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Asunto: Momias guanches
Fecha:Jueves, 2 de Octubre, 2003  13:30:12 (+0200)
Autor:José Luis Santos <joseluis @..............com>

 

 
 
Las momias guanches que estaban en Argentina regresan por fin a Tenerife
 
Es la primera vez que desde América Latina se restituyen a su lugar de origen restos momificados
 
Los cuerpos momificados de dos guanches volverán el próximo fin de semana a Tenerife más de un siglo después de haber hecho el viaje inverso y recalado en Argentina. Es la primera vez que desde América Latina se restituye a su lugar de origen en otro continente este tipo de restos humanos sometidos a técnicas especiales para preservarlos en el tiempo. 
 
 
Hasta ahora lo habitual era el viaje inverso, pues en los museos y colecciones europeos hay infinidad de reliquias arqueológicas latinoamericanas, entre ellas restos humanos como el esqueleto del cacique Vaimaca Pirú, devuelto a Uruguay por Francia el año pasado.
 
La conservadora Ruth Rufino, enviada por las autoridades de Tenerife, trabaja contrarreloj para finalizar la preparación de las dos momias para el viaje, en un hospital de la ciudad costera de Necochea, a unos 500 kilómetros de Buenos Aires.
 
Las momias, cuya antigüedad no ha sido determinada por métodos científicos, pero por los estudios realizados a otras del mismo origen puede ser de hasta 2.200 años, viajarán en avión desde Buenos Aires a España el próximo fin de semana, si no hay complicaciones de última hora, en dos cajas especiales.
 
"Todo traslado tiene un porcentaje de riesgo, pero los cajones han sido diseñados para minimizar el efecto de las vibraciones o impactos", señaló Rufino.
 
Uno de los cuerpos, el de sexo femenino, que mide 158 centímetros de largo, está en un estado "bueno o regular". El del hombre presenta un deterioro mayor y está fragmentado, pues hace tiempo la cabeza fue separada del tronco con el fin de que en un centro de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, se investigara su origen.
 
Está bien determinado que las momias pertenecían a la colección del museo Casilda de Tacoronte, fundado por Sebastián Pérez Yanes en Tenerife en el siglo XIX, cuyos fondos fueron vendidos por los herederos tras el fallecimiento del fundador, allá por 1890.
 
En cambio, no se sabe a ciencia cierta cómo, cuándo ni por qué fueron a parar a Necochea, explicó la arqueóloga argentina Nora Flegenheimer.
 
Una de las teorías que se manejan apunta a que las momias fueron el pago a una deuda de juego que alguien tenía con un vecino de Necochea y que llegaron a la ciudad probablemente en la segunda década del siglo XX, señaló la especialista.
 
Hace ya un año. El año pasado, el Consejo Deliberante (asamblea municipal) de Necochea aprobó por unanimidad la devolución de las momias solicitada por las autoridades de Tenerife, las cuales compensarán a esa ciudad argentina con una réplica de una de ellas para que sea exhibida en el Museo Regional de Ciencias Naturales.
 
Rufino confía en que el "ejemplo" de Necochea cunda en otras ciudades, sobre todo de la Península, donde hay otras momias guanches en museos y colecciones.
 
Las momias serán sometidas a toda clase de estudios y tareas de conservación en Canarias antes de pasar a manos del Museo Ar- queológico de Tenerife.
 
A simple vista no tienen particularidades respecto a otras momias guanches, pero para decirlo con exactitud habrá que esperar a los estudios que se practiquen, dijo Rufino, quien trabaja para el Organismo Autónomo de Museos y Centros del Cabildo de Tenerife.
 
El antropólogo y biólogo Guichón indicó por su parte su satisfacción por la culminación de un trabajo iniciado en 1995, cuando por iniciativa suya y de Flegenheimer se llevaron fotografías de las momias de Necochea a un congreso internacional y se contactó con especialistas canarios que les pusieron en la pista sobre su origen.
 
 
Una de las momias restituidas por Argentina presenta una trepanación
 
 
Una de las dos momias guanches recientemente restituidas a Tenerife desde Argentina presenta una lesión ósea en la cabeza que posiblemente fue producida por un tumor, afección que intentó ser tratada mediante una trepanación, según los primeros estudios practicados a estos restos.
 
 
 
 
Las momias fueron devueltas por la Intendencia de Necochea a principios de septiembre, y este martes las autoridades de ese municipio argentino han asistido en el Cabildo de Tenerife a la firma del acuerdo de restitución de los restos guanches y a un protocolo de intenciones para el hermanamiento con la isla.
 
El presidente del Cabildo de Tenerife, Ricardo Melchior, y el intendente (alcalde) de Necochea, Julio Miguel Municoy, afirmaron que es la primera vez que en el mundo se produce una restitución de un patrimonio histórico de estas características, por lo que definieron como un hito el acuerdo alcanzado entre ambas instituciones para la devolución de las dos momias guanches.
 
Municoy se mostró orgulloso de haber podido entregar las momias "a sus verdaderos poseedores", un acto de justicia, dijo.
 
 
Estas momias, datadas hacia el año 830 después de Cristo, fueron vendidas por sus propietarios tinerfeños y salieron para Argentina en 1898, y ahora han sido restituidas a Tenerife después de cuatro años de conversaciones.
 
Se trata de los restos de un adulto de entre 25 y 29 años, robusto y de 1,73 metros de altura, y una joven de entre 20 y 24 años de 1,59 metros, muy grácil y que se estima que tenía una salud muy delicada.
 
Los investigadores Rafael González Antón y Conrado Rodríguez, que han dirigido los estudios de estos restos, indicaron que, en el caso del varón, es la primera vez que se ha podido determinar la causa de la muerte de un guanche momificado.
 
El individuo presenta una lesión ósea en el temporal izquierdo que se supone fue producida por un tumor maligno.
 
También presenta en el cráneo un orificio de trepanación realizado con una piedra de basalto para tratar la afección, pero, según los investigadores, esta lesión fue la que finalmente le causó la muerte.
 
Una dieta basada en carne y leche
 
Los trabajos de investigación han permitido determinar que ambos individuos tenían una dieta basada en un alto consumo de carne, leche y derivados lácteos, con poca presencia de cereales y vegetales, de ahí la ausencia de caries y el buen estado de la dentadura.
 
La mujer momificada murió joven para la media de edad de los habitantes prehispánicos de Canarias, fijada en torno a los 31 años, y también medía menos que la media de mujeres guanches.
 
Los estudiosos piensan que la mujer sufrió episodios de tipo nutricional o enfermedades crónicas durante la infancia y adolescencia que a la larga pudieron influir en su salud.
 
Estos individuos, presumiblemente de elevada categoría social en el mundo guanche, fueron envueltos en diversas capas de piel de animales para su momificación.
 
Presentan entre tres y cinco capas de piel, las interiores de oveja y cabra y la exterior de cerdo, esto último algo novedoso en el estudio de momias guanches.
 
Las momias podrán ser visitadas por el público en el Museo de la Naturaleza y el Hombre de Santa Cruz de Tenerife a partir de la próxima semana, indicó Fidencia Iglesias, presidenta del Organismo Autónomo de Museos y Centros del Cabildo y encargada de las negociaciones para la restitución de los restos guanches con las autoridades argentinas.
 
En Tenerife se conservan en centros públicos unas 120 momias guanches, pero al menos se sabe de otra docena repartidas por países como Alemania, Reino Unido, Francia, Estados Unidos y Canadá que el Cabildo quiere recuperar.
 
 
No obstante, la restitución de este patrimonio histórico es muy complicada, de ahí el agradecimiento que las autoridades del Cabildo expresaron reiteradamente a los representantes de la Intendencia de Necochea.
 
Fidencia Iglesias indicó que muchos museos se declaran como museos de la humanidad para que no se les pidan restituciones.
 
 

 
 
 
MOMIFICACION ENTRE LOS GUANCHES DE CANARIAS
 
 
Las fuentes más fidedignas para el estudio de este tema las encontramos en varios autores: Fr. Alonso de Espinosa "Del origen y milagros de Nuestra Señora de la Candelaria" (1594), Juan Núñez de la Peña "Conquista y antigüedades de las Islas de la Gran Canaria y su descripción, con muchas advertencias de sus privilegios, conquistadores, pobladores y otra particularidades en la muy poderosa Isla de Thenerife" (1676), y el P. Joseph de Viera y Clavijo "Noticias de la Historia General de las Islas Canarias" (1776). Hay otros autores antiguos, alguna de cuyas obras ha desaparecido que podrían habernos dado mucha información pues escribieron en época muy reciente después de la conquista de las Islas y otros posteriores que no hacen más que repetir lo que han dicho los arriba mencionados sobre este tema.
 
 
Refiere el P. Viera que "nada es tan interesante en la Historia de nuestros antiguos isleños como el singular desvelo con que se esmeraron en honrar la memoria de sus difuntos y preservar de la corrupción los cadáveres".
 
Y he aquí uno de los grandes enigmas de la momifiación en las Islas Canarias. ¿Cómo llegaron los guanches y otros grupos de isleños a aprender la técnica de la momificación? Especialmente una técnica tan parecida en muchos aspectos a la utilizada por los antiguos egipcios, diferenciándose de ellos en que no disponían de los mismos materiales por la especial situación geográfica de las islas.
 
Dice Viera que "los guanches, a fuerza de experimentos y de repetidas observaciones consiguieron descubrir el secreto de eternizarlos en cierto modo y hacer sus xaxos comparables a las momias o famosos cadáveres embalsamados de los antiguos egipcios".
 
 
Refiriéndose Viera a Daubenton en su "Descripción del Gabinete del Rey de Francia" hablando del secreto que poseían en esta materia los egipcios, dice: "Yo creo que ha habido muchos medios de preservar los cadáveres de la corrupción. Tenemos un ejemplo en los guanches, pueblos antiguos de la Isla de Tenerife. Aquellos que quedaron cuando los españoles hicieron la conquista, refirieron que el arte de embalsamar los cuerpos era conocido de sus mayores y que había en su nación cierta tribu de sacerdotes que hacían de él un secreto y casi un misterio sagrado".
 
Después de la conquista, no quedó ningún conocimiento de aquel arte y sólo por tradición se ha llegado a saber cómo era la técnica empleada.
 
"Después de haber extraído y lavado los cuerpos muchas veces con una lejía de la corteza del pino, seca al sol en tiempo de estío, los ungían con manteca de oso (quiere decir de oveja pues no había osos en las Canarias), cocida con yerbas de olor, con espliego, salvia, etc. Hecha esta unción, se dejaba secar el cuerpo y se repetía tantas veces cuantas se creían necesarias para que el cadáver quedase bien penetrado. Cuando éste estaba ya ligero, era una prueba clara de que estaba bien preparado, y entonces lo envolvían en pieles de cabra enjutas y al pelo, para menos costo".  
 
Sin embargo, dice Viera "nuestros anticuarios, lejos de hacer a una tribu de sacerdotes la depositaria del arte de embalsamar los cuerpos muertos, atribuyen este oficio a ciertos hombres y mujeres que cuidaban de sus respectivos sexos, advirtiendo que éste era un empleo vil, inmundo y sumamente despreciable, según dice el P. Espinosa. Como quiera que combinemos estas noticias, yo me inclino a creer que la preparación de los cadáveres corría por cuenta de dos diferentes clases de personas, como se practicaba en Egipto. Unos disecarían con sus tabonas o cuchillos de pedernal los cuerpos y los despojarían de los sesos, intestinos y demás entrañas, empleo necesario en el mismo Egipto, pero reputado por tan infame, que apenas hacían estos oficiales su aparición, procuraban huir temiendo que los circunstantes los apedrearan así como los maldecían. Estos eran llamados paraquistas. Otros cuidarían del embalsamamiento (tarea de suyo más piadosa y más susceptible de honor y a éstos los llamaban en Egipto taricheute", termina diciendo Viera que sin duda había leído la "Historia" de Herodoto.
 
"Cuando el enfermo moría, se colocaba su cadáver sobre una mesa ancha de piedra, donde se hacía la disección para extraerle las entrañas . Lavábanles después dos veces cada día con agua fría y sal todas las partes endebles del cuerpo, como son orejas, narices, dedos, pulsos, ingles, etc. y luego le ungían todo con una confección de manteca de cabras, yerbas aromáticas, corcho de pino, resina de tea, polvos de brezo, piedra pómez y otros absorbentes y secantes, dejándole después expuesto a los rayos del sol. Esta operación se hacía en el espacio de quince días, a cuyo tiempo los parientes del muerto celebraban sus exequias con una gran pompa de llanto; y cuando el cadáver estaba ya enjuto y liviano como un cartón, le amortajaban y envolvían en pieles de ovejas y cabras, curtidas o crudas, y con alguna marca para distinguirle entre los demás. Encerraban los reyes y primeros personajes dentro de un cajón de sabina o de tea, y trasladándolos a las cuevas más inaccesibles, destinadas para cementerio común, los arrimaban verticalmente a las paredes o los colocaban con mucho orden y simetría sobre ciertos andamios".
 
"La duración de estos cadáveres, que los guanches llamaban xaxos es tan asombrosa, que todavía se encuentran incorruptos en las grutas de Tenerife. Yo vi el año de 1752 el de una mujer que conservaba hasta las uñas, los ojos y los cabellos rubios, atados con una correa". Al tiempo que Viera escribía su obra se acababa de descubrir un panteón excelente, un verdadero monumento que derramaba mucha luz sobre la historia antigua de los ritos funerarios guanches. Se trataba de una cueva de entrada sumamente difícil, alta, de gran capacidad y con algunos nichos abiertos en la peña. Estaba en un cerro muy escarpado del barranco de Herque, entre Arico y Güimar, en el país de Abona y tan llena de momias que no se contaron menos de mil".
 
"Las mortajas o forros en que están arrolladas desde pies a cabeza son unos pellejos de cabra cosidos con primor. Algunos cuerpos tienen hasta cinco o seis, puestos unos encima de otros. Hállanse los varones con los brazos extendidos sobre ambos muslos y las hembras con las manos juntas hacia el vientre. Aún la misma colocación que tienen los xaxos en este cementerio es objeto digno de atención, porque están en camas y filas, sobre unos como andamios o catrecillos de madera todavía incorrupta". A los tablones de madera que sostenían las momias se les llamaba chajasco.
 
El año 1776, el Conde de Chastenent de Puysegur, Oficial Comandante de un buque de guerra llevó de Tenerife para el Gabinete de Historia Natural del Jardin des Plantes de París, dos momias guanches, que fueron halladas en una cueva de Arico. Estaban forradas de pieles. Una de estas momias tenía la cabeza descubierta y sus facciones estaban desfiguradas, pero los cabellos estaban bien conservados y arraigados. Le faltaban los pies y las entrañas se habían reducido a polvo.
 
En 1767, unos muchachos que subían por los riscos del pueblo de Güimar buscando hierba para pastos, trajeron de las cuevas de los guanches una considerable cantidad de cuentas de figura cilíndrica, algunas de ellas unidas de dos en dos y de tres en tres. Estaban fabricadas de barro cocido, tan sumamente duro que parecía piedra. Algunas tenían color encarnado como de coral, otras eran amarillas, pardas y negras. Todas tenían un notable pulimento y estaban perforadas. Se encontraron sobre los cadáveres y eran usadas, ensartadas, en forma de collares como adorno.
 
Cuenta Viera que el obispo de Rochester hizo publicar en la "Historia de la Royal Society" de Londres un relato sobre las momias guanches, en el que el autor refiere que su cualidad de médico le permitió hacer algunos servicios a los guanches, por lo que obtuvo permiso de ellos para visitar sus cavernas sepulcrales, espectáculo que no conceden fácilmente y que no se puede conseguir contra su voluntad, sin exponerse al peligro de perder la vida. Los guanches sentían una extrema veneración por los cuerpos de sus mayores y pasaba entre ellos por profanación la curiosidad de los extranjeros. Cuenta el autor así lo que vió en las cuevas: "Son éstas unas concavidades formadas en las peñas por mano de la naturaleza y perfeccionadas por el arte. Los cadáveres están envueltos en pieles de cabras, cosidos con correas tan sutilmente que es una admiración. Aunque arrugados y perdido el color, se ven tan enteros que en ambos sexos se distinguen los ojos, cabellos, orejas, narices, dientes, labios, barbas, etc. El autor contó en una sola cueva de 300 a 400 cuerpos, unos de pie y otros tendidos en ciertos catrecillos de madera, que los guanches, no sé con qué secreto, ponían tan dura que no hay hierro que la pueda romper...Le salían fuera de este pequeño lecho la cabeza y los pies, cuyos miembros descansaban sobre dos grandes piedras. Cierto cazador cortó en una ocasión un trozo de la piel que tenía uno de estos difuntos encima del estómago, la que estaba tan suave, dócil y libre de corrupción que la empleó muchos años en el uso de algunas cosas. Son estos cadáveres ligeros como la paja y se les distinguen los nervios, tendones y aún las venas y arterias, a modo de pequeños hilos. Tienen los guanches en estos sitios fúnebres unos vasos de tierra muy dura que parece los ponían con leche o con manteca al lado de los muertos; y decían que en Tenerife había más de 20 cuevas con los cuerpos de sus reyes y otras personas distinguidas, sin los que ellos mismos ignoraban, porque sólo los viejos eran depositarios de aquel secreto y éstos no eran hombres que revelaban nada".
 
"En la Gran Canaria también conocían el arte de embalsamar los cuerpos; fajábanlos después con correas sutiles, les vestían sus tamarcos y los colocaban de pie derechos en las catacumbas o cuevas destinadas para este fin, bien que no eran éstos sus únicos sepulcros porque en los lugares pedregosos que llamamos malpaíses, abrían algunas bóvedas que aforraban con tablones de tea, en cuyos mausoleos daban sepultura al cadáver con la cabeza al Norte y luego le cubrían con piedras grandes entrelazadas, de manera que se levantaban en forma de pirámides. Los herreños, habiendo puesto debajo de los pies de sus cadáveres una tabla y al lado el cayado que habían usado durante su vida, cerraban con piedras las bocas de las cuevas, para que los cuervos de que solían haber plaga en aquella isla, no se los comiesen".
 
Nuestro desaparecido amigo Luis Diego Cuscoy, Director que fué del Museo Arqueológico de Sta. Cruz de Tenerife, en su libro "Los Guanches", afirmaba que la momificación entre los aborígenes de las Islas Canarias supone una estratificación social y un culto a los muertos. Cita como todos los autores canarios y no canarios a Fray Juan de Abreu Galindo, otra de las fuentes indispensables para estudiar el enigma de la momificación en las Islas Canarias.
 
Relata Abreu Galindo que "cuando morían, tenían esta costumbre y orden en sus entierros, que había hombre y mujer que tenían oficio de mirlar (embalsamar, secar) los cuerpos, y a esto ganaban su vida, desta manera que si moría hombre, lo mirlaba hombre y la mujer del muerto le traía la comida; y si moría mujer, la mirlaba mujer, y el marido de la difunta le traía la comida; y servían estos de guardar el cuerpo difunto, no lo comieran los cuervos, y guirres y perros. Y la manera de mirlar los cuerpos era que los llevaban a una cueva y los tendían sobre las lajas y les vaciaban los vientres y cada día los lavaban dos veces con agua fría las partes débiles...y después de lavados los untaban con manteca de ganado y echábanles carcoma de pino y de brezo y polvos que hacían de piedra pómez, por que no se dañasen. Y estando el cuerpo enjuto sin ponerle otra cosa, venían los parientes del muerto y con cueros de cabras y de ovejas sobados, los envolvían y los liaban con correas muy luengas y los ponían en las cuevas que tenían dedicadas para ello..."
 
Cuscoy señalaba que el examen de momias últimamente descubiertas, confirma la existencia de momificadores de oficio por la regularidad con que aparecen colocadas ciertas partes del cadáver; brazos extendidos a lo largo del cuerpo, manos con los dedos juntos y vueltas hacia los muslos, posición de la cabeza ligeramente levantada sobre un cabezal, pies también levantados con los dedos juntos. La conservación de pies y manos es perfecta. Las cavidades no estaban vaciadas y los cuerpos vacíos se debe a la acción de los roedores. Las partes blandas están perfectamente deshidratadas.
 
La momificación fué probablemente un signo externo de categoría social, pues contrastan algunos enterramientos muy cuidados, "ricos", con muchas pieles de envoltura y abundante y variado ajuar, cueva bien acondicionada y empleo de tablones para colocar sobre ellos el cadáver, con otras carentes de ajuar e incluso sin momificar. Escasísimos cadáveres de mujeres aparecen embalsamados, lo que revela la poca consideración social de que gozaba la mujer, concluye Cuscoy.
 
Los estudios realizados en momias halladas en las islas demuestran que la momificación sólo se practicó en Tenerife y Gran Canaria y que hubo diversas formas de embalsamamiento. En algunos casos se abrió la cavidad abdominal rellenándola con substancias vegetales y en otros, la mayoría, no se abrió. La momificación en Tenerife ha sido al parecer más efectiva y duradera que en Gran Canaria. Mientras en las Cuevas de Tenerife aparecen las momias apoyadas contra la pared de la cueva o sobre andas, en Gran Canaria eran colocadas horizontalmente y probablemente fueron enterradas muchas veces en túmulos, envolviéndolas en tejidos de junco.
 
 

 
 
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