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Asunto:[TA] Día García y Bellido, 2004
Fecha:Lunes, 31 de Mayo, 2004  13:17:24 (+0200)
Autor:José Luis Santos <joseluis @..............com>

   

 

Un reto arqueológico

 

 

Por: Manuel Bendala Galán | Diario de Cádiz, tribuna libre

 

 

El pasado 27 de abril celebramos en al Facultad de Filosofía y Letras el "Día García y Bellido, 2004", organizado por el área de Arqueología de la Universidad gaditana. Cada año, una Universidad española, u otra institución dedicada a la investigación de nuestras antigüedades, rinde homenaje a la memoria de D. Antonio García y Bellido (1903-1972), que fue catedrático de Arqueología Clásica de la Universidad Complutense de Madrid, fundador y director del Instituto Rodrigo Caro del C.S.I.C., y verdadero cimiento de los estudios de Arqueología e Historia Antigua en nuestro país.

 

Tal celebración es una ocasión para el encuentro de investigadores y estudiantes, en cada caso en torno a temas de interés, a menudo conectados con la investigación del recordado maestro y con el lugar de celebración. Este fue el caso de la jornada de Cádiz, que se ocupó del gran templo de Melkart y de las religiones orientales en época romana y sus raíces anteriores, un asunto que trató magistralmente García y Bellido y suscita gran interés en la investigación actual, con uno de sus focos principales de atención en el santuario gaditano, célebre y fundamental para la historia y la cultura de esta zona - y de todo el Mediterráneo- durante mil quinientos años: desde la fundación de la colonia fenicia de Gadir hasta el final de los tiempos antiguos.

 

Para mí, que tuve el honor de participar en el encuentro científico, fue la ocasión de volver una vez más a mi ciudad, la de mi infancia y mi adolescencia -una memoria y una huella imborrables- y a la Universidad en la que ejercí como profesor cuando, a comienzos de los setenta del pasado siglo, en su "protohistoria", iniciaba su andadura como Colegio Universitario dependiente de la Universidad de Sevilla. Ha sido una ocasión espléndida para conocer directamente las novedades arqueológicas que han convertido últimamente a Cádiz en un hervidero de noticias de enorme interés, por la recuperación de vestigios de una historia tan larga y brillante como la de muy pocas otras ciudades. Aunque seguidos bastante al día, en su propio escenario cobran los hallazgos, los datos, las sugerencias, su verdadera y enorme dimensión. Está sobre el tapete la recuperación de la memoria de la Cádiz fundacional, la imagen y la historia en la Antigüedad de una ciudad milenaria que mantiene el recuerdo de su etapa originaria con una viveza extraordinaria. La memoria se afirma, en buena parte, en la sugestiva figura del dios Melkart, que se asoció pronto al héroe-dios Heracles (o Hércules) y a sus hazañas salvíficas y civilizadoras, y que para los gaditanos nos resulta un personaje familiar, casi cotidiano.

 

La memoria difuminada se ha ido concretando en los últimos años con los perfiles más nítidos y reales que aportan los descubrimientos arqueológicos y las nuevas investigaciones. Ha sido muy notable el progreso, pero también en la cercanía se hacen más visibles los problemas que entraña una recuperación de restos y datos valiosísimos en el curso de las obras propias de la actividad cotidiana de la ciudad, sin la existencia de un marco organizativo que asegure las mejores condiciones posibles para la recuperación de los vestigios y señales, y para su valoración, estudio y conservación posteriores, vestigios que para la ciudadanía tienen un valor de referencia colectiva y patrimonial, que va mucho más allá de su mera consideración erudita.

 

No basta con la profesionalidad y buena disposición de quienes se dedican a la recuperación de los vestigios históricos, casi siempre espoleados por circunstancias poco convenientes para el mejor ejercicio de su trabajo, y generalmente envueltos en una dinámica que hace difícil la clasificación, valoración y estudio de lo recuperado. La arqueología urbana es un asunto difícil, que ha de afrontarse con medios suficientes y fórmulas de actuación exigentes, tanto más cuanto más comprometido e importante es el medio sobre el que se actúa. Y en Cádiz, para bien de su propia herencia patrimonial e histórica, estamos hablando de una ciudad capital, cuya historia y cuya realidad arqueológica son de una importancia que trasciende su propio horizonte ciudadano. Todo el mundo culto observa con extraordinario interés cuanto se refiere a sus vestigios, a su historia, porque es patrimonio de todos, aunque lo sea primero y prioritariamente de los propios gaditanos.

 

El reto de afrontar adecuadamente la propia herencia arqueológica e histórica ha sido asumido ya por numerosas ciudades con fórmulas bastante ensayadas y eficaces. Es preciso partir de un riguroso compromiso social e institucional, que tiene en las instancias locales un acicate principal y un eje vertebrador imprescindible. No es otra cosa que la consecuencia de asumir el hecho cierto -sabido o no, percibido o no en toda su dimensión- de que cada ciudad se juega en la atención a su legado histórico el mantenimiento del ambiente que hace posible su cabal supervivencia. La doctrina científica moderna ha recuperado el valor de ecosistema que tiene para el ciudadano su paisaje urbano, caracterizado por su devenir histórico, por sus particularidades culturales, ambiente con el que mantiene nexos tan inteligibles como sólidos, nexos que hacen a menudo difícil -o insoportable- el extrañamiento, y de consecuencias imprevisibles el deterioro del ambiente ciudadano que se tiene por propio. Nada tan importante -y tan delicado y difícil- como saber mantener y renovar la propia ciudad, nuestras ciudades históricas. Estoy hablando, nada menos, de los fundamentos de una nueva ecología, que integra la natural y la urbanística en una más global caracterizada como ecología cultural o urbana.

 

La Arqueología, una ciencia histórica en vertiginosa renovación, se ha convertido, además, en una ciencia al servicio de esa nueva ecología. Para su desarrollo en el marco de una ciudad de la complejidad y la importancia de Cádiz debería ponerse a punto una organización que agrupara a las instituciones que tienen responsabilidad en el patrimonio arqueológico gaditano y capacidad para valorarlo. Algo así se ha hecho, por ejemplo, en Mérida, donde se creó, en 1996, un Consorcio de la Ciudad Monumental, Histórico-Artística y Arqueológica de Mérida, por acuerdo de la Junta de Extremadura, el Ministerio de Educación y Cultura, la Diputación de Badajoz y el Ayuntamiento de Mérida. Como en otras experiencias más o menos próximas (desarrolladas en Tarragona, Gijón, Valencia, Córdoba, Niebla, Carmona, etc), se trata de realizar adecuada y coordinadamente todas las intervenciones preventivas a que obligan las obras acometidas en la ciudad, partiendo de principios fundamentales al caso: la consideración del conjunto de la ciudad como un "yacimiento arqueológico" único, que obliga a unificar los criterios de registro y su incorporación a un organismo que centralice toda la documentación obtenida y potencie su estudio.

 

Sobre la base del máximo rigor científico en cualquier actuación -porque toda intervención es la lectura única, irrepetible, de un archivo histórico en la que habrá que confiar en adelante-, con protocolos bien establecidos que pueden partir de las llamadas "cartas de riesgo" y otros instrumentos ya bien perfilados, la actuación cotidiana y la programación paralela de intervenciones específicamente dirigidas a la investigación se ensamblan en una mejor recuperación de la historia de la ciudad. La experiencia en otras ciudades y el interés de la ciudadanía gaditana por los restos de su pasado, asegura un confortable reencuentro de ésta con su propia tradición histórica, sobre todo si se atiende debidamente a la publicitación regular y adecuada de los progresos obtenidos en el conocimiento de la historia de la ciudad.

 

No es el caso desarrollar aquí toda la teoría que enmarca la arqueología urbana y su proyección al cuidado patrimonial de todas sus etapas culturales, aunque en estas líneas haya hecho hincapié en ejemplos y realidades que remiten a las etapas más viejas, que suelen ser las más desconocidas y, a menudo, las más entrañablemente unidas al imaginario colectivo. Sí subrayar que en Cádiz, a lo que sé, están dadas las condiciones para que una empresa como la comentada pueda llevarse a cabo. Sobre el interés de la ciudadanía de conocer sus raíces, y con el legítimo orgullo de saberse depositarios de una herencia histórica milenaria y de prestigio excepcional, parece fácil concitar un acuerdo entre la Junta de Andalucía, máxima instancia en responsabilidad sobre el patrimonio, la Diputación Provincial y, con toda su cercanía, el Ayuntamiento de Cádiz (y sus museos e institutos culturales propios), para atender al rico patrimonio gaditano desde un organismo que integre, lógicamente, a instituciones como el Museo Provincial y la Universidad para velar por el nivel científico de la labor a desarrollar. El caso es sumar energías y capacidades institucionales y científicas para preservar y valorar el singular patrimonio histórico y arqueológico de Cádiz, tarea en la que tendrán su lugar los profesionales dedicados y capacitados para su desarrollo, y a cuyo apoyo pueden sentirse invitadas las instituciones y empresas privadas que alientan desde sus propias parcelas de acción la vida de la ciudad.

 

Bien se sabe que Cádiz atraviesa, en nuestra época histórica, una etapa difícil por cambios de coyuntura que han puesto en cuestión su importancia portuaria, o en crisis algunas de sus fuentes tradicionales de riqueza, como la industria naval o la pesca. Por eso resulta particularmente conveniente mirar con atención una de sus riquezas incuestionables: la singularidad de su historia, la excepcionalidad de su legado patrimonial y arqueológico. La mirada a Cádiz como una de las ciudades más hermosas y vivibles de Europa, referente para nuevas formas de riqueza alentadas por e turismo y actividades que generan tanta o más riqueza que cualquier industria, tiene en la recuperación culta de su pasado ingredientes de un atractivo añadido que, con ingenio -una palabra inventada en Cádiz-, puede contribuir a enriquecer y ampliar el horizonte y el colorido de su incomparable paisaje ciudadano para disfrute de propios y extraños.

 

 


 

 

Nuevas aportaciones al estudio del templo de Melqart

 

La profundización en la investigación de los textos clásicos refuerza la valoración del santuario fenicio como un centro del saber de la época

 

 

Fuente: Diario de Cádiz. ANA R.TENORIO. 

http://www.diariodecadiz.com/edicion/cultura/cultura464297.htm

    

 

CÁDIZ. El homenaje que la Universidad de Cádiz dedicaba ayer al prestigioso arqueólogo Antonio García Bellido venía a poner de relieve la importancia de sus investigaciones sobre la historia antigua gaditana y las nuevas aportaciones de los expertos en este tema, especialmente en lo que se refiere al templo dedicado al dios fenicio Melqart en el islote de Sancti Petri.

 

La profesora de Historia Antigua de la Universidad de Sevilla Cruz Marín resumía en su intervención los conocimientos sobre este templo aportados por las investigaciones de García Bellido y los avances de los últimos años en este campo, merced a la profundización en el estudio de los textos clásicos de otros investigadores, entre ellos la propia Cruz Marín. Resalta la profesora que "todos estos estudios vienen a refrendar aún más la hipótesis de que el templo de Melqart-Hércules fue el santuario más importante de época prerromana y romana de todo el mundo occidental". Apunta Cruz Marín que "uno de los avances más novedosos en esta investigación es la valoración de este santuario como un lugar de archivo de documentación, saber enciclopédico y centro de comercio. Sus sacerdotes se rodeaban de escribas que recogían los conocimientos de la época sobre las tradiciones religiosas, la naturaleza y el arte de la adivinación, muy relacionado con ésta última". En este aspecto resalta que "era muy importante el acopio de las informaciones que proporcionaban los marineros exploradores del Atlántico, todos los cuales pasaban por este templo no sólo para pedir protección a la deidad sino también para consultar la información allí acumulada que habían facilitado otros viajeros anteriores. Al regreso, volvían a pasar por el templo para dar gracias por el éxito de su empresa, pero también para depositar allí la información obtenida en su viaje".

 

Afirma Cruz Marín que, "a pesar de que la documentación de restos arqueológicos no es muy abundante, son múltiples las referencias de los textos clásicos a esta actividad del templo de Melqart. Existen en ellos numerosos testimonios de visitantes que vivieron en él".

 

Las recientes investigaciones en este campo han aportado también nuevas ideas sobre la naturaleza de esta deidad que, indica Cruz Marín, "al parecer se trataba de un dios que muere y resucita", y sobre la vida en el templo gaditano, "los objetos de culto y esculturas que lo adornaban y cómo vestían sus sacerdotes, en los que cada detalle del atuendo estaba relacionado con el cargo que ostentaban".

 

Por su parte, el catedrático de Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid Manuel Bendala, cuya conferencia se centró en las religiones orientales en la Hispania romana, llamaba la atención sobre la similitud del pozo aparecido en las excavaciones de la Calle Ancha con un pozo ritual de parecidas características y contenido que se encuentra en la necrópolis de Carmona. "En esta necrópolis -afirma el profesor Bendala- se excavó una 'favissa', un pozo ritual en cuyo interior se encontraron restos de animales sacrificados, cerámicas, vasos, ofrendas y alguna representación de los dioses betílicos, simbolizados en simples piedras, propios de las religiones orientales, fenicia y púnica. Como hipótesis, el pozo encontrado en la Calle Ancha podría tratarse de una de estas 'favissas". Apunta el profesor Bendala que "las fuentes documentales indican que el dios Melkart del templo gaditano también estaba representado de forma betílica. Posteriormente se asimiló al Heracles griego y el Hércules romano, que tenían su reflejo iconográfico, pero es muy probable que la representación betílica conviviera con la imagen humana de esas representaciones posteriores, dado que en Gades, como en buena parte de la Hispania romana, pervive un sustrato muy poderoso de la tradición fenicia y púnica y una de sus manifestaciones es este culto a los dioses betílicos".

 

Basándose en la abundante literatura de García Bellido sobre el tema y en sus propias investigaciones, Bendala hizo en su intervención un recorrido por la pervivencia de esas tradiciones orientales en las ciudades romanas de Mérida, Carmona o la antigua Gadir. En este último caso, subraya que "es la más importante manifestación de la presencia fenicia en España, por lo que creo que en Cádiz toda actuación arqueológica debe convertirse en un compromiso con la historia de la propia ciudad".

 

La valiosa aportación de García Bellido

 

La UCA se sumaba ayer por segunda vez a los actos que las universidades de toda España celebran cada año en conmemoración del catedrático Antonio García Bellido, considerado el gran impulsor de los estudios de Arqueología Clásica en España y creador de algunas de las más fructíferas líneas de investigación en este campo, entre ellas las referidas a la colonización griega, fenicia y púnica en Occidente. El gesto de la Universidad gaditana era agradecido ayer por la hija del investigador -nacido en 1903 y fallecido en 1972-, también arqueóloga, que asistía al acto en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras, al que acudieron numerosos profesores y alumnos de la misma y que fue moderado por el profesor Darío Bernal.

 

 


 

 

Enlaces relacionados:

 

LA NECRÓPOLIS DEL CERRO DE LA HORCA Y LA CÁMARA DE TOYA.

http://www.ffil.uam.es/catalogo/juan_toya.htm

 

Iberos y turdetanos. La Turdetania de Estrabón

http://www.ffil.uam.es/reib3/diego_3.htm

 

 


© 2001-2004   José Luis Santos Fernández   Editor
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