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Asunto:[Sermones] Es cuestion de autoridad
Fecha: 11 de Marzo, 2018  22:20:51 (+0200)
Autor:webmaster <webmaster @.................com>

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El Sermón Dominical
Domingo 11 de Marzo de 2018

Es cuestión de autoridad
Pastor Tony Hancock

En una vecindad de Londres, los residentes se estaban cansando
de la gran cantidad de turistas que estacionaban sus vehículos
en la calle. No dejaban ningún lugar para los residentes. Las
autoridades locales no quisieron tomar cartas en el asunto, así
que los vecinos decidieron actuar.

Mandaron hacer unos anuncios muy impresionantes que decían:
¡AVISO! ¡PROHIBIDO ESTACIONARSE! Sólo que, como no tenían
autorización oficial para colocar los anuncios, en letras
pequeñas debajo de la palabra AVISO, tuvieron que escribir la
frase de cortesía. Leyéndolo bien, decía: AVISO de cortesía,
¡PROHIBIDO ESTACIONARSE!

¿Qué le iba a suceder a la persona que ignorara ese aviso?
¡Absolutamente nada! No tenía ninguna autoridad para determinar
su conducta. Los residentes esperaban que la gente lo respetara,
pero no les podían hacer nada a los que decidieran ignorarlo.
Era una amenaza hueca.

En realidad, la cuestión de la autoridad es muy importante.
¿Quién es tu autoridad? ¿A quién le crees? ¿A quién le obedeces?
Durante la última semana de la vida de Jesús, algunas personas
llegaron para preguntarle acerca de su autoridad. En la
conversación que El tuvo con ellos descubrimos algo muy
importante acerca de la verdadera autoridad.

Jesús se encontraba enseñando en el templo cuando se le
acercaron algunos de los líderes religiosos. Eran los jefes de
los sacerdotes, los que manejaban los asuntos del templo, y los
maestros de la ley - los expertos en la ley religiosa. Le
dijeron: "Dinos con qué autoridad haces esto. ¿Quién te dio esa
autoridad?"

Jesús les contestó con otra pregunta. "¿De dónde procedía el
bautismo de Juan? ¿Del cielo, o de la tierra?" Ellos entonces se
pusieron a discutir entre sí. Se encontraban en una encrucijada.
Si decían que era del cielo, entonces Jesús les preguntaría:
"¿Por qué no lo creyeron?"

En cambio, si le respondían que el bautismo de Juan era de la
tierra, tenían temor a lo que les podría hacer la gente. Todos
ellos reconocían a Juan como profeta. Por fin, le contestaron a
Jesús: "No sabemos de dónde era." Jesús entonces les dijo: "Pues
yo tampoco les voy a decir con qué autoridad hago esto."

Leamos esta historia en Lucas 20:1-8:

20:1 Un día, mientras Jesús enseñaba al pueblo en el templo y
les predicaba el evangelio, se le acercaron los jefes de
los sacerdotes y los maestros de la ley, junto con los
ancianos.
20:2 -Dinos con qué autoridad haces esto -lo interrogaron-.
¿Quién te dio esa autoridad?
20:3 -Yo también voy a hacerles una pregunta a ustedes -replicó
él-. Díganme:
20:4 El bautismo de Juan, ¿procedía del cielo o de la tierra?
20:5 Ellos, pues, lo discutieron entre sí: "Si respondemos: 'Del
cielo', nos dirá: '¿Por qué no le creyeron?'
20:6 Pero, si decimos: 'De la tierra', todo el pueblo nos
apedreará, porque están convencidos de que Juan era un
profeta". Así que le respondieron:
20:7 -No sabemos de dónde era.
20:8 -Pues yo tampoco les voy a decir con qué autoridad hago
esto. (NVI)

Esto sucede poco después de que Jesús había limpiado el templo,
volcando las mesas de los cambistas y soltando a los animales
que se vendían para los sacrificios. Los jefes de los sacerdotes
lucraban de todo ese sistema de comercio que se encontraba en el
templo, así que ellos se habían visto personalmente afectados
por esa acción de Jesús.

Hay cierto interés detrás de su pregunta. "¿Quién te autorizó
para hacer todo esto?" Sabían que ellos no lo habían autorizado.
Los romanos, que representaban la autoridad civil en ese
momento, tampoco lo habrían autorizado. ¿Qué otra opción había?
Le hacen la pregunta a Jesús, pero lo que insinúan es que El no
tiene ninguna autoridad para hacer lo que hacía.

¡Me encanta cuando Jesús contesta una pregunta con otra
pregunta! Sus preguntas nunca son obvias. Siempre te llevan a
profundizar. El no les estaba tratando de confundir con una
adivinanza, ni usaba la astucia para defenderse. Más bien, su
pregunta puso al descubierto la dureza de su corazón.

¿Te diste cuenta de algo? Cuando los líderes consideraron sus
opciones para responderle a Jesús, hay una opción que ellos
jamás consideraron. Fue la opción de que Juan realmente fue
enviado por Dios, y que ellos debían haberse arrepentido ante su
predicación. Jamás lo tomaron en cuenta.

Tampoco, entonces, tomaron en cuenta la posibilidad de que la
autoridad de Jesús venía de Dios. Se habían cerrado a esa
posibilidad. Como no estaban dispuestos a creer, Jesús no les
dio ninguna explicación. En lugar de decirles: "Mi autoridad
viene de Dios", se negó a darles una respuesta - porque no la
iban a aceptar.

Si queremos evitar el error que cometieron esos líderes
religiosos, la primera cosa que tenemos que entender es que
Jesús tiene autoridad. La fuente suprema de toda autoridad en el
universo es Dios mismo. Las autoridades humanas están sujetas a
El. Por ejemplo, los padres tienen autoridad sobre sus hijos
porque Dios se la dio. No es algo propio de ellos; es una
autoridad delegada.

Jesús es el Hijo de Dios. Comparte la esencia de Dios mismo; no
es un ser distinto a Dios. Por lo tanto, El tiene autoridad en
sí mismo. Su autoridad no es delegada por otro. Cuando El dice
algo, se tiene que obedecer. Sin embargo, hay algo en el corazón
humano que rechaza la autoridad.

Nuestro sueño es ser el piloto del avión de nuestra propia vida.
Los pilotos mandan en sus naves. Le puedes comprar un boleto a
tu perro para que vuele contigo, pero si el piloto dice que no
puede volar, allí se termina el asunto. Queremos tener esa misma
autoridad sobre nuestras propias vidas. Pero ¿sabes qué? Ni
siquiera el piloto puede violar las leyes de la naturaleza.
Nadie tiene autoridad absoluta, menos Dios y su Hijo Jesús.

Me temo que nos podemos parecer más a esos líderes religiosos de
lo que quisiéramos pensar. Jesús les había demostrado su
autoridad divina. Como Hijo único de Dios, El tenía autoridad
sin igual para enseñar y para corregir todo lo que estaba mal en
su adoración. Sin embargo, ellos no lo querían ver. Veían las
cosas desde su propia perspectiva, para su propia conveniencia.

La realidad es que todos tenemos que tomar una decisión sobre la
autoridad. Esa decisión es simple. Tenemos que decidir si
reconocemos la autoridad de Jesús sobre nuestra vida, o no. Si
simplemente te rehúsas a reconocer su autoridad, cualquier
pretexto te servirá - pero ninguno te valdrá. Al final, tendrás
que rendir cuentas por haber rechazado la autoridad de Jesús
sobre tu vida.

Al final, pagarás un precio terrible. El Salmo 2:11-12 dice así:
"Sirvan al Señor con temor; con temblor ríndanle alabanza.
Bésenle los pies, no sea que se enoje y sean ustedes destruidos
en el camino, pues su ira se inflama de repente." (NVI) Cristo
es paciente con nosotros, pero llegará el día en que su ira se
encenderá contra todos los que no han querido reconocer su
autoridad.

El peor peligro que enfrentamos es el de pensar que reconocemos
la autoridad de Jesús, cuando en realidad estamos viviendo en
rebelión contra El. Aquellos líderes religiosos pensaban que
estaban bien con Dios. Creían que eran sus representantes, pero
estaban muy equivocados. Ni siquiera lo reconocieron cuando lo
tuvieron frente a ellos en carne humana.

Es fácil para nosotros decir: ¡Cristo es mi Señor! ¡El es mi
Rey! Pero ¿es la verdad? Déjame darte un ejemplo. Digamos que
tienes la oportunidad de llevarte unas herramientas del trabajo.
Estás entre hacerlo y no hacerlo, pero tienes miedo de que el
patrón se dé cuenta. Por fin, decides no hacerlo, porque tienes
miedo a que te descubra.

Con esa simple decisión, has mostrado que no reconoces la
autoridad de Cristo. ¿Por qué? Porque en lugar de entender que
El siempre te está mirando, y que tienes que hacer lo correcto
simplemente porque es lo que El quiere, lo has dejado fuera de
la ecuación. Tomas en cuenta tu propia conveniencia, pero no
piensas en lo que Dios quiere que hagas.

Al hacer esto, razonas de la misma manera en que lo hicieron los
líderes religiosos que interrogaron a Jesús. Ellos se
preguntaban cómo manejar la situación para su conveniencia, en
lugar de preguntarse si Jesús realmente tenía la autoridad
divina para cuestionar su vida egocéntrica.

Lo mismo sucede si ves videos pornográficos, y te preocupas
solamente por borrar el historial de tu celular para que nadie
se dé cuenta de lo que has estado haciendo. ¿Crees que Dios no
se da cuenta? ¿Piensas que lo ignorará? Actúas como si tu
conveniencia fuera lo más importante, en lugar de reconocer la
autoridad de Cristo sobre tu mente y tus pensamientos.

La buena noticia es que Dios es misericordioso. Si hemos
rechazado su autoridad, si hemos decidido vivir como si fuéramos
amos de nuestro propio destino, no es tarde para besarle los
pies. No es tarde para arrepentirnos y decidirnos a vivir en
sumisión a su autoridad. No es tarde para comenzar a
preguntarnos: ¿Qué quiere Dios que yo haga?

Se cuenta la historia del capitán de una nave de la marina.
Llegó uno de sus marineros para avisarle que habían visto las
luces de otra nave, y que estaban en rumbo de colisión. El
capitán le dijo al marinero: "Dígale que soy capitán, y que
exijo que cambien de rumbo." El marinero le contestó: "¡No
quieren, señor!"

Ahora sí se estaban enojando el capitán. "¿Quiénes se creen?
¡Pregúntales que tipo de nave traen!" El marinero, después de
consultar por radio con la otra nave, le dijo: "Dice que es un
faro, señor." ¡El capitán decidió cambiar su rumbo! Podía lanzar
las amenazas que quisiera, pero no podía luchar contra la
realidad. En una colisión entre un barco y un faro, ¡el faro iba
a ganar!

En la colisión entre nuestro egocentrismo y la autoridad de
Dios, ¿adivina quién ganará? Por eso, nos urge cambiar de rumbo
y reconocer la autoridad de Jesucristo sobre nuestras vidas. La
buena noticia es que El no nos reprocha las malas decisiones del
pasado. El nos ofrece su perdón, el perdón que nos ganó en la
cruz del Calvario, y nos llama a una vida nueva.

Deja de pensar sólo en tu propia conveniencia, porque eso te
dejará perdido al final. Reconoce hoy la autoridad de Cristo
sobre toda tu vida. Ofrécele todo tu corazón, porque El es un
buen Señor. Si no quieres creer, te quedarás sin explicación -
como aquellos líderes religiosos. Pero si tienes dudas sinceras,
El te responderá.

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