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Asunto:[TA] Tiwanakotas. Recientes hallazgos de la medicina
Fecha:Martes, 3 de Agosto, 2004  10:32:14 (+0200)
Autor:José Luis Santos <joseluis @..............com>

   

 

 

01/08/2004)      Ciencia

 

Tiwanakotas. Recientes hallazgos de la medicina

 

 

 

Dos investigaciones sostienen que la cultura no sólo conocía la anatomía y practicaba cirugías; también la emulaba en sus edificaciones.

 

Fuente: Álex Ayala • Fotos: Andrés Rojas / Edil Dávalos / R. Alvarado/Álex Ayala

Enlace: http://www.el-nuevodia.com/Revista_Escape/Agosto/esc040801d.html

 

 

"Nos encontramos dentro del templo de Kalasasaya". La voz, potente, que suena grave y nítida, es del otorrinolaringólogo Gustavo del Carpio. Se encuentra a metros de distancia de la pared externa del primer bloque lítico de la ruina, pero se escucha como si estuviera al lado, a sólo centímetros. El sonido ha atravesado dos orificios de los muros del templo tiwanakota que asemejan la estructura de un oído. Y que, como si fueran tal, amplifican y llevan la información donde es preciso.

 

La teoría de Del Carpio es que los habitantes de la zona hicieron a propósito estas aberturas en forma de caracol para que sirvan como un sistema auditivo. ¡Qué otra cosa iba a ver un otorrinolaringólogo! Pero la hipótesis es el resultado de serias investigaciones que combinan la arqueología con la medicina. Simila- res a las del neurocirujano Ramiro Alvarado, que sostiene que en Tiwanaku se practicaba cirugías para dar solución a problemas neurológicos.

 

El caso de los caracoles

 

La analogía de Gustavo del Carpio de las aberturas de Kalasasaya con el oído humano es una de las hipótesis más extravagantes y asombrosas que se han escuchado últimamente tras las paredes de la Unidad Nacional de Arqueología (UNAR). Su teoría es insólita, pero está repleta de coherencia.

 

Así lo piensa Danilo Villamor, antropólogo de la UNAR. “Lo que plantea el doctor es una buena posibilidad, pues el conocimiento de la anatomía humana era amplio por esa época”. Gustavo del Carpio, documentado de estas evidencias por los escritos de expertos como Carlos Ponce Sanjinez, no ha tardado en levantar comparaciones. La primera hace referencia al conducto auditivo externo. En un humano se extiende desde la concha hasta la membrana del tímpano, que se localiza de arriba abajo y de afuera hacia adentro. “La situación de la porción externa de los orificios en los pilares del muro —explica— es muy similar, resultando una inclinación parecida a la de una membrana timpánica”.

 

La segunda versa sobre las caras internas de los pilares, que muestran un conducto con características de formación de una espiral que da dos vueltas y media. “Se asemeja a las vueltas y a la constitución del caracol del oído, lo que se llama la cóclea. La única diferencia es que en vez de ser una estructura laminosa es pétrea. Por otro lado, no tiene membrana”.

 

Pero pudo haberla tenido. Según el doctor, es muy probable que una lámina maleable de oro u otro material hubiera podido cumplir con estas mismas funciones de amplificar el sonido. Con o sin membrana, los resultados son extraordinarios. Una voz fuerte llega a percibirse desde la pirámide de Akapana. Los cuchicheos, mientras, son perceptibles hasta en distancias de unos 20 metros.

 

Ponce Sanjinez describe a Kalasasaya como un templo que podía albergar hasta 15.000 personas, destinado a actos ceremoniales y de tipo religioso. Pero también hacía las veces de mercado. Los orificios venían a ser una especie de parlantes para escuchar lo que sucedía en su patio interior.

 

Danilo Villamor, sin embargo, plantea otra razón de ser para las aberturas. “Algunos relatos mencionan que dentro del templo había un oráculo. Los orificios podrían haber sido la forma de difundir predicciones y respuestas”. 

 

Sea como fuere, lo cierto es que el fenómeno de los “oídos” de Kalasasaya no resulta un hecho aislado. “En el suelo de esa misma área —señala Del Carpio— hay estructuras que presentan mucha similitud. En México se ha visto algo  parecido en un templo maya”. 

 

 

Vista del muro de Kalasasaya y de uno de sus supuestos oídos.

 

La cirugía más antigua

 

Otro buen ejemplo del conocimiento de la anatomía en esa época es el de las trepanaciones, que son “aberturas en el cráneo realizadas con intención: uno de los actos quirúrgicos más antiguos que existen”, explica el neurólogo Ramiro Alvarado. Como dato que devela su relevancia, hasta el cinco por ciento de un total de 1.200 cráneos estudiados por el arqueólogo Adolf  Bandelier en Bolivia, en 1895, presentaban signos de trepanación.

 

La mayor parte de los casos que se conocen, sin embargo, vienen de enterramientos del Perú, lo que ha llevado a pensar que dichas cirugías datan del período incaico. La hipótesis de Alvarado es que éstas ya se hacían en Tiwanaku.

 

Ahora bien, el primer dato escrito encontrado de una trepanación hace referencia a la mitología griega, donde se cuenta que el dios Zeus, al sentir un intenso dolor de cabeza, ordenó a su hijo Hefesto que le abriera la cabeza para liberarse de los ruidos y el sufrimiento.

 

Precisamente, la extirpación de los “fantasmas” de la cabeza para tratar de modificar la conducta, a juicio del antropólogo Danilo Villamor, solía ser una de las razones para recurrir a las trepanaciones. 

 

Pero no la más frecuente. Lo más común era que este tipo de operaciones se afrontaran en la región parietal izquierda para combatir los efectos de traumatismos craneoencefálicos tales como trazos no uniformes de fractura o profundos hundimientos craneales. “Muy comunes —apunta el doctor Alvarado— por las constantes confrontaciones bélicas y por el tipo de armas que se utilizaban en el auge de la cultura”. O para dejar salir a los demonios que supuestamente habitaban en un epiléptico, por ejemplo.

 

La manera de afrontar la cirugía era variada. A veces se realizaban pequeños círculos contiguos entre sí para poder sacar la pieza entera; otras se desgastaba el hueso con unos aparatos especiales hasta que se obtenía el grado de profundización requerido; en unas ocasiones se practicaban cuatro cortes de forma cuadrada o triangular; y había quien repetía la fórmula del desgaste pero con forma de tirabuzón, dejando un reborde en la parte externa donde se supone podrían haberse colocado unas placas de hueso a modo de tapón.   

 

Y se han encontrado trepanaciones increíbles. “Yo he visto fotografías de algunos cráneos donde se ha sacado más hueso que el que finalmente se ha quedado”, admite Villamor. Y Alvarado asegura que en el 60 por ciento de los casos los pacientes de este tipo de operaciones sobrevivieron, como lo indica la posterior regeneración ósea.

 

La mayor parte de los intervenidos eran hombres, aunque igual se conocen algunos casos de mujeres. “En ellos, se llega a concluir, las trepanaciones eran profilácticas, probablemente para prevenir males y enfermedades”.

 

La cirugía se realizaba con instrumental un tanto rudimentario, pero específico y efectivo. Se empleaban agujas de metal y hueso, tumis para los cortes y las primeras pinzas hemostáticas (herramientas para frenar las hemo- rragias) que se conocen en la historia de la medicina. Un equipo de médicos del Perú probó parecidas herramientas con el cráneo de un cadáver y el experimento terminó con muy buenos resultados. La trepanación fue todo un éxito.

 

Con esta constancia nos quedamos. Y con la realidad de que medicina y arqueología se complementan a menudo, como lo han probado de sobra los doctores del Carpio y Alvarado.

 

Objetos

 

 

Tumis. La teoría del doctor Ramiro Alvarado es que las trepanaciones sirvieron para socavar el hueso y conseguir una abertura. Los hay de diferentes tamaños, materiales —sobre todo metálicos— y largos.

 

 

Hachas. La mayor parte de los traumatismos craneoencefálicos tenían lugar a causa de armas como las aquí expuestas. En aquellos tiempos (374 - 724 d. de C.) los enfrentamientos entre grupos eran una constante.

 

 

Pinzas hemostáticas. Se utilizaban después de las cirugías para cortar las hemorragias. Y probablemente —dice el Dr. Ramiro Alvarado— fueron de las primeras en su tipo en emplearse en la historia de la medicina.

 

 

Agujas. Las había de metal y de hueso y su función específica era la de cerrar las heridas. También se empleaban para hacer las momificaciones. Muchas parecidas se han encontrado en las excavaciones de Tiwanaku.

 

      

   

Arriba, radiografía y toma de dos cráneos trepanados. A la derecha, vista de una espiral en el templo de Kalasasaya, con los mismos rasgos que tiene el oído humano.

 

     

 

Izquierda, el neurólogo Ramiro Alvarado. Centro, cráneo trepanado con pinzas hemostáticas. Derecha, una calavera con tres operaciones.

 

 

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© 2001-2004   José Luis Santos Fernández   Editor
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