Me animo a escribir, desde una zona donde prolifera gran número de ciclistas. El motivo no es otro que la cantidad de reacciones provocadas por el lamentable atropello de los hermanos Otxoa, profesionales del equipo Kelme.
Que recuerde, ha sido la mayor movilización de aficionados que se haya conocido hasta la fecha: Madrid, Valencia, Bilbao, etc.
Surgen también los más diversos comentarios y propuestas. Están quienes opinan que no ven solución alguna, salvo que se comience desde la educación escolar. Otros propugnan la modificación del Reglamento de Tráfico para proteger al ciclista, permitiéndole ciertas licencias, que a estas alturas, ya se ha tomado por su cuenta como prevención.
En fin, los más escépticos aseguran que frente a los miles de conductores correctos y respetuosos, siempre existirán personas que circulen con sueño, blandiendo el teléfono móvil o con unas copas de más. Casi todos hemos pasado en alguna ocasión por estos trances yendo al volante, pero soy de los que opinan que se trata, efectivamente, de una cuestión de cultura.
Son los medios de comunicación, y fundamentalmente la televisión quienes pueden influir principalmente en la gente. ¿A través de campañas o consejos publicitados y financiados por las instituciones oficiales? Debe de ser.
Mientras que aquí aún debatimos estas cuestiones, reclamando a los automovilistas mayor respeto hacia los ciclistas, en el paraíso de la bicicleta, Holanda, se invierten este año 5.700 millones de pesetas por parte del Consejo Regional de Amsterdam, para mejorar las condiciones de los usuarios del pedal, aumentando el número de aparcamientos para ellos y proyectando crear autopistas separadas del tráfico motorizado.
Claro que, no es lo mismo. No es lo mismo conducir que conducir. ¿Te gusta conducir? Pues compañero conductor, no olvides que nosotros estamos también ahí.