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Asunto:[TA] Augusto ¿el fundador de Mérida?: A propósito de una exposición
Fecha:Viernes, 2 de Abril, 2004  11:03:54 (+0200)
Autor:Alicia Mª Canto <aliciamcanto @.....com>

Lo que el día 31 escribió la Dra. Vázquez en esta lista de Terraeantiqvae dudando sobre la ecuación “Augusto princeps e imperator” me anima del todo a contestar ahora a otra cuestión que planteó Josep Rossell en la de Arqueohispania hace unos días, acerca de la posible inexactitud de algunas manifestaciones hechas por la Dª Carmen Gasset (Presidenta de la Fundación de Estudios Romanos, muy amante de Mérida y muy activa promotora de iniciativas arqueológicas, como me consta) al presentar la recién inaugurada exposición emeritense de la que aquí se habla: “AUGUSTO, FUNDADOR DE EMERITA”.  (http://www.hoy.es/pg040327/prensa/noticias/Merida/200403/27/HOY-LOC-004.html, Museo Nacional de Arte Romano, del 30 de marzo a mayo de 2004), es decir, si Augusto era de verdad el fundador de Mérida, lo que demuestra que Josep conoce el problema subyacente.

Me ha detenido unos días, para comentar en un sentido crítico el enfoque de esta muestra, la íntima preocupación por si las razones del ámbito personal deben prevalecer e impedir el deseo –casi la obligación en mi caso–  de puntualizar cuestiones estrictamente científicas pretendiendo además no ser malinterpretada, ni en el ámbito personal ni en el profesional.

 

Tras meditarlo, y sopesada también la amistad que me une hace muchos años con el director y los conservadores del Museo de Mérida, pero también su probada liberalidad científica, al final he decidido que sí, que el interés de la precisión histórica será capaz de disculpar en este caso una intervención crítica, en atención a las muchas personas que, leyendo la noticia o la exposición misma, saquen la errónea conclusión de que es algo cierto y probado que Augusto fue el fundador de una Mérida ‘ex novo’ en el año 25 a.C., como tradicionalmente se ha venido repitiendo (y así aparece, por cierto, en todas las páginas web sobre Mérida que he consultado) y en lo que esta exposición insiste cuando en realidad no es algo seguro. Este verdadero axioma de la Arqueología y la Historia Antigua hispanas no sólo dista de serlo, sino que es lo más probable que Mérida, como Caesarea Augusta (obsérvese su doble nombre) y otras famosas ciudades hispanas, existiera bastantes años antes de Augusto. Sin ir más lejos, las excavaciones de Zaragoza de los últimos años cada vez están probando más que, como en el mismo año 1987 (1989-1990) propuse, tampoco ella fue una colonia augustea 'ex novo', y se van reconociendo construcciones y materiales de entre 100-25 a.C., lo que hasta hace muy poco se había rotundamente negado.

 

Curiosamente, cuando se anunció en el mes de enero esta exposición de Mérida su título previsto era “LA IMAGEN DE AUGUSTO” (http://servicios.hoy.es/pg040117/prensa/noticias/Merida/200401/17/HOY-MER-044.html : “La primavera traerá a Mérida una muestra dedicada al fundador de la ciudad, denominada 'La imagen de Augusto', que será organizada por la Fundación de Estudios Romanos bajo la dirección de José María Luzón, patrono de la institución y catedrático de Arqueología clásica de la Universidad Complutense de Madrid...”). Apenas dos meses después nos la encontramos rebautizada como “AUGUSTO. FUNDADOR DE EMERITA”, esto es, poniendo de relieve un interés posterior en recalcar sobre todo, no la figura del emperador mismo, sino su condición de "fundador", en un lugar previamente vacío, de Mérida.

 

Alguna razón (no sé si exclusivamentre científica) habrá para este llamativo cambio, pero no cabe duda de que, desde los datos existentes, la primera era históricamente menos arriesgada, salvo que se haya aprovechado la exposición para exponer y aclarar al visitante y al científico la invalidez de los 18 argumentos que hasta ahora existen –y he publicado en diferentes ocasiones– para pensar más bien que Emerita ya existía bastantes o muchos años antes de que Augusto asentara allí dos veces a nuevos veteranos y le diera el rango colonial junto con la capitalidad de la nueva provincia de Lusitania. Aunque no he visto aún la exposición, es muy posible que estos detalles no se hayan mencionado en ella. Y, bajo estos principios, me voy a limitar a relacionar aquí asépticamente esos 18 argumentos que a mi juicio ponen en una duda razonable la fundación de Emerita por Augusto en el 25 a.C., en atención a los muchos aficionados, alumnos y profesionales que frecuentan esta Lista, que podrán sacar sus propias conclusiones, y para que no parezca que se otorga aquello que no se discute.

 

La evidencia sobre la inexacta traducción que se venía haciendo del fundamental texto sobre Mérida de Dión Casio (infra, nº 3) (que encontré en 1986 gracias a mi amigo Michael Blech, del DAI, un gran experto en colonización griega, cuando me prestó el libro recién aparecido de M. Casevitz) me incitó a moverme y buscar otros indicios que apoyaran la preexistencia de Mérida, y eso fue lo que hice desde 1986, aunque sabía lo difícil que es en España ir contra corriente en un asunto indiscutido por “los maestros”. Y claro que los había, bastantes hechos anómalos y sin explicar. La mayoría (11) los expuse en 1987 (1989), y otros en otras publicaciones posteriores. Ahora los enumero todos, divididos en dos grupos: argumentos histórico-epigráficos y argumentos de orden arqueológico, explicados lo más breve y claramente posible y ordenados según el peso que les atribuyo (excepto el nº 18, que es de carácter fundamental y cierra las reflexiones):

 

1) EL LUGAR ESTRATÉGICO DE MÉRIDA. Si no un vado propiamente, Mérida está sobre un paso del Guadiana estratégico desde tiempo inmemorial, con una gran isla central que facilita el paso del ancho río y permite incluso la celebración de mercados en ella, eco sin duda de una práctica muy antigua. De hecho, Mérida controla el eje de una ruta peninsular S-N prerromana tan vieja como la de Sevilla y Ayamonte hacia Salamanca y León. Añádanse a ello la extraordinaria fertilidad del lugar y las facilidades para el ganado. Es un lugar, pues, que debió de ser habitado y transitado comercialmente en diversas épocas anteriores a Roma. Aunque autores como J.J. Enríquez desde la Prehistoria han asegurado rotundamente que el lugar estuvo habitado en todas las épocas excepto en la romana anterior a Augusto (lo que por definición ya resulta extraño), es lo más probable que el hábitat vetón correspondiente no haya sido aún localizado. En 1995 (1997) sugerí que puede estar en torno a un posible santuario federal vetón, bajo la elevada zona de El Calvario, al O. y cerca de la confluencia del ‘Ana’ con el ‘Barraeca’, que casualmente es la zona menos excavada, estudiada y puesta en valor de toda la ciudad.

 

2)  LA ACTIVIDAD MUNICIPALIZADORA DE JULIO CÉSAR EN EL ENTORNO DE MÉRIDA. Quizá ya desde su 'praetura' en la Ulterior (61-60 a.C.), pero con seguridad tras las guerras civiles (45-44 a.C.), Julio César crea campamentos o refunda diversas ciudades en un amplio radio en torno a Mérida. Así, todos los municipios de la Beturia Céltica que en su honor llevan el epíteto de “Julios”: Seria (Jerez de los Caballeros, BA), Segida (Burguillos del Cerro, BA), Nertobriga (Fregenal de la Sierra, BA), Ugultunia (Medina de las Torres y sus otros núcleos, BA) y Lacimurga (Encinasola, H). Además, al N, al S y al O están al menos las ciudades de Ebora Liberalitas Iulia (Évora), Pax Iulia (Beja), Norba Caesarina (c. Cáceres) y “PraesidiumIulium Scallabis (Santarem), siendo claramente estos dos últimos de origen campamental, por no recordar que también Olisipo (Lisboa) se llamó “Felicitas Iulia”. Ante tal cantidad de ciudades “Julias” al sur, al norte y al oeste de Mérida, ¿es razonable pensar que César, él mismo un gran estratega, ignorara y olvidara dejar con hábitat y control precisamente el lugar y paso quizá más privilegiados de todos los citados? 

 

3) EL TEXTO FUNDAMENTAL DE DIÓN CASIO. Se trata de LIII, 25, 8. Aquí dice Dión Casio (senador que escribe en griego a comienzos del siglo III d.C.) que, hacia el año 25 a.C., «...acabada esta guerra (la Cántabra), Augusto licenció a los más veteranos de sus soldados, y les permitió ‘ktísai’ una ciudad en Lusitania y llamarla Augusta Emerita...». Desde siempre y por todo el mundo, y especialmente desde el [a veces] pernicioso Adolf Schulten en sus Fontes Hispaniae Antiquae (t. V, 1940, p. 328), se ha traducido este verbo griego, ‘ktísai’, como “fundar ex novo”. Sin embargo, a partir de la citada monografía de Michel Casevitz (prestigioso catedrático de Griego de Lyon) de 1985 sobre el vocabulario de la colonización griega, en la que me apoyé en 1987 (1989-1990), no se puede ya ignorar que ‘ktísai’ había significado eso en los tiempos clásicos de la colonización griega (siglos IX-V a.C.). Pero que, con el paso de los siglos, pasó a significar “construir, edificar”, esto es, una ampliación urbana, una reedificación, una remodelación significativa en una ciudad que perfectamente puede preexistir; de la misma manera que el ‘ktístes’ ya no sería más el “héroe fundador”, sino “el benefactor, el gran evergeta” (hay diversos ejemplos que Casevitz aporta sobre este hecho, referidos a emperadores y ricos prohombres).

Así que, como escribí en su momento, aplicando esa novedad al texto que tratamos, había que dejar de ver a Augusto como “el fundador de Mérida”. Y que es así en el mismo autor se prueba cuando el propio Dión Casio, al hablar algo más adelante (LIV, 23, 7) de las colonias fundadas por Augusto en la Península, en el año 16-15 a.C., dice que “como en Galia, ‘fundó’ muchas ciudades”. Pero aquí usa el término ‘apoikítso’, verbo que sí está unido al significado romano de “colonia, colonizar”, y que no usó más atrás para Mérida. Como conclusión de esta novedad filológica, el texto de Dión Casio, escrito setecientos años después de que los griegos dejaran de fundar colonias ‘ex novo', debe traducirse y encuadrarse en esta nueva óptica. Para decirlo en otros términos, científicamente resulta obligado aceptar esta novedad, y proceder con lo demás en consecuencia.

 

4) ¿MONEDAS DE UNA COLONIA, SIN COLONIA? En efecto, como es bien sabido, todas las amonedaciones iniciales de la ciudad, denarios y quinarios de plata (que son de época pues mencionan al legado Carisio) llevan como leyenda de la ciudad sólo “EMERITA” y por sus reversos se pueden considerar aún moneda militar. Las series en bronce con reversos “arado y yunta” (que son las expresivas de la deducción de una colonia), que llevan el letrero AVG(usta) · EMER(ita) son todas posteriores, de hacia 2 a.C., mientras que la decisiva palabra “COL(ONIA)”, no se acuña hasta esa misma época. Se reconocerá que, si es verdad que era una colonia nueva y de Augusto, resulta muy extraño que ambos grandes honores no se hagan constar de ninguna manera en sus propias monedas hasta casi un cuarto de siglo después.

 

5) EL OTRO NOMBRE OFICIAL DE LA CIUDAD: “C · I · A · E ·”. Aunque el nombre oficial en el Alto Imperio es “Colonia Augusta Emerita”, hay ONCE testimonios epigráficos, oficiales y privados, en los que aparece con una “I” anterior, de Iulia (que, como es bien sabido, era el ‘nomen’ o apellido de César y caracteriza a sus fundaciones): “C(olonia) I(VLIA) A(ugusta) E(merita)”; así en el sello de una tubería de plomo de la ciudad, en los sellos de tres ‘tegulae’, en la dedicación de una palma al Genio de la Colonia, y en seis sellos sobre sigillatas, posible encargo oficial, aparecidas en Mérida y en los alfares de Tricio, en La Rioja (cf. estudios de Étienne, Bost y Le Roux, aunque no los ponen en relación con César). Es evidente que estas pruebas de que Mérida tuvo el epíteto IVLIA establecen un claro paralelismo con todas las ciudades y la actividad cesariana en la zona a las que me he referido ya en el argumento 2º, y resultará reforzada por el testimonio de relevantes historiadores árabes (infra, nº 18).

 

6) LAS LEGIONES FUNDADORAS DE MÉRIDA: LEGIONES DE CÉSAR. Las legiones “fundadoras”, V Alaudae (“de la Golondrina”) y X Gemina, son cuerpos militares que las fuentes citan siempre en relación con Julio César, no con Augusto. De hecho, en el orden de batalla para Munda (Bell. Hisp. 30) César tuvo a su izquierda a la legión V (que él mismo reclutó a sus expensas en la Galia Transalpina, hacia 55 a.C.) y a su derecha a la X (posiblemente formada, según J.M. Roldán, con efectivos traídos por César a Hispania). Además, las monedas donde ambas aparecen citadas (según A. Beltrán), poco representativas en el conjunto monetal emeritense, tampoco son del año 25, sino del 2 a.C. Otro retraso bien extraño si eran sus veteranos la causa y los protagonistas de la supuesta “fundación ex novo”. Por otro lado, se dice que estas legiones participaron en las guerras cántabras; pero es un argumento circular, puesto que la afirmación descansa a su vez en las monedas militares de Carisio (vid. nº 4), que no las mencionan. 

 

7) UNA TRIBU ELECTORAL ANÓMALA EN AUGUSTO: LA “PAPIRIA”. Como se sabe, las ciudades latinas y romanas se atribuían a una ‘tribus’ o “distrito electoral”, a la cual pertenecían sus ciudadanos. Sabemos que en las fundaciones hispanas de Augusto éste siempre usó la tribu “Galeria”. Sin embargo, Mérida estuvo adscrita a la “Papiria”, que es una tribu rarísima en Hispania (sólo ella y Astigi, en la Bética). Hay que recordar entonces que al menos la colonia romana de Narbo Martius (Narbona), y Casandra en Macedonia, obras de César, pertenecieron también a la Papiria (y véase su relación con el argumento que sigue). El mismo argumento vale para Caesarea Augusta (Zaragoza), tampoco inscrita en la tribu Galeria, sino en la también inusual ‘Aniensis’.

 

8) INSCRIPCIONES DE VETERANOS EMERITENSES ANTERIORES AL 25 A.C., Y DE OTRAS LEGIONES. Resulta curioso, y nadie sabe explicar (excepto el viejo Ritterling), por qué tenemos inscripciones funerarias de tres legionarios radicados en Mérida, e inscritos en su tribu Papiria... años antes del 25 a.C.; son veteranos de legiones que salieron de Hispania antes del 31 a.C., exactamente la XX y la XXX, únicas de guarnición fija en la Ulterior antes de Actium. Así ocurre, por ejemplo, con el epitafio del italiano C. Axonius (CIL II 22*), enterrado en Elvas (a unos 65 km de Mérida), legionario de la legión XX perteneciente a la tribu “Papiria” cuando su ciudad natal en Italia (Firmum Picenum) era de la “Velina”, lo que demuestra claramente que el cambio de tribu se debe a su cambio de domicilio, y que una “Emerita” ya inscrita en tal tribu existía antes de su supuesta “fundación” (véanse las monedas de Carisio con ese único letrero, nº 4).

 

9) EL TESTIMONIO DE SAN ISIDORO DE SEVILLA. Este famoso obispo hispalense del siglo VI-VII d.C. y autor de una completa y prolija obra sobre “Etimologías”, basado en Plinio el Viejo y en otros diversos autores antiguos, cuando habla de la fundación de ciudades cita continuamente las palabras ‘conditor, condidit’ para referirse a los “fundadores” de las mismas. Sin embargo, cuando lo hace con Mérida y Augusto utiliza ‘aedificare’, así: “Emeritam Caesar Augustus AEDIFICAVIT... dans ei nomen ab eo quod ibi milites veteranos constituisset” (Etym. XV, 1, 69). Según san Isidoro, pues, Augusto no habría fundado Mérida, sino que la habría “edificado”, esto es “dado forma de gran ciudad”. Esto encaja bastante bien con el sentido del verbo ‘ktítsai’ de Dión Casio, al que antes me referí, en el argumento nº 3.

 

10) LOS “VETERANI PATERNI” DE LOS AGRIMENSORES. Es aplicable también según creo al caso de Mérida esta frase de Sículo Flaco, uno de los autores gromáticos más importantes (ed. Thulin, 126), al definir el ‘aes miscellum’: «Praeterea dicitur et ‘aes miscellum’. Ita evenit ut qui a divo Iulio deducti erant, temporibus Augusti militiam repetissent» («Existe también otro tipo de asignación (de tierras): la mixta. Así ocurrió con veteranos que habían sido deducidos en época de César y que en época de Augusto fueron nuevamente reenganchados; al regresar vencedores a sus tierras, las centurias de los difuntos se repartieron a otros”). Éstos son los que Rudorff  llama ‘veterani paterni’ (epíteto que, por cierto, puede servir para otras ciudades que lo llevan, como Barcino). Se recordará que, para luchar en el 19 a.C. contra los residuos de rebeldía cántabra, Agripa tuvo que recurrir a soldados “ya viejos y extenuados por las continuas guerras”, y parece raro que se hable así de soldados que habían sido licenciados y asentados sólo 6 años atrás. Pudo usar, pues, veteranos que habían peleado ya bajo César.

 

11) EL SINOICISMO INDÍGENA EN MÉRIDA. Aunque no se ha solido destacar, sabemos por un interesante párrafo de Estrabón (III, 2, 15) que Mérida fue en realidad una ciudad de tipo sinoicístico, esto es, en la que convivían ciudadanos romanos e indígenas. No es un tipo de hábitat propio para una fundación de veteranos de tipo estrictamente militar; pero es que, además, el término utilizado por Estrabón para Mérida, como he tenido ocasión de señalar detalladamente (2001), es ‘pólis’ (equivalente a ‘municipium’) y no ‘apoikía’ (el equivalente de ‘colonia’).

 

Esto en cuanto a textos históricos y epígrafes. Voy ahora con otros 7 argumentos que extraigo desde la perspectiva arqueológica:    

 

12) ELEMENTOS PRE-AUGUSTEOS EN LA ARQUITECTURA Y LA ESCULTURA EMERITENSES. Fue ésta una aguda observación debida a Henner von Hessberg (por entonces en Heidelberg y ahora catedrático de Arqueología en la Universidad de Colonia), cuando participamos en octubre de 1987 en el conocido coloquio del DAI-Madrid “Stadtbild und Ideologie”, en torno a dos conceptos que lanzó Paul Zanker y que a partir de ahí tuvieron en España unos inusitados aceptación y uso, que aún duran: los de la “monumentalización” y la “marmorización” de Hispania. Pues bien: Hessberg recalcó (para sorpresa de algunos), a partir del estudio de elementos arquitectónicos y de capiteles emeritenses de caliza, que en Mérida «se apreciaban formas y técnicas pre-augusteas o al menos previas a la “marmorización” de Mérida», y que «los capiteles del llamado ‘templo de Diana’ tenían un cierto sabor tardorrepublicano».

Paralelamente, W. Trillmich, experto en escultura y actual director del Instituto Arqueológico Alemán en Berlín, creó la definición de «primera generación del retrato emeritense» para aquellos retratos (bien conocidos de muchos en la Lista, me imagino) realizados en caliza y estucados, los llamados por él “arrabiati”, esto es, muy serios y realistas, llenos de arrugas y ceños y nada idealizados, que no encajan bien en la iconografía augustea pero sí en la tardorrepublicana.

En el mismo Coloquio (que se publicó en 1990), el arquitecto Michael Pfanner añadió que podía observarse en la Península Ibérica una «gran ola de monumentalización entre los años 50 y 25 a.C.». Todas ellas, como puede verse, afirmaciones por entonces muy nuevas y que, desde distintos campos, encajaban con una “Mérida cesariana”, que en la misma ocasión (octubre de 1987) yo estaba sugiriendo.

 

13) UN ANFITEATRO APOYADO EN UNA MURALLA. Esta observación formaría parte de otro curioso tema, antiguo en la bibliografía: el de la “Mérida pequeña” y la “Mérida grande desde siempre”, suscitado desde que I.A. Richmond en 1930 observó dos fases claras en la construcción de la ciudad. Lo que ahora nos interesa son otros dos hechos: que en plena arena del anfiteatro (8 a.C.) se encontró hace años un enterramiento romano, y que parte del muro oriental del edificio lo constituye la propia muralla de la ciudad, ambos hechos por completo inusuales en una ciudad planificada al detalle (véanse los núms. 14-15).   

 

14) ASIMETRÍA DE LOS FOROS. Si se pretende que Augusta Emerita fue concebida y planificada por Augusto de una vez, como colonia y como capital provincial de la Lusitania, resulta extraño que los llamados “foro colonial” y “foro provincial” mantengan entre sí una cierta desviación o asimetría, como si su planeamiento no fuera coetáneo. Lo mismo cabe decir de la excentricidad del teatro con respecto al foro (hecho que observó el prestigioso Pierre Gros, también en el coloquio de Madrid ya citado).

 

15) ASIMETRÍA DEL PUENTE. Se repite que Mérida se fundó en función de su justamente famoso puente, y que él fue “el eje vertebrador de su urbanismo”. En este caso fue Pedro Mateos (hoy director del Consorcio de Mérida) el que observó en 1994 y 1995 que el puente en realidad no se alinea con el decumano máximo de la ciudad, como hubiera debido esperarse si todo el planeamiento fuera coetáneo.

 

16) EXCAVACIONES RECIENTES EN EL FORO DE LA CALLE HOLGUÍN. Hace tres o cuatro años tuve noticia fidedigna de que en las excavaciones que se practicaban en el impresionante conjunto de la calle Holguín, en el conocido desde el siglo XVIII como “foro provincial” (así le llamaba ya Manuel de Villena Moziño, autor de excavaciones y dibujos de Mérida por orden de Carlos IV, entre 1792 y 1794), habían aparecido niveles inferiores con estructuras domésticas. Aunque no conozco los datos de la excavación, si el foro provincial se planificó, como sería lógico, en la supuesta época fundacional augustea, el enorme edificio, sea pórtico o templo, se hubiera levantado los niveles estériles que se defienden; sin embargo, la existencia de casas anteriores, que serían amortizadas para la nueva ordenación forense, indica que éstas tendrían que ser pre-augusteas.

 

17) EXCENTRICIDAD COMO CAPITAL. Resulta también raro que, creada al menos sobre el papel la provincia de Lusitania en el 27 a.C. (según el mismo Dión Casio), dos años después el propio Augusto decida crear su capital en un extremo de la misma; esto sugiere más bien que la ciudad estaba ya fundada. Parecería más lógico, si se va a crear una nueva capital para una nueva provincia, ponerla en un lugar más céntrico con respecto a ésta, lo que no es aquí el caso.

 

18) LAS DECISIVAS FUENTES ÁRABES. Desde 1987 vengo trabajando y defendiendo la utilidad de las fuentes árabes para la España romana. En ese año, en el repetidamente citado Coloquio “Stadtbild und Ideologie” (1987, publ. 1990), luego en Gerión 1989 y finalmente de forma completa para Mérida, en un coloquio del Museo a comienzos de 1999 (2001b), apelé a un autor tan importante como Ahmad al-Razí (cordobés, 889-995 d.C.), cuya obra histórica fue traducida al castellano y al portugués como “Crónica del moro Rasís”. Entre otras referencias, en su cap. LXVI aporta un párrafo fundamental: «E Atavia (Octavio) mando adobar (terminar) todas las cosas que Julio Çesar auia començado en España, e acabo a Çaragoça, que es muy noble çibdat, e a Merida, semejante de Seuilla, e a Cordoua de Beja...». Aunque en aquel momento ya algún conocido investigador alemán trató esta fuente con desprecio, ello es un craso error. Es una fuente histórica fiable, más próxima en el tiempo que nosotros a la Antigüedad y que, sin decir lo mismo, viene a coincidir más o menos con san Isidoro (supra nº 9).

En 1999, como dije, y a modo de ejemplo de la futura recopilación, reuní los textos de 21 autores medievales árabes sobre Mérida, con novedades muy interesantes, históricas y arqueológicas, para la ‘Emerita’ romana. Pero entre ellos ahora destacaré sólo un texto fundamental (que reproducen 6 de dichos autores) acerca de una tabla de bronce “en escuro latín”, y de una hermosa inscripción de mármol que el gobernador Abd Allah ben Ta’laba, el constructor de la celebérrima Alcazaba emeritense (835 d.C.) arrancó de donde estaba, “sobre la mejor puerta de la çibdat” (esto es, la del río). El texto que estas inscripciones contenían permite concluir, y así lo hice, que Mérida tuvo el epíteto de “Iulia” y que su muralla fue construída por tramos de 8,35 m “a cargo de los ciudadanos”, lo que indica sin duda un estatuto municipal (‘municipium’ = de ’moenia capere’) y no colonial. Ya que lo que diferencia a una colonia de un municipio, entre otras cosas, es “la común participación en las cargas públicas, empezando por la construcción de las murallas” (A. d’Ors, 1953, 140).

Es decir, que las fuentes árabes vienen a redondear y explicar todas las “anomalías” anteriormente detalladas, y permiten sugerir que Mérida no sólo existió antes de Augusto, probablemente como como un ‘praesidium’ militar (incluso anterior a César), sino que bajo César Mérida fue en efecto una verdadera ciudad, posiblemente un ‘municipium civium Romanorum’ con el nombre de ‘Municipium Iulium Emerita’. Nada extraño, en fin de cuentas, si pensamos que la otra gran ciudad de Lusitania, la actual Lisboa, era también lo mismo, el ‘Municipium Iulium Olisipo’...

Es conocida la ‘pietas’ filial de Augusto, por la cual procuró terminar todo lo que César, debido a su temprano asesinato, había dejado comenzado. Así que, al decidir entre Olisipo y Emerita que ésta sería la capital de la nueva Lusitania, asumió los gastos de su elevación a colonia, siendo él el deductor de dos asignaciones de veteranos de las guerras cántabras, una posiblemente hacia 25-21 a.C. y otra segunda en el 16-15 a.C., representado en este caso por su yerno Agripa como ‘adsignator’ y evergeta (él regala al menos el teatro, en ese año: es el mismo papel que para Zaragoza debió de jugar Germánico, y para Corduba Marcelo, el sobrino y llorado heredero de Augusto). Pero el estatuto colonial de Mérida no pudo llegar antes del 2 a.C., si fiamos en las monedas. Pudo haber otras asignaciones de veteranos, y la historia arquitectónica es otro problema sin dilucidar. Pero no se trata aquí de ello, sino de demostrar cuántas razones existen, y de bastante peso si se toman como conjunto, para pensar que, en realidad, Augusto no fue el “fundador” de Emerita. 

 

********

Como conclusión, creo que quienes quieran seguir defendiendo que Mérida se fundó sobre un lugar vacío, y que Augusto fue su primer y único “fundador”, como en esta exposición se hace aun conociendo esta larga serie de argumentos contrarios (por estar todos ellos publicados, y muchos expuestos in situ) puede hacerlo, pero no saltando sobre todos estos obstáculos como si no existieran; y debería, desde el punto de vista metodológico, dar debida explicación de ellos o demostrar claramente su invalidez. Termino haciendo una leve referencia –por si el lector quiere hacer alguna conclusión particular tras lo aquí leído– al interesante debate paralelo sobre “la Historia en Internet” frente a “la Historia seria”...

 

BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA PARA ESTAS HIPÓTESIS:

 

Canto, Alicia Mª (1989): «Colonia Iulia Augusta Emerita: Consideraciones en torno a su fundación y territorio», Gerión 7, 1989, 149‑205.

 

Ead. (1990): «Las tres fundaciones de Augusta Emerita», Stadtbild und Ideologie. Die Monumentalisierung hispanischen Städten zwischen Republik und Kaiserzeit (Coloquio del DAI-Madrid, octubre de 1987), Bayerische Akademie der Wiss. Phil.‑Historische Klasse, Abhandlung 103, Munich, 1990, 289‑297.

 

Ead. (1997): «El mausoleo del Dintel de los Ríos de Mérida, Revve Anabaraecus y el culto de la confluencia» (en colaboración con F. Palma y A. Bejarano), Madrider Mitteilungen 38, 1997, 247-294.

 

Ead. (2001): «Sinoicismo y stolati en Emerita, Caesaraugusta y Pax: Una relectura de Estrabón III, 2, 15», Gerión 19, 2001, 423-474. ( Cf. http://www.ucm.es/info/antigua/g2001.htm ).

 

Ead. (2001b): «Fuentes árabes para la Mérida romana», La islamización de la Extremadura romana (Jornadas del Museo Nacional de Arte Romano, Mérida, 30-31 de enero de 1999), Cuadernos Emeritenses  nº 17, edd. F. Valdés y A. Jiménez, Mérida, 2001, 11-86.

 

NOTA.- Me gustaría que estas reflexiones pudieran llegar a mucha gente, aunque nunca podrán tener el mismo eco que la bibliografía tradicional de tantos años. No dispongo todavía de una página propia activa en Internet (o, para ser más precisos, dispongo de ella pero aún no la sé montar). Por lo que autorizo a quienes tengan un espacio donde difundirlas para que las copien y las cuelguen en él, bien entendido que citando la autoría, requisito no sólo legal sino también ético, ya que este texto es una síntesis apretada de los cientos, quizá miles, de horas de estudio e investigación que he dedicado a Mérida, y a lo largo de muchos años (agradeceré que quienes lo hagan me informen de la URL correspondiente).

Saludos para todos, con mis deseos de una muy feliz Semana Santa.

 



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