| Asunto: | [TA] Fuentes de la existencia de Jesús (4) | | Fecha: | 12 de Abril, 2004 19:12:14 (+0200) | | Autor: | Fruela <fruela2001 @.....com>
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1.3. Las fuentes no-cristianas
Cuando quien escribe no es cristiano, y no tiene interés en hacer real un
personaje que le es hostil, si escribe acerca de Cristo como un hombre que vivió
y murió crucificado, es porque tal personaje verdaderamente existió. Tenemos, en
efecto, fuentes no-cristianas tempranas que hablan de Cristo y de las primeras
comunidades cristianas. Si bien escasas y poco ilustrativas en lo referente a la
vida de Jesús de Nazaret, resultan la evidencia determinante acerca de su
irrefutable existencia, pues no se proponen predicar una doctrina moral, un dogma
religioso, una concepción teológica...; no existe la posibilidad de que tales
autores hayan inventado o seguido una oleada de invenciones en torno a un nombre
ficticio.
Por razones de espacio, no podremos citar los pasajes completos de las obras que
mencionan a Jesús, pero haremos una breve referencia general. Publio Cornelio
Tácito, en sus “Anales” (XV, 44) narra las acusaciones de que fueron víctimas los
cristianos en razón del incendio de Roma del año 64, añadiendo que “aquel de
quien tomaban nombre, Cristo, fue mandado ejecutar con el último suplicio por el
procurador Poncio Pilatos durante el Imperio de Tiberio” (escrito hacia el año
100; Tácito no sentía ningún tipo de simpatía hacia los cristianos, a quienes
consideraba “culpables y merecedores de los últimos suplicios” por “odio al
género humano”). Plinio el Joven, en una carta del año 111 ó 112 al emperador
Trajano (carta XCVII), explica (en el marco del maltrato hacia los cristianos)
que “en presencia mía... (algunos cristianos arrepentidos) han lanzado
imprecaciones contra Cristo... Decían que todo su error se limitaba a...
(reunirse y cantar himnos) en honor de Cristo, como si fuese Dios.” Flavio
Josefo, en sus “Antigüedades judaicas” (años 93-94), y según la versión árabe
contenida en una obra del siglo X del obispo Agapio de Hierápolis (más cercana,
posiblemente, a la original, contra la versión cristianizada de dicho pasaje
encontrada en las copias conservadas del libro de Josefo), escribe que “por aquel
tiempo existió un hombre sabio que se llamaba Jesús... Muchos judíos y gentiles
se convirtieron en discípulos suyos. Pilatos lo condenó a morir crucificado...
Quizás era el Mesías del que hablaron los profetas” (en la versión cristianizada,
Josefo XVIII, 3.3). En XX, 9.1, Josefo menciona a “Jesús, el llamado Cristo.” En
la primera parte del Talmud babilónico (compilada entre los años 70 y 200), en
Sanedrín 43a, encontramos que “en la víspera de la Pascua fue colgado Jesús...
por haber practicado la hechicería y haber incitado a Israel a la apostasía.”
Cayo Suetonio Tranquilo, en sus “Vidas de los Doce Césares” (hacia el 121),
específicamente en Claudio XXV, 4 nos dice que Claudio “hizo expulsar de Roma a
los judíos, que, excitados por un tal Cresto, provocaban turbulencias” (los
romanos no distinguían, inicialmente, a judíos de cristianos, con lo cual
aquellos judíos de Roma podrían ser en realidad cristianos, y Cresto podría
identificarse con Cristo). Talus, historiador samaritano, escribió hacia el año
52 una teoría sobre las tinieblas que acompañaron a la crucifixión y muerte de
Jesús, de la que tenemos constancia en la obra del romano Julio Africano (siglo
III) “Cronografía” (18.1). Luciano de Samosata (125-192) escribió en “La muerte
de Peregrino” 11-13, “de aquel hombre a quien siguen adorando, que fue
crucificado en Palestina por haber introducido esta nueva religión”, la de los
cristianos, cuyo “primer legislador les convenció de que todos eran hermanos...,
y adoran a aquel sofista crucificado y viven de acuerdo a sus preceptos.” El
filósofo sirio Mara bar Serapión, hacia aproximadamente el año 73, escribió una
carta a su hijo, interrogándose “¿Qué provecho obtuvieron... los hebreos al
ejecutar a su sabio rey...? El sabio rey (no murió), gracias a las nuevas leyes
por él promulgadas.” Algunas otras referencias (como las de Jesús ben Pantera en
la Tosefta) conducen a la misma conclusión: la existencia efectiva de un hombre
por cuya revolución “la idea de lo justo adquirió... unas proporciones jamás
sospechadas hasta entonces. La justicia sólo había existido para los amos; desde
entonces empezó a existir para los siervos.”[21] Difícil sería pensar que un
cambio de mentalidad tal podría surgir de un ‘fantasma.’ De todos modos, sea cual
fuere la interpretación, el interés, la creencia en torno a Cristo, una cosa es
innegable; la excelsa pluma de Borges, eludiendo juicios morales, sentencia con
rigor de objetividad: “Nadie como él ha gobernado, y sigue gobernando, el curso
de la historia.”
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