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Asunto: Petra. La Ciudad rosa del desierto. (II)
Fecha:Miercoles, 22 de Octubre, 2003  12:45:37 (+0200)
Autor:José Luis Santos <joseluis @..............com>

 

Petra. La Ciudad rosa del desierto. (II)

 

II. SITUACIÓN GEOGRÁFICA:

LA ENCRUCIJADA DEL COMERCIO DEL PRÓXIMO ORIENTE ANTIGUO

 

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que el Próximo Oriente tiene dos coordenadas que lo condicionan morfológica y geográficamente: Los ríos y el agua (1).

 

Efectivamente, sus primeras civilizaciones conocidas se encuadran en las cuencas de los ríos Tigris, Eufrates (sumeria, acadia, babilonia, asiría) y Nilo (egipcia), por lo que se acuñó para ellas el término de «civilizaciones hidráulicas».

 

 

Además, enormes extensiones de desiertos rodean las fértiles tierras regadas por las aguas de estos míticos ríos, como el del Sinaí, tan cercano a Egipto o el gran desierto de Arabia, cuna de los pueblos semitas, que bordea el Golfo Arábigo o Pérsico. En él se encontraba, entre otras, la isla de Dilmún (hoy Bahrain) con sus minas de cobre, ya conocidas desde el III milenio a.C., cuyos dátiles eran famosos en Mesopotamia, formando hoy parte de los Emiratos árabes, grandes centros distribuidores de las riquezas que confluyen en ellos desde el Extremo Oriente, como primera escala de la encrucijada entre Oriente y Occidente que es esta gran zona.

 

Desde aquí, las mercancías llegaban también por un mar de arena, los desiertos de Arabia y Jordania, a través de difíciles rutas jalonadas de peligros, hasta los puertos del Mediterráneo. A partir de aquí, los pueblos costeros, entre ellos los fenicios desde e! siglo x a.C. como antes los pa-lestinos y los cicládicos del II milenio, se encargaban de distribuirlos por todo el Mediterráneo e incluso fuera de él (2) en grandes caravanas de camellos, animal crucial para este tipo de comercio por zonas desérticas.

 

Arabia, según Herodoto,(3).

 

 

«es la más meridional de las tierra habitadas. Y es el único país que produce incienso, mirra, cinamomo y resina. Y todos estos productos, a excepción de la mirra, los árabes lo extraen con dificultad. El incienso lo obtienen quemando estoraque, que los fenicios exportan a Grecia; lo queman y entonces obtienen el incienso. Los árboles que producen incienso los custodian serpientes aladas, de pequeñas dimensiones y variados colores, que revolotean en torno a cada árbol. Éstas son las serpientes que invaden Egipto».

 

También Herodoto se refiere a las dificultades para obtener el estoraque y el cinamomo, aventuras que los fenicios relataban a los griegos, envueltas en leyendas, protagonizadas por animales fabulosos y llenas de peligros sin cuento, lo que aumentó la fama de estos lugares alejados y el precio de las mercancías que proporcionaban. El profeta Ezequiel (4) describe magníficamente esta situación para el siglo VIII a.C., refiriéndose a Tiro (5).

 

 

«Los hijos de Dedán comerciaban contigo, muchas islas se hallaban bajo la dependencia de tu comercio, portándote como tributo colmillos de marfil y maderas de ébano. Edom comerciaba contigo por la abundancia de tus productos, rubíes, púrpura roja, recamados, lino fino, retales y carbunclos daban por tus mercancías. Judá y el país de Israel traficaban también contigo; trigo de Minnir, perfumes, miel, óleo y bálsamo daban consecuencia de la abundancia en toda riqueza, con vino de Helbón y lana de Sahar, Wedán y Yawán, desde Uzal, entregaban por tus mercaderías hierro forjado; canela y caña aromática figuraban en tus transacciones. Dedán traficaba contigo en sillas de montar. Arabia y todos los príncipes de Quedar se hallaban bajo la dependencia de tu comercio, traficando en corderos, carneros y cabríos. Los mercaderes de Son y Marnah comerciaban contigo: el más calificado bálsamo y toda clase de piedras preciosas y oro daban por tus mercancías. Harán, Kanneb y Eden, asi como los mercaderes de Sebbám, Azur y Killete y bordados abigarrados, tapices multicolores, cuerdas sólidamente trenzadas. Las naves de Tarsis en tu mercado constituían tus caravanas comerciales. Tu fortuna y tus mercancías, tus artículos de importación, / tus marineros, tus pilotos, tus calafates, tus importadores de artículos importados / y todos tus guerreros que había en ti y toda la comunidad / que existía en medio de ti caerán en el corazón de los mares/ el día de tu ruina». refiriéndose no sólo a las vías comerciales de esta ciudad sino a muchas de las ciudades de las que partían las rutas caravaneras, que se hallaban repartidas por todo el Próximo Oriente, de las que Petra sena un punto neurálgico, por su posición en medio del desierto, equidistante tanto del Mediterráneo como del Mar Rojo, en la ruta de! Golfo Pérsico.

 

Más al sur de Egipto está Etiopía, que produce mucho oro. Posee nu-meroso elefantes y todo tipo de plantas silvestres y ébano. De Etiopia, cuyos habitantes son «los más altos y más bellos», vino a Israel, posible-mente la reina del país de Saba, Bilquis, (Reyes !, XX), famosa por sus ri quezas y su belleza, cuyo reino, del siglo x a.C., es descrito por Eratóste-nes de Cirene, Plinio, Diodoro Sículo y Estrabón, con los ricos tributos en-tregados a los soberanos asirios Tiglat Pileser III (745-728 a.C.), Sargón 11 (721-705 a.C.) o Senaquerib (705-681 a.C.). Saba controlaba la principal ruta caravanera que unía el Creciente Fértil con el sur de Arabia, el Yemen, que tenía el monopolio comercial de productos como oro, piedras preciosas, marfil, elefantes, sedas, hierbas medicinales, especias, escla-vos, caballos y camellos.

 

 

Los sábeos llevaban los cargamentos de productos preciosos junto con los míneos, habitantes de la parte septentrional del Yemen, además de los gerreos, los qatabanitas y los hadramitas. A estos míneos, creadores del comercio, Plinio los pone en relación con Minos y Radamante, ios dos legisladores míticos de Creta (6).

 

El país de! incienso era Sabwa, la Sabota de Plinio (7), reino que com-prendía todo el Yemen del Sur hasta el océano Índico, extendiéndose hasta la región de Omán, punto de partida de la ruta caravanera que por vía terrestre a través de Sabwa, Qataban, Saba, Ma'in e Higaz llevaba el incienso hasta la costa del Mediterráneo.

 

Para evitar los numerosos peligros del viaje era preciso pagar tributo a las tribus por cuyos territorios se pasaba. Todos estos tributos y peajes encarecían el precio de las mercancías, que describe muy bien Plinio el Viejo (8), en el siglo I d. C., a propósito del transporte del incienso: «Una vez cargado el incienso, es transportado a lomo de camellos a Sabota, donde se abre una de las puertas de la ciudad para que entren las caravanas.

 

Los reyes consideraban una ofensa capital el que los camellos cargados no pasaran por la calle principal de la ciudad. En Sabota, los sacerdotes se quedan con un décimo, establecido basándose más en la medida que en el peso, para el dios que llaman Sabis, y el incienso no puede ponerse a la venta antes que se efectúe esta operación.

 

»Este décimo se separa para hacer frente a un gasto público, puesto que el dios ofrece generosos banquetes a los huéspedes durante un número determinado de días. Después, el incienso sólo puede ser exportado a través del país de los jebanitas, y se paga una tasa al rey de aquel país. Su capital es Tornna, que dista 1.487 millas y media de la ciudad de Gaza, en Judea, en la costa mediterránea.

 

»EI viaje consta de 65 etapas, con paradas para los camellos. También se dan porciones fijas de incienso a los sacerdotes y a los secretarios del rey, pero, además de éstos, se entregan asimismo a los guardias y sus asistentes, a los centinelas y a los sirvientes.

 

De hecho, a lo largo de todo el trayecto nunca dejan de pagar; en un lugar por el agua, en otro por el forraje o por el alojamiento en las paradas o en las distintas aduanas. Y aun se ha de pagar a los aduaneros de nuestro Imperio (9). En consecuencia, el precio del incienso de mejor calidad alcanza los seis denarios por libra, mientras que la misma cantidad de incienso de segunda categoría cuesta cinco denarios y el de tercera tres.

 

La calidad del producto se deduce de su color blanco, de su viscosidad y de la rapidez con que arde. Además, no debe poder desmenuzarse con los dientes».

 

En el Tibet y en la Meseta de Mongolia también se usan como medio principal de transporte caravanas de camellos juntamente con los yaks (10).

 
 
....//II//....
 

Coordinador General y Moderador de las Listas de Correo de:  TERRAE ANTIQVAE
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