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Asunto: Circunnavegación de África y Periplo de Hannón
Fecha:Lunes, 20 de Octubre, 2003  11:33:05 (+0200)
Autor:José Luis Santos <joseluis @..............com>

 

 
 
Circunnavegación de África 
 
De acuerdo con la noticia proporcionada por Heródoto, el primer viaje que consiguió rodear toda el África fue realizado por navegantes fenicios encargados de dicha empresa por el faraón saíta Necao (609-594 a.C.), casi dos mil años antes de que los portugueses doblasen el cabo de Buena Esperanza. Carecemos de informaciones que confirmen dicha hazaña, pero, tal como han apuntado diversos autores modernos, no deja de ser significativo lo apuntado a propósito de la posición del sol cuando éste es contemplado desde el hemisferio austral.
 
 
Denominado tradicionalmente el "padre de la Historia", Heródoto (ca. 485-425 a.C.) nació en Halicarnaso, en la costa suroccidental de Asia Menor, viajó a Egipto, Fenicia, Mesopotamia y Escitia, y residió en la Atenas de Pericles, donde formó parte en 444/443 a.C. de la expedición destinada a fundar la colonia panhelénica de Thurios en Magna Grecia. Dedicando cada uno de los nueve libros que la componen a una de las Musas redactó su Historia, una obra inacabada que alcanza desde la época mítica hasta la Segunda Guerra Médica (479 a.C.), centrada en el enfrentamiento entre Europa y Asia, y salpicada de excursos de carácter etnográfico referidos a las tierras por las que viajó su autor.
 
 
<<En ese sentido, es evidente que Libia está rodeada de agua por todas partes, salvo por el lado en que confina con Asia; que nosotros sepamos, el rey de Egipto Neco fue el primero que lo demostró, ya que, tras interrumpir la excavación del canal que, desde el Nilo, se dirigía al golfo arábigo, envió en unos navíos a ciertos fenicios, con la orden de que, a su regreso, atravesaran las Columnas de Heracles hasta alcanzar el mar del norte y llegar de esta manera a Egipto. Los fenicios, pues, partieron del mar Eritreo y navegaron por el mar del sur. Y cuando llegaba el final del otoño, atracaban en el lugar de Libia en que, en el curso de su travesía, a la sazón se encontraran, sembraban la tierra y aguardaban hasta la siega. Y, una vez recogida la cosecha, reemprendían la navegación, de manera que, cuando habían transcurrido dos años, en el tercer año de travesía, doblaron las Columnas de Heracles y arribaron a Egipto. Y contaban -cosa que, a mi juicio, no es digna de crédito, aunque puede que lo sea para alguna otra persona- que, al contornear Libia, habían tenido el sol a mano derecha. Así fue como se conoció por vez primera el contorno de Libia; y posteriormente han sido los cartagineses quienes lo han confirmado.>>
 
HERÓDOTO, Historia, IV 42, 2 - 43, 1, traducción de C. Schrader, Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1979.
 
 
 
 
Periplo de Hannón 
 
El denominado Periplo de Hannón es la narración griega de un recorrido por la costa occidental africana supuestamente realizado entre los siglos VI y V a.C. por un monarca cartaginés del mismo nombre. En su Historia Natural Plinio el Viejo hace referencia a él a la vez que menciona el Periplo de Himilcón -un recorrido por la costa atlántica europea-, y hasta nosotros ha llegado transmitido por un único manuscrito, fechado en el siglo X. Con todo, la historiografía moderna continúa discutiendo si el texto griego es la traducción del original púnico grabado sobre una inscripción que el propio Hannón habría depositado en un templo de Cartago, o bien la versión elaborada por parte un autor griego a partir de una información que llegó hasta él por vía oral, o bien una invención absolutamente helénica plagada de tópicos griegos inspirados en la Odisea y en las Historias de Heródoto y datable hacia los siglos II-I a.C. 
 
Cayo Plinio Segundo vivió entre los años 23 y 79 d.C. Amigo de Vespasiano, ocupó importantes cargos en la administración imperial. De su obra literaria sólo se conserva la monumental Naturalis Historia, dedicada a Tito, primogénito de Vespasiano, en el año 77, y publicada tras la muerte del autor por su sobrino e hijo adoptivo Plinio el Joven. Se trata de una extensa obra enciclopédica dividida en treinta y siete libros que contiene todo tipo de informaciones, agrupadas por materias y procedentes de multitud de obras más antiguas.
 
Según Plinio el Viejo
 
Cuando Cartago era una potencia pujante, Hannón bordeó la costa desde Gades hasta los confines de Arabia y narró por escrito su periplo, igual que Himilcón, enviado por la misma época para explorar las partes más remotas de Europa.
 
PLINIO EL VIEJO, Historia natural, II 67 (169), traducción de A. M. Moure, Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1995.
 
Texto del Periplo de Hannón
 
 
 
1. He aquí el periplo de Hannón, rey de los cartagineses, relativo a las zonas de Libia situadas al Oeste de las Columnas de Heracles, que consagró, asimismo, en el santuario de Cronos y cuyos datos son los siguientes: Los cartagineses decidieron que Hannón navegara allende las Columnas de Heracles y que fundase ciudades de Libiofenicios. Y zarpó con sesenta pentecontoros y con un contingente de hombres y de mujeres que alcanzaba las treinta mil personas, así como con provisiones y demás pertrechos.
 
2. Y cuando, tras hacernos a la mar, hubimos rebasado las Columnas y navegado, con rumbo Oeste, una singladura de dos jornadas, fundamos la primera ciudad, a la que denominamos Timiaterio (a sus pies, por cierto, se extendía una vasta llanura).
 
3. Y, acto seguido, nos hicimos a la mar rumbo a Poniente y llegamos todos a Solunte, un cabo de Libia cubierto de árboles.
 
4. Tras haber erigido allí un santuario en honor de Posidón, volvimos a embarcarnos con rumbo Este por espacio de media jornada, hasta que arribamos a un lago, situado no lejos del mar y lleno de abundantes y grandes juncos (en él, por cierto, también había elefantes y otros muchísimos animales salvajes que se hallaban pastando).
 
5. Tras dejar atrás, navegando casi una jornada, el lago, fundamos en la costa unas ciudades llamadas Fuerte Cario, Gite, Acra, Mélita y Arambis.
 
6. Y, desde allí, nos hicimos nuevamente a la mar y llegamos a un gran río, el Lixo, que procede de Libia. En sus inmediaciones apacienta sus rebaños un pueblo nómada, los lixitas, con quienes permanecimos cierto tiempo y entablamos amistad.
 
7. Y por cierto que en el hinterland de esos nómadas, residían unos etíopes poco hospitalarios que ocupaban un territorio plagado de fieras y surcado por grandes montañas de las que, según dicen, procede el Lixo y en cuyos aledaños habitan unas gentes de singular aspecto, los trogloditas, que, a la carrera, aventajan a los caballos, según testimonio de los lixitas.
 
8. Acto seguido nos procuramos unos intérpretes entre estos últimos y, en dirección Sur, costeamos el desierto por espacio de dos días, para, posteriormente, continuar rumbo a Levante por espacio de una jornada, durante la que, en el fondo de una bahía, encontramos una pequeña isla (de cinco estadios de perímetro) que colonizamos, denominándola Cerne. Y, a juzgar por nuestro periplo, dedujimos que se hallaba a la altura de Cartago, ya que la duración de la travesía desde Cartago a las Columnas y de éstas a Cerne era similar.
 
9. Desde allí, y navegando por un gran río (el Cretes), llegamos a un lago, que contenía tres islas mayores que Cerne. Partiendo de ellas, empleamos una jornada de navegación para llegar al fondo del lago, que se hallaba dominado por enormes montañas llenas de salvajes, ataviados con pieles de animales, que nos arrojaron piedras y nos obligaron a alejarnos, impidiéndonos desembarcar.
 
10. Zarpamos de allí y arribamos a otro río, grande y ancho, repleto de cocodrilos e hipopótamos. Ante esta circunstancia, pues, volvimos a virar de bordo y regresamos a Cerne.
 
11. Y, desde allí, navegamos con rumbo Sur, por espacio de doce días, costeando el litoral, que se hallaba, en su totalidad, habitado por etíopes, quienes, ante nuestra presencia, huían sin esperarnos (por cierto que su idioma resultaba ininteligible hasta para los lixitas que viajaban con nosotros).
 
12. Pues bien, durante el último día, fondeamos en las inmediaciones de unas grandes y frondosas montañas (por cierto que la madera de los árboles era fragante y de diversos colores).
 
13. Tras haber circunnavegado dichas montañas por espacio de dos jornadas, llegamos a un inmenso espacio de mar abierto, a uno de cuyos lados -en la parte de la costa- había una llanura en la que, por la noche, vimos alzarse por doquier fuegos a intervalos, de mayor o menor intensidad.
 
14. Y, después de aprovisionarnos de agua, zarpamos de allí, prosiguiendo nuestra singladura, por espacio de cinco días, a lo largo de la costa, hasta que llegamos a una gran bahía que los intérpretes manifestaron que se llamaba "Cuerno del Oeste". En dicha bahía había una gran isla y en ella un lago formado por el mar; a su vez, en el lago había otra isla en la que desembarcamos, sin que de día viéramos otra cosa que no fuera selva, pero, por la noche, advertimos que se encendían numerosas hogueras y escuchamos sonido de flautas, así como ruido de címbalos y timbales, y un incesante griterío, por lo que el terror se apoderó de nosotros y los adivinos recomendaron que abandonásemos la isla.
 
15. Zarpamos, pues, con celeridad y pasamos junto a una costa ardiente, llena de emanaciones y de la que enormes torrentes de lava desembocaban en el mar; de ahí que, a causa del calor, la tierra resultara inabordable.
 
16. En consecuencia también zarpamos con celeridad de allí presas del pánico. Durante cuatro días de travesía divisamos, por la noche, la costa llena de llamas, en medio de las cuales había una especie de altísima hoguera, mayor que las otras, que daba la impresión de que tocaba las estrellas. De día, sin embargo, pudo verse que se trataba de una enorme montaña llamada "Soporte de los dioses".
 
17. Tras dos días de navegación desde dicha zona, costeando torrentes de lava, arribamos a una bahía que recibe el nombre de "Cuerno del Sur".
 
18. En su interior, por cierto, había una isla semejante a la primera: tenía un lago y en él había otra isla, llena de salvajes. Las hembras, que tenían el cuerpo peludo y a las que los intérpretes denominaban "gorilas", eran mucho más numerosas. Pues bien, pese a perseguirlos, no conseguimos apresar machos: todos huían, aprovechando su facilidad para la escalada, y se defendían con lo que tenían a mano; en cambio, nos apoderamos de tres hembras, que se dedicaron a morder y a arañar a sus captores, ya que se resistían a seguirlos; así que las matamos y las desollamos, transportando sus pieles a Cartago. Lo cierto es que ya no proseguimos nuestro periplo, dado que nos faltaron las provisiones.
 
Traducción de C. Schrader, en ID., "El mundo conocido y las tentativas de exploración: los orígenes de la geografía descriptiva en Grecia", en F. J. GOMEZ ESPELOSIN y J. GOMEZ-PANTOJA (eds.), Pautas para una seducción. Ideas y materiales para una nueva asignatura: Cultura Clásica, Ediciones Clásicas, Madrid, 1991, pp. 81-149, 102-106.
 
 

 
 
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