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Asunto:[Sermones] En la presencia del Rey
Fecha: 2 de Abril, 2018  03:05:01 (+0200)
Autor:webmaster <webmaster @.................com>

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El Sermón Dominical
Domingo 25 de Marzo de 2018

En la presencia del Rey
Pastor Tony Hancock

El rey Jerjes de Persia tenía autoridad absoluta. Este poderoso
mandatario no permitía que nadie se le acercara sin haber sido
invitado. Si alguien se atreviera a molestarlo acercándose sin
permiso, lo hacía bajo pena de muerte. La única manera de
librarse era que el rey extendiera su cetro hacia la persona que
había entrado sin permiso a su presencia.

La reina Ester, a pesar de ser esposa de Jerjes, no era exenta.
Si ella se acercara a su esposo y lo encontrara en mal humor,
ella también podría morir. La situación era crítica. Su pueblo
enfrentaba un peligro que podría terminar en su total
destrucción. Sólo el rey los podría liberar. ¿Qué haría Ester?
¿Arriesgaría su vida, acercándose sin permiso al rey?

Por fin, después de tres días de ayuno, Ester se presentó ante
el rey. ¿Qué sucedería? ¿Se terminaría su vida en ese instante?
Imagina los sentimientos de Ester en ese momento. Se había
presentado ante el rey. De su respuesta en ese momento dependía
no sólo su vida, sino la supervivencia de todo su pueblo.

Después de unos agonizantes segundos, el rey le extendió el
cetro a Ester. Dios la usó para librar a su pueblo del mortal
peligro. Su valor en presentarse ante el rey Jerjes le ganó un
lugar entre los héroes de la Biblia.

Casi quinientos años después de la vida de Ester, se presentó
una situación parecida, pero a la inversa. Ester se presentó
ante el rey, pero ahora el Rey se estaba presentando a su
pueblo. Ester fue librada del peligro de morir, pero este Rey se
dirigía hacia la muerte. Ester fue usada para librar a su pueblo
de un peligro temporal, pero este Rey libró a su pueblo para
siempre.

En este día, el Domingo de Ramos, recordamos ese momento en que
Jesús finalmente se presentó como Rey legítimo. Durante tres
años de ministerio lo había demostrado con sus milagros y
enseñanzas, pero también había escondido su identidad. Ahora lo
mostraba abiertamente. ¿Cómo respondería la gente? ¡Esa fue la
gran pregunta!

Mientras recordamos esta historia, te invito a fijarte en las
distintas reacciones de las personas que presenciaron este
evento. Jesús seguía resuelto hacia su destino en Jerusalén.
Subiendo por el polvoroso camino junto al monte de los Olivos,
se acercaba a los pueblos de Betfagué y Betania. Estando frente
a la ciudad de Jerusalén, Jesús envió a dos de sus discípulos a
la aldea más cercana.

Su encargo fue encontrar a un burrito al que nadie se había
montado. Debían traerle el burro a Jesús. Si alguien les
preguntara para qué lo hacían, debían decir: "El Señor lo
necesita". Los dos discípulos que Jesús había enviado fueron al
pueblo, y encontraron al burrito, así como Jesús había dicho.

Mientras lo desataban, los dueños les preguntaron: "¿Por qué
desatan al burro?" Ellos contestaron: "El Señor lo necesita".
Entonces le llevaron el burro a Jesús. Pusieron sus mantos
encima del burro, y Jesús se subió. Mientras avanzaban, la gente
tendía sus mantos sobre el camino, haciendo una especie de
alfombra roja para recibir al Rey.

Cuando se acercaron a la bajada en el camino junto al monte de
los Olivos, la multitud comenzó a entusiasmarse. Alababan a Dios
por los milagros que habían visto. Se pusieron a gritar:
"¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el
cielo y gloria en las alturas!"

Algunos fariseos también caminaban con ellos. Cuando vieron todo
el escándalo, comenzaron a reclamarle a Jesús. "¡Reprende a tus
discípulos!" - le dijeron. Pero Jesús les contestó: "Les aseguro
que, si ellos callan, ¡las piedras gritarán!"

Vamos a leer esta historia en Lucas 19:28-40. Mientras leemos,
considera la gente que vemos: los discípulos, los dueños del
burrito, la gente y los fariseos:

19:28 Dicho esto, Jesús siguió adelante, subiendo hacia
Jerusalén.
19:29 Cuando se acercó a Betfagué y a Betania, junto al monte
llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos con
este encargo:
19:30 "Vayan a la aldea que está enfrente y, al entrar en ella,
encontrarán atado un burrito en el que nadie se ha
montado. Desátenlo y tráiganlo acá.
19:31 Y, si alguien les pregunta: '¿Por qué lo desatan?',
díganle: 'El Señor lo necesita'".
19:32 Fueron y lo encontraron tal como él les había dicho.
19:33 Cuando estaban desatando el burrito, los dueños les
preguntaron: -¿Por qué desatan el burrito?
19:34 -El Señor lo necesita -contestaron.
19:35 Se lo llevaron, pues, a Jesús. Luego pusieron sus mantos
encima del burrito y ayudaron a Jesús a montarse.
19:36 A medida que avanzaba, la gente tendía sus mantos sobre el
camino.
19:37 Al acercarse él a la bajada del monte de los Olivos, todos
los discípulos se entusiasmaron y comenzaron a alabar a
Dios por tantos milagros que habían visto. Gritaban:
19:38 -¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor! -¡Paz
en el cielo y gloria en las alturas!
19:39 Algunos de los fariseos que estaban entre la gente le
reclamaron a Jesús: -¡Maestro, reprende a tus discípulos!
19:40 Pero él respondió: -Les aseguro que, si ellos se callan,
gritarán las piedras. (NVI)

Me parece interesante que Lucas, cuando nos relata este evento,
dedica casi la mitad de la historia a los detalles del burro.
¿No te parece extraño? Nos explica cómo Jesús envió a los
discípulos y que ellos fueron y encontraron al burro exactamente
como lo había descrito. Parece un poco repetitivo, si nos
fijamos: primero Jesús les dice qué hacer, y luego Lucas nos
describe cómo lo hicieron.

En esa repetición hay un par de cosas muy importantes. En primer
lugar, vemos que los discípulos hacen exactamente lo que Jesús
les dice que hagan. No dicen: "Creo que conozco otra manera de
conseguir un burro." Tampoco dicen: "¡Nos va a dar pena que nos
encuentren desatando al burrito! Mejor le vamos a decir a Jesús
que no lo pudimos encontrar." No; ellos obedecieron a Jesús, y
todo salió exactamente como El lo había dicho. Un buen discípulo
es obediente a su maestro.

¿Somos buenos discípulos de Jesús? Enfrentamos la tentación
constante de servir a Dios, pero a nuestra manera. Sabemos que
El nos está pidiendo algo en particular, pero hacemos algún
pretexto por ofrecerle algo diferente. Por ejemplo, sabemos que
Jesús quiere que les hablemos a otros de El. Sin embargo, eso se
nos hace difícil. Nos conformamos con darle "like" a algún
mensaje espiritual en Facebook, y con eso sentimos que ya hemos
cumplido. ¿Somos discípulos obedientes?

La otra cosa que vemos en la historia del burrito es la reacción
de los dueños. Lucas escribió este evangelio en griego, y en ese
idioma, la misma palabra puede significar "dueño" y también
"señor". Esa palabra es kurios. Podríamos decir algo así:
"Mientras los discípulos desataban el burro, los señores del
burro les preguntaron por qué lo hacían. Ellos contestaron: El
Señor lo necesita."

Los dueños - los "señores" - del burro reconocieron que había
otro Señor, el dueño verdadero de ese burro. Cuando los
discípulos les dijeron que ese Señor lo necesitaba, alegremente
lo entregaron a su servicio. No se pusieron a preguntar:
"¿Cuándo lo va a devolver? Es que lo necesitamos para salir al
rato. Por favor, ¡dile a Jesús que no lo ensucie! Lo acabamos de
bañar."

Ellos entendían que Jesús era el verdadero Señor de todo,
incluso ese burro. Gozosamente lo pusieron a su servicio.
¿Ponemos nuestros bienes al servicio del Señor? ¿Estamos
dispuestos a quemar gasolina y arriesgar que nuestro carro se
ensucie con tal de recoger a alguien para traerlo a la Iglesia?
¿Estamos dispuestos a invitar a nuestros amigos a la casa para
compartir la célula familiar? ¿O nos da flojera, porque pensamos
que todo eso es nuestro? ¡Qué honor nos perdemos, si pensamos
así!

Vemos ahora a Jesús, montado en el burro, caminando a Jerusalén.
¡La multitud lo aclama! Esta gente había visto los milagros que
El había hecho a lo largo de su ministerio. Todos comenzaron a
alabar a Dios, declarando la grandeza de este Rey que venía.
Puede ser que no hayan entendido por completo cuál era la misión
de Jesús. Ni siquiera los discípulos lo entendían en ese
momento. Sin embargo, ellos hicieron bien en alabar al Señor. Su
entusiasmo fue correcto.

Entre la multitud había algunos fariseos. Ellos no reconocían lo
que estaba pasando. No entendían que Jesús era el Rey. No creían
que fuera el Mesías prometido. Mucho menos comprendían que era
Dios. Para ellos, todo este entusiasmo era demasiado. Era
innecesario y equivocado. Se quedan afuera de la celebración,
porque no entienden lo que Dios está haciendo.

En ese momento, Jesús llegó para presentarse como Rey. Cinco
días después, lo crucificaron. Los líderes y la gente rechazaron
al Rey que había venido para salvarlos. No lo quisieron. El rey
Jerjes había recibido a Ester, pero su propio pueblo rechazó al
Rey de Reyes.

Sin embargo, Jesús no dejó de ser Rey. Lo crucificaron, pero
¡todo esto fue parte de su plan! Al sacrificar su vida inocente
en la cruz, Jesús compró el perdón de toda persona que se
arrepiente de sus pecados y confía en El. Después de tres días,
resucitó. Cuarenta días después, volvió al cielo.

Jesús es Rey, pero El sigue presentándose a nosotros. Un día El
volverá a esta tierra. Pero ahora, El está presente en espíritu.
Ahora nosotros, como aquellas personas, tenemos que decidir cómo
lo recibiremos. Es como si estuviéramos parados allí, a la
orilla del camino, decidiendo a cuál grupo unirnos.

¿Cómo recibiremos a Jesús? ¿Nos quedaremos con los brazos
cruzados y el ceño fruncido, como los fariseos? ¿Lo recibiremos
con adoración y alegría, como la multitud? ¿Le obedeceremos,
como los discípulos, y le serviremos con lo que tenemos, como
los dueños del burro? El Rey está aquí. ¿Cómo lo recibirás?

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