| Asunto: | [rpe] sermón "Cristo la Roca", 1 Co 10:4, de C. H. Spu rgeon | | Fecha: | Martes, 9 de Abril, 2002 09:03:13 (-0300) | | Autor: | Recursos del Predicador Evangélico - Administración <juanmquaglino @.....com>
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¡Hola amados predicadores y maestros del evangelio!
Seguimos compartiendo los notables sermones de este famoso siervo de Dios,
ya que nos ilustran siendo excelentes ejemplos homiléticos para nuestro
perfeccionamiento y además son una bendición para nuestras vidas. ¡Qué el
Señor les bendiga y les utilice cada día más en su obra como instrumentos
para honra y gloria del Señor Jesucristo!
Recursos del Predicador Evangélico.
CRISTO LA ROCA
por Carlos H. Spurgeon.
"Y la roca era Cristo" (1 Corintios 10:4).
Es un hecho que tenemos registrado en las Sagradas Escrituras que hubo dos
rocas, y que las dos dieron agua en el desierto para suplir las necesidades
de las Multitudes que pasaban por el desierto. Algunos han supuesto que el
apóstol Pablo dijo que sólo había una roca, mientras que si leemos
cuidadosamente lo que dice, veremos que meramente observa que "y todos
bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que
los seguía, y la roca era Cristo". Fuese donde fuese que estuviese aquella
roca de la que bebían las tribus de Israel, todos bebieron de la misma; no
hubo dos rocas a la vez; todos ellos bebieron de la misma roca que los
seguía, fuese cual fuese de las dos rocas; y aquella roca, refiriéndose a
cualquiera de las dos, era Cristo. Tanto si consideramos la primera roca de
Horeb, o la segunda de Cades, ambas eran tipo de Jesucristo. Algunos pueden
deducir que si hubo dos rocas, puede que haya dos Cristos. En absoluto,
amigos.
Cada Día de la Expiación había un nuevo chivo expiatorio, pero esto no
implica que deba haber un nuevo Cristo cada año. Se debía ofrecer un cordero
cada mañana y otro cada tarde, pero ¿quién inferiría de eso que debía haber
tantos Cristos como corderos? Podemos decir, tanto de la roca de Refidim
como de la roca de Cades, "y la roca era Cristo". Comprended esto, había dos
rocas, pero no dos rocas a la vez; y por ello, todos bebieron la misma
bebida espiritual que manaba de la misma roca espiritual, "y la roca era
Cristo".
Nuestro objeto será mostraros que las dos rocas eran tipos destacados de
nuestro bendito Señor Jesucristo, que, siendo golpeado, da agua para el
refrigerio de su pueblo, y que los sigue por todo el desierto con sus
refrescantes corrientes. Permitid que os pida que vayamos al primer pasaje,
que trataremos de explicar, en el capítulo 17 de Éxodo. No me detendré ni
por un momento a señalar las varias perspectivas de Jesucristo en las que él
pudiese ser considerado como una roca, como siendo inmutable, permaneciendo
constantemente en la misma posición, como refugio frente al turbión y a la
tempestad, o como el lugar donde todos los que le aman tienen refugio de las
tempestades de la justicia vindicadora. Éstos no son los temas a los que
invito ahora a que prestéis vuestra atención. El tema que tocamos no es
Cristo como una roca, sino Cristo como una roca en el desierto, de la que
mana el agua.
Permitid que os pida una atenta lectura del siguiente pasaje de las
Escrituras:
"Toda la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin por
sus jornadas, conforme al mandamiento de Jehová, y acamparon en Refidim; y
no había agua para que el pueblo bebiese. Y altercó el pueblo con Moisés, y
dijeron: Danos agua para beber. Y Moisés dijo: ¿Por qué altercáis conmigo?
¿Por qué tentáis a Jehová? Así que el pueblo tuvo sed, y murmuró contra
Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matamos de sed a
nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados? Entonces clamó Moisés a
Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? De aquí a un poco me
apedrearán. Y Jehová dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo
de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara con que
golpeaste el río, y ve. He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la
peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el
pueblo. Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel. El llamó
el nombre de aquel lugar Masah y Meriba, por la rencilla de los hijos de
Israel, y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre
nosotros, o no?" Éxodo 17:7?7.
LA PRIMERA ROCA ERA CRISTO EN SU PERSONA
En primer lugar observamos que la roca de Refidim, u Horeb, era un notable
tipo de Cristo POR EL HECHO DE SU NOMBRE. Se llama Horeb; y al consultar el
diccionario de nombres encontraréis que la palabra "Horeb" significa
"sequedad"; también se llama Refidim, que significa "lechos de reposo".
Ahora bien, es de destacar que estos dos nombres deban pertenecer a una
roca; pero ambos títulos pueden bien aplicarse a nuestro Señor y Salvador
Jesucristo.
Primero, él era la Roca de Horeb: o sea, él era una roca en tierra seca y
yerma. Isaías profetizó de él que sería "raíz de tierra seca", y así lo fue.
Provino de una familia que, aunque había sido regia, estaba casi extinguida.
Su padre y su madre eran del común del pueblo, de la clase menestral. Las
glorias de la línea regia de David habían quedado olvidadas entre el pueblo;
sin embargo, de ella provino Jesucristo, el hombre "escogido de entre el
pueblo", para que fuese exaltado como gobernante sobre el Israel escogido de
Dios. Isaías dijo: "No hay apariencia en él, ni hermosura como para que le
miremos, ni atractivo como para que nos deleitemos en él." Si alguien
hubiese contemplado las empinadas y agrestes laderas de Horeb, cubiertas de
espinos y zarzales, nunca hubiese soñado que escondido en una roca tan dura
hubiese un manantial de agua suficiente para suplir las necesidades de la
multitud. Hubiera levantado las manos atónito, y exclamado: "¿Será posible?
Se puede cavar buscando agua en la yerma arena, pero no puedo suponer que ni
el mismo Dios pueda sacar agua de esa roca diamantina." De esta manera los
judíos, mirando a Jesús, dijeron: "¿Puede ser él el Salvador tan largamente
predicho para introducir la era de oro? ¿Puede él ser el Mesías? ¿Él, el
hijo del carpintero? ¿Puede ése ser el que viene a redimirnos de nuestros
opresores, y a fundar un reino que nunca verá fin? ¿Es éste el Jesús que
debe descender como lluvia sobre la hierba segada, y como chubasco para
regar la tierra?" No podían prever salvación de parte de él. Parecía una
roca yerma, y no podían admitir que él llegase a ser el Salvador de una
nación poderosa; que él fuese uno de cuyo costado traspasado saliesen
corrientes sanadoras de sangre y agua para lavar y purificar a sus hijos.
Observemos también el otro nombre: Refidim, o lechos de reposo. ¿No se
aplica este dulce título al Señor? Aunque él sea ciertamente como Horeb para
sus enemigos, ¿no es sin embargo un verdadero Refidim para sus amigos? Él
mismo nos dice: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo
os daré reposo." Y él nos da reposo. Poco podríamos esperar reposar sobre
una roca, pero no hay reposo en ninguna otra parte. Podríamos reposar sobre
el suave plumón de la tierra, pero encontraremos que será duro para nuestras
cabezas en el día del juicio. Podemos amontonarnos mansiones señoriales de
nuestras propias obras, y esperar hallar reposo en ellas; pero no hay otro
reposo excepto el que queda para el pueblo de Dios. Jesús es nuestro único
reposo: el único que necesitamos, y el único posible. Mis queridos amigos,
¿consideráis a Cristo como Horeb, o sea, desolación y sequedad? ¿O podéis
contemplarle como vuestro Refidim, vuestro reposo? ¿Podéis decir: "Señor, tú
has sido por refugio de generación en generación"? ¿Puedes tú, como Juan,
reclinar tu cabeza junto al seno del Señor Jesús? ¿Puedes tú decir que has
creído y que has entrado en el reposo? Si es así, entonces eres un verdadero
hijo de Dios, y puedes regocijarte de que aquel que no tenía apariencia ni
hermosura es hermoso para ti; y que aquel que parecía ser todo menos lo que
esperaban los hombres, es para ti toda tu salvación y todo tu deseo.
Puede que sea fantasioso apoyarse en estos nombres, pero prefiero descubrir
demasiado en la palabra de Dios que demasiado poco. Los nombres me parecen
extremadamente significativos, y, por ello, los he mencionado ambos como
aplicables a Jesucristo.
Observemos, a continuación, que esta roca, lo mismo que nuestro Salvador, NO
DIO AGUA HASTA QUE FUE GOLPEADA. Nuestro Señor Jesús no fue Salvador hasta
que fue golpeado, porque no podía salvar a los hombres excepto por Su
muerte. Es cierto que los patriarcas ascendieron al cielo antes que muriese
nuestro Salvador, pero ello fue por la previsión de su muerte. Si cualquiera
de nosotros quiere tener el privilegio de contemplar la ciudad del Altísimo
en gloria, sólo Podremos entrar en ella por sus agonías. No puedo tener
confianza para mi salvación en el simple hombre Cristo Jesús, o ni siquiera
en Dios sobre todas las cosas, bendito para siempre. No es Cristo, que es mi
salvación, a no ser que añada su cruz; es Cristo en el Calvario quien redime
mi alma. Si él se hubiese quedado aún en el cielo, sentado en Su sublime
trono, nunca podría haber sido el redentor de la raza humana. Con todo el
poderoso amor de su corazón, no habría podido redimir: sólo siendo "azotado
de Dios y afligido". Él fue nuestro Salvador antes que el mundo existiese,
así considerado en el pacto eterno; pero así fue porque era contemplado como
el Salvador azotado, inmolado antes de la fundación del mundo. No hay
esperanza para ti, amigo mío, fuera del golpeado Jesús. Puedes inclinarte a
adorar su cabeza exaltada, pero esta cabeza exaltada no puede salvarte
aparte de su frente coronada de espinas. Puedes acudir al Cristo que
sostiene el cetro, pero, recuerda, Cristo con el cetro no podría ser tu
Salvador a no ser que hubiese sido primero Cristo enclavado. Puedes
allegarte a Cristo, cuyo ropaje son nubes de gloria, pero recuerda, Aquel
que está revestido de esplendor no hubiese podido ser tu Redentor si primero
no hubiese estado vestido de la escarlata del escarnio, y sacado fuera con
aquel infame Ecce Homo, "He aquí el hombre". Es Cristo el sufriente quien
nos redime. La roca no da agua hasta que es golpeada, y por ello el Salvador
no da salvación hasta que es inmolado. Aprende entonces, creyente, en todas
tus contemplaciones del Salvador, a considerarle como el Golpeado, porque es
así, menospreciado y afligido, con las cicatrices de la venganza sobre él,
que llega a ser tu Redentor, y el dador de salvación hasta lo último de la
tierra.
Observemos también que esta roca debe ser golpeada de una manera peculiar:
ha de ser GOLPEADA CON LA VARA DEL LEGISLADOR, o no saldrá agua. Así nuestro
Salvador Jesucristo fue golpeado con la espada del legislador en la tierra,
y con la vara de su gran Padre, el legislador en el cielo. Nadie sino Moisés
podía golpear la roca, porque él era rey en Jesurún, y como Dios en medio
del pueblo. Así es con nuestro Salvador. Es cierto que el Romano le clavó en
el árbol. Es cierto que el judío lo arrastró a la muerte; pero es igualmente
cierto que el Padre lo hizo todo. Es una gran realidad que el hombre mató al
Salvador, pero es una gran realidad que fue su Padre quien le dio muerte.
¿Quién fue el que dijo: "Despierta, oh espada, contra mi pastor, y contra el
hombre compañero mío"? Esto nos lo contesta el profeta cuando añade, "dice
Jehová de los ejércitos". Fue Dios quien entregó a su Hijo por todos
nosotros, y quien también ahora con él nos dará libremente todas las cosas.
Cristo no hubiese sido Redentor si su Padre no le hubiese golpeado. No
habría habido sacrificio aceptable, aunque el Judío lo hubiese arrastrado a
la muerte, o si el Romano hubiese traspasado su costado, a no ser que el
azote del Padre hubiese caído sobre sus hombros, a no ser que la espada del
Padre hubiese traspasado su bendito corazón. Fue la espada del legislador la
que golpeó a Jesucristo, e hizo de él nuestro aceptable sacrificio.
Creyente, contempla este magno hecho; te ayudará a adorar a Dios Padre e
Hijo de la manera más solemne. Recuerda, fue el Padre quien golpeó al
Salvador. Recuerda, fue el Hijo quien sobrellevó el azote del Padre. No fue
el cruel flagelo; no fue la corona de espinas; no fueron sólo los clavos los
que hicieron de Cristo el Salvador: fue el clamor, "Dios mío, Dios mío, ¿por
qué me has desamparado?" No fue Herodes, ni fue Pilato, los que le dieron
muerte como a nuestro Salvador; ellos le dieron muerte como a un malhechor;
pero fue Dios quien lo entregó para morir por nosotros. Su Padre dijo:
"Tomadle, que muera." Fue del cielo que vino la orden de ejecución. Fue de
parte de Dios que cayó el golpe. Y si no hubiese sido de parte del Padre,
todos hubiésemos sido condenados, aunque hubiese muerto un Salvador. Era
necesario que fuese la vara del legislador la que golpease a esa Roca de la
Eternidad, para hacer manar de ella abundantes corrientes de agua, trayendo
perdón y paz a almas moribundas.
Luego observemos que cuando la roca fue golpeada, LO FUE EN PUBLICO. Leemos
en el versículo 5: "Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos
de Israel; y toma también en tu mano tu vara." No fue hecho en secreto, en
un rincón oscuro de la tierra, sino que se hizo delante de los ancianos.
Igualmente nuestro Salvador, cuando fue muerto, no fue ejecutado en privado,
sino que fue llevado a la cima del monte Gólgota, y allí, en medio de la
multitud que se había reunido, entre escarnios y burlas, menosprecio y
oprobio, murió. Los ancianos del pueblo estaban allí; el hombre rico estaba
allí, en su orgullo y pompa, mirando al falleciente Salvador, y
escarneciéndole por su humilde origen. Los pobres estaban allí, gritando con
voces malvadas: "Crucifícale, crucifícale", señalándole con el dedo, y
meneando las cabezas contra el poderoso Príncipe que entonces expiraba. El
sabio estaba también allí, el hombre del Sanedrín, el representante de la
filosofía y sabiduría de la tierra, el cual decía: "Si él es el Cristo,
descienda ahora de la cruz." El iletrado estaba también allí; también él se
reía del Salvador escarneciéndole, y le sacaba la lengua en ignorante y
zafio gesto. El justo estaba también allí, justo en su propia consideración,
con la filacteria entre sus ojos; con la ancha franja de su manto. El mayor
de los pecadores estaba también allí, porque allí colgaba el salteador,
expirando en un madero. Todo tipo de personas contemplaron al golpeado
Señor. Los judíos estaban congregados multitudinariamente; también los
romanos, tomando parte destacada como representantes de la raza gentil. De
hecho, siendo que era el tiempo de la Pascua, estaban reunidos griegos,
partos y medos, elamitas y los moradores de Mesopotamia. Gentes de todas las
naciones, de pie como representantes de toda la tierra, vieron morir al
Salvador, mientras los ancianos estaban allí como representantes de todas
las tribus de Israel.
Hay otra cosa que no podemos pasar por alto. Esta roca, golpeada, y que por
ello representaba la humanidad de nuestro Salvador ofrecido por nuestros
pecados, tenía también DIVINIDAD ENCIMA DE ELLA; porque observaréis lo que
dice en el versículo 6: "He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la
peña de Horeb." Aunque era una roca seca, y representaba con ello la
condición de humillación de Cristo; aunque era una roca golpeada, y por ello
representaba su humanidad sufriente; sin embargo, sobre aquella roca
resplandecía la luz brillante de la Shekiná. Dios, con las alas extendidas
de los querubines, estuvo sobre la roca, y el pueblo le vio; hubo una
manifestación de su deidad sobre la roca de Horeb. Y lo mismo en el
Calvario. Aunque fue Cristo quien murió, verdadero hombre, había sin embargo
lo suficiente de la deidad en la roca golpeada del Calvario para mostrar que
Dios estaba allí. Hubo la negra noche del mediodía; hubo el cubrimiento del
sol en nubes de negrura; hubo el hendimiento de las peñas, el desgarramiento
en dos del velo del templo, el despertar de los muertos, el terror de las
multitudes. Dios estaba ahí: estaba la deidad además de la humanidad. "He
aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña Horeb." Creo que Dios se
reveló así para mostrar que Cristo la Roca era divino además de humano. ¡Ah,
qué dulce es contemplar la compleja persona de nuestro querido Redentor!;
contemplarle como verdadero hombre padeciendo por nosotros, y sin embargo
verle como verdadero Dios, sentado sin padecer en el cielo más sublime.
Recuerdo lo que dice Harrington Evans de manera tan entrañable, que
cometemos un gran error cuando deificamos la humanidad de Cristo, y que
cometemos un error semejante cuando bajamos la deidad de Cristo al nivel de
su humanidad. Debemos recordar que la naturaleza humana de Cristo era tan
humana como la nuestra; que sufrió, fue tentada y probada, como la nuestra.
No debemos suponer que la divinidad de Cristo ha restado en absoluto en el
menor grado su humanidad; pero, al contemplarle como hombre peregrino, lleno
de dolores, y experimentado en quebranto, no debemos olvidar que era Dios de
Dios al mismo que era verdadero hombre. Aunque su humanidad se veía con la
mayor evidencia, sufriendo por el pecado del hombre, había también
suficiente resplandor en la nube para dejar que los hombres viesen que Dios
estaba allí. Y, aunque la muerte se asió del hombre, sin embargo Dios se
mostró el más poderoso de todos, venciendo por nosotros. Dios estuvo en
aquella primera roca para mostrarnos que Cristo era divino, además de
humano.
Apenas si me será necesario indicar la otra razón por la que esta roca es
como Jesús, esto es, que CUANDO FUE GOLPEADA BROTÓ EL AGUA de una manera
abundante, suficiente para todos los hijos de Israel, y fue siguiéndoles a
lo largo de sus jornadas, hasta que le plugo a Dios pararla, para abrir otra
fuente, para darnos otra exhibición de Cristo en otra forma.
Cristo golpeado, amados míos, mana agua para todas las almas sedientas,
dando suficiente para cada hijo de Israel. De Cristo golpeado mana una
corriente que no es que fluya hoy, o mañana, sino para siempre; y así como
esta corriente sirvió para los israelitas allí donde fuesen, así Jesucristo,
en virtud de su expiación y su gracia, sigue a sus hijos allí donde
peregrinan. Si son llevados al desierto de Sin, o a las regiones de Cades,
Cristo les seguirá; la eficacia de su sangre, la luz de su gracia, el poder
de su evangelio, les acompañará en todas sus decenas de millares de
peregrinaciones, por muy difíciles que sean sus caminos por los que les
lleve el pilar de nube. ¡Oh, bendito Jesús!, tú eres ciertamente un dulce
antitipo de la roca. Una vez mi sedienta alma clamaba por alguna cosa para
satisfacer sus necesidades; estaba hambriento y sediento de justicia; miré a
los cielos, pero eran como de bronce, porque un Dios airado parecía mirarme
ceñudo el ceño; miré a la tierra, pero era árida arena, y mis buenas obras
me habían fallado. No tenía justicia propia; todos mis pozos estaban
cegados, y cuando los legisladores cavaron el pozo con su varas y cantaron,
"Sube pozo", no salía agua, con todo. Pero bien recordaré cuando mi alma
desmayaba dentro de mí, y Dios dijo: "Ven aquí, pecador, te mostraré dónde
puedes beber", y me mostró a Cristo en su cruz, con su costado traspasado y
sus manos clavadas. Pensé que oía el grito al expirar en la muerte:
"Consumado es." Y cuando lo oí, ¡mira!, vi una corriente de agua, en la que
apagué mi ardiente sed. Y aquí estoy.
"Un monumento de la gracia,
Pecador por la sangre salvado;
Las corrientes de amor remonto
Hasta aquella fuente: Dios;
Y en su poderoso pecho veo
Pensamientos de eterno amor para mí."
Pero esto sé: si nunca hubiese visto la fuente abierta, nunca habría vivido;
si no hubiese contemplado aquella poderosa corriente manando allí, nunca
habría apagado mi sed. Y ahora aquella agua siempre atrae mi alma, y cuando
quiero calmar mi renovada sed, de nuevo me precipito a aquella fuente, como
el ciervo sediento. Al Dios encarnado huyo: aquí puedo apagar mi ardiente
sed y nunca morir. ¡Oh pecadores!, ¿queréis el agua de vida? Cristo os la
da. ¡Oh maravilla de maravillas!, aquel que dijo: "tengo sed", dice también:
"Si alguno tiene sed, venga a mí y beba." Aquel que no tuvo ni una gota de
agua para humedecer sus labios, dijo sin embargo: "El que cree en mí, como
dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva." (Jn. 7:38).
Venid a Cristo, almas sedientas; venid a Jesús, los sedientos, porque
escrito está: "A todos los sedientos: Venid a las aguas; y a los que no
tienen dinero: Venid, comprad y comed. Sí, venid, comprad sin dinero y sin
precio, vino y leche."
Veis entonces, amados, que esta roca es un tipo de Cristo personalmente, es
un tipo de él como muriendo, azotado por nuestros pecados. He sido breve
acerca de estos puntos en particular, porque quiero mostraron cómo estas dos
rocas eran tipo de Cristo, y puede que sea cosa algo instructiva que lo haga
así.
II
Ahora debo pediros que prestéis atención a otra escena en Números 20:1?13.
"Llegaron los hijos de Israel, toda la congregación, al desierto de Zin, en
el mes primero, y acampó el pueblo en Cades; y allí murió María, y allí fue
sepultada. Y porque no había agua para la congregación, se juntaron contra
Moisés y Aarón. Y habló el pueblo contra Moisés, diciendo: ¡Ojalá hubiéramos
muerto cuando perecieron nuestros hermanos delante de Jehová! ¿Por qué
hiciste venir la congregación de Jehová a este desierto, para que muramos
aquí nosotros y nuestras bestias? ¿Y por qué nos has hecho subir de Egipto,
para traemos a este mal lugar? No es lugar de sementera, de higueras, de
viñas ni de granadas; ni aun de agua para beber. Y se fueron Moisés y Aarón
de delante de la congregación a la puerta del tabernáculo de reunión, y se
postraron sobre sus rostros; y la gloria de Jehová apareció sobre ellos. Y
habló Jehová a Moisés, diciendo: toma la vara, y reúne la congregación, tú y
Aarón tu hermano, y hablad a la peña a vista de ellos; y ella dará su agua,
y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la congregación y a sus
bestias. Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí,
para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis
esta congregación en la tierra que les fue dado. Estas son las aguas de la
rencilla, por las cuales contendieron los hijos de Israel con Jehová, y con
las que él manifestó su santidad."
De esta segunda roca se puede decir: "Y aquella roca era Cristo." Ahora
bien, creo que la primera roca era Cristo personal; creo que
LA SEGUNDA ROCA ERA EL CRISTO MÍSTICO
Sabéis lo que quiero decir por el Cristo místico. Ya sois sabedores que en
la Escritura la palabra "Cristo" denota a menudo la iglesia de Cristo, todo
el cuerpo del pueblo de Cristo, a Cristo la cabeza, y a todos los miembros.
La primera roca era el mismo Cristo, el Hombre-Dios, azotado por nosotros;
la segunda roca es Cristo la iglesia, Cristo la cabeza y todos los miembros
juntos; y de la iglesia, y sólo de la iglesia, ha de manar siempre todo lo
que necesita el mundo. Nunca se darán ningunas bendiciones al mundo excepto
por el cuerpo místico de Jesucristo. Así como el perdón y la paz solas manan
a través de la persona del Cristo crucificado y golpeado, del mismo modo las
bendiciones dadas a este mundo sólo pueden fluir a través de Cristo la gran
cabeza y de su cuerpo, la iglesia. Ahora voy a mostraros los paralelos aquí.
Primero, observaréis EL LUGAR donde estaba situada esta roca. Se mencionan
dos nombres al inicio del capítulo, justo al principio. "Llegaron los hijos
de Israel, toda la congregación, al desierto de Zin, en el mes primero, y
acampó el pueblo en Cades." A ésta se le llamó la roca de Cades. Cades
significa santidad, y es ahí donde mora místicamente Cristo. Místicamente,
Cristo puede ser siempre conocido por su santidad. Podemos distinguir la
iglesia de Cristo por el hecho de estar separada del mundo. Mora en Cades.
Parece que esto estaba en el desierto de Sin, o Zin, que significa "adarga",
y "frialdad". Es cosa cierta que la iglesia de Dios se mantiene en una doble
posición. Se mantiene en frialdad e indiferencia con respecto al mundo, y se
mantiene también segura, como en una adarga, con respecto a su bendito Dios.
Observad el nombre, porque es significativo; la segunda roca no era Horeb,
sequedad, como lo era Cristo personalmente, sino santidad, Cades, como es
Cristo ahora en su iglesia. Porque la iglesia es una iglesia santa,
justificada por medio de la justicia de su bendito Señor; una iglesia santa,
santificada por la influencia del Espíritu Santo, y liberada del pecado.
Podéis conocer a la iglesia de Dios, aunque mora en las tiendas de Cedar y
habita entre pecadores, porque es siempre distinta, y levanta su tienda en
Cades, siendo santa, santificada para el Señor.
Ahora, amados, habiendo sólo dado unas indicaciones acerca del nombre,
quiero mostraros el paralelo aquí. Podéis observar la manera en que el agua
debía ser sacada de la segunda roca. No debía serlo GOLPEANDO, sino
HABLANDO: Ésta era la voluntad revelada de Dios. Quería que esta roca
bendijese al pueblo no volviendo a ser golpeada, sino hablándosele. Así,
amados, es la voluntad revelada de Dios que Cristo bendiga místicamente al
mundo por la palabra. La iglesia de Cristo envía corrientes de agua viviente
cada día hablando. Es por la locura de la predicación que Dios salva a los
que creen. Hace de la iglesia una corriente, derramando crecidas de vida y
de verdor sobre todas las tierras estériles de este mundo, que si no,
hubiesen sido entregados, como los desiertos del Sahara, a la sequedad. Él
hace de la iglesia, o quiere hacerla, una bendición por la palabra. ¿Cómo
puedo bendecir el mundo? Hablando, y sólo hablando. ¿Cómo puede cada
cristiano bendecir el mundo, y la iglesia en general llegar a ser bendición
para el Universo? Sólo hablando. Dios ha ordenado el sencillo medio de
testimoniar del evangelio de la gracia de Dios para hacer que las crecidas
vivientes de la gracia divina se derramen sobre el mundo. Si alguien quiere
vida de Cristo, debe conseguirla oyendo la palabra de Dios. Y si alguno de
nosotros desea conferir una bendición a sus semejantes, debe hacerlo
hablándoles la bendita palabra de Jesucristo.
Pero ahora observad que así como era la voluntad revelada de Dios que Cristo
bendijera místicamente al mundo hablando, sin embargo, por el pecado de
Moisés, LA ROCA NO DIO AGUA POR HABLARLE, SINO POR GOLPEARLA. La roca fue
golpeada dos veces. Ahora bien, tenemos. aquí un paralelismo significativo.
La iglesia de Cristo fue dada por Dios en su voluntad revelada para que
bendijese al mundo sólo hablando. Pero los malvados de este mundo han vuelto
a golpear a Cristo en su iglesia. Han perseguido al pueblo de Dios, y los
principales beneficios que la iglesia da ahora al mundo, hablando en
general, provienen de los golpes de la persecución. Moisés golpeó la roca no
una, sino dos veces, para mostrar que si era posible, el pueblo de Cristo
sería aún más perseguido, atormentado y acosado que su conductor. La golpeó
dos veces; el agua no salió al principio: para mostrar que una persecución
prolongada sería necesaria para bendecir al mundo, y que los malos de este
mundo iban de cierto a golpear a la iglesia una y otra vez, antes que el
mundo recibiese una plena bendición.
Pero aunque el golpe fue un acto pecaminoso, EL AGUA BROTÓ, para mostrar que
mediante la persecución la iglesia ha sido hecha una bendición para el
mundo. Los túmulos funerarios de Smithfield han esparcido chispas por toda
esta nación, y han encendido mil fuegos. El golpe dado a la roca del
evangelio de Dios, la iglesia, ha esparcido gotas de preciosa agua a tierras
donde de modo contrario nunca habría manado. Ha sido por la persecución que
se han esparcido las semillas de la vida, como las semillas que son
impelidas por los vientos, procedentes de plantas que en caso contrario
habrían quedado sin descendencia. La persecución saca las palabras de los
hijos de Dios, y las dispersa por todas partes. Nunca se llevó a cabo un
acto más significativo que el de exhumar los restos de Wycliffe y echar sus
cenizas en el río, de donde fueron llevadas al mar, y luego a las costas de
todas las tierras. Así es ahora místicamente con Cristo; ha de ser esparcido
por todas partes, y sus cenizas han de ser echadas a los vientos del cielo,
para que dé vida a naciones distantes, y para que todos los hombres oigan la
verdad.
Veis lo que he intentado; espero que me he hecho entender. Esta segunda roca
es un tipo no de Cristo de manera personal, sino de Cristo en su iglesia. El
Salvador del mundo en sentido instrumental, no mediador. No era la voluntad
revelada de Dios que su iglesia debiera ser la salvadora del mundo
recibiendo golpes, sino por la palabra. Los hombres malos han ido en contra
de la voluntad divina, y han golpeado la iglesia. Sin embargo, se ha
encontrado que golpear la iglesia produce los mejores efectos. El agua
brota. Cuanta más persecución, cuantas más aflicciones ha de soportar la
iglesia, tanto más poderosas son las corrientes de agua que de ella brotan,
dirigiéndose al ancho mundo. Creo, hermanos, que no hay nada mejor en el
mundo para un hombre, o para la iglesia, que un poco de persecución. ¿Qué
hubiera sido de nosotros, si no hubiese sido por las calumnias, los insultos
y los agravios de continuo amontonados sobre nuestras cabezas? Creemos que
nuestra prosperidad se debe en no poca medida a nuestros enemigos. No nos
habrían conocido, a no ser que nos hubiesen calumniado. No se habría oído de
nosotros, a no ser que nos hubiesen querido abatir; pero no nos pueden
abatir por mucho que digan. Cuanto más intenten oprimirnos, tanto más nos
multiplicamos; y, a semejanza de los hijos de Dios en Egipto, cuanto más
quieran destruirnos bajo diversas opresiones, tanto más Dios nuestro Padre
nos multiplica y hace abundar. ¡Ah, hermanos míos, nunca os avergoncéis de
la persecución! Recordad que debéis ser golpeados. Es cierto que Dios no
tuvo la intención ?la tuvo en sus consejos secretos, pero no según su
voluntad revelada? que fueseis golpeados; nunca se agrada de los que os
golpean. Dijo que debíais bendecir al mundo hablando. Moisés erró, y un
mundo malvado ha errado. Es cosa innegable que Dios decretó que Moisés
golpease la roca, aunque Moisés lo hizo pecaminosamente. Así Dios ha
decretado que seáis golpeados, para que tengáis alguna utilidad para los
demás. El higo no madura sino es golpeado. Y tú no habrías madurado si no
hubieses sentido la vara. Las fuentes de la honda tierra nunca enviarían sus
aguas excepto que se horadase hasta el mismo fondo. Igualmente el cristiano
ha de ser horadado con aflicciones para que pueda dar agua de vida. Se dice
que la ostra no tendrá perlas a no ser que sufra una irritación. De la misma
manera es cierto que el cristiano no tendrá perla alguna si no tiene algunas
pruebas y aflicciones. La roca ha de ser golpeada; y si recibe un golpe
doble, no tengáis miedo, porque la roca fue golpeada dos veces, y brotaron
las aguas.
Pero quiero que observéis que la roca, aunque golpeada erróneamente, FUE
GOLPEADA CON LA VARA DEL LEGISLADOR. Esto me fascinó cuando pensé por
primera vez en ello, que la misma roca, que es místicamente Cristo, fue
golpeada con la mismísima vara que golpeó a la primera roca, al mismo
Cristo. Si yo sufro por Cristo, mis padecimientos son los padecimientos de
Cristo. Y aunque sean ocasionados por el hombre como causa segunda, sin
embargo surgen verdaderamente de Dios. "La vara de los injustos no reposará
sobre la heredad de los justos"; y cuando los malos nos golpean, ignorándolo
no nos golpean con su propia vara, sino con la vara de Dios. Dios mide
nuestras pruebas y nuestras aflicciones, y, haga lo que haga el enemigo
contra mí, no puede golpearme con nada más que con la vara de mi Padre. Mi
Padre hace incluso de la vara del Rabsacés la vara de justicia para
Ezequías, pero el Rabsacés no puede golpear con su propia vara. Es la vara
de Dios la que cae sobre sus hijos. Ningún hijo de Dios es nunca golpeado
con ninguna vara sino la de Dios. Puede que pensemos que viene del infierno,
pero en realidad proviene del cielo. Aunque Judas traicionó a su Señor,
leemos que "fue a esto destinado". Y si nuestro amigo más íntimo levantase
su talón contra nosotros, incluso entonces es Dios quien le ha dado al perro
permiso para ladrar. Ningún león devorador ruge contra los hijos de Dios
hasta que Dios abre su boca. Ningún fiero leopardo emerge de su guarida para
ir contra un heredero del cielo a no ser que Dios lo saque fuera. El mismo
diablo deviene un siervo de Dios. No puede golpear al hijo de Dios más que
con la vara de Dios. Tuvo que acudir y pedir permiso a Dios para oprimir a
uno de los hijos de Dios; tuvo que pedir autorización para afligir a Job, e
incluso entonces Satanás no pudo afligir al mismo Job, pero rogó a Dios
diciendo: "Extiende ahora tu mano." Fue la mano de Dios la que tuvo que golp
ear a Job, aunque pareciese que Satanás fue su instrumento. Así, amado,
aunque seas golpeado por una vara, es la misma vara la que cayó sobre la
espalda de Cristo.
Observaréis una vez más, vosotros, los que gozáis persiguiendo a los hijos
de Dios, que aunque grandes resultados surgieron de golpear a la roca, sin
embargo Moisés FUE CASTIGADO por hacerlo. Moisés jamás entró en la Tierra
Prometida, por haber golpeado aquella roca. Era el emblema del Cristo
místico, e incluso golpear el emblema tenía significación. A Moisés le había
sido mandado hablar, no golpear. Golpeó con atolondramiento y rebeldía, y
fue por ello castigado. ¡Observa esto, perseguidor! Serás castigado por tu
persecución, tanto si es de palabra como de obra. Todo lo que hagas contra
un hijo de Dios te valdrá una terrible retribución en tu propio seno. "Al
que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría
que le colgasen al cuello una piedra de molino de asno, y que le hundieran
en el fondo del mar." Os digo, hombres y mujeres, que hay perdón para toda
clase de pecados contra el Hijo de Dios, incluso para la persecución; pero
si hay algo que Dios, cuando castiga, visita con una terrible venganza, es
ésta. ¿No recordáis cómo Herodes, el orgulloso perseguidor, fue comido por
los gusanos? ¿Nunca habéis oído de la suerte de Antíoco Epifanes, que dio
muerte a los gloriosos Macabeos, a los testigos de la verdad? ¿Nunca habéis
oído cómo murió el Obispo Bonner, que había perseguido a los hijos del
Señor? ¿No sabéis que raras veces los perseguidores mueren en sus lechos, o
que, si lo hacen, mueren como si las llamas del infierno estuviesen
encendidas a su alrededor, antes de entrar en él? Ser un perseguidor es
ciertamente algo horrible. Un pecador de cualquier clase ha de ser
condenado, si muere inconverso, pero un perseguidor ha de ser hundido en lo
más hondo del abismo sin fondo. Temblad, vosotros los calumniadores,
escarnecedores y ridiculizadores, los que oprimís al pueblo de Dios;
recordad que su Hacedor es poderoso. Ellos no pueden vengarse a sí mismos. Y
no desean hacerlo. Pero recordad: "Mía es la venganza, yo daré el pago, dice
el Señor." Puede ser con algunos de vosotros que sois perseguidores de los
hijos de Dios, que haya salido ya la sentencia; y si es así, oh hombre,
nunca entrarás en la tierra prometida, porque has golpeado aquella roca.
Pero, aunque seas perseguidor, escucha la verdad de Dios. Pablo dijo: "Yo
era perseguidor e injuriador, pero fui recibido a misericordia, porque lo
hice con ignorancia, en incredulidad." ¿Lo has hecho en ignorancia? ¿Ha
estado alguno de vosotros persiguiendo a los hijos de Dios, no creyendo que
fuesen de él, sino suponiendo que eran hipócritas? ¡Escuchad esto! Volved,
perseguidores, volved, vosotros que habéis pecado voluntariosamente contra
Dios. En él hay plena redención. Él puede borrar vuestras transgresiones, y
limpiaros de vuestros pecados; sí, él pasará por alto vuestras iniquidades,
os recibirá en su gracia, y os amará abundantemente, si clamáis a él de todo
corazón. ¡Ah, creedme!, no hay pecado que pueda condenar a nadie si tiene fe
en Cristo. No hay crimen, por negro que sea, que pueda excluir a un hombre
del cielo, si tan sólo cree en Jesucristo; pero si sigues hasta tu tumba
como enceguecido pecador contra Dios, ¡cuán terrible será tu suerte cuando
los feroces leones de la venganza quiebren tus huesos, o cuando llegues al
fondo del foso en el que esperabas poder destruir a Daniel! Le verás
liberado a él, y tú mismo serás echado en medio de demonios más fieros que
lo que jamás hayas podido imaginar, y en medio de las llamas más horrendas
que lo que jamás hayas soñado. Sí, tiembla: "Besad al Hijo, para que no se
enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira.
Bienaventurados todos los que en él confían."
¡Que Dios bendiga todo lo que he dicho, para vuestras almas, por amor de
Jesucristo!
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