estamos en peligro constante, y el peligro es de la peor especie.
Oh, pecador, dentro de una hora, dentro de un minuto, puedes encontrarte
donde la esperanza ya no te visitará más. Por lo tanto, clama: "Date prisa,
Oh, Dios, líbrame; ¡apresúrate a socorrerme!" El tuyo es un caso que no
admite demoras. No tienes tiempo para perder. Eres un alma urgida, porque tu
necesidad es urgente. Y recuerda, si estás realmente en una necesidad, y el
Espíritu está obrando en ti, tendrás la sensación de urgencias y debes
actuar con urgencia. Un pecador ordinario podría contentarse con esperar,
pero un pecador vivificado quiere misericordia ahora mismo. Un pecador
muerto permanecerá quieto, pero un pecador vivificado no puede descansar
hasta que el perdón haya sido sellado en su alma. Cuando ya no puedes vivir
sin un Salvador, el Salvador vendrá a ti, y tú te regocijarás en El.
Hermanos, miembros de esta iglesia, la misma verdad tiene valor para
vosotros. Dios vendrá a bendeciros, y vendrá prontamente, cuando la
sensación de urgencia se haga más profundo y urgente. ¡Oh, cuán grande es la
necesidad de esta iglesia! Nos enfriaremos, nos alejaremos de la santidad,
nos haremos mundanos, no habrá conversiones, no creceremos en número. Habrá
disminución, habrá divisiones, habrá discordias de todas las especies.
Satanás se regocijará, y Cristo será deshonrado, a menos que obtengamos una
mayor medida del Espíritu Santo.
Por mi parte, hermanos, y hermanas, deseo sentir un espíritu de urgencia
dentro de mi alma mientras suplico a Dios que el rocío de su gracia
descienda sobre esta iglesia. No tengo vergüenza en esto, porque tengo
licencia para orar. La mendicidad está prohibida en las calles, pero delante
de Dios soy un mendigo con licencia. Jesús ha dicho: "los hombres deben orar
siempre y no desmayar." Pisas tierra en las costas de un país extranjero con
la mayor de las confianzas cuando llevas tu pasaporte y Dios ha dado
pasaportes a sus hijos, con los cuales pueden entrar confiadamente hasta el
trono de la gracia. El te ha invitado. El te motiva, él te ha ordenado que
acudas a él, y ha prometido que todo lo que pidamos en oración, creyendo lo
recibiremos. Entonces venid, venid con urgencia, venid en forma importuna,
venid con ese argumento: "estoy afligido y necesitado, no te detengas, oh
Dios mío," y seguramente vendrá una bendición; no tardara. Que Dios nos
conceda el poder verla, para que le demos gloria de todo ello.
IV. Siento haber sido tan breve cuando necesitaba haberme extendido, pero
debo cerrar con un cuarto punto. Esta es otra parte del arte y misterio de
la oración: EL ALMA QUE SE AFERRA A DIOS.
El alma ha suplicado, ha mostrado la urgencia, ahora viene muy cerca. Toma
al ángel del pacto de una mano," Tú eres mi ayuda," y con la otra, "Tú eres
mi libertador." ¡Oh esos benditos "mi," esos poderosos "mi." dulzura de la
Biblia radica en los pronombres posesivos, que aprende a utilizarlos como el
salmista, será vencedor ante el Dios eterno.
Ahora, pecador, quiera Dios que puedas ser ayudado a decir esta mañana al
bendito Cristo de Dios: "Tú eres mi ayuda y mi libertador." Quizás te quejes
que no puedes ir lejos, pero, pobre alma, ¿tienes otra ayuda? Si la tienes,
no puedes tener dos ayudadores en una sola mano. "Oh no", dices, "no tengo
ayuda alguna. No tengo esperanzas sino en Cristo." Entonces, pobre alma,
puesto que tienes las manos vacías, esa mano vacía fue preparada
intencionadamente para aferrarse de tu Señor: ¡Aférrate de él! Dile hoy
mismo: "Señor, me tomaré de ti tal como lo hiciera ese pobre cojo Jacob. No
puedo ayudarme a mí mismo; me aferro a ti y no te dejaré ir si no me
bendices." "Ah, eso sería demasiado atrevido," dice alguien. Pero el Señor
ama la santa osadía de los pobres pecadores. A El le gustaría que fueras más
nada de lo que tú piensas que eres. El que no se atreve a confiar en el
Salvador crucificado hace un intento profano. El murió con el propósito de
salvar a personas como tú; deja que él tenga entrada en ti y confía en él.
"Oh," dice alguien, "pero soy tan indigno." El vino a buscar y a salvar lo
que se había perdido." El no es el salvador de los que se creen justos. Es
el salvador de los pecadores: "amigo de los pecadores" es su nombre. Tú que
te sientes indigno, aférrate de él! "Oh," dice alguien, "pero no tengo
derecho." Bueno, puesta que tú no tienes derecho, tu necesidad será tu
clamor: es todo lo que necesitas pedir. Me parece oír a alguien que dice:
"es demasiado tarde para que yo suplique pidiendo gracia." No puede ser, es
imposible. Mientras vivas y desees la gracia, no será demasiado tarde para
buscarla. Recuerda la parábola del hombre que quería tres panes. Os diré lo
que pasó por mi mente cuando la leí: el hombre fue donde su amigo a
medianoche. No podía haber sido más tarde. Porque si hubiera sido un poco
después de la medianoche, ya habría sido temprano la mañana siguiente, de
modo que no hubiera sido tarde. Era media noche y no podía ser más tarde.
Así, si es medianoche en tu alma, alégrate. Jesús es un salvador fuera de
tiempo. Muchos de sus siervos han nacido fuera de tiempo.
Cualquier momento es el tiempo oportuno para invocar el nombre de Jesús. Así
que no dejes que el diablo te tiente con el pensamiento de que es demasiado
tarde. Acude a Jesús ahora, ve de inmediato, aférrate de los cuernos del
altar por fe, y dile: "Sacrificio de los pecadores, tú hiciste sacrificio en
mi lugar. Intercesor de los que están sin gracia, sé tú mi intercesor. Tú
que das dones a los rebeldes, dame dones a mí, porque he sido rebelde.
Cuando aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos. Eso soy
Maestro; que el poder de tu muerte sea visto en mí para salvación de mi
alma."
Oh, vosotros que sois salvos y, por lo tanto, amáis a Cristo, quiero que
vosotros, hermanos amados, como santos de Dios, pongáis en práctica esta
parte final de mi tema; estad seguros de aferraros de Dios en oración. "Tú
eres mi ayuda y mi libertador." Como iglesia nos arrojamos sobre el poder de
Dios, y nada podemos hacer sin El. Pero no queremos estar sin El, nos
aferramos de El firmemente. "Tú eres mi ayuda y mi libertador." Según una
antigua historia, había un muchacho en Atenas que tenía por costumbre
jactarse de que gobernaba toda Atenas, y cuando se le preguntó cómo dijo:
"Fácil, yo dirijo a mi madre, ella gobierna a mi padre y mi padre gobierna
la ciudad." El que sabe ser maestro de oración reinará en el corazón de
Cristo y Cristo puede hacer y hará todas las cosas por su pueblo, porque el
Padre encomendado todas las cosas en sus manos. Puedes ser omnipotente si
sabes orar, omnipotente en todas las cosas que glorifican a Dios. ¿Qué es lo
que dice la Palabra misma? " eche mano a mi poder." La oración mueve el
brazo que mueve al mundo. Oh que recibimos gracia para recibir el amor del
Todopoderoso de esta manera.
Queremos más oración que se aferra firmemente; más tiradora, más agresiva y
luchadora, que dice: "No te dejaré ir." El cuadro de Jacob bastará para
terminar. El quiere una bendición del ángel del pacto. El ángel quiere
quitárselo de encima, pero eso no le sirve a Jacob. Entonces el ángel trata
de escapar de él y da tirones y lucha. Pero Jacob no lo soltará por mucho
que se esfuerce el ángel. Finalmente el ángel recurre de la lucha ordinaria
a herirle en el asiento mismo de su fuerza. Pero Jacob está dispuesto a
perder su muslo, y toda la pierna, pero no dejará que el ángel se vaya así.
La pobre fortaleza del hombre queda anulada bajo toque que la marchita, pero
en su debilidad, aún echa sus brazos alrededor del misterioso hombre, y lo
retiene en un abrazo mortal. Entonces el otro dice: "Déjame ir, porque el
día ya amanece." Noten bien que no se sacudió para quitárselo de encima;
solo dijo. "Déjame ir." El ángel no hace nada para hacer que lo suelte; lo
deja a su voluntad. El valiente Jacob exclama: "No, ya estoy en esto, y
estoy decidido a conseguir una repuesta a mi oración. No te dejaré ir si tu
no me bendices.' Ahora bien, cuando la iglesia comienza a orar, él podría al
principio hacer como que tiene que ir más lejos, y podríamos tener el temor
de no recibir respuesta alguna. Seguid firmes, queridos hermanos. Estad
firmes, inamovibles, a pesar de todo. Más tarde, podría ocurrir, habrá
desaliento donde esperábamos un éxito rotundo; encontraremos hermanos que
oponen dificultades, algunos se sumirán en el sopor, y otros caerán en
pecado; abundarán los reincidentes e impenitentes. Pero no dejemos. Sigamos
con mayor ansiedad.
Y si llegara a ocurrir que nosotros mismos nos descorazonamos y nos
desalentamos, y sentimos que nunca habíamos estado tan débiles como ahora,
no importa hermanos, sigamos adelante, porque cuando se encoge el tendón, la
victoria está cerca. Aferraos con más fuerza que nunca. Sea esta nuestra
resolución: "No te dejaré ir si no me bendices." Recordad que mientras más
tarde en llegar la bendición, más rica será cuando nos alcance. Lo que se
obtiene rápidamente por una sola oración a veces es solamente una bendición
de segunda clase. Pero la que se obtiene tras un forcejo desesperado, y de
una lucha terrible, esta es un bendición completa y preciosa. Siempre es
lindo mirar a los hijos de la importunidad. La bendición que nos cuesta más
oraciones será la más apreciada. Sólo sigamos perseverando en suplicaciones,
y obtendremos una bendición amplia y de largo alcance para nosotros, para la
iglesia y para el mundo. Quisiera que estuviera en mi poder el estimularon a
la oración ferviente; pero eso debo dejarlo con el gran autor de toda
verdadera súplica, a saber, el Espíritu Santo. Que El obre en nosotros
poderosamente, por amor a Jesús. Amén.
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