Inicio > Mis eListas > terraeantiqvae > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 2125 al 2154 
AsuntoAutor
Re: Tamtoc, la mít Davius S
Re: Entrevista con Davius S
Imperios de Sumer Julio Ló
RTVE responde sobr José Lui
R: nuevo emperador jeromor
Re: Dressel carolina
Re: Entrevista con FPR-V
Re: Imperios de Su Fruela
Lucio Cornelio Sil Oscar Go
Usos y tratamiento José Lui
Re: Entrevista con Davius S
Re: Entrevista con Alounis
Hispania, un produ Oscar Go
La ciudadela de Ch José Lui
Re: Entrevista con Davius S
Re: Entrevista con Alounis
El oráculo de Delf José Lui
Re: 27-02-04,_Bole Ana Mari
Re: Usos y tratami Davius S
La ley en Súmer y José Lui
Re: El oráculo de Davius S
Re: La ciudadela d Davius S
Roma en Hispania ( Alberto
Fwd: Jornadas de P alicia.c
Fábulas y proverbi José Lui
Se emite 'Julio Cé José Lui
César Imperator José Lui
Nuevo códice maya José Lui
Masacre en Madrid José Lui
RE: Masacre en Mad Juan Ant
 << 30 ant. | 30 sig. >>
 
Terrae Antiqvae
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 4614     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[TA] César Imperator
Fecha:Martes, 9 de Marzo, 2004  17:53:15 (+0100)
Autor:José Luis Santos <joseluis @..............com>


 
 

Max Gallo: «Julio César permite entender la política en toda su brutalidad, desnuda»

 

Fuente: La Razón. Javier Gómez - París. 

http://www.larazon.es/noticias/noti_cul06.htm

 

 

El autor francés publica «César Imperator», una biografía «subjetiva» del célebre político

 

Por la ventana de su despacho, el escritor francés Max Gallo,70 años, divisa el aura paquidérmica del Panteón de París. Cada día, a las cuatro de la mañana, cuando se dispone a escribir, lo vigila de reojo como fiel centinela de los grandes de Francia. Por su ventana literaria, Gallo lleva 30 años cincelando con ríos de palabras los grandes nombres y momentos de la Historia, «reintroduciendo la libertad de la incertidumbre en la Historia que todos conocemos». La Resistencia, Napoléon, Robespierre, grandes periodos y hombres reinterpretados por su pluma en ochenta libros.

 

El escritor dice que «sólo le interesa saber cómo funciona una personalidad»  

 

 

Ahora le toca el turno a Julio César, en una biografía «subjetiva» del emperador titulada «César Imperator», que publica Planeta y en la que utiliza «el escalpelo de la escritura para explicar las motivaciones de uno de los hombres más importantes de la Historia».

 

   -Usted se autoimpone una disciplina casi militar a la hora de escribir y cada mañana compone 10.000 caracteres, además de artículos, ensayos... ¿no duda jamás cuando escribe?

 

   -Claro que sí, sobre todo antes de cada libro. La duda de cada mañana, sin embargo, he conseguido superarla con disciplina moral y la necesidad fisiológica de escribir. Discutiendo con Graham Greene, llegamos a la conclusión de que un escritor está obligado a producir una cantidad de palabras cada día.

 

   -¿Una relación más de obligación que de placer?

 

   -En cierto modo sí, porque no tengo una relación estética con la literatura sino de compromiso total. La duda sobre la calidad es mucho más profunda, pero ésta también la he barrido, porque sé que lo que escribo es lo mejor que puedo hacer en ese instante en que lo escribo.

 

   -En «César Imperator», la fuerza del personaje gira en torno a considerarse el elegido. ¿Cree en el destino de los grandes hombres?

 

   -No hay leyes en la Historia, salvo la ley de la sorpresa. A mí me interesaba descubrir qué dio a César esa fuerza, esa pasión y esa paciencia. La explicación es que estaba convencido de haber sido elegido por los dioses. Napoleón es un personaje similar, tenía esa misma sensación. Es difícil ser modesto y un gran personaje histórico.

 

   -Usted también da mucho espacio al sexo en el libro. ¿Es imprescindible para comprender a César?

 

   -En todo caso, no hay que disimularlo. El sexo estaba integrado en el funcionamiento de su vida, así como el poder, la lectura o el combate. Una de mis preocupaciones es recordar siempre que estos grandes personajes son hombres, para que el lector, que sabe ya todo de César, siga sorprendiéndose.

 

   -Se le ha criticado mucho por tomarse ciertas libertades a la hora de contar la Historia.

 

   -Fui profesor de Historia y conozco el trabajo de historiador, pero siempre he sido un escritor. No hago de mí mismo el centro de la escritura ni me tomo libertades con la Historia, como hacía Dumas. Sólo me interesa saber cómo funcionan una personalidad o un periodo histórico.

 

   -A cada uno de sus libros le ha colocado una ristra de varios ceros en las ventas. En cambio, nunca ha recibido un premio literario. ¿Su pecado es vender?

 

   -Quizás mi pecado es ser un escritor inclasificable, ni historiador, ni de ficción, ni de ensayo, en un sistema de castas literarias como es Francia.

 

   -César es el imperio de la ley de la fuerza. ¿Ha cambiado algo en más de 2.000 años?

 

   -No. He escrito «César Imperator» porque es el momento en el que se descubren los mecanismos de la política en toda su brutalidad y, por tanto, en su verdad y desnudez. No hay hipocresía: al prisionero se le degüella por serlo. Su visión de la política es útil porque sigue vigente, aunque hoy se barniza con hipocresía. Los neoconservadores norteamericanos dicen ser la nueva Roma. Nosotros, los europeos, seríamos los griegos. Y luego están los bárbaros...

 

   -¿Esta tesis es fruto de la decepción de su paso por la política, cuando fue portavoz del Gobierno en la época de Mitterrand?

 

   -Es innegable. Cómo se obtiene el poder, se mantiene y se pierde son cuestiones que me obsesionan. Hay que ser un loco del poder para entrar en el juego político y Mitterrand lo era. El, inteligente y megalómano, fue el más grande de los pequeños políticos, pero no un gran hombre.

 

   -¿Se ha planteado escribir sobre algún personaje español?

 

   -Ahora trabajo sobre la España de Felipe II y de Cervantes, dos personajes apasionantes. Ese período, con la religión en el centro de todo, me interesa, para poder entender ciertas tensiones de la sociedad de hoy.

 

 

 


 

 

 

Julio César 

 

 

 

Caius Iulius Caesar nació hacia el año 100 A.C. en Roma.

 

Era miembro de una de las familias más laureadas de Roma, los Julios, que se decían descendientes de la misma Afrodita. Esta familia no poseía una gran fortuna ni una posición política importante por lo que se decantó por las propuestas democráticas de Mario.

 

Tuvo como maestro al célebre gramático y retórico Marco Antonio Grifón y desde muy joven participó en la vida pública romana.

 

En el 84 A.C. se casó con Cornelia, hija de uno de los enemigos de Sila, y, tras negarse a repudiarla como pretendía el dictador, huyó a Asia (82 A.C.).

 

Tras la muerte de Sila (78 A.C.), Julio César volvió a Roma y destacó por su defensa de los derechos de las clases populares de la ciudad y por su oposición a la política del partido aristocrático en el poder, pero las deudas le obligaron a marchar a Rodas, donde estudió oratoria junto al sabio Molón (77-75 A.C.).

 

En el 74 A.C. mandó el ejército que venció a Mitríades VI, rey del Ponto, victoria que le valió ser nombrado tribuno militar. Nuevamente en Roma, sus dotes oratorias cautivaron al pueblo y le permitieron ocupar diversos cargos públicos: cuestor en Hispania (69 A.C.), edil curul (65 A.C.) y pontífice máximo (63 A.C.).

 

Aunque se sospechó su implicación en la conjuración de Catilina, que se proponía asesinar a los cónsules, la carrera política de César continuó en ascenso: en el 62 A.C. se convirtió en pretor, y al año siguiente partió hacia la Hispania Ulterior como propretor, magistratura que le proporcionó en poco tiempo una cuantiosa fortuna con la que pudo saldar las numerosas deudas que lo acuciaban.

 

De regreso en Roma, en el 60 A.C., Julio César pactó con Pompeyo, un valeroso general, y Craso, un rico ciudadano, la formación del primer triunvirato. Como triunviro, promulgó varias leyes agrarias en favor de los soldados licenciados y ejerció un fuerte control sobre el Senado.

 

Entre los años 58 y 54 A.C. conquistó las Galias y sometió a celtas, galos, germanos y helvecios, y realizó una expedición a Britania, campañas que le reportaron un gran prestigio militar. Tras la crisis política que estalló en Roma a la desaparición del triunvirato a raíz de la muerte de Craso en Siria (53 A.C.), en el 52 A.C. el Senado nombró dictador a Pompeyo, quien intentó mermar el poder de César ordenando la disolución de sus legiones.

 

Julio César, sin embargo, decidió cruzar el río Rubicón, límite entre la Galia Cisalpina y la península Italiana, y marchar con sus tropas sobre Roma, acción que inició la cruenta guerra civil que lo enfrentó a Pompeyo y a la oligarquía senatorial (49 a.C.). En pocos meses, se apoderó de la península y entró en Roma, donde fue nombrado primero dictador y, posteriormente elegido cónsul.

 

A principios del 48 A.C., una vez vencidos los pompeyanos de Hispania en Ilerda, César persiguió a su oponente hasta Grecia y lo derrotó en Farsalia (9 de agosto). En su huida hacia Oriente, Pompeyo se refugió en la corte egipcia, donde murió asesinado poco antes de la llegada de César, quien, durante su estancia en Egipto, apoyó a Cleopatra VII en el enfrentamiento de ésta con su hermano Tolomeo XIII.

 

Tras vencer a los últimos pompeyanos en África (Tapso, 46 A.C.) y luego en Hispania (cerca de Munda, 45 A.C.), César se convirtió en dictador perpetuo y emprendió una política destinada a limitar el poder del Senado, sanear las finanzas del Estado y el acceso a las magistraturas, reformar el sistema monetario, mejorar el gobierno de las provincias y fomentar la celebración de juegos públicos en Roma.

 

El 15 de marzo del 44 A.C. Julio César murió apuñalado en el Senado por un grupo de republicanos opuestos a su poder autocrático.

 

 

 

 

 

 

Cayo Julio César, (100-44 a.C.), general y político romano, creó los cimientos del futuro sistema imperial romano al final de la República.

 

 

La primera etapa de su vida

 

Nacido en Roma el 12 o 13 de julio del año 100 a.C., perteneció a la prestigiosa familia Julia; desde su más tierna infancia conoció la polémica política. Su tío fue Cayo Mario, líder de los populares. Este partido apoyó reformas agrarias contra las que estaban los reaccionarios optimates, una fracción senatorial. En su último año como cónsul, Mario provocó muchas bajas entre los optimates, al mismo tiempo que nombraba al joven César flamen dialis, uno de los arcaicos sacerdocios sin poder. Esto lo identificó con la política extremista de su tío, y su matrimonio en el 84 a.C. con Cornelia, la hija del socio de Mario, Cinna, reafirmó su confirmación como radical. Cuando Lucio Cornelio Sila, líder de los optimates, fue nombrado dictador en el 82 a.C., publicó una lista de adversarios para ser ejecutados. Aunque César no resultó perjudicado, Sila le ordenó que se divorciara de Cornelia. Negándose a cumplir esa orden, creyó prudente salir de Roma. No regresó a la ciudad hasta el 78 a.C., tras la dimisión de Sila.

 

César tenía entonces 22 años. Incapaz de obtener un cargo, dejó Roma de nuevo y se fue a Rodas, donde estudió retórica; regresó a Roma en el 73 a.C., convertido en un orador muy persuasivo. El año anterior, mientras estaba en Rodas, había sido elegido para el Pontificado, un importante colegio de sacerdotes romanos.

 

El triunvirato

 

En el año 71 a.C. Pompeyo Magno, que se había hecho acreedor de su epíteto sirviendo bajo el mando de Sila, regresó a Roma, tras derrotar a Quinto Sertorio, el general de los rebeldes populares, en Hispania. Ese mismo año, Marco Licinio Craso, patricio acaudalado, reprimió la sublevación de esclavos dirigida por Espartaco en Italia. Tanto Pompeyo como Craso obtuvieron el consulado en el 70 a.C. Pompeyo, quien para entonces había cambiado de bando, era técnicamente inadecuado, pero con la ayuda de César obtuvo el cargo. En el 69 a.C., César fue elegido cuestor y en el 65 a.C. edil curul, cargo en el que obtuvo gran popularidad con sus generosos juegos de gladiadores. Para pagarlos, pidió dinero prestado a Craso. Esto unió a los dos hombres, quienes también hicieron causa común con Pompeyo. Cuando César regresó a Roma en el 60 a.C., después de un año como gobernador de Hispania, se unió a Craso y Pompeyo para formar el primer triunvirato; con el fin de fortalecer aun más su relación, Pompeyo se casó con la hija de César, Julia. Con la ayuda de esta alianza, César fue elegido cónsul en el 59 a.C. a pesar de la hostilidad optimate, y en el 58 a.C. se le nombró gobernador de la Galia. Durante los siete años siguientes dirigió las campañas conocidas como las guerras de las Galias, al final de las cuales el poder romano se estableció sobre el centro y norte de Europa, al oeste del río Rin.

 

El juego del poder

 

Mientras César estaba en las Galias, sus agentes intentaron dominar la política en Roma. Sin embargo, esto amenazó la posición de Pompeyo y fue necesario que los triunviros se reunieran en Lucca en el 56 a.C., tras lo cual se reconciliaron. Se decidió que César podía continuar en las Galias otros cinco años, mientras Pompeyo y Craso podían ser cónsules en el 55 a.C.; después de esa fecha, los triunviros tendrían poder proconsular sobre sus respectivas provincias. César se marchó para reprimir una sublevación en las Galias y dirigir una expedición a Britania. Cuando llegó a Britania se supone que dijo "veni, vidi, vinci" ("llegué, vi y vencí"). Craso, siempre ansioso de gloria militar, se marchó a su cargo en Siria. Después de entrar en guerra con Partia, fue derrotado y muerto en Carres en el 53 a.C. Esto aumentó las diferencias entre César y Pompeyo, cuyos lazos familiares se habían roto con la muerte de Julia en el 54 a.C.

 

La guerra civil

 

En el año 52 a.C., tras el fallecimiento de Craso, Pompeyo fue nombrado único cónsul. Este cargo, combinado con sus otros poderes, lo situó en una posición privilegiada. Celoso de sus jóvenes rivales, decidió acabar con el poder de César, un objetivo que no podía realizar sin antes quitarle el mando de las Galias. Para protegerse, César sugirió que él y Pompeyo renunciaran a sus mandos simultáneamente, pero esto fue rechazado; incitado por Pompeyo, el Senado pidió a César que renunciara a su mando y disolviera su ejército o sería considerado enemigo público. Los tribunos, que eran agentes de César, vetaron esta moción, pero fueron expulsados del Senado. Entonces éste confió a Pompeyo la seguridad del Estado. Sus fuerzas, muy superiores en número a las de César, estaban dispersas por todas las provincias y sus tropas de la península Itálica no estaban preparadas para la guerra. A principios del año 49 a.C. César cruzó el Rubicón, un pequeño río que separaba su provincia gala cisalpina de Italia y se dirigió rápidamente hacia el sur. Pompeyo huyó a Brundisium (la actual Brindisi) y desde allí a Grecia. En el periodo de tres meses, César controló toda la península Itálica y sus fuerzas tomaron Hispania y el puerto clave de Massilia (la actual Marsella, en Francia).

 

En Roma, César se convirtió en dictador hasta ser elegido cónsul en el 48 a.C. A principios de ese año llegó a Grecia y destruyó las fuerzas de Pompeyo en Farsalia. Éste huyó a Egipto, donde fue asesinado. Cuando César visitó Egipto, instaló a Cleopatra, hija del fallecido rey Tolomeo XII, como reina. En el 47 a.C. sometió a Asia Menor y regresó a Roma como dictador. Aproximadamente en el 48 a.C. todas las fuerzas optimates habían sido derrotadas y el mundo mediterráneo pacificado.

 

Dictadura y asesinato

 

La base del poder de César era su posición de dictador ‘vitalicio’. Según la constitución tradicional republicana este cargo sólo podía desempeñarse durante seis meses en una situación de gravedad extrema. Sin embargo, esa regla se había roto incluso antes de César. Sila había gobernado como dictador durante varios años y César siguió este precedente. También fue nombrado cónsul por diez años en el año 45 a.C. (en el mismo año en que derrotó, en la península Ibérica, a los hijos de Pompeyo Magno en la batalla de Munda) y recibió la inviolabilidad de los tribunos. Además obtuvo honores que incrementaron su prestigio. Vistió la toga, la corona y el cetro de un general triunfante y usó el título de imperator. Es más, como sumo sacerdote, fue jefe de la religión del Estado, pero sobre todo tenía el mando de todos los ejércitos, lo cual continuó siendo la principal fuente de su poder.

 

César estableció un programa de reformas muy variado. En las provincias eliminó el corrupto sistema de impuestos, patrocinó el establecimiento de colonias de veteranos y amplió la ciudadanía romana. En la metrópoli reorganizó las asambleas e incrementó el número de senadores. Su reforma del calendario dio a Roma un medio racional para registrar el tiempo.

 

Sin embargo, varias familias senatoriales sentían que César amenazaba sus posiciones; el honor y los poderes de César les hacían temer que éste quisiera ser rex (rey), un título que, como republicanos, odiaban. En el año 44 a.C., un grupo de senadores, entre ellos Cayo Casio y Marco Junio Bruto, conspiraron para llevar a cabo su asesinato. En los idus (el 15) de marzo del 44 a.C., cuando César entró en el Senado, el grupo lo asesinó.

 

Vida íntima

 

Después de la muerte de la primera esposa de César, Cornelia, en el 68 a.C., se casó con Pompeya, nieta de Sila. Cuando los misterios de la Bona Dea, presididos por ella, fueron violados, fue difamada por las habladurías y César se divorció, arguyendo ante el Senado que su esposa debía estar por encima de toda sospecha (no sólo debía ser honrada, sino parecerlo). Su siguiente matrimonio (59 a.C.) lo llevó a cabo con Calpurnia y se debió a motivos políticos. Al no tener César herederos varones, en su testamento estableció la condición de que su sobrino nieto, Octavio, se convirtiera en su sucesor. Octavio fue el primer emperador de Roma con el nombre de Augusto.

 

César fue un escritor de talento, con un estilo claro y sencillo. Sus Comentarios sobre la guerra de las Galias (De bello gallico), en los cuales describe las Galias y sus campañas gálicas, son unas de las principales fuentes de información sobre las primeras tribus celtas y germanas.

 

Logros

 

La opinión de los eruditos sobre los logros de César está dividida. Algunos le consideran un tirano sin escrúpulos, con un insaciable apego al poder, y le culpan de la desaparición de la República de Roma. Otros admiten que pudo ser cruel, pero insisten en que la República ya estaba destruida. Mantienen que para salvar el mundo romano del caos debía crearse una nueva clase de gobierno. En realidad, las reformas de César dieron estabilidad al mundo mediterráneo. También fue un general excepcional, que inspiró lealtad a sus soldados. En tanto que una de las figuras más notables del mundo antiguo, fue el tema de muchas obras literarias y biográficas, incluido el drama Julio César (c. 1599) del inglés William Shakespeare. 

 

 

 


 

 

 

Enlaces relacionados:

 

http://www.historialago.com/legiones.htm

 

http://www.tesorillo.com/1web/preimperio/julio_cesar/julio_cesar.htm

 

http://www.arrakis.es/~corcus/losantos/losnuestros/juliocesar.htm

 

http://148.243.4.126/hobbymex/historia/juliocesar/juliocesar.htm

 

http://www.ucm.es/info/antigua/Cartografia/roma5.htm

 

http://www.ucm.es/info/antigua/Cartografia/roma4.htm

 

http://www.insecula.com/contact/A003689.html

 

http://sapiens.ya.com/jomicoe/historiografia.htm

 

http://nrhispania.blogspot.com/2003_08_01_nrhispania_archive.html

 

http://www.novaroma.org/forum/mainlist/2002/2002-04-19.html

 

 

 

  


© 2001-2004   José Luis Santos Fernández   Editor
Coordinador General y Moderador de las Listas de Correo de:  TERRAE ANTIQVAE
* Portal de Arqueología, historia y patrimonio de los pueblos del Mediterráneo.
Suscríbete gratuitamente en el  FORO  ,en  NOTICIAS
 
Legal: Queda prohibida la reproducción total o parcial de este mensaje sin la autorización expresa del autor.